Dedicado a una gran y fiel amiga,
con la esperanza poder hacer lo mismo en el futuro…
Con un libro impreso.
¡Feliz cumpleaños Alma!
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EL RITMO DE LA VIDA
Capitulo 5
"¿Dónde está la inspiración?"
Era lunes.
Las calles, siguiendo la costumbre de ese día en particular, estaban infestadas de gente presurosa que mira hacía delante sin detenerse por un solo instante a ver las huellas que van dejando sus zapatos. El sol vertía su calor de medio día sobre las cabezas desnudas de los transeúntes quienes, de buen o mal humor, seguían su camino pendientes únicamente de continuar construyendo un presente que les asegure un futuro, unos consientes en mayor medida que otros...
Y mientras tanto, las nubes seguían formando figuras en el cielo. Figuras que jamás se vuelven a repetir, y que nadie nunca apreciara de forma idéntica.
Sora por su parte, formaba parte de los que se dejan arrastrar por una corriente invisible de categoría indefinida en la que las personas se mantienen al margen del movimiento, ocupadas solo de lo que les es cercano y apreciado.
En aquel momento, Sora se encontraba sentada en uno de los peldaños de las escaleras pertenecientes al ingreso de un banco, del cual acababa de salir hacía unos cuantos minutos. Ignoraba, como tantos otros, las suaves formas que adoptan las nubes, los andares cansados de quienes pasaban frente a ella, el humo que despedían los escapes de los automóviles dañando placidamente la atmósfera sin que nadie objete nada al respecto; e incluso ignoraba al guardia de seguridad del banco, quien no veía con buenos ojos que aquella señorita estuviera sentada en el ingreso de la institución para la que trabajaba, aunque todavía no se decidía entre llamarle o no la atención. Pero Sora no tenía ojos para nada que no cupiera en el estrecho papel que tenía entre las manos. Era el comprobante de pago que le acabaran de entregar en el banco, donde se apreciaba en toda regla, la cantidad que acababa de depositar a la cuenta de la escuela privada a la que se había inscrito. La suma era alta puesto que había pagado todo un año por adelantado, y eso implicaba reducir considerablemente sus ahorros que, a pesar de no ser para nada escasos, la ponían nerviosa. Aún tenía que comprar algunas cosas para el departamento, y de alquiler solo había pagado el depósito y el primer mes, que afortunadamente incluía el agua y la electricidad, siempre y cuando el consumo no excediera un parámetro establecido en el contrato; el cual, naturalmente, no pretendía sobrepasar. A estos gastos pronto se le sumarían el de la gasolina, el saldo del celular, lo de la despensa y el material que le pidieran en la escuela cuando las clases comenzaran, más un sin fin de cosas en las que no había pensado todavía.
Definitivamente, vivir sola tenía sus desventajas.
Suspiró.
Todavía contaba con una cantidad considerable que le permitiría sobrevivir sin penurias durante un tiempo; esperaba que fuera suficiente hasta que se estableciera por completo y que, ya acostumbrara a su nueva situación, pudiera buscar un empleo con un poco más de seguridad.
Miró las bolsas que descansaban a su lado y se arrepintió de haberse comprado sin meditar un par de blusas y una chaqueta que miró expuestas en el aparador de una tienda; aunque por más que lo intentó, no pudo sentir remordimiento por los dos libros que había pasado a comprar a una librería que descubriera por casualidad en un callejón semioculto, a espaldas de su futura escuela.
Inclinó la cabeza para echar un vistazo a la diminuta cabeza de Badtz-Maru que la miraba desde el interior de su reloj de pulsera, que anunciaba que iban a ser las dos. Todavía tenía que pasar a la tienda de comestibles, ir a explorar las cercanías del edificio Komatsu en busca de una tienda departamental en la cual adquirir unas cosas que necesitaba para el departamento -entre ellas, una cerradura nueva para el baño, ya que la que tenía se atoraba de vez en cuando y no podía darse el lujo de quedarse encerrada; en especial si no iba haber nadie que la rescatara-, también pensó que sería buena idea preguntar por alguna cancha o parque deportivo en que pudiera practicar tennis, tal vez sus vecinos supieran algo de ello, en especial ahora que sabía que Tai practicaba soccer.
De hecho, la noche anterior, Tai se había presentado en su departamento y, con su habitual sonrisa entusiasta, se había invitado a sí mismo a pasar. Sora no se quejó, pues después de la discusión que protagonizara con Yamato, pensó que le vendría bien una distracción. Entre las muchas cosas que el moreno tenía para decir, se encontraba una que le había llamado especialmente la atención.
-¿Te gustan los deportes? –había preguntado mientras con aire cómico evaluaba el trabajo hecho por Tk y Sora esa tarde, supuestamente, aplicando lo que él llamaba "ojo critico".
-¡Claro! –exclamó Sora encantada por la pregunta- Cuando era pequeña jugaba fútbol, pero apenas crecí un poco mi mamá decidió que no era femenino que una chica jugara ese deporte, ya sabes; así que me incliné por el tennis y es lo que hago ahora.
-¿En serio? –dijo Tai incrédulo de su buena suerte-, ¡Yo práctico soccer en la universidad!
-¡Valla coincidencia! Me imagino que eres titular… –empezó Sora impresionada por la noticia
-Absolutamente –se apresuró a aclarar Tai con orgullo-; y no solo eso, si no que estás parada frente al jugador más valioso de la liga –y al decir eso se puso las manos en la cintura, al estilo superhéroe
-¡Me deslumbra tu modestia! –se burló Sora, quien no había podido evitar reírse por la vanidad con la que lo decía.
-Si no me crees, puedes comprobarlo tu misma –la retó sin dejar de jactarse de una forma verdaderamente divertida
-¿A, si? ¿Y como podría comprobarlo? –preguntó Sora siguiéndole el juego
-¡Nada más fácil que eso! –Había respondido Tai con aquella amplia sonrisa que solía acompañar su rostro- Solo tienes que venir al partido de la semifinal
Sora alzó las cejas.
-¿Tienes partido? -se extrañó-, pero si no hay clases
-Es por la temporada vacacional –aclaró-, no tendremos otra si no hasta mediados del semestre que viene, por lo que no tendrás oportunidad de ver mis extraordinarias habilidades después
Sora rió otra vez y terminó aceptando.
-De acuerdo, ¿Cuándo es el partido?
Tai le explicó que la semifinal sería el martes de la semana que estaba por entrar y, puesto que la noche que hablaron era domingo, quedaba claro que sería al día siguiente del presente lunes. Habían quedado en que él pasaría a recogerla el martes a las seis, una hora antes del partido pues, aunque Sora hubiera preferido ir por su cuenta, Tai había insistido en que, siendo nueva en Tokio, había grandes posibilidades de que se perdiera. Sora había dejado que siguiera pensando así, aunque estaba segura de conocer Tokio tan bien como él.
En ello pensaba, cuando su bolso empezó a vibrar y, aunado al sonido que su celular tenía por tono, terminó saliendo de su ensimismamiento. Solo había una persona en toda su lista de contactos que sonaba con su canción favorita, así que de inmediato se apresuró a desenterrar su celular de entre los objetos que tenia dentro del bolso y abrió el mensaje que le acababa de llegar.
No había sabido nada de su antigua vida desde que se mudara, así que estaba ansiosa por saber qué decía. Le tomó solo unos segundos leerlo.
No había noticias importantes. Tan solo era un mensaje de ánimos, que la instaba a sonreír y seguir adelante, y terminaba con una despedida sencilla:
¡Suerte! =D
Sin embargo, a pesar de ser un mensaje alegre, Sora no pudo evitar contener el aliento. Era el primer mensaje que recibía de él después de su extraña despedida hacía ya más de una larga semana, y casi le dieron ganas de llorar. Besó la fría pantalla y permaneció un momento estática, con los ojos cerrados tratando de contener el sentimiento que se apoderaba de ella; después, algo avergonzada de su reacción, guardó el celular y se levantó precipitadamente, justo en el momento que el guardia del banco se había decidido a acercarse para decirle que no podía estar allí sentada. El guardia ni siquiera había tenido oportunidad de abrir la boca para cuando Sora ya había tomado sus cosas y se había alejado caminando por la acera.
Sora arrojó las bolsas en el asiento trasero del auto y después de cerrar la puerta del asiento del piloto, apoyó los brazos en el volante sin encender el auto. ¿Cómo era posible que unas cuantas líneas de texto significaran tanto para ella…? Y luego esa estúpida carita feliz, recordándole lo mucho que ya extrañaba su pacifica sonrisa, que siempre la reconfortaba… Ese tonto… Más que animarla, la había deprimido. Parecía que la retaba a tratar de vivir sin sus cuidados; sabía que sería duro, pero lo haría. No quería seguir dependiendo de él. No lo haría. Encendió el auto y decidió evadir sus pensamientos de la mejor manera que conocía: Escuchando música… Mientras más ruidosa, mejor. Prendió su estereo viejo; puso a Olivia Lufkin con "Shining Out" y dejó que sus ideas se diluyeran entre las intensas notas y palabras que generaban las bocinas; y cuando aquel rostro volvió a venirle a la cabeza, simplemente subió el volumen y apretó el acelerador.
- - -
El reloj del vestíbulo marcaba las 3:37pm. Matt estaba sentado en la sala del buen piso 14, en aquel edificio en el centro de la ciudad que era su hogar. Tenía la guitarra entre los brazos y hojas a medio escribir a su alrededor. No había salido de allí desde que se había levantado. El televisor apagado y el microondas funcionando. Iba por la sexta sopa instantánea; y es que por fin había sucedido lo que ya se temía, y esperaba que con ayuda de su guitarra se le olvidara lo sucedido.
La noche anterior, después de llegar del ensayo e ignorar las nueve llamadas perdidas de su padre, había salido del ascensor y al abrir la puerta, se había encontrado con el rostro iracundo de su progenitor –algo que no le sorprendió en absoluto-, quien le reclamó a gritos no haber contestado sus llamadas, y quien se enojó aun más al escuchar la excusa que tenía para dar.
-¿Cómo esperabas que escuchara el celular si a esas horas estaba en el ensayo? –había dicho con descarado desinterés
Su padre lo miró hecho una furia, pero no dijo nada al respecto, y en lugar de gritarle como hubiese querido, trató de usar una voz modulada.
-Llamó Natsuko –soltó molesto sin conseguir dominarse, en espera de ver aunque fuera una mínima reacción en el indiferente rostro de Yamato
-¿Eso tendría que ser relevante para mí? –Preguntó insolentemente, fingiendo fastidio a la vez que se acercaba a la bolsa de comida china que estaba en la mesita de la sala- Hace muchos años que no espero ansiosamente las llamadas de mamá ¿sabes?
-Pues tal vez por esta vez sí te interese –dijo el señor Ishida sin creer ni por un momento en la actuación de su hijo, quien seguía examinando la bolsa con comida- Se trata de Tk –aclaró con suspicacia
-¿Qué ha hecho esta vez? –preguntó sin asomo de sorpresa. Tomó una de las cajas, un par de palillos y fue a sentarse al comedor para abrirla.
Aquel gesto delató su inquietud a los ojos de su padre, quien lo conocía demasiado bien como para saber que en una ocasión común no tendría por que sentarse a la mesa si la bolsa de comida se encontraba en la sala, y mucho menos se mostraría indiferente a cualquier asunto que involucrara a su hermano; sin embargo, eso no demostraba su culpabilidad, o por lo menos no todavía.
-¿No te interesa si le pasó algo? –preguntó evidenciando sus sospechas
-Ya esta grandecito como para saber lo que a hace, ¿No te parece? –respondió Yamato con sorna, a sabiendas de que su padre pretendía que confesara, incluso antes de que formulara la pregunta decisiva, más no le sería fácil- si lo siguen cuidando como a un niño nunca podrá hacer nada por su cuenta.
-¡Eso ya lo sé! –Exclamó el Hiroaki Ishida olvidando por un momento su propósito, como lo planeara Yamato- justamente por eso accedí a que Natsuko lo metiera a ese estúpido campamento de verano, en la que supuestamente reformarían su carácter, pero ha resultado al revés ¡Y se ha escapado!
-Entonces esa escuela sí da buenos resultados –rió Matt con ironía- ¡Bien por él!
Pero su padre no estaba para juegos, y eso solo lo hizo enojar más.
-¡No finjas! –estalló acercándose a él y golpeado la mesa con el puño- ¡Tú y yo sabemos perfectamente que le has ayudado en la fuga! ¡Natsuko esta como loca y el imbécil de Takaishi insiste en que yo tengo la culpa por no educarte como es debido! ¡Ahora resulta que él me va a dar lecciones sobre ser un buen padre!
-¡Me tiene sin cuidado lo que ese sujeto piense sobre mi educación! –Exclamó Yamato sin poder contenerse al escuchar el apellido de su padrastro-, de cualquier forma no me interesa si piensan que ayudé a Tk a escapar de su estúpido campamento, por que me hubiera encantado hacerlo.
-¡Entonces sabes algo al respecto! –insistió su padre que tenía la voz ronca de gritar
-¡No habría nada mejor que saberlo por el puro placer de ocultárselos! –respondió Yamato con gritos tan altos como los de su padre, y levantándose por fin de la mesa- ¡Y por Dios que no comprendo por qué tanto lío! Ha de estar con alguna de sus novias y ya…
-¡No digas estupideces! –soltó su padre-, ¡Tk no es como tú!
Yamato se quedó mudo por un momento, viendo a su padre con estoicismo. Un momento después, desviaba la mirada.
-Eso ya lo sé –respondió con frialdad-, no es algo que necesites recordarme- y sin dar tiempo a nada más, se encerró en su cuarto con evidente mal humor. Su padre no lo volvió a interrogar. Por lo menos no esa noche.
Al día siguiente el señor Ishida se había ido muy temprano a trabajar, y para cuando Yamato despertó la casa ya estaba vacía. Su cena del día anterior seguía en la mesa…
El timbre del microondas le anunció que su sexta sopa instantánea estaba lista, y Matt se dirigió hacía el aparato electrodoméstico para liberar a su comida del calor contenido en esa insulsa caja de aluminio. Había dedicado toda la mañana a componer la canción que había dejado de lado el día anterior y estaba tan inmerso en lo que hacía que solo se detenía al escuchar el timbre del microondas anunciando sus muy necesarios alimentos. Llevaba así horas, y había la posibilidad de que continuara así por mucho tiempo más.
Sin embargo, a pesar de su determinación de terminar la composición ese día, les estaba resultando muy difícil. Sabía de sobra que sus momentáneos bloqueos se debían a que se estaba presionado, pero no podía evitarlo, estaba decidido a terminar de componer esa canción. Incluso había momentos en los que no podía encontrar la nota adecuada para alguna palabra o frase especifica, por lo que se frustraba y se levantaba molesto de su sitio; caminaba irritado de la sala a su habitación; en ocasiones se detenía frente a los ventanales de su alcoba y echaba un vistazo entre las rendijas de sus persianas por el puro gusto de comprobar que el mundo seguía girando allá afuera. Observaba a los autos moverse de un lado a otro y las personas convertidas en liliputienses que caminaban presurosas. Después se obligaba a sí mismo a regresar a cumplir con su cometido. Se sentaba frente a todas las hojas esparcidas en el suelo -algunas con errores, otras con arreglos y ajustes, y otras más con notas de ideas que podría utilizar después-, y se forzaba a recuperar el ritmo perdido, en un intento de sacar algo bueno de ello.
De vez en cuando maldecía, ¿Qué demonios le había ocurrido a su inspiración?
Así pasaría todo lo que quedaba de la tarde. Sumergido entre ideas y notas musicales que se esforzaban por tener unidad, más Yamato no escuchaba las suplicas inaudibles de su guitarra, que le pedía se detuviera solo por un momento y escuchara con atención la melodía que provenía de su interior. No de su cabeza como él esperaba, si no del corazón…
- - -
La brisa fría que acompaña al sol antes del atardecer entraba constante por la ventana a medio abrir de aquella pequeña habitación, cuyas paredes estaban pintadas de colores claros y frescos. De un reproductor de CD emanaba una suave melodía de Yui. Las cortinas blancas con estampado de círculos de distintos tamaños y colores -a juego con el edredón que cubría la cama- ondeaban ligeramente rozando delicadamente el suelo de madera arropado por un par de tapetes en forma de flor. Sobre la cama descansaban unos cuantos cojines de colores alegres y formas divertidas y sobre la mesita de noche una lámpara y un despertador. Un pequeño escritorio se disputaba el espacio sobrante con el armario y un librero, que más que de libros, estaba lleno de portarretratos, CDs, revistas, cajas forradas con objetos personales dentro y un sin fin de posesiones más, que variaban desde pequeños perfumes, hasta hojas para hacer cartas... Y como remate, el largo espejo fijo a la puerta.
Aquella era la pequeña, pero acogedora habitación de Hikari Yagami, quien acababa de salir de ella para recibir a su mamá, que regresaba de hacer las compras.
Apenas había cruzado la puerta, la señora Yagami dejó las bolsas de las compras en el suelo de cansancio, ya que había caminado desde el supermercado hasta el edificio y su único descanso había sido el ascensor. Kari se inclinó para recoger las algunas de las bolsas, y luego de depositar un beso en la mejilla de su mamá, fue a acomodar el contenido de las bolsas en los sitios correspondientes. Mientras lo hacía, examinaba las compras y trataba de adivinar que nuevo experimento culinario se le habría ocurrido a su ingeniosa madre.
-¿Para que necesitamos guacamole enlatado? –preguntó Kari mirando la lata con desconfianza (*)
-Me pareció buena idea ahorrar el tiempo que me tomaría hacerlo –dijo la señora Yagami con naturalidad-, aunque lo que realmente terminó convenciéndome fue que esta en oferta ¡Tres por dos!
-¿Eso quiere decir que hay dos más? –preguntó Kari con cara de quien pierde el apetito.
-En realidad hay cinco más –aclaró su madre un poco arrepentida de su exceso de entusiasmo por las ofertas
Kari todavía no se decidía entre protestar o quejarse, cuando su hermano la salvó de aquel dilema entrando precipitadamente por la puerta principal. Las dos mujeres dejaron todo lo que estaban haciendo sin pensárselo y fueron a recibir al primogénito de la familia.
Tai se había mudado de casa de sus padres poco antes de cumplir dieciséis, cuando le ofrecieron una beca deportiva para estudiar en Tokio con todos los gastos pagados; lo que prácticamente significaba que estaba vendiendo su persona por un contrato y que tendría que entrenar a ritmos excesivos que rayaban con la esclavitud. Una oportunidad que, naturalmente, no habrían querido desperdiciar –nótese la ironía-; aunque por el soccer, Tai hubiera hecho el doble con gusto. Sus padres solo lo habían consentido por que Tokio les quedaba a menos de veinte minutos en tren, y por que los Ishida –quienes fueran sus antiguos vecinos- vivían cerca, y habían prometido echarle un ojo de vez en cuando para mantener informada a la preocupada madre. Matt, sin duda hizo mucho más que "echarle un ojo", ya que termino adoptando "Esa cueva" como segundo hogar y convirtiéndolo en su refugio antibombas. Y puesto que habían sido amigos desde la infancia era inevitable que, después de haber pasado tanto tiempo juntos y haber compartido toda clase de aventuras y desventuras, terminaran por volverse mejores amigos, aún cuando no lo mencionaran tan a menudo, pues era algo que ya daban por hecho. Sin embargo, a pesar de vivir solo, Tai jamás se había independizado, incluso seguía yendo cada semana a casa de sus padres para que mamá le lavara la ropa -algo de lo que Yamato nunca se cansaría de burlarse-; pero no era solo eso, si no que siempre que se le acababa el dinero, iba a casa de sus padres a pasar una temporadita, y eso solo por que el señor Yagami se había cansado de darle dinero cada que se gastaba irresponsablemente la mensualidad que le daban por la beca.
En esta ocasión, estaba de visita por la primera razón.
Apenas su hermana y su madre se apartaron de él para dejarlo respirar, se deshizo de lo que parecía ser todo un costal de ropa sucia, que llevaba al hombro. Y entre efusivas exclamaciones de bienvenida –algo exageradas, puesto que hacía solo tres días que no lo veían-, le preguntaron, como hacían siempre, si se iba a quedar por un tiempo.
La respuesta fue la misma que la de tres días atrás.
-No, solo vengo de pasada –y luego de divisar al minino de la familia acostado placidamente en el sofá, fue hacía él con la intención de saludarlo, o lo que es igual, a frotar insistentemente su peluda cabeza hasta hacerlo ronronear.
Su mamá no tardó en desaparecer con la bolsa de ropa sucia a cuestas.
-Y dime –empezó Hikari luego de volver a las latas que estaba acomodando-, ¿Cuándo va a ser el partido?
-Mañana; hoy es el último día de entrenamiento, así que dedo volver a Tokio antes de las 6 si quiero sobrevivir al mal genio del entrenador Komamura –respondió sin dejar de jugar con el minino, que cada día parecía estar más gordo-, Kari, deberías de dejar de alimentar en exceso al pobre gato, después ya no podrá sostener su peso sobre las patas.
El minino maulló a modo de protesta y Kari rió por lo bajo.
-No puedo evitarlo –se excusó-; mamá ha estado más inspirada que de costumbre, y es el único que se come sus creaciones sin oponer resistencia.
Tai examinó a minino con la mirada.
-Sip, en definitiva esta mas obeso –sentenció, y luego dirigiéndose al minino preguntó- ¿Cómo puedes comer esas cosas y no enfermar gravemente?
-De hecho, creo que hasta le gustan –dijo Kari, aunque pareciera que ni ella misma podía creer lo que estaba diciendo, por lo que decidió cambiar de tema-. Papá dice que quiere ir a verte jugar, aunque como el partido es entre semana, será difícil. Yo puedo ir en su lugar si quieres.
-Naa, será mejor que no se compliquen –y por fin dejo en paz al perezoso animal, para aproximarse a ayudar su ya no tan pequeña hermanita a acomodar lo de la despensa-, no jugaremos contra un equipo peligroso. La victoria esta asegurada. Katsuhiro, el mejor jugador del equipo contrario, esta lesionado, así que ni siquiera voy a tener competencia. Mejor espérense a la final, que será en fin de semana. Ese si será un partido digno de ver.
-Bien, le diré a papá; así podemos ir todos –acordó satisfecha. Aunque de haber sabido que Tk se hospedaba momentáneamente en el departamento de su hermano, su insistencia en acudir al partido hubiera sido, seguramente, mucho más pertinaz.
El tiempo en que los Ishida habían sido sus vecinos, todavía eran una feliz familia de cuatro. Fue después del divorcio que se mudaron de Odaiba. Al mismo tiempo que Hikari perdía al más tierno amigo de su infancia. Desde entonces, apenas si se habían visto las caras un par de veces, pero nunca habían pedido el contacto, pues se comunicaban frecuentemente por e-mails o charlaban por msn.
Mientras los hermanos terminaban de acomodar lo poco que quedaba del mandado, el minino había decidido luchar con una de las plantas que hacían de adorno en la esquina más alejada de la sala, y no dejaría de arañarla sino hasta escuchar un alarido inesperado proveniente de la cocina, que lo haría saltar para después ocultarse tras el mueble más cercano.
-¿¡Guacamole en lata!? –el grito había sido de Tai; que se había encontrado con un una de las infames provisiones de su madre.
-¡Es que eran tres por dos! –se volvió a excusar su madre desde el cuarto de lavado.
Después del extraño descubrimiento de su hermano, Kari se echó a reír; con esa risa delicada y melodiosa que tan bien sabía esbozar, y que resultaba del todo contagiosa. Cuando su hermano mayor rió con ella, entre una carcajada que le dolía en las costillas, se percató –con una angustia que solo los hermanos mayores pueden comprender-, lo linda que su pequeña Hikari se estaba poniendo. Y no pudo evitar lamentarse.
Su pequeña Kari, ya no era pequeña en absoluto. Y eso lo preocupaba.
- - -
Para Yamato Ishida -a quienes sus amigos consideraban un as en la música-, no poder terminar de componer una canción después de habérselo propuesto seriamente, era una derrota.
Pasaban de las 9:00pm y todavía no había nada concreto que pudiera utilizar. Seguía sin decidirse en que era lo que quería expresar, y sin la idea definida todo lo demás -los fragmentos de melodías y los intentos de letras-, no valía de nada. Era tanto así, que un ataque de desesperación había terminado llamado a Takashi -el tecladista de los Teenages Wolves, y el responsable de a los arreglos finales de las canciones de la banda-, en busca de un poco de ayuda.
Takashi era un joven menudo de 18 años, de cabello corto oscuro y poseedor de unos grandes ojos grises ocultos tras sus gafas cuadradas. Siempre usaba sudaderas, que solo variaban en el color, aunque por lo general solían ser verdes, y por esa razón, Akira –el bajista-, juraba a modo de broma que hasta el día de su boda llevaría una debajo del saco. Era el más confiable y el mejor carácter de los cuatro, y nadie sabía como es que no se había corrompido con tan malas compañías.
Y Matt, que en aquel momento estaba estresadísimo, sabía que era el mas indicado para asesorarlo, pues de haber llamado a Akira lo más seguro es que habrían terminado en un bar tomando hasta perder la conciencia, y en Yutaka ni se le ocurría pensar, pues trabajaba entre semana y el humo de sus cigarrillos en nada le habría ayudado a despejarse.
-¿Cuál es el problema? –Preguntó Takashi al examinar las hojas esparcidas en la mesa de la sala- Veo propuestas bastante interesantes aquí, de hecho la mayoría son buenas, solo que son un poco inconsistentes cuando las unes, algo fácil de arreglar.
Yamato lo miró con cara de consternación. Hubiese preferido que le dijera que todo lo que había hecho era basura y que debía empezar desde cero.
-¿¡Es que no entiendes!? –dijo exasperado al ver que Takashi no compartía su repulsión por lo que el consideraba intentos mediocres de una canción- de ninguna manera consigo captar el sentimiento que busco en esos fragmentos de notas. Ayer parecía haber encontrado la solución, pero el estúpido de Taichi me desconcentró en el momento más inoportuno y no tuve tiempo de escribir nada, ahora solo tengo las ideas desmenuzadas en las cabeza.
-¿Y qué sentimiento es el que estás buscando? –preguntó tranquilamente a la vez que se acomodaba los lentes.
-¡Ese es el verdadero problema! No consigo definir que es lo que quiero expresar –respondió-. Esto nunca me pasa a mí… No sé como manejarlo.
-Respira un poco, pareciera que vas a explotar en cualquier momento –trató de tranquilizarlo Takashi-, a ver; haz écfrasis, intenta decir en palabras lo que quieres que se capte en la música, eso te ayudará a despejar las ideas –sugirió
-No es… Bueno… En realidad no es nada que se pueda decir con palabras… -empezó irritado, levantándose del sofá para pasearse de un lado a otro mientras trataba de explicarse-, es que, más que un sentimiento es como una sensación, ya sabes… es un, es un… no sé qué es exactamente, pero no es lo que esta escrito en esas hojas.
-Si no lo intentas, no conseguiremos nada, amigo –dijo aproximándose a él y dándole una palmada en la espalda-, luces bastante estresado, ¿Por qué no descasas por hoy y ya mañana, cuando estés descansado, retomamos la composición? La canción no es urgente, ¿sabes? Además, tenemos todo lo que queda de la semana para llevar avances al ensayo y así "tu novia" Jun no se sentirá decepcionada –y sonrió burlonamente
-Muy gracioso –ironizó Yamato ante la mención de su loca admiradora-, aunque en lo de descansar tienes razón. Tal vez mañana vea todo con más claridad.
-Muy bien, entonces me paso por aquí mañana en la noche –dijo resuelto
Matt asintió, y luego de acompañarlo a la salida, con una adiós breve, se despidieron.
Apenas Takashi se hubo ido, Matt se fue a su habitación y se tumbó en la cama. Pero no descansó para nada, pues en su mente seguía preguntándose como es que la maldita canción seguía resistiéndose a salir como él quería. Y lo más irónico es que no sabía cómo es que la quería. Maldijo nuevamente, esta vez en voz alta, y se preguntó qué es lo que le hacía falta, ¿Que tenía el día anterior que hoy no, que le inspiraba a componer?.
Pensó.
Pero nada vino a su cabeza. Y como al final no llegó a ninguna conclusión, permaneció de mal humor, acostado mirando al techo y con los brazos extendidos sobre la amplia cama.
¿Qué le hacía falta? ¿A dónde había ido su inspiración?
Entre sus complicados pensamientos y el cansancio intelectual, empezó a quedarse dormido. Estaba a punto de sumirse en un profundo sueño cuando su celular empezó a vibrar desde su mesita de noche, para un segundo después sonar ruidosamente con "Love Dischord" de los Beat Crusaders.
Se talló los ojos con una mano, y con la otra tomó el celular. Apenas contestó con un desganado "Bueno", cuando la estridente voz de su mejor amigo sonó al otro lado.
-¿Qué onda, Matt? ¿Qué haces? –preguntó a modo de saludo Tai del otro lado del auricular
-De hecho trataba de dormir, imbécil. Me has despertado –se quejó Yamato
-Y por lo que escucho no tienes buen despertar, ¿cierto? –Respondió sin pizca de ofensa en su voz- Aunque no comprendo como es que estabas dormido, ¡Si apenas pasan de las 10!.
-Estoy cansado, ¿ya? Y si no tienes nada bueno que decirme…
-¡Tranquilo! –se apresuró a decir Tai antes de que su amigo le colgara- ¡Sí que tengo algo que decirte! ¿Te acuerdas del partido de mañana? ¡Pues he invitado a Sora! ¡La del #707! ¿Genial, no? Ya sé que a ti no te cayó del todo bien, pero no podrás negar que esta guapa la pelirroja…
De repente, Matt despertó del todo.
-¿La invitaste a la semifinal? –Preguntó como si no se lo creyera - ¿Y ella acepto?
-¡Pues claro que sí! Si no, no te lo estaría contando –dijo de lo más contento
-¿Y por que a una chica le interesaría asistir a tu tonto juego? –volvió a preguntar un tanto aprensivo y ya completamente incorporado, con toda la atención puesta en su amigo
-¡Eso es lo mejor de todo! –Respondió emocionado- No me lo creerás, pero ayer fui a visitarla y entre una cosa y otra me contó que cuando era niña jugaba soccer, pero que por no sé que problema con su mamá lo dejó, y ahora practica el tennis; eso explica su grandiosa figura ¿cierto?
Matt no contestó de inmediato, pero estaba de acuerdo.
-¿Entonces sí va ir al partido? -insistió
-¡Que sí, hombre! ¿A poco no te doy envidia? -Sí le daba, y mucha. Pero evidentemente no se lo iba hacer saber- La voy a recoger mañana a la seis, y por supuesto que planeo lucirme de lo lindo en el partido ¿Te imaginas? ¡Una chica que entiende de fútbol! Una joya que no se debe desperdiciar!
Y Tai seguiría hablando así por varios minutos más, aunque Matt ya no le prestaría atención. No le importaba; después de todo, era él quien gastaba su saldo. ¿Y como prestar atención a la perorata de su amigo si acababa de descubrir la solución a su problema? ¡Era ella! ¡Era por su causa todo ese bloqueo creativo! El día anterior, fue pensando en ella que se le ocurrió la melodía, esa que por más que intentaba retomar ahora, le resultaba imposible ¿Y como no iba ser así si la persona en que se había inspirado le detestaba? Y lo peor de todo era que le detestaba con justa razón. Y aunque no era un pensamiento de lo más feliz, se sintió aliviado.
-Oye, Tai –lo cortó Yamato, sin la menor contemplación-, dile a Tk que ya se enteraron de su fuga, y que se prepare para la reprimenda de su vida –y dicho esto, le colgó a su amigo, quien seguramente debía de tener una cara de desconcierto del otro lado de la línea.
Yamato por su parte, estaba satisfecho. Ahora cuando menos tenía la respuesta a su problema, ya solo faltaba la solución.
Por más que lo intentó, Matt no había podido terminar de componer la maldita canción. Y si Sora Takenouchi había sido la responsable de sugestionar su inspiración -al igual que también había sido la encargada de robársela-, Yamato se aseguraría de que se la regresara sana y salva. Y si era posible, más basta de lo que ya era.
Ya estaba resuelto. Aunque bien sabía, que no era la inspiración lo que realmente lo motivaba.
Continuará…
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N/A:
Raro capitulo, ¿No les parece? Hay mucha tela por donde cortar y estaré encantada de hacerlo. Lo importante aquí es que ya se ha planteado la determinación de Yamato por conseguir acercarse a Sora, a pesar de su desastroso comienzo, aunque lo cierto es que utiliza la inspiración como empuje encubierto. No he querido pulular en sus sentimientos por que, por más que no lo queramos, la vida de las personas siempre corre paralelamente, y cuando alguien nos gusta, por más fuerte que ese sentimiento sea, nuestra existencia no deja de trascurrir, y nuestra vida no se reduce a esa única persona. Por otro lado, también he presentado un poco más de la vida de nuestros personajes: el mensaje misterioso a Sora tiene que ver con la persona más importante en su vida… Los dejo con la duda, jajaja; también tenemos algunos detalles de cómo es que Tai llegó al edificio departamental Komatsu, futuro escenario de un sinfín de eventos emocionantes y emotivos; Kari también apareció en la historia y rebelaré su personalidad musical hoy –si es que no es evidente-; también apareció otro nuevo personaje, Takashi, el tecladista de los Teenage Wolves, y se hace mención de los otros dos, quienes aparecerán en el futuro a más detalle.
(*) Sobre el chiste del guacamole en lata: En México el guacamole es uno de esos alimentos que es inconcebible no preparar a mano. Si han visto el guacamole en lata, saben a lo que me refiero. Para mí, no hay peor invento hecho por el hombre… Bueno, quizás solo lo supere la bomba atómica.
Y aunque me he extendido más de lo normal, igual me detendré a agradecer a cada uno de ustedes, queridísimos lectores, por dejar review. ¡¡Ya saben que lo valoro muchísimo!! Y si me he tardado en subir el capi –debo aclarar-, ha sido por la perdida parcial del capitulo, el cual me costo mucho volver a escribir, por esa razón mis disculpas y muchas muchas Gracias a: SoRaTo0o4eVeR, Zulema, sorato rck, Lime1085, NikkissLove53, Lady of Dark and Delirium y Shaden
Y ya saben, los comentarios SIEMPRE son bienvenidos, sin importar de la naturaleza que sean –bien podrían decirme que mi historia es un fiasco y yo igual, estaría contentísima-, aunque mientras más largos, más feliz soy, debo de admitirlo.
Así pues, me despido,
Muchos besos de su afectuosísima
Kuchiki Rukia-chan
P.D.: En este capitulo hubo mucha música: "Love Dischord" de los Beat Crusaders, como el tono del cel de Matt (que es el grupo que lo representa, ¿Se acuerdan?), también desvelé algo de la música que le gusta escuchar a Sora cuando no quiere pensar, Olivia Lufkin con "Shinning Out" que, OJO, solo es una preferencia, no es el grupo que representa su personalidad. Y como ya se imaginarán, a Kari la representa Yui, más específicamente con la canción "Skyline" que es muy buena, me permito agregar. Así que ¡A escuchar!
