EL RITMO DE LA VIDA
Capitulo 4
"Malas Impresiones"
Las luces provenientes de cada una de las ventanas de los numerosos edificios de la ciudad de Tokio iluminaban las calles, la gente sigue el compás de una vida agitada, moviéndose en masa, haciendo que el ritmo de la ciudad sea convulsivo y que cada una de las almas habitantes de los cuerpos en movimiento se apague con cada respiración carente de sentido. El mundo gira en equilibrio, nada pendiente de la sinfonía que tocan nuestros humanos corazones… Más pareciera detenerse en un instante preciso y fugaz, en el que dos corazones se detuvieron al mismo tiempo.
Que suave y estridente al mismo tiempo es la sensación de la sorpresa…
Sora Takenouchi, invadida por esa sensación, no supo que decir al ver tan repentinamente aquellos ojos azules cerca de los suyos.
Tanto Sora como Matt se habían inmovilizado en el preciso instante de su encuentro, Sora por aquel inesperado avistamiento y Yamato ante el inexplicable impacto que ocasionaron en él esos hondos ojos cafés.
-Hola –saludó torpemente Sora, algo insegura de que el saludo fuera correspondido puesto que, hasta donde recordaba, ese rubio no se había portado muy cordial con ella
-¿Vas a bajar? –preguntó Yamato sin atender al saludo, tal como ella esperaba.
Sora asintió de mala gana. En definitiva, él no terminaba de agradarle ¿Por qué tendría que ser tan diferente de su simpático hermano?
Sin embargo, y para su sorpresa, él respondió:
-Te acompaño- y dicho esto, comenzó a caminar hacía las escaleras.
Sora lo siguió a sabiendas de que, puesto que tendrían que bajar siete pisos, sería necesario buscar un tema de conversación. Pensó en algo que decir, más dada la incomoda situación en la que se encontraba, no se le ocurrió nada. ¿Y como iba a ocurrírsele si generalmente el tema venía por sí solo…?
Él, contrario a ella, bajaba las escaleras relajado, aparentemente ajeno al silencio y a la evidente incomodidad de su acompañante.
Sora aprovechó aquel momento para observarlo detenidamente, y a pesar de que solo podía verlo de soslayo, le chocó aquella apariencia de constante indiferencia y su porte de excesiva suficiencia. Aunque lo que la molestaba realmente no era su arrogante apariencia. No. Eso bien podría dejarlo pasar. Lo que no podría dejar pasar -y la razón de que le resultara hasta cierto punto irritante- era el hecho de que, en lo poco que lo había tratado, él fuera descortés con ella sin ninguna razón. Y no solo eso, si no que la propensión a ser desagradable de aquel sujeto parecía aparecer mágicamente ante su sola presencia. Así era como ella lo había percibido. Mientras que con Tai y Tk era bastante sociable, con ella había sido un grosero de primera. "Es lógico", podría pensar, si en lugar de grosero, fuera tímido, pero no era el caso, y le intrigaba. Quizás solo fuera falta de confianza, no lo sabía. Aunque tampoco estaba segura de querer quedarse a averiguarlo.
Estaba a punto de mentirle diciendo que había olvidado algo que necesitaba en su departamento para deshacerse de su compañía de una vez por todas, cuando él despegó sus labios y habló antes que ella, pero en esta ocasión su voz sonó tan amistosa que incluso le costó creer que se dirigía a ella.
-Escuché que Tk te ayudó a pintar tu departamento…
-Si… - respondió algo sorprendida-, aunque en realidad me ayudó a mucho más que eso, estoy en deuda con él… -y animada por su semblante sereno, continuó- Y tú… ¿Vienes del depa de Tai?
-No. En realidad he estado rondando tu puerta toda la tarde con la esperanza de verte salir y así poder charlar contigo… -Sora parpadeó, y Matt se vio obligado a aclarar-, ¡Estaba bromeando! Claro que vengo del depa de Tai; no deberías hacer preguntas tan obvias, pelirroja.
Sora suspiró. Ya le parecía raro que Yamato estuviera tratando de ser atento. Aunque el que bromeara ya era una mejora.
-Puedes llamarme por mi nombre ¿Sabes?
-Si, pero me gusta más llamarte pelirroja, pelirroja –dijo encogiéndose de hombros-, además; no creerás que recuerdo como te llamas ¿verdad? Es natural que la gente olvide los nombres de las personas que les son presentadas de un día para otro ¿No crees?
-No, en realidad –respondió Sora, decidida a darle una oportunidad- de cualquier manera por eso no te preocupes, puedo repetirte mi nombre las veces que sean necesarias. Me llamo Sora Takenouchi.
Matt lo sabía. Nunca lo había olvidado; y estaba seguro de que, aunque quisiera, sería difícil de hacerlo… Y aún siendo así, mentía. Esto en un intento de hacerla desconocer la atracción que en él provocaba.
-¿Y a donde te diriges? –preguntó Yamato fijándose discretamente en el atuendo de su acompañante, que seguía siendo un short de mezclilla, una blusa blanca y unos vanz viejos; le pareció tan atractiva a pesar de hallarse desaliñada, que casi se le escapa una sonrisa.
-Solo voy por unas cosas que he dejado en el auto -respondió Sora-, estoy tratando de terminar de arreglar el departamento antes de que inicien las clases en la universidad.
-¿Así que estás aquí a causa de la universidad? -inquirió Yamato con fingida indiferencia
-Si, más que nada por eso… -dijo algo incomoda al tocar el tema de su vida, por lo que se apresuró a cambiar de tema, sin darle oportunidad a Yamato para que hiciera otra pregunta al respecto- ¿Y tú? ¿Cuál es tu destino?
Silencio. ¿Qué clase de pregunta era esa?
-¿Mi destino? –Repitió Matt un tanto perplejo, sin que ni una respuesta le pasara por la cabeza-, ¿Qué clase de pregunta es esa? En serio, pelirroja, eres extraña si crees que si le haces una pregunta de esa naturaleza a un extraño, te responderá
-¿Por qué no? –Volvió a preguntar Sora-, tú acabas de preguntármelo y te he respondido…
-No, lo que yo te pregunté fue a donde te dirigías
-Si, lo sé -dijo Sora captando el malentendido-; yo me refería a lo mismo, no al otro destino…
Matt suspiró aliviado.
-Pues si es a eso a lo que te referías, debo decir que te hace falta aprender a formular las preguntas –dijo Yamato tranquilamente, secretamente feliz de haberse zafado de la pregunta del otro destino, pues no es la pregunta que un joven que no sabe que hará de su vida ni al día siguiente, quiere responder.
-No me lo parece –se defendió Sora, a quien no se le daba dejar que la corrigieran-, todo depende del sentido de apreciación de cada persona, que no siempre es literal… De cualquier forma, no me has respondido a donde vas.
Yamato la miró de reojo.
-Voy con unos amigos, hoy tenemos ensayo –respondió sin dejar de verla. Esperaba ver su reacción cuando escuchara que tenía una banda. Eso siempre volvía locas a las chicas. Aunque le irritó un tanto notar su propia expectación, pues no le era nada habitual querer impresionar a alguien por lo general eso ocurría en automático.
-Con ensayo te refieres a…
-Si; formo parte de una banda –y en su voz había un tanto de arrogancia, que al escucharse, le fue ajena
-¿En serio? Nunca lo hubiera imaginado –dijo Sora un tanto burlona- ¿Y que instrumento tocas?
-¿Qué te parece tan extraño? –preguntó Yamato al ver la sonrisa irónica de Sora, quien casi pisa mal un escalón por lo inesperado de la noticia.
-No sé, tal vez es que no pareces en absoluto del "tipo artístico" –dijo a la vez que sonreía de una forma tan encantadoramente peculiar que a Matt casi le dan ganas de besarla en plenas escaleras.
-¿Y de que tipo te parezco entonces? –le cuestionó divertido, pues era la primera vez que una chica no se derretía ante tal descubrimiento, y quería saber por que Sora Takenouchi era la excepción.
-Tengo que admitir que pensé que eras más bien del tipo apático –respondió al tiempo que se encogía de hombros
-¿Apático? –se extrañó Yamato- ¿Y se puede saber qué clase de personas son las del tipo "apático"?
-No quise ser grosera, si es lo que piensas –se excusó Sora antes de explicarse-, es solo que no pensé que te interesaras es nada en particular, que serías de a aquellos que llevan un letrero invisible que dice "no me importa el mundo" y esas cosas que al final de cuentas terminan pareciendo triviales…
Matt se rió ante tal comentario de tan buena gana, que a Sora se le contagió una sonrisa, aunque no entendía la broma. Era la primera vez que le sonreía sin que un gesto o comentario cáustico interviniera en la charla. Y visto así, parecía bastante simpático.
-Valla, debo decir que debes de tener mucha imaginación para ver letreros invisibles –fue la respuesta del Yamato, quien todavía no se deshacía de la sonrisa que surcaba sus labios-, aunque solo por eso empezaré a llevar un letrero de verdad que diga algo así como "me importa el mundo solo por que estoy en una banda musical" –ironizó-, ¿Qué te hace creer que los músicos no son triviales? y más aún, ¿por que habría de importarles el mundo?
Sora guardó silencio antes de contestar.
-Siempre he pensado que las personas que son capaces de crear –dijo por fin, sin mirar a su acompañante-, sin importar lo que esa creación sea, podría referirme igual a una pintura, que a una historia; o en tu caso, a una melodía, deben de tener conceptos de la vida importantes, ya que se toman la molestia de vaciar lo que los demás ocultan en su interior y así transformarlo en algo real, tanto para quienes son incapaces de hacerlo por su cuenta, como para sí mismos.
Matt observaba detenidamente el semblante de la pelirroja mientras hablaba, pero apenás terminó de hacerlo, fingió indiferencia.
-Me temo que tienes una idea demasiado utópica de las personas que según dices "crean"-declaró Yamato sin complicarse, para después meterse las manos en los bolsillos del pantalón-; para mi, todo es tan simple como que esa clase de personas de las que hablas de forma tan absurda y poética (incluyéndome, claro esta), sencillamente no tienen otra cosa que hacer y gastan su tiempo en aquello que después terminan llamando presuntuosamente "obras".
-Tal vez tengas razón, no sé –dijo Sora cediendo-, y quizás no me equivoqué del todo contigo y sí eres como pensaba…
-Eso lo más probable –admitió Yamato con despreocupado cinismo
-Aún así –continuó-, me gustaría pensar lo contrario.
En aquel momento Matt apenas si la miró.
Continuaron charlando y de repente, sin darse cuenta entre tiempo que pasaba entre un escalón y otro, ya habían llegado a la recepción. Se sorprendieron de lo rápido que habían llegado, y es que acababan de bajar siete pisos con catorce escalones entre cada nivel, lo cual sumaba 92 escalones… Lo curioso era que a ambos les habían parecido prácticamente invisibles entre aquella charla, que incluso les había resultado corta.
El vestíbulo estaba oscuro. Solo una lámpara de piso lo iluminaba desde un rincón alejado, por lo que, al salir del edificio, se vieron momentáneamente cegados por los numerosos postes de luz que iluminaban la calle y el estacionamiento. Apenas sus ojos se hubieron acostumbrado, salieron al frío de la calle, y luego de dar unos cuantos pasos, se detuvieron.
-¿Cuál es tu auto? –preguntó Yamato, aunque ya sabía la respuesta
-Aquel blanco –señalo Sora.
Era el viejo toyota corolla blanco del 96 al que tantas ganas había tenido Matt de tumbarle los faros a batazos.
-¿Sabes? –empezó Yamato al recordar la razón por la cual tenía que andar a pie a la casa de Tai-, ese solía ser el lugar donde me estacionaba…
Sora lo miró, sin decidirse a creer si era verdad o solo estaba jugando.
-¿En serio?
-Si –afirmó Matt caminando junto a ella hacia el auto-, y también es cierto que pretendía estropearle la carrocería por despojarme de ese espacio… o cuando menos poncharle las llantas
-No inventes –rió Sora tomándoselo ingenuamente a broma-, ¿Y todo eso solo por un espacio en el aparcadero?
-Pues claro –aseguró Matt como si fuera la cosa más lógica del mundo-, debería de considerarse un crimen el obligarme a caminar innecesariamente; ¡Fui victima de un robo!
-Y supongo que en este caso, yo seré la ladrona… -dijo Sora alzando las cejas e introduciendo las llaves en la ranura de la puerta del auto.
-Si, más o menos –y al decir esto se encogió de hombros
-En ese caso, debo de ser una persona horrible! –Exclamó para después decir con ironía- mira que dejar aun pobre inocente caminar en lugar de dejarlo utilizar un espacio que me pertenece por derecho de alquiler…
-Estoy de acuerdo contigo –bromeó Matt-, exceptuando la parte de la inocencia
-Ya me lo imaginaba –se burló Sora mientras entrababa en el auto para sacar un par de bolsas- ayúdame un momento con esto, por favor –y luego de dárselas a Matt salió del auto.
Apenas había cerrado la puerta cuando, al voltear, miró como Yamato husmeaba en el interior de las bolsas.
-¡Oye, no seas curioso! –soltó Sora quitándole las bolsas de las manos.
-Vamos, si solo es tela –dijo Yamato quitándole importancia-, si hubiese sido tu ropa interior sí habrías tenido de que avergonzarte…
-¿Tienes que ser tan indiscreto? –se quejó Sora-, y has el favor de no meter a mi ropa interior en esto…
-Como quieras. Aunque lo de indiscreto, dudo que se me quite… Por cierto ¿Para qué son las telas?
-¿Tratas de poner mi paciencia aprueba? –Preguntó Sora sin necesidad de una respuesta verbal, pues los ojos azules de Yamato estaban fijos en ella con una vaga expresión de desafío- Voy a hacer unos cojines ¿Satisfecho?
-Ya veo, entonces eres costurera –dijo Yamato tratando concientemente de molestarla
-No se necesita ser costurera para hacer unos simples cojines –le contestó Sora sin siquiera notar sus intenciones-, aunque lo cierto es que he venido a Tokio para estudiar diseño de modas, así que podría decirse que, efectivamente, coseré muchas cosas.
Matt miró brevemente las bolsas que Sora le quitara de las manos momentos antes… A si que ella había llegado a Tokio para estudiar diseño de modas… Hizo una mueca al enterarse de ello… Y así, en un parpadear, se convirtió nuevamente en Mr. Hyde (*)
-Que aspiraciones tan superfluas –dijo con sorna
Sora plisó el ceño un poco ofendida, más no dijo nada.
-La verdad –continuó Yamato- no pensé que fueras esa clase de chica –y es frase a Sora, le sonó familiar
-¿Y que clase de chica se suponme que tengo ser solo por querer ser diseñadora de modas? –preguntó molesta, imaginando la respuesta de antemano.
-Ya sabes, de las típicas soñadoras ingenuas que quieren pertenecer a ese mundillo infestado de maquillaje y esteriotipos. Aunque ahora que lo pienso, con tus ideas quiméricas sobre "las personas que crean", no me extrañaría que tu idealismo se extendiera a otros terrenos, como el de la vida profesional.
Sora no se creía lo que escuchaba.
-No creo que estés ni cerca de saber como es que soy, y mucho menos qué es lo que quiero -se defendió Sora-, apenas hemos cruzado tres palabras y ya me calificas de ingenua, soñadora y no sé cuantas cosas más; pareciera que me vez como una chiquilla malcriada, y créeme que no lo soy…
-Tienes razón –admitió Yamato-, apenas si te conozco, y también reconozco que luces como una niña rica en su faceta subversiva; pero debo decir que no es difícil imaginar las ambiciones que tiene alguien cuyas intensiones son tan insignificantes como eso de querer ser diseñadora de modas
-¿Sabes? –Empezó Sora sin poder evitar hacer evidente aquel dejo de irritación en su voz- no creo que estés consiente de lo estúpido que suena lo estas diciendo… Es como si pensaras que todas las personas siguen el mismo patrón sin importar las razones que las motivan
Matt la escuchó sin inmutarse. La luz que emitía el poste de luz mas cercano parpadeaba iluminando deficientemente el estacionamiento.
-Tal vez pienso de esa manera por que es verdad –respondió Yamato-, aunque quizás para ti estudiar una profesión es como asirse de un ancla que te guiara por un camino concreto en dirección al futuro; más en mi opinión todo eso de ser alguien es solo una ilusión que las personas deciden creerse para imaginar vanamente que controlan sus vidas.
-Estas siendo bastante irrazonable –le espetó Sora indignada-, además no comprendo el por qué de esa persistencia en cuestionar todo lo que digo; es insolente
-Es franqueza –la corrigió
-Eres insufrible… -se quejó Sora-, y eso que empezabas a agradarme –Yamato alzó las cejas, pero Sora se le adelantó a hablar-, y no importa que mis aspiraciones te parezcan poca cosa; de cualquier manera, no me interesa tu opinión… y tampoco quiero seguir hablando contigo.
Y comenzó a caminar con pinta de indignación hacia la puerta del edificio. Y a decir verdad, Matt la consideró algo infantil por eso.
-Que persona más susceptible –dijo Yamato lo suficientemente alto como para ser escuchado, fingiendo que se retiraba
Pero aquello era demasiado para la molesta Sora; y cayendo en el truco de Yamato, volvió sobre sus pasos hasta llegar frente a él.
-¿Así que soy susceptible? –le cuestionó tratando de contener las ganas que tenía de gritar- ¿Y no se te a ocurrido pensar que las personas podemos cambiar de actitud cuando nos vemos ofendidos de la nada?
-Pues te ofendes con muy poco –dijo adoptando nuevamente ese tono de suficiencia que a Sora tanto le desagradaba- para ofenderse, hubiera sido que te dijera que pesas demasiado para entrar en ese mundillo superficial en que te quieres inmiscuir…
Sora no cabía en sí de la impresión, ¡Encima de todo le decía gorda! ¿¡Como podía ser más descortés!? Se sentía totalmente insultada ¡Y por un completo extraño!
-¿Sabes qué? –dijo incapaz de continuar frente a la presencia de tan maleducada persona-, no voy a tolerarte ni un momento más. ¿Por qué insistes en criticarme? No creo sepas ni de lejos qué es lo que se necesita para entrar en ese mundillo superficial, como lo llamas, y mucho menos cuanto es que peso, así que espero que no se te ocurra volver a meterte en mis asuntos. Ni siquiera comprendo por que sigo parada frente a ti.
Así que le dio la espalda a Yamato, para luego caminar en dirección al edificio al que momentos antes había querido entrar fallidamente, más esto lo hizo con la firme convicción de no volver a darle la cara a ese patán descortés.
-Pues debo decir que en algo te equivocas, pelirroja –dijo mientras la veía alejarse-; pues puedo darme una perfecta idea de cuanto es que pesas, ya que he tenido oportunidad de llévate en brazos la noche pasada, cuando te quedaste dormida e el depa de Tai –y eso fue un desesperado intento por hacerla volver, más en esta ocasión no funciono-; pero esta bien, no me meteré más en tus asuntos y tampoco pienso toparme contigo en el futuro, así que si vas a evitarme de ahora en adelante, por mi perfecto.
Sora no giró sobre sus pasos y Yamato se quedó en el estacionamiento hasta que vio esa cabellera pelirroja desaparecer dentro del oscuro vestíbulo.
Apenas la perdió de vista, se maldijo en voz alta.
Permaneció parado por un momento y luego de dar una patada al aire, se pasó una mano por la rubia cabellera, pensando que su estúpido comportamiento no lo llevaría hacía ninguna parte. Se había comportado como un imbécil y lo sabía.
¿Por qué tendría que haberle dicho esas cosas desagradables? Era cierto que le parecía un poco pueril y que su ingenuidad quedaba manifiesta en su idealismo, pero eso no le quitaba lo interesante -pues a leguas se notaba que era inteligente-, y mucho menos, lo atractiva. Volvió a maldecir, y comenzó a caminar en dirección al viejo almacén, donde los Teenage Wolves lo debían estar esperando con impaciencia.
Mientras caminaba dejando sus pasos atrás, a la vez que avanzaba por las calles iluminadas y semidesiertas, pensaba.
Lo cierto era que sabía muy bien por que se había comportado de esa forma tan estúpida. Y la razón era tan absurda que le costaba confesársela a sí mismo. Pero le había sido inevitable; ella era tan ingenuamente agradable -quizás hasta algo ilusa-, con sueños que esperaba alcanzar con seguridad, y parecía poder hablar sin ningún temor de lo que a él le costaba tanto trabajo… de aquel futuro que vislumbraba tan difuso… En realidad no era que le desagradara que quisiera ser diseñadora de modas, ni tampoco creía del todo en lo que le había dicho, era solo que de de improviso había sentido pánico de que ella le obligara inconscientemente a demostrarle más de lo que estaba dispuesto a exhibir de si mismo; le habría preguntado que era lo que él esperaba del porvenir mirándole directamente con esas hermosas castañas liquidas que tenía por ojos, y al responderle, se fijaría alguna clase de expectativa que él tendría que cumplir… Ese es el problema de conocer personas nuevas, mientras más conocen cosas de ti, más creen saber hacía donde nos dirigimos, y Matt no quería saber nada sobre la ruta que dictaba un destino que jamás había anhelado.
Tenía diecinueve años.
La gente supone que a esa edad ya debes saber a donde se dirige tu vida, y muchos lo saben, pero ¡Dios!, apenas acababa de entrar a lo que la gente llama adultez, no podían esperar que saltara a la madurez justo en la noche antes de un cumpleaños, y que de la nada se volviera una persona responsable y centrada. Era un inmaduro; lo sabía, ese no era el problema; el problema era que no quería dejar de serlo. Y no es que sufriera el síndrome de Peter Pan y no deseara crecer; era simplemente que no comprendía por que el mundo entero se empeñaba en cernerse sobre él, recordándole que debía asumir un papel que debía seguir y así satisfacer a la sociedad.
En cuanto cruzó la puerta corrediza de metal del viejo almacén, sus compañeros casi se le echaron encima entre reproches y quejas sobre su tardanza, y es que hasta sus locas admiradoras ya se habían ido, decepcionadas al pensar que no asistiría al ensayo. Solo Jun Motomiya había permanecido en espera de escuchar a su idolatrado Matt, quien se suponía, llegaría con los adelantos de una nueva canción; mas grande fue su desilusión al enterarse de que dicha canción apenas era un cúmulo de ideas vagas. Y no fue la única disgustada, pues los demás integrantes de la banda también habían imaginado que cuando menos traería una idea concreta.
Matt ni siquiera se excusó, y como tampoco traía su guitarra -puesto que no había podido ir por ella hasta su casa-, tuvo que pedir prestada una guitarra acústica a Yukata, el previsor del grupo, y quien siempre llevaba un par de instrumentos de más en su vieja Ford Van Cargo del 99, junto a su batería por si era necesario. El padre de Yukata tenía una tienda de instrumentos musicales, Bloody J-Mary, a donde acudían siempre que necesitaban algo, desde unas cuerdas nuevas hasta alguna reparación grave.
Apenas Yamato rozó las cuerdas de la guitarra con sus dedos todo pareció aligerarse… Ya no quiso pensar, y se dejó guiar por el delicado hilo que une cada nota, mientras pensaba con llevadero ensimismamiento en como volver a ver a esa bella pelirroja, quien no quería saber nada más de él.
- - -
La luna menguaba, y su pálida luz se divisaba apenas difusa entre los numerosos edificios de Tokio.
Sora estaba parada frente a la ventana, inmóvil, con la vista fija en la nada.
En cuanto había subido las escaleras luego de su extraña discusión con Yamato, había entrado a su departamento para después dejar caer las bolsas de tela en sillón; e incluso había ido por el martillo para clavar unos cuantos clavos, y de esa forma descargar su molestia; ¿Quién se creía él para hablarle de esa manera? Definitivamente era un cretino pretencioso que creía conocer más sobre ella de lo que jamás sabría. Pero lo que más le molestaba era su inconstante y casi bipolar conducta para con ella… Durante un segundo era todo simpatía e ingenio, pero al instante siguiente se convertía en alguien completamente opuesto. No podía entenderlo, pero tampoco iba a tratar de hacerlo, así que lo evitaría en tanto le fuera posible. Ya le parecía que el mudarse no podía ser todo buena suerte y libertad; para todo habrá siempre un inconveniente. Éste era el suyo.
Fue a su cuarto en busca del martillo, pero al pasar junto a la ventana no pudo evitar asomarse, y se sorprendió de ver al susodicho en la lejanía. Caminaba a media calle, en dirección desconocida para ella.
Al verlo así, desde arriba, con sus rubios cabellos en desorden, su pausado caminar y las manos en los bolsillos, se le ocurrió pensar que quería que diera la vuelta y regresara. Quería decirle lo idiota que era a la cara, verlo a través de esos sibilinos ojos azules y hacerle saber lo mucho que le desagradaba… Más en aquel momento vino a su cabeza lo ultimo que Yamato le dijera; aquellas palabras que había pretendido ignorar pero que en realidad la habían impresionado. Sin embargo, le costaba creer que fuera cierto… ¿Realmente había sido él, y no Tai, como lo suponía, quien la había llevado a su departamento la noche anterior? Le parecía imposible que pudiera ser así de atento, aunque por extraño que le resultara a ella misma, algo involuntario dentro de sí le hacía pensar que era cierto.
Mantuvo su vista fija en él, y lo observó alejarse por un momento más, hasta que desapareció al dar vuelta en una esquina lejana.
No cabía duda, él realmente le era indescifrable.
Permaneció mirando a través de la ventana durante un rato más, sin darse cuenta de que ya no miraba nada en realidad, ensimismada en un pensamiento vacío que no la conducía a ninguna idea en particular; era tanto así, que incluso tuvieron que pasar un par de minutos antes de que se percatara de que tocaban la puerta.
El pertinaz ruido seco generado por los golpes asestados a la puerta la forzó a salir de sus pensamientos, y un poco aturdida, salió de su habitación para atender.
Al abrir la puerta, se alegró.
Era Tai, quien la miraba sonriente desde el marco de la puerta.
Continuara…
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N/A:
En este cap vemos el primer encuentro entre nuestros protagonistas que, como ya vimos, no terminó para nada bien. Yamato considera a Sora una chica más del montón, sin negar sus peculiaridades; aunque no por eso deja de atraerle. Y Sora cree que Yamato es un grosero engreído que sufre de bipolaridad, pero ha comprobado que puede llegar a ser no solo gentil, sino hasta agradable. Sin embargo, a pesar de las fortuitas malas impresiones, no hay de que preocuparse, pues soy de la opinión de que las relaciones que se forjan de forma insospechada son las más fuertes. ¿A quien no le ha pasado que la persona que más detestabas en el mundo, por una serie de incidentes casuales, se vuelve un leal amigo? Esa es una de las experiencias que dan gusto recordar ¿Cierto?
Respecto a la banda de Matt, hay unas cuantas cosas que tengo que decir; en primera, que para poder introducir a estos chicos en la historia tuve que hacer una seudo investigación, en la que busque los nombres, tanto de los integrantes de la banda como los de los padres de los digielegidos, y aunque hay variantes entre las fuentes que frecuenté, terminé por decidirme por los que pertenecían a la que consideré más confiable. Del resultado final salió uno de los nombres que han podido leer en este capitulo (Yutaka–batería, Akira-Bajo y Takashi-teclado), también pretendo ser fiel en cuanto a la apariencia física, aunque si no se acuerdan gran cosa de ellos –cosa perfectamente comprensible-, pueden buscar videos del concierto de los teenage wolves en la red -que hay muchos, más nada variados-, y así se dan una refrescadita visual.
¡Otra cosa! En este capitulo no desvelaré las preferencias musicales de Sora; pero a cambio de eso les dejo una recomendación musical que espero les guste, de un duo, en cuya música me basé para este capitulo; me refiero a "Jikan yo Tomare" de SEAMO, segundo ending de una serie que terminé de ver el año pasado y la cual recomiendo si te gustan las comedias románticas en las que el protagonista es frió e inteligente, mientras que la protagonista es torpe, algo tonta, pero de buenos sentimientos, si te interesa, el nombre de la serie es Itazura na Kiss.
Y como aquí lo importante es pasar un buen rato, espero haberlos entretenido. Ya saben, todo cuanto tengan que decir es bienvenido. Y aprovechando, doy las gracias a quienes me dejaron reviews. Gracias a: lizharuno, SoRaTo0o4eVeR, PeNnY AsAkUrA Li, Utenarose, anna kyouyama12, Zulema, SoraandYama, lim1085 y Sorato rck
¡Sus comentarios hacen posible esta historia! ¡Gracias de veras!
Besos!
Kuchiki Rukia-chan
