EL RITMO DE LA VIDA

Capitulo 11

"La Cita"

Era una mañana de sábado como cualquier otra en la ciudad de Tokio. El cielo despejado auguraba buen clima y el sol llevaba ya buen rato ascendiendo entre los edificios, derramando su luz matutina sobre las cabezas de quienes se levantaban temprano. El tráfico era moderado y los establecimientos apenas abrían sus puertas. Los parques comenzaban a poblarse de deportistas y niños que salían de sus casas para jugar. Tal era el caso del parque que se encontraba cerca del edificio departamental Komatsu, y entre sus usuarios se encontraba Sora quien, raqueta en mano, le había pedido a sus vecinos que le indicaran un lugar donde pudiera practicar. Para su suerte, Tai solía ir a ejercitarse todas las mañanas a un parque cercano al edificio, y no tuvo problema en indicarle el camino, y de paso aprovechaba para acompañarla. Por otro lado, Tk declaró que tenía muchísimas ganas de aprender a jugar tenis, y Sora no vio problema en hacer de instructora, así que los tres terminaron en el parque dispuestos a sudar a mares y terminar adoloridos.

El día era tan bonito que ejercía influencia sobre los peatones, y elevaba el entusiasmo de los deportistas. Tai había empezado a calentar trotando al rededor de la pista, mientras que Sora se encargaba de enseñarle lo básico del tenis a Takeru quien, hay que confesarlo, era malísimo; y no solo en el tenis – por más que lo intentaba nunca llegaba a tiempo para darle a la pelota-, si no que en realidad no se le daba ningún deporte. Cuando Sora se dio por vencida en su intento de enseñarle lo que era un simple saque, trató de animarlo jugando carreras, pero el rubio estaba en todo, menos en forma, y Sora tenía que darle una ventaja ridículamente amplia para que pudiera vencerla. Fue tanto así, que luego de media hora Tk estaba demasiado agotado como para intentar hacer cualquier otra cosa y Sora, compadeciéndose de él, decidió sentarse a su lado mientras descansaba.

-No te preocupes –lo consoló pasándole una botella de agua-, si practicas todos los días durante veinte minutos, habrás mejorado considerablemente de aquí a un mes.

-¿Planeas matarme? –se quejó el rubio mirando a Sora con cara de dolorosa desesperación, y levantando la manos en señal de rendición dijo-, me doy por satisfecho si puedo mover las piernas el día de mañana

Sora rió.

-Qué bueno que quieres ser escritor y no atleta –bromeó, y al mismo tiempo buscaba a Tai con la mirada entre los árboles y las personas

-Digamos que soy más del tipo intelectual –se defendió Tk llevándose el botellón a los labios-, y sé para lo que soy bueno.

-Tai es buen deportista ¿cierto? –dijo ella apenas hubo visualizado al moreno en la cancha de futbol que se encontraba a unos cuantos metros de ellos.

-Tai es bueno en cualquier cosa que requiera usar la fuerza bruta –respondió mientras rememoraba la última vez que el susodicho hiciera uso de sus destrezas, y de cuya ocasión guardaba un recuerdo morado estampado en la piel.

-Cuando fui a verlo jugar me sorprendió mucho lo bueno que era –recordó alegremente- ¿Qué hace? ¿Está jugando con esos niños?

Takeru aguzó la vista para ubicarlo, y no tardo mucho en reconocer la cabellera alborotada de Taichi, quien estaba rodeado de una docena de niños que trataban de quitarle la pelota.

-Ah, sí; a Taichi le gusta enseñarles algo de futbol a los niños que acostumbran venir al parque –le contó Tk, con una sonrisa en el rostro-, es una especie de héroe para ellos.

Sora recordó al chico de las gradas que apoyaba a Tai el día del partido. Según recordaba, se llamaba Daisuke, y no dudaba que hubiese sido como aquellos pequeños en su infancia. Se levantó de la banca donde estaba sentada, y caminó hasta tener una mejor vista. Todos los niños se abalanzaban sobre Tai como tratando de derribar un gigante; sus risas y sus caras sucias se dirigían hacía el moreno con la viva admiración de la inocencia. Sora no pudo evitar sonreír. Le parecía ver en Tai a otro niño más, cuya única diferencia era la estatura. Entendía por qué los pequeños lo idolatraban. Era ágil como el que más y era de lo más gracioso, una especie de líder nato. Y supo que si lo hubiese conocido en su infancia, no habría podido evitar hacerse su admiradora, igual que todos esos pequeños.

Mientras observaba a Tai con los brazos cruzados y sonrisa maternal, Sora pudo percatarse que ella no era la única que se detenía a ver como ese grandulón jugaba futbol rodeado de niños. Unos metros a su derecha, un señor de aspecto humilde y vestido con andrajos le lanzaba exclamaciones de ánimo a uno de los pequeños que trataba de robarle la pelota a Tai, a quien le gustaba hacerlos batallar, para al final felicitarlos por haber conseguido arrebatársela a fuerza de patadas. A Sora le llamó mucho la atención el rostro de ese señor, en cuya mejilla izquierda tenía una cicatriz con forma de punta de flecha. Lo observó durante unos segundos más, y cuando volvió a prestar atención a Tai, se dio cuenta que éste se esforzaba por lucirse haciendo maniobras de defensa complicadísimas con las que los niños no podían competir ni de broma, así que intuyó que ya había notado su presencia. A Tai le encantaba lucirse. Y no tardó mucho en acercarse a saludarla.

-¿Cansada, Sora? –le preguntó apoyándose en un árbol que se encontraba a su lado, para después lanzarle la pelota a los niños, dejando así que jugaran como mejor les pareciera

-Para nada –respondió notando que Tai trataba de resaltar los músculos de sus antebrazos-, Tk se ha rendido antes de empezar realmente a practicar–y señaló con el pulgar la banca en la que el futuro escritor se encontraba derretido de cansancio

-A la próxima me ofrezco de alumno si te interesa practicar de verdad –dijo con aire de suficiencia, y a Sora se le ocurrió que tenía todo el aire de superhéroe orgulloso.

-¿También juegas tenis? –preguntó fingiendo impresión y aguantándose la risa

-En realidad no –admitió- pero estoy seguro que no me tomaría ni un par de lecciones aprender

-Bueno, eso podemos averiguarlo en otra ocasión –dijo Sora divertida, y luego de notar que el señor de la cicatriz se había ido, le preguntó a Tai- ¿Viste al señor que estaba parado a lado de los bebederos hace un momento?

-¡Ah, claro! –afirmó Tai mirando hacía la cancha y señalando a un pequeño que llevaba una chaqueta verde varias tallas más grande que él-, Es el padre aquel niño al que le acaban de quitar la pelota. Le gusta vernos jugar, aunque no es muy amigable

-Parece ser una persona de bajos recursos… -y después murmuró para sí misma- ¿Qué le habrá pasado en la mejilla?

-Ah, si… Creo que viven en un edificio viejo a varias cuadras de aquí –dijo Tai rascándose la cabeza

-¿Qué hora será? –se preguntó Sora volteando a ver su reloj de pulsera- ¡Dios mío, ya va a ser las once! Me que quede de ver con Mimi a esa hora exactamente.

-¿Quién es Mimi? –preguntó Takeru, quien acababa de acercarse a ellos cargando la botella de agua en una mano y las raquetas en la otra.

-Es la chica con la que voy a compartir el departamento ¿No les había dicho? –cuestionó Sora con naturalidad- Se va mudar hoy.

-Pero si ayer todavía estabas entrevistándote con unos interesados ¿no? –se extrañó Taichi, que creía llevar la cuenta exacta de los "potenciales inquilinos"

-Así es –afirmó ella-, fue la chica que miré en la noche. Arreglamos todo muy rápido y decidí que ella era la indicada. Quedé de verla hoy, y de hecho, se me está haciendo tarde, así que yo creo que ya me voy. Los veo luego.

-Espera, Sora –intervino Tk deseoso de alejarse cualquier cosa parecida al deporte lo más pronto posible- yo te acompaño…

-Yo los alcanzo más tarde –dijo Taichi, quien todavía pensaba dar unas vueltas más al parque-, después voy a ver si ocupan ayuda con algo…

Sora asintió y caminó apresurada en dirección al edificio departamental Komatsu, con Tk siguiéndola unos pasos atrás.

Apenas estuvieron frente al edificio, pudieron ver como un taxi se detenía en la entrada, para unos instantes después notar cómo se abría una de las portezuelas y seguidamente se apeaba la admirable figura de Mimi Tachikawa, quien estaba tan arreglada, que parecía salida de una revista de moda. Sora la saludó y luego de presentarle brevemente a Takeru, le preguntó por su equipaje, más no tardó mucho en ver la respuesta, pues otro taxi se acababa de estacionar atrás del primero y estaba atestado de cajas y maletas.

-He tenido que pagar doble taxi para poder traerme todo en un solo viaje –explicó sonriente, aunque los choferes no parecían compartir su optimismo, pues bastaba leer sus rostros para adivinar que no estaban nada entusiasmados por descargar el excesivo equipaje de la castaña.

-¡Valla que trae mucho equipaje! –exclamó Tk viendo como, por más que pareciera que el taxi estaba vacío, seguían sacando cajas y valijas

-¿Cómo vamos hacer para subir todo esto sin elevador? –preguntó Sora seriamente consternada intercambiando una mirada de desconcierto con Tk

-No se preocupen, ahora lo arreglo –dijo Mimi con seguridad. Y acercándose a los taxistas, les propuso pagarles el doble si subían el equipaje hasta el departamento, y aunque en un principio les pareció un buen negocio, luego de enterarse de que el departamento se encontraba en el séptimo piso, se negaron rotundamente y se fueron tan pronto lo hubieron descargado todo.

Mimi no podía creerlo.

-Se supone que el dinero siempre funciona ¿no? –se quejó desilusionada-, tardaremos una eternidad en subir todo y mis cosas no se pueden quedar en la calle ¿Qué tal si llueve?

Tk volteó a ver el cielo enteramente despejado y se extraño de la preocupación de Mimi.

-Creo que necesitaremos ayuda –dijo Sora, y se dirigió a Tk- ¿Te sabes el número de Tai?

Después de la llamada de Sora, Tai no tardó ni cinco minutos en estar allí, dispuesto a exhibir sus bien ejercitados músculos.

-¿Qué subimos primero? –Preguntó Tk aparentemente dispuesto, para después agregar con burlona ironía- no queremos que nos agarre un aguacero.

Sora le dirigió una mirada de reprobación, y Tai no le hizo caso; estaba demasiado ocupado viendo a Mimi de arriba para abajo como para prestar atención a lo que el rubio tuviera que decir. No hace falta aclarar que Mimi no notó la broma ¿cierto? Un segundo después Taichi se apresuró a autopresentarse, y luego de ofrecer sus servicios de la forma más galante y absurda que se le pudo ocurrir –Tk y Sora no se pudieron aguantar la risa-, empezó a subir el equipaje de varias maletas a la vez. Mimi solo subió las más pequeñas y se encargó de "supervisar" toda la movilización, mientras que Tk y Sora tuvieron que ayudarse mutuamente cada que se encontraban con alguna maleta especialmente pesada. Trabajando de esta manera, acabaron de subir todo rápidamente, aunque como era evidente, unos se cansaron más que otros.

Decidieron que sería oportuno tomar un descanso, y Sora ofreció agua a todos, y aunque Tai se empeñaba en fingir en que se encontraba perfectamente, aceptó el vaso de de agua como quien ha caminado varios días seguidos bajo el sol abrazador de un desierto.

Luego de sentarse a descansar un momento, Sora llegó a la conclusión de que aquel iba a ser un largo día. Así que en un intento de animarse a sí misma, se levantó y empezó a animar a los demás.

_ _ _

Aquel día, cuando Yamato llegó al #707 como era su costumbre, pensó que se había equivocado de lugar. Desde la puerta abierta se podía ver como todo estaba hecho un desastre -contrario al inmaculado orden que acostumbraba mantener Sora-, había maletas y cajas por todas partes, y no fue sino hasta que alcanzó a ver la pelirroja cabellera de Sora entre aquel desorden, que se percató que se encontraba en el lugar indicado y, con algo de esfuerzo, franqueó todos los obstáculos hasta llegar a ella, aunque no pudo evitar sentirse como en la casa de Tai, donde el caos era lo habitual.

-¿Explotó una bomba en medio de la sala? –le preguntó divertido a modo de saludo, sin entender a qué podía deberse tal desbarajuste.

-Una bomba hubiese sido más fácil de manejar –aseguro ella desempacando el contenido de una de las múltiples cajas que se encontraban esparcidas a su alrededor- ¿Mimi, qué le hago a estos cobertores?

-Déjalos por ahí –respondió la castaña saliendo de su habitación, sin señalar ningún lugar en particular- pienso dejar la ropa de cama para el final… -y viendo a Yamato apenas por un segundo dijo- ¿Has traído más ayuda? Me alegro, si seguimos así acabaremos en un instante –y volvió a ocuparse de sus asuntos.

-¿Ayuda? ¿De qué habla? –preguntó Matt con cara de desconcierto- ¿Quién es ella? ¿Acaso debo intuir que es la responsable de esta calamidad?

-Así es –admitió sora con tolerancia-, va a ser mi nueva compañera de departamento. Apenas la conocí ayer, ¿Te acuerdas que te dije?

-Como no acordarme. Me rechazaste por su causa ¿lo olvidas?

-Créeme que no –le aseguró Sora, quien apenas si había podido pegar el ojo de solo pensar en ello-, pero puedes dejar eso de lado. Prometo que saldremos en otra ocasión.

-Eso pensé –dijo sonriente-, así que compré esto –y sacó de su bolsillo dos nuevas entradas para el cine

Sora se quedó sin habla por un momento, pero no por las entradas, si no por la sonrisa de Yamato, que la miraba expectante. Y lamentó tener que rechazarlo.

-No podré ir –dijo al fin-, tengo que ir a trabajar.

-¿Desde cuándo tienes empleo? –preguntó Yamato aprensivo

-Hoy empiezo. Y no puedo faltar a mi primer día, así que…

-Ya me rechazaste una vez, no puedes hacerlo nuevamente por que me acabas de prometer una cita. Además ya compre lo boletos. No querrás que se desperdicien ¿cierto?

-Yo te prometí una cita, y lo sostengo, pero que yo recuerde, no te dije cuando –y se apresuró a quitar un florero del camino de Tai, quien andaba de un lado para otro siguiendo las instrucciones de Mimi-. En todo caso ¿Por qué compras los boletos antes de preguntarme?

-Siempre lo hago así –dijo encogiéndose de hombros-, nunca antes alguien se había negado.

-Eso es porque has de haber invitado a chicas que no tienen otra cosa que hacer –supuso Sora sentándose entre dos cajas, deteniéndose un segundo a observar el desastre que la rodeaba

-O por que las chicas que invito dejan de hacer lo que tenían que hacer, por salir conmigo –dijo Yamato sentándose a su lado

-Pues lo siento, pero yo no puedo hacer eso –le dejó claro, un poco molesta-. Tengo que ir a trabajar, y no puedo dejar que Mimi lo haga todo sola. Sería desconsiderado.

-No está haciendo nada sola –evidenció Yamato, señalando como lo único que la castaña realmente hacía, era dar indicaciones, e ignorando el hecho de que su hermano se encontraba a un metro de él cargando un par de valijas que parecían doblar su peso-, además, apuesto que ella no haría lo mismo por ti

-¿Cómo puedes saberlo? Tú tiendes a pensar lo peor de las personas ¿no? –lo retó Sora- , y aunque así fuera, no podría ir. Tengo trabajo.

Yamato volteó a ver a Mimi con irritación. Su largo cabello castaño se deslizaba suave sobre su espalda, sus curvas se insinuaban provocativamente bajo su entallada ropa y su maquillaje hacía resaltar sus larguísimas pestañas haciendo parecer sus ojos más grandes y llamativos. Trataba de despegar la cinta que sellaba una caja, más con poco éxito, pues sus uñas postizas le impedían tomar la cinta con facilidad.

-¿Cómo es posible que hayas aceptado vivir con una entera desconocida? –preguntó dejando de lado por un momento el asunto de la cita.

-No es una entera desconocida –se defendió Sora-, sé que acaba de mudar a Tokio hace una semana y que llegó de Nueva York, donde vivió durante cuatro años.

-No puedo creer que hayas preferido aceptar a esa seudo-barbie americana como compañera, que a mí –se quejó con cara de reproche

-Por favor, no hablaras en serio; tú no tienes un motivo real para alquilar departamento, ya habíamos hablado de eso. Y ella no es una seudo-barbie americana –la defendió Sora con convicción-. De hecho, creo que resultará ser una chica genial, y si la conocieras un poco más, estoy segura de que te caería tan bien como a mí. Mira, Tai tampoco quería que compartiera el depa y ahora aun así esta de lo más amigable con ella.

-Te puedo asegurar, Sora –declaró Yamato abanderando la clásica lógica masculina-, que esa barbie podría ser el ser humano más perverso de la humanidad, y Tai seguiría siendo amable con ella, solo por traer ese escote

Sora parpadeó, y hubiera querido contradecir a Yamato, pero apenas volteó hacía donde ellos se encontraban y no tardó en darse cuenta que Tai, no le veía a Mimi precisamente sus bellos ojos.

Suspiró resignada.

-Está bien. Tai no parece interesado en su grandiosa personalidad –reconoció-, pero tú podrías al menos tratar de conocerla antes de decidir que es solo una tonta americana hueca.

Yamato la miró con seriedad, y decidió que Sora necesitaba una buena lección sobre la vida real, así que decidió acceder.

-Tienes razón–dijo cambiando su tono de voz irritado por uno enteramente destino, aunque aquella dulzura parecía ocultar algo de amargo-, debo de tratarla antes de decidir qué clase de persona es, ¿Sabes qué haré? la invitaré al cine con las entradas que tu acabas de rechazar –y dicho esto se levantó, aunque no se movió de su lugar, como si esperara que Sora dijera algo. Y ella mordió el anzuelo.

-Matt, ¿no vez que se acaba de mudar? –dijo Sora impacientada por la insistencia de Yamato con esas estúpidas entradas-, si yo no acepte es porque no puedo faltar a mi primer día de trabajo, además ¿Cómo crees que aceptará salir contigo si tiene tantas cosas que hacer y apenas te conoce?

-No deberías tratar de decidir por las demás personas, Sora. No todas piensan como tú –y en ese mismo instante se dirigió a Mimi, quien en ese momento trataba de ordenar sus cosas sin estropear su aparentemente costoso atuendo.

-Disculpa, ¿Mimi, no es cierto? –dijo Yamato muy seguro de sí mismo- Me preguntaba si te interesa ir al cine conmigo esta noche –y cada palabra que salía de sus labios estaba cargada de una calculada intención, hecha para que Sora lo escuchara- Soy Yamato Ishida. Se que es inesperado, pero me pareció que tal vez te gustaría salir ya que eres nueva en Tokio y debes estar ansiosa por conocer la ciudad.

Sora se levantó y cruzada de brazos, con una sonrisa de suficiencia, esperó a ver como Matt era rechazado. Empezaba a creer que Yamato sufría de una elevada egolatría.

Mimi lo miró como si le costara entender su idioma, pero después de un instante de evaluación le respondió con el más correcto japonés

-Claro, me encantaría –dijo con una sonrisa que mostraba todos sus perfectos y blancos dientes-. Y no debes preocuparte por el hecho de que casi no nos conozcamos, para eso vamos a salir, ¿no? Para conocernos.

-Si, estoy de acuerdo –respondió él a la vez que, como ella, exhibía su sonrisa de comercial, y disimuladamente volteaba a ver a Sora con cara de quien está por exclamar un impertinente "Te lo dije".

Mimi, contentísima, le fue a contar a Sora quien, como era de esperarse, no solo ya estaba al tanto de todo, sino que no cabía en sí de la impresión ¡Y ella que trataba de ser considerada!

-¿No es grandioso? –le preguntó alegremente-, no llevo ni una semana en Japón y ya me han invitado a salir

-Si… -respondió Sora arrastrando las palabras-, es grandioso.

-No te importa que te deje este desastre de mudanza, ¿verdad? –preguntó ella con la inocencia de un niño que ha perdido un botón.

- Mimi –trató de hacerla razonar Sora-, ¿No crees que lo correcto sería terminar de acomodar todo ahora y salir mañana?

Mimi pareció reflexionar y volteó a ver a Yamato, quien por lo visto, ya se esperaba ese cuestionamiento por parte de la pelirroja.

-Ya compré los boletos –dijo sacando las entradas del bolsillo y mostrándoselos-, si no vamos hoy, los desperdiciaríamos.

-¡Hay, no podemos desperdiciarlos! –exclamó Tachikawa conmovida por lo sorpresivo del gesto de Yamato- puedo salir hoy, y terminar de acomodar todo mañana ¿no?

Sora rodó los ojos viéndose derrotada.

-Haz lo que te parezca mejor, Mimi –respondió a sabiendas de que no había manera de ganar esa batalla-; después de todo, son tus cosas

-¡Ay, gracias, Sora! –y la abrazó con efusividad, para después dirigirse a Yamato -¿A que hora es la función?

-A las siete, así después de la película podemos salir a cenar.

-¿A las siete? ¡Pero si ya pasa de medio día! –Y sacó a los chicos a empujones del departamento- ¡Me tengo que arreglar y entre este desastre me tomara una eternidad encontrar mi maquillaje! Vuelvan cuando esté lista…

Sora no pudo evitar reírse. Cuando menos, sabía que aquella lección que Yamato había querido darle, también iba a ser una tortura para él.

Apenas Mimi hubo vaciado el departamento de chicos, se dirigió a Sora angustiada.

-Sora tienes que ayudarme a encontrar mi maquillaje y los zapatos –dijo mirando con desesperación las múltiples cajas por abrir en el departamento y la media docena de maletas que abarrotaban su habitación

-Te ayudaré en lo que pueda, Mimi. Aunque solo podré hacerlo durante un par de horas, porque después tengo que salir a trabajar

-¡Ay, gracias, Sora! Que pena que tengas que irte, me harás falta entre este mar de cosas –se lamentó- ¿Por qué habré traído tantas maletas?

Sora se preguntaba exactamente lo mismo, pero no dijo nada y le ayudó a Mimi a acomodar todo cuanto pudo, pero el pequeño armario de la alcoba que le correspondía a Tachikaewa apenas alcanzaba para la tercera parte de su ropa, y ni que decir cuando encontraron los zapatos. Eran tantos que Mimi optó por dejarlos en sus cajas hasta hacerse de un lugar adecuado donde guardarlos. De maquillaje encontraron toda una maleta, así que la insulsa cómoda debería ser reemplazada por un espacioso tocador que Mimi ya estaba planeando comprar. Para cuando Sora tuvo que prepararse para ir al trabajo, su compañera empezaba a entrar en crisis. No sabía cómo iba conseguir estar lista para la hora de la cita sin ayuda. Pero cuando Sora cometió la insensatez de sugerir que se fuera como estaba, casi le da un ataque y la pelirroja opto por despedirse brevemente y salir de allí tan rápido como le fue posible.

Apenas había cruzado la puerta del departamento cuando se topó con la cara jovial de Takeru, quien parecía haber estado esperándola fuera del departamento. Y después de ofrecerse a acompañarla a su trabajo, salieron del edificio caminando a paso moderado.

-Tk, ¿Qué hacías solo en el pasillo? –le preguntó Sora mirando distraídamente la calle

-Quería charlar un poco contigo –dijo metiéndose las manos en los bolsillos-, pero después de la forma en que esa chica nos sacó del departamento, confieso que me dio algo de miedo

Sora río.

-Si, Mimi puede ser algo aterradora… -admitió-, ¿De qué querías hablar conmigo? Digo, no tenemos mucho que nos separamos.

-Solo quería decirte que no le hagas caso a las tonterías que hace mi hermano –dijo volteando a ver el cielo, como si lo que decía no tuviera importancia-, realmente le gustas, es solo que siempre quiere ser la prioridad, e invitar a otra chica a salir es un intento burdo de captar tu atención.

-Creo que es una estupidez de su parte –opinó Sora pateando suavemente una piedrecilla que se encontraba en su camino-, si solo quería llamar mi atención debió de haberlo hecho con algo menos drástico. No tenía por qué involucrar a Mimi.

-Pienso igual –concordó Tk-, pero no se puede cambiar la testarudez de las personas... Aunque si sirve de algo, yo creo que tu eres más linda, Sora.

Ella sonrió.

-Si sirve – dijo ya más animada, y tomó a Tk del brazo- ¿Tienes novia? –bromeó al tiempo que daban la vuelta a una esquina.

Por fin llegaron a la placita donde se encontraba la librería, que a pesar de formar parte de una zona muy concurrida y transitada, estaba tan escondida que en raras ocasiones alguien pasaba por allí.

Después de dejar a Tk, Sora se sentía mucho mejor; sin embargo, no había podido dejar de pensar en lo ocurrido. Y aunque tenía muchas cosas que hacer aquel día, aprendiendo lo básico de cómo atender una librería, lo cierto es que lo hizo todo a medias por culpa de Yamato. ¿Por qué tendría que haberle dicho que le gustaba y al día siguiente haber invitado a Mimi a esa estúpida cita? Ahora no podía pensar en otra cosa sin que de improviso sus palabras le vinieran a la cabeza como colándose entre sus ideas, una a una,… Cuando el dueño de la tienda se hubo marchado y la dejó sola, todo se calmo… y no pudo hacer otra cosa más que detestar que su trabajo fuera de improviso tan pasivo porque entre aquella tranquilidad lo único que podía hacer era pensar, y si trataba de leer, por más que lo intentaba, no conseguía concentrarse, pues las preocupaciones empezaban a acumularse en su cerebro ¡Y mira que tenía muchas cosas por las que preocuparse! En una semana tenía que pagar la renta, temía por la disminución de su modesta despensa y no había podido restringirse el auto que, aunque consumía poca gasolina, le ocasionaba un conflicto de financiamiento; de no ser por que Mimi le ayudaría a fin de mes con las cuentas, no sabría que hacer. Pero el estarle agradecida a Mimi en aquel momento no era precisamente el sentimiento más grato del mundo. En especial porque sabía que ella no era culpable de nada. Era Yamato quien la había invitado a propósito para molestarla. Mimi no podría haber sabido cuáles eran sus intenciones. Y aún así, hubiese deseado que se negara, pero no lo había hecho. Y ahora ella estaba allí, escociéndose los sesos a causa de aquello. Era tan incomodo desear saber que estarían haciendo ¿Por qué debería a ella importarle? Dios, se sentía una tonta.

Cuando el reloj señaló la hora de salida, Sora ni siquiera se alegró. ¿En qué momento habían pasado cuatro horas? Y no es que fuera de esa clase de personas que cuentan los minutos antes de la salida, pero la verdad es que cuando le dieron el empleo había imaginado que a esa hora estaría muy satisfecha del trabajo realizado, pero para su mala suerte, no era así. Tampoco era que estuviera desanimada, solo que la satisfacción que esperaba saborear, no existía… Qué curioso es esperar algo con ansias, y cuando por fin lo conseguimos, nos damos cuenta que aquél sentimiento de logro es efímero, que era más lo que esperábamos sentir, de lo que realmente terminó siendo.

Sora suspiró. No quería empezar a pensar como pesimista.

Ya estaba obscuro, y las luces del alumbrado público marcaban el camino de las calles dándoles una apariencia lúgubre, que hicieron que Sora extrañara su auto De haberlo llevado bien podría haber puesto algo de música para confortarse, pero no era así. Debía ahorrar lo de la gasolina. Pero no dejó que eso la desmoralizara, y tratando se animarse, decidió que se iría por la zona comercial más concurrida, y aprovecharía que no tenía nada de ganas de llegar a cocinar, para pasear entre los establecimientos de comida en busca de algo para llevar.

Mientras caminaba se acomodó el bolso al hombro y metió las manos en los bolsillos de su suéter. Empezaba a refrescar y las personas que caminaban por las aceras iban abrigadas. Las luces de los llamativos establecimientos resplandecían hasta palidecer la luz lejana de la luna que se asomaba entre los elevados edificios que poblaban la ciudad. Sora se asomaba en los escaparates de los restaurantes en busca de algo que se le antojara, y la verdad, es que la comida italiana iba ganándole a la griega y a la china. Cuando por fin se decidió, tuvo que cruzar la calle por que el establecimiento que había ganado la contienda culinaria se encontraba en la esquina opuesta, y eso estaba haciendo cuando, desde la terraza de un restaurante cercano, algo desvió su atención. Una chica hacía aspavientos con las manos tratando de llamar la atención de algo o de alguien... Sora entornó los ojos para ver mejor y se pudo dar cuenta que esa no era una chica cualquiera, era Mimi, y que la razón de que hiciera ademanes era que pretendía llamar su atención, saludándola entusiastamente. Sora hubiese querido fingir que no la había visto y pasar de largo, pero era demasiado tarde, ya la había reconocido. Maldijo en voz baja ¿Era acaso la ley de Murphy? ¿Cómo era posible que tuviera que encontrarse con ellos? Porque, efectivamente, Yamato estaba sentado a su lado ¡Era una posibilidad de uno a un millón! Pero había sucedido y no había nada que pudiese hacer al respecto. Se reprendió interiormente por haber optado por la comida cantonesa en el último momento, y con todo su pesar tuvo que acercarse a la terraza donde se encontraban.

Saludó a Mimi con sequedad y ni siquiera volteó a ver a Yamato.

-¡Sora, que coincidencia! –Exclamó Mimi con su particular tono de voz -¿Vienes del trabajo? Nosotros casi acabamos de salir al cine, hemos visto una película de lo más graciosa…

-¿Sabes, Mimi? –la interrumpió Sora cansinamente-, estoy algo cansada ¿Por qué no me cuentas cuando llegues a casa? Yo ya me tengo que ir…

-¿Te tienes que ir? ¿Pero por qué? – preguntó ingenuamente- ¿Ya comiste? ¿Por qué no te quedas?

-Ya comí, gracias –mintió deliberadamente, pues su intestino parecía opinar lo contrario, y demandaba alimentos desesperadamente desde hacía media hora-, pero no me quedo más tiempo, no quisiera interrumpir –y luego de echarle una mirada cargada de falsa indiferencia a Matt, empezó a caminar tan rápido como pudo.

No fue sorpresa que unos minutos después, Yamato la alcanzara.

-¿Qué sucede, Sora? –Empezó él aparentemente satisfecho, con una voz tan ufana que a Sora le pareció insoportable-, pareces enojada.

-Pues no lo estoy –respondió decidida, aunque parecía que quería decir todo lo contrario-, ¿Qué quieres? Has dejado a tu cita esperando.

Yamato, para pesar de Sora, sonrió.

-Eres encantadora cuando estas enojada –dijo él con naturalidad-, pero lo eres aún más cuando estas celosa.

Sora dio un respingo de indignación.

-Yo no estoy celosa –se apresuró a aclarar-, puedes salir con quien tú quieras.

-¡Claro que estas celosa! –exclamó Yamato triunfante, sin que le importara que la gente que pasaba por su lado se le quedara mirando -, pero espero que quede claro que no estaría con ella si tu no me hubieras rechazado, era contigo con quien yo quería salir ¿recuerdas?

-¡Tenía trabajo! ¡No podía faltar solo por una cita! –se defendió desesperada-, No puedes esperar ser la prioridad en todo.

-Tienes razón, no tengo prioridades porque, después de todo, no somos nada –contraatacó decidido-. Ni siquiera estamos saliendo. Entonces no entiendo el por qué de tus celos

-Pero yo no estoy celosa –insistió Sora irritada

-¡Si lo estás! ¡Tan solo mírate!, de no ser así no tendrías porque estar enojada –Sora quiso decir algo, pero él se le adelantó-, y no importa cuánto trates de negarlo, no puedes decir que no estás enojada.

Sora parpadeó.

-Oh, Dios… Si estoy celosa –murmuró para sí misma cayendo en la cuenta de que Matt tenía razón-, ¡Pero tú tienes la culpa de que lo esté, por decirme que te gustaba!… Así que déjame en paz y vete con tu cita. Espero que la sigan pasando tan bien como hasta ahora.

Yamato no dijo nada más, y cuando Sora empezó a alejarse, él no la siguió. Al final terminó dándose la vuelta para regresar al restaurante en el que había dejado a Mimi.

Sora, queriéndose alejar del bullicio de las calles transitadas por las que había andado, dobló en una esquina internándose en una calle obscura. No quería pensar. Quería alejarse. Deseaba deshacerse de esa horrible sensación de inutilidad que de repente le pesaba tanto en el pecho. Detestaba sentirse así. Había actuado infantilmente y quería olvidar lo que había dicho. Lo que él había dicho. Todo.

Al final de la calle por la que caminaba había una silueta que no alcanzaba a distinguirse del todo bien. Por un momento pensó que lo mejor sería retroceder, pero mientras más se acercaba más nítida se hacía, y cuando estuvo suficientemente cerca, pudo reconocer al hombre que se apoyaba en el poste de luz, así que no sintió temor. Cuando Sora por fin pasó a su lado, para su sorpresa, él la tomó repentinamente del brazo hasta hacerle daño. Trató de alejarse pero el desconcierto y la fuerza de su agresor se lo impidieron.

-Dame tu bolso –le exigió bruscamente dejando entrever entre su abrigo harapiento la brillante hoja de una navaja.

Sora no opuso más resistencia. De lejos había identificado la cicatriz en forma de punta de flecha que marcaba su mejilla izquierda.

Continuara…

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N/A:

Con este capítulo espero hacer causado, aunque sea, un par de reacciones de asombro. Me he esforzado y por ello espero que lo hayan disfrutado. El próximo capítulo lo planee desde que se me ocurrió esta historia –que fue mucho tiempo atrás, créanme-, así que espérenlo!

Como siempre ¡Gracias por los reviews! Gracias a: MissCullen9, NikkissLove53, Sora Takenouchii y Lime Smak

Besos,

Kuchiki Rukia-chan

P.D.: