EL RITMO DE LA VIDA
Capitulo 2
"La inquilina del 707"
Yamato se quedó inmóvil mirando las escaleras vacías hasta que el sonido de los tacones se hubo extinguido por completo. En cuanto se recuperó de la impresión, se apresuró a subir las escaleras, estaba tan inquieto que las subía de dos en dos. En cuanto llegó al final del pasillo –el cual cruzó casi corriendo- giró bruscamente la perilla de la puerta con el número 743, pero ésta simplemente no se movió… Estaba cerrado. Esto indudablemente molestó a Yamato, quien creía tener suficiente con que le robaran su aparcadero. Golpeó la puerta con toda la fuerza de sus nudillos, pero nadie contestó.
-¡¡¿Por que demonios nunca estás cuando se te necesita estúpido Taichi Yagami?!! –le gritó a la puerta como si esta pudiera transmitirle el mensaje a su mejor amigo.
Pateó la puerta enojado y terminó sentándose contra ella, resignándose a esperar a su amigo, no era la primera vez que lo dejaba afuera, y probablemente tampoco sería la última… Sacó unos audífonos del bolsillo del pantalón y se los puso. Siempre que sobraba tiempo, su iPod llenaba ese tiempo vacío de forma placentera. No importa si andaba por la calle, en el transporte público o simplemente vagando por el interminable y variado camino del ocio, el iPod es un instrumento indispensable para la gente sedentaria que camina de un lado a otro con rumbos tan diversos como desconocidos. En aquel momento, el sonido de aquella pequeñita y delgada caja era su única escapatoria del aburrimiento… Entre "Tonight Tonight Tonight" de Beat Crusaders y el tiempo muerto, solo se le ocurría pensar en una cosa, y no era precisamente en sus deberes retrasados, era en aquella chica de las escaleras… Nunca antes la había visto por los alrededores, y eso era mucho decir, pues si alguien frecuentaba aquel edificio -incluso más que algunos inquilinos-, era él; pensó que tal vez podría ser la hija del "nuevo inquilino", así que llegó a la conclusión de que había sido una suerte el haberse resistido a abollarle la carrocería al viejo toyota corolla con un bate de béisbol, en especial si el nuevo inquilino tenía una hija tan bonita, y aunque el ser amable no se le daba con mucha naturalidad debido a su incontrolable necesidad de hacer lo contrario a lo que se le pedía, trataría de resistirse. O cuando menos se resistiría hasta salir con esa chica. Le fue inevitable sonreír al pensar por un instante en su cabello pelirrojo, en su piel bronceada y en eso ojos almendrados que había vislumbrado apenas por un par de segundos. Estaba decidido, y cuando él se proponía algo era condenadamente difícil hacerlo desistir…
Continuó escuchando música durante dos horas seguidas, sumido en ese espacio en el que se confunden los pensamientos con la música, hasta que sintió que alguien le movía el brazo con brusquedad, abrió los ojos –pues los había serrado para poder relajarse, pero terminó durmiéndose- y se encontró con la cara no tan sonriente de su mejor amigo.
-Muévete de mi puerta, vago. Trato de entrar a mi casa –y volvió a mover a Yamato con brusquedad
-¿Vago? –se extrañó Yamato sonriendo y se levantó al tiempo que se quitaba los audífonos de las orejas- Si tú eres el que esta sucio y sudoroso, ¿Acaso te estuviste revolcando en el lodo?
Y era cierto, la apariencia de Tai era desastrosa. Llevaba la chaqueta con franjas blancas al hombro –lo único limpio de su atuendo-, estaba tan sudado y sucio que bien podría pensarse que acababa de salir de arrastrarse de un pantano fangoso, y su olor era igual –o peor- que al de un perro callejero.
-Pues sí… -se lamentó-, pasé toda la tarde entrenando en la cancha mojada por la lluvia, y para colmo, el vejete de Komamura no me dejó ir hasta que terminara de dar 150 vueltas a la cancha; pero lo peor fue que el muy bastardo me hizo darle otras 50 cuando le dije que era un idiota enfermo y explotador.
Yamato rió.
-Te lo tienes bien merecido, ¿Cómo se te ocurre decirle eso a tu entrenad…? –Pero se calló pensándoselo mejor- No, la verdad yo también lo habría insultado… Oye, torpe; me has vuelto a dejar aquí tirado durante no sé cuanto tiempo
-¡Maldita sea! –exclamó Tai sujetando la perilla de la puerta sin hacer caso de la queja de Yamato
-¿Qué te pasa? Soy yo el que lleva aquí años esperándote, ¿Sabes?
-No traigo la llave –anunció poniendo cara de desamparado
-¿¡Qué!? –gritó Yamato enojándose por los dos-, ¿Cómo que no traes la llave?... Si la has perdido te voy a matar, Taichi. Exijo que revuelvas tus bolsillos otra vez y si no están allí puedes darte por muerto. No pienso esperar otro siglo aquí…
-No la traigo –volvió a decir, y se sentó en el lugar que un instante antes había ocupado su mejor amigo, aparentemente resignado.
-¿¡Y te vas a quedar allí sentado como si nada!? – se quejó el rubio, sin comprender
-Pues sí –respondió Tai sin más-, tengo que esperar a que llegue quien trae la llave, no podemos volver a tirar la puerta por que no tengo dinero para pagar otra…
-Bueno, en eso tienes razón –coincidió Yamato recuperando la calma y sentándose a su lado -, aunque aquella ocasión fue genial…
-¡Ni que lo digas! -recordó entusiasta Tai- ¡Los vecinos pensaron que fue un temblor! Esa sí que estuvo buena…
-Si, los buenos tiempos… -dijo sonriendo con nostalgia al recordar las aventuras que habían tenido un par de años antes- Por cierto, ¿Quién trae la llave? Deberías quitarte esa costumbre de darle las llaves de tu casa al primer idiota que te pase por enfrente.
-Estoy de acuerdo –coincidió-, en especial si se trata de idiotas rubios… -Rió y Yamato le dio un codazo en las costillas pensando que hablaba de él, aunque en parte, así era- ¡Oye, eso ha dolido! Te aprovechas solo por que estoy molido de tanto entrenar, pero ya verás cuando me encuentre descansado...
-Cálmate, superman; te vas a agotar de tanto fanfarronear… Además no me has respondido a quien le diste las llaves esta vez –le recordó Matt
-¡Ah, eso es una sorpresa! –dijo Tai tratando de no lucir tan alegre como lo estaba realmente
Pero Yamato rodó los ojos con fastidio de la misma forma que lo hacía el portador de las llaves.
-¿Qué? –preguntó Tai confundido
-No me digas que has metido otra mujer a tu casa, ya sabes como acabó la ultima vez con esa tal… ¿Cómo se llamaba? Bueno, nunca me aprendí su nombre pero resultó ser una zorra y…
-Se llamaba Catherine –repuso Tai-, y no te hagas el indiferente que a ti también te pareció guapa "La francesita" como según recuerdo, la llamabas. Aunque en eso de que terminó siendo una zorra, tienes razón ¿Recuerdas como reaccionó cuando le dije que ya no quería nada con ella y que se largara? Todo un drama. Pero eso sí, ella siempre se hizo la digna…
Y aunque Tai continuó hablando, Yamato ya no prestaba atención a su amigo. Ahora solo tenía una cosa en la cabeza. ¿Y si la pelirroja que encontró en la escalera era la nueva novia de Tai? Después de todo, cuando la urraca de la señorita Onimaru le contó lo del nuevo inquilino no habló de que tuviese familia, y tampoco había razón para que lo hubiera omitido ya que era una chismosa de lo peor y de haber sido así, definitivamente hubiera salido de sus labios viperinos. Al pensarlo de esa forma todo pareció encajar. Le repugnó la idea de haberse sentido atraído de aquella forma por la mujer con la que seguramente Tai se acostaba… Y lo peor de todo, es que no podía evitarlo. Incluso en ese momento creía poder escuchar los taconazos lejanos resonando en las escaleras… Se sentía estúpido. Estúpido y desafortunado ¿Por qué la había tenido que ver antes de saber que era novia de Tai? Si él se la hubiese presentado como tal, jamás habría pasado por su mente lo que por desgracia ya había pensado… Entonces se percató… Los taconazos no estaban solo en su cabeza. Realmente alguien subía por las escaleras haciendo ese sonido. Sin pensarlo miró a su amigo, quien también parecía entusiasmado.
-No puedo creerlo -dijo Tai alegremente-, después de todo, hoy es mi día de suerte
Pero Yamato tenía que estar seguro. Debía preguntarle antes de sentir envidia de su mejor amigo.
-Oye, Tai… -quiso empezar, más ahora fue Taichi quien le propinó un codazo en las costillas interrumpiéndolo.
-Mira la preciosidad que se aproxima, Matt –anunció habiendo un moviendo con la cabeza para que volteara al frente.
Para desgracia de Yamato, era la persona que imaginaba. Sus sospechas eran ciertas.
La pelirroja se veía al fondo del pasillo y ni siquiera se había percatado que los dos amigos la observaban. Tai se levantó y caminó para encontrarla. A Yamato se le comprimió el estomago, no quiso ni acercársele, aunque en realidad tenía muchas ganas de observar detenidamente su rostro. Se sentía realmente incomodo con esa situación y fue aún peor cuando Tai llegó hasta la muchacha quien lo saludo sonriente, por fortuna no se besaron, pues Yamato no habría sabido para donde voltear. Por un par de minutos ellos charlaron a mitad del pasillo, aunque el rubio no entendía gran cosa, solo podía escuchar los ecos difusos de ambas voces. Lo que definitivamente pudo entender fue que el imbécil de Tai querría presentársela, y de hecho, lo haría. De vez en cuando ambos volteaban a ver en su dirección, y no paso mucho tiempo para cando avanzaron hacía el lugar en donde se encontraba. A Matt no le quedó de otra más que levantarse –otra vez- y tratar aparentar que le daba infinito gusto que Tai volviera meter a una mujer a su depa. Pero por desgracia no se le daba lo de aparentar, y cuando por fin estuvieron frente a frente, tenía cara de pocos amigos., e incluso se le ocurrió pensar que si era grosero con ella, ella también lo sería con él, lo cual haría que pintaran su raya haciendo desaparecer cualquier posibilidad de atracción mutua y así conseguiría mantener su amistad con Tai sin problemas de faldas.
-Mira, Matt, ella es Sora Takenouchi–presentó Taichi sonriente-, se acaba de mudar y…
-Si, me imagino –le interrumpió aparentemente indiferentemente con la franca intención de caerle tan mal que decidiera no hablarle.
Tai se sintió un poco desconcertado por la reacción de su amigo pero se lo atribuyó a lo adolorido que debería de tener el trasero de tanto esperar sentado en el piso frío y continuó.
-Y Sora, este es Yamato Ishida, mi mejor amigo. Seguramente lo verás por aquí a menudo…
-Si -lo interrumpió Yamato tratando de ser tan desagradable como le fuera posible-, casi vivo con Tai. Soy terriblemente molesto y suelo dejar un desastre por donde paso, espero que eso no te moleste...
Sora no entendió el cometario, pero creyó que era broma e intentó ser graciosa.
-Bueno, mientras mantengas tu distancia de por lo menos tres metros, yo no tengo ningún problema
Tai sonrió pero Yamato no pareció encontrarle gracia, más bien, todo lo contrario.
-Bueno, eso será difícil puesto que el depa de Tai no mide más que eso
Sora miró con desconcierto a Tai, y éste se la devolvió comprendiendo lo que estaba pensando, lo cual se podría traducir como: "¿Y a este que le pasa? No sé por que, pero me esta tirando mala onda". Así que Tai intervino antes de que se pusiera feo.
-Oye Matt, bájale ¿no?
-Si, como sea. Por cierto ¿Nos vamos a quedar toda la noche aquí, o vamos a entrar? este pasillo me esta robando el oxígeno…
Sora parpadeó, cada vez se sentía más fuera de lugar.
-No tengo la llaves ¿recuerdas? –dijo Tai apretando los dientes
-¿Y qué? ¿Acaso no las trae ella? –preguntó como si Sora no se encontrara allí.
La pelirroja se sintió ofensivamente ignorada, en especial por que no tenía ni idea de que llaves estaban hablando. Por su parte, Tai estaba bastante molesto, y estaba a punto de reclamarle a Yamato su estúpida actuación, cuando alguien contestó por él a la pregunta de Matt.
-No, de hecho yo soy quien trae las llaves –era Tk, quien acababa de llegar y por lo visto, nadie lo había notado.
De repente Yamato no entendió nada, pero aquél, era un desconcierto feliz ¡Su hermano estaba allí!
-¿Tk, que haces aquí? –preguntó sorprendido al tiempo que abrazaba a su hermano olvidando los malos modos antes planeados.
-Pues decidí darme una vuelta por aquí para visitarlos –respondió luego de haber estrechado a su hermano mayor
-¿Visitarnos? Esa no me la creo, me apuesto lo que sea a que te has escapado otra vez; y seguro que Tai te ha ayudado a planearlo todo –volteó a ver a su amigo alegremente–confieza.
-Juro que no he tenido nada que ver –respondió agitando las manos frente a sí, y dejando el enfado atrás-, yo solo le di asilo en mi humilde morada a un necesitado hambriento, lo que haría todo buen samaritano.
Los hermanos rieron.
-La verdad es que si no fuera por Tai ahorita estaría durmiendo bajo un puente.
-¡Pero que idiotez! –Exclamó Matt-, bien sabes que si me llamabas yo podría haberte ayudado
-Si, claro, me habrías dado un sermón de 20 minutos sobre lo que no debería planear sin tu consentimiento y ayuda, y a al final me habrías enviado con Tai, de todas formas –dijo metiendo la tan esperada llave en el cerrojo
-Bueno, en eso tienes razón…
-¡Y valla que la tiene! –Intervino Tai- Últimamente mi depa parece más tu almacén que otra cosa.
Rieron.
-Además, -Agregó Tk- avisarte habría arruinado la sorpresa ¿No crees?
-Si –admitió Yamato-, a sido una verdadera sorpresa
Todos lucían muy animados, todos, excepto Sora que creía que lo mejor era dejarlos solos, pero no encontraba la forma de escabullirse. Los observó por un momento y cuando por fin abrieron la puerta y empezaron a entrar, juzgó que era una buena oportunidad para despedirse sin ser muy notada, pues todos parecían prestarle atención a cosas mucho más importantes que ella.
-Emm… Pues creo que yo ya me voy
Habló tan quedo que pensó que nadie la escucharía, y justamente, esa era la idea. Pero para su sorpresa, todos la voltearon a ver; por lo visto no se habían olvidado de su presencia.
-Espera, Sora –pidió Tai.
Sora ya casi se había dado la vuelta para irse, pero para su pesar, se volvió a ver a los tres muchachos que estaban en el marco de la puerta. Tai se le acercó.
-¿Por qué no pasas? –Propuso Tai- Sirve que no te aburres sola en tu departamento
-No sé –dijo incomoda-, no creo que sea buena idea, además…
-Tranquila –bromeó Tai-, no pensamos propasarnos contigo ni nada así, aunque no lo parezcamos, somos medianamente decentes
-No, no es eso –se apresuró a decir a la vez que contenía una sonrisa-, es que.... no quiero ser inoportuna
-No lo eres –aportó Tk con aquella amable sonrisa que tan bien sabía esbozar
-Anda, anímate –insistió Tai
-Bueno, tal vez no, pero… -dijo buscando una buena excusa- mm… es que no creo agradarle mucho a tu amigo -dijo mirando a Yamato de reojo, quien permanecía inmóvil haciéndose el indiferente.
-¿Quién? ¿Matt? ¡Ah, no te preocupes por él! Cuando lo llegas a conocer no es tan mal tipo, de veras…
-Si, pero… -empezó indecisa
Sora quería decir que pensaba que estaba de más, pero Tai no la dejó terminar. La tomó de la muñeca con ligereza –tacto que le pareció muy familiar, más no recordó de donde-, y casi la obligó a entrar en el departamento; fue "casi", por que ella tampoco opuso resistencia, y eso que no estaba muy entusiasmada con el hecho de entrar en el departamento de dos jóvenes a los que apenas conocía -ni siquiera habían pasado 12hras de que se presentaron-, y uno con el que con trabajo si había cruzado unas cuantas silabas; las cuales por cierto, no le fueron agradables, según notó.
Entonces, se preguntarán, ¿Por qué accedió a entrar?
Simple.
En ocasiones, muy en el fondo de nuestro inconsciente, tememos sentirnos solos. Solos en la oscuridad de nuestra existencia. En aquel momento, Sora temía a esa oscuridad.
- - -
Apenas entró, no pudo evitar notar que aquel apartamento, en definitiva parecía el hogar de una jauría de adolescentes, más que el de un joven maduro y responsable (Envolturas de frituras y comida instantánea descansaban en el suelo tranquilamente, latas de soda y algunas de cerveza tiradas aquí y allá, ropa sucia amontonada en los rincones, tenis apestosos en la barra de la cocina y un sin fin de detalles antihigiénicos que quedaban opacados por la visión de un sillón destartalado que había frente al televisor de plasma, el cual parecía no encajar en absoluto en aquel lugar); debido a ese descuidado aspecto –que distaba mucho de parecerse a lo que la había rodeado antes-, a Sora le encantó aquel lugar. Pero era evidente que no solo a ella le agradaba, pues Tk y Matt se dejaron caer sobre el sofá en cuanto entraron. Se miraban sonrientes, con aquella silenciosa felicidad fraterna que avergüenza y, contrario a lo que se puede esperar de dos personas que no se ven desde hacía mucho tiempo y que se quieren poner al corriente de sus vidas, ellos sencillamente acordaron jugar PS2 para averiguar si Matt seguía siendo tan bueno en street fighter como Tk solía recordar. A Sora le resultó extraña esa manera de hacer lo que la gente llamaba "recuperar el tiempo perdido"pero no pudo evitar sonreír cuando los vio tan entusiasmados por prender ese dichoso aparato.
-Disculpa si está algo sucio –dijo Tai fingiendo un tono de lo más serio-, pero es que Tk es un desastre, no hay forma de controlarlo…
-¡Oye! –Exclamó Tk ofendido desde la salita- Si no es gracias a mí, los muebles no se verían sobre la basura
-¡Pequeñeces! –bufó Tai
Por curioso de le pareciera a Sora, Yamato rió. Le parecía de lo más extraño que una persona cambiara de humor de forma tan repentina; contrario a Tai, que parecía estar de buen humor en todo momento.
-¿Quieres algo de comer o de beber? –ofreció el moreno
-De beber no estaría mal…-aceptó Sora
Tai atravesó con tal facilidad aquel basurero, y era evidente que conocía aquel lugar de pies a cabeza, en cambio, a Sora le costó algo de trabajo no pisar nada de lo que yacía cómodamente en el suelo hasta llegar a una cocinita igual a la que había en su departamento, solo que más vieja y con una pila de trastes en el fregadero. Se sentó en uno de los banquitos de la barra-desayunador y esperó. A Tai, por otra parte, le pareció buena idea hacer de cantinero para animar a su visitante.
-¿Qué va a tomar la señorita? –preguntó Tai imitando virtuosamente el estilo de galán de telenovela mexicana de las 9 de la noche
Sora sonrió.
-¿Cual es la especialidad? -preguntó siguiéndole el juego
-De todo, señorita, de todo –dijo sin dejar de fingir aquella empalagosa y gruesa voz-, pero principalmente me especializo en cervezas y sodas
-Ya veo, ¿Y de que variedad de sodas tiene para ofrecer?
-Permítame echar un vistazo a la cava –y dicho esto, abrió el refrigerador con parsimonia-, tenemos refrescos de cola, de naranja, uva y vainilla
-Pues déme de naranja, por favor
-Al momento, señorita –y sacando con destreza una del refrigerador, colocó una la lata frente a ella
-Oye, Tai –gritó Yamato desde el sillón sin quitar la vista de la pantalla- ya que haces de cantinero, también has de mesero ¿quieres?
-Un placer, caballeros ¿lo de siempre? –preguntó sonriente desde la cocina
-Lo de siempre. Pero que sea rápido, limpiabotas –respondió Matt entrando, sin intención, en el papel de antagonista déspota
Tk rió tanto con aquel comentario que casi termina descalabrado con la lata de soda de uva que le lanzó Tai desde la barra, pero por fortuna Matt la interceptó a tiempo, atrapando la mortal lata de soda en el aire, a escasos centímetros de la frente de su hermano, haciendo gala de una agilidad impresionante, o más bien, de una larga lista de experiencias que involucraban a latas de aluminio y el mal genio de Tai. Cuando el pobre de Tk se dio cuenta del peligro que había corrido se sobresaltó tanto que se le ahogó la risa de forma tan súbita que resultó de lo más cómico y todos- excepto él-, comenzaron a reír.
-No puedo creerlo, Tai. Pudiste haberme matado… Sabía que eras un salvaje, pero…
-No exageres – se excuso Tai haciéndose espacio en el sofá-, a lo mucho te hubiera partido la cabeza en dos
-Si, menos mal… -ironizó Sora desde el banquito con la soda de naranja entre las manos
De nuevo, y por un instante, Sora volvió a ser el centro de las miradas de los chicos, pero esta vez no se sintió incomoda en absoluto y se animó a seguir charlando con aquellas personas que eran totalmente nuevas para ella, pero que de repente se volvían tan familiares. Y es que le resultaba tan fácil charlar de todo y de nada a la vez con ellos, que era imposible no pensar en ellos como amigos, aunque solo llevara unas horas de conocerlos y aún cuando en el fondo siempre había dudado de ese término en particular.
-Por cierto, Sora; ¿no te quieres sentar? No queremos aburrirte con nuestras tonterías –dijo amablemente Tk
-Gracias –y se sentó en uno de los pufs que había en la salita, pues el sillón aún era demasiado para ella-, solo haré una aclaración, ustedes no me aburren en absoluto
-No intentes ser tan amable –dijo Tai sonriente-, sabemos de sobra que no somos lo máximo, pero…
-Habla por ti -interrumpió Yamato con cara burlesca, gesto que Tai le regresó de forma no tan educada
-Otra cosa, Sora –dijo Tk ignorando la batalla de gestos obscenos que libraban sus compañeros en cada extremo del sillón como si no fuera cosa nueva-, me disculpo por no haberte saludado en cuanto llegué, es que tenía tiempo de no ver a mi hermano y…
-No te preocupes por eso, entiendo –dijo Sora, aunque sabía que no podría entenderlo aunque quisiera, pues no tenía hermanos-, ¿Hacía mucho que no se veían?
-Algo, pero no es algo que te interese –respondió Matt por Tk que apenas había abierto la boca, y que, como su hermano sabía, estaba presto a contar la historia de sus vidas a una desconocida. Tai seguía haciendo gestos desagradables, ya completamente olvidado.
Sora volvió a sentirse ofuscada por él, pero no era de aquellas personas que se amedrentan al primer comentario hostil, así que decidió agarrar al toro por los cuernos y ser directa con aquella situación que empezaba a desagradarle más de lo que estaba dispuesta a tolerar.
-Oye, ¿Me puedes decir que te traes contra mi? –Preguntó algo molesta, incluso creyó escuchar su voz más dura de lo que pretendía- Desde que Tai nos presentó te has portado mucho menos que educado conmigo y no tengo ni idea por qué te desagrado
Tai y Tk se quedaron mudos, pero Matt sonrió de forma apenas perceptible.
-Lo siento si me he portado como un idiota –dijo tratando de responder de forma tan directa como lo había sido la pregunta-, pero soy así de grosero y no puedo ni quiero evitarlo
Tai y Tk notaron que estaba a punto de desatarse una tormenta, pero no se atrevían a intervenir; sin embargo, y para su sorpresa, Sora no parecía enojada.
-Pues no te creo nada –dijo sencillamente
-¿No me crees qué? –preguntó Matt levantando las cejas
-No creo que seas así con todo el mundo, habías sido muy simpático, hasta que me dirigiste la palabra. Definitivamente te desagrado…
Yamato se quedó por unos instantes en silencio. Lo había descubierto. Pero no era que le desagradara ni que tuviera algo en su contra, era simplemente que quería tenerlo. Pues aunque había sido un alivio el que no fuera la nueva novia de Tai, le avergonzaba retroceder y de la nada portarse encantador. Ella en cambio no dudaba en enfrentarle, y eso la hacía aún más atractiva.
-No le hagas caso a Matt, Sora –dijo Tai conciliador- está algo chiflado, pero nada peligroso…
-Bueno, ya no importa –concluyó Sora dispuesta a olvidar lo sucedido.
Pero Yamato no quería olvidarlo. Y aún siendo así, no volvió a hablar al respecto.
Sin que siquiera lo notaran el tiempo corrió a gran velocidad. Pasaron la velada entre charlas agradables, bromas, chistes y uno que otro ataque de risa. Tai incluso trató de enseñar a Sora a jugar PS2, pero ésta se rehusó rotundamente a utilizar ese aparatejo –según lo llamaba-, pues le resultaba de lo más extraño. Tk y Matt tuvieron una ardiente discusión sobre la eficiencia de la política y la globalización en la sociedad moderna, charla en la que Tai se mantuvo al margen –y no por que no supiera nada al respecto, si no por que consideraba aquello como perdida de tiempo -, Sora los escuchó a ambos bastante sorprendida de su interés por los asuntos trascendentales del planeta tierra, pero le sorprendió aún más la ligereza con la que Tai afirmaba que "el sistema" estaba manipulado por una bola de chimpancés con cerebro de 120 centímetros cúbicos que controlaban nuestra civilización. Al final, sumando todas loqueras de Tai, las bromas de Tk y los comentarios irónicos de Matt, Sora realmente la pasó bien, en especial por que nunca faltó la buena conversación aunada a la comida chatarra.
Aquel sería un día memorable para ella, pues daría lugar a grandes, desconocidos y emocionantes cambios. Pero lo mismo sucede en todas las vidas. Como cuando pensamos en un día preciso de la nuestra e imaginamos por un instante lo distinta que hubiese sido entonces de no haber tomado alguna decisión especifica o no haber elegido el camino que nos guiaría a donde estamos ahora, o aún mejor, si no nos hubiéramos dejado llevar por aquella mano calida que nos atrae al interior de una puerta. Podríamos detenernos ahora mismo y pensar en aquel día memorable de nuestras vidas en que se forjaba el primer eslabón de una cadena que nos ataría a un nuevo destino.
Continuará…
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N/A: E aquí el segundo capítulo de "El Ritmo de la Vida", espero hayan disfrutado. La historia apenas comienza y con este capítulo se empiezan a erigir las bases de la trama, que por lo visto ha gustado a un reducido –pero muy interesante- grupo de personas, a quienes agradezco su apoyo muchísimo… Gracias a Aya R., Kari-chan17, Lady of Dark and Delirium, x. wasauskI .x, Kari-chan17 por su preferencia; y a Adrianitha, Zulema, rosmarlin, Utenarose por su comentarios, los cuales me encanta leer, en serio; gracias!
¡Nos vemos en el siguiente capítulo!
Atte: Kuchiki Rukia-chan
P.D.: A Yamato lo representa la música de los Beat Crusaders (¡Una de mis bandas favoritas!)
