EL RITMO DE LA VIDA
Capitulo 3
"El Digital Tech"
Aquella mañana Sora se despertó con los rayos del sol provenientes de las ventanas aún sin cortinas de su departamento; abrió los parpados sin ánimo y se sorprendió de encontrarse acostada en el sofá de su departamento. Lo último que recordaba de la noche anterior era el haber estado dormitando en un puf en la sala de Tai mientras la charla continuaba… ¿Cuándo se había quedado dormida? Le dio vergüenza pensar en que alguno de los chicos la había tenido que llevar hasta donde se encontraba ahora… Incluso creía recordar entre sueños como era levantada en brazos y después, de forma aún mas confusa, una caricia en la mejilla. Se llevó la mano a la mejilla izquierda y se preguntó si esa parte había sido simplemente el fragmento de un sueño… Cuando se incorporó se percató de que en el suelo se encontraba una chaqueta azul de franjas blancas, con la que seguramente la habían cubierto la noche anterior; la cual, según recordaba, le había visto a Tai. Sonrió al pensar en la gentileza que había tenido para con ella y decidió que se la regresaría esa misma tarde.
Inmediatamente después de levantarse Sora se dirigió a una de sus maletas, corrió el cierre en busca de ropa apropiada para un día de limpieza y luego de haber encontrado la adecuada se metió al baño. Mientras las gotas de agua caían sobre su cabellera pelirroja, Sora pensaba en lo que le esperaba aquel día, el día en que su nueva vida daba inicio, el día que marcaba de una vez por todas el fin de su pasado, y en que se le habría una nueva puerta que daba hacía un novedoso porvenir. En cuanto cerró la llave y el agua dejó de correr, Sora salió de la ducha y se decidió a emprender aquel viaje hacia el futuro. Después de secarse se vistió con un short de mezclilla deslavado, una blusa blanca sencilla y unos vanz viejos, preparándose así, para desempacar y por fin terminar de poner orden en su departamento. Se amarró el cabello en un moño desaliñado y puso manos a la obra.
Empezó por la cocina que había empezado a arreglar el día anterior, limpiando cada una de las gavetas, para después poner dentro los utensilios, que iban desde cucharas hasta dos escasos sartenes; para su fortuna, en el trayecto de su viaje solo se habían roto dos vasos y un plato hondo, algo aparentemente afortunado, puesto que eso significaba que ahora solo le quedaba un vaso y tres platos, lo cual hacía que su lista de cosas por comprar aumentara ligeramente. Barrió, sacudió y trapeó hasta dejar todo impecable, cambió los sillones de lugar y pensó donde pondría los cuadros que llevaba consigo, en eso estaba cuando se dio cuenta que tenía clavos pero no martillo, al principio pensó que eso podía dejarlo al final y así podía arreglar su habitación primero, pero después llegó a la conclusión de que le sería imposible acomodar sus cosas si no pintaba primero y que eso tomaría una eternidad si solo contaba con la pintura y la brocha, más no rodillo. Se sentó en el suelo a pensar; no podía ir a comprar un rodillo ni un martillo si no sabía donde había una ferretería, aunque tampoco quería gastar su dinero en ello, así que pensó que tal vez en la conserjería del edificio se los podían prestar. Satisfecha con la resolución a la que había llegado bajó las escaleras a toda prisa hasta llegar al pequeño vestíbulo en el que se encontraba una mujer entrada en años de aspecto huraño que además de estar vestida con muy mal gusto, tenía los parpados pintados de un color azul tan intenso como desagradable.
-Buenos días, señorita –saludó alegremente Sora a la vez que se recargaba en el mueble de la recepción, sin darse cuenta que confundía a esa mujer con la señorita Onimaru, quien fuera la que le mostrara el departamento a Sora hacía ya un par de semanas.
-Señora, si no te importa, querida –corrigió ásperamente la mujer; quien resultaba ser la hermana menor de la señorita Onimaru, quien a pesar de estar casada era igual de amargada que ella, y quien para colmo masticaba chicle con una pereza fuera de serie.
-¡Oh, disculpe, señora! –dijo Sora de mala gana- Soy la nueva inquilina, del #707, solo quería preguntarle si no hay en la conserjería un martillo y un rodillo que me hiciera el favor de prestarme, los necesito ya que como me acabo de mudar...
-Lo siento, querida -la volvió a interrumpir la mujer, luego de mirar con desdén el corto atuendo de Sora-; pero yo no tengo las llaves de la conserjería, y el señor Ogata, mi marido –hizo énfasis en las ultimas palabra-, no se encuentra en este momento.
-No me diga –dijo Sora alzando las cejas, haciendo evidente que no le creía ni una palabra.
-Si, y yo creo que no va a volver hasta tarde –insistió la señora de Ogata, haciéndose la indiferente.
-Pues que mal servicio –sentenció sin dar tiempo a que aquella mujer abriera nuevamente la boca, para así subir las escaleras presurosa-; vieja urraca –murmuró Sora para sí-, estoy segura de que tenía las llaves en algún lugar, en definitiva voy a poner una queja…
Subía las escaleras presurosa solo por el coraje, y miró con malos ojos a uno que otro inquilino con quien se topara en las escaleras, quienes la miraban unos con indiferencia, otros con curiosidad. Ni siquiera se dio cuenta cuando TK pasó a su lado y luego de reconocerla la trató de saludar.
-¡Oye, Sora! –la llamó luego de verse ignorado, pensando que no lo había reconocido.
La pelirroja se volvió sorprendida de que la llamaran por su nombre y se sorprendió mucho más al ver que TK se aproximara a ella.
-¡Hola! –lo saludó apenada- lo siento, no te vi cuando pasaste…
-No te preocupes –dijo alegremente-, pero ¿Te encuentras bien? Luces algo…
-¿Indignada? ¿Irritada? ¿Enojada?, tú elige –respondió evidenciando su molestia
-eh… ya veo… -y esbozó una sonrisa incomoda- ¿Y se puede saber que es lo que te tiene tan molesta?
-Es esa mujer de la recepción la que me puso de malas –le explicó-, le pedí prestados un martillo y un rodillo pero dijo que no tenia las llaves para sacarlos, pero yo me apuesto lo que sea que me estaba tomando el pelo… ¿¡Como es posible que la recepcionista no tenga un duplicado de la conserjería!?
TK rió por lo bajo al verla enojarse de esa manera por tal insignificancia.
-¿Se puede saber que te resulta tan gracioso? –preguntó seriamente
-No, nada; disculpa… -dijo sin dejar de sonreír-, tal parece que estas acostumbrada a un servicio decente…
-¿Exactamente a que te refieres? –preguntó aun sin entender
-Nada, simplemente he escuchado hablar algunas cuantas cosas sobre la hermanas del mal
-¿Las hermanas del mal? –dijo Sora sonriendo por fin
-Así es como las llama Tai –le aclaró Tk encogiéndose de hombros-; según me cuenta, son unas verdaderas brujas…
-Pues valla que sí les queda el nombrecito –concordó Sora con una mueca-, solo les faltan las verrugas y las escobas.
TK rió nuevamente, pues no le parecía difícil imaginarlas con dichos aditamentos.
-Lástima que insultarlas no resuelva mi problema –dijo Sora con un suspiro
-Bueno… -empezó a decir el rubio haciendo evidente que estaba pensando en una solución-, tal vez en eso yo pueda ayudarte
-¿En serio? ¡Me harías un gran favor!
-Te advierto que tendremos que excavar en el basurero de Tai –puntualizó como quien considera una misión difícil y compleja-, pero con algo de suerte encontraremos lo que necesitas.
Sora asintió recuperando el buen humor para luego comenzar a subir las escaleras a lado de aquel amigable joven.
- - -
Suaves notas musicales se deslizaban por la rendija de la parte inferior de la puerta del cuarto de Yamato hacía el exterior; éstas flotaban hasta extinguirse por completo, amortiguadas por el ruido y el silencio que las oprimían hasta hacerlas desaparecer…
La habitación de Yamato, en la que aquellas delicadas notas eran producidas, era una pieza amplia aunque desaliñada, donde pilas de CDs se disputaban el espacio entre el suelo y las repisas que rodeaban una cama amplia y un escritorio, junto algunos cuantos libros y Dvds que se esparcían sin orden por doquier. Una guitarra acústica y otra eléctrica ocupaban la esquina más alejada, junto a la ventana; la cual, a pesar de contar con una magnifica vista de los edificios de Tokio, siempre estaba oculta tras unas persianas que nunca se abrían.
Yamato y su padre, vivían en el piso 14 de un edificio departamental nuevo en el centro de Tokio, cercano a la televisora en la que trabajaba el señor Ishida. El piso, de diseño moderno, era relativamente pequeño, pero para solo dos personas resultaba bastante cómodo y espacioso, en especial por que contaba con más habitaciones de las que realmente necesitaban, y como rara vez pasaban tiempo en él, apenas si se ensuciaba, exceptuando, claro, las cajas de pizza y de comida china que continuamente se encontraban en el antecomedorsito de la cocina, pero aparte de eso, los dos Ishida se las ajustaban bastante bien.
Yamato estaba sentado borde de su cama mientras tocaba algunos acordes de su guitarra.
Justo en ese momento, Matt trataba de relajarse después de una nueva discusión con su padre, quien apenas si había salido camino al trabajo cerrando la puerta con un portazo que se podría calificar de desganado. Eran ya tan frecuentes las discusiones, que ya ninguno les prestaba suficiente atención a demostrar su enojo, el cual ya daban por sentado; incluso Matt había terminado por olvidar cual había sido el detonador inicial de aquellas largas discusiones, las cuales continuaban casi por inercia, ya que ambos, padre e hijo, eran demasiado orgullosos para dar su brazo a torcer y admitir que realmente se había perdido la verdadera razón de sus continuas peleas, y cuando no peleaban, cansados ya de gritar, se ignoraban mutuamente.
Todas las notas que sonaban suavemente salían de su guitarra prácticamente tocadas al azar, pues Yamato trataba de componer una nueva canción para el grupo, pero no venían ideas a su cabeza, y lo único que hacia era saborear los acordes tratando de encontrar en alguno de ellos la nota ideal para iniciar la nueva melodía. Continuó rozando sus dedos contra las cuerdas de la guitarra sin pensar en lo que hacía y dejó que sus pensamientos volaran sin rumbo. Pensó en el lío que se le armaría cuando su padre se enterara que TK se había vuelto a escapar de la escuela, de las llamadas desesperadas de su madre que tendría que ignorar, y en las acusaciones y amenazas que su padre le propinaría en vano para sacarle la verdad… Aún así, sonrió… Ya se le ocurriría algo para zafarse de todo eso, y mientras tuviera tiempo, disfrutaría de la compañía de su hermano; entonces, casi instintivamente, pensó en la noche anterior y en aquella pelirroja, en lo delicados que lucían sus parpados cerrados y en lo largas que le parecieron sus pestañas en aquel momento; fue en ese instante, cuando de inmediato una nota sonó en su conciente… La nota que le daría inicio a su nueva melodía… Y sin que se lo esperara, las que le siguieron salían de su cabeza sin ninguna dificultad, entrelazándose con fluidez.
En ello se encontraba cuando el sonido de su móvil amortiguó los pensamientos que seguían surgiendo de su cerebro hasta atenuarlos de tal manera que se viera obligado a contestar la llamada, molesto por haber sido interrumpido.
-¡Hey, Matt! –exclamó Tai a modo de saludo al otro lado de la línea
-¿Qué quieres? –contestó Matt malhumorado- ¿Sabes que acabas de arruinar mi inspiración?
-¡Discúlpeme, sr. Beethoven! –Se burló Tai-, no sabía que estaba creando algo…
-Déjate de chistes, ¿Quieres? Trato de escribir algo; además, no estoy de muy buen humor...
-De eso me puedo dar cuenta, amigo –obvió Tai del otro lado del auricular- ¿Broncas?
-No, lo de siempre –respondió quitándole importancia al asunto-, como sea, ¿Qué quieres?
-mmm… Nada, te iba preguntar si andabas cerca del parque de la universidad para que me acompañaras a ver a Izzy, pero por lo que escucho estas en tu cueva, así que…
-¿Qué tienes que hacer tú yendo a ver a ese amante de los ordenadores? –le cuestionó Yamato con extrañeza-, creí que ya había reparado tu lap…
-Si, ya la reparó –dijo alegremente-, y ya sé que es algo raro, pero es un verdadero hacker, te sorprendería lo que puede hacer un con una simple maquina, prometió pasarme unos programas para desbloquear las trampas de…
-Espera un segundo, Tai –lo interrumpió Matt-, me quieres decir que te vas a ver con ese cerebrito para meterte en sus rollos de niño freak?
-Bueno, no hay que ser tan drástico aplicándole esa terminología en particular –le defendió el moreno-, yo más bien lo tomaría como un chico "peculiar", además vamos a hacer un inocente intercambio de información útil…
-No inventes, mejor te acompaño; si te dejo ir solo terminaras volviéndote uno de esos raros seres adictos a la informática… Te veo en el parque que esta enfrente del Digital Tech
-¿No tenias que escribir una canción? –le recordó su amigo
-Si, pero has terminado por absorberme la inspiración, así que de tu cuenta corre el devolvérmela…
Tai rió de buena gana.
-Por eso ni te preocupes que yo me encargo... Nos vemos en media hora ¿de acuerdo?
-Si, nos vemos –y dieron por terminada la llamada.
Matt dejó la guitarra en la cama y luego de tomar las llaves, salió de su casa.
Matt odiaba caminar, así que cuando bajó al estacionamiento y se dio cuenta de que su padre se había llevado el auto apropósito, siendo que la televisora le quedaba a menos de dos cuadras y para colmo, por ser domingo, solo iba un par de horas, no pudo evitar soltar una maldición. Caminó hasta llegar a la estación del tren; donde una gran cantidad de gente esperaba que el tren ligero apareciera. Le irritaba ver a esa gente idiotizada por el reloj, esclava de una rutina desconocida para él, desempeñando papales irrelevantes en esta vida y que, sabiéndolo o no, resultan irrelevantes para el mundo que los rodea; Matt despreciaba a esos seres apáticos y sombríos que esperaban que la vida les indicara el camino por el temor de elegirlo ellos mismos, seres reprimidos por una sociedad a la que le importa poco cuanto se esfuercen, trabajen o estudien, pues simplemente los relegará y los hará parte de una masa viviente de seres que creen vivir, pero que solo desempeñan un rol establecido por seres ajenos a sí mismos.
Sonó el timbre que indica la llegada del tren, y en cuanto este se hubo detenido la gente que había estado esperando se aglomeró en las puertas, luchando por un asiento. A Yamato le aburría ver como la gente casi se aventaba con tal de conseguir un asiento, haciendo a un lado a quien obstruyera el paso, esto, como si del ir sentado dependiera su vida; por lo que él simplemente esperó paciente a que la gente se apretujara una contra otra para poder acomodarse en el diminuto rincón pegado a la puerta, lugar que aunque no lo parezca, tiene una ventaja, pues podría acceder a la salida con facilidad, sin necesidad de empujar a las demás personas que de por sí, ya venían apretujadas. Mientras esperaba su parada miró con indiferencia a su alrededor, a su lado una adolescente más o menos fea vestida por completo de negro y coletas despeinadas lo miraba con descarada repugnancia; con fastidio Matt rodó los ojos e imaginó que sería una de tantas mocosas de secundaria que viven pensando que son darks o emos y que por ello, creyéndose superiores moralmente, desprecian a la humanidad, aunque principalmente a lo que ellos llaman despectivamente fresas o borregos, denominaciones utilizadas para apodar a quienes, contrario a ellos, siguen la moda impuesta por los medios, en lugar de la suya; aunque lo que más lo fastidiaba de esos púberes era que navegaban con bandera de idealistas degradando así no solo las tribus urbanas a las que creen pertenecer si no todo lo que dichas corrientes sociales representan realmente. La jovencita no dejó de mirarlo con desprecio hasta que llegó a su destino, mientras que él continuó observando algo más que aburrido a la gente que lo rodeaba; entre ellos dos señores de edad madura que miraban con desaprobación a un muchacho un tanto más alto que él cuyo peinado era de lo más llamativo: rastas larguisimas de colores chillantes y una camiseta con colgajes de figurillas de madera y semillas bordadas. Yamato rió por lo bajo al oírlos decir que las nuevas generaciones no tenían futuro y que terminarían de poner el mundo de cabeza, que en sus tiempos los jóvenes se dedicaban a cosas de provecho y no se andaban con tonterías; discurso que sin duda, había escuchado un millón de veces y que seguramente seguiría escuchando el resto de su vida, pues se consideraba parte de la mitad que gente de esa clase consideraba podrida, y sin duda, le gustaba serlo.
Cuando menos lo pensó, ya había llegado a la estación en la que debía de bajar y se sorprendió de no haber notado como pasaba el tiempo, que en realidad no había sido mucho. Subió a las escaleras del subterráneo y pensó con seguridad que al igual que él, los demás presentes en el vagón en el que se encontrara instantes antes, habían estado observando los rostros predecibles de las personas que se encontraban a la vista… y aunque con suficiencia, volvió a sonreír. En este mundo de apariencias, todos nos encontramos dentro de una vitrina, siendo examinados en silencio, dentro de mentes ajenas.
A pocas cuadras de la estación subterránea se encontraba el parque en el que Tai lo esperaba. Apenas había divisado los árboles cuando un individuo lejano ya le hacía llamativas señas, agitando extravagantemente los brazos; era Tai, quien lo había reconocido desde lejos.
-Si vuelves a hacer eso fingiré que no te conozco –bromeó Yamato
-¡A mi también me da gusto verte! -ironizó Tai con una sonrisa a la vez que empezaron a caminar-, aunque sabes bien que si lo volviera a hacer, te acercarías de cualquier forma.
-Es cierto… -y continuaron caminando mientras charlaban
Atravesaron el parque, y justo en la esquina de la cuadra que se encontraba frente a él pudieron distinguir un establecimiento con amplios ventanales y apariencia moderna color rojo intenso que llamaba la atención, en especial por el letrero plateado en el que se leía claramente Digital Tech, abreviación de Digital Technology, que era un establecimiento que se dedicaba a toda clase de productos digitales, al igual también al arreglo y venta computadoras y otros accesorios de alta tecnología. El dependiente de dicho establecimiento era un muchacho de 18 años, que lucía pequeño para su edad, cuyo nombre era Koushiro Izumi, al que todo el mundo llamaba simplemente Izzy, y quien, a pesar de ser tan joven sabía de tecnología como el que más, aunque era justamente por esa virtud por la que los demás lo consideraban un bicho extraño obsesionado con los ordenadores; y aunque sonara patético, era verdad; pues Izzy solía pasar mas tiempo frente a la pantalla de una máquina que frente al rostro de una persona cualquiera. Tai lo había conocido en el cyberjardín de la universidad, cuando por casualidad su lap-top ya no había querido funcionar y él le ofreciera su ayuda.
Cuando Matt y Tai entraron al establecimiento el joven pelirrojo ya los esperaba, estaba entusiasmadísimo por contar a Tai su nuevo descubrimiento, el cual era nada más y nada menos que el prototipo de un videojuego para computadora de nombre Digimon que había sido dejado incompleto por una compañía de alta tecnología que se había desintegrado por falta de fondos, dejando así varios proyectos sin concluir, de los cuales, ése era uno de los mas prometedores.
-¿Y si tenían proyectos tan buenos cómo es posible que la compañía quebrara? –preguntó Tai
-Eso es lo más curioso –respondió Izzy emocionado-, según cuentan algunas importantes fuentes en la red, todo aparentaba ser un truco de la empresa para no pagar los impuestos, y se rumorea que también fueron ellos quienes financiaron la propaganda que ha dado inicio de un concurso que convoca a todos los cibernautas a tratar de terminar el prototipo del videojuego, para pon fin ser lanzado al mercado…
-¿Y quien si no ellos querría financiar tal proyecto? Es obvio que se trata de un estratagema financiero –sentenció Yamato
-Naturalmente eso aparenta ser lo más factible –coincidió Izzy-, el problema es que el empresario que solía financiar la empresa murió de un ataque al corazón hace apenas dos semanas y el dinero que el invertía en la empresa quedó inutilizado, haciendo imposible una maniobra como la que acabas de mencionar
-Si, bueno ¿Y a quien le importa? –dijo Matt con fastidio, luego de que su teoría fuera rechazada
-¡A mi me importa! –exclamó Tai quien se encontraba probando el prototipo del que hablaba Izzy- éste videojuego es lo máximo, beberías probarlo siquiera, Matt. Se supone que debes cuidar a una bestia digital, y cuando esta tiene suficiente nivel de experiencia eliges entre una variedad de evoluciones, como…
-Digievoluciones –le corrigió Izzy
-Si, eso –aceptó Tai sin prestarle mucha atención-, hasta que consigas desbloquear la digievolucion más avanzada…
-Yo no juego tonterías, Tai –dijo Yamato, quien solía jactarse de tener un escaso pero selecto grupo de preferencias en cuanto a videojuegos-; además se suponía que solo venías por unos programas de no sé que rayos…
-¡Ah, no seas aguafiestas! Si está buenísimo…
Matt suspiró y se sentó desanimado en la silla junto al aparador. Sacó su iPod, y puso japonese girl, de los Beat Crusades, pues seguro de que aquella visita duraría más de lo que había imaginado…
- - -
El sol comenzaba a declinar cuando le dieron la ultima pasada con el rodillo a la pared de la salita del departamento #707; habían tardado más tiempo de lo previsto buscando el rodillo y el martillo en el depa de Tai, esto puesto que el hurgar entre montañas de cosas esparcidas en el suelo y en armarios era mas difícil de hacer que de decir, por lo que al final de cuentas terminaron pidiéndole ayuda al inquilino del #725; éste era un señor robusto y bonachón que rondaba por los 60 de edad, su nombre era Gosunkugi, en cuya cabeza brillaba una reluciente calva, la cual, por su lustrosidad pareciera que fuera pulida diariamente; el buen Gosunkungi trabajaba como dependiente en una ferretería cercana, a no mas de dos cuadras del edificio departamental Komatsu, por que no le costó ningún trabajo el proporcionarles los utensilios que necesitaban e incluso se ofreció a ayudarles, a lo que su señora esposa se opuso, alegando que solo se ponía laborioso si se trataba de auxiliar mujeres jóvenes, mientras que a ella nunca que le ayudaba en la casa; Sora y Tk apenas si pudieron contener la risa hasta poco después que se cerrara la puerta del 725, y es que luego de una ardua búsqueda bien lograda, ambos estaba de muy buen humor. Luego de eso, el labor de pintar fue bastante llevadero, y es que entre la alegre platica que mantenían y la música del reproductor de CDs de Sora el tiempo se les pasó bastante ligero y ni cuenta se dieron cuado ya era tarde. La habían pasado tan bien que ni siquiera se percataron de que no habían comido hasta mucho rato después, cuando sus estómagos empezaron a rugir demandando ser alimentados, fue entonces cuando Tk por fin se ofreció a pedir una pizza –hawaiana, por supuesto-; la cual, al final de cuentas terminó pagando Sora a quien ya le parecía haber abusado demasiado de su simpático vecino, quien no solo se había ofrecido a ayudarle, si no que aparte de todo quería pagar la comida.
-No te preocupes, esto va por mi cuenta –dijo Sora a la vez que le tendía un billete al repartidor de pizza.
Apenas de lavaron las manos, se sentaron en el piso para no ensuciar los muebles con su ropa manchada de pintura, que evidenciaba el arduo trabajo que habían realizado a lo largo de todo el día; incluso sus rostros y brazos tenían manchitas aquí y allá, y aunque cansados, ambos estaba satisfechos del trabajo realizado. Acompañaron la pizza con unas latas de soda bien frías y uno que otro chiste sobre lo que el agradable olor a pintura fresca podía ocasionarles a sus ya mareados cerebros, y la cual apenas comenzaba a secarse. Tk, contento de poder ser de ayuda a tan agradable vecina, se ofreció a volver al día siguiente a terminar de clavar los cuadros, cosa que había hecho falta, pero Sora se abstuvo de aceptar la ayuda argumentando que probablemente no tendría tiempo de hacerlo el día siguiente, puesto que tenía que ir a la universidad a arreglar los tramites finales de su inscripción. Tk, encogiéndose de hombros, volvió a reiterar que cualquier cosa que necesitara podría contar con su ayuda, a lo que Sora asintió alegremente.
-Pero bueno -dijo Tk levantándose luego de dar el ultimo sorbo a la lata de soda-, creo que ya es hora de que me valla, nos veremos pronto.
-Claro que si –afirmó Sora imitándolo al levantarse y volteando a ver su reloj de pulsera-, ¡Pero que horror, si ya son las ocho y media! Te he mantenido ocupado por mucho tiempo, ni pensar que cuando te encontré ibas de salida, seguramente te he echado a perder algún compromiso…
-Nada de eso –la tranquilizó Tk quitándole importancia-, solo iba a comprar una tarjeta para mi celular; de cualquier forma, si hubiera ocurrido alguna emergencia, ya tendría a quien echarle la culpa por estar incomunicado –bromeó al tiempo que se dirigía hacía la puerta.
-Entonces estaré castigada –dijo sonriente Sora siguiéndolo hasta el umbral.
-Ha sido un día muy divertido –dijo Tk despidiéndose-, espero y nos veamos pronto.
-Dalo por hecho –aseguró Sora asintiendo-, eres bienvenido cuando quieras… ¡Oh, espera un momento, casi olvido algo! –Y luego decir eso corrió a su habitación, para después de unos segundos regresar con una chaqueta azul de franjas blancas en las manos-, regrésasela a Tai, y dile de mi parte que lamento el que haya tenido que molestarse en traerme a mi departamento después de que me quedara dormida ayer… Que vergüenza
Tk la miró algo extrañado tomando la chaqueta que le tendía Sora.
-¿En serio hizo eso? –preguntó incrédulo, mas luego de que Sora lo confirmara asintiendo, dijo- El no suele ser para nada atento ¿Sabes?, aunque quizás sí le den rachas… No te preocupes, yo se la entrego.
-Te lo agradeceré –dijo la pelirroja-, que tengas buenas noches…
-Igual tú, hasta luego –y dicho esto cerró la puerta a sus espaldas para comenzar a caminar por el pasillo en dirección al departamento de Tai.
Iba a la mitad del pasillo cuando recordó que la noche anterior, Tai había sido el primero en quedarse dormido, después de Sora.
- - -
Para cuando Tk llegó al #743 Taichi y Yamato ya se encontraban allí charlando sobre su día. Tai parecía de lo más animado tratando de explicar lo extraordinario de un videojuego nuevo mientras Matt aseguraba haber pasado una tarde aburridísima, que bien podría haber utilizado haciendo cualquier otra cosa más interesante. Un domingo enteramente desperdiciado era algo que no podía perdonar.
-Hey, Tai –Dijo Tk lanzándole la chaqueta que Sora acabara de darle- Esto es tuyo…
Taichi la atrapó en el aire casi por inercia.
-¿Y esto? ¿Sabes que la busqué en la mañana? –se quejó Tai, a la ves que Matt fingía estar ocupado buscando alguna canción en las listas de reproducción de su iPod
-Deberías de tener más cuidado de donde dejas tus cosas –respondió echándole una mirada significativa a su hermano- hay quien puede tomarlas sin permiso… ¿No lo crees así Yamato?
Matt ni siquiera lo volteó a ver, aunque bien sabía lo que su hermano pretendía insinuar con esa pregunta, más no entendía como había obtenido la chaqueta.
-¿Desde cuando le dices Yamato? –preguntó Tai confuso
-Solo le digo así cuando pretendo hacer énfasis en…
-¿Qué más da? –le interrumpió Matt encogiéndose de hombros sin dejarlo terminar-, ¿Sabes que casi me quedo dormido escuchando tu tonta banda favorita, Tk? –agregó cambiando de tema
-¿Por que? –Preguntó repentinamente interesado- ¿que escuchaste?
- "Ai ga Yobu hou he"-dijo pasándole los audífonos y el iPod
-¿De que hablas? Si esa canción es buenísima! –se defendió Tk mientras buscaba el titulo entre las listas de reproducción, y cuando la encontró agregó-, es de lo mejor de Porno Graffiti
-¡Ay, por favor! –se quejó Matt-, Porno Graffiti es solo una banda que pretende parecer interesante utilizando un nombre obsceno pero que en realidad solo toca baladas que intentan ser profundas.
-¿Intentan? –se extrañó TK- yo creo que lo logran muy bien, por algo es de mis canciones favoritas
-Creí que "Melissa" era tu favorita –terció Tai asomando la cabeza detrás de la puerta del refrigerador.
-Lo era –afirmó-, antes de escuchar ai ga Yobu hou he
-Si, bueno –lo cortó Matt distraído luego de ver que su distracción funcionara- ¿Donde se supone que has estado toda la tarde y por que traes manchada la ropa? ¿Es pintura? Hoy hablé con papá y todavía no sabe que te has escabullido nuevamente de tu tonta escuelita, seguramente mamá se dará cuenta el domingo cuando su retoño no vuelva a casa para la cena familiar.
-Mejor así –opinó Tk sin demostrar mucho interés-; y respecto a donde he estado esta tarde… Pues resulta que he ayudado a Sora a pintar su departamento; me la topé en las escaleras esta mañana y…
-¡Espera un segundo! –lo detuvo Tai incrédulo corriendo desde la cocina a la sala- ¿Cuándo dices Sora, te refieres a la linda pelirroja del 707?
-Si –respondió Tk sin entender por que tanto alboroto de parte del moreno-, me la topé en las escaleras esta mañana y…
Yamato volteó disimuladamente a ver a Tk fingiendo no estar interesado en la plática, aunque esperaba tan ansioso como Tai la respuesta. Ahora comprendía como había obtenido la chaqueta, e incluso era probable de que también supiera del traslado de la pelirroja a su departamento; y por las miradas que le lanzaba su hermano mientras hablaba, las probabilidades de que sospechara de él, eran grandes.
-¡No puedo creerlo, que envidia! –exclamó Tai acercándose interesadísimo al rubio- ¿Y que paso?
- Te acabo de decir que le ayudé a pintar su depa… -continuó diciendo sin quitarle los ojos de encima a Matt
-¿En serio solo eso? –Preguntó Tai decepcionado-, tu si que sabes dejar pasar las oportunidades…
-¿Exactamente a que te refieres? –lo cuestionó Tk que tenía una vaga idea de las tonterías que le podrían estar pasando a Tai por la cabeza.
-¡oh, nada! -contestó Taichi haciéndose el interesante-, eres demasiado joven para saberlo
-Ja, ja, muy gracioso -ironizó Tk a la vez que se dirigía al baño-, será mejor que me de una ducha o de lo contrario esta pintura no se quitará nunca.
-Bueno, yo me despido –dijo Matt levantándose del sofá inmediatamente después de que Tk entrara en el baño.
-¿Cómo? ¿Te vas tan pronto?-se sorprendió Taichi acercándose a su amigo.
-¿Pronto? ¿De que hablas? Si ya son las nueve y cuarto, voy a llegar tarde al ensayo… Y para colmo llegaré sin ninguna idea de la canción que se suponía debería de empezar a componer para hoy; por tu culpa, claro.
-Ni modo, amigo –dijo Tai sonriendo y acercándose al control remoto para encender el televisor-, así es la vida.
Matt se despidió con un gesto y salió del departamento #743; no había dado ni tres pasos cuando estaba a punto de regresarse, y es que acababa de darse cuenta de que había olvidado su iPod en el sofá, pero se detuvo cuando vio que a la mitad del pasillo se habría una puerta y de ella salía la pelirroja de la que habían estado hablando Tai y Tk, y en la que él no podía dejar de pensar, fue entonces cuando Yamato resolvió que debía encontrársela, decidiendo así dejar su iPod por esa noche en casa de Tai, cosa impensable en otra circunstancia.
Caminó a toda prisa a propósito hasta alcanzarla, y cuando por fin llegó a su lado pasó tan cerca de ella como pudo; fue tanto así, que sus hombros se tocaron. Ella lo volteó a ver instintivamente, y se sorprendió mucho al toparse nuevamente con aquellos hondos ojos azules que la miraban con fijeza. Yamato por su parte, al ver tan de cerca aquel rostro delicado no pudo evitar pensar en la melodía que Tai le evitara componer horas antes; los cabellos rojizos que le enmarcaban el rostro parecían dictarle las notas de una nueva melodía y sus grandes ojos cafés inundados de sorpresa parecían cantarle una silenciosa canción. Fue entonces cuando Matt supo que nunca se habría perdonado el no haber seguido sus instintos, pues ellos le susurraban quedamente que en ella había algo especial.
Continuará…
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N/A:
Después de más de un mes de ausencia, y feliz de estar viva y en especial, de estar tan contenta como lo estoy, los saludo nuevamente. ¿Qué tal se la han pasado? ¿Qué esperan este maravilloso año que nos recibió sonriente? ¡Espero que muchas cosas positivas! Y en lo que concierne a este capitulo de EL RITMO DE LA VIDA debo decir que me gustó mucho escribirlo, por que este capitulo abrimos brechas y nos asomamos un poquito más en la vida de los personajes a quienes siempre trato de mostrar reales, o cuando menos, tan reales como me sea posible. Y es que apara mi, los personajes deben ser como cualquier persona que pueda existir en la vida real, presentándolos con personalidades que podrían ser las de nuestros amigos, hermanos, compañeros, vecinos, o incluso la de ese sinvergüenza que te abochorna admitir que quieres. Esperando haberlo logrado -aun cuando solo sea un poquitín-, les agradezco la lectura, y les invito –por no decirlo de forma más vehemente- a comentar lo que se les antoje, si es una critica o una sugerencia, igual será bien recibida, aunque si no se te antoja ninguna de las opciones anteriores, igual me puedes mantener al tanto de tus gustos musicales o de cualquier otra cosa, pues me encanta saber más de quienes comparten lo que se hornea dentro de mi cerebro.
Naturalmente, agradezco los comentarios del capitulo anterior, que siempre nos ponen de buenas a los autores. Gracias a: Lady of Dark and Delirium, Zulema, Utenarose, rosmarlin, sorato rck, Lime1085 y shaden.
Sin más, me despido.
Besos,
Kuchiki Rukia-chan
P.D.: A Tk lo representa, como ha quedado claro, "ai ga Yobu hou he" de Porno Graffiti. Esa canción en particular… que es un poco difícil de encontrar. Si no la encuentran, otra buena del grupo es "Koyoi Tskuki wa Miesu tomo", single de la 3ra peli de Bleach "Fade to Black"
