Hola a todos! Aquí les traigo un nuevo capítulo de Back to the Turn! =D La canción utilizada en este capítulo es Enchanted de Taylor Swift. Últimamente estoy escuchando mucho de esta artista, me gusta bastante. En fin, no los molesto más y los dejo para que lean n_n
DISCLAIMER: Ni Glee ni la canción utilizada en este fanfic me pertenecen, mientras que Leila Handcoff si fue creada por mí, por favor solicitar si se desea utilizar en alguna historia.
Leila se acomodó en su cama, negándose a abrir los ojos. Aquel día no había escuela por lo que pensaba aprovechar y dormir lo más que podía. Se volteó, buscando una posición más cómoda y sonrió encantada, no recordaba que su cama fuera tan cómoda. Inquieta, estiro las piernas, despatarrándose… fue entonces que se dio cuenta de que algo andaba mal.
Capítulo 5
Enchanted
La joven abrió los ojos perezosamente, fijando la vista en el techo de su recámara, cosa que tan solo sirvió para alarmarla. Recordaba muy bien el techo de su habitación y aquel definitivamente no lo era. Se incorporó, asustada, solo para darse cuenta de que no estaba en su habitación. Aquel lugar era probablemente tres veces más grande que su cuarto, además las paredes estaban pintadas de rosa, un color que ella jamás elegiría para su cuarto. Se incorporó boquiabierta y caminó unos pasos solo para tropezarse con unos escalones y caer de bruces al suelo. Aparentemente la cama en la que había dormido se encontraba en un nivel superior al del resto de las cosas. Se sobó la cabeza, confundida y dolorida. Unos pasos acelerados se escucharon fuera de la habitación.
-Auu…-murmuró adolorida-. ¿Dónde rayos estoy?-Leila levantó la mirada al escuchar que la puerta de su habitación se abría y se vio aún más confundida al ver que era Tina Cohen-Chang quien había entrado, iba vestida de sirvienta.
-Señorita Leila, ¿está usted bien?-preguntó la chica, con algo de timidez.
-¿Señorita Leila?-Handcoff la miró sorprendida-. ¿Desde cuándo me llamas así Tina? Tú y yo somos amigas.
-¿Qué dice?-la asiática pareció horrorizada ante la simple idea, se apresuró a negar con la cabeza-. No, no, señorita, claro que no-se acercó y la ayudó a ponerse de pie-. Justamente venía a despertarla cuando escuche el ruido. ¿Se ha lastimado o algo?
-Estoy bien, tan solo tropecé.
-Cuanto me alivia-suspiró, y luego la miró, aunque Leila se percató de que no lo hacía fijamente, como si tuviera temor de que la regañaran o algo-. Su madre la está esperando para desayunar, recuerde que hoy es un día muy importante y que debe terminar todos sus compromisos antes de las cuatro de la tarde para poder alistarse para el baile.
-¿El baile?-ahora sí que Leila estaba confundida-. ¿Qué baile?
-Jejeje…-rió Tina, más por cortesía que por cualquier otra cosa-. Hay señorita a veces es usted tan graciosa.
Here I was again tonight forcing laughter, faking smiles
Same old tired, lonely place
Walls of insincerity
Shifiting eyes and vancancy vanished when I saw your face
All I can say is it was enchanting to meet you
Tal como Tina le había dicho arriba, al bajar se encontró con Sue, quien la esperaba sentada a la cabecera de una inmensa mesa con por lo menos doce asientos a cada uno de los lados. Aquel lugar no dejaba de sorprenderla, no tenía ni idea de donde estaba. Su madre lucía igual que siempre, malhumorada, e iba vestida al igual que todos los días, con un equipo de gimnasia. Sobre la mesa, a su lado, reposaba el megáfono que solía llevar a todos lados.
-Buenos días-saludó Leila, sentándose a la derecha de su progenitora-. Mamá, ¿tienes idea de en dónde estamos?
-En casa, pues claro… que pregunta más estúpida. Ahora desayuna rápido que tienes muchas cosas que hacer hoy-la reprendió Sue, tomando su megáfono para gritar-. ¡Pedazo de inútiles, traigan el desayuno!
Rápidamente aparecieron más sirvientes, aunque Leila estaba tan dormida que en un principio no les prestó atención. Fue recién mientras bebía un sorbo de jugo de naranja que se dio cuenta de que se trataba de William Schuester quien les estaba sirviendo. No pudo evitar escupir lo que había tomado.
-¿S-señor Schue?-inquirió, sin poder creerlo, para luego mirarlo de pies a cabeza. No se había dado cuenta pero él, a diferencia de los demás sirvientes, simplemente llevaba puestos unos bóxers rojos, nada más-. ¿Q-qué hace así vestido?
-¿Qué clase de modales son esos?-Sue la golpeó suavemente, como si intentara hacerla reaccionar, luego la miró con el entrecejo fruncido-. No tendrás fiebre ¿verdad? Estás haciendo preguntas muy raras y estúpidas el día de hoy.
-¡Tan solo quiero saber por qué el señor Schue está vestido así!
-Pues porque yo se lo ordené, pero no sé por qué te sorprendes si lo ves todos los días-respondió la rubia, encogiéndose de hombros.
Leila observó al segundo sirviente. Este sí llevaba ropa (por fortuna). Era bajo de estatura y de piel morena. La chica se sorprendió observando cómo su propio director era quien le servía. Vale, no importaba que todos actuaran con total normalidad, allí pasaba algo muy extraño y tenía que averiguar de qué se trataba. Le preguntó a Sue en que día estaban para asegurarse de que no se tratara de una broma por el día de los inocentes, luego terminó de desayunar y esperó a que le indicaran que tenía que hacer.
-Bien, este es tu horario del día-la mayor le tendió una pequeña hoja de papel con un itinerario impreso en él:
10:00 Visitar el psiquiátrico Mc. Kinley.
12:00 Caminata junto a la ministra de corte Terri Delmonico.
13:00 Almuerzo con la junta de representantes del puerto principal.
14:30 Firma de documentos.
16:00 Alistado para el baile en conmemoración al cumpleaños de la princesa.
19:00 Baile en conmemoración al cumpleaños de la princesa.
Your eyes whispered "have we met?"
Across the room your silhouette starts to make it's way to me
The playful conversation starts
Counter all your quick remarks like passing notes in secrecy
And it was enchanting to meet you
All I can say is I was enchanted to meet you
Aún no entendía muy bien de que iba todo aquello, pero la cosa se volvía cada vez más extraña. Tal como su horario le marcaba, visitó el psiquiátrico Mc. Kinley. Caminó por los pasillos protegida por gran seguridad, sin entender cuál era la necesidad. De acuerdo, estaba caminando por los pasillos de un loquero, pero ¿qué necesidad había de mantenerla rodeada de cuatro guardias durante toda su estancia en el lugar? Ni siquiera el encargado del lugar, quien no resultó ser nada más ni nada menos que Artie… sí, Artie, su compañero que estaba en silla de ruedas, se le pudo acercar. En un momento alguien intentó atacarla. Por la forma en la que Mike Chang se abalanzó sobre ella pensó que iba a matarla, su rostro estaba totalmente trastocado. Aún así no bastó más que un movimiento, uno de los guardias levantó el brazo y disparó el arma que llevaba encima, cargada de calmantes, y Mike se desplomó en el piso, convulsionando. Fue una suerte que Brittany y Santana aparecieran vestidas de enfermeras y se lo llevaran.
Luego había ido de caminata con aquella mujer, la tal Terri. En un principio el nombre le había sonado, pero no se le había ocurrido relacionarla con la ex esposa de Schuester. Pasaron dos horas caminando juntas, dos horas largas y aburridas de hecho, porque por más que la señora fuera la ministra de corte, un cargo que según tenía entendido era importante, no quería hacer otra cosa que hablar de doblar mantas y trapos y… cosas. Finalmente cuando ya estaba por preguntarle si le quedaba alguno de los dardos con los que había dormido al bailarín demente, le informaron que debía irse y asistir al almuerzo con los miembros de la junta de representantes de… lo que sea, que resultó ser aún más aburrida que la caminata con Terri.
Y bueno, allí estaba ahora, de vuelta en su casa, que había pasado de ser un apartamento a un enorme palacio, agotada por tantas vueltas que había dado esa mañana. Los ojos se le cerraban mientras permanecía sentada frente a un escritorio, ante una inmensa e inacabable montaña de papeles que debía leer y firmar. ¿Cuál era la necesidad de tanta tortura? Para colmo de males el reloj había dejado de funcionar así que no tenía ni idea de que hora era.
Sí había llegado a una conclusión a partir de todo esto: aparentemente ella era la princesa de aquel reino, cual fuese que fuera, por lo que era muy peligroso dejarla sola. Aquel día era su cumpleaños y esa noche, en un par de horas, festejarían un gran baile en su honor. El problema era que ella odiaba los bailes. Sí, definitivamente aquel no era un buen día para Leila.
This night is sparkling, don't you let it go
I'm wonderstruck, blushing all the way home
I'll spend forever wondering if you knew
I was enchanted to meet you
Cuando la llamaron para comenzar a prepararse faltaban tres horas para el baile. Siguió a Tina hasta un enorme baño. La asiática se acercó a la princesa y bajó el cierre del vestido que había estado utilizando todo el día. Instintivamente Leila se llevó las manos al pecho, asegurándose de que las ropas no dejaran al descubierto su figura. Un leve rubor había aparecido en sus mejillas y miraba a Tina como si ésta hubiese hecho algo mal.
-T-Tina, ¿qué diablos haces?-le preguntó, nerviosa.
-Bueno señorita Leila, no pensará meterse a bañar con el vestido puesto, ¿verdad?-la morocha la miró, confundida.
-Sí, lo sé, no soy tonta…-se defendió la aludida, molesta. Al ver que su sirvienta bajaba la vista, apesadumbrada, se apresuró a aclararse-. Lo que quiero decir es que… ya soy lo bastante mayor, puedo bañarme sola.
-Oh no, señorita, son órdenes estrictas de su madre, ya sabe como son las cosas aquí-explicó Tina, quien luego la miró a los ojos con cierta timidez-. Perdone mi descaro por preguntar señorita pero… ¿le pasa algo hoy? Está actuando muy extraño, ¿durmió mal, necesita que le cambien la almohada o algo?
-No… estoy bien Tina, no te preocupes-susurró.
Plenamente consciente de que su madre podía culpar a la asiática si ella no seguía sus órdenes, dejó que la sirvienta la desvistiera. Era muy cuidadosa con su trabajo, además tenía el tacto muy suave, algo que le agradaba mucho. Una vez que se encontró completamente desnuda, la morocha la guió hacia la bañera. El agua estaba deliciosa, a temperatura ideal. Se recostó, relajándose tras aquel arduo día, y simplemente dejó que la atendieran. Cuando iban a mitad del baño, mientras la asiática enjabonaba su espalda con cuidado, Leila abrió los ojos.
-Todo está muy callado, ¿crees que podrían poner algo de música?-inquirió.
-Bueno, a su madre no le agradará mucho la idea pero creo que podrá hacer una excepción en el cumpleaños de su hija-sonrió Cohen-Chang-. Espéreme aquí princesa, no tardo.
La muchacha salió de la habitación y momentos después una música comenzó a escucharse.
The lingering question kept me up
2am, who do you love?
I wonder till I'm wide awake
Now I'm pacing back and forth, wishing you were at my door
I'd open up and you would say,
It was enchanted to meet you
All I know is I was enchanted to meet you
Leila contempló boquiabierta el vestido que debía ponerse. No sabía si debía estar maravillada con él o vomitar. Era un vestido muy hermoso, de color verde esmeralda, inmenso, y además llevaba corsé. El problema era que no había manera de que ella se lo pusiera, no veía la manera en que algo tan bello y delicado se le viera bien. Se dejó caer en la cama, pálida, el asunto de la fiesta comenzaba a asustarle. Tina se acercó a ella y le sonrió.
-Señorita Leila, ya verá que todo saldrá bien y usted se verá hermosa. Por favor sonría, es su cumpleaños y todos se reunirán para celebrarla a usted-las palabras de la chica la calmaron un poco, sacándole una leve sonrisa-. No hay tiempo que perder, el maquillista y el peluquero ya han llegado. Deje las preocupaciones de lado, verá que cuando acaben se verá aún más hermosa de lo que ya es.
-Gracias Tina-susurró la pelirroja, asintiendo.
Nunca olvidaría las dos horas siguientes. Si pensaba que el baño había sido algo denso era porque nunca se había planteado lo que sería estar sentada con la espalda erguida mientras te arreglan hasta el más mínimo detalle. Le arreglaron las uñas, pintándoselas de un color que combinaba con el vestido, le peinaron el cabello y se lo recogieron elegantemente (según el peluquero aquel peinado despejaba su rostro, resaltándole los ojos y el perfil), y la pintaron de tal forma que cuando se miró al espejo, una vez que hubieron acabado, no se reconoció a ella misma.
-Dios mío, parezco una Barbie-dijo ella, atormentada.
-¿Una Barbie?-los dos hombres intercambiaron miradas de confusión pero la chica hiso un gesto con la mano, restándole importancia.
Le colocaron guantes largos que iban en conjunto con el vestido y Leila se preguntó entonces para qué diablos había sido la manicura. Luego de despedirse de ella los dos hombres salieron de la habitación y se marcharon a cumplir con otros compromisos, dejándola sola en la habitación. Ni siquiera habían pasado dos minutos cuando Tina entró a la habitación.
-Los invitados están llegando ya, dentro de diez minutos hará su gran aparición señorita.
-¿Gran aparición?-preguntó.
-Claro señorita, están todos esperándola. Usted bajará las escaleras mientras todos la aplauden, luego saludará y entonces todos pasarán al salón, en donde se bailará el vals. Con lo bella que está probablemente muchos jóvenes querrán bailar con usted.
-Ya, no digas esas cosas-dijo Leila, abochornada.
This night is sparkling, don't you let it go
I'm wonderstruck, blushing all the way home
I'll spend forever wondering if you knew
This night is flawless, don't you let it go
I'm wonderstruck, dancing around all alone
I'll spend forever wondering if you knew
I was enchanted to meet you
La hora llegó finalmente y Leila estaba más nerviosa de lo que jamás había estado nunca. Tina la acompañó hasta las escaleras. Estaban arriba pero eso no impedía que el sonido de miles de voces que charlaban animadamente se escuchara desde donde estaban. Inspiró profundamente y se aferró a la baranda. Una música acalló las voces de la gente, poniéndola aún más nerviosa. ¿Qué pasaría si tropezara? Su madre la mataría. De pronto se percató de que aquella era la canción que había estado escuchando aquella tarde y, sin saber por qué, se relajó.
Dejó que la música inundara su ser y, reafirmándose, comenzó a bajar, sin siquiera olvidar sonreír. Allí estaban todos para recibirla, los chicos de glee, las Cheerios, todo quien formaba parte de su vida, incluso Mike Chang parecía ahora completamente cuerdo, y no sabía en qué momento pero Tina había aparecido misteriosamente a su lado con un hermoso vestido chino. Fue entonces que lo vio. Allí, como sobresaliendo entre toda la multitud, estaba Finn Hudson. Sus miradas se entrecruzaron. Los dos se sonrieron mutuamente. Pero entonces, Leila bajó unos escalones más y pudo verlo, el brazo de Finn estaba entrecruzado con el de otra chica… Rachel Berry. Fue entonces que tropezó. Todo se volvió oscuro.
This is me praying that this was the very first page
Not where the story line ends
My thoughts will echo your name until I see you again
These are the words I held back as I was leaving too soon
I was enchanted to meet you
Please don't be in love with someone else
Please don't have somebody waiting on you
Please don't be in love with someone else
Please don't have somebody waiting on you
Leila abrió los ojos con pesadez y se sorprendió a sí misma en la cama de su habitación. Sonrió, aquella sí era su cama, y definitivamente aquella pared cubierta de trofeos pertenecía a su verdadero dormitorio. Suspiró aliviada… de verdad, ¿ella, una princesa? Daba gracias por ser una adolescente común y corriente. Además, si ella verdaderamente hubiese caído como lo había hecho… recordó la razón de su caída y su rostro se ensombreció. Una molesta musiquita sonaba de fondo pero no se percató de lo que era hasta que escuchó los gritos de su madre.
-¿¡Puedes atender tu maldito celular!-exclamó Sue, desde quién sabe dónde.
-Ya… ya…-respondió, ahogando un bostezo. Tanteó buscando su teléfono móvil hasta que lo encontró y se lo llevó a la oreja-. ¿Hola?
-Hola Leila, soy yo-dijo una voz que aceleró su corazón.
-¿Finn? ¿Cómo estás? Pensé que no me hablabas…-murmuró.
-Bueno sí… yo… lo siento…-se disculpó el muchacho-. Tu voz, perdóname, ¿te he despertado?
-Hmm… no importa. ¿Necesitas algo? ¿Quieres que ensayemos el dueto del musical o algo?
-A decir verdad sí, necesito que me hagas un favor. Quiero que vengas a la dirección que te pasaré, ¿tienes para anotar?
Una vez que hubo anotado los datos que su compañero le pasaba, colgó y se vistió. ¿Qué clase de favor era aquel? Se puso una remera rayada roja y negra y unos jeans azul oscuro, lo primero que encontró en el armario. Luego de peinarse y arreglarse un poco, se calzó con sus converse favoritas y luego salió del departamento, despidiéndose de su madre. No quedaba muy lejos de allí por lo que fue en skate, como siempre.
Veinte minutos después llegó al lugar indicado. Era un edificio. Tocó el timbre que Finn le había dicho que tocara y sin siquiera preguntar quién era le abrieron la puerta. Suspiró, no le gustaban las sorpresas. Tomó el ascensor y mientras miraba el suelo comenzó a cavilar… ¿acaso sería aquella alguna extraña broma pesada? De ser así probablemente sería idea de Puck. No se le ocurrió otra razón por la cual justamente Hudson, que llevaba tiempo evadiéndola, la llamara para encontrarse con ella.
El ascensor se detuvo y ella bajó. Había dos puertas, una era la de la escalera y la otra la del piso. Se dispuso a tocar timbre hasta que se percató de un pequeño detalle: la puerta estaba abierta. Dudó unos instantes pero luego entró. Todo estaba oscuro y no parecía haber nadie.
-¿¡Hola!-llamó-. ¿Hay alguien aquí? Soy Leila Handcoff y…-pero sus palabras se vieron acalladas.
Unas manos habían salido de la nada, cubriéndole los ojos y la boca. Intentó gritar, asustada, pero no podía hacer nada con aquella mano cubriéndola. Sintió que un cuerpo se apegaba contra el suyo, el cuerpo de un hombre más alto que ella. El desconocido intentó hacerla caminar pero Leila no se movió, estaba muy asustada. No le quedó más remedio que empujarla, por lo que, a los tropezones, avanzaron lentamente. Todo estaba oscuro y no había a nadie a quien pedirle ayuda. De pronto ambos se detuvieron y todo pasó muy rápido. El hombre que la sujetaba la soltó, las luces del lugar se encendieron y todos sus compañeros de glee salieron de la nada gritando "¡Feliz cumpleaños!".
Leila se quedó allí parada, mirándolos con la boca abierta, luego volteó lentamente y observó al sujeto que la había tenido sujeta, que no era otro que Finn. De pronto se recuperó y sin poder hacer otra cosa lo golpeó en el brazo.
-¡Me has dado un susto de muerte! ¡Eres un cretino!-le espetó ella, aún asustada. Finn rió y la abrazó sonriendo.
-Feliz cumpleaños Leila…-dijo, como si aquello arreglara todo.
-¿Cómo lo supieron?-preguntó la pelirroja, con un hilo de voz.
-Hmm… bueno pues el señor Schue lo vio en tu ficha escolar-explicó Finn.
Miró a su alrededor. Estaban en la casa de Will Schuester, su madre había estado allí en una ocasión. Todos la miraban sonriendo. Ella también sonrió. Todos se abrazaron, bailaron, cantaron e incluso comieron un pastel que Quinn, Brittany y Santana habían hecho. Pasaron un rato muy divertido. Fue entonces que Leila se percató de lo que estaba pasando. Estaba cediendo con los chicos, ya no sentía ganas de destruirlos, se divertía con ellos.
Estuvieron juntos hasta bastante tarde. Cerca de las nueve de la noche comenzaron a irse. Leila les agradeció todo y salió. Acababa de subirse a la patineta cuando escuchó que alguien gritaba su nombre. Volteó a ver y se encontró con Finn, quien se acercaba a ella corriendo.
This night is sparkling, don't you let it go
I'm wonderstruck, blushing all the way home
I'll spend forever wondering if you knew
This night is flawless, don't you let it go
I'm wonderstruck, dancing around all alone
I'll spend forever wondering if you knew
I was enchanted to meet you
-P-pensé que no te alcanzaría-dijo él, apoyando las manos en las rodillas para recuperar el aliento-. El ascensor es muy lento así que bajé por la escalera.
-Relájate-rió Leila, sonriendo con una ceja levantada. Una vez que Finn recuperara el aliento, la miró a los ojos.
-Déjame llevarte hasta tu casa, es muy tarde y no me gusta que andes sola.
-No necesito una niñera Finn, sé cuidarme sola.
-No seas tonta, anda-insistió el deportista, tomándola de la muñeca sin aceptar un no por respuesta.
-Vale, vale…-suspiró resignada, acompañándolo.
Ambos subieron al auto de Finn y una vez que él arrancó, un silencio incómodo se instauró entre ambos. Él no dejaba de golpear suavemente el volante, cosa que ponía nerviosa a Leila, quien miraba distraídamente por la ventana. Ninguno sabía muy bien que decir o como comenzar la charla. Finalmente él decidió tomar las riendas de la situación, sabiendo que la chica permanecería muda hasta llegar a su casa en caso contrario.
-Leila… estoy preocupado por ti. Esta semana estuviste actuando de manera extraña-le hiso ver-. Desde que llego la carta de Rachel.
-¿Por qué tienes que mencionarla?-inquirió ella, sin voltear a mirarlo.
-Leila… ¿por qué no te agrada Rachel? ¿Acaso la conoces?
-No… pero todos andan por ahí adorándola como si fuera… como si fuera una princesa. ¿Cómo te pondrías tú si de pronto todos se ponen a hablar sobre alguien que ni siquiera conoces?
-Bueno… algo excluido.
-Entonces no me reproches. Lo único que hicieron esta semana fue hablar de Rachel y…-inspiró profundamente-. Me da rabia, porque sé que ella es mejor que yo y todos la adoran, por eso la odio.
-Pero… a ti también te queremos-Finn se detuvo ante un semáforo en rojo y volteó a verla, sorprendido-. Digo… eres nuestra amiga.
-Vaya manera de demostrármelo, evitándome durante toda la semana…-le esperó ella, molesta. Entonces el silencio volvió a instaurarse entre ellos.
Cuando estaban a una cuadra de la casa de Leila ella ya había clavado sus ojos en el departamento, queriendo bajar del auto. De verdad se sorprendió ante el brusco viraje que dio Finn.
-¿A-a dónde crees que vas?-preguntó la chica, alarmada.
-A compensarte…-respondió él.
-¿A compensarme? Quiero una respuesta clara Finn Hudson pues estás prácticamente secuestrándome.
-Vale, vamos a un mirador que hay aquí cerca.
-¿Un mirador?-Leila lo miró confundida. Llevaba poco tiempo en la zona y no había tenido mucho tiempo para pasear, pero pensó que si había un mirador por allí probablemente ella ya sabría de él.
Finn no volvió a abrir la boca en todo el trayecto, tampoco redujo la velocidad. Tras un viaje de unos veinte minutos el chico detuvo el auto, mirando al frente. Una hermosa vista se desplegaba ante ellos. La ruidosa ciudad parecía más lejana de lo que en realidad estaba. Podían verse luces a través de las ventanas de las casas y los departamentos. Aún así resultaba algo incómodo teniendo a Finn, mudo como una tumba, a su lado.
-Finn…
-Leila-la interrumpió-. Lo que pasó entre nosotros…
-Finn, no pasó nada entre nosotros, ni siquiera nos besamos-ahora era ella quien lo interrumpía.
-Vale… puede que no haya pasado nada pero algo pasó allí, yo lo sentí y sé que tú también lo sentiste.
-Okay, ahora sí creo que estás loco.
-¡Ya deja esa actitud, haces que sea más complicado!-exclamó Finn.
-¿Complicado qué?
-¿Qué no ves que intento disculparme contigo?-repuso él.
-Vale, porque el disculparse conmigo tiene que ver con el hecho de que nada pasó entre nosotros… Mira Finn, tengo muy en claro que tú amas a Rachel más que a… tu sabes, toda esa sarta de cosas cursis, no me molesta eso, ¿de acuerdo? Tú y yo no tenemos nada que ver el uno con el otro, tan solo somos compañeros de club y nada más, lo entiendo perfectamente, no soy tonta.
Please don't be in love with someone else
Please don't have somebody waiting on you
De un momento a otro la situación cambió completamente. Al principio ella estaba sentada tranquila, seria y sin mirar a Finn, dispuesta a no quebrarse frente a él, y al segundo se encontraba recostada sobre el asiento del auto, inclinado hacia atrás, con el chico situado sobre ella, acariciando su rostro y besándola. La había tomado por sorpresa y eso le impidió corresponder. Una vez que se hubieron separado se miraron fijamente a los ojos durante unos instantes. Leila sintió como su corazón se aceleraba.
-Finn… ¿qué es lo que acabas de hacer?-preguntó, sin poder creerlo.
-Te he besado…-murmuró él, sonrojado.
-Pero… ¿y Rachel?
-Rachel está en Inglaterra, tú estás aquí-respondió él, sin siquiera pestañar. Volvió a inclinarse, esta vez con más lentitud, y se besaron nuevamente, aunque esta vez el beso fue por parte de ambos.
-Finn…-dijo ella, aún sin terminar de caer.
-Dime…-el chico la miró, sonriendo. Leila entreabrió los labios y tan solo una frase salió de su boca.
I was enchanted to meet you
Continuará...
Notas de la autora: Bien, aclaro a todos los lectores que esto sigue siendo un Finnchel, pero ¿vieron? Hay que meterle drama a la cosa, si no ¿qué gracia tiene? Espero que les haya gustado este capítulo. La verdad que hoy me inspiré un montón, después de ver el nuevo episodio de Glee quedé alucinada, me senté y comencé a escribir, las palabras simplemente fluían de mis dedos. Bueno, me voy yendo pues no tengo mucho más que aclarar. Como siempre, sigo esperando sus reviews! Gracias a todos por leer y espero que sigan allí 3
Helena Cullen de Hale,,
