EL RITMO DE LA VIDA
Capitulo 7
"¿Hacer las Paces?"
El sol ya declinaba en el cielo.
Las nubes blancas y grises cubrían el azul celeste casi en su totalidad, permitiendo apenas que unos cuantos rayos de sol se abrieran paso entre las esponjosas masas de agua vaporizada. El paisaje que ofrecía Tokio, con aquella jungla de edificios apiñados y los hombres y mujeres minúsculos paseándose por las calles, era maravilloso. Al igual que, como en todos los días grises que amenazan lluvia, se presentía que algo inusitado iba a ocurrir.
Sora estaba frente al espejo de su habitación arreglándose el cabello, cuando llamaron a la puerta. Era Tai… O al menos eso fue lo que ella pensó.
-¡Ya llegó y todavía no estoy lista! –dijo para sí misma frente al espejo.
De hecho, ni siquiera estaba vestida, ya que Sora solía arreglarse en ropa interior, para evitar que el atuendo definitivo se le arrugara, o que por algún incidente se manchara o se estropeara. Por lo que era evidente que no podía ir a recibirlo como estaba, pero tampoco quería hacerlo esperar. Así que salió de puntitas a la sala para quitarle el seguro a la puerta de entrada; recogió sus zapatos –que se encontraban frente al sillón-, e iba a arreglar los cojines desparramados sobre el sofá, cuando la puerta volvió a sonar con tres firmes golpes sobre la madera.
Dejó los cojines como estaban y luego de resguardarse en su habitación –zapatos en mano-, gritó para hacerse escuchar a distancia:
-¡Pasa, esta abierto!
Esperó con la oreja pegada a la puerta hasta escuchar como la puerta se abría y se cerraba. Y se apresuró a vestirse. Tomó los jeans que colgaban de la manija del armario y deslizó sus piernas en ellos al ponérselos. Los abotonó, e inmediatamente después de descolgar un par de ganchos del armario, se puso una blusa de tirantes blanca con detalles en morado al frente –a juego con su ropa interior, aunque de eso nadie se iba enterar-, y encima un suéter naranja claro. Se puso unos zapatitos bajos y fue hacía el espejo a ver el resultado. Se aprobó con un asentimiento y antes de ponerse perfume avisó:
-¡Voy en seguida! –No quería que pensara que era una vanidosa- ¡Ya casi estoy lista, Tai!
Se roció dos veces con el spray de un frasquito de cristal, se dio una última pasada con el peine, tomó su bolso -que descansaba tranquilamente sobre la cama-, y salió sonriente de su habitación con intención de disculparse por haberlo hecho esperar, pero para su sorpresa, no era Tai quien la esperaba sentado en el sillón.
Yamato se levantó del asiento al verla salir de la puerta.
-Luces increíble –la saludó Yamato mirando el atuendo de Sora-, creí que solo íbamos a un partido de fútbol. Tal vez debí ponerme algo más adecuado –dijo a modo de broma, pues en realidad él nunca lucía mal.
Pero Sora no estaba pendiente de su aspecto en aquel momento. Estaba paralizada.
-¿Qué haces tú aquí? –Fue lo primero que salió de sus labios con una expresión de quien no comprende que es lo que sucede-, ¿Dónde está Tai?
-Respecto a tu primera pregunta, por si no lo recuerdas, tú fuiste la que me dejó entrar –le aclaró Matt metiéndose las manos en los bolsillos.
-¡Si, pero pensé que serías Tai! –afirmó con la cara aún inundada de asombro
-Entonces deberías de tener más cuidado cuando invites a pasar al primero que toque a tu puerta sin siquiera verificar quien es, pelirroja –la previno simulando seriedad- La próxima vez podría ser alguien mucho más peligroso que yo…
-Pues gracias por la advertencia –dijo Sora para nada divertida-, lo tomare en cuenta… Y ahora puedes empezar a explicarme como es eso de que "vamos" a ir a un partido de fútbol.
-No tiene la menor complejidad –dijo el rubio como si no comprendiera su asombro, aunque como era lógico, fingía-, he venido a llevarte al partido de Tai.
-¿Y por qué no ha venido él mismo? –preguntó sin moverse de su sitio
-Tuvo un inconveniente…
-¿Y por qué no me avisó? ¡No tenía por que mandarte a ti! –dijo aún sin controlar la impresión
-Pues lo intentó. Según me dijo, no estabas –le explicó-, y si no quieres que empiece el partido sin nosotros, será mejor que nos pongamos en marcha –se acercó a ella y le tomó tomo la mano para empezar a caminar hacía la puerta, pero Sora no se lo permitió y se soltó al instante- Esta bien, como quieras. Pero si llegamos en el medio tiempo, tú serás la única responsable.
Sora seguía sin creer que apareciera así nada más en su departamento y de la nada esperara que aceptara que la acompañara al partido, al que se suponía iría con Tai. No se desidia entre pensar que era una muy mala broma, o si simplemente era un cínico.
-¿Cómo esperas que acepte ir contigo a donde sea, después de lo de la otra noche? –Preguntó Sora con toda el aplomo que fue capaz de reunir, todavía no olvidaba lo mal que se había comportado ¿Era posible tal descaro?-, fuiste demasiado grosero como para que esperes que te disculpe así, sin más.
-¿Y quien esta pidiendo disculpas? –dijo Yamato con simpleza-, solo te llevaré a un partido de soccer
-¿Y quien te ha dicho que aceptaré ir contigo? –se quejó Sora ante la seguridad con la que el rubio lo decía-, no puedes decidir por mí.
Yamato, quien no estaba de acuerdo con eso, se sacó las manos del los bolsillos y miró por última vez la hora.
-¿Traes tus llaves? -le preguntó señalando la bolsa que traía al hombro, y lo hizo con tal desenfado que irritó a Sora.
-No entiendo qué tiene que ver eso con…
-¿Las traes? –insistió
-¡Claro que las traigo! –Afirmó Sora sin comprender-, pero no creas que con eso vas a… Oye, ¿Qué…? Espera… ¿Qué pretendes a hacer…? ¡Oye!
Pero Sora no tuvo mucho tiempo para reaccionar. Yamato se había aproximado a ella y en un abrir y cerrar de ojos, con una facilidad asombrosa, la levantó y ya la llevaba en brazos hacía la salida.
Las protestas de Sora no se hicieron esperar, pero Yamato no se preocupó por eso. Puso seguro por dentro, y cerró la puerta del #707
-¡He dicho que me bajes! –exigía Sora en pleno pasillo, sin poder zafarse de los brazos de Yamato.
-No pienso hacer tal cosa –le aseguró Yamato divertido-, o cuando menos no hasta que estemos camino al partido. Hemos perdido mucho tiempo. Seguro que ya empezó… Y deja de moverte tanto que vamos a rodar por las escaleras.
Desde donde se encontraba, las escaleras parecían más bien un peñasco bastante peligroso por lo que a Sora no le quedo de otra, y se tuvo que quedar quieta.
-Literalmente estas privándome de mi libertad, lo que es igual a que estuvieras secuestrándome ¿Sabes que podría demandarte por esto? –le amenazó Sora
-Si, eso ya lo sé –respondió Matt tranquilamente-, pero también sé que no lo harías por que te gusta pensar lo mejor de la personas ¿No es cierto? –dijo haciendo alusión al idealismo manifestado por Sora el día de su discusión
-Ah, cállate –protestó Sora, quien se cruzó de brazos como pudo.
Yamato contuvo una sonrisa. Allí estaban otra vez. Bajando por las escaleras. Aunque en ese momento las cosas eran un poco distintas… Y lo serían aún más desde entonces.
Con Sora aprisionada en su pecho, sintiendo su calidez y oliendo su dulce perfume, sentía poder componer todas las canciones del mundo… Todas inspiradas en esos ojos marrones y su delicada cabellera pelirroja; en aquella sonrisa que aun no le dedicaba y en esas ganas que le daban de tenerla abrazada todo el tiempo del mundo... Sin saber por qué, le dieron ganas de pensar que la quería. Aunque todavía no era del todo cierto.
Por su parte Sora, quien en un principio había estado tan incomoda, ahora tenía la cabeza recargada en el pecho de Yamato… ¿Quién diría que era tan reconfortante? Firme y cálido. Sus pasos resonaban en las escaleras vacías y hacían un eco agradable. Por los ventanales de las escaleras se alcanzaban a ver unos trozos de cielo gris. Estaba nublado.
¿Llovería?
Sora cerró los ojos por un momento y pensó que casi podía oler la lluvia… Aunque lo que en realidad percibió fue el espeso perfume de Yamato mezclado con el suyo.
Olía bien.
A pesar de que los peores días de su vida habían sido en días grises como aquel, a Sora le gustaba la lluvia. Le gustaba la lluvia por que, al igual que las lágrimas limpian el alma, la lluvia se lleva los restos de recuerdos y polvo que se adhieren a las calles, dejando la posibilidad de un nuevo comienzo cuando el sol aparezca triunfante de entre las nubes. En ocasiones no comprendía cómo es que había llegado a un punto de su vida en que todo lucía como un constante recordatorio de lo que había hecho mal. Por eso había huido. Para buscar nuevos ojos que no vieran su pasado en cada sitio.
Ojala la nubes no profetizaran nada…
Aunque en su vida, siempre lo hacían.
En eso pensaba cuando unas voces lejanas se escucharon en las escaleras. Las voces aumentaban de volumen a la vez que disminuían la distancia, y Sora no tardó en recordar que Yamato la llevaba en brazos ¿Cómo se lo había permitido? Un segundo… ¡Pero si ella no se lo había permitido! ¿Entonces que hacía ella aún allí, como si nada? ¿Qué acaso no podía bajar las escaleras sola? Sintió un poco de vergüenza ante tal descubrimiento. Se había dejado cargar por alguien que le era prácticamente desconocido, y como si eso no hubiese sido suficiente, había permitido que lo siguiera haciendo aun cuando se suponía que ella no quería tener nada que ver con él.
Por fin, las señoras a las que pertenecían las voces no tardaron en divisarse, y pronto pasaron por su lado viéndolos con curiosidad y desaprobación.
Sora no pudo con la vergüenza y apenas hubieron llegado al tercer piso, se apartó de él.
-Déjame –le dijo cuando la quiso ayudar a ponerse bien en pie-, puedo hacerlo sola.
Yamato no insistió.
-Si bajas los siete pisos cargándome se te caerán los brazos –agregó torpemente para aligerar su rudeza-, además, recuerda que peso demasiado –dijo haciendo alusión, al igual que había hecho él anteriormente, a la noche de su discusión, al tiempo que empezaba a caminar escaleras abajo- y no creo que eso sea bueno para ningún músico.
-Tienes razón –bromeo Yamato siguiéndola-, tuviste suerte de que fuera éste músico precisamente. Cualquier otro habría caído rendido en el quinto piso.
Sora no dijo nada con el fin de hacerse la ofendida, pero lo cierto es que no pudo reprimir una sonrisa.
Cuando pasaron frente a la recepción, la señorita Onimaru se les quedó viendo como quien se entera de un buen chisme. Pero ambos la ignoraron. Ambos detestaban el mal servicio del edificio departamental Komatsu.
Apenas salieron a la acera, Sora miró hacía ambos lados de la calle.
-¿Y ahora? –preguntó
-Iremos en mi auto –le informó Yamato-, está a algo lejos, pero al menos así sabrás lo que me haces sufrir, ladrona de estacionamiento.
-Entonces te sigo, señor delicado –les respondió Sora encogiéndose de hombros.
-Es aquel plateado –señaló Matt luego de un par de minutos. Era un mazda plateado del 2004, estacionado frente a un consultorio en remodelación.
-¿Esto es todo? –dijo Sora al llegar-, eres un exagerado, esto no es sufrimiento. Es apenas media cuadra.
-Es que odio andar a pie –se explicó como si fuera la cosa más normal del mundo
-Que tontería… -rió Sora; y solo por eso, Yamato le abrió la portezuela del auto. Era encantadora cuando reía.
En cuanto se sentó en el asiento del copiloto, a Sora le llamó la atención un libro que estaba bocabajo en el asiento trasero entre varias revistas y un periódico. En el lomo pudo leer el nombre del autor. Cuando Yamato sentó a su lado, en el asiento del piloto y encendió el auto, Sora se decidió a preguntarle al respecto.
-¿Estas leyendo a Truman Capote? –pero al ver el rostro interrogante de Yamato, aclaró- Lo digo por el libro… -y señalo el asiento trasero.
-No, ese libro es de mi padre –aclaró Matt-, es periodista.
-Ah, eso lo explica… (*)-dijo tomando una de las revistas que cubrían a medias el libro. Era de ciencia- ¿También las revistas son de tu padre?
-No. Las revistas son mías, a mi padre le interesan más las cuestiones políticas y sociales, que la ciencia y sus avances.
Sora alzó las cejas, pero no dijo nada. La verdad es que le impresionaba aquello, y cuando puso la revista en su lugar se impresionó aún más, pues pudo darse cuenta que también había algunas de autos y otras más de música.
Ciencias, autos y música. Extraña combinación…
Pero bastante interesante.
No hablaron gran cosa de camino al campus universitario. Yamato conectó su iPod al adaptador del auto y escucharon música en silencio. Sora miraba por la ventanilla hacía arriba, ignorando a las personas que caminaban por la acera y los numerosos escaparates que lucían sus mercancías con ostentación. Le interesaba mucho más la excesiva altura de los edificios o los semáforos en rojo que la ajetreada vida de los seres que caminaban sin cesar de un lado a otro… Sin embargo, como bien lo había dicho Yamato, le gustaba pensar lo mejor de las personas. Recordó aquel mensaje de texto que había recibido el día anterior y pensó cuan diferente había sido su opinión antes de conocer a la persona que cambio su vida. Esperaba que no tardara en enviarle otro, aunque no planeaba regresarle el favor. Él, solía estar más interesado en el bienestar ajeno que en el propio, y también había sido él quien le enseñó que las personas valían algo, no importaba cuan despreciables resultaran en primera instancia.
"Butterfly" de 12012 sonaba en el interior del auto.
Ikanaide ikanaide konna ni kimi wo aishiteru
(No vayas, no te vayas, te amo tanto...)
Mada
shiranai boku wo mite yo sugu ni aitai
(Mírame a mí, a quien todavía no conoces)
Así que así eran sus gustos musicales…
A Sora le gustó esa canción. Y desde aquel momento, siempre la recordaría.
Ciencias, autos y música…
Y "Butterfly" sonando.
Miró de reojo a Yamato, de quien había tenido tan mala primera impresión. Estaba concentrado viendo hacía el frente, y se preguntó que opinaría al respecto. Tenía que confesarse a sí misma que ya no le parecía tan terrible como antes, y eso a pesar de que ni siguiera se había disculpado por ser un irrespetuoso insolente. No sabía por qué exactamente, pero casi hasta volvía agradarle… Quizás hasta se disculpara en el futuro. Aunque tal vez esperar tal cosa, sería ser demasiado optimista.
Cuando llegaron al estadio de la universidad, como Yamato lo había predicho, el partido ya había dado inicio, e incluso faltaba poco para el medio tiempo. Tuvieron que buscarse sitio en las gradas, que estaban considerablemente ocupadas, pero lejos de llenar el estadio.
Se sentaron en lo alto de las gradas, aunque tan en el centro como les fue posible, pues esa área estaba algo concurrida, llena de aficionados al soccer que animaban al equipo que apoyaban con entusiasmo. Unos con más entusiasmo que otros. Tal era el caso de un muchacho que gritaba maldiciones o exclamaciones de júbilo con todas sus fuerzas, según fuera necesario, a la vez agitaba una bandera con el escudo de la universidad de Tai, y que para desgracia de Matt, estaba justo enfrente de ellos. Yamato estaba bastante acostumbrado a escuchar gritos, en especial si se trataba de conciertos, pero para ser francos, los deportes no eran lo suyo, y mucho menos la algarabía que en ellos se suscitaba.
-¿Cómo van? –preguntó Sora a nadie en particular, aunque fue el chico entusiasta quien contestó.
-¡Dos a uno, a favor a los Halcones, por supuesto! –dijo con orgullo el jovencito moreno, a la vez que seguía agitando la bandera- ¡¡Vamos Halcones!! ¡¡Con todo, no se detengan!!
-¿Eso es bueno? –preguntó Sora a Matt en voz tan alta como para ser escuchada, pero lo suficiente baja para no gritar
-Si –respondió Matt sin mucho ánimo-, Tai es el capitán de los Halcones
-Valla, ¿Entonces es cierto que es bueno? –preguntó Sora tratando de divisar su cabello revuelto entre los jugadores que se movían de un lado a otro en la cancha.
-¿¡Qué si es bueno!? –Exclamó nuevamente el chico de enfrente, incrédulo ante la pregunta que escuchaba a sus espaldas- ¡¡El capitán Yagami es el mejor!! ¡El mejor! ¡Ha sido el jugador más valioso de la liga tres temporadas seguidas! ¡¡Tres!!
Sora intercambió una mirada divertida con Yamato, un poco sorprendida ante el fervor con que apoyaban a Taichi. Pero a Yamato, después de observar bien el rostro del admirador de su amigo, se le borró la sonrisa burlona. Acababa de reconocer al chico. Era Daisuke Motomiya, un chico que admiraba a Tai desde que lo vio jugar una vez en la secundaria, y que había jurado seguir sus pasos pasara lo que pasara. De hecho Davis -como era comúnmente conocido-, había hecho trámites para obtener la misma beca que Tai, y aunque no lo habían aceptado seguía intentándolo, sin importar que ya le hubiesen ofrecido becas en otras universidades. Aunque para Yamato lo peor de todo no tenía nada que ver con soccer, si no con sus lazos sanguíneos, pues era el hermano menor de su loca fan, Jun Motomiya. Fue al pensar en ello que de improviso le asaltó la duda, e inspeccionó las gradas para asegurarse que esa desquiciada no estuviera cerca, y para su fortuna, así fue.
Ya tranquilo y a salvo de persecuciones fanáticas, Matt decidió ir por algunas sodas, aunque lo hacía más con el fin de que el tiempo se pasara rápido, pues en definitiva, los deportes no eran lo suyo.
-Voy por una soda –avisó a Sora, quien parecía muy entretenida- ¿Se te antoja algo?
-Cualquier cosa esta bien –dijo distraídamente tratando de concentrarse en el partido
-De acuerdo, vuelvo enseguida –y se levantó con algo de dificultad, esquivando el mástil de la ondeante bandera de Davis
Sin embargo, Yamato no regresaría si no hasta el inicio del segundo tiempo, pues a pesar de haber vendedores entre las gradas, Yamato había preferido ir directamente a la fuente de sodas, que estaba semivacía, con la esperanza de alejarse un poco del ambiente generado por los emocionados espectadores; sin embargo, antes de dirigirse a cumplir su cometido, se había sentado en una banca alejada del ruido, y había aprovechado para fumarse un cigarro, pues, aunque no se consideraba un fumador empedernido, le gustaba fumarse uno de vez en cuando para pasar el tiempo y deshacerse de las cajetillas semivacías que Yutaka -el baterista de los Teenage Wolves-, dejaba en su casa de vez en cuando. A Yamato, siendo francos, no solo no le gustaba el futbol, si no que le aburría; era una de esas grandes diferencias que lo distinguía de su mejor amigo, a quien, por su parte, tampoco le entusiasmaba mucho la música. Y tuvieron que pasar más de veinte minutos antes de que se decidiera a dejar su cómodo y solitario asiento.
Estando allí, en esa extraña soledad que nos envuelve de repente en lugares en los que la algarabía nos resulta ajena, Yamato se fumó el penúltimo cigarrillo de la cajetilla. El humo, apenas denso, se esparcía a su alrededor, introduciéndose en sus pulmones y relajándole el espíritu. Podía entender porque existía gente que moría por ese vicio. Sin embargo, él era demasiado tacaño como para gastar dinero en su propio perjuicio. Hacerse daño a uno mismo, siempre genera cierto placer perverso. Pero no es algo que se diga a menudo. Y todo por un momento de satisfacción efímera. En definitiva, los humanos debemos estar locos.
-Te traje esto –le dijo a Sora al regresar a las gradas, haciéndole entrega de una lata de soda, quien parecía mucho más divertida de cómo la había dejado
-¿Dónde estabas? –preguntó Sora emocionada por el partido, tomando la lata de soda para después dejarla a lado de su asiento sin siquiera molestarse en abrirla
-Había una fila larga –mintió Yamato
-¡Se ha puesto buenísimo! –exclamó Sora sin dudar de su respuesta- un sujeto alto del equipo contrario no ha dejado de bloquear a Tai y hace unos minutos el réferi estuvo a punto de sacarle una tarjeta cuando lo golpeó "accidentalmente".
-¡¡El réferi está ciego!! ¡Ese Katsuhiro lo hizo con toda la intención!–intervino nuevamente Davis, con el frenesí acostumbrado- ¡Debió ponerle la amarilla mínimo!
-Que emocionante… -dijo dijo Yamato sin pizca de convicción, pues no tenía ni idea de lo que estaban diciendo- Tai anda de azul, ¿Cierto? ¡Ah, si! Ya lo reconocí… Es el que le acaba de quitar el balón al ese otro que anda de blanco con verde
-Van empatados –le informó Sora luego de ponerse de pie en un intento de anotación por parte del equipo contrario- ¡Esa ha estado cerca!
-¡¡No habrían anotado ni aunque la portería estuviese vacía!! –Gritó Davis incansablemente-¡¡No se rindan Halcones!!
Y no se rendirían, pues quince minutos antes de que el partido finalizara, Tai anotaría el tercer gol de la noche para su equipo, con lo que se desharía el empate y cuya ventaja mantendrían hasta el final. Como Tai se lo propusiera, fue la estrella de la noche. Sin importar cuanto tratara de impedirlo el alto Katsuhiro, Tai volvió a anotar otro gol casi al final del partido, y terminaron ganado con dos de ventaja. Daisuke no dejó de gritar en todo el partido, exacerbado en un momento y feliz hasta la hilaridad en otro. Se inmiscuyó en cada comentario que se hizo del partido, sin importar si tenía que discutir con personas que se encontraban a un par de metros de él. A Yamato no le costó reconocer que los pulmones y la garganta de los Motomiya eran cosa de orgullo familiar.
Apenas sonó el silbato que dio por terminado el partido, Davis se subió a su asiento y empezó a hacer un extraño y exageradamente ridículo baile de victoria que divirtió a los seguidores de los Halcones y que hizo rabiar a más de uno de los adeptos de los perdedores, quienes no se lo pensaron mucho para lanzarle algunas latas y unas que otras botellas de agua. Por su parte, Davis los recibió como si fueran flores, orgulloso de la victoria de su ídolo.
Matt y Sora huyeron como pudieron de las gradas, en un exitoso intento de evitar los botellazos, aunque Sora estuvo a punto de resbalar en varias ocasiones debido a las cosas pegajosas que había en el suelo; sin embargo, su excelente condición física le ayudó a sostenerse a tiempo de cualquier objeto sólido que estuviera a su alcance, que para fortuna de Matt, la mayoría de las ocasiones resultó ser él.
-No puedo creer que lográramos salir de allí sin una sola mancha –dijo Sora satisfecha al verse felizmente librada de aquel antihigiénico desastre
-Y yo no puedo creer que lográramos salir de allí sin ninguna herida –agregó Yamato viendo a Davis en la lejanía siendo aporreado por un centenar de botellas de plástico- ese chico debe estar loco
-No lo dudo –coincidió Sora-, y creo que le agrada Tai
-¿Te parece? –Ironizó Yamato-, si no lo mencionas, jamás lo hubiera notado… ¡Por Dios! No me extrañaría que tuviese un altar con su fotografía
Sora río.
-Da un poco de miedo ¿no? –dijo sin dejar de reír.
-Y no has conocido a su hermana mayor –Agregó Matt por lo bajo
-No podría ser mucho peor que él… -imaginó Sora con ingenuidad
-Te sorprendería –dijo Matt tan seriamente que resultó gracioso
Aunque Sora no supo si reírse o estremecerse.
-Mejor vamos a buscar a Tai –sugirió Yamato, caminando había los vestidores.
Sora lo siguió con la espeluznante idea de un Davis femenino rondándole aún en la cabeza. De imaginárselo se le ponía la piel de gallina. Aunque no tardó mucho en olvidarlo. El partido había sido grandioso y ya tenía ganas de ver a Tai, y decirle lo impresionada que la había dejado. Lo cierto es que a pesar de que no pensaba que fuese un mal jugador, tampoco imaginó, ni de lejos, que fuera tan bueno.
-¿Qué tan lejos quedan los vestidores? –Preguntó Sora a Yamato, quien caminaba al frente-, Me muero de ganas de felicitar a Tai
-¿Qué? ¿Te enamoraste de él? –bromeó Yamato, aunque algo de agrio con sabor a curiosidad se entrevió en sus palabras –No me digas que eres una de esas chicas que se mueren por los futbolistas.
-No; más bien, soy de esas chicas a las que les gusta jugar fútbol –le aclaró Sora con perspicacia
Yamato no pudo contener una sonrisa, satisfecho de la respuesta obtenida.
-Aunque debo confesar-continuó Sora-, que me siento un poco mal por la incredulidad que mostré cuando Tai me dijo que era hábil. Seguramente pensara que soy una tonta…
-¿Qué tanto te interesaría que pensara que lo eres? –preguntó fingiendo que solo lo decía por seguir la conversación
-Pues mucho, naturalmente –respondió Sora-, pues no se trata de lo que piense él de mí, sino de lo que yo pensé de él. Y es que lo prejuzgué, creyendo que era simplemente un jugador promedio más fanfarrón y vanidoso, que otra cosa.
-En lo de fanfarrón y vanidoso no te has equivocado –dijo Yamato sonriendo-, aunque no serías la única que anda por ahí prejuzgando gente. Como un claro ejemplo de ello me tienes a mí.
Sora lo volteó a ver. Yamato sonreía.
-¿Es acaso un intento dedisculpas? –preguntó Sora extrañada
-No. Solo digo que yo también me hice una idea precipitada de tu personalidad, aunque eso no significa que me retracte –aclaró Yamato sin mirarla-. Quizás sí tenía razón en algunas cosas, es solo que prefiero esperar a darme cuenta por mí mismo y no solo imaginarlo.
-¿Sabías que eres la peor persona ofreciendo disculpas que he conocido? –dijo Sora un suspiro-, pero esto mejor eso que nada, así que supongo que no me queda de otra, más que aceptar tus extrañas disculpas…
-Ya te dije que no pretendía retractarme de nada. No son disculpas
-Pues es así como quiero tomarme tu comentario, ¿Qué te parece?- dijo Sora encogiéndose de hombros-, de cualquier forma, serías demasiado maduro en admitirlo, y como dudo que lo seas, debo sacar mis propias conclusiones.
Matt pudo haber protestado, pero no lo hizo. Estaba demasiado de acuerdo con ella, para decir nada.
-Así que… -continuó diciendo Sora-, ¿Qué te parece si hacemos las paces?
Y para sorpresa de Sora, Yamato dejó de caminar, pero no por voluntad propia, sino porque, de la risa que lo atacó desprevenido, no podía avanzar. Estaban en un camino rodeado de césped, ya cerca de los vestidores.
-¿Qué te parece tan gracioso? –se extrañó Sora ante tan inesperada reacción, deteniéndose también, a su lado.
El cielo estaba más nublado que nunca.
-Eso solo lo podría esperar de una idealista romántica como tú, pelirroja –dijo Yamato como respuesta a la confundida Sora, a quien le parecía extraño verlo reír con tanta espontaneidad
-Pues sigo sin entender de qué te ríes –dijo Sora algo irritada-, lo único que me queda claro es que soy parte del chiste, ¿cierto?
-No he podido contenerme –se excusó Yamato, recuperando prontamente la compostura-, es que solo a ti se te ocurriría proponer algo como eso de "hacer las paces"
-¿Es que acaso eso tiene algo de gracioso? –preguntó algo molesta
-No es que sea gracioso en sí, es solo que, pare ser honestos, esa clase de proposiciones en la vida real carecen de sentido, suena muy irreal; y tú lo has dicho con mucha seriedad, por lo que no he podido contener la risa. Deberías de leer menos y ver más tv.
-Explícate –dijo Sora cruzándose de brazos, nada satisfecha con la aclaración de Matt
-Mira –empezó él, dispuesto a explicárselo con manzanitas si era necesario-, es tan simple como que tu idea salida de una novela de hacer las paces es más bien ingenua, eso es simplemente imposible. En la vida no existe el "dar vuelta de hoja", simplemente se ignora el pasado. Así que, el que esperes que acepte que hagamos como que nunca hubiéramos discutido, me parece un poco absurdo.
-Pues perdóname por tratar de ser amable –se defendió Sora molesta-, ¿Te parecería mejor que te ignorara como dije que haría y que viviera eternamente molesta por una discusión que apenas recuerdo?
-No. Pero podríamos dejar eso de "hacer las paces" para nuestros abuelos y ver hacía adelante simplemente.
-¡A eso me refería yo desde el principio!–se quejó Sora-, te encanta complicarlo todo…
-Es que hace la vida más divertida –dijo Yamato en tono burlón, pues encontraba divertido ver a Sora exasperada-, ¿Qué sería de la vida si fuera perfecta? La inconformidad hace a las grandes personalidades
- Ahora eres tú el que suena como idealista romántico –agregó la pelirroja reprimiendo una sonrisa
-Un lapsus momentanium –dijo Matt con desenfado y empezó a caminar nuevamente hacía los vestidores
-Las malas costumbres se pegan con gran facilidad ¿cierto? –rió Sora
Yamato no contestó. Era cierto que le gustaba molestarla. Lucía encantadora enojada; aún así, y en definitiva, le gustaba mucho más verla reír…
Caminaron juntos lo poco que quedaba para llegar a los vestidores. La iluminación de los edificios y el estadio de la universidad daban al césped y los arboles que cercaban el camino un ligero resplandor ocre. Los aspersores encendidos murmuraban rociando de agua el césped y hacía algo de frío… De haber traído saco, a Matt le hubiera gustado ofrecérselo a Sora, y así parecer galante. Pero no traía. Y entonces pensó que solo en ocasiones como aquella era una pena que la vida no fuera perfecta.
Caminaron juntos lo poco que quedaba para llegar a los vestidores. La iluminación de los edificios y el estadio de la universidad daban al césped y los arboles que cercaban el camino un ligero resplandor ocre. Los aspersores encendidos murmuraban rociando de agua el césped y hacía algo de frío… De haber traído saco, a Matt le hubiera gustado ofrecérselo a Sora, y así parecer galante. Pero no traía. Y entonces pensó que solo en ocasiones como aquella era una pena que la vida no fuera perfecta.
Se preguntó que tanto le gustaría Sora a Tai; si intentaría algo con ella solo porque tenía la oportunidad como hacía siempre, o si realmente le importaba algo; aunque Yamato dudaba que fuera la segunda opción. Tai, al igual que él, no solía tener relaciones ni serías ni largas, y Matt no quería que le gustara Sora, no quería que le gustara en absoluto. Sin embargo, ella parecía muy impresionada con el talento futbolístico de Tai. La miró de reojo. Había recuperado el entusiasmo, y caminaba con una sonrisa. Seguramente esperaba felicitar a Tai. Valla que su amigo le llevaba ventaja… Ya la recuperaría.
Es cierto. No puede borrarse el pasado. Él mismo lo había dicho, pero sí que se puede mejorar el futuro, y aunque el futuro no era algo en lo que le gustaba pensar demasiado, si se trataba de algo que le interesaba, pondría todo su empeño en ello. Y ella le interesaba. Le interesaba aún más de lo que se atrevía a admitir; e incluso en aquel momento, viéndola caminar a su lado, con sus cortos cabellos rojizos ondeando alrededor de su rostro y aquella ligera sonrisa plasmada en su rostro, sabía que la querría; quizás aún no, pero sabía que lo haría. Porque Sora era de esa clase de personas a las que dan ganas de amar. De las que se aman tarde o temprano.
Una suave brisa golpeaba su rostro y olía a tierra húmeda.
Yamato levantó sus ojos al cielo por un momento. Estaba nublado, parecía que iba a llover.
Qué horrible clima…
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(*)El libro del señor Ishida es una novela periodística sobre un asesinato, una de las obras más famosas de Truman Capote, autor estadounidense.
N/A:
Hay tanto que podría decir… Podría confesar que este no era el final original que había planeado para este capítulo y que, por un incidente que aún no me atrevo a calificar entre afortunado o desafortunado, debió modificarse; también podría aclarar el por qué de mi manía de describir los cielos y el andar de las personas, o porqué esa insistencia mía con las charlas existencialistas..., Sin embargo, como he quedado satisfecha; dejare que se imaginen lo que mejor les parezca, y desde ya les aviso que desde este punto se empezarán a desplegar muchas situaciones a las que ansiaba llegar y que me encantará escribir. Y sé que la relación entre Matt y Sora puede llegar a parecer un poco extraña, pero me defenderé modestamente diciendo que esas cosas pasan… Pero bueno, otra de las cosas que me gustaría destacar de este capítulo es como se empiezan a conocer nuestros protagonistas. Conocerse, es siempre un viaje. Siempre lo he pensado así; se tiene que pasar por tanto antes de poder decir que se conoce a una persona… aunque incluso cuando pensamos que conocemos a una persona, ésta nos sorprende de mil formas ¿cierto? En fin, disfruten y pásenlo siempre en grande.
Por mi parte, no me queda más que agradecer cada uno de sus comentarios, que para mí realmente valen. Enriquecen lo que escribo, animándome a ser cada vez mejor. Gracias a: CieloRosa, anna kyouyama12, nOcK-nOcK, mariah, shaden y nikkisslove53
Besos,
Kuchiki Rukia-chan
P.D.: "Butterfly" de 12012 es una de las canciones favoritas de Yamato en esta historia.
