Hola a todos... primero que todo, debo unas grandes disculpas! sé que uds no quieren leer eso, pero ya había dado por botado este Fic. De hecho, hasta quise borrar mi cuenta, pero la ignorancia pudo más, y no lo logré xDU. Si no fuera por sus Reviews, esto seguiría igual. Me di cuenta que durante este tiempo, he cambiado en mi forma de escrbir, es un poco distinto este capitulo con los anteriores, pero espero que sea de su agrado. DEBO DECIR UNA VEZ MÁS, QUE EL FIC QUEDO COMO SASUHINA, LA VOTACIÓN TERMINÓ. Tranquilas, no crean que estoy enojada o algo xD es sólo que muchas no se dieron cuenta, y tal vez así lo leen. Ya, no les doy más lata. Espero que les guste el capitulo, y si siguen siendo tan lindos e inspiradores sus reviews, creo que podría hacer la continuación. Igual lo intentaré. Disfruten del capi :)
Perdidos En Ojos Blancos
Ausencia
Esto no está bien. Definitivamente no lo está.
¿Cuándo me he sentido así de frustrado por no ver a alguien? Que recuerde, nunca… ¿Por qué ahora? ¿Por qué ella?
"Porque ella no es como las demás, no busca que tu interés, Hinata es la chica más pura que has conocido hasta ahora". Odiaba que mi conciencia tuviese razón, pero debía admitirlo: Hyuga Hinata no muestra atracción hacia mí –esto puede sonar ego centrista, pero la mayoría de las chicas lo demuestran –, y esto me está matando lentamente. En especial ahora que ya no la veo después de clases, en las prácticas de basquetbol.
En cierta forma sé que su ausencia es la culpable de mi distracción y de que ahora esté mirando cómo el idiota del cara de zorro juega mejor que hace tres meses y le patea el trasero a medio equipo, sentado en los asientos de la banca; con una bolsa de hielo en la cabeza. En verdad, los balones de básquetbol no son nada blandos.
No lo negaré, me acostumbré a verla aquí, a unos asientos más a la izquierda, sentada con las toallas en su falda y las botellas de agua a un lado. De seguro, si no hubiese sucedido ese "incidente", y ella siguiese viniendo a las prácticas, me estaría hablando, ofreciendo algo de beber, o ella estaría vigilando el maldito chichón que comenzaba a amenazar por salir.
¡Deja de imaginártela a tu lado! Esto no está bien…
Todos se reunieron en torno a Lee, y luego de oírse un "¡hai!", la multitud se dispersó. Naruto se paró frente a mí y me miró con una sonrisa burlesca.
– ¡Vaya golpe'ttebayo! Me pregunto si tu arrogancia sigue intacta…
–Cállate, imbécil.
–Mmm… – Su mirada de "con que estamos sensibles…" me comenzaba a irritar seriamente – por lo menos tu simpatía sigue igual.
Soltó su poco discreta carcajada. Mejor huir lo antes posible. Me levanté de mi asiento, dejé la bolsa de hielo sobre el asiento donde la Hinata imaginaria estaba sentada, y caminé hacia la puerta.
–Sí, tu simpatía sigue igual de inexistente –Sentí su presencia a mi lado… ¿es que nunca me deja en paz?
–Pues si sigues así, no sólo mi simpatía será inexistente. Tu "hermoso" rostro también. –Traté de que notara el veneno que salía en mis palabras, pero sólo conseguí que siguiera riendo. Cuando llegué a la salida del gimnasio, me di cuenta que seguía conmigo. –Eh, puerco, ¿que no te piensas bañar?
– ¿Y tú?
– Por si no te diste cuenta, pasé con suerte diez minutos en cancha.
– Pues yo me bañaré en mi casa hoy.
Irritante. Uzumaki Naruto se estaba volviendo la persona más irritante en un radio de 50 km a la redonda.
– ¿Cuál es tu propósito? ¿Disfrutas haciéndome enfadar?
–Bastante… Pero eso no es lo único
–Entonces, ¿qué? ¿Quieres humillarme, o que termine matándote en el intento?
–Sasuke, sólo tengo curiosidad por saber que pasa por tu mente, y que pasaba por ella en el momento en el que te di el pase, y fue recibido por tu cabeza.
Le dirigí una mirada de odio, que él no logró descifrar.
–Vamos, sabes que puedes confiar en mí, soy tu amigo.
¿Amigo? ¿Dijo amigo? Ok, esto es raro. Busqué en su rostro algún rastro de burla, ironía o mentira; pero sólo vi determinación y… su maldita curiosidad.
– ¿Es por Hinata?
Traté de controlar mi asombro, pero aún así él logró distinguir mi expresión impresionada. Aquella sonrisa zorruna bailó en su rostro, y fingió, sin éxito, no haber notado mi expresión. Comenzó a caminar en dirección a donde vivíamos, y es que tenía la mala suerte de que él viviera a dos casas de la mía.
– El día del acto –ya no valía la pena tratar de hacer que se callara– me la "encontré", y estuvimos hablando un buen rato. Y, a que no sabes que me contó –hizo silencio esperando a que le dijera algo, pero de mis labios no salió ni un ruido–, está bien, te diré: me dijo que yo le gustaba.
– ¡¿Qué? –volvió a reír.
–Pasado, hombre, pasado. Me dijo: "Me gustabas, Naruto-kun…"– trató de imitar su tono dulce, pero salió chocante.
– ¿Por qué me cuentas esto?
–Por nada… Pero tú no sabes esto– me miró ordenándome a guardar silencio. Asentí lentamente.
– No entiendo qué fue lo que te vio.
–Lo mismo me pregunto, pero ella me dijo que encontraba que era una gran persona.
Mejor ignoré el comentario. Naruto ya había logrado amargarme la tarde, y no quería que la cosa se pusiera peor. Solté un suspiro frustrado. Bajé la vista a mis pies moviéndose cansinamente, casi sin fuerza, y volví a levantar la mirada, para enfrentarme con mi camino. Naruto seguía hablando maravillas de Hinata (no me sorprendería si descubro que inaugura un club de fans de ella), aunque dejé de intentar prestarle atención después de las primeras tres palabras. Y eso era mucho.
Pero dejé de sentir todo a mi alrededor cuando la vi. Estaba vestida con una falda de color café oscuro en conjunto con una blusa color crema y tirantes marrones a juego. Estaba en un restaurante, atendiendo a una mesa junto al ventanal, a la vista de todos. Sonreía con educación pero se le notaba el cansancio, y anotaba en un pequeño block de notas los pedidos que le hacía una pareja. Y en el momento en que la vi, el entendimiento llegó a mí, y me di cuenta al mismo tiempo que en verdad no sabía nada de ella, en su rostro se notaba tensión, preocupación, determinación, esfuerzo… Se veía tan distinta a como era en el colegio, se veía tan perfecta.
El silencio me hizo reaccionar: Naruto dejó de "hablarme" de Hinata, y viajaba su mirada de mí al restaurante, y del restaurante a mí, con expresión divertida. ¡Cuánto odio que me vean en mi estado de debilidad! El enano rubio me empujó los metros restantes hasta entrar al local, traté de resistirme, pero a veces él sacaba una fuerza enorme, que hasta a mí me costaba controlar. No, no podía estar tan cerca suyo, aunque la extrañara con todo mi ser, no podía, no después de aquel desliz, no después de dejarme dominar por los… celos, no después de tratarla así.
Ella nos miró, sorprendida. Tragó gruesamente, y se dirigió a la cocina, dedicándole a la pareja una pequeña reverencia antes de partir. Tal vez mi expresión era aún más impactada que la de ella. De inmediato, la necesidad de salir corriendo de allí se hizo presente en mí, y se volvió casi mi deseo más anhelado, e imposible.
Me quedé contemplando el camino que siguió, pero luego me di cuenta que estaba siendo arrastrado hacia las mesas. Una vez más Naruto sacó su fuerza sobrehumana, y no me podría resistir, así que me deje llevar, hasta sentarnos en una pequeña mesa.
Se nos acercó un mesero, pero Naruto no le dejó terminar su discurso:
–Disculpe, ¿nos podría atender aquella chica que entró a la cocina? Somos unos amigos del instituto' ttebayo.
En el momento en que terminó de decir eso, Hinata salió por la puerta por donde había entrado, con una bandeja con botellas de bebida y vasos. El mesero se volteó hacia ella, y luego se le acercó para decirle lo que Naruto le pidió. Supongo, porque después de hablar, ella nos miró y nos sonrió un poco forzadamente, fue a dejar las bebidas a la mesa de la pareja que se las pidió, y se acerco a nosotros. Sentí su presencia frente a nosotros, pero no le miré, mantuve mi rostro gacho, como si la tela de mi pantalón fuera de lo más interesante, más aún que las teorías del fin del mundo.
Escuchaba perfectamente como hablaban, Naruto daba su monólogo con demasiada (hasta excesiva) confianza, mientras que ella decía monosílabos para demostrar que le estaba prestando atención. Por su tono de voz, y lo poco que decía, podría decir que estaba tensa o incómoda. Y cómo no, después del espectáculo que mandé.
–Y, ¿a qué hora sales, Hina-chan? – ¿Desde cuándo le decía Hina-chan? Inevitablemente levanté la vista hacia él, y luego hacia ella, quien me miró sonrojada. Tal vez le sorprendió mi reacción, no lo sé, pero se veía adorable. Se atragantó en saliva, y luego miró al rubio.
–Aún falta bastante, salgo a las 10, Naruto-kun.
–Es muy tarde, supongo que no te vuelves sola a casa… –No sé cómo se me escaparon las palabras de la boca. Ella miró el suelo y se mojó los labios (esos labios que me empezaron a llamar mucho la atención) antes de contestarme.
–No todos los días, generalmente Kiba-kun me viene a buscar– me molestó un poco, pero decidí ignorar ese sentimiento –, pero tuvo un inconveniente, y no podrá venir hoy.
–Oh, qué mal… – Dijo Naruto, pero sus palabras no se reflejaban en su rostro.
–Etto… ¿Van a ordenar algo? Si no, mi jefe me puede regañar por estar charlando con ustedes…
Naruto abrió un poco sus ojos, sorprendido por ese pequeño detalle que se le había escapado. Me miró unos segundos, luego a Hinata, luego la mesa, y otra vez a Hinata, como si pensara qué hacer.
–Creo que unas gaseosas estarían bien por ahora. Tráenos cualquiera.
Ella asintió, anotó las gaseosas en su libreta y se alejó. Observé de reojo sus movimientos, me sentí cautivado por su forma de dar cada paso, como si temiera rozar el suelo con demasiada fuerza y dañarlo. Cerré los párpados y los abrí, pero esta vez mis pupilas se posaban sobre mis manos cerradas. ¿Qué demonios estoy haciendo? ¿En qué pienso? ¿Por qué tengo que sentirme así? No pude evitar soltar un bufido, frustrado.
Pude escuchar la risa de Naruto, lo que me irritó de sobremanera. Lo fulminé con la mirada, pero, una vez más, sólo conseguí que su risa se convirtiera en carcajadas.
–Creo que debes hablar con ella. Nadie te aguanta en ese estado, ¡ni tú mismo-dattebayo! –Se tapó la boca con una mano, tratando de no reír tan fuerte.
–No sé a qué te refieres –musité. Sabía perfectamente qué quería decir, pero no podía darle la razón, no tan pronto.
–No te hagas el que no ha roto un plato –Su tono de voz burlón me comenzó a molestar–, sabes perfectamente que te gusta Hina-chan. Y creo que debes decirle.
Un estremecimiento me invadió cuando dijo esas palabras. Se refiere… ¿a una declaración? No, no puedo hacer eso. Me observó tensarme, y su sonrisa desapareció.
–O tal vez –continuó–, tienes miedo a que te rechace. Ven a buscarla a la salida del trabajo, llévala a casa y dale un buen beso. Me sorprende que el gran Uchiha Sasuke tema el rechazo de una chica. Lo anotaré en mi bitácora.
Volvió a sonreírme, poniendo sus manos en su nuca. Tenía razón… y él sabía cuánto me molestaba saber que él tenía razón. Pero eso no significaba que fuera a "darle un buen beso", y menos de esa forma. Me preocupaba bastante que ella saliera muy tarde, y se fuera caminando sola, así que sólo la acompañaría hasta su casa cuando terminara de trabajar; no es que esté haciendo caso a lo que decía Naruto, si ya tenía pensado hacer eso, pero no había dicho el pensamiento en voz alta… Sí, claro.
Se hizo el silencio por un tiempo, y lo agradecí de sobremanera. Sabía que no duraría demasiado, que pronto llegaría Hinata y volvería la tensión, y si no era eso, el zorruno saldría con algún comentario incómodo en cualquier momento. Suspiré derrotado, sabía que no podía negar la afirmación de Naruto, no valía la pena ni aceptarlo siquiera, pues él de seguro estaba convencido de que a mí me gustaba ella. Observé de reojo que se acercaba Hinata, y mi nerviosismo aumentó exponencialmente ¡No se suponía que me pusiera así tan fácilmente! Ella estaba con una bandeja, y traía dos botellas y dos vasos, los que puso sobre nuestra mesa, para luego verter el contenido de las primeras sobre éstos. Ni presté atención a la bebida que tenía en frente, sólo me fijaba en sus blancas y delicadas manos, que demostraban que la chica no solía hacer trabajos brutos, o por lo menos antes. Era una pena, aquellas manos de porcelana en algún momento se deteriorarán…
Ella se fue, no dijo más, y ahora deseaba que el silencio desapareciera. Puse mis manos alrededor del vaso, mirando su contenido.
– Estoy jodido, ¿no?
Comprobé una vez más la hora que me indicaba mi reloj de pulsera. 22:19. Estaba afuera del restaurant que visitamos hacía unas horas, pero no se veía ni un alma. Todo oscuro, estaba cerrado, y yo no sabía si ella ya se había ido o si aún estaba adentro. Nunca más espero a alguien sin avisarle que estaré allí. Cansado, me senté en la acera, soltando el aire que tenía en mis pulmones, y recargando mi cabeza en mis manos. Sabía muchas cosas, podría tener las mejores notas, tener millones de chicas "babeando" por mí, pero no tenía idea qué cosas debería hacer en situaciones como esta.
– Eh… ¿Sasuke-kun?
Sentí su voz detrás de mí, y no pude evitar sobresaltarme. Miré hacia atrás lentamente, y ahí me la encontré, con su uniforme escolar y sosteniendo frente a su cuerpo su bolso. Me levanté de inmediato y la miré detenidamente. Tenía sus mejillas sonrojadas, al igual que su nariz. Parecía tener frío. Su flequillo se movía al ritmo del viento, haciendo que su mirada se viera aún más tierna e indefensa. Carraspeé.
– ¿Estás lista? ¿Te llevo el bolso? –estiré mi mano hacia ella esperando que me lo pasara, pero ella afirmó el agarre.
– H-Hai… no te preocupes, yo lo llevo.
Comenzamos a caminar, y otra vez el silencio se hizo presente. No sabía qué decirle, no sabía qué hacer. Pensaba una y otra forma de terminar con la tensión, pero no se me ocurría de qué hablar. La miraba de reojo de vez en cuando, y parecía estar muy incómoda, aparte de congelada. Me saqué mi chaqueta y la puse sobre sus hombros, haciendo que ella se volteara a mirarme. Ya estaba, mi nerviosismo se apoderó de mí.
–Etto… Sasuke… –Me impresionó oír mi nombre sin un sufijo, pero traté de no demostrarlo– Sobre lo que pasó el otro día… yo…
–No digas nada –le interrumpí–, el único que debe hablar sobre eso, soy yo. En verdad lo siento, actué de forma indebida. Sólo te causé problemas, lo lamento. Sé que no valen nada mis disculpas, no debí comportarme de esa forma, pero no lo pude evitar, los celos me dominaron… –dije eso último, murmurando, sin poder mirarla a los ojos. Ya lo había dicho, ahora era cosa de ella si lo interpretaba como una declaración o no.
Hinata no dijo nada por un momento, no sé si no sabía qué decir o simplemente no le apetecía hablar. Se acomodó la chaqueta, y buscó mi mirada. En ella, creí ver un "te perdono". Comenzó a caminar nuevamente, y yo le seguí. Al parecer, me daba una segunda oportunidad.
