EL RITMO DE LA VIDA
Capitulo 13
"La Llamada"
Sora despertó con los rayos del sol golpeándole el rostro. La noche anterior se había acostado tan agotada que ni siquiera se había cubierto con el edredón, mucho menos se había acordado de correr las cortinas. Sencillamente había caído rendida. Y es que aquel había sido un día larguísimo.
Apenas volviera al departamento después e su odisea con el ladrón y su príncipe de ojos azules, se encontró con Mimi, quien truncó sus planes de desplomarse en la primera oportunidad que tuviera, y por el contrario, la mantuvo despierta hasta la madrugada con una larguísima charla en la que, para ser franca, había participado poco, siendo su nueva compañera de departamento quien la dirigiera casi en su totalidad, de hecho, la había sorprendido muchísimo. Para empezar, no estaba molesta, como Sora pensó que lo estaría; curiosamente, todo lo contrario. En lugar de quejas –como podría pensarse-, la recibió con un bombardeo de preguntas, la mayoría sin mucho sentido, aunque eso sí, todas versaban a cerca de lo que había hecho con Matt y, luego de haber recibido una respuesta más bien escueta por parte de la pelirroja, se había escandalizado por la falta de entusiasmo con la que se expresaba.
-Pero ¿Qué paso exactamente? –le había preguntado interesadísima-, ¿Nada más platicaron? ¡Ay, Sora, que aburrida! Yo tenía la esperanza de que no llegaras a dormir. Si no aparecías para las doce, me iba a dormir. Pero aquí éstas y no sueltas prenda. Tienes que contármelo toodo. No omitas ningún detalle por insignificante que parezca.
-¿De que hablas, Mimi? –dijo Sora cansinamente recargándose en uno de los brazos del sofá, y dejando caer su bolso en el asiento-, no ha pasado nada digno de mención –mintió-, de cualquier modo, ¿Por qué no habría de llegar a dormir?
-Es obvio –dijo Mimi poniéndose una manos en los labios como quien cuenta un secreto- Cuando un chico tan apuesto como Yamato va tras de ti, tal y como ocurre en las películas de amor, la reconciliación bien dura toda la noche ¿no?
-¿Reconciliación? –preguntó Sora extrañada, pensando que esa palabra no era la más adecuada para describir lo que había pasado con Yamato, pero no habiendo otra que se le ocurriera para corregir a su interrogadora, continuó diciendo- ¿De donde sacaste esa idea? Nosotros no… -iba a decir que no había nada entre ambos, pero al momento de empezar la frase supo que no era cierto, y probablemente Mimi tampoco le creería, así que se resignó y cerró la boca- bueno, no importa.
-¡Ay, Sora! No te preocupes, puedes contármelo con confianza –exclamó alegremente, mientras balanceaba de un lado a otro el peine con el que había estado cepillándose la ondulada cabellera
Sora se dio cuenta en ese momento de que ella debía ser una de esas chicas cursis que veían la realidad a través de los lentes rosados de la ficción, por lo que, sin importar lo que dijera, no iba dejarla descansar hasta que tuviera un relato minucioso de una velada romántica semejante a la que seguramente ya había ideado en su imaginación.
-¿Sabes, Mimi? –empezó Sora con cautela-, no solo no ha ocurrido nada extraordinario, si no que la realidad poco tiene que ver con las películas de amor.
-No digas tonterías, Sora –dijo Mimi resuelta, como si la afirmación de Sora fuera la secuela de una grave contusión en la cabeza -, la vida es una película romántica… ¡Ah, ya entiendo! ¿Se pelearon?
-No… -vaciló-, no exactamente.
-¡Ay, no! ¡Sí se pelearon! –concluyó por su cuenta-, ¡Solo espero que no haya sido por mi culpa! –y parecía muy preocupada al respecto-, te juro que no sabía que ustedes dos tenían algo, de lo contrario jamás habría aceptado salir con él.
-No te preocupes, se que no fue tu culpa –aseguró Sora mirando disimuladamente en dirección a su alcoba, alimentando el anhelo frustrado de ir a dormir-, de cualquier forma, tampoco tenemos "algo" muy concreto.
-Te entiendo perfectamente –dijo con vocecilla de complicidad al tiempo que le guiñaba un ojo, ya completamente curada de su preocupación. Sora prefirió no conjeturar respecto a lo que Mimi estaría pensando, pues estaba segura que, lo que fuera, no podía ser nada bueno-. Me alegra saber que todo esta bien entre nosotras, sobre todo por que nuestro encuentro en el restaurante no fue del todo amistoso
-Sobre eso Mimi –empezó Sora- creo que te debo una disculpa. Me porte como una tonta.
-¡Eso esta olvidado! –aseguró la castaña quitándole importancia agitando la mano de arriba hacia abajo-. Entiendo divinamente tu situación. De hecho, de haber estado en tu lugar, probablemente no me hubiera portado ni la mitad de educada que tú. Te lo aseguro. En eso Matt sí que metió la pata. Eso de dar celos con la mejor amiga es taaan anticuado, muy poco original, la verdad. Pero no te preocupes –y al decir esto se acerco a Sora y le puso las manos en los hombros-, no te lo pienso robar.
Sora, que por un momento la había mirado desconcertada por su afirmación de "la mejor amiga", no pudo evitar reír al darse cuenta de la solemnidad con la que Mimi decía esa frase tan absurda.
-¿Robármelo? –soltó Sora sin poder evitar agregarle una nota burlona a la pregunta.
-No necesitas fingir, Sora –continuó Mimi con tal cara de seriedad que resultaba cómica, y es que al parecer, se sentía dentro de una de sus películas de drama favoritas haciendo el papel de la chica comprensiva que ayuda a los protagonistas a estar juntos-, sé que cualquier chica se sentiría intimidada por una mujer tan hermosa como yo, pero puedes estar segura que no seré la villana robanovios.
-Tranquila, nunca pensé que lo fueras –aclaró Sora zafándose de las larguísimas uñas postizas de Mimi, hasta casi tropezar con una de las maletas que aún estaban en el suelo-. Además, Matt no es mi novio.
-Aún no. Pero lo será –afirmó ella alegremente poniéndose las manos en la cintura como quien habla de un hecho-, yo sé de estas cosas. No se me escapa nada. Y tú le gustas a ese chico quien, además de ser atractivo, y agradable, parece ser determinado. Caerás tarde o temprano.
Sora bufó. Caer Como si fuera una trampa... Eso sonaba con todas sus letras a cliché. Aunque, debía admitirlo, Mimi tenía al hablar, de alguna u otra manera, algo de la resuelta petulancia que caracterizaba a Yamato, incluso parecía conocerlo bastante bien. Así que terminó por llegar a la conclusión de que esa actitud debía venir instalada en el sistema genético de la gente "bonita".
-Además –prosiguió Mimi, ignorando la cara de escepticismo de Sora- Lo sé todo.
-¡Valla, eso si es inesperado! –exclamó Sora con mofa, para después seguir a modo de broma-, en ese caso dime, por favor, ¡Oh, sabia maestra! quien es el personaje literario más representativo del romanticismo… -levantó las cejas esperando una respuesta-. Debe ser fácil para ti decirlo, puesto que no pareces interesada en otra cosa
-¡No hablo de eso, Sora! –se defendió Mimi con un puchero- me refiero a que sé que hay entre ustedes
-¿Qué quieres decir? –quiso saber Sora ignorando la evasiva de Mimi respecto a su broma
-Yamato me lo explicó en el restaurant antes de ir en tu busca –aclaró- ¿Acaso crees que permitiría que un chico me dejara plantada así como así? ¡Por su puesto que no! Soy Mimi Tachikawa. A mí nadie me deja plantada. Al menos no, sin mi consentimiento –y sacudió su cabellera con la mano para dar más énfasis a la frase- Pero como decía, Yamato me agrada, es un chico lindo, y tarde o temprano cederás. Confía en mí. Yo sé lo que te digo.
Sora rodó los ojos con una sonrisa. No necesitaba que le dijeran lo genial o guapo que Yamato era. Tampoco era indispensable que le recalcaran lo irresistible que podría parecerle a cualquier chica del mundo. Todo eso lo sabía. Todo eso le era indiferente. Y respecto a la advertencia de que tarde o temprano caería, simplemente no opinaba. Resultaba superfluo. Especialmente por que ya era demasiado tarde.
Ya había caído. Sin importar lo mal que "caer" sonara.
Aunque fuera una trampa, tal vez del destino -si es que semejante cosa existe-, no le parecía tan mal.
La charla se prolongó durante un par de horas. Mimi parecía tener una opinión rosa o un razonamiento sacado de alguna canción cursi para cada acontecimiento universal, y aunque todo parecía un cúmulo de absurdos para Sora, la escuchó sonriendo la mayoría del tiempo, pues era optimista y divertida, con lo que la pelirroja supo que no sería problema convivir con una chica así. Sólo debía tener cuidado de no tomar su maquillaje por accidente o estropear su ropa costosa usando un detergente barato, y todo marcharía bien. Ya eran las dos de la madrugada cuando Mimi –luego de una disertación extensísima de por qué Cameron Díaz era mejor que Julia Roberts en "La boda de mi mejor amigo"- se fijó en la hora y soltó una exclamación de sorpresa.
-¡Pero mira qué hora es! ¿Cómo esperas sacar provecho del día que está por venir si no te acuestas temprano? Esta bien desvelarse si estás en una pijamada, o si vas a ver el amanecer con la persona amada, pero no por que sí.
-Ay, Mimi. Hablas como una de esas Doctoras Corazón –concluyó Sora, sin intención de que padeciera un cumplido, y refiriéndose a que lo que decía no tenía el más mínimo sentido.
-Ay, gracias, ¿Y sabes, Sora? Sí sé quien es el personaje literario del que me preguntaste –agregó con suficiencia-: Romeo. O lo que es lo mismo en cine, Leonardo DiCaprio. En lo particular yo prefiero al segundo. Muy bien, ya aclarado todo, me iré a la cama –anunció Mimi-, no toleraría tener ojeras por la mañana, el rostro de una modelo de elite como yo, es sagrado.
Sora había estado a punto de corregir a Mimi respecto a su errónea contestación, más luego de escuchar la última parte de su cháchara, se contuvo.
-¿Haz dicho modelo? –Preguntó Sora asombrada- ¿Tú modelas?
-¿A caso no se nota? –dijo Mimi algo ofendida por el impacto que el rostro de Sora mostraba-, cuando hice mi primer comercial aún usaba pañales.
-¡Ay, Mimi! –Y se abalanzó sobre ella para darle un abrazo- ¡Definitivamente me va a encantar tenerte de compañera!
-¡Claro que te va a encantar! –exclamó Mimi ahora satisfecha por la alegría de la pelirroja aunque un poco sorprendida por aquella repentina muestra de afecto- ¡Si soy una lindura!
Sora volvió a reír.
¿De que serviría –se preguntó Sora- aclararle que no era a su temperamento a lo que se refería, ó que Romeo pertenecía al Renacimiento y no al Romanticismo, o que estas corrientes literarias tenían más de un siglo de diferencia, si a ella no le importaba? Además, sin saber, arreglaba los problemas de Sora, más no con sus concejos, según su opinion; sino más bien, con su profesión. De hecho, solo bastó preguntarle para obtener una afirmación, lo cual le quitó un peso enorme de encima.
Cuan ligera durmió esa noche, y cuan pesado y profundo fue su sueño.
La diáfana luz del día ya avanzado continuaba golpeándole directamente en el rostro. Despertarse fue fácil, levantarse… no tanto. Giró sobre la cama perezosamente hasta ver la hora que marcaba su reloj digital.
Genial. Estaba en problemas.
Eran las 11:40am y se su ponía que sus clases iniciaban a las 8; lo que quería decir que oficialmente había perdido un día de clases. Y todo por quedarse dormida. Se talló los ojos irritada, y se quejó entre murmullos. Podría haber culpado a Mimi, podría haber culpado a Yamato, e incluso podría haber culpado a ladrón pordiosero, pero de nada serviría. Era muy tarde y de poco le aprovecharía tratar de llegar a su última clase. Estaba demasiado cansada para hacer el esfuerzo, e incluso para pensar en hacerlo. Restregó el rostro en la mullida almohada que tenía a lado y, desanimada, concluyó que no saldría de la cama hasta que el mundo fuera menos estresante.
Sin embargo, no tuvo mucho tiempo para ejercer su deseo de protesta pasiva contra el mundo, pues apenas había empezado a volver a cerrar los parpados cuando su celular empezó a sonar sobre la mesita de noche, repiqueteando con "Happy" de Never Shout Never acompañado del irritante sonido que se genera al estar sobre una superficie firme en vibrador. De haber estado un poco más consiente, probablemente habría lanzado una maldición, pero así, amodorrada como estaba, lo único que consiguió fue estirar el brazo para tomar el móvil y contestar con apatía:
-¿Qué pasa? –sus cabellos pelirrojos estaban revueltos y apenas podía ver nada, así que no se había fijado quien le había marcado, y solo lo supo cuando escucho aquella voz tan conocida que parecía no haber escuchado hace mil años.
-¿Sora eres tú? –preguntó del otro lado de la línea- Suenas fatal ¿Te encuentras bien?
Al reconocer la voz Sora despertó de inmediato, como si hubieran encendido repentinamente el interruptor de su cerebro y este se hubiese puesto a trabajar a toda velocidad; de hecho, la impresión fue tan grande que casi se cayó de la cama.
-¡Joe! –dijo aún sin podérsela creer del todo -¿Eres tú?
-Pues claro… Un mes sin vernos y ya no me identificas ¿Debería preocuparme? –rió
-¡Dios! ¡Cuánto tiempo sin oír tu voz! –exclamó Sora sin caber en sí de la sorpresa al tiempo que se quitaba nerviosamente los cabellos de la cara. Saltó de la cama y comenzó a caminar de un lado a otro-, ¡Casi me matas de la sorpresa!
-Tranquila, Sora. Solo soy yo –en su voz podía percibirse que aquello lo decía con una sonrisa-, quería saber como estabas.
-Estoy bien, gracias –respondió precipitadamente. Seguía caminando de un lado a otro hasta que se recargó en el marco de la ventana- Bueno… al menos eso creo –y miró hacía la calle donde escasos autos pasaban de un lado a otro. Todavía le dolían los raspones del día anterior.
-Me alegra que estés bien –dijo con la voz inundada de tranquilidad, como siempre-. La vez que te mandé un mensaje y no me respondiste, pensé que lo mejor sería hablarte en otra ocasión. (*)
-No debiste haberme llamado… Y tampoco debiste haberme mandado ese mensaje -le censuró Sora con una voz que parecía querer decir todo lo contrario-. Habíamos quedado en que yo me las arreglaría sola
-Lo sé. Y lo intento, pero te extraño terriblemente –se excusó con aquella voz protectora y fraternal que siempre hacía ceder a Sora.
-Ya, Joe… -le cortó suavemente sintiendo cierto remordimiento. Sabía que solo se preocupaba por ella-. Ahora dime que sucede. Sé que no solo hablaste para saber como estaba. Confiesa.
-Aún me lees con facilidad, hermanita. Eso me alegra. Te quería avisar que voy a estar en Tokio muy pronto y quería preguntarte si podía ir a verte.
-Ay, no me hagas esto, por favor –se quejó Sora a modo de suplica-, sabes perfectamente que te bastarían 5 minutos para convencerme de volver, y no quiero. Ahora estoy muy a gusto ¡Hasta tengo empleo! Habíamos quedado en que me dejarías independizarme. Desarrollar mi autonomía ¿Ya se te olvido?
-Lo sé, lo sé, no lo he olvidado –consintió-. Pero no es mi intención persuadirte para que vuelvas. De verdad. Solo quiero verte, ver como vives. Ya sabes, asegurarme de que mi pequeña esta bien.
Sora se miraba los pies descalzos indecisa. Se le ocurrió pensar que si Mimi viera sus uñas se escandalizaría demandando inmediatamente una manicura para ambas... Volvió a mirar hacía la ventana y vio el auto de Yamato en miniatura saliendo de una acera cercana. Se mordió el labio inferior insegura y terminó contestando:
-Esta bien. Sólo llámame antes de llegar, no quiero sorpresas –le advirtió-. Ya sabes donde vivo.
-Me va dar mucho gusto verte, Sora –dijo con sincera satisfacción- Nos vemos, entonces.
-Si. Adiós Joe –y le colgó sin más ceremonias.
Dejó caer el celular en la cama y sin siquiera pensarlo bien comenzó a vestirse. Se puso lo primero que sacó del armario. Unos jeans desgastados y una blusa holgada que se ataba a la cintura. Se peinó el cabello con las manos sin apenas verse en el espejo y luego de meter los pies en unas sandalias de tiras finas, salió de su habitación.
Le sorprendió encontrar la estancia completamente ordenada. El equipaje de Mimi había desaparecido y no había ni mascadas ni zapatos regados por el suelo, solo una nota en el frigorífico escrita en rosa y con corazones en los puntos de las ""ies" en la que Mimi informaba que llegaría tarde.
Sora suspiró aliviada y luego de tomar una manzana del frutero que había sustituido las flores de su pequeño comedor, salió de su departamento.
Estaba nerviosa.
La llamada de Joe la había puesto excesivamente nerviosa. Mordió la manzana. Él iba a venir y no sabía que esperar de esa visita ¿Por que no le había preguntado el día exacto de su llegada? De no haber tenido esas ganas desesperadas de colgarle en la primera oportunidad posible, lo habría hecho. Pero no. Ahora iba estar pensando en ello todo el tiempo. Hubiera querido correr escaleras abajo para tratar de alcanzar el auto que acababa de ver marcharse. Quería ver a Yamato. No sabía exactamente por qué. De alguna manera sabía que el tenerlo cerca la tranquilizaría. Pero había visto su auto saliendo y por mas que corriera no iba a poder alcanzarlo ¿Por qué había elegido precisamente ese día para no importunarla con una de sus visitas matutinas?
Claro, ya lo olvidaba. Teniendo a Mimi por compañera sería difícil que aquellas visitas se repitieran. Entonces ¿Por qué demonios no tenía su número? Dirigió sus pasos al departamento con el número 743 en la puerta y tocó impaciente. En cuanto Takeru hubo abierto la puerta, Sora entró en aquel refugio antibombas.
-¡Hola Tk! ¿Está tu hermano? –preguntó aunque ya sabía la respuesta.
-No tiene ni 10 minutos que se fue –respondió el rubio con una sonrisa que le surcaba todo el rostro. Algo parecía tenerlo muy contento. Esto tranquilizó a Sora. Un ambiente relajado era lo que necesitaba- No es por correrte, Sora, pero ¿Qué haces aquí? ¿No tienes clases?
-Tenía –le corrigió sentándose en la barra de la cocina con una confianza que ya le era habitual, y después aclaró-, me quedé dormida.
-¡Ah, ya entiendo! –exclamó aún más alegre-, ¿Te develaste? ¿No pudiste dormir? – y luego de decir esto Sora supo que solo había de dos, o Yamato le había contado algo (cosa poco probable), ó ese listillo algo intuía.
-Mi despertador no sonó –dijo simplemente, y dio por terminado el tema dándole otra mordida a su manzana, para luego evadir con otra pregunta- ¿Dónde esta Tai?
-¿Ese bárbaro? –se burló Tk sentándose frente a la portátil que estaba en el antecomedor junto a un plato de cereal-, será mejor que mantengas a una distancia prudente él. Está algo molesto contigo.
-¿Conmigo? –se extrañó Sora sin entender a que podría deberse aquello.
-Bueno, no exactamente molesto –se corrigió mientras transcribía unas notas escritas en servilletas y hojas sueltas-. Más bien, decepcionado. Con quien está realmente molesto es con tu compañera de cuarto; Tachikawa, según recuerdo.
-¿Tai enojado con Mimi? Eso sí que no puedo creerlo, Tk. Explícate –exigió Sora sin entender una sola palabra-, hasta donde yo recuerdo, Tai estaba encantado de que hubiese conseguido a Mimi como compañera.
-Y así era… Hasta esta mañana –Takeru parecía relatarlo muy entusiasmado, como si le hiciera gracia-. Hoy se levantó muy temprano para ver si podía ayudarle a terminar de arreglar sus cosas. Está claro con que intenciones…
-Ahora entiendo por que estaba todo tan ordenado –dijo Sora para sí misma
-El caso es –continuó Tk-, que mientras Tai terminaba de acomodar (ella no ayudó mucho que digamos), le contó que le habías pedido que fuera tu modelo, así que…
-No hablas en serio –lo cortó Sora aséptica sin poder evitar que una sonrisa burlona asomara en su rostro.
-¡Por supuesto que es en serio! –exclamó el propio Tai quien acababa de salir de una habitación con una cara de indignación tan sería que solo cabía imaginar que la había ensayado.
-Lo siento, Tai –se excusó Sora conteniendo la risa y levantándose para palmearle la ancha espalda-, pero ya te había dicho que lo que necesitaba era una modelo.
-Lo sé –refunfuñó Taichi, dejándose consolar de buen grado-, pero yo tengo mejor cuerpo que ella…
Tk casi se atragantó con la cucharada de cereal que se acababa de meter a la boca al escuchar aquello. Pero Tai no le hizo caso, e incluso lo ignoró cuando empezó a cambiar de color a uno menos saludable.. Más cuando el rubio hubo recuperado la respiración, no puedo evitar decir:
-Mira el lado positivo, Tai. Así ya no tendrás que rasurarte las piernas para usar vestido.
-Ja, ja, que gracioso –le soltó con sarcasmo, aunque daba la impresión de que aquello no le habría molestado del todo. Al final, le terminó arrebatando la manzana a Sora para acabársela a mordidas a modo de venganza.
Por su parte, Sora se encogió de hombros y dio por hecho que ya estaban a mano.
Paso la tarde entre aquellos chicos que con bromas le hacían la vida más llevadera, esperando que fuera hora de ir a trabajar, y desando secretamente que Yamato entrara por la puerta en cualquier momento. Pero esperó en vano. Faltaba poco para que fuera hora de irse a trabajar y él nunca apareció. Por lo general no se daba cuenta qué tanto tiempo pasaba Yamato en el aquel departamento, y siempre que se lo encontraba se sorprendía, como si no fuera lago habitual, aunque sí lo era.
Ya en la tarde, después de que Tai se fuera a sus entrenamientos, y cuando se despidió de Tk, le preguntó por el número de su hermano.
-Te lo daré, pero no es seguro que te conteste si le llamas tarde –le advirtió-, por la noche ensaya.
Sora casi lo olvidaba. Él tenía una banda.
Es decir, no era que no tuviera pinta de estrella de rock, pero generalmente pensaba en él como uno de esos chicos que no tienen nada que hacer con su tiempo, y que por lo tanto lo gastan siendo encantadores y conquistando chicas. Sin embargo, no pudo evitar sentir repentinamente una profunda curiosidad.
-¿Exactamente dónde ensaya? –preguntó por fin.
Tk la miró con una sonrisa, y luego de un instante en que su aguda mentecilla trabajó en silencio, no tardó en darle una guía detallada de cómo llegar; pero lo cierto es que Sora no pensaba ir realmente. Sin embargo, conservó en su mente un mapa mental preciso de aquel lugar, que según Takeru, llamaban El Viejo Almacén.
Sora pensó en ello toda la tarde.
Aquel día tenía que ir a trabajar, pero tal vez… Dios. Tenía muchas ganas de verlo.
Al final terminó yéndose a trabajar, hizo lo correcto, como pensarían algunos. Cumplió con sus horas, se recluyó en aquella pequeña librería donde solo entraba alguien ocasionalmente, y pasó todo su turno ordenando por género y orden alfabético un par de cajas que el dueño acababa de bajar de la bodeguita que se encontraba en el segundo piso de la trastienda. Desde donde estaba pudo ver como el sol declinaba hasta el oscurecer, todo a través del amplio escaparate frontal, aunque aún siendo así, le sorprendió cuando le dijeron que ya podía irse. El tiempo, cuando uno se ensimisma, pasa sin que uno lo note.
Tomó su bolso y se puso su abrigo antes de salir. Apenas cruzó el dintel de la puerta sintió el frío viento nocturno en el rostro.
Olía a que iba a llover.
Lamento su suerte y supo de antemano que se mojaría. Seguía sin entender como es que aún no se acostumbraba.
Resignada, comenzó a caminar hacía la que sabía, sería una noche muy fría, y ya podía imaginarse llegando empapada a su casa… No había remedio. La calle iluminada y el viento silbante le daban una perspectiva de lo que sería el aguacero dentro de poco, y fue así, observando a los peatones –con algo de paranoia, como sucede siempre después de una mala experiencia-, que reparó en una figura conocida a unos cuantos metros.
Sentado en una banca de la acera por la que caminaba Sora, estaba Yamato Ishida.
Esperando tranquilamente, a que ella se acercara.
Continuara…
.
.
.
.
.
(*) El mensaje de texto del que habla Joe, aparece en el capitulo 5
N/A:
Un siglo después, lo sé. Pero al final, aquí esta la continuación de El Ritmo de la Vida.
Mi más sincera gratitud para aquellos que, a pesar de la inconsistencia no intencionada de la autora, continúan leyendo este fic. GRACIAS POR SEGUIR LEYENDO!
Y particularmente a quienes tienen la bondad de dejar reviews! Gracias: Black Sweet, NikkissLove53, Sora Takenouchi, y Sorato_rck
Besos,
Kuchiki Rukia-chan
P.D.: Aprovechando que Never Shout Never ya empezó a darse a conocer más internacionalmente con "Can´t Stand it", le recuerdo cuando no lo era tanto, con "Happy" en el tono de Sora.
