EL RITMO DE LA VIDA

Capitulo 8

"¿Bailamos?"

En los vestidores de los Halcones ya se festejaba el pase a la final, que no solo había sido más difícil de conseguir de lo que habían imaginado, y por lo tanto más satisfactorio, si no que también había sido mucho más exhaustivo. La algarabía de la satisfacción y el cansancio feliz que experimentaban todos los chicos se concentraba en la amplia habitación blanca de casilleros color azul fijos a las paredes que rodeaban las bancas, en las que algunos de los miembros del equipo estaban sentados poniéndose los calcetines, mientras otros salían de las duchas o sacaban su ropa de entre sus pertenencias; todo entre constantes exclamaciones y alaridos de satisfacción que se mezclaban con la agradable sensación de la victoria. Los miembros del equipo se felicitaban unos a otros por el buen desempeño realizado. La alegría del éxito, el sudor del esfuerzo y el cansancio feliz se mezclaban fácilmente en un ambiente de compañerismo y alegría compartida.

Unos minutos después entraría el entrenador Komamura a felicitarlos muy a su manera -lo cual significaba que repartiría insultos a diestra y siniestra para después mezclarlos con modestas alusiones al desempeño destacado del equipo en general-, a lo que Naoki, que era el insolente y alegre portero de los Halcones, agregaría:

-Quien se ha robado el partido, es el capitán. Ha estado especialmente sobresaliente hoy.

-Es cierto- coincidió Toho, el segundo delantero-, ¡Se ha lucido, capitán!

-La verdad es que hay un motivo para ello- respondió el aludido, a los elogios de sus compañeros con una sonrisa astuta y sugerente.

-¿Y ese motivo tiene nombre, capitán? –Preguntó Naoki con una sonrisa divertida.

Tai estaba a punto de responder afirmativamente cuando el entrenador Komamura se lo impidió lanzándole un zapato deportivo que se vio obligado a esquivar.

-¡Aquí no hay más razones que el orgullo deportivo, holgazanes malolientes! –gritó enérgicamente el entrenador- y tú, Yagami, te quiero ver blandiendo el doble de habilidad en la final, ¿Me has entendido?

-Eso espero, entrenador –respondió Tai a propósito, para molestar a su entrenador que, aunque lo negara, estaba encantado con la victoria

-¿¡Cómo que eso esperas!? ¡Así es como debe de ser! –exclamó- y apúrense, ¿Acaso no tienen una victoria que celebrar? ¡Los quiero ebrios antes de que amanezca!

-Pero entrenador –empezó Fujita, el asístete personal de Komamura-, creí que los chicos no podían…

-No me importa lo que creíste alfeñique –le reprendió con evidente alegría-, después de un pase a final, en especial si es uno como este, hasta los mejores deportistas merecen un descano de la regla de abstinencia al alcohol.

Los Halcones celebraron con exclamaciones de júbilo la libertad obtenida, aunque de no haberla tenido, la probabilidad de que se pusieran ebrios era igual de alta.

Todos estaban animadísimos, y Tai no lo estaba menos, en especial por que esperaba encontrarse con una linda pelirroja al salir, admirada de su habilidad y decidida a rendirse a sus brazos. Y aunque aquello de esperar que Sora callera rendida en sus brazos era algo surrealista para volverse realidad, lo segundo se cumplió tal y como esperaba.

Apenas los vestidores del estadio universitario estuvieron vacíos y los miembros del equipo hubieron salido, Tai se encontró a Sora esperándole afuera del edificio, lo suficientemente alegre e impresionada como para que se sintiese satisfecho.

-¡Felicidades por la victoria! –le recibió ella contenta

-¡No hay un abrazo de recompensa para el vencedor? –preguntó Tai sonriente aprovechando la efusividad de la pelirroja

-¡Claro que no!-rió Sora haciendo un gesto negativo con la cabeza

-Valía la pena intentarlo – dijo Tai encogiéndose de hombros

-Puedes volverlo a intentar si anotas el último gol de la final –le autorizó Sora sonriente-, quizás tengas más suerte

-Entonces me encargare de hacerlo – le aseguró entusiasta- ¿y donde está Tk? No me digas que te ha dejado sola durante el partido por que si es así, le voy a…

-¿Tk?-preguntó Sora extrañada- No he venido con Tk ¿Por qué lo dices?

-En realidad ha venido conmigo –dijo Yamato apareciendo a lado de su amigo y apoyando el codo en su hombro.

Tai lo miró sorprendido.

-¡Valla, esto si que no me lo esperaba! –dijo Tai recibiendo a su amigo alegremente, pues Matt rara vez solía asistir a los partidos de Tai, al igual que éste rara vez se presentaba el viejo almacén para ver al rubio tocar.

Esos eran aspectos de sus vidas en los que por lo general ambos se mantenían al margen. Y es que, por más amigos que fueran, tenían preferencias y aficiones en los que no coincidían. El fútbol y la música eran unos de ellos. Sin embargo, eso no significa que fueran enteramente distintos, pues en realidad a menudo compartían gustos y similitudes... Como prueba de ello tenemos a la alegre pelirroja que se encontraba parada frente a ellos.

- - -

Justo en ese momento, en el aeropuerto Norita de Tokio, un avión con una bandera extranjera de logo, descendía del cielo, y ya lejos de las nubes, se acercaba a la pista hasta tocar tierra. El ruido de las turbinas rasgaba el viento ensordeciendo a los oídos sensibles de la atmósfera. El avión se deslizó un centenar de metros por la pista de aterrizaje, disminuyendo su velocidad hasta detenerse por completo. Unos minutos después las compuertas se abrieron, y de las escalerillas recién desplegadas, empezaron a descender los pasajeros.

De la puerta de primera clase bajó primero una joven tan alta como delgada, de agradables facciones y de grandes ojos cafés, que cubría a medias su larga cabellera ondulada con un sombrero extravagante. Sus altos zapatos de plataforma no le impidieron bajar las empinadas escalerillas ni sostener con seguridad maleta de mano, la cual era tan rosada como alguna vez lo fuera su cabello, pues en efecto, la chica no era otra que Mimi Tachikawa, quien con su llamativa presencia era capaz de hacer voltear a cuanta gente pasaba a su lado, y es que sus largas piernas y su modelada figura bastaban para llamar la atención de todo espécimen del género masculino que la viera pasar, así como sus congéneres eran tanto más atraídas por su atuendo de última moda, el cual resaltaba entre la multitud, y ni que decir cuando se hizo de su equipaje, pues sus maletas eran tan coloridas como su persona, haciendo de ella un espectáculo digno de verse. Y es que ¿Qué otra cosa son las salas de espera de los aeropuertos si no un verdadero espectáculo? Gente entrando y saliendo, con destinos tan variados como las razones que cada persona tiene para partir. Diferentes nacionalidades y diferentes portes y, en definitiva, diferentes estilos. Pues bien, Mimi tenía un estilo de esos con los que da gusto toparse, y es que su originalidad y buen gusto resaltaban a leguas, y tanto color y aparatosidad eran imposibles de pasar por alto. No hubo quien no repara en mirarla, y todas estas miradas la siguieron hasta que se hubo subido al taxi que la llevaría a la ciudad de Tokio.

- - -

Las luces de la ciudad iluminaban la oscuridad de la noche impidiendo que los mortales vean con claridad el brillo que emiten las estrellas desde el suelo rodeado de oxigeno contaminado.

El universo lejano y Tokio brillando.

Las luces de los edificios, los anuncios espectaculares, los faros de los automóviles y la iluminación urbana en su totalidad daban vida a la ciudad, haciendo agradable transitar de noche… Eran las once de la noche y la gente iba y venía. Los semáforos en rojo detenían momentáneamente a los autos y la luz verde los liberaba de la espera. Siempre resulta sorprendente cuanta prisa tiene este mundo. A pesar de ello, así como muchos tienen un millón de cosas que hacer, otros tantos no, y se dedican a no hacer nada y pasarla bien.

Aquel martes por la noche, a menos de una semana de que las vacaciones terminaran, había un lugar en la capital del Japón que era ideal pasarla de noche. Shimokitazawa, una zona rodeada de universidades e infestada de establecimientos de todo tipo, es el lugar indicado. De calles pequeñas y estrechas, y con una abundante concurrencia de gente joven, resultaba un lugar muy agradable, con todo lo necesario para disfrutar de una noche como aquella, desde sentarse a tomar un café en alguna pintoresca y confortable cafetería, comer en cualquiera de sus numerosos y muy variados restaurantes o hasta cantar en un karaoke. En definitiva, una zona muy popular en Tokio. Y era justamente en uno de sus tantos clubs nocturnos de Shimokitasawa donde los Halcones celebraban su pase a la final, que de hecho sería en cuatro días, y de la que querían olvidarse por una hora. El entrenador Komamura, a pesar del permiso otorgado, se encargaría de recordarles sus obligaciones al día siguiente.

Después de salir del estadio universitario habían acordado ir a beber algo y divertirse en recompensa por el buen trabajo realizado en el partido, como solían hacer siempre que les iba particularmente bien y deseban recompensarse a sí mismos… ¿Y qué mejor lugar para hacer eso que un centro nocturno?

Entre los integrantes de los halcones y los amigos que les acompañaban, ya ocupaban un rincón confortable con dos mesitas redondas de centro en el establecimiento elegido; sin embargo, más de la mitad estaban en la pista de baile y un par más en la barra, por lo que el rincón estaba prácticamente vacío. Las luces y las pantallas mezcladas con la música electrónica creaban confusión entre la oscuridad y los cuerpos danzantes moviéndose sin parar y creado una masa de gente móvil en la pista creaban un muy buen ambiente.

Las únicas dos personas de dicho grupo que mencionara estaban en la barra, eran precisamente Taichi y Yamato, quienes charlaban cada uno con un vaso de bebidas alcohólicas en la mano, aunque en ese punto todavía estaban bastante sobrios.

-Me alegra que vinieras al partido –dijo Tai a su amigo-, en especial por que no te gusta el fút… Debes de haberte aburrido de lo lindo… Me pregunto que tan mal le estará yendo a Tk

-Lo único que sé, aparte de que, efectivamente, me aburrí como una ostra –empezó Yamato después de llevarse el vaso a los labios-, es que Tk preferiría estar en cualquier lugar antes que en casa recibiendo una espléndida regañada de parte de mi adorable madre y mi aún más encantador padrastro. Eso lo aseguro. Ser nuevo en el arte de romper las reglas no es fácil.

-¡En especial cuando se trata del bueno de Tk! -agregó Tai-, espero no haberlo corrompido con mis célebres costumbres.

-Es tarde para eso –rió Yamato-, basta pasar diez minutos contigo para perder la seriedad, la vergüenza y hasta la cordura.

-¡Qué exagerado!- se quejó Tai

-No digo más que la verdad –dijo Matt como si decir aquello fuera un axioma universal-, eres la peor influencia que se pueda encontrar

-¡Mira quién habla! Si tú eres peor influencia que yo –se defendió el moreno-; además, de haber sabido que hablaba con Natsuko en la tarde, no le había arrebatado el celular… Creo que debería pensar en suavizar mis técnicas de persuasión

-¿De qué hablas? –Se burló Matt- de haberlo sabido, de todas formas se lo habrías arrebatado para hacer que te escuchara.

-Si, tienes razón –admitió Tai-, pero no me puedes culpar. No te podía pedir a ti que llevaras a Sora, por que era evidente que no te caía bien. Aunque por lo visto eso ha cambiado. Hasta parece que le agradas. Y eso que no la dejabas en paz.

-Eso espero –murmuró Matt evidenciando apenas su cometido

-¡Ajá! ¡Entonces es cierto que te gusta! – Exclamó Tai triunfante. Yamato lo miró interrogante ante tal declaración, a lo que su amigo respondió encogiéndose de hombros-, Tk me dijo que lo sospechaba. Yo no le creí al principio, pero por lo que dices…

-Lo que me faltaba, un hermano soplón…

-Yo mejor lo llamaría sagaz -dijo Tai alegre-, pero dime, dime como fue que cambiaste de opinión respecto a ella

-¿Qué quieres que te diga? –dijo Yamato sonriendo débilmente-, es cierto que es linda. No lo niego.

-¡Y yo que pensé que lo admitirías! –Soltó Tai sorprendido- casi me engañas ¿sabes? Ya sabía yo que mi buen ojo nunca falla, y ella no iba a ser la excepción; y es que ¡Dios! Solo hay que verla para darse cuenta lo guapa que está –se giró, ya que había estado recargando los codos en la barra, y alcanzó a divisar entre la gente una cabellera pelirroja que se movía al ritmo de la música en la pista de baile.

-Y es obvio que a ti también te gusta…-empezó Yamato

-¡Pues claro! Y es un desperdicio que no sea yo quien esté bailando con ella –se lamentó Tai-, ese idiota de Naoki se me adelantó inesperadamente, y eso que el muy sinvergüenza siempre le dice a su novia que no le gusta bailar

-¿Tiene novia? –Preguntó Matt con una sonrisa burlona-, pobre de ella… Parece ser un imbécil.

-¡Lo es! –afirmó Tai riendo-, pero aún así, no hay balón que no pueda interceptar, y según fanfarronea, tampoco hay chica que se le resista, así que yo creo que será mejor que valla a rescatar a mi dulce vecinita de sus peligrosos tentáculos

-En cinco minutos voy a tener que decir lo mismo de ti –dijo Yamato al tiempo que su amigo se levantaba de su asiento.

Tai le sonrió.

Eso olía a competencia.

-Mis tentáculos son mucho más pegajosos –respondió resuelto mostrando presuntuosamente sus brazos al remangarse la camisa de manga corta-, y a la mejor, con un poco de suerte, la damisela no querrá ser rescatada.

Matt le devolvió la sonrisa.

-Ya veremos… -dijo simplemente, y Tai asintió alegremente; después de eso, Yamato vio a su amigo perderse entre la gente que se hallaba en la pista de baile.

Lo cierto era que a Matt no le importaba en absoluto rivalizar con Tai; después de todo, habían competido millares de veces en un sin fin de situaciones diferentes, y esto no había cambiado nunca desde que se conocían. Fue así como se volvieron amigos. Eso sí, nada era más complicado que competir por la atención de una chica, eso lo sabían perfectamente; en especial por que ya había sucedido una vez. Esto a causa de "La Francesita", como a Matt le gustaba llamarla.

En aquella ocasión Tai había ganado, y con una ventaja bastante amplía, cabe mencionar. Al final de cuentas, Yamato aceptó la derrota con mucha dignidad. Después de un tiempo los dos amigos empezarían a fingir haber olvidado que la competencia alguna vez había existido, y con el pasar del tiempo realmente llegaría a ser así. Ese acuerdo tácito entre los dos, que seguían manteniendo, lo hizo todo mucho más fácil.

Después de un corto tiempo de noviazgo, Catherine ("La Francesita" resultó sí tener nombre), se mudó al departamento de Tai, y desde entonces serían muy muy felices… Los primeros cuatros meses. Pues, como todo lo que empieza maravillosa y desenfrenadamente en esta vida, la relación de Taichi y Catherine terminó desmoronándose entre ruinosos pedazos de humanidad. Y a pesar de que Matt siguió pasando mucho tiempo en el #743, siempre se mantenía al margen de los asuntos afectivos de su amigo. A los seis meses Tai y Catherine rompieron… ¡Y vaya que rompieron! Tai la sorprendió cierto día en los brazos de otro hombre –y eso sólo por no hacer más especificaciones-; aunque siendo francos, eso no lo afectaría tanto, especialmente porque él también le era infiel, e incluso le había sido infiel en varías ocasiones… Aún así, el punto aquí es que a él nunca lo descubrieron, por lo que se podría decir que era la víctima. Después de aquel gran descubrimiento no le fue difícil sacarla de su ex–nidito de amor, en especial cuando podía fingir libremente indignación sin el mayor remordimiento, ya que sus amigos estaban allí para apoyarlo y recordarle que él había sido el agraviado, ofreciéndole constantemente un hombro para lamentarse, por no decir "para llorar". Apenas Catherine cruzó la puerta de salida del edificio departamental Komatsu con todas sus pertenencias apretujadas en un par de maletas, se dirigió a su nuevo y oficial novio, quien la esperaba en un cadilac azul en el estacionamiento; y Tai, quien la observó desde su ventana, después de verla subir al auto para marcharse, sólo tuvo que esperar unos minutos antes de recibir una llamada de Ayase, su nueva novia, aunque no "oficial". Después de lo de Catherine, ninguna sería oficial para Taichi. Y es que por mucho que el moreno lo negara, "La Francesita" había dejado huella, así como sucede en todas las relaciones apasionadas y tormentosas.

Así pues, Sora Takenouchi era la nueva manzana de la discordia entre los dos. Solo que en esta ocasión Yamato no estaba dispuesto a dejarse vencer por su mejor amigo.

Sin embargo, con lo que los dos amigos no contaban, era que ésta manzanita no se parecía en nada a la anterior; y tanto su temperamento como su historia eran completamente diferentes, así como el resultado de la contienda que pretendían emprender…

Tuvieron que pasar más de dos horas antes de que Sora dejara la pista de baile, y es que si no era uno, era otro quien la invitaba a bailar… Y ella, que hacía mucho que no se divertía tanto, no se atrevía a negarse. Sin embargo, ninguna de sus parejas de baile tuvo cabello rubio y ojos azules, como secretamente esperaba… Y cuando por fin se sentó, estaba tan cansada que le costaba respirar, y tuvo que apurar un vaso de soda para tratar de disminuir el calor, aunque eso sí, su humor estaba de lo mejor.

Yamato por su parte, había pasado todo el tiempo charlando con cuanta muchacha se había acercado a coquetearle, lo cual no era decir poco. Y es que no era novedad que su aspecto le granjeara gran popularidad, y más chicas de las que podía recordar se acercaban para charlar con él, aunque se da por sentado que no que le interesaba gran cosa lo que tenían que decir. Era increíble como algunas de esas chicas sentían que realmente había congeniado con él y ofrecían sus números telefónicos con la esperanza de que algún día las llamara. Cierto es que pecaban de ingenuas, pero también es cierto que Yamato no hacía nada para sacarlas de su error y es que le gustaba divertirse viendo sus caras de excesivo interés y sus provocativas y sugerentes maneras de charlar y moverse… Más sus admiradoras tuvieron que rendirse cuando Yamato se excusó casi groseramente al ver como Sora tomaba asiento a un par de metros de donde se encontraba y se adelantaba para tomar asiento a su lado.

Al verlo, Sora apenas si se inmutó y con un ligero gesto hecho con la cabeza le permitió tomar el asiento vacío que se hallaba junto a ella. Aunque la intención de Matt no era esperar a que le dieran permispo.

-¿Cansada? –preguntó Yamato observando como la aún agitada respiración de Sora le dificultaba tomar un sorbo a su bebida.

-Algo… -afirmó Sora-, hacía mucho que no bailaba. Casi me había olvidado cómo se hacía

-Pues parece todo lo contrario –empezó Yamato mirándola con inteligencia-, yo diría que más bien que tienes mucha practica…

-¿Me has estado observando mientras bailaba? –Preguntó Sora extrañada-, parecías demasiado ocupado con tu amiguitas como para fijarte en nada más.

-¿Qué? ¿Estás celosa?

-¿De ti? –ser burló Sora-, no lo creas. Solo te miré por casualidad.

-Está bien. No te sientas especial –dijo Matt insolentemente, para después aclarar-, yo solo te miré porque sería imposible no voltear a verte cuando tienes de pareja al torpe de Tai y él decide dar una patada voladora en medio de la pista. De hecho, me sorprende que no haya ningún herido.

Sora rió, aunque no dijo nada al respecto. La verdad es que Tai tenía ideas extrañas respecto a lo que se podría considerar ser un buen bailarín.

-Y hablando de él –prosiguió Yamato-, ¿Dónde está? Me había asegurado que no te dejaría escapar de sus tentáculos en tanto le fuera posible

-¿Sus tentáculos? –volvió a reír Sora-; bueno, creo que decidió dejarme por una nueva "presa" después de la patada voladora… Me imagino que le parecí demasiado aburrida para sus pasos innovadores.

Yamato estaba seguro de que no era así, y podía jurar que en ese momento Tai ya estaba tan ebrio que ni siquiera había notado cuando es que había cambiado de pareja.

-¿Y tú? –Preguntó Sora- ¿No bailas?

-Solo cuando una chica linda chica me lo pide –dijo haciéndose el interesante pasándose una mano por la cabellera rubia, en un gesto más bien gracioso

Sora levanto una ceja, aunque sin decidirse a burlarse de él.

-¿Y si las chicas esperan que seas tú quien las invite? –volvió a preguntar guardándose el comentario acerca del gesto de Yamato

-¿Por qué? –Preguntó éste sonriendo- ¿Quieres que te invite a bailar?

-Yo no dije eso -se apresuró a contestar Sora algo molesta de que cierto tono rosado cubriera repentinamente sus mejillas-. Además, no bailaría con alguien que se considera demasiado.…

Tommy February6 comenzaba a sonar en la pista con "Kiss one more time". A Sora le encantaba esa cantante, pero en definitiva, no iba a decírselo a Yamato, y fue quizás por esa razón que se sorprendió cuando él, muy decidido, se levanto de su asiento.

-¿Bailamos? –le preguntó, ofreciéndole una mano.

-Creí que habías dicho que solo bailabas cuando una chica linda te lo pedía –dijo Sora sin decidirse, pues no sabía si Matt solo pretendía bromear a su costa

-Solo hago excepciones con las chicas lindas que son demasiado tímidas para pedírmelo ellas mismas

-Yo no soy tímida –se defendió Sora aún algo turbada por la repentina invitación-, ni tampoco quiero que me invites a bailar por compromiso

-Nunca hago nado por compromiso… Así que baila conmigo.

Sora pudo haber protestado, pero por una vez, se permitió aceptar que Yamato no bromeaba y decidió que se dejaría llevar por aquella suave sonrisa, pues la verdad –y aunque no le gustara admitirlo del todo-, sí quería bailar con él. Tomó su mano y se dejó guiar hacía la pista de baile. Le sorprendió descubrir que su tacto era más cálido de lo que había imaginado y que la forma en la que sujetaba su mano fuera tan delicada. Le recordó cuan agradable había sido estar apoyada en su pecho y cuan reconfortante era su espeso perfume.

Y así, al estar uno frente al otro, bailar resultó de lo más natural, como si sus movimientos congeniaran sin esfuerzo alguno. Era raro, porque bailando no había razón para discutir –y desde que se conocían no había hecho otra cosa-, estando así, solo ellos dos, rodeados de una multitud de gente que parecía desaparecer con cada roce de su piel, con cada respiración cercana y con cada una de sus miradas cruzándose furtivamente, entre cada pestañeo.

Que atrayente sensación.

Yamato era mucho más directo, y delineaba con sus ojos cada una de las formas de Sora sin disimulo, mientras que ella solo le miraba ocasionalmente entre momentáneos descuidos en los que su curiosidad podía más que el dominio de sí misma. Quería verle, pero tenía que él lo supiera. No sabía exactamente por qué.

Sin embargo, los intensos ojos azules de Yamato la descubrían observándolo de vez en cuando, y aunque aquellos instantes apenas si duraban fracciones de segundos, Sora alcanzaba a descubrir en sus facciones una casi imperceptible satisfacción, más no podía percibir ninguna inquietud en sí misma, como si el bailar simplificara todo lo que en otras circunstancias la hubiese provocado una reacción evasiva de su parte.

Y así, ni el cansancio, ni el calor, ni la sed, ni los ocasionales empujones los molestaron; era como si pudieran seguir así para siempre sin importar cuantas cosas pasaran alrededor. Que ligero les parecía todo entre la música y el sudor...

Bailaron juntos todo lo que quedó de la noche, sin parar a descansar ni un instante, y era sorpréndete lo mucho que llamaban la atención a pesar de estar rodeados de una multitud de jóvenes danzantes, y es que entre las rechazadas admiradoras de Matt y las parejas de baile de Sora, ya formaban una cantidad considerable de personas que desearían estar en los zapatos del rubio o la pelirroja… Ambos atractivos, y ambos bailando como si no existiera nada más a su alrededor, demasiado concentrados el uno en el otro…

Así siguieron hasta que las canciones más nuevas y movidas fueron remplazases por los clásicos y más tarde, por las baladas. Entonces, sin razón aparente y como impulsados por la misma invisible inercia, se detuvieron.

Permanecieron inmóviles frente a frente. Las parejas a su alrededor se abrazaban y se movían al compás de la música suave, mientras que los que ya estaban borrachos cantaban las letras con toda la fuerza y sentimiento de que eran capaces. Mientras tanto, Sora y Matt se miraban sin decidirse a deshacerse de la distancia que los separaba, pero cuando "Someday" de "Jonh Legend" comenzó a sonar, pareció que aquella ligera duda que los separaba se hubiese esfumado y con delicadeza se aproximaron hasta estar tan cerca que pudieron apreciar el calor del otro.

As days go by and fade tonights

I still question why you left

I wonder how it didn´t work out

but now you´re gone

and memories all I have for now

but no it´s not over

we'll get older we'll get over

we'll live to see the day that I hope for

come back to me

I still believe that

we'll get it right again

we'll come back to life again

we won't say another goodbye again

you'll live forever with me…

Yamato rodeó a Sora por la cintura con sus brazos y ella respondió apoyando sus manos sobre sus hombros para después descansar la cabeza sobre su pecho. Era curioso como después de tanta agitación luego de bailar, eso era lo único que parecíar necesitar… Y resultaba tan reconfortante

Mientras bailaban, aun sobre la música resonando entre los bailarines, y Sora recargada en el pecho de Matt, ella supo que allá afuera llovía.

Había estado nublado todo el día, y tenía la certeza de que en ese momento, las gotas de cristal provenientes del cielo se estrellaban contra el pavimento insensible. Y así, al igual que las gotas saben que se precipitan a su fin al salir de las suaves y protectoras nubes, ella se sentía arrastrada por un sentimiento intenso, el cual sabía casi inciertamente -por algún extraño presentimiento que la seguía desde que podía recordar-, que no tendría un final feliz.

Someday, someday

we'll be together

someday, someday

we'll be together…

Aquella fue la primera vez que bailaron juntos… La primera de otras tantas que traería el futuro… Aquel futuro que Sora veía con alentadora esperanza y al que Matt aun no dejaba de temer…

Aunque aquello, en aquel momento, no importaba. Solo importaba aquel abrazo entre los dos.

Aquel abrazo y la lluvia que caía allá afuera, anunciando un incipiente por venir.

Continuará…

.

.

.

.

.

N/A:

Este capítulo es especial para mí, porque tarde mucho en terminarlo… Y no hablo necesariamente del tiempo. El primer baile es siempre tan especial… Y se queda en nuestras mentes indeleble al tiempo. Así que espero que les haya gustado u,u

Gracias como siempre por los reviews T,T. Son geniales! Gracias a: NickkissLove53, Lime1085, rck_sorato, Umi-lizs5, ANGELA SORATOMANIA, CieloRosa y SoraTakenouchii

Los quiere,

Kuchiki Rukia-chan

P.D.: En esta ocasión, dos canciones geniales: "Kiss me one more time" de Tommy February6, a quien veremos nuevamente en el futuro en sus variantes con canciones que representaran a Sora; y a Jonh Legend con "Someday". Adoro esa canción.