EL RITMO DE LA VIDA
Capitulo 10
"La Nueva Inquilina del #707"
Hacía frío.
Un frío fuera de temporada que se colaba descaradamente por las grandes puertas abiertas del viejo almacén donde Yamato solía tocar. Los Teenages Wolves ensayaban como casi todas las noches, rodeados de cajas repletas de libros que amortiguaban el sonido de los amplificadores y que permanecían inanimadas absorbiendo la música que allí se generaba. Era casi irónico. Los libros, objetos diseñados para una de las actividades más pasivas existentes, servían de escudo acústico en aquel almacén en el que Yamato y sus amigos desempeñaban una de las actividades más estruendosas y explosivas existentes. Hacer música y leer. Si uno lo piensa, dichas actividades no pueden ser más opuestas, y sin embargo, allí estaban, tocando con ímpetu frente a una muchedumbre imaginaria, rodeados de cajas. Desde hacía ya un par de semanas que las clases se habían reanudado, luego de unas insuficientemente largas vacaciones, y su público habitual había disminuido considerablemente, cada quien se ocupaba ahora de sus pendientes y las noches en que el almacén estaba abarrotado de admiradores se limitaban a los fines de semana. Incluso Jun Motomiya, su autoproclamada fan #1 faltaba un par de días entre semana. Pero Yamato no lo lamentaba. Aunque le encantaban las noches en que el estruendo generado por sus fans se disolvía con la música que generaban las bocinas, no extrañaba el bullicio. Le gustaba paladear cada una de las notas provenientes su guitarra en solitario, e imaginar que todo lo el universo desaparecía en aquel velo suave y peligroso de notas musicales en el que la realidad se subordinaba a una sola sensación interior…
Y después de la música… Su voz.
Cuando cantaba simplemente no pensaba. No necesitaba pensar por que se podía dejar arrastrar por el sentimiento propio de la canción. Como si cada palabra lo guiara por un camino predeterminado de sensaciones. En la música todo era siempre muy claro, pues a pesar de reflejar a la vida -y no siendo la vida para nada clara-, la música permanecía inmutable. Cada canción se instala en un sentimiento o incluso en una situación específica, que no importa cuánto la cantes, dicho sentimiento permanece inmóvil. Por eso es que las canciones viejas siempre aprisionan recuerdos. Cada quien pone en ellas ideas distintas y para cada quien una simple canción puede significar cosas enteramente diferentes, mucho o poco, algo profundo o frívolo y puede permanecer en nuestras cabezas efímera o indefinidamente.
La música encierra emociones, y libera aquello no es fácil de expresar. Era por eso que Yamato había decidido fundar aquella banda con sus amigos; porque era así, generando música, como podía sentir que de alguna manera su vida tomaba rumbo. Como si la direccional de su existencia tuviera sentido… Y mientras cantaba, se le ocurrió pensar que los exánimes libros que los rodeaban eran, de cierta forma, igual que la música. Cada uno cuenta una historia diferente, cada uno protege ideas y sentimientos distintos entre sus tapas ¿Pero por qué de repente pensaba en ellos? Su mente parecía flotar entre pensamientos cada vez más vagos. Mientras tocaba, todo se aligeraba. Y sin esperarlo, entre sus ideas apareció la imagen de aquella pelirroja que últimamente distraía su juicio. A ella le gustaba leer. Lo sabía porque en su departamento solo había dos cajas sin desempacar, en las que ya había hurgado, y ambas estaban atestadas de libros y libretas. Entonces, no supo el por qué, pero pensó que visto de esa forma –ella libros, y él música-, resultaba una buena combinación.
Música y Libros.
Aparentemente muy diferentes, pero muy similares en realidad.
Con el último acorde de la canción que tocaban, dieron por finalizado el ensayo de aquella noche, y los pocos asistentes que poblaban el viejo almacén pronto se dispersaron. Más Yamato seguía pensando en Sora. Cada vez que ella entraba en su cabeza no podía evitar darle vueltas al asunto ese del compañero de cuarto. Aquello continuaba pareciéndole una idea absurda, y mientras más lo pensaba, más mala idea le parecía. Y es que por alguna razón seguía imaginando que ese supuesto compañero solo podía ser un chico, y eso solo conseguía impacientarlo. No lo entendía, o no quería entenderlo. Pero lo que más le irritaba era que no podía hacer nada al respecto. Y eso empezaba afectarlo, la idea continuaba persiguiéndolo, y sus amigos, que parecían dispuestos a irse de un momento a otro, lo notaron ensimismado.
-¿Qué pasa, Matt? ¿Problemas creativos otra vez? –le preguntó Yukata mientras encendía un cigarrillo, al mismo tiempo que se metía las batacas en uno de los bolsillos traseros del pantalón. El baterista de la banda era un fumador empedernido.
-Nada de eso –dijo quitándole importancia-, el asunto que me ronda por lo cabeza es ajeno… No puedo intervenir.
-En ese caso –empezó tranquilamente para continuar solo después de haberle dado una profunda calada al cigarrillo que tenía entre los dedos-, ¿por qué te molestas pensando en ello?
Yamato se descolgó la guitarra de los hombros y se sentó en una de las cajas que se encontraban dispersas por todo el almacén. Se pasó una mano por los cabellos rubios y miro el suelo.
-Porque se trata de una chica –aclaró pausadamente, más pareciera que lo hubiese dicho con megáfono, por que los demás integrantes de la banda se acercaron de inmediato dispuestos a tomar parte en la conversación.
-¿Tienes problemas con chicas, Matt? –preguntó entusiasmado Akira, el insolente, borracho y cursi bajista de los Teenages Wolves.
-En ese caso no hay nada que hacer. No importa cuánto lo intentes, comprender a una chica es el lío más intricado en el que te puedas meter –intervino Takashi, el tecladista y el más tranquilo de los cuatro.
-No tengo problemas con nadie –se quejó Yamato.
-Si está molesta porque te atrapó con alguna de tus complacientes admiradoras, tengo la solución perfecta. Resultados garantizados –insistió Akira como si no hubiese escuchado el comentario de Matt
-¿Cómo puedes garantizar algo así? –preguntó escéptico Takashi metiéndose las manos en la sudadera para atenuar un poco el frío que seguía entrando por la puerta del almacén.
-Habla la voz de la experiencia –respondió presuntuosamente mientras levantaba los pulgares y giñaba un ojo, aparentemente satisfecho de poder dar referencias de su afortunada vida amorosa.
Pero ni Yamato ni Yukata los escuchaban. Uno estaba sumido en sus pensamientos y el otro solo se ocupaba de consumir su cigarrillo. Unos minutos después de más charla sin sentido, el rubio tomó el estuche de su guitarra y se lo llevó al hombro.
-¿Saben qué? Olvídenlo –dijo cansinamente luego de levantarse- me tengo que ir.
-¡Te digo que todo tiene solución, Matt! –continuó persistente Akira quien parecía desesperado por hacer de casamentera- dame unos momentos y pensaré en algo.
-No es necesario que lo hagas –dijo al tiempo que caminaba hacia la salida-, ya se me ha ocurrido algo a mí.
Y sin ninguna clase de despedida, salió del almacén, dejando a Takashi y Akira sin nada que decir, y a Yukata dándole una última calada a su cigarro antes de pisarlo.
Mientras Yamato conducía, pensaba a la conclusión a la que había llegado mientras sus amigos habían estado diciendo idioteces -¿Por qué sería que todos sus amigos eran idiotas sin remedio?-, había pensado en lo poco que valía la pena continuar devanándose los sesos con aquel asunto. Sora no cambiaria de opinión sin importar lo que le dijera. Era demasiado obstinada para eso. Tendría que aguantarse los celos. No le quedaba de otra más que tomárselo con calma. Y si lo veía por el lado positivo, el nuevo compañero de Sora iba necesitar ayuda para instalarse, lo cual le brindaría una oportunidad ideal de sondear su potencial peligrosidad… Dios. Debía de dejar de ver tantos filmes de espionaje.
Para cuando volvió a prestar verdadera atención al camino que recorría, se pudo dar cuenta que se dirigía al edificio departamental Komatsu casi por inercia, pues tenía la costumbre de visitar a Tai después de los ensayos. Aunque en realidad, en aquel momento le parecía más atrayente la idea de aprovechar para visitar a la pelirroja del #707… Después de pensar en ella toda la tarde le resultaría confortante verla en persona, saludarla y escuchar su voz. Hacía un par de días que no la veía y ya la extrañaba. De hecho, pensó que sería una gran idea invitarla a salir. Y dando por hecha esa idea, se desvió en dirección del cine más cercano. De esta manera podría llegar a su casa a sorprenderla con entradas. Esa táctica nunca falla.
_ _ _
Mientras tanto, Sora se encontraba en su departamento con cara de estar mucho más que contenta. Hacía unos cuantos minutos acavaba de recibir la llamadla de un establecimiento en el que había dejado una solitud de empleo en días pasados, y la llamaban para solicitar una entrevista previa a contratación; sin embargo, en aquel momento, y afortunadamente, se podría dar el lujo de rechazarla, ya que ese mismo día de camino a casa, había visto un letrero en el que se solicitaba personal sobre el escaparate de una librería en la que se solía asomar, y al entrar y preguntar por el puesto, le habían dado el empleo casi instantáneamente. El dueño estaba desesperado, según le había dicho a Sora, llevaba casi una semana sin dependiente en el turno de la tarde, y como motivos personales le impedían atender a él mismo la tienda a esas horas, habían estado bajando las ventas. Dicha librería era un pequeño establecimiento semiescondido en el interior de una placita que se encontraba cerca de su universidad, así que la ubicación le venía como anillo al dedo, y ni que decir de lo mucho que le agradaba la idea de trabajar en una libreria. Sin embargo, como el empleo era de medio tiempo, pagaban poco, y Sora debía apretarse el cinturón hasta que los volantes dieran resultados satisfactorios. De hecho, recientemente se había entrevistado con un par de chicas y un chico, pero ninguno había terminado bien. Una de las chicas parecía de las que no pagan la renta a tiempo y la otra había confesado ser amante de los perros –tenía dos-, cosa que no permitían en el edificio; por otra parte, el chico había ibo a ver el departamento y parecía confiable, sin embargo había quedado muy formalmente en llamarle para dar la última resolución, pero la llamada nunca llegó. Sora sospechaba que el exhaustivo interrogatorio al que lo había sometido Taichi cuando se entero de sus intenciones de vivir con ella, había tenido algo que ver…
Sea como fuere, Sora seguía sin conseguir un compañero de depa, pero eso no la desanimaba, ahora que tenía empleo –el que por cierto, iniciaba al día siguiente-, estaba segura de que todo saldría bien. En ello pensaba cuando su teléfono volvió a sonar y al ver el número le resulto desconocido. Se preguntó quién sería esta vez, si sería otro de los dependientes de los establecimientos donde había dejado su solicitud de empleo, o si sería alguien que había visto su anuncio. Respiró hondamente, se levantó del asiento donde se encontraba, y contestó.
-¿Si? Diga…
-¿Hablo con Sora Takenouchi? –preguntó una voz femenina del otro lado del auricular
-Así es –respondió al mismo tiempo que empezaba a caminar de un lado a otro, como hacía siempre que se ponía nerviosa- ¿Qué desea?
-Soy Mimi Tachikawa. Hace un par de días miré un anuncio en el que se decía algo sobre compartir departamento y me preguntaba sigue vacante.
-Si lo está ¿te interesaría verlo? –y en ese momento empezó preguntándose qué clase de persona sería.
Hubo unos instantes de silencio antes de recibir contestación. Parecía que lo meditaba.
-Más que nada llamo para pedir informes –dijo con cierta reticencia, como si no quisiera comprometerse a ver el departamento sin estar segura- ¿A cuánto exactamente ascendería la suma de la renta mensual?
-A $45,000 yenes mesuales, con todos los servicios incluidos –respondió Sora, quien continuaba caminando de un lado a otro, aunque ya no era por nervios, si no por curiosidad.
-Está bien, me interesa verlo –respondió al fin, algo más convencida - Tendría habitación propia ¿Cierto?
-Así es, aunque el baño es compartido –aclaró Sora-; si quieres, puedes venir a ver el departamento, y aquí aclaro todas tus dudas. Sin compromiso, claro.
Otra vez hubo silencio, aunque este duró menos que el anterior, y Mimi Tachikawa no tardo mucho en responder.
-De acuerdo, me parece bien. Pero ¿Crees que podría ser hoy mismo? Es que mañana me resultaría imposible, y si lo aplazo hasta el fin de semana las agencias inmobiliarias que quería revisar estarán cerradas así que…
-¿Hoy? Ehh… -Ahora era Sora quien no parecía convencida, ya era tarde y tenía varías cosas que hacer; sin embargo, la chica parecía buena persona y ella sabía lo que era estar en apuros, así que terminó respondiendo-, de acuerdo ¿Tienes donde apuntar? Te doy la dirección…
Por fin resolvieron el encuentro, quedando de verse en una hora, en lo que Tachikawa llegaba al edificio. Sora, por alguna razón, estaba entusiasmada. Tenía un buen presentimiento ¿Y si el mismo día que había conseguido empleo conseguía también compañera de departamento? Sería una gran suerte. Cruzó los dedos esperando que Mimi Tachikawa fuera la persona adecuada. Se volvió a preguntar cómo sería. Su voz era dulzona y algo aguda, aunque sin ser desagradable ¿Se puede adivinar como es una persona solo por la voz? Si es así para algunas personas, no lo fue para Sora, quien tratando de atenuar la curiosidad se puso a ordenar unas cuantas cosas que no se encontraban es su lugar. Estaba tan a la expectativa, que casi le da un ataque cuando tocaron a su puerta ¿Acaso ya había pasado una hora? ¡Imposible! Prácticamente acababa de colgar…
Se precipitó para abrir la puerta y suspiro con una mezcla de alivio y decepción cuando, al abrir, se encontró con una cara conocida.
-Matt, eres tú -dijo Sora llevándose la mano al pecho
-Sí, soy yo… -y aunque había notando el tono de voz de Sora, pasó como si nada. Sora se sentó en el apoyabrazos del sillón y él permaneció de pie – Y tú, tan poco precavida como siempre...
-Ya sabes que siempre olvido preguntar quién es antes de abrir la puerta –reconoció Sora con una sonrisa de bienvenida-. Pero no puedo evitarlo, siempre creo saber quién es.
-Y muchas veces, como ahora, te equivocas –recalcó divertido al poder darle la contraria a Sora- ¿A quién esperabas?
-Ah, es cierto! –y se fijó en su reloj-, en realidad falta un rato para que llegue, es solo que por alguna razón pensé que sería más tarde. Es una chica que quiere ver el departamento.
-¿A estas horas?
-Si, incluso había pensado en ir al #743 para avisar a Tai y a Tk que me entrevistaré con alguien –y al ver el gesto interrogativo que se dibujo en el rostro de Yamato, aclaró-, Tai me hizo prometerle que le avisaría cada que un "potencial inquilino" viniera a ver el depa para que me acompaña; al principio no me pareció mala idea, pero desde que asustó a un chico interesado, me limitó a avisarle, pero le prohíbo que me acompañe- Yamato pensó que Taichi había sido muy listo, y celebró interiormente el que espantara al "potencial inquilino"- ¿Por qué no me acompañas al depa de Tai? ¿O vienes de allá?
-No –respondió al tiempo que se metía las manos en los bolsillos y sentía las entradas que acababa de comprar-, te acompaño
-¡Bien! Sirve que le regreso a Tk los cds que me prestó –y después de que los sacara de una pila de discos diversos, salieron camino al #743. Mientras caminaban por el pasillo, Yamato le quitó suavemente los cds de las manos y los observó atentamente.
-¿Base Ball Bear? ¿Slumdog Millionaire? –Preguntó al ver las portadas de los discos - ¿Esta es la clase de música que mi hermano te mete en la cabeza? Dios, espero que no te dejes influenciar.
-¿De qué hablas? Si ambos me han gustado mucho –dijo Sora alegremente-, aunque admito que no tienen nada que ver uno del otro.
-Base Ball Bear es una bandita japonesa con buen sonido pero francamente insulsa –dijo Yamato dispuesto a criticar cualquier cosa que se tratara de música siendo duro e inmisericorde-, y Slumdog Millionaire es se hizo popular solo por ganar el oscar de música, de lo contrario nadie se habría percatado de la banda sonora de la pelicula.
-Espero que quede claro que estoy enteramente en desacuerdo –dijo Sora, quien lejos de estar molesta, sonrió. Yamato siempre tenía algo de lo que estar inconforme. Seguro que si se lo proponía, podía encontrarle "peros" a la misma Madre Teresa de Calcuta
Matt le regresó los cds satisfecho de haber dado su opinión y abrió la puerta del #743 como si de su casa se tratara. Apenas entraron, Sora tuvo de qué sorprenderse. Los chicos hablaban de sus deberes. Algo que hasta ahora había creído inaudito.
-¿Tienes que hacer un ensayo sobre la eficiencia del capitalismo respecto al régimen político mundial? –preguntó a Tai mientras hojeaba la carpeta de tareas de su vecino con interés, sentándose en el mismo puf que utilizara la primera vez que entró en aquel departamento- ¿Para cual materia es el ensayo?
-Problemas Socioeconómicos Internacionales –respondió el moreno con naturalidad
-Suena interesante… –empezó Sora
-Suena aburrido –interrumpió Yamato quien ya se encontraba cómodamente sentado en sillón más lejano de la sala, hojeando una revista de música que seguramente había dejado allí hacia meses.
Sora rodó los ojos con una sonrisa, acostumbrada ya a las maneras de aquel rubio, y a sabiendas de que cada vez que abría la boca para darle la contraria, era solo una excusa para llamar su atención... Y aquella ocasión era una de ellas. Era como un acuerdo tácito entre los dos, pues querían hablarse pero no siempre tenían un tema de conversación, así que pretextaban cualquier situación para hacerlo.
-Lo dices solo porque no interesa la política… -empezó ella delineando en sus labios una ligerísima sonrisa.
-Lo digo porque es cierto. Todo el mundo sabe que la globalización es la razón de la decadencia mundial actual –afirmó Matt como si no hubiera cosa más lógica en el mundo, al tiempo que miraba a Sora con falso desinterés
Ella lo ignoró y se dirigió a Takeru.
-Gracias por los cds –dijo entregándoselos-, me encantaron. Aunque tu hermano crea que son basura
-No sé porque no me extraña –ironizó Takeru con su habitual afabilidad-, mi hermano tiene gustos muy particulares en música
Tai cerró repentinamente la carpeta en la que se suponía se encontraba su tarea, y aparentemente molesto con algo que estaba escrito en las hojas de papel, dijo
-De todas maneras no pesaba hacer la tarea –y tomó el control remoto con intención de perderse en el mundo televisivo
- El colmo…–dijo Sora desalentada dirigiendo la mirada a Yamato, quien le sonrió encogiéndose de hombros, a lo que Sora respondió con un gesto de contrariedad.
-Si me dieran una moneda por cada vez que Tai no cumple con sus deberes ya sería tan rico como para comprar medio Japón -dijo Tk sin inmutarse, pues se encontraba escribiendo en el comedorcito de la cocina lo que parecía ser una extensa y bien elaborada historia que hacía poco se le había ocurrido y que no quería dejar encerrada en su cabeza.
-¡Que exagerado! –Se quejó Tai. Takeru no le hizo el menor caso y siguió escribiendo, aunque sabía de sobra que tratándose de Taichi, nada era exageración.
-Creo que deberías hacer tu ensayo, Tai –le recomendó Sora, aunque no podía creer que tuviera que decirle aquello a un estudiante universitario
-Tk tiene razón, Sora –agregó Matt con simpleza levantando sus ojos de la revista que leía-, deja que el idiota de Tai se las arregle como le parezca… Mejor despreocuparte y sal conmigo esta noche. Te invito al cine.
Sora suspiró cansinamente. Estos chicos no tenían remedio.
-Ya es tarde, será mejor que me valla –dijo levantándose y dirigiéndose a la puerta con intención de ir a ocuparse de sus propios asuntos- de todas formas solo veía a avisar que hoy vendrá una persona interesada en compartir el departamento.
-¿Chico o chica? –preguntó rápidamente Tai en tono de alarma
-Chica… -lo tranquilizó Sora y luego de comprobar que si era chica no le interesaba acompañarla, se dirigió hacia la puerta- Nos vemos.
Al ver que en serio se iba, Yamato se levantó dejando la revista que leía de lado. Sora giró la perilla e iba salir, pero Matt fue más rápido y se apoyó en el marco de la puerta impidiéndole el paso. Sora sonrió ¿Por qué tendría que actuar tan galantemente todo el tiempo? Aunque la verdad es que no podía evitar pensar, que con todo y su difícil carácter, era encantador.
-¿No me piensas dejar pasar? –preguntó mirándole a la cara y apoyando una mano en su cadera
-No, hasta que respondas a lo del cine –respondió perfectamente tranquilo
-No puedo –contestó con la misma calma que él, solo que la de ella era fingida; pues el que estuviera tan cerca la ponía algo nerviosa-, tengo cosas que hacer… Ya lo sabes.
-Cancela y sal conmigo –dijo con la seguridad de quien está acostumbrado a no recibir un no por respuesta
-No puedo cancelar ahora, la persona con la que quedé ya ha de venir en camino –se excusó, al tiempo que trataba de aumentar la distancia entre Yamato y ella-, y no pienso dejarla plantada estando en la puerta de mi casa.
-Entonces te acompaño –resolvió con simplicidad.
-No gracias –se negó Sora imaginando como Yamato espantaba a Mimi Tachikawa, o peor aún, la seducía
-¿Por qué no? –cuestionó él, sinceramente sorprendido de que continuara rechazando sus propuestas
-¡Que insistente eres! –se quejó Sora a quien empezaba a molestarle que sus mejillas subieran de tono- ¿Por qué no simplemente me dejas pasar? –y en un intento de que la dejara pasar de una vez por todas, le soltó con exasperación- ¡Hasta parece que te gusto!
-¡Ay, por favor, Sora! –rió Matt-, como si no supieras que así es.
Quedó pasmada.
Esa no era, en definitiva, la respuesta que esperaba; un bufido, una broma irónica o incluso una negativa mordaz le hubiesen parecido más fáciles de digerir que aquella sorpresiva afirmación; solo había dicho aquello para callarlo, para que se apartara y la dejara pasar, pero había resultado al revés y fueron sus labios los que enmudecieron. Se había equivocado. Aunque Yamato solía molestarla por pura diversión, estaba lejos de ser como los típicos niñatos inmaduros que balbuceaban al ver expuestos sus sentimientos.
Se sintió tonta ¿Así que le gustaba?
No era como si no lo supiera, después de todo, siempre había estado implícito en sus acciones y en sus ocasionales flirteos, pero que se lo dijera así, de manera tan franca…
Apenas trataba de procesar aquella información cuando escuchó una risita a sus espaldas y al voltear vio como Tai y Takeru los miraban de lo más interesados. La risa la había soltado Tk quien parecía divertidísimo, mientras que Taichi le observaba como quien evalúa la buena competencia y sopesa las opciones que dejan dichas técnicas de combate, mas sin asomo de molestia, más bien con una especie de interés teórico. Quizás pensaba en las estrategias que debía emplear para avanzar en aquella carrera en la que competía con su mejor amigo por ganar el corazón de la pelirroja… o quizás simplemente aprovechaba para contemplar la espalda descubierta de Sora, quien llevaba puesta una blusa ligera de tirantes. El caso aquí es que a Sora no le parecía para nada cómodo tener audiencia en aquella conversación y mucho menos le agradaba que sus mejillas conspiraran en su contra intensificando el color carmín del que ya de por sí estaban teñidas.
-Se me hace tarde –repitió, empujando levemente a Yamato hacía un lado, él se cedió ante dicho tacto y la dejó abrir la puerta, más le dirigió una mirada interrogante a la que Sora respondió algo turbada- Realmente tengo que ir, pero podemos salir en otra ocasión.
Yamato asintió con aquella encantadora media sonrisa que tan bien sabía esbozar, y la vio irse caminando por aquel pasillo que hacía eco sus pasos.
Apenas cerró la puerta Tk saltó emocionado de su asiento
-¡Bien hecho, hermano! –exclamó alegremente dándole una palmada en la espalda a Yamato. No era ningún secreto que le agradaba la idea de tener a la simpática pelirroja como cuñada
Por su parte, Taichi no parecía haber presenciado nada fuera de lo usual
-¿Vieron que bonita espalda tiene sora? –dijo embelesado sin hacer caso de los rubios
Takeru soltó una cadenciosa carcajada y Yamato metió la mano en su bolsillo derecho. Sintió el tacto de las entradas que había comprado a sabiendas que se desperdiciarían, pero no le importó. Mañana lo intentaría otra vez, y esa salida la tenía garantizada.
_ _ _
Apenas Sora entró en su departamento, se desplomó sobre el sofá. Se sentía repentinamente agotada. Y esa idea volvía a golpearla.
¿Así que le gustaba?
Aquella afirmación por parte de Yamato la había tomado totalmente desprevenida. Sus mejillas seguían ardiendo y su corazón no dejaba de latir aceleradamente. Pero ¿Por qué se ponía así? Se molestó consigo misma. No era para tanto… Pero ¿Qué tontería estaba pensando? ¡Claro que era para tanto! Y sin embargo, no le gustaba reaccionar de forma infantil, ya no era una colegiala que se vuelve loca ante la primera declaración romántica. Respiró profundamente y se puso la mano en el pecho esperando que sus latidos se acompasaran. Si lo pensaba con calma, aquella sencilla frase que le había revuelto las entrañas, o lo que es igual, que le había hecho sentir mariposas en el estomago, no era nada del otro mundo. A ella también le gustaba Yamato. No es que tratara de pretender lo contrario. Era solo que ella no habría podido decirlo de forma tan directa.
Suspiró fastidiada de su propia puerilidad.
Hacía mucho tiempo que no se preocupaba por las cuestiones sentimentales y casi no se acordaba de lo que se sentía que un chico le gustara tanto… Porque, efectivamente, y para su desgracia, se acababa de dar cuenta de lo mucho que le gustaba Yamato Ishida.
No era que lo lamentara, pero no podía evitar preguntarse por qué demonios tenía que gustarle precisamente él, siendo tan… pues… tan… tan él mismo. Cerró los ojos y lo imaginó. Cada una de sus facciones eran atractivas, y de hecho, ahora que lo pensaba, estaba segura de que debía de tener a más de un par de chicas detrás de él, lo que Sora no imaginaba era que sus cuentas de "más de un par" se quedaban generosamente cortas, puesto que, sin contar a sus admiradoras, Yamato tenía un sequito considerable de chicas muriendo por él. No era cuestionable el hecho de que era guapísimo, pero a Sora estaba lejos de gustarle solo por eso. Había algo en su forma de moverse, de hablar y de mirar que, de alguna manera, lo hacía atrayente, por no decir irresistible. Era algo en sus actitudes que en apariencia solían ser ásperas y frías, pero que en realidad ocultaban una suavidad liviana. Como cuando charlaban, y sabían que las palabras no eran dichas al azar si no que realmente significaban algo, o cuando podía escuchar los latidos de su corazón estando recargada en su pecho al bailar… Era como una ternura oculta que se empeñaba en resguardar. Y de improviso, sintió que no lo conocía lo suficiente. Le dieron ganas de saber más de él, quería saber sombre sus intereses, sus fobias, su familia, sus metas, sus sueños… ¿En qué pensaba antes de dormir?
Dios…
Empezaba a pensar como una persona enamorada.
Pero aquello que se le arremolinaba en el pecho no era amor. O cuando menos, no lo era todavía.
Continuaba sentada en el sillón con los ojos cerrados, y empezaba a dormirse, pero el sonido de un par de golpes en la puerta le espantó irremediablemente el sueño. Se preguntó quién sería a esas horas, y se asustó al pensar por un momento que podría ser Yamato.
Más cuando por fin abrió la puerta y miró a una hermosa chica de largo cabello castaño, grandes ojos, y larga piernas, se preguntó si se habría equivocado de número, y no fue sino hasta que le saludó, que pudo realmente reaccionar.
-¡Hola! Tú debes de ser Sora Takenouchi, mucho gusto –y le extendió una mano llena de anillos y pulseras para saludarla, pero Sora estaba tan turbada que no respondió el gesto-, yo soy Mimi Tachikawa ¿Acaso en Japón no se estrechan las manos? Como sea, vengo a ver departamento como habíamos acordado.
Sora cayó en la cuenta tan repentinamente de lo que sucedía que casi se le olvida invitarla a pasar. Era impresionante como algo que le había causado tanta curiosidad una hora antes, le parecía totalmente indiferente ahora. La invitó a pasar y le mostró el departamento, pero con tan poco esmero que no se molestó en hacerle las interrogaciones que habitualmente habría hecho a cualquier interesado. Fue tanto así que ni le prestó la más mínima atención a sus altas plataformas, ni a su ligero acento extranjero, tampoco notó sus largas y llamativas uñas postizas, ni se percato de que su escote era algo poco menos que atrevido. Mirando su entera extravagancia como algo de lo más común.
Sin embargo, Mimi no notó en ningún momento la indiferencia de Sora, de hecho, desde que pisó el suelo del departamento, se enamoró perdidamente de él y, estando demasiado entusiasmada observando cada detalle del pequeño departamento, ignoro el hecho de que su interlocutora pareciera estar en las nubes. Sora, siempre preocupada por el diseño, había hecho de aquel departamento un paraíso para cualquier chica, y Mimi supo de inmediato que no importaba cuanto buscara, nunca encontraría algo parecido, y menos al modesto precio que Sora le ofrecía. Ni siquiera le importó que la habitación que le tocaba tuviera un armario pequeño, o que la perilla de puerta del baño siguiera sin funcionar adecuadamente. Estaba emocionada preguntando toda clase de cosas. Sobre lo transitado de la zona, sobre si había agua caliente o solo era templada, acerca de la falta de elevador…
-¡Sirve que hago ejerció! –Había dicho alegremente al tocar ese punto-, de hecho, siento que con solo subir hasta aquí ya bajé un kilo –y soltó una carcajada entusiasta.
Y tal vez fue su risa la que volvió a Sora a la realidad, porque desde ese momento empezó a prestarle verdadera atención. Y cuando Mimi estuvo dispuesta a alquilar el departamento, Sora le habló sobre las reglas que había elaborado cuidadosamente para hacer la convivencia lo más relajada posible. Le aclaró que no aceptaría retrasos en la paga de la renta, que el edificio no aceptaba mascotas, que las tareas del hogar se dividirían equitativamente, que no podía hacer ninguna clase de fiesta por que los vecinos las matarían y que debía avisarle siempre que fuera a invitar a alguien a quedarse por más de un día.
Sora pensó que Mimi no estaría de acuerdo con la existencia de tantas prohibiciones y reglas, pero para su sorpresa, ella se comprometió inmediatamente a cumplir con cada una de las obligaciones que se le impusieran, y aseguró a Sora que ella no solía organizar fiestas, pues prefería limitarse a ambientarlas. Aparte de eso se pusieron de acuerdo con los asuntos financieros, y no tardaron mucho en concretar la mudanza de Mimi Tachikawa al departamento.
Por fin, después de haber pasado por toda clase de preocupaciones, Sora por fin vería resueltos sus problemas financieros, y todo en el mismo día. Había acordado con Mimi que se mudaría justo al día siguiente, el mismo día en que ella iniciaba con su empleo. Y no pudo evitar pensar que serían muchos cambios de un día para otro. Solo esperaba que todo saliera bien y que todos esos cambios fueran tan positivos como su disposición ante el futuro.
No podía quejarse. Estaba feliz. Y a pesar de estarlo, sabía que no iba poder conciliar el sueño. Sabía que iba a estar pensando en él toda la noche…
Continuará…
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N/A:
¿Qué puedo decir? ¡Que estoy contenta! ¡Capitulo 10!
Gracias por leer y dejar review: CieloRosa, Lady of Dark and Delirium, lolita, shaden, MissCullen9, NikkissLove53, Motita y Kapi
¡Nos vemos en el próximo capítulo!
Besos,
Kuchiki Rukia-chan
P.D.: De Base Ball Bear les recomiendo "17Sai" y de Slumdog Millionaire "Paper Planes".
