La canción que formará parte de éste capitulo es muy especial, espero que tengan la oportunidad de escucharla –por lo menos en youtub- cuando se mencione, dudo que se arrepientan n_-*

EL RITMO DE LA VIDA

Capitulo 14

"Los Sueños de un Guerrero"

Yamato la había mirado desde que salió del pequeño establecimiento en que trabajaba.

El viento soplaba frío y travieso, rozando sus mejillas y alborotándole la cabellera pelirroja. Caminaba pausadamente, como si estuviera distraída, pero sus ojos sagaces lo escrutaban todo decididamente… Hasta que se detuvieron en él.

Estaba sentado cómodamente en una banca cercana desde la que observaba como ella se aproximaba. Nada más natural que la sorpresa inscrita en su rostro. Por su parte, él permaneció en su sitio, como si estar sentado en una banca sin hacer nada estando a punto de llover, fuera cosa de todos los días. De hecho, fingió extrañeza cuando Sora se detuvo frente a él.

-Hola –saludó ella escuetamente, aunque con menos delicadeza de la que esperaba, y como queriendo decir realmente "¿Qué haces aquí?"

-Que coincidencia verte por aquí –dijo Yamato aparentemente serio, pero con aquella mirada juguetona que a Sora no se le escapaba

-Si, que coincidencia –respondió con algo de sarcasmo, metiéndose las manos heladas en los bolsillos, y preguntándose cuanto tiempo llevaría esperándola en aquellas condiciones climáticas tan inhóspitas.

-Y dime, ¿Que haces por aquí? –preguntó Yamato como si fuera ella la que estuviera fuera de lugar

-Aquí trabajo –le recordó

-¿Aquí? ¿Aquí en la acera? Dios, debo estar estorbándote –y se levantó cediéndole el puesto.

-Muy gracioso –dijo ella sin hacerle mucho caso y conteniendo una sonrisa-. Sabes que trabajo en la librería

-¿En esa librería? -Dijo señalándola y fingiendo asombro con esa cara de estrella de cine que tan bien sabía utilizar- Y acabas de salir, supongo –esperó a que Sora asintiera para continuar-, increíble.

Sora sonrió antes de contestar, divertida por aquella obra teatral a la que jugaban.

-¿Qué es increíble? –preguntó sabiendo que él esperaba que preguntara y sintiéndose súbitamente confortada por la altura protectora de Yamato frente a ella.

-Es increíble –empezó acercándose un poco a ella con una ligera sonrisa-, que tenga por costumbre pasar justo por este lugar a esta exacta hora todos los días de lunes a sábado.

-Que oportuno –dijo Sora agradecida tácitamente por aquella muestra de consideración. Era evidente que luego de aquel extraño asalto, Matt había pensado en lo enojoso que le sería caminar diariamente por aquellas calles de noche. Así que sin pedir ningún tipo de autorización había decidido que sería su guía, ó como él lo miraba en su cabeza: una especie de guerrero protector.

Sora abría podido decirle que no era necesario que se tomara aquella molestia, pero lo cierto es que sí lo era, y eso la hacía sentir muy cómoda. Todo el día había deseado verlo, y ahora por fin estaba frente a ella. Y se sentía mejor de lo que se imaginó que sería.

Caminaron tranquilamente uno a lado del otro platicando de insignificancias. Era agradable tan solo estar juntos. Las luces de la ciudad les iluminaban el camino mientras la brisa fría les golpeaba el rostro. Matt no confesó cuanto tiempo llevaba esperándola -probablemente por que esperaba que creyera que mucho-, pero Sora terminó calculando acertadamente quince minutos sin que él se decidiera a confirmar nada. El suelo bajo sus pies parecía moverse por si mismo conduciéndolos hacía su destino sin que apenas lo notaran. Sora caminaba contenta, llena de un sentimiento generado por la certeza. Certeza que ahora poseía, de que no importara el momento en que lo necesitara, Matt acudiría en su ayuda, tanto si se lo pedía, como si no. Era maravilloso saber que alguien, no solo se preocupaba por ella, si no que su interés era genuino ¿Cómo es que su relación se había estrechado tanto en tan poco tiempo? La verdad es que poco importaba. Se sentía muy bien. Sabía que tenía en él a un verdadero amigo, y ese sentimiento se desbordaba desde su corazón y se manifestaba en alegría. Quizás era eso que algunos llaman mariposas en el estomago, pero si era así, ella más bien tenía un enjambre revoloteando en su interior. Alargaba las piernas caminando animadamente a su lado, sin preguntarse si faltaba mucho para llegar.

Para Matt, aquello no era muy distinto. Charlar con Sora, y escuchar todo lo que tenía que decir acerca de cualquier cosa, lo ponía de buen humor... Podría hablar de lo que quisiera y ella sabría que responder con un razonamiento diametralmente opuesto al suyo, como si no pudieran congeniar en nada, pero siendo a su vez, lo que más los unía. Como un magnetismo conciliador que hacía que sus desacuerdos se volvieran insignificantes, y que solo les permitía ver lo positivo del otro. Además de eso, claro, ayudaba que fuera tan guapa. Le hechizaba verla con esa resplandeciente sonrisa, tan distinta a su cara seria del día anterior, que le hacía darse cuenta que, por mantenerla siempre sonriendo, bien valdría la pena luchar contra el mundo entero.

Quien los viera bien podría decir que parecían niños. Caminando y riendo de naderías, ajenos a quienes se encontraban a su alrededor e impacientes por algo indefinido. Quizás fue por eso que no se percataron de que los silbidos del viento aumentaron en su informe constante de que se avecinaba un chubasco, y no fue si no hasta que a Sora le cayó una gota en la nariz que exclamó:

-¡Lluvia! –y apenas lo hubo dicho, a esa pequeña gota le siguió otra y otra más, cada una mayor que la anterior.

Pronto el asfalto estuvo repleto de pecas de agua, que no tardaron en volverse manchones, expandiéndose hasta formar rápidamente ligeros charcos. Yamato, quien apenas sintió las primeras gotas, volteó hacia arriba, pudo ver los espesos nubarrones negros, y supo que el cielo se les caería encima, así que tomó a Sora de la mano y la condujo corriendo bajo la protección de un edificio de arquitectura volada, en el que ya se resguardaban unas cuantas personas. Apenas estuvieron a salvo, Sora empezó a reír sin soltarle la mano, pues había estado a punto de morir en su carrera hacía lo seco cuando sin querer pisó en falso y por poco caía de boca al suelo. Ya a salvo, se sentaron en las escaleras de ingreso de aquel enorme y moderno edificio y esperaron hasta recuperar el aliento.

Yamato pensó, viendo desde donde se encontraba las miríadas de cristales líquidos que se estrellaban contra el asfalto, que hubiese sido buena idea traer el auto. Aunque claro, un par de horas atrás no le había parecido tan buena idea, pues había pensado que así no tendrían nada de tiempo para platicar. Sea como fuere, no le importaba mucho si podía pasar tiempo con ella. La miró sentada a su lado, observando tranquilamente aquella tempestad con semblante reflexivo, sabiendo como sabía que a diferencia de todas las chicas que había salido, ella no tenía puesta su mente en que la humedad esponjaría su cabello o que con el agua se le estropearían los zapatos y se le correría el maquillaje. Más bien estaría ocupada tejiendo hilos de ideas que él no podía ni siquiera imaginar. Mantuvo sus ojos en ella por varios minutos, hasta que ella le devolvió la mirada y tuvo que fingir que observaba el edificio. Fue entonces cuando se dio cuenta de donde se hallaba. Estaban sentados en el ingreso de GAIA, una de las empresas discográficas más grandes de Japón.

Se levantó e instó a Sora para que hiciera lo mismo, girándose luego para ver a través de las grandes puertas automáticas de reluciente cristal, el interior de aquel lujoso edificio.

-¿Qué es aquí? –preguntó Sora, quien a pesar de pensar por allí todos los días nunca se había detenido a pensar en ello, tanto por que desdeñaba las compañías ostentosas, como por que el exceso de pantallas de plasma y publicidad siempre desviaban su atención.

-¿Ves ese cartel de allá? –dijo Yamato señalando un anuncio del tamaño de un espectacular en medio de la recepción

-Imposible no verlo, mide la mitad de mi apartamento –respondió Sora admirando aquel despliegue de luces neón y simplicidad amalgamados

-Es el logo de la compañía, la disquera más grande de Japón –explicó-, casi la mitad de los cantantes que encabezan las listas de popularidad nacional pertenecen a esta empresa y tienen el monopolio de todos lo que adquieren fama internacional.

-Valla… -articuló débilmente Sora, quien nunca estaba al pendiente de esas cosas, pues por lo general no escuchaba la música de moda, así que soltó al azar sin esperar respuesta- ¿A quién pertenecerá este lugar tan grande?

-La mayoría de las acciones de la empresa pertenecen a la familia Hida, conocidos por invertir en el campo de la tecnología y el entretenimiento, pero es Ken Ichijouji quien funge como director de la compañía ante los medios

Sora lo miró con interés luego de aquella respuesta tan precisa, pues ella no tenía ni idea de qué estaba hablando o cómo es que lo sabía, pero lo cierto es que Yamato había puesto sus ojos en Gaia casi desde que aprendió a tocar sus primeros acordes. Pertenecer a esa compañía era su sueño. El "Saltar a la fama", como dirían algunos, sería sencillo si su banda perteneciera a esa compañía.

-Impresionante -dijo al fin la pelirroja y luego agregó con solaz ingenio- ¿y de que color trae pintadas las uñas la recepcionista que nos mira con mala cara? Parece que nos quisiéramos robar el horrible florero que esta sobre su mesa –dijo simulando seriedad. Matt la volteó a ver con una media sonrisa que le daba entender que había entendido la broma, pero que había que tomarse más en serio aquello -¿Qué? –dijo ella por toda respuesta haciéndose la desentendida- parecías muy enterado de todo, no me pareció descabellado preguntar.

En venganza Yamato le revolvió el cabello, aunque a Sora no pareció darle mucha importancia; y quizás fue su total falta de interés por la estética personal lo que ofendió a la recepcionista -que los seguía mirando con censura-, puesto que no tardó en llamar a uno de los guardias de la puerta para que los echara, el cual se vio obligado a solicitarles educadamente que se marcharan alegándoles que no podían estar allí, eso sí, al preguntarle cual era la causa de que los corrieran aún con aquella tormenta les respondió, aparentemente a su pesar, que daban mala imagen, y hacían mucho ruido.

Matt y Sora, en lugar de ofenderse y preguntarse a qué clase de mala imagen se refería, se echaron a reír y aceptaron su suerte con humor por que… Bueno, había que admitirlo, realmente eran ruidosos.

-¿Lista para tomar una ducha? –le preguntó Matt a Sora con una sonrisa, viendo aquella estrepitosa lluvia azotando sin tregua el asfalto.

Sora se aseguró que las cosas que podían estropearse con el agua -como el celular y la cartera-, estuvieran a salvo dentro de su bolso antes de asentir afirmativamente.

-Siempre estoy lista para un poco de agua gratis ¿Y tú?

Yamato torció la boca graciosamente.

-Se arruinará mi peinado –bromeó

-Valla, entonces eres como los gatos –dijo Sora aludiendo al prejuicio de que a dichos animales no les gusta el agua.

-Igual de suave y interesante –aclaró él, y luego de ver sonreír a Sora, continuó- pero siempre estoy preparado para probar cosas nuevas.

-Muy bien.

Estaban parados justo debajo del último tramo de techo que proporcionaba el edificio, y solo hacía falta un paso para penetrar en los amplios dominios de aquella lluvia torrencial. Así que decidieron a contar hasta tres antes de dar el paso decisivo.

-Uno… Dos… -empezaron ambos al unísono, e iban a continuar con el tres cuando, de imprevisto, un auto pasó frente a la acera y les hizo el favor de empaparlos sin miramientos.

Estaban helados.

Pero apenas se hubieron recuperado de la impresión causada por aquel inesperado chorro de agua helada, ambos inundaron aquel lugar por última vez con una impertinente carcajada que le puso los pelos de punta a la recepcionista irrisible, y al guardia bonachón; después de lo cual, se adentraron sin más preámbulos en aquella espesa lluvia.

En cuanto estuvieron en contacto con la intemperie, las gruesas gotas que caían despiadadamente sobre sus cabezas y hombros se filtraron entre sus ropas hasta llegar heladas, a su piel. Matt caminaba tranquilo con las manos en los bolsillos de su chaqueta de piel en los que el agua aún no se había colado la humedad. No recordaba la última vez que se había reído tanto, no siendo la hilaridad una de sus cualidades más destacadas. Debía de ser la influencia que Sora causaba en él, una reacción quizás alérgica a su encanto personal. Lo cierto es que lo hacía feliz. Sora mientras tanto, estaba más ocupada, sintiendo con incomodidad como el agua había hecho pesada la ropa, así que no tardó en quitarse el abrigo, y colocarlo entre las correas de bolso.

-¿Estas demente, Sora? ¡Vas a pescar una pulmonía! –Exclamó el rubio, no del todo renuente a ver su figura más detalladamente.

-Pero si no puedo estar más mojada de lo que estoy –obvió ella quitándole importancia-, el abrigo solo me estorba. Además si nos hemos de mojar hay que disfrutar de ello -dijo adelantándose para dar saltos que hacían capotear los charcos, después de lo cual empezó a girar como lo haría una bailarina, en medio de la calle que estaba cada vez más y más sola.

Verla, era como escuchar "Quelqu'un m'a dit" de Carla Bruni en su cabeza.

On me dit que nos vies ne valent pas grand chose,
(Me dicen que nuestras vidas no valen gran cosa)

Elles passent en un instant comme fanent les roses.
(Ellas pasan en un momento, tal como se descoloran las rosas)

On me dit que le temps qui glisse est un salaud

(Me dicen que el tiempo que se desliza es despiadado)

que de nos chagrins il s'en fait des manteaux

(Que de nuestras penas se hacen abrigos)

La lluvia caía sobre ella como sobre una flor. El alumbrado público vertía su luz difusa sobre ella a pesar de la condición climática, que parecía desvanecer en ella la apacibilidad usual de su temperamento. Sora, que comúnmente era tan centrada y siempre estaba en sus cabales, parecía un hada rebosarte de júbilo… O de locura, según se prefriera.

El corazón de Yamato se agitaba de afecto por aquella desquiciada chica ¿Cómo no quererla siendo cómo era? Tan graciosa como delicada y tan espontánea como despreocupada. Sora tenía ese algo inexplicable que la gente llama muchas veces inadecuadamente "ángel", y lo más sorprendente era que, si alguien se lo dijera, no sabría a que se referían. En ocasiones como aquella, no podía evitar amarla, y era tan natural hacerlo, que conmovía. Alargó los pasos hasta alcanzarla y tomándola de la mano la hizo cruzar la calle.

-Mi casa es por allá –aclaró ella sin oponer residencia a que la guiara.

-Ya lo sé –afirmó-, pero creí que te gustaba probar cosas nuevas

-Fuiste tú quien dijo eso… -le corrigió

-Es igual –resolvió Yamato como si quién lo hubiera dicho, fuera irrelevante-, hay un sitio que quiero que conozcas.

Sora le siguió el paso sin preguntarle nada más. Aferrándose a su mano aún cálida en comparación a las suyas, y dejándose influir por su confortante presencia. En aquel momento podría haberla llevado al fin del mundo y ella le habría seguido sin cuestionárselo ni una sola vez. Era muy sencillo confiar en él, y lo era más cuando hablaba con aquella decisión y exasperante terquedad a la que ya se había habituado.

Pourtant quelqu'un m'a dit...
(Sin embargo alguien me dijo...)

Que tu m'aimais encore,
(Que me amabas aún)

C'est quelqu'un qui m'a dit que tu m'aimais encore.
(Es alguien que me dijo que me amabas aún)

Serais ce possible alors ?
(Sería esto posible entonces?)

Caminaron y caminaron sin preguntarse la hora, ni pensar en qué les esperaba más adelante. Sora no pensó en los deberes que aún debía acabar para el día siguiente, ni en que nuevamente se desvelaría, y aún menos en la llamada que había recibido de Joe; Yamato por su parte, ignoró el hecho de que su celular llevaba vibrando dentro de su chaqueta más de cinco minutos, a sabiendas que aquello representaría una nueva discusión con su padre apenas llegara a casa. Sin embargo, aquella noche, nada valía nada. Lo único relevante eran ellos dos y la humedad que los rodeaba.

Sora prestó atención a cada una de las calles que atravesaron, a las personas con las que se cruzaron y al lugar que debía ocupar la luna detrás de las espesas nubes, pues no había ningún resquicio por el cual se viera un trozo de cielo y menos aún, una estrella. Por lo que, quince minutos después, supo con seguridad hacía donde se dirigían. Tenía el mapa de aquel sitio grabado claramente en su cabeza, y de hecho, podía calcular acertadamente cuanto faltaba para llegar. Lo que no sabía era cómo era aquel lugar en realidad, pues de él solo tenía una vaga imagen de su invención. El Viejo Almacén -según recordaba le había dicho Takeru-, era el nombre por el cual llamaban a aquel sitio. ¡Ni pensar que había pensado en ir sin invitación!… Quería saber como era realmente, y el que Matt la llevara a conocerlo por dedición propia y sin sospechar de su honda curiosidad, la hacía feliz. Deseaba conocer aquel lugar en el que pasaba tanto tiempo entrenándose con el fin llegar a ser apto par cumplir su sueño de alcanzar el reconocimiento musical. Y aunque el reconocimiento no significada mucho para Sora, la música sí. Y ya paladeaba la idea de escuchar a Yamato tocar. Sus ideas y expectativas se enlazaban nutridas por la imaginación y pensaba en como, al escuchar su música, podría también escuchar los pensamientos que más profundamente se enraizaban en su corazón; esperaba asomarse a su interior y dejarse llevar por el ritmo de los pensamientos que no compartía con palabras.

Todo esto pensaba mientras caminaba y apenas se dio cuenta cuando Yamato se detuvo, por lo que estuvo a punto de chocar contra él, y lo hubiera hecho, si él no la hubiese detenido.

-Es aquí –anunció señalando una la construcción gris y cuadrada que se encontraba frente a ellos- Sé que por fuera no luce muy impresionante, pero espera a verla por dentro.

Sora no dijo nada y esperó a que él se adelantara y abriera una de las amplísimas puertas corredizas que esperaban en silencio para hacer sonar sus goznes. Para ella, por el momento, aquel sitio no era muy diferente de cualquiera de las grandes bodegas que había a los al rededores, pero sabía, o por lo menos esperaba, que algo inusitado le aguardaba detrás de aquellos grandes portones. La lluvia tampoco permitía ver claramente los detalles, y aunque pegados a las puertas había carteles y folletos arrugados por el agua anunciando tocadas, Sora apenas si los observó. Cuando Yamato le hizo señas de que entrara, ella avanzó, a la expectativa de lo que iba ver.

Mais qui est ce qui m'a dit que toujours tu m'aimais?

(Pero quien es el que me dijo que siempre me amabas?)

Je ne me souviens plus c'était tard dans la nuit,
(No me acuerdo, era tarde en la noche,)

J'entend encore la voix, mais je ne vois plus les traits

(Oigo aún la voz, pero no veo ya los rasgos)

"Il vous aime, c'est secret, lui dites pas que j'vous l'ai dit"
("la ama, es un secreto, no le diga que se lo dije...")

Tu vois quelqu'un m'a dit...
(
Ya ves, alguien me dijo...)

Apenas hubo cruzado el enorme marco de la puerta, y el agua dejó de golpearle la cabeza, se sintió ligera, aunque con más frío, y al cerrarse las puertas tras de ella, el estruendoso ruido de la lluvia se amortiguó dejando el golpeteo de las gotas cristalinas como un tenue y constante telón de fondo ante aquella inmensa quietud. Todo estaba oscuro y apenas si veía nada.

-Espera a que encienda los fusibles –escuchó a Yamato en algún sitio lejano a su derecha, que no alcanzaba a divisar-, ya está.

Y en cuanto lo dijo, se encendieron la mitad de las luces del almacén cegándola momentáneamente.

-Me has dejado ciega –se quejó Sora tallándose los parpados

-Yo te avisé –se defendió Yamato llegando nuevamente a su lado y quitándole las manos de los ojos- vamos, estas bien.

Su rostro fue lo primero que vio. Los rubios cabellos pegados al rostro y el agua que seguía resbalando por sus facciones... Se veía más que apuesto, y se pregunto si, al igual que ella, se sentiría como un trapo mojado. Mas fácilmente se vieron desviados estos pensamientos cuando prestó atención a lo que había detrás de él.

Ya con las luces encendidas todo había tomado forma.

Pilas y pilas de cajas se acumulaban alrededor del amplísimo espacio que proporcionaba el almacén, tapizando todas las paredes sin casi haber un muro exento de ellas. Envolvían el centro del almacén dándole la forma de un anfiteatro, y al centro unas cuantas cajas de madera hacía las veces de tarimas, a modo de escenario. No había instrumentos, solo algunos amplificadores ocupando una esquina lejana y el trípode del micrófono, que lucía asombroso en su soledad frente aquel espacio de proporciones tan avasallantes.

-Es impresionante –dijo extasiada pasando por un lado de Yamato y acercándose al centro de aquel lugar tan fuera de lo ordinario. A cada paso su ropa destilaba agua, pero ella apenas si lo notaba- ¿Aquí tocas todos los días?

-Dos veces entre semana, y los sábados y domingos –recitó de memoria, satisfecho de la reacción de la pelirroja, pendiente de cada uno de su movimientos-, estás invitada cuando quieras, eso claro, si no te molesta la idea de toparte con algún que otro ebrio y, claro está, un montón de chicas ruidosas –exageró a propósito

-¿Un montón? –se río Sora divertida ante la idea-, valla, entonces debes ser muy popular.

-Algo –confesó sin un gramo de modestia, y se deshizo de la chaqueta poniéndola sobre la caja que encontró más cerca. Mientras tanto, contemplaba a aquella pelirroja toda empapada, le parecía bellísima de pies a cabeza. Desde sus pestañas húmedas al parpadear hasta su piecesillos dejando huellas a su paso.

-Entonces tal vez deba visitarte algún día para juzgar por mí misma si se merecen esa popularidad –sentenció Sora que se tenía por saber mucho de música.

-Hecho –acordó Matt, aceptando aquella respuesta tan diplomática-, esperaré con paciencia el veredicto.

Sora asintió. Y luego de echar una mirada general al lugar preguntó:

-Dime, ¿Qué hay en las cajas? –dijo acercándose a unas de ellas y poniendo sus cosas encima-. Parecen sólidas.

-Lo son –Afirmó-. De hecho, forman parte importante del lugar. Son nuestras gradas. Si no fueran sólidas estaríamos en aprietos.

-Pero ¿Qué contienen? –insistió Sora sin decidirse a abrir alguna.

-Ven a ver éstas que ya están abiertas –le invitó palmeando un par de cajas no lejos de los amplificadores

Sora se acercó y casi no pudo ahogar un grito cuando miró dentro de ellas.

-¡Libros! –exclamó sorprendida hasta el extremo- ¿Por qué? No entiendo

-Esta bodega solía pertenecer a una editorial que quebró poco tiempo después de su apertura... –explicó complacido-, sabía que te gustaría.

-¿Gustarme? Apenas puedo creerlo –y se agachó hasta tomar algunos volúmenes-, El Decámeron de Boccaccio, Ivanhoe de Walter Scott, Los Miserables de Víctor Hugo –leyó en las portadas con avidez-. Por Dios, estos son todos clásicos ¿Quieres decir que todas estas cajas están llenas de literatura universal?

-Supongo que algunas sí –conjeturó-. Como podrás notar no hemos abierto todas –ironizó divertido ante la avidez de Sora, quien parecía más pasmada que un niño a quien se le ha dado un regalo sorpresa-, pero por allá hay algunas que contienen en su mayoría libros de texto.

-Pero ¿Cómo? ¿Los antiguos dueños dejaron todo esto así como así? –y esto lo dijo como si hablara de la mayor de las locuras y del mayor de los tesoros

-No exactamente –relató-, todo sigue perteneciendo a las mismas personas; solo que dejaron de interesarse por esto, ya que no tenía más remedio. Tal vez algún día se decidan a venderlos o deshacerse de ellos, pero por el momento nosotros lo aprovechamos de la mejor forma que podemos.

Sora pareció diferir en cuanto "a la mejor manera de usarlos", pues no le parecía que la mejor forma de utilizar aquel cementerio de libros fuera sentándose sobre ellos, si no mas bien, sentándose a leerlos. Sin embargo, no dijo nada al respecto y en lugar de ello preguntó:

-¿Y cómo fue que empezaron a cantar en éste sitio? ¿Cómo lo encontraron?

-Un amigo que también toca en la banda es nieto de los propietarios originales –explicó sencillamente-, fue él quien ofreció el sitio.

-¿Qué clase de personas dejarían de interesarse por estos libros al grado de abandonarlos en esta bodega? –se preguntó Sora en voz alta imaginándose los cientos si no es que miles de historias encerradas en las paginas de aquellos libros que nunca nadie leería

-No sé ¿las normales? –se mofó Yamato para hacerla enojar, pero en esta ocasión no funcionó y ella, en lugar de seguirle el juego le preguntó con escepticismo:

-¿En serio nunca has leído ninguno de los libros sobre los que te sientas? –y un instante después estaba sentada ella misma sobre una de las tantas cajas que había a su alrededor, sosteniendo aún uno de los volúmenes en sus manos

-Francamente no –mintió sentándose a su lado, con la convicción de que era mucho más digno fingir que no había leído ninguno, a revelar que los que había iniciado nunca los había terminado.

-Que pena –se lamentó ella y luego de hojear el libro que tenía en las manos se detuvo en una pagina cualquiera y leyó: "El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad"-y mientras leía sus manos temblaban, más no por haberse conmovido ante aquella frase de Victor Hugo, si no por que mojada tan completamente como estaba, empezaban a castañearle los dientes.

-¿Sabes que otra cosa contienen estas cajas cuando se requiere? – le soltó evadiendo cualquier razonamiento que pudiera conjeturar sobre aquel sino despiadado llamado futuro del que nada quería saber, y sin esperar a que contestara a su pregunta, respondió-: leña.

-¡Bombero despiadado!- se escandalizó Sora haciendo referencia al protagonista de uno de su libros predilectos: Fahrenheit 451 (*)- ¿Queman libros indiscriminadamente?

-No, claro que no-dijo Yamato como si aquello fuera un desatino-, solo cuando tenemos frío –Sora no pareció muy tranquilizada-, Hablando de frío, estas helada. Deberíamos…

-¡Protesto! –rezongó Sora imperiosamente-, me rehúso a usar libros de leña solo por que tengo un poco de frío. Además de terrible, tu idea contamina!

-No tienes por que hacerlo tú –la corrigió divertido, y sin pedir opinión alguna, sacó de su bolsillo un encendedor, el cual prendió para asegurarse de que el agua no lo había estropeado, y pronto tuvieron ante sí una límpida flama naranja y azul. Sora la miró escandalizada y puso el libro bajo su brazo protectoramente.

-¡Ni se te ocurra! –exclamó con cara alarmada

Matt no pudo evitar reírse

-Tranquila, Sora. Es broma –y apagó aquel aparatejo que por un momento había parecido un arma mortal.

-¡Eres imposible! –se quejó Sora empujándolo con el hombro cariñosamente- y no fue gracioso –le reprendió, aunque no de una manera muy convincente pues se le escapó una sonrisa.

-Ya, ya. Ven. – la tranquilizó y se levantó jalándola del brazo consigo hasta que estuvieron en el centro de aquel que era su escenario. Se instalaron justo detrás del trípode sin micrófono, y miraron alrededor.

-Por ahora, este es todo mi escenario, Sora –dijo con seriedad observando solemnemente aquellas cajas llenas de libros que eran para él significativas, no por su contenido como lo eran para Sora, si no por que, cuando tocaba, estaban llenas de personas-, y aunque para mí represente todo el universo, sé que llegará el día en que ni los estadios más grandes del mundo bastaran para albergar a las personas que quieran escucharme.

Solo al oírlo, Sora supo que así sería. Desde allí, podía ver con claridad los sueños que llevaban siglos instalados en el corazón de Yamato. Su guía, su guardián, su guerrero. Casi podía escuchar sus latidos contándole la historia de sus anhelos. Y todas esas cajas que los rodeaban se desvanecían para colorear la imaginaron de ambos con grandes escenarios, luces de relucientes colores y miles y miles de caras, aún anónimas, de quienes se congregarían para admirarle.

Es grande el poder de los sueños…

-Algún día yo formaré parte de Gaia, Sora – y ella pudo ver en sus ojos la determinación que trae consigo el anhelo- Algún día- dijo para que con un parpadeo se desvanecieran los sueños de grandeza y gloria despejando así la sencilla realidad-, mientras tanto siguen rechazando los demos que les hemos enviado… Ya van dos.

-Entonces ya están a dos demos menos del que los llevara a captar su atención –resolvió optimistamente

-Cierto –consintió Yamato contento de encontrar en ella un apoyo-, la próxima vez que entre a ese estúpido edificio, no será para protegerme de la lluvia

-Y esperemos que la próxima vez que salgas -agregó Sora recordando el reciente incidente-, el guardia trate de protegerte de tus ardientes admiradoras y no se ofenda de tu mal aspecto –terminó, provocando con ello, la risa del rubio.

Aquella noche, teniendo a Sora a su lado, mientras vislumbraba su sueño, Yamato pudo darse cuenta que, sin saber como, ahora ella también formaba parte de él. La miró en cada una de las escenas donde solía imaginarse triunfando y se percató, casi por instinto, que aquello era amor.

No fue difícil en aquel momento, tomarle la mano; y acariciar su rostro fue como inercia. Nada más natural que su tacto, que su dulzura. Y nada más espontáneo que la inocencia del beso que siguió a esa caricia.

La besó varias veces… todas con gentileza, con suavidad. En las mejillas, en los labios, en los ojos. No había pasión en aquellos besos, solo ternura.

Sora, conmovida, ocultó su rostro en el pecho de Yamato. Hacía mucho que no se sentía tan querida. Él la rodeó con sus brazos y apoyó su mejilla en su cabecita pelirroja. Permitiéndole de esta manera llorar en silencio, deshaciéndose así del desconcierto que generaba en ella la felicidad… Aquel sentimiento que tan pocas veces había paladeado en su vida.

Continuará…

.

.

.

.

.

.

(*) Fahrenheit 451 Libro de Ciencia Ficción ambientado en un futuro no muy lejano en el que la gente no lee, y en vez de eso permanece todo el tiempo frente a frías pantallas en solitario. Y en el cual, la labor de los bomberos no es apagar incendios (puesto que las casas ya tienen repelentes para eso), si no que se ocupan de quemar libros con el fin de que la gente no tenga la capacidad de pensar autónomamente. Dicho libro es de la autoría de Ray Bradbury. Un escritor, en mi opinión, estupendo.

N/A:

¡Wuou! No puedo creer que haya tenido tiempo de continuar esta historia. Me sorprende cuanto tiempo hace desde que la empecé a subirla a FanFiccion y aún más cuando empecé a idearla hilos de vagos pensamientos... Así que, con mucha más razón me impresiona que haya quien la siga leyendo. Agradezco sinceramente su lectura, principalmente a:

rockpink94, FaBiiOoLiixX, SoraTakenouchii, Black Sweet, Azzehearts, ECINED, Lady of Dark and Delirium, CPg, NikkissLove53, Karmina, cloe y al tonto Kapibara también, aunque me regañe…

Quienes, a pesar de mi infortunada inconstancia siguen creyendo en este fic al punto de molestarse en regalarme unas palabras de aliento en cada review. Gracias!

P.D.(1):A quien le guste NANA, bien puede reírse conmigo del nombre que elegí para la disquera a la que quiere pertenecer Yamato.

P.D.(2): "Quelqu'un m'a dit" de Carla Bruni, es unas canción que siempre me hace sonreír, espero que haya sido igual para ustedes.