EL RITMO DE LA VIDA
Capitulo 15
"Sobre el Nivel de la Ciudad"
Matt miraba con desgana el único pedacito de cielo que las blancas persianas y el follaje de un enorme árbol le permitían ver desde su asiento. Era su última clase del día y, lo admitía, no estaba prestando atención. Así que, mientras el profesor Ikeda continuaba con su extensa, detallada y aburrida disertación sobre el mundo de posibilidades que ofrece el enfoque teórico de la dinámica para explicar el comportamiento subatómico, Yamato se entretenía en ignorarlo con todo el cinismo del que era capaz, pues tenía puestos los audífonos, y escuchaba sin remordimiento como empezaba "No Longer Fun" de Rey Pila. Y no es que no le agradara su materia base, pero a decir verdad, la física aplicada a la mecánica quántica era un tema que dominaba y, como es bien sabido, la única forma de no aprender algo, es ya sabiéndolo. Aunque claro, no era único en el salón que deseaba que los minutos pasaran más aprisa… La mitad de sus compañeros susurraban charlas que nada tenían que ver con la clase, seguros de que, mientras no subieran la voz, no tendrían ningún problema; otros tantos hacían garabatos en sus cuadernos o se ocupaban en mandar mensajes de texto; algunos daban mordiditas a escondidas a barras de granola o sorvían tranquilamente a su café; eso sí, más de uno seguía interesadísimo la clase haciendo notas y comentando de vez en cuando... Las actitudes en el aula son todo un sistema.
Sin embargo, los pensamientos de Yamato volaban muy por encima de las cabezas gachas y diversas de sus compañeros de clase. Pensaba en los días pasados.
Pensaba en ella ¿Y como no hacerlo?
Pensaba en todo el tiempo que se mantuvieron abrazados en el viejo almacén, en la forma en que Sora se había aferrado a él, como si temiera que aquel momento se esfumara, como sí él mismo fuera a desaparecer en cualquier momento. Que frágil le pareció entonces, que nervioso se había puesto ¿Por qué Sora había vertido lágrimas ante sus besos? ¿De qué sentimiento se había invadido? ¿Era su comportamiento una secuela experiencias pasadas? Nunca se habría atrevido a preguntarle… ¡Cuantas interrogantes sin respuesta! Había tantas cosas de ella que quería saber…, y es que realmente, si reflexionaba en ello, casi no la conocía.
Desde que había llegado al edificio departamental Komatsu, había puesto sus ojos en ella, pero nunca se había detenido a indagar en quien era verdaderamente o de donde venía. Lo único que sabía, gracias a las charlas entre Tai y Tk, era que se había mudado a Tokio para estudiar Diseño de Moda, que se había perdido de camino y por ello había tardado casi una semana en llegar en auto, aunque jamás había mencionado de donde exactamente era que venía. Tampoco sabía nada de su familia, ella nunca hablaba de ello, aunque, según Tai, había mencionado alguna vez a su madre lo cual no era, en absoluto, relevante, ya que se intuye, que si uno esta vivo, es por que se tiene madre… Así pues, le era inevitable preguntarse, ¿Cómo es que estaba tan perdidamente enamorado de una chica de la que prácticamente no sabía nada? Suspiró irritado. Le turbaba pensar que él le había compartido todos sus anhelos y sus sueños, y ella nunca le había confiado nada personal… De acuerdo, era cierto que él tampoco hablaba mucho de su familia, pero no era lo mismo. Tener padres divorciados lo hace todo más incomodo. Sea como fuera él, que nunca era inseguro, ahora dudaba… ¿Qué era, él para ella, después de todo? Quizás solo un conocido que la hostigaba incesantemente, que la besaba sin preguntar y que la metía en líos sin querer.
Tenía fija la vista en el gran ventanal a un costado del aula, a través del cual apenas si se podía ver un pedacito de cielo... Era tan azul. Increíble que apenas algunos días atrás había diluviado...
Cielo. Sora. Cielo. Sora. Sora. Sora... Dios, de veras debía quererla, pues no podía dejar de pensar en ella en ningún momento.
Jugueteaba inconscientemente con el lápiz dejándose llevar por las ideas más inusuales y, cuando el profesor dio por terminada la clase, y sus compañeros se levantaron desordenadamente de sus asientos agolpándose a la puerta, él apenas si le dio importancia. Le gustaba salir al final, cuando ya habían pasado los apáticos empujones y el amontonamiento en la puerta de salida, para poder caminar tranquilamente y sin interrupciones hasta el pasillo. En ocasiones notaba como es que algunas chicas se demoraban a propósito dejando caer "accidentalmente" sus cuadernos o alguna pertenencia cualquiera, quizás con la intención de que lo recogiera amablemente y así iniciar una charla, que nunca llegaba a realizarse, pues Yamato siempre las ignoraba con cierto desden, aburrido de aquella actitud esperanzada que albergaban algunas chicas respecto a él… Apenas pisó el cuadriculado piso del pasillo, se encaminó alargando los pasos hacía el estacionamiento.
Yamato Ishida era el típico chico apuesto y genial de la clase que prefiere mantener un perfil bajo, sentado al fondo del salón; el cual raras veces da sus opiniones sin que se las pidan, y cuando lo hace, deja a todos boquiabiertos por su inesperado dominio de cualquier materia. Todo el mundo lo nota e identifica, pero pocos se animan a hablar abiertamente con él, sus compañeros de generación se enorgullecen de él y le admiran; y por supuesto, más de una chica tímida e inteligente lo idolatra en secreto esperando a que llegue el día que el azar los acerque de alguna u otra manera, siempre con fines románticos. También es de notar, que aquel chico rubio tan interesante, casi no contaba con amigos de su propia licenciatura, aunque hablara con muchos, no había nadie quien pudiera jactarse llamándose su amigo. Aunque eso sí, todo el mundo sabía –como suele suceder que todo el mundo sabe de las personas que llaman la atención-, que su mejor amigo pertenecía al equipo deportivo de la universidad, cuyas dependencias quedaban al lado opuesto de los edificios de ciencias, lo cual convertía a Tai sin preámbulos en un bárbaro sin cerebro, clasificación usual empleada por los estudiantes de ciencias para reputar a otros universitarios cuyas actividades se inclinaban más hacía lo "físico" que a lo intelectual. Todo esto, y muchos rumores –algunos realmente descabellados- sobre su ingenio, su banda, a o su fama con las chicas, hacían de él una especie de leyenda viviente. Pocos eran los alumnos y alumnas de nuevo ingreso que no habían escuchado ya hablar de él, y cuando caminaba por los pasillos con aquel porte y aire desenfadado costaba acostumbrarse a no volver la cabeza para mirarlo. La mayoría creía que le esperaba un futuro brillante, en la música o en la física. Ganando un Grammy, o un Nobel, daba igual. Era fácil imaginar el éxito en su camino. Eso sí, no faltaban los detractores, envidiosos o incrédulos que lo consideraban un fanfarrón de buen aspecto que no encajaba en el mundo de las ciencias.
Pero todo eso, a Yamato le daba igual. El tenía la vista puesta en su propia vida, y no perdía el tiempo en asomarse en la de los demás y mucho menos, en lo que otros tuvieran que decir de la suya.
Atravesó pues, los jardines de la facultad hasta llegar al estacionamiento, y en cuando divisó su auto hurgó en sus bolsillos en busca del tacto metálico de las llaves. Apenas las encontró y las sacó, abrió el auto en automático. Cuando hubo cerrado la portezuela a su lado, ya en el asiento piloto, introdujo las llaves en la ranura encendiendo el motor, que permaneció ronroneando como un león mientras Yamato conectaba su reproductor de música al adaptador, todo esto luego de arrojar sin miramientos su mochila al otro asiento, así que, antes de siquiera dar reversa, ya estaba escuchando su lista de reproducción favorita. Le gustaba dejar el sonido cotidiano afuera… Adiós al zumbido del las conversaciones lejanas, los pasos amortiguados de los zapatos contra las baldosas, adiós incluso a las hojas de los árboles acariciándose unas a otras… Las llantas aplastaban en asfalto altivas. Y él reflexivo, miraba distraídamente el camino.
Pensó que la vida sería más sencilla si fuera una canción. Todo se siente mejor con música de fondo... Hasta el desconsuelo. Por lo menos así lo era para él. En la vida real las cosas pasan y todo es más difícil, lidiar con las emociones ajenas indefinidas resulta un suplicio. Con una sola canción se pueden decir y sentir muchas cosas. Le hacía gracia. Pasamos la vida tratando de encontrarle el sentido a los problemas filosofando y prestando atención a los sabios, a los mayores, a los especialistas… Aunque la verdad es que saben tan poco como nosotros. Al final son un montón de desarrapados con un micrófono delante quienes que logran hacernos sentir mejor. Nos dicen en menos de cinco minutos, cosas que nos tocan el corazón más allá de cualquier respuesta a las interrogantes de la existencia. Y era eso, justamente, lo que él quería lograr hacer algún día.
Deseaba con todas sus fuerzas compartir su música.
Y para conseguirlo, debía seguir intentando. Habían enviado otro demo a GAIA. Y seguiría enviando sin importar nada, hasta que consiguiera una respuesta. Ya no había lugar para la desilusión. Ahora tenía a Sora para recordarle que si no era este, sería el siguiente.
Poco tardó en cambiar la ruta de su casa a la de ella ¿Qué más daba si tenía planes? ¿Qué más daba si había quedado con su padre? Era cierto que le había dicho que tenía cosas muy importantes de las cuales hablar con él. Pero para los padres todo es importante, y de cualquier forma estaba casi seguro de que no podía ser más que alguna segura acusación de algo que probablemente sí había hecho, y seguidamente, una reprimenda a la que no prestaría mucha atención. Y eso lo suponía porque últimamente su padre había estado especialmente atareado y por consiguiente irritado, esto debido a cosas que Yamato suponía, eran trabajo, y no era raro que bajo esas circunstancias decidiera tomarla contra él, por lo menos siempre que le era posible. Aunque la verdad era que con Hiroaki Ishida nunca se sabía. Era un padre descuidado y un periodista apasionado a quien en ocasiones le daba por hacer investigaciones inútiles sobre temas de su particular interés pero que poco servían para una nota en la televisora para la que trabajaba, la cual simplemente se limitaba a noticias locales de interés general, y sus extravagantes ideas poco encajaban con eso. Matt todavía recordaba cuando se le había ocurrido la loca idea de seguir a sol y a sombra a un presunto yakuza, que no solo resultó no pertenecer a la mafia japonesa, si no que su oficio era quizás el menos peligroso del mundo: vendedor de flores. Sea como fuere, Yamato dejó de lado a su chiflado padre y trató de prestar más atención al camino pues por no fijarse, estuvo a punto de golpear la hermosa carrocería de un Audi del año azul marino, que iba delante de él en el alto.
Cuando por fin había llegado a su destino –Sora le había pegado esa dichosa palabra-, se estacionó en la acera de enfrente, ya acostumbrado a no usar el aparcadero del edificio. Subió ágilmente los siete pisos sin hacer prácticamente nada de esfuerzo, ansioso de verla luego de un día tan aburrido. Giró la chapa 707 sabiendo de antemano que debido a lo poco cuidadosa que era Sora, estaría abierta y, efectivamente, la puerta cedió sin esfuerzo.
En la salita no solo estaba Sora, bella y desaliñada como siempre, también estaba Mimi, quien por cierto parecía haber sido atacada por varios kilómetros de furiosa tela de estampado geométrico.
Apenas le vio entrar, Mimi exclamó irritada:
-¡Ay, no! ¡Otro más no! Sora, has que se marche de aquí –demandó la modelo poniéndose la tela como una gigante bufanda alrededor del cuello.
Matt dirigió su mirada a Sora con un gesto que parecía interrogante, aunque tal vez era de reto. No la creía capaz de echarlo solo por que Mimi se lo pidiera.
-Estamos haciendo algunas pruebas –le explicó Sora, y luego agregó a modo de confidencia- Mimi cree que el color naranja no va con su tono de piel…
-¡Por favor, míralo, Sora! –Intervino la castaña señalando la tela con cara de profunda angustia- ¡Opaca por completo mi bronceado! ¿No podrías simplemente hacerlo todo rosa y nos salimos de tanto problema?
-Lo haría para complacerte, si pudiera –mintió Sora, sinceramente divertida con aquella situación-, pero me temo que el rosa nada tiene que ver con el concepto que nos pidieron
-¿Y se puede saber cuál es ese concepto? –preguntó Yamato encantado de ver los alegres ojos de Sora, quien casi no aguantaba las ganas de reír debido a los pucheros de su compañera.
-¡Cítricos! –exclamó Mimi a la pregunta de Yamato con un desprecio tan intenso que parecía increíble que hablara de frutas- ¿Habías escuchado algo más absurdo?
A Yamato se le ocurrían varios cientos de opciones entre las cuales elegir para responder esa pregunta, pero se abstuvo de hacerlo.
-Vamos, Mimi, no es tan malo –dijo Sora conciliadoramente-, además, yo creo que ese color te va muy bien.
Mimi no parecía muy convencida.
-Ay, Sora. Yo sé que todo se me ve bien, pero este espantoso color… -empezó indecisa, aunque se notaba a leguas que con un poco más de halagos caería
-Ya, ya… Te ves preciosa de naranja –la animó Sora, y agregó mirando a Matt con ojos que era mitad suplica, mitad complicidad- ¿No es así Matt?
-Hermosa –dijo él con un entusiasmo tan muerto que a Sora le sorprendió lo satisfecha que pareció Mimi al oírlo
-¿De veras? –insistió ansiosa.
-Absolutamente –confirmó la pelirroja uniendo las manos como en un aplauso.
-Si de veras piensan eso, entonces tal vez no esté tan mal –cedió quitándose la tela de encima y dejándola en el sofá con tal parsimonia que resultaba teatral -... Después de todo tantas personas no se pueden equivocar.
A Yamato le pareció que dos personas no encajaban muy bien en la palabra "tantas", pero lo ignoró deseando que aquella caprichosa de rizos castaños por fin los dejara solos. Lo cual, para su fortuna, no tardó en ocurrir, ya que aparentemente estaba apurada por que tenía que llegar a una entrevista de trabajo en poco tiempo, así que no tardó en encerrarse en su habitación para arreglarse.
-Gracias por ayudarme con Mimi. Aunque la verdad no te hubiera hecho ningún daño parecer más elocuente –dijo Sora apenas estuvieron a solas-, tuve que echar a Tai y a Tk porque…
-¿Solo hacían enojar a la princesa? –aventuró Yamato completando la frase
-Algo así… -asintió Sora-. De por sí, ha estado algo estresada últimamente –explicó refiriéndose a Mimi-, ha tratando de conseguir empleo en algunas agencias pero no le han llamado.
-Ah, ya. Así que a eso se debió el amistoso saludo con el que me recibió… -ironizó recargándose sobre el maniquí que Sora tenía a un lado.
-Bueno, de eso puedes culpar a Tai –aclaró Sora con una mirada significativa, que hizo entender a Matt el mal humor de la modelo-, pasó por aquí hace rato y, como imaginarás, fue él quien le metió la idea de que el naranja no le sentaba bien
Yamato no pudo evitar reírse.
-No es gracioso. –Le reprendió ella-, Tk tuvo la misma reacción que tú, y por eso tuve que sacarlos de aquí –continuó mientras levantaba las telas que estaban alrededor
-Así que los corriste… -dijo Matt imaginándolo divertido y sentándose ahora cómodamente en uno de los sillones mientras se ocupaba de observar a Sora
-Tuve que hacerlo –admitió nada arrepentida poniendo algunas de las telas más sobre el maniquí que acababa de dejar Yamato-. Mimi es suficiente demandante por su cuenta…
-Si, no sé cómo puedes soportarla día y noche -dijo Matt como si el solo hecho de pensarlo fuera para él como un dolor de cabeza
-No es para tanto, aunque… Espera un segundo –Y le miró como quien acaba de caer en la cuenta de algo-, Mimi no te agrada ¿cierto? ¿Por qué no les agrada a ninguno de ustedes?
-No es precisamente que no me agrade…
-Tk cree que tiene una nuez por cerebro -continuó Sora sin hacerle caso y hablando como si reflexionara para sí misma-, lo cual no me dijo, pero me doy cuenta de que lo piensa por las caras que hace cuando la escucha decir cualquier cosa, por insignificante que sea. Y Tai estaba muy contento con su presencia hasta que supo que sería mi modelo, lo cual no deja de parecerme absurdo... Y ahora tú.
-¿Yo qué? –preguntó fingiendo estar despistado cuando, en realidad, estaba muy entretenido viendo a Sora hacer toda clase de ademanes mientras hablaba. Esa era una de las tantas manías que le gustaban de ella. Manías de chiflados.
-A ti tampoco te agrada ¿Por qué? –exigió saber, y a Yamato le pareció tan bella en aquella pose de mal humor que, en lugar de evadir la pregunta, como usualmente hubiera hecho, contestó francamente:
-Conozco bien a las chicas como ella, Sora. He salido con muchas de su tipo –relató con un acento de arrogancia y vanidad con el que pretendía molestar a Sora-. Increíblemente atractivas, seguras de sí mismas por fuera y llenas de inseguridades por dentro. ¿Qué puedo decir? No me impresiona, no me llama la atención, y a decir verdad, me aburre un poco.
-Mimi no es así –le defendió Sora sin notar siquiera las intenciones de Yamato, tal vez porque ya estaba acostumbrada a su fingida arrogancia, o quizás simplemente no encontraba nada de extraño en que Yamato hubiese salido con cientos de chicas-. Sé que Mimi puede parecer un poco superficial en primera instancia, y también sé que no la conozco desde hace mucho como para afirmar terminantemente lo contrario, pero creo que es más que la barbie hueca que supones. Para mí es más bien una chica soñadora cuyo único problema es el exceso de maquillaje y el que le guste el color rosa más que a cualquier otro adulto promedio.
-Eres demasiado condescendiente como para verla como realmente es, Sora. Aunque no sé porque me sorprendo, tú siempre tratas de ver solo lo mejor de las personas
-Ay, vamos. No veo "solo" lo mejor de las personas. Ya habíamos hablado de esto. Trato de ser objetiva. Además no creo que Mimi esté tan mal –objetó Sora sin dejarse convencer- Y dudo que ni siquiera tú lo creas ¿Cómo puede parecerte aburrida alguien que al mismo tiempo te parece "increíblemente atractiva"?
-Valla, valla… -empezó Matt utilizando astutamente una de aquellas sonrisas suyas capaces de embelesar a cualquiera- ¿Es mi imaginación o estoy percibiendo algo de celos?
-Eso quisieras –respondió tajante Sora guardando lo último retazos que quedaban en el suelo dentro de una bolsa tan colorida como su contenido.
Yamato se sonrió interiormente. Nuevamente lo hacía.
Ella siempre hacía lo mismo. No importaba cuanto tratara de turbarla, o darle la contraía, de alguna u otra manera ella lograba esquivar todas sus tentativas. Raras veces había logrado sonrojarla, y eso que él se consideraba un experto en ello. Centenares de citas avalaban su éxito. Pero ella siempre guardaba la compostura. Siempre. Y era él quien terminaba hecho una maraña tratando de comprenderla. Sin embargo lo realmente preocupante de todo era que aquello le parecía extraordinario. Alguien que le retara así, sin notarlo siquiera. Y entonces se preguntó cómo es que una chica tan especial como ella no tenía montones de idiotizados sujetos detrás de sí. Aunque ahora que lo pensaba, tal vez sí los tuviera pero él no tenía idea ¿Cuántos novios habría tenido? ¿Por cuánto tiempo? ¿Habría dejado en su lugar natal a alguien que la esperara? ¿Cómo saberlo si ella nunca hablaba de ello? Quizás era momento de preguntar. Rayos, ¿Cómo es que ahora era él el celoso?
Había caído en su propia trampa.
-Oye, Sora. Salgamos un momento –sugirió él levantándose del asiento
-Ahora no puedo, tengo cosas que hacer –y se dirigió al antecomedorcito, probablemente a disponer los materiales que necesitaba para ponerse a trabajar en el atuendo que tenía que hacer.
-Tú siempre tienes algo que hacer –dijo Yamato a modo de amonestación, y sin preguntarle la tomó de la muñeca jalándola dirección a la puerta
-¡Maatt! –Aquí iban otra vez… Quizás debería estar algo alarmada por esa persistente costumbre suya de hacerla dejar sus deberes sin siquiera haberlos empezado.
-Sólo será un momento –insistió sin dejar de conducirla, primero a través de su departamento, después por el pasillo-, vas a ver que cuando regreses los deberes van a seguir esperándote inmóviles.
-¡Eso es lo que no quiero! –Protestó-, Detesto que las cosas por hacer se me acumulen… Oye, ¿A dónde me llevas? –Preguntó al llegar a las escaleras, donde no solo no bajaban, si no que subían.
-¿Has estado alguna vez en la azotea? –dijo girándose para mirarla sobre el hombro mientras continuaban subiendo.
Sora nunca había ido más allá del piso siete. Nunca se le habría ocurrido. Y de pronto allí estaban. Cuatro pisos más arriba, después de muchas escaleras. A veces se preguntaba cómo era que él conocía todos los rincones de aquel edificio. En el departamento de Tai, cuando se ponían a recordar las fechorías que habían hecho cuando eran más jóvenes, le costaba no sorprenderse de la cantidad de lugares en los que habían estado, y de la innumerable cantidad de personas que se habían quejado de ellos. Tanto era así, que Tai solía jactarse de tener su propio archivo de quejas en la conserjería. Eso sí, el porqué no lo habían corrido ya del edificio, era un misterio. Así pues, el estar en la azotea era algo nuevo e inesperado para Sora, quien apenas puso un pie en aquel lugar exclamó:
- Impresionante –y se detuvo a observar aquel enorme espacio inutilizado.
El viento soplaba con relativa fuerza despeinando la pelirroja cabellera de Sora, que bailaba libre en todas direcciones. Yamato por su parte, no tardó en pasar por su lado para recargarse en el pretil de seguridad. Aquel muro bajo era lo único que los protegía de aquella peligrosa altura a la que se encaraban, 11 pisos sobre el nivel de la ciudad. Matt permaneció allí recargado. Mirando en dirección a aquella enorme masa de edificios de todo tipo y de las más diversas alturas y formas.
-Y tú que querías perderte de esta vista para quedarte encerrada con tus deberes... –empezó satisfecho de la reacción de Sora, a quien solo le bastaba una buena vista para ser feliz.
-Por esta vez te daré la razón –cedió alegremente ella mirando el intenso azul del cielo expandiéndose en todas direcciones sobre sus cabezas-, este lugar es precioso.
-Lo sé. Me gusta venir aquí de vez en cuando –dijo sin dejar de ver aquel paisaje que parecía prolongarse infinitamente-. Viendo todo desde aquí, los problemas se ven pequeños
-Interesante lugar para adquirir perspectiva –dijo ella acercándose al lugar donde él se encontraba y acomodándose a su lado-. Necesitarás de algo así cuando seas un reconocido cantante de rock y la fama se te suba a la cabeza. Así podrás recordar que solo eres un diminuto ser humano, como todos.
-¿Qué te hace pensar que seré suficientemente sensato para darme cuenta cuando se me suba la fama a la cabeza? –bromeó él-, para eso se necesita alguien externo que me haga poner los pies sobre la tierra –y la miro a los ojos con intención
-Entonces llámame cuando tengas dudas –respondió ella recargando los brazos en el antepecho del pretil y posando el mentón sobre sus brazos.
-Lo haré –le aseguró Yamato muy en serio, haciendo que ella desviara la mirada- Tú también necesitaras a alguien que te traiga a la realidad cuando el éxito de tus diseños trascienda…
-Yo no quiero trascender –respondió tajante ella, y en su voz podía percibirse cierto desden, como si la idea le resultara insoportable-. El éxito es, para mí, superfluo. Si tan solo consigo para comer con mis diseños me sentiré más que satisfecha.
-No lo creo. Nadie, a excepción de los pintores hippies y los escritores inadaptados, piensa así –la contradijo Matt escéptico-. Todo el mundo quiere triunfar. Ganar millones. Ser reconocido, admirado. Es el deseo natural del ser humano
-Tal vez así sea parara la mayoría de la gente –reconoció-, pero no para mi.
-Entonces, como no eres pintora ni escritora, vienes de Marte –concluyó Yamato sin dejar de verla con una sonrisa, toda ella era para él, interesante
-Quizás si –rió Sora ante aquel comentario. Así que por no pensar como todos, era de otro mundo-. Pero independientemente de que pertenezca a otro planeta o no, sigo pensando que el éxito que este mundo nos vende como felicidad, es puro oropel.
-¿Lo haces a propósito? –dijo Matt mirándola como si aquella pregunta fuera una acusación
-¿Hacer qué? –Sora no entendía, esta vez, de qué hablaba
-Sabes que podría pasar dos días tratando de convencerte de que lo que dices no lo crees ni tú misma –y esto lo dijo como si estuviera hablando de emprender una ardua labor.
-No lo dudo –aceptó Sora recordando todas las veces que había permanecido en discusiones que no los llevaban a ningún lado, en las que ambos exponían un punto de vista opuesto al de el otro, seguros de tener la razón-, pero tú también sabes que dos días me parecerán pocos si se trata de defender mi postura. Sería como caminar en círculos
-Lo sé –aceptó-. Gastaríamos saliva sin sentido.
Se miraron.
-¿Cómo es que llegamos a un punto en el que ya sabemos que ninguno cederá? –se preguntó Sora sorprendida de que aquello no se volviera un ir y venir de razonamientos sinsentido en los que ninguno cedía un ápice.
-Tal vez ya nos conocemos lo suficiente como para saber que ambos somos demasiado testarudos...
-Tal vez –asintió Sora disfrutando el frío del viento en las mejillas
-Y hablando de conocer –empezó Yamato deseando poder preguntar a Sora todo lo que hubiera que saber sobre ella- He pensado últimamente que no sé realmente mucho de ti.
Era sorprendente el poder llegar a ser realmente sincero con ella respecto a lo que pensaba, a lo que decía y, claro, a lo que quería saber.
-¿Así que has estado pensado mucho en mi? –pregunto Sora gratamente sorprendida.
-No recuerdo haber mencionado la palabra mucho… -se ruborizó maldiciendo interiormente, impresionado de que, no solo no lograba turbarla, si no que ahora era él quien se sonrojaba.
-Si te hace sentir mejor –le consoló ella divertida-, yo también pienso en ti de cuando en cuando.
-No te vayas por la tangente –le advirtió, secretamente halagado por aquella confesión suya-, mi pregunta es ¿Quién eres? ¿De dónde vienes? ¿Qué quieres? ¿Qué esperas? ¿Qué anhelas?
-Jmm… Interesante. Esa es más de una pregunta –fue su respuesta, vaga y reflexiva
-Vamos, Sora. Dime algo de ti –la animó Yamato-, quiero conocerte.
-¿Debo entender entonces que me trajiste aquí para interrogarme sin testigos? –preguntó con cierto tinte solaz en su voz
-Así es -y le miró con ojos de desafío como siempre que quería convencerla de algo-. Si gritaras, nadie te escucharía, si quisieras huir nadie te ayudaría. Así que técnicamente estas en mis manos
-¿Y se supone que debería estar asustada? –preguntó ella en perfecta calma, y claramente poco inclinada a formar parte de aquel interrogatorio, aunque sonriendo ante la curiosa mirada de Matt.
-No solo deberías estar asustada, si no muy asustada –dijo acercándose peligrosamente a ella.
Sora lo pensó un momento. Las ocasionales nubes pasaban ligeras con una lentitud suave y pasajera, mudos testigos de aquella conversación. Pensó que, si bien su pasado no era su tema favorito, tampoco tenía que decir nada que no quisiera. Matt solo tenía curiosidad. Sus azules ojos la interrogaban con tanta atención, con tal interés y con una franqueza tan avasallante, que terminó consintiendo.
-Está bien, me rindo –y levantando las manos como si estuviera a punto de ser arrestada-, pregunta lo que quieras.
Yamato celebró interiormente su triunfo exteriorizándolo con una ligerísima sonrisa, la que Sora interpretó como su incuestionable derrota. Tras lo cual, se inició el interrogatorio.
-Empezaré con algo básico –le avisó como si con eso le hiciera un favor, pero eso de nada servía, Sora estaba resignada a ser victima de la imprudencia ajena- ¿Dónde naciste?
-Aquí, en Tokio –dijo como si fuera obvio.
-¿En serio? Y ¿Por qué nunca hablas del lugar de dónde vienes? -cuestionó algo decepcionado de la facilidad y simpleza de la respuesta, pues en su mente, ya había conjeturado que por lo menos habría nacido en un lugar fuera de lo normal, ya que ella misma era alguien fuera de lo normal
-Porque nunca me han preguntado –fue su respuesta. Estaba tranquila, como siempre que aspiraba el aroma del perfume de Matt, quien continuaba estando muy cerca de ella.
-Pregunto ahora -deseaba sacarle jugo a aquel seudocuestionario, no creía en absoluto que Sora fuera una chica común, antes hubiera pensado que de veras venía de Marte- ¿Dónde es? ¿Por qué tardaste seis días en llegar aquí?
-Es… Es… No es muy lejos de aquí –dudó por primera vez, cometiendo el grave error de desviar la mirada-, y me tardé seis días porque no soy buena con las direcciones…
-Muy poco convincente, a decir verdad –sentenció el interrogador, pendiente de la más ligera de sus facciones-. Como castigo pasaremos a cosas más importantes…
-No estamos en la primaria –se quejó Sora incomoda por haber perdido la calma en un momento crucial. Detestaba ponerse nerviosa, y más aún si era por causa de un chico-. No puedes castigarme.
-Si puedo, y lo haré -le amenazó sin perder por un segundo aquellos ojos rojizos ¿Podían ser más enigmáticos? Yamato lo dudaba, y aquello le dio una idea-, aunque ¿sabes? Bien podría ser un poco indulgente... Te daré opciones. Tu castigo puede ser, numero uno: aumentar la dificultar las preguntas o… -se acarició el mentón como quien piensa muy bien lo que va a decir-; numero dos: un beso cada vez que no respondas satisfactoriamente –terminó Yamato con una expresión tan concluyente que parecía una burla
-¡Mira, que conveniente! –Replicó Sora escandalizada por la manera que tenía aquel rubio de manipular las cosas a su favor-, No puedes besarme sin mi consentimiento. Eso sería emplear la fuerza, y tengo derechos.
-Ahora no -le notificó resueltamente-. Eres mi rehén y si no quieres que te bese, solo tienes que responder.
Sora podría haberse revelado y negarse a continuar con aquella absurda conversación. Le molestaba un poco aquella petulante autoridad que pretendía esgrimir en su curiosidad. Pero por otra parte, debía admitirlo, no quería ser ruda con él, en especial cuando, a la distancia que se encontraban el uno del otro, podía examinar cada una de sus facciones con tanta calma y tan a detalle, lo cual ya se le estaba volviendo una afición. Le gustaba especialmente como sus cabellos dorados lucían tan suaves al balancearse con el viento y sus ojos decididos mirándola inmutables. Así que solo debía responder, ¿Cierto?
-Esa bien, ya –cedió fingiendo inconformidad-, pregunta.
-Será una pregunta difícil, eh –le advirtió admirado de que le dejara continuar, lo cual solo le hacía pensar una cosa: que lo del beso no le parecía del todo mal. Algo que por su parte, le parecía perfecto- Bien ¿Cuántos novios has tenido?
-¿Esa es tu terrible pregunta? –se burló Sora aliviada, pues temía lo peor
-Limítate a contestar y abstente de hacer comentarios –le restringió Matt como si se tratara de uno de esos interrogatorios de película de acción, solo le faltaba la lámpara cegadora en un cuarto obscuro
-Bien, si eso te quita el sueño, te liberaré de tu tortura –ironizó Sora nuevamente segura de sí misma-, solo he tenido un novio
-¿Solo uno? –dijo sorprendido Yamato y con una sonrisa tan ancha que bien le hubiera impresionado menos que le anunciaran que acabada de ganarse la lotería- ¿En serio?
-Si –aseguró algo indignada por la cara triunfal de Yamato, quien seguramente contaría con una lista de novias demasiado extensa para repasarla en una semana- ¿Contento?
-Contento –asintió más que complacido. Aunque, claro, aquello no se podía quedar allí. Un solo novio significa mucho más compromiso que una docena, así que continuó-, ¿Y cómo se llama? ¿Dónde lo conociste? ¿Lo terminaste porque era u n idiota?
De acuerdo, Sora podía tolerar muchas cosas, pero aquello empezaba a parecerle demasiado. Era una completa invasión a su privacidad ¿No podía preguntar algo menos indiscreto como, quien sabe, su número de seguro social? Ella no andaba por allí cuestionando su vida amorosa -que por lo que parecía, era bastante enredada- y eso que, de haber querido, podía hacer uso de sus influencias con el bueno de Tk, quien siempre estaba dispuesto a irse de lengua en su favor. Además, si continuaba así, terminaría por querer saber más de lo que estaba dispuesta a contar, y no siendo partidaria de decir mentiras, concluyó que era hora de pararle el carro.
-Eso no es cosa tuya –observó resuelta a no permitir que metiera las narices donde no lo llamaban. Nada más faltaba que quisiera que le leyera su diario en voz alta. Y conociéndolo, lo sabía capaz de eso y más.
-Debes contestar –Le recordó-, o me veré obligado a…
Sora no le permitió continuar, algo molesta respecto a esas preguntas en específico. La verdad es que no le gustaba que le dijeran que hacer. Así que cayó en la trampa, igual que todos quienes viven según el inherente espíritu de contradicción del ser humano, y le besó molesta. Fue muy simple. Solo le tomó por el cuello y luego de haberle hecho inclinar el rostro, le besó justo en los labios. Le tomó un segundo, y apenas si cerró los ojos. Todo en un simple parpadeo.
-Ya –dijo separándose de él con cara de pocos amigos. Era la primera vez que le besaba, y para ser franca, no estaba del todo de acuerdo con las condiciones de dicho beso-. Allí esta, pagué mi condena, o castigo o lo que sea ¿ya me puedo ir? ¿Era eso todo lo que querías saber? –preguntó con una mano en la cadera, en un gesto inusual en ella.
-De hecho –empezó Yamato aún impresionado por el súbito tacto de Sora y por su mirada resuelta-, faltan algunas preguntas respecto a tu familia, estudios y cosas así…
Sora rodó los ojos. En primera instancia pensó que lo mejor sería besarlo por dos minutos, pagar el adeudo por las preguntas que no quería escuchar e incluso algunos intereses con el fin de que aquel incomodo interrogatorio terminara de una vez por todas, pero se contuvo. No quería dejarle ganar del todo.
-¿Sabes qué?, no importa –dijo Sora pensando en cómo dale su merecido-. Si de veras quieres saber todo sobre mi, pronto tendrás tu oportunidad…
-¿Para qué dejar para después lo que podemos continuar ahora? –resolvió él nada convencido con oferta de Sora
-Por que con un beso acabo de liberarme de las preguntas respecto mi ex –a Yamato se le revolvió el estomago de solo pensar en la palabra "ex". Era tan… tan… formal. Era el mismo insoportable termino que empleaban sus padres para referirse el uno al otro desde el divorcio. Simplemente le molestaba. Sora percibió su disgusto, pero lo malinterpretó así que continuó-. Querías saberlo todo sobre mi antiguo novio, ¿no? Pues bien, tendrás la oportunidad de preguntarle a él en persona.
-¿Qué quieres decir? –preguntó Yamato desconfiado, mucho menos dueño de la situación de lo que se había creído hasta entonces
-Vendrá a verme mañana –le comunicó como quien habla de algo irrelevante, pero estaba claro que aquello era todo, menos irrelevante-. Me llamó hoy temprano para decírmelo, así que aquí esta tu oportunidad ¿Qué suerte tienes, no? –Y así nada más, se fue; no sin antes palmearle el brazo como despedida, dejándole solo en aquella azotea que, sin ella, parecía inesperadamente fría.
Yamato ni siquiera pensó en seguirla.
Permaneció allí, primero recuperándose de la impresión y después, reflexionando en lo que acababa de oír ¿Sería cierto? ¿Conocería al único novio que Sora había tenido en su vida? La incertidumbre se apoderó de él. No estaba confundido, ni asustado, ni nada parecido, estaba… estaba… perplejo. Genial, ahora no podría dejar de pensar en ello. Había tantas conjeturas por hacer como ¿Qué aspecto tendría aquel cretino? Esperaba que hubieran terminado hace años… No sabía si albergar muchas esperanzas al respecto. Era realmente irritante el dudar. Él nunca dudaba. Eso es para los débiles e inseguros. Él era Yamato Ishida, y esos adjetivos eran tan opuestos a él que casi eran antónimos suyos. Miró aquella espesa masa de edificios que se cernían frente a él por unos instantes. Inmutables e impersonales masas de concreto armado que se alzaban desde el suelo queriendo acercarse más al cielo. Recordó el beso de Sora y sonrió rendido.
Lo iba a volver loco.
Tenía que admitirlo, si quería escarmentarlo, había dado en el blanco. Nada podría haberlo impresionado más que aquello. No podía creer la astucia de Sora, le había ganado en su propio juego. Quizás hasta fuera mentira.
Cuando por fin se decidió a bajar de la azotea, no pasó por el depa de Tai. Fue directo a su casa. De vuelta al viejo piso catorce, en aquel edificio del centro de la ciudad en el que raras veces pasaba su tiempo. Necesitaba su guitarra. Necesitaba su música para serenarse y así pensar claramente. Quería sentarse en medio de su habitación entre las pilas de CDs y revistas de ciencia para buscar entre los acordes de su guitarra un momento de paz. Pero para su desgracia, no pudo hacerlo.
Apenas salió del elevador que conectaba en directo con su departamento, se vio abordado por su padre. Quien, más que molesto, parecía impaciente.
-¡Habíamos quedado hace horas! –le reprendió Hiroaki Ishida teniendo su acostumbrada falta de delicadeza al saltarse el saludo-, te dije que tenía cosas importantísimas que decirte.
-Si, bueno, se me hizo tarde –le evadió Yamato sin darle mucha importancia y arrojando su mochila en el sofá-, si tan importante era pudiste hacer una simple llamada y decírmelo –le contradijo como siempre que se le presentaba la oportunidad.
-No, no entiendes ¡Esto es enorme! –Exclamó su padre-. Son cosas que solo se dicen en persona
-Bien, ahora no estoy de ánimos –dijo atravesando el salón para dirigirse a su alcoba-, luego me dices tu gran noticia.
-No es mi gran noticia, Matt… -pero su obstinado hijo no pareció escucharle y se dirigió a su cuarto- Matt, ¿A dónde crees vas? No me dejes hablando solo, jovencito –Es sorprendente como es que los padres siguen pensando que eso funciona. Lo cierto es que Hiroaki se lo pensó mejor y cambió de táctica-, pero está bien, está bien. Haz lo que quieras. Allá tú y tu infantil indiferencia, no seré yo quien conteste este comunicado, después de todo no es a mí a quien le concierne. Allá Gaia si quiere contactar a la banda más irresponsable de Japón…
Yamato quien le había estado ignorando y tenía ya la mano en la perilla de la puerta, se paró en seco.
-¿Qué has dicho? –dijo volviéndose, seguro de que había escuchado mal
-He dicho –empezó Hiroaki orgulloso de la atención adquirida-, que estado esperándote durante un siglo para hacerte llegar esto –y con una sonrisa de suficiencia le lanzó un amplio sobre blanco ya abierto, con el logo del GAIA Music en el frente-, al parecer han tratado de comunicarse con ustedes toda la semana.
Yamato apenas si lo podía creer. Eso no podía estar pasando. Estaba seguro de que era un sueño. El mejor de todos, eso no estaba en duda. Temía despertar en cualquier momento.
Sacó el contenido del sobre y comenzó a leer con avidez, sus ojos azules brillaban ante aquel simple papel, que albergaba todas sus esperanzas.
Todo su futuro.
Continuará…
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N/A:
Vacaciones, por fin. Continuación al fin.
Gracias por no olvidar esta historia, y aún más, por esperar la continuación. Todos sus reviews me alentaron, cada uno de diferente forma y en distintos momentos, no los olvido.
Gracias a: nOcK-nOcK, Karminaa, rockpink94, SoraTakenouchii, Lady of Dark and Delirium EndlessGirl, FaBiiOoLiixX, mora ishida, LimeSmak, Kapi, NikkissLove53, Cirelo, paolamendoza y soratorck
Se agrádese su comprensión, próximo capítulo: Decidido. Sorpresa.
Besos,
KR-c
P.D.: En este capitulo Rey Pila nos deleitó en los oídos de Yamato con "No Longer Fun" y como plus les dejo una recomendación musical, canción que se volvió mi obsesión durante una semana entera y que describe el ritmo pasivo que ha seguido mi mente a pesar de los últimos ajetreados meses. Del genial Piers Faccini: "All the love in all the world".
