EL RITMO DE LA VIDA
Capitulo 9
"Una Decisión Desesperada"
Una semana había pasado desde el partido de Tai. Una semana desde aquel día de lluvia en que Sora y Matt habían bailado hasta que el amanecer los obligara a despertar de aquel aletargado abrazo que los unió durante el que fuera su primer baile…
Desde entonces habían pasado muchas cosas; entre ellas, el partido de la final de Tai, al cual asistió Sora como había prometido y que, cabe mencionar, perdieron por casi nada; así que el capitán de los Halcones se tuvo que conformar con un par de palmadas en la espalda como consolación por parte de la pelirroja en lugar del abrazo de la victoria; aunque eso sí, los besos y mimos por parte de su querida hermana Kari, quien también asistió junto a sus padres, los tuvo a montones. Por otra parte, Matt y Sora se vieron en un par de ocasiones en el transcurso de la mencionada semana, e incluso salieron juntos en una ocasión, aunque solo fue porque Yamato se había ofrecido a mostrarle a Sora la que era, según él, la mejor tienda de música que podría encontrar en Tokio, y aunque Sora no sabía si darle la razón por entero, no se podía quejar, pues Boody J-Mary era un extenso y muy surtido establecimiento de música… El caso aquí es, que el rubio y la pelirroja se llevaban realmente bien, y esperaban cualquier ocasión para pasar un momento juntos, o aunque fuera solo para verse de vez en cuando, ni siquiera necesitaban mantener una conversación. Pasar un rato juntos estaba bien. A Sora le agradaba Matt, y él sabía, con secreta satisfacción, que le llevaba ventaja a su mejor amigo, quien hasta ahora, solo podía recordar la mitad de lo que había ocurrido en aquella noche de fiesta de lo ebrio que se había puesto.
Mientras tanto, el ingreso a clases había tomado a Sora desprevenida y sentía que sus habilidades metódicas escolares se habían atrofiado durante un largo periodo de inutilidad, en el que no solo no había asistido a la escuela, si no que no se había acercado a nada parecido a un libro de texto, en especial porque lo único que solía leer eran novelas literarias, y no era afecta a las revistas informativas y mucho menos a los periódicos, por lo que bien podría haber ocurrido un desastre natural en el centro de la ciudad y ella no se enteraría si no hasta que lo veía con sus propios ojos y esto, por mera casualidad. Así pues, de camino a su primer día de clases estaba algo nerviosa y temía no recordar cómo es que se utilizaba una pluma, más no tardaría en darse cuenta al ingresar a la que sería su nueva escuela, que aquello en ese lugar, no importaba gran cosa.
Entrar en una escuela de diseño era toda una experiencia nueva para ella, en especial tratándose de una como El Instituto de Arte y Diseño Yazawa. Y no era de extrañarse que la sorprendiera grandemente, en especial el primer día. Sería difícil olvidar su primera impresión. El edificio altísimo, pero apenas de cinco plantas estaba pintado de diversos colores llamativos y poblado de personas que portaban en su vestimenta colores aun más extravagantes, mezclados con estampados y hechuras tan llamativas como espectaculares. Al ver toda aquella aparatosidad, pensó que ella, con su ropa común debería camuflarse con el cemento del suelo; más eso no importaba gran cosa, en especial cuando estaba demasiado ocupada observando a su alrededor… Y es que era difícil imaginar una exhibición de creatividad mayor a la que representaban aquel sinnúmero de estudiantes con su aspecto y entusiasmo. La clásica algarabía del primer día estaba presente en cada rincón: gente saludándose mutuamente con toda clase de muestras de afecto por el reencuentro luego de vacaciones, las risas provocadas por las experiencias contadas, la clásica curiosidad de los estudiantes veteranos por los nuevos y el interés nervioso de los nuevos por los veteranos, todo eso y más sucedía en el vestíbulo escolar, así como en los pasillos y jardines exteriores. El ambiente que se podía respirar allí era de entusiasmo y de abierta alegría, por lo que a Sora no le costó trabajo incorporarse a aquel ambiente, pues en un par de horas ya se encontraba en su salón de clases charlando con un grupo de chicos y chicas que formaban parte de su curso y que hablaban sobre lo primero que se les ocurría. Acababan de tener su primera clase y había mucho de que charlar.
-¿Y tú por qué decidiste estudiar diseño de moda? –le preguntó interesada su vecina de asiento, una chica con el cabello teñido de rosa y recogido en dos coletas rizadas llamada Miwako que vestía un ancho vestido de estampado a rayas muy llamativo
-Pues… La verdad es que siempre me ha interesado la expresión humana, y creo que es en la cotidianidad donde se debería desarrollar dicha expresión, y no hay nada más cotidiano que la vestimenta que usamos así que…
-¡Tienes razón! –exclamó Miwako alegremente interrumpiéndole sin intención-, debemos hacer arte de cada pieza que creemos…
-¡Hay, Miwako! Si tú nunca has diseñado nada en tu vida –la cortó Arashi, un chico alto y rubio vestido al estilo punk y con una cantidad impresionante de piercings, quien se recargaba en el asiento de enfrente a las chicas
-¿No? ¿Y entonces donde compraste tu vestido?, –se extraño Sora-, pensé que tu lo habías hecho, porque es muy original
-¡Ay, es que este vestido lo diseñó mi hermana mayor! –respondió con orgullo fraternal- Ella tiene su propia tienda en el centro de Tokio, ¡Happy Berry!
-¿De veras? –dijo Sora impresionada- Happy Berry es una tienda fantástica…
-¡Si! ¡Y mi sueño es algún día poder ayudar a mi hermana como diseñadora!
-Para lograrlo debes poner todo tu empeño en ello –agregó Isabella, una chica muy hermosa de una larga y ondulada cabellera morada vestida con aparatosidad al estilo británico antiguo, quien en realidad… era un chico. Los detalles se los pueden imaginar…
-Más que esfuerzo, lo que se necesita es talento –intervino George, un chico en extremo apuesto de ojos tan azules como su cabello, y que irradiaba estilo, aunando a eso su voz profunda, podría parecer irresistible-, y esta escuela sirve para demostrar dicho talento, así que me imagino que todos querrán participar en el festival de Noviembre...
-¡Claro que sí! –exclamaron Arashi y Miwako al mismo tiempo
-¿De qué se trata festival de noviembre? –preguntó Sora, quien no sabía a qué se referían.
-¿Cómo puedes estar en esta escuela y no saberlo? –se extraño George- El Instituto Yazawa es famoso por ese festival
-Los estudiantes que se inscriben en él, compiten entre ellos para crear el diseño más innovador –agregó Arashi orgulloso de dominar el tema
-Y no solo tienen la oportunidad de mostrar uno de sus diseños ante el profesorado y reconocidos diseñadores, si no que el ganador obtiene una beca para estudiar en el extranjero –concluyó Isabela
-¿En serio? No lo sabía…
-Y ahora que lo sabes ¿Piensas participar, Sora? –preguntó George recargándose en la banca en la que estaba sentada
-No lo creo… No me interesa estudiar en el extranjero. Aunque competir sería extraordinario. -respondió al mismo tiempo que miraba al exterior por la ventana que se encontraba a un costado del salón y por la cual se entreveían los jardines centrales de la escuela, imaginando todas las ideas que debían de tener los demás estudiantes, listos para convertirlas en realidad.
-Que chica tan poco ambiciosa eres, Takenouchi –dijo Arashi rascándose la alborotada cabellera rubia, sin comprender como es que a alguien no le interesaría estudiar en el extranjero.
-¿Es que acaso eres hija de algún gran empresario y ya conoces medio mundo? –bromeó George, quien sí era hijo de un gran empresario, aunque, por ser ilegitimo, no tenía libertad para viajar por el mundo con el dinero de su padre.
-Simplemente no me llama la atención -y se encogió de hombros, aunque su semblante se había visto ensombrecido apenas por unos segundos, asiéndolo imperceptible para quienes la rodeaban
Pero Sora no se vio en la necesidad de explicar nada puesto que Miwako, muy oportunamente, cambió el tema.
El resto de su primer día de clases en la Universidad Yazawa transcurriría entre múltiples experiencias divertidas, más gente nueva y profesores tan exigentes como variados, los había de todo tipo: los irritables con pinta de mal geniudos, creativos de ideas exóticas, el inexperto que quiere ser amigo de los alumnos y el típico profesor no tan joven del que las alumnas –y algunos alumnos-, se enamoran. Entre las materias que más le llamaron la atención estuvieron Historia de la Moda y su materia base, Diseño de Moda, para la cual, ya tenía tarea y cierto requerimiento fuera de lo usual…
-¿Cómo que tu profesor de diseño quiere que consigas una modelo? –preguntó Tai en cuanto Sora le contó cómo se la había pasado en su primer día de clases- Creí que trabajaban con maniquíes y cosas de esas…
- Así es, es solo que para nuestra presentación final necesitaremos una modelo, una de verdad –aclaró Sora, quien ya estaba preguntándose donde demonios conseguiría una-, y el profesor nos aconsejó que empezáramos a buscar una, ya que encontrar una adecuada para cada estilo particular es del todo fácil.
Estaban en el departamento de Tai, en aquella salita que para Sora ya se había vuelto un lugar habitual donde pasar el rato. Si necesitaba algo o si simplemente no tenía nada que hacer en su solitario departamento, solo necesitaba atravesar el pasillo y tocar en la puerta del fondo con el 743 en la puerta, donde sabía que siempre podía pasarla bien en compañía de aquellos chicos que sin saber como, ya se habían convertido en sus grandes amigos.
-¿Y estás segura que necesitas "una" y no "un" modelo? –Empezó Tai-, porque, no es por presumir, pero tengo un cuerpo digno de admirar… -y al decir esto se levanto la camisa para mostrar su bien marcado abdomen-, y creo que me iría muuy bien en las pasarelas…
Sora no pudo evitar reírse y es que, a pesar de que Tai lo decía como broma a medias, el imaginárselo dentro de un vestido de noche en una pasarela le resultaba hasta indefinible punto hilarante.
-Me alegra ver que estés tan seguro de ti–consiguió decir después de atenuar su risa-, pero me temo que no puedo cambiar el hecho de que sea "una" modelo lo que necesito.
-Que pena, sé que conmigo todo habría salido estupendo -dijo al tiempo que hacía uso de su inconfundible pose de superhéroe henchido de orgullo, ignorando el hecho de que Sora no parecía impresionarse con su figura de atleta consumado.
-Prometo pensar en ti cuando haga atuendos masculinos –agregó Sora sonriente en compensación de aquella imagen de Tai en vestido que se había instalado en su cerebro, que le haría reír siempre que la recordara
-¿Segura que no se te olvida? Por que estoy seguro que si a mis múltiples cualidades les agregara el modelaje, mi popularidad con las chicas se elevaría a la estratosfera
-Tan segura estoy de que no se me olvida como de que no tengo ni la menor idea de cómo conseguir una modelo para presentar el lunes de la semana que viene…
-¿Y eso es estar mucho, o poco segura? –preguntó Tk quien acababa de entrar en la estancia con su afabilidad acostumbrada, para después sentarse a lado de Sora y echar una hojeada a los apuntes que le enseñaba a Tai
-Puedes estar seguro de que mucho –respondió Sora
-De todas formas no sé a qué te refieres ¿De qué hablan? –preguntó Tk que al entrar había dicho lo primero que le había pasado por la cabeza, aun cuando no tenia idea de que hablan sus amigos -, desde la recamara creí escuchar algo sobre la estratósfera… y Tai de modelo. Me perturbó tanto la idea que tuve que venir a enterarme de que hablaban con la esperanza de que sería todo producto de mi imaginación…
-Muy graciosito, enano –se quejó Tai haciéndose el indignado
-¡Noo! ¿Eso quiere decir que no fue producto de mi imaginación? –dramatizó Tk poniéndose las manos en la cabeza como si se jalara los cabellos- Ya no podre dormir esta noche…
-¡Ay, por favor! Si tengo todo el perfil de salir en una portada de revista –se jactó Taichi entusiasmado-. Dame unos cuantos años más y estaré en la primera plana de los deportes nacionales
Tk tuvo que esperar un momento antes de poder amortiguar su risa por completo, para después decir de buena gana:
-¿Sabes, Tai? Es mejor tener la boca cerrada y parecer estúpido, que abrirla y disipar la duda
-¡Mark Twain!–exclamó Sora después de que Tai se cobrara el comentario de Tk con un puñetazo en el brazo del rubio-, Acabas de citar a ese escritor, ¿No es así?
-¿Le conoces? –preguntó Takeru sobándose el brazo, que empezaba a amoratársele
-Claro ¿Quién no? –dijo Sora contenta; Tk miró de reojo a Tai, quien parecía dispuesto a emparejarle el otro brazo, así que omitió el comentario que tenía en la punta de la lengua, pues usualmente cuando hablaba con frases provenientes de libros nadie lo notaba, aunque eso no era de extrañarse puesto que su compañía habitual era Tai, quien aparte de comics, no leía nada; exceptuando sus libros de textos, y esto por obligación-, he leído varios de sus libros –continuó Sora-, después de todo, son clásicos norteamericanos
-¿De veras? Yo me considero su admirador, hice un reporte sobre él para clase de literatura y esa frase fue mi lema durante meses.
-¿Así que has estado citando a ese tipo todo este tiempo? –preguntó Tai, en quien Takeru había empleado numerosas veces dicha frase
Sora rió y desvió la conversación hacia autores más contemporáneos. Por su parte, Tai no podía estar más aburrido, viéndose momentáneamente excluido de la charla. Por lo que decidió que se consolaría mientras jugaba con su portátil, el cual por cierto, había sido su mayor consuelo después del segundo lugar obtenido en la final de la temporada.
Un par de días después de eso, las clases se habían intensificado y Sora ya tenía deberes, aunque no tantos como sus vecinos, pues luego de enterarse del profundo interés de Takeru por la literatura y de que su intención era estudiar letras al acabar la prepa, se vio aun más sorprendida al enterarse de las carreras estudiaban Taichi y Yamato. Resultó que el chico Yagami, a pesar de tener un beca deportiva, tenía como licenciatura la de Relaciones Internacionales, y que sus talentos no se reducían al área deportiva, siendo los debates su punto fuerte. Por su parte Yamato, a pesar de tener como prioridad la música, estudiaba una Licenciatura en Ciencias Físicas, siendo, para sorpresa de Sora, el segundo mejor promedio de su generación, según afirmaba Takeru. No cabía duda de que esos chicos no dejaban de sorprenderla, en especial por ser siempre tan desenfadados y alegres, que pareciera imposible pensar que tuvieran tantas cosas por las que preocuparse, o mejor dicho, tantas cosas por las que ella estaría preocupada... De hecho parecía que cada día que pasaba sus obligaciones y responsabilidades se incrementaban más y más, y no siendo ella tan desenfadada como sus vecinos, todo ello le suponía acumulación de estrés.
Así pues, Sora tenía muchas cosas en que pensar y otras tantas que hacer. Por lo que al finalizar la semana estaba más que exhausta.
Aquel viernes por la mañana, luego de un frugal desayuno, se encontraba sentada, y con los brazos apoyados en el comedorcito de la cocina mirando la mesa pensativa. Aun estaba en pijama, la cual por cierto, era de girasoles; sus cabellos despeinados caían en desorden sobre sus hombros en una disposición graciosa. Frente a sí tenía un montículo de cuentas que estaba examinado. Las cuales, según sus cálculos, no auguraban nada bueno.
Si las cosas seguían como hasta ahora, dentro de un par de semanas estaría en números rojos. El dinero de su cuenta se reducía con una rapidez asombrosa y ella, que aun no tenía un empleo con qué reponerlo, no hallaba la forma de reducir sus gastos, y lo peor de todo, temía el día en que tuviera que volver a pagar la renta; pues aunque en un principio le había parecido que el alquiler era accesible, ahora que su cuenta se hallaba por debajo del 60% de su totalidad, empezaba a pensar que tener un departamento tan espacioso para ella sola, era realmente un desatino ¿Para qué quería ella dos habitaciones, o cuarto de lavado?, era cierto que éste último era diminuto, pero de cualquier manera era un lujo en su situación, además a pesar de ser un departamento amueblado, había insistido en arreglarlo, pintarlo y comprar un sinfín de cosas que no servían de nada, pero que hacían la vista mucho mas agradable ¿Por qué habría de insistir en comprar un par de flores para adornar la mesa del comedor todos los días? ¡Estaba despilfarrando! Debía acostumbrarse a su nueva vida y tenía que hacerlo lo antes posible; si había que apretarse el cinturón, lo haría; adiós a las compras superfluas, nada de gustitos o chucherías inútiles, desde ahora solo lo indispensable ¡Y ni que decir del auto! de ahora en adelante iría a pie a todas partes. Debía aprender a usar el transporte público, otro desafío más para su paciencia, pero no había remedio, así que ¡A adecuarse a las circunstancias se ha dicho! Por otra parte, si conseguía un empleo, éste debía de ser de medio tiempo, eso claro, si quería compaginarlo con la universidad. Debía hacer algo para pagar todas las cuentas sin retrasos… Pero, Dios, era tan duro ¿Desde cuándo el mundo había elevado tanto sus precios hasta hacerlos imposibles de costear? ¿Qué había pasado con aquellos días de su infancia en que con una moneda podía comprarse varios puñados de dulces? Ahora una moneda no le alcanzaría para el dulce más insignificante. Pero no había mucho que pudiera hacer realmente. Quejarse no le serviría de nada. Uno no puede reducir los costos con solo desearlo, ni hacer que el dinero se multiplique en nuestros bolsillos por arte de magia… ¿Qué hacer, que hacer?
Tenía que pensar. Para todo hay soluciones, es solo cuestión de no desesperarse y abrir la mente a las posibilidades. Quizás no tenía que esperar un milagro, ni desear contar con una varita mágica soluciona-problemas, o esperar que todas las deudas se dividan a la mitad misteriosamente, quizás solo tenía que… ¡Pero claro! ¡Eso era lo que tenía que hacer! ¡Dividir las deudas a la mitad! Acababa de quejarse por tener espacio innecesario de más, no necesitaba dos habitaciones. La solución podía ser esa. Aprovechar la amplitud del departamento y hacer de ello una ventaja. Podía compartir el departamento. Sería genial encontrar alguien con quien compartir su departamento, alguien tan necesitado como ella de disminuir sus gastos ¡Eso era! la solución era conseguir un compañero de habitación, de esa manera los gastos se dividirían a la mitad y el impacto en el monedero de Sora se vería razonablemente reducido... Pero era una decisión difícil. Compartir la estancia con alguien desconocido no era precisamente su ideal de comodidad, pero quizás era la única opción que le quedaba si quería salir adelante pronto. Ya se le ocurriría una idea para conseguir un compañero adecuado…
Lo medito durante unos minutos más y después de llegar a la conclusión que era una idea viable, empezó a cuestionarse sobre cuál sería la mejor manera de conseguir un compañero, más no tardó mucho en llegar a la conclusión de que lo más fácil y seguro era hacer anuncios que pudiera pegar en los tableros de la facultad , donde seguro que habría un montón de estudiantes foráneos y de intercambio necesitados de hogar entre los cuales podría elegir. No quería tener nada que ver con chicos desordenados o chicas incumplidas, después de todo, convivir con un desconocido es cosa seria. Así que en aquel mismo momento se puso a redactar en una simple hoja lo que sería el volante, donde solicitaba compañero de habitación que compartiera los gastos. Más sabía que conseguir un buen compañero de apartamento no sería tan fácil como redactar la solicitud del mismo, necesitaba tener opciones. Así que esperaba que muchas personas llamaran para pedir informes, y así, si alguien no parecía confiable bien podría inventarse una excusa, decir que el puesto ya no estaba vacante o cualquier otra cosa que se ocurriera.
En eso se encontraba pensando cuando tocaron a su puerta. Se levantó de su asiento, dejando de lado por un momento la hoja a medio escribir, para abrir la puerta y toparse con los ojos azules de Yamato.
-¿Cuántas veces deberé insistir en que te asegures de saber quién es, antes de abrir la puerta, Sora? –preguntó el rubio con naturalidad invitándose a sí mismo a pasar.
-Las que sean necesarias, supongo –respondió Sora encogiéndose de hombros y sonriendo ligeramente. Esa pregunta ya se había vuelto un chiste local.
Aquello era algo que ya se le estaba haciendo habitual. Sin previo aviso Matt, Takeru o Tai podían llegar, y sin apenas saludarla –en esto Takeru era la excepción-, se sentaban en su sillón y le hacían compañía, preguntándole qué hacía o que iba hacer en el día. Y aunque por lo general le resultaban agradables las visitas inesperadas que generaban grandiosos momentos de charla, debía admitir que en ocasiones, no lo eran tanto. Tal era el caso de cuando se acababa de levantar y estaba semivestida, si estaba a punto de meterse a bañar o cuando, como ahora, estaba despeinada y en pijama. Eso dejaba muy limitadas las ocasiones en las que Sora podía andar a sus anchas en su propia casa. Los chicos no eran muy delicados en esos detalles, y nunca se daban cuenta de que sus repentinas visitas podían llegar a incomodar; pero Sora no podía culparlos, después de todo, eran chicos.
-¿Qué haces? –le preguntó Yamato echando un vistazo a las hojas que Sora tenía sobre la mesa, aparentando no darse cuenta de lo desaliñada que estaba la pelirroja, pero por supuesto que lo notaba. De hecho le gustaba ir a esas horas de la mañana a propósito para verla así, y descubrir esas nimiedades que tanta curiosidad causan cuando te gusta una persona, por ejemplo, a Yamato le gustaba tratar de adivinar qué pijama llevaría puesta Sora al abrirle la puerta, el día de hoy no le había atinado
-Escribo una especie de anuncio, un volante –dijo con simpleza mientras volvía a tomar la pluma-, es que estoy pensando compartir el departamento, ya sabes, para reducir gastos.
-¿Es en serio? ¿Piensas conseguir un compañero de cuarto? –dijo contrariado al mismo tiempo que desviaba la atención de los hombros descubiertos de Sora, que había estado observando, para prestar real atención a la hoja sobre la que escribía- ¿Sabes lo peligroso que eso puedes ser?
-Incomodo, tal vez –empezó Sora, quien solo pensaba en su privacidad-, pero no creo que sea peligroso…
-No te entiendo, Sora ¿En que cabeza cuerda cabe la posibilidad de vivir con un entero desconocido solo por ahorrar unos cuantos yenes?
-En las cabezas de personas cuyas cuentas bancarias se ven reducidas por excesos de gastos –respondió ella imperativa al tiempo que se ponía un suéter sobre la pijama de tirantes
-Si es solo por el dinero –dijo Matt lamentando que la ventana que había dejado entrar el frío estuviese abierta-, yo puedo ayudarte
-Ya deberías saber que no te aceptaría ni un quinto prestado aunque estuviera muriéndome de hambre –respondió Sora decidida
-¿Y quién habla de préstamos? –preguntó Matt recargando los brazos en el respaldo de la silla que se encontraba frente a Sora- No tendrías que devolverme nada, a menos que quisieras, claro
-Pues gracias, pero creo que soy suficiente mayorcita para poder arreglármelas sola –dijo al mismo tiempo que luchaba con la pluma que tenía entre las manos, pues aparentemente, no quería rayar-. Además ¿Dónde estaría mi independencia si dejo que me ayuden cada vez que lo requiera?
-Tener un poco de ayuda de vez en cuando no le hace mal a nadie –y al decir esto, le quitó la pluma defectuosa para devolvérsela unos instantes después, completamente arreglada- ¿Ves?
-Acepto la pluma, pero no el dinero –dijo Sora en un tono que no admitía protestas-, además el tener un compañero de departamento me facilitara todo, es una buena opción
-¡Que tontería! –se quejó Matt- una chica indefensa conviviendo con un sujeto extraño…
-Ese "sujeto extraño" también puede ser una chica ¿Sabes? –Aclaró Sora-, además ¿Desde cuándo soy indefensa?
- Oh, disculpa, pero cualquiera que use pantuflas de conejo puede fácilmente catalogarse accidentalmente como persona indefensa -ironizó Yamato, ignorando el gesto de desaprobación de Sora respecto a que las pantuflas de conejo sean indicio de debilidad, especialmente por que traía unas puestas- De cualquier manera, te digo que es peligroso –insistió Yamato, a quien no le gustaba la idea de que Sora tuviera un compañero, independientemente del sexo de este- Si es un chico, fácilmente podría aprovecharse de ti, los hombres son de lo peor.
-¿Son de lo peor? –Se burló Sora, olvidando por un momento el asunto de las pantuflas -, por favor… Exageras. Ahora mismo estoy sola en mi departamento con un chico ¿Debería estar preocupada?
-Tal vez sí deberías de estarlo –respondió fingiendo una voz amenazadora
-Pues no lo estoy –declaró ella sin inmutarse- No me asustas. En absoluto. Además ¿Qué parte de "también podría ser chica" no entiendes?
-Lo entiendo, es solo que no entiendo porque crees que las chicas, solo por el hecho de ser chicas, son confiables. Es decir, que tal que tu compañera, en caso de que cometas la insensatez de seguir con esa idea, resulte ser una cleptómana psicópata, o peor aún, una ninfómana lesbiana
-¿Qué estás diciendo? –Rió Sora, con una cara que reflejaba una mezcla de incomprensión y escepticismo, mientras tanto, volvía a ocupar el asiento frente a las hojas blancas, las cuales Yamato miraba con irritación- hasta parece que estoy hablando con Tai ¿desde cuándo se te ocurren a ti esas ideas tan extrañas?
- Solo menciono potenciales posibilidades –se excusó encogiéndose de hombros
-Posibilidades muy improbables –concluyó ella
-Es que eres muy ingenua, Sora. No sabes de los problemas que asechan en el mundo real; créeme que los problemas que vez en las noticias matutinas no son ni siquiera un asomo de los que realmente hay allá afuera…
-No sé cuál es el punto de tu sermón de madre preocupada, pero eso no cambia las cosas. Y tampoco sé porque te empeñas en creer que soy una niña crédula e indefensa… No lo soy.
-El punto es que no te conviene compartir el departamento –sentenció el rubio sin realmente escuchar lo que Sora trataba de decirle-, debe haber una forma de arreglarlo –recargó nuevamente sus brazos en el respaldo de la silla que se encontraba frente a la de Sora con la cara que pondría alguien que busca solución a un problema existencial planteado por el mismo Aristóteles, y después de un rato que Sora ocupó en acabar el futuro volante dijo-, Ya sé. Deja eso. Me ofrezco para ser el nuevo inquilino del #707
La miró decidido.
Sora parpadeó.
-Estás loco –declaró al fin, como si Yamato hablara del clima, y no de vivir con ella-, tú no tienes razón alguna para alquilar un departamento, vives cómodamente con tu padre…
-Tal vez es hora de independizarme –dijo con firmeza
Sora no pudo evitar bufar ante aquel comentario
-Ni siquiera tendrías con qué pagar el alquiler –objetó divertida-, que yo sepa no tienes empleo; y aunque consiguieras uno, dudo que supieras administrar tu tiempo para compaginarlo con tu banda, la universidad y el millón de cosas que haces para perder el tiempo. Admítelo, Matt, no eres tan responsable.
A Yamato le encantó como sonaba su nombre en los labios de Sora, pero no admitió nada… Aunque sabía de sobra que ella estaba en lo cierto.
- Tal vez esa no fue la mejor idea, pero… Algo se debe poder hacer –se mordió el dedo pulgar pensativo. Le hubiera gustado que Sora fuera, solo por esa vez, como todas las chicas tontas con las que había salido y así podría ofrecerle vivir en su armario, donde él la tendría en su poder, sana y salva… Pero no. Ella era inteligente y odiosamente independiente- Podríamos hacer que Taichi que te de la habitación que usa Tk, el puede venirse a mi casa, y seguro que no le molesta…
-¿Yo? ¿Vivir en casa de Tai? –preguntó Sora, con una cara que daba la impresión de que la sola idea de vivir en aquel chiquero la asustaba- ni loca.
-Tienes razón. Olvídalo –dijo incorporándose y caminando hacía la ventana que daba al frente del edificio- Taichí es diez veces más peligroso que la ninfómana lesbiana
-En serio –empezó Sora-, no entiendo por qué es tan malo que comparta el departamento –y luego sonrió con aquella sonrisa que mataba a Yamato-, estas comportándote muy raro
Yamato le devolvió la sonrisa, le era inevitable no hacerlo, era hermosa cuando reía. Además era cierto que estaba actuando extrañamente, pero ¿Cómo no hacerlo si Sora le decía repentinamente que quería compartir su departamento con un desconocido? Ella no lo entendería. Era incapaz de comprender porque no quería que compartiera el departamento, pero la verdad es que la respuesta era tan boba, que no valía la pena decírsela. Simplemente estaba seguro de que estaría celoso de cualquiera que compartiera más tiempo con ella, que él. Pero quizás debería acostumbrarse, Sora era demasiado ella misma para tolerar los celos. Seguro que si se lo hubiese dicho, se hubiera reído, así como se reía de todo aquello que le parecía incomprensible a los ojos de su razón… Así era ella, y era por ello, y un millón de razones más, que le gustaba tanto. Siempre tan fuerte y decidida, tan diferente de todas las demás, y al mismo tiempo incapaz de notar lo delicada que en realidad era.
Así que cuando le preguntó si la acompañaba a sacar copias a ese estúpido volante, dijo que sí… Y ni siquiera lo tuvo que pensar. Empezaba a creerse incapaz de no hacer cualquier cosa que le pidiera.
Después de que Sora se vistiera con algo más apropiado que la pijama de girasoles y las pantuflas de conejo, ambos salieron del edificio departamental Komatsu en busca de un establecimiento en el que sacaran copias. No fue muy difícil encontrarlo, pues había una papelería a un par de cuadras de donde se encontraban y no tardaron en tener en sus manos una pila de copias del anuncio que Sora había redactado burdamente en una hoja común, y ese mismo día, cuando Sora fue a la universidad, se encargo de pegarlos en cada uno de los tablones de anuncios con los que se encontró, e incluso en los pasillos más transitados con la esperanza de recibir lo más pronto posible la llamada que le permitiera conocer a su próximo compañero de departamento, sin saber que serían justo los que le sobraran los que serían de utilidad. Yamato por su parte, no se quejó más. Sabía que no lograría nada con ello, más eso sí, se aseguró de aclararle a Sora antes de separarse que, no importaba si tenía uno o mil compañeros de apartamento, él seguiría visitándola inoportunamente siempre que tuviera oportunidad. Sora aceptó esa condición y se despidió de él alegremente.
Yamato Ishida podía ser realmente encantador... E incluso de vez en cuando, Sora se sorprendía a sí misma pensando en alguna frase o gesto que había tenido para con ella. Pequeñas cosas que le hacían detenerse y recordar lo bien que lo pasaban juntos, lo agradable que podía llegar a ser. Lo bello de sus ojos…
Pero no tenía tiempo para pasársela pensando en ello, lo más importante aun estaba en progreso: Debía conseguir empleo.
Aquella misma tarde compró varios periódicos, acudió a agencias empleadoras y vagó por las calles comerciales de la ciudad en busca de una buena opción; sin embargo, sabía que aquello no iba ser tan fácil. Se repetía una y otra vez que necesitaba empleo de medio tiempo que le permitiera estudiar, y le preocupaba que el sueldo de un empleo así no le bastara para cubrir todas sus necesidades, por lo que ansiaba que alguien respondiera a los panfletos en los que había invertido tiempo y quebraderos de cabeza; y que para colmo, al distribuirlos, le habían salido un par de ampollas de tanto caminar en tacones… De hecho, ahora que lo pensaba, ese era otro aspecto de su vida cotidiana del que se debería apartar. Si de ahora en adelante el auto estaría restringido, la sola idea de utilizar tacones parecía absurda, a menos, claro, que decidiera estropear sus pies por voluntad propia.
Así pues, después de un día lleno de idas y vueltas, era reconfortante sentarse en el sofá y respirar acompasadamente -aunque sería más acertado decir que estaba desparramada, y medio hundida v entre los cojines del sillón-, le dolían los pies y estaba exhausta. Todo lo que quería era tener por fin, un momento de tranquilidad. Tenía la ventana abierta y la brisa externa entraba delicada y agradable colándose de entre las cortinas corridas, que enmarcaban el cielo azul y las nubes blancas tras los altos edificios de Tokio. Fue entonces cuando, mientras sus pensamientos viajaban con la brisa, se posó en su mente un pensamiento que parecía no provenir de ella misma… de repente se le ocurrió que los ojos azules de Yamato eran como aquel cielo cubierto de nubes, donde encontrar un pedazo de azul entre las aberturas de blanco algodón, era mucho más hermoso que verlo basto e inmenso. A su lado, en la mesita de café, tenía los volantes que había estado pegando durante el día y pensó en la estrafalaria propuesta de Yamato, esa donde se ofrecía para ser el nuevo inquilino del #707, y se dijo que, en caso de que nadie confiable se ofreciera a ocupar la vacante, bien podría reconsiderarlo. Invariablemente suspiró. Se preguntó a sí misma a qué venían esas extrañas reflexiones, pero antes de obtener respuesta, una repentina ráfaga de viento entró por la ventana y además de alborotar su pelirroja cabellera, hizo volar todos los volantes que, haciendo honor a su nombre, salieron volando en todas direcciones, precipitándose la mitad, por la ventana. Sora reaccionó muy tarde, y solo pudo asomarse a ver como las hojas se balanceaban entre la brisa del viento hasta alejarse perdiéndose de vista…
Quien sabe lo que será el destino, o si este mismo exista, pero lo cierto es que lo que pasó después no fue coincidencia, y menos aún casualidad, ambas palabras resultarían insuficientes para describir el instante preciso en que un accidente fortuito ocasionaría incidentalmente la unión de dos personas que influirían profundamente entre sí. Así pues, destino o no, uno de dichos volantes vino a caer precisamente a los pies de una hermosa chica de ondulados cabellos castaños, que para empezar, ni siquiera debía de haber pasado por aquel lugar y que de hecho, estaba perdida. Perdida en la gran ciudad de Tokio, deseando tener un lugar económico donde establecerse.
Ella: Mimi Tachikawa, quien era nueva en la ciudad.
Continuará…
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N/A:
Por fin, un siglo después, confieso que si no estuviera enferma, probablemente este capítulo seguiría inacabado. Afortunadamente las cosas son lo que son, y aquí está. Espero que lo hayan disfrutado.
Para la escena de la escuela de Sora introduje a los personajes de ParadiseKiss que, como iban con la idea, no pude resistirme. Aunque dudo que aparezcan con frecuencia.
Importante. Es desde ahora cuando realmente se sentirá la presencia de Mimi, de quien ya que tenía ganas de escribir. Esperen sorpresas.
Nuevamente agradezco a quienes se toman la molestia de dejar reviews. Mil gracias a: mariah!, CieloRosa, Umi-lizs5, ANGELA SORATOMANIA, SoraTakenouchii, LimeSmak y rck_arial
Besos,
Kuchiki Rukia-chan
P.D.: Aunque en este capítulo no hay música, bien me permito hacer una recomendación que concuerde con la aparición de Mimi. De Jordan Pruitt, "My Shoes".
