Capitulo 2

Mis queridas lectora, bue hecha la que tenía muchas xd Me ponen MUY FELIZ aquellas que dejan reviews, story alerts, me agregan como autora favorita e historia favorita (a pesar de tener un cap de una historia) SOY FELIZ ía muchas xd Me ponen MUY FELIZ aquellas que dejan reviews, story alerts, me agregan como autora favorita e historia favorita (a pesar de tener un cap de una historia) SOY FELIZ Muchas thenkius (we re bruta xd)

Sin más rodeos y muy agradecida, les dejo el capítulo

Respiré profundamente en el intento de tranquilizar el pulso de mi corazón, quiero evitar una arritmia a este órgano vital, pues la culpa es de Sasuke ya que él es el único que logra que la parte principal de mi cuerpo lata desenfrenadamente y al mismo tiempo deje de hacerlo. Una vez conseguido mi objetivo, decidí que iría a visitar a Ino la cual, por supuesto, se hallaba al tanto de mi situación sentimental con Sasuke y estaba muy feliz por ello; es que según su demencia "eh vuelto a la vida".

— Bueeeno puede ser que tenga razón por un lado —reí por lo bajo, es que él es el causante de que yo respire, sinceramente hablando.

Tomé una refrescante ducha sacando todo rastro de tensión que mi cuerpo poseía es que, aunque no parezca, esto de tener la mayoría de las noches "reconciliaciones" con mi pelinegro es cansino. Hoy se cumplían algo más de doce meses de habernos visto aquel día en la calle y la verdad estaba muy contenta.

Salí de la ducha envolviendo mi cabello en una toalla y mi figura en otra, agarré el celular de mi mesita de noche marcando el número de mi rubia amiga luego de unos segundos, se oyó:

¡FRENTONA! ya iba a llamarte, ¡parece que te has olvidado de mi existencia! cierto, es que estas taaaan ocupada —rió con un volumen de voz bastante alto— ¿Y? ¿Cómo van estás noches pasionales? —me sonrojé hasta las orejas con sólo recordarlo.

— ¡YA INO-CERDA! —grite lo más fuerte que pude con el fin de que se callara, es que ¿Deseaba que tuviese taquicardia? Volví al tono normal de voz— no te tiene porque interesar mis noches pasionales —dije cortante a lo que ella soltó una delicada pero graciosa carcajada, de seguro se podría imaginar mi cara más roja que el tomate.

Okay, okay amiga, ¿Y —no la dejé continuar, sabía lo que iba a preguntarme.

— Sí Ino, ya salgo para tu casa, ¿Vamos al mismo bar que la otra vez para desayunar?

¡Claro! tenemos mucho de que hablar, ya sabes, sobre la tarea que nos dejó el profesor de diseño, lo haremos juntas ¿No? —preguntó dudosa como si fuese yo a responderle que no, que deficiencia, pues está al tanto de que adoro realizar los proyectos con ella.

— Obvio puerca ¿Con quién más lo haría?, siempre tú ahí de pesada, insistiendo para que haga los trabajos contigo ¡Ash! —en la última frase apliqué el típico tono de vocablo arrogante que siempre utilizaba Sasuke y, a pesar de que le decía inacabadamente que no me hablara así, en el fondo me derretía. ¡Mierda! de nuevo pensando en él, es que en serio parezco chiflada.

Sí, claro, claro —hizo acopio del sarcasmo— es que sabes que por ti daría mi vida ¿no frentona?, me arrodillaría al barro y te besaría los pies si eso te mantendría a mi lado por toda la vida ¡Ya! Que sarta de estupideces que dices, mejor apúrate —y cortó la llamada, reí casi hasta llorar es que detesta que saque mi lado altanero.

Volví a mi labor de vestirme a la vez dejé el celular donde reposaba con anterioridad. Había decidido vestirme con unos jeans azul oscuro y una remera naranja claro con una fina campera negra, pues no hacía mucho frío pero algunas oscuras nubes se empezaban a formar del lado sur de la ciudad, lo que indicaba que una tormenta se aproximaba.

Arrebaté las llaves de la mesa después de haber tomado mi bolso y salí corriendo hacia los ascensores; debía decir que el hotel que mi tía rentó para que viviera hasta que desease era algo muy lujoso. Como ella me dijo "mi niña no puede estar en cualquier pocilga", y con mucho pesar me dejó cambiar de residencia.

Tengo que agregar, sinceramente la extraño de sobremanera, mas en ese entonces no podía seguir en el mismo estado que la persona que había partido mi alma en diminutas partes; le había comentado a Tsunade sobre mudarme a un lugar que yo pagase pero, como ya suponía, se negó.

Y entiéndanme es mejor no oponerse a una decisión de ella.

Eran casi las siete y media de la tarde, el atardecer hacía acto de presencia y me sentía extraña, Sasuke no me había llamado en todo el día.

Aún seguía en compañía de mi amiga haciendo el proyecto de diseño, la verdad es que estaba agotada, me dolía mucho la cabeza y el estómago pero supongo que el comer todo el día como glotonas e internarnos en una habitación donde el calor era agobiante a pesar de los ventiladores dando de manera generosa y constantemente aire, no era ningún bien para cualquier persona racionable.

Todo para poder terminar con el dichoso trabajo de una vez.

Antes de que en el reloj marcase las ocho de la noche, finalmente, el propósito estaba cumplido. Una hermosa maqueta se encontraba reposando en el escritorio de la pieza de mi compañera. Ambas teníamos plasmada una sonrisa de oreja a oreja e Ino pegó un grito que por poco y me compra los tímpanos

— ¡POR FIN! SIIIIIIIIII, SE ACABÓ —decía esto mientras bailoteaba agitando los brazos por toda la habitación, yo haría lo mismo si no me estuviese sintiendo tan mal.

Y debió de parecerle extraño a la de ojos claros porque me observó como tal.

— Sakura, ¿Te encuentras bien? —asentí y me llevé una mano al pecho, sentí una opresión que no podía descifrar.

—S-sí Ino —vacilé en mi respuesta tratando de tomar algo de oxígeno— Me… iré a casa ¿sí?, supongo que la comida me cayó pesada —sonreí cambiando mi expresión de angustia, lo que Ino imitó siendo su mohín algo más débil.

— E-está bien Sakura pero déjame buscar un taxi para que te lleve a casa —dio una orden, a lo que iba a replicar diciendo que quería caminar para tomar algo de aire fresco pues mi residencia queda a pocas cuadras de donde me encuentro. Pensándolo mejor opto por el taxi, Sasuke llegaría dentro de 30 minutos más o menos al departamento. Asentí.

— ¡Vamos! —tomó mi brazo y nos escabullimos escaleras abajo.

Por suerte había un automóvil de servicio libre cerca de donde estábamos con la rubia, me subí e Ino me suplicó por poco que le llamara apenas llegara para no quedarse con la preocupación desbordando.

El vehículo comenzó su recorrido, gracias a Dios, el frescor del aire que daba en mi rostro me ayudó a componer un poco el malestar que ocupaba mi cabeza; asimismo el ardor del pecho, por llamarlo de alguna manera, prorrogaba fuertemente y no entendía el porqué de este arranque de opresión.

Absorta en mis pensamientos el auto aparcó en la acera, reaccionando saqué dinero de mi monedero y le pagué lo correspondiente al conductor que me sonrió amablemente.

Llegué hasta los ascensores rápidamente, en este proceso marqué al celular de mi amiga diciéndole que había llegado sana y salva; al salir de ellos di vuelta en el pasillo derecho unos pasos más y doblé nuevamente a la derecha en la segunda suite del lado izquierdo se encontraba mi preciada y hermosa habitación.

Mientras rebuscaba entre los objetos de mi bolso la tarjeta encargada de abrir la puerta de color caoba, un fuerte mareo reapareció haciendo que apoyase mi mano izquierda en la pared haciendo de soporte a mí ahora, pesado cuerpo. Me sentía sofocaba y el maldito dolor persistente me exasperaba aún más. Tomé aire fuertemente llenando mis pulmones y retorné al trabajo de buscar la pieza que abriría el pórtico hacia mi habitación.

Logré pasar ese pequeño desafío cerré la abertura tras de mí a la vez que pensaba en recostarme y decirle a Sasuke que hoy no habría "festejo" realmente no me sentía nada bien. Entonces lo vi… sin duda era él, ¿Qué hacía Sasuke en apoyado en el barandal del balcón de mi casa a esta hora?

Es decir, siempre intentaba llegar lo más temprano posible para verme sin embargo "lo más temprano posible" no era antes de las nueve de la noche; su trabajo no se lo permitía ¿Quién diría que ser empresario sería tan complicado? para mi pelinegro invariablemente era así al menos que quisiese que sus ventas bajasen.

¡Maldita sea!, ese presentimiento de que algo protervo se aproximaba renació en mi corazón ¿Acaso tendría que ver con mi amante?; temblorosa decidí terminar con esto

— ¿S-Sasuke? —un tremendo escalofrío recorrió mi espina dorsal. El azabache no respondía, simplemente continuaba estático como lo estaba desde que lo observé hace unos minutos

— Amor, ¿Qué haces aquí? —no obtuve contestación. Resolví acercarme lentamente dejando reposar mi bolso en el sillón.

Me acerque lo suficiente hasta posar una mano en su ancha espalda por esto se sobresaltó y dio la vuelta. Pude observar algo que no había visto hace mucho tiempo...

Sasuke tenía los ojos rojos casi desfigurados, lágrimas caían insistentemente llegando hasta el comienzo de su firme pecho, me observaba fijamente con pena; ¡Dios! De solo verlo así me dan ganas de acompañarlo en su llanto

— Sasuke, ¿Qué sucede? —su mirada confusa se mezclaba con una de rencor más una de ¿tristeza?

— Sasuke en serio dime qué te pasa—bajó la cabeza lentamente cerrando sus ojos

— Me iré Sakura — ¿simplemente así lo decía? ¿Se iría? Un gran enojo surgió dentro de mí, no volvería a hacerlo. Tomé su barbilla obligándolo a abrir sus ojos para que me mirase

— ¿Por qué?

— Ya lo sabes — ¿Qué se supone que sepa? Ahora era bruja con bolita mágica

— Dilo en serio, no tengo la más remota idea a que te refieres —de repente todo indicio que hubiese de lágrima o enojo se borró dando paso a una expresión fría mas en sus ojos pude ver algo de pesadumbre, no cabía duda; carajo esto me frustraba de sobremanera.

— Ella me llamó hoy para decirme que… —temí al instante de que supe que la situación se daba por ella, aunque era obvio ¿no? El pelinegro quitó bruscamente mi mano de su barbilla, advirtió al cielo regresando su mirada a la mía— Sakura, Karin espera un hijo mío

Esas últimas palabras cayeron peor que baldazo de agua fría sobre mi cuerpo ahora tembloroso. Repentinamente el aire se volvió muy denso, el mareo empeoró y ¿Por qué Sasuke se hacía más grande? Lo próximo que supe era que la obscuridad me acechaba y era acogida por unos cálidos brazos.

Volvía a la vida, o eso creía. Sentía mis párpados pesar tres mil toneladas y mi cuerpo me dolía como los mil demonios. Me removí buscando ese calor que me acunaba todas las mañanas pero recordé todo lo sucedido en la noche. Miles de imágenes azotaban mi mente sufriendo cada una de ellas, definitivamente no deseaba abrir los ojos y enfrentarme a la complicada situación de ver como la persona que amo esta vez sí se va de mi lado.

Esperé unos segundos más y poco a poco pude ver la luz que penetraba la fría habitación volví a cerrarlos y a abrirlos hasta acostumbrarme; voltee mi cabeza y me llevé la maldita sorpresa: Sasuke continuaba en mi dormitorio.

Estaba tapado con su campera al parecer, sentado en el sillón al lado de mi cama. Subí la mirada y él me observaba con pena

— Vete ya —mis palabras salieron secas como sí al mismísimo diablo le hablase, esta vez no iba a hacerlo, no iba a jugar conmigo nunca más

— ¿Estás mejor? — ¿es broma? Encima me preguntaba como estaba.

Yo… estoy genial Sasuke tú sabes el amor de mi vida me hizo cornuda por milésima vez, y bueno, dejó a la otra perra embarazada. Em, se podría decir que diez puntos, pensé irónicamente.

— ¿Es que no entendiste? Vete Sasuke, no quiero verte… Nunca más

— Sólo responde a mí pregunta —dijo resignado

— No es de tu incumbencia —me conocía la suficiente como para pararse y tomar su chaqueta pero no se iría fácilmente su maldito orgullo, no quería verlo, lo quería odiar…

Otro punto para añadir a mi lista personal de odios contra el Uchiha eran pocos, inclusive ahora no podía detestarlo a pesar de todo lo que me está hiriendo.

Me analizó en busca de pruebas para ver sí me dolía algo supuse, tomé una bocanada de aire

— Estaré mejor sí te largas de mi vida y te vas junto a tu familia —cada palabra era un completo clavario para mí, no obstante realizaba fuerzas sobrehumanas para no demostrarlo

— Hmp —dijo, sí a eso se le puede llamar palabra, dio media vuelta y salió cerrando la puerta tras de sí

Se fue…

¿Así como sí nada?

Se fue… está bien yo se lo pedí; podría haberse quedado algo más, poner resistencia ¿Se supone que me ama no?

Un torrente de lágrimas dio de lleno en mi rostro revolviéndome el estómago, haciendo llegar la comida hasta mi boca la cual tapé con ambas manos iniciando una veloz carrera al baño.

Alguien tenía que calmar ese tedioso dolor, en realidad no sabía que era peor: el estúpido dolor de no tener a mi amado al lado; o el que me atacaba el estómago y me hacía vomitar la nada que había comido.

Me recosté por enésima vez en la cama masajeando mi sien posteriormente mi vientre en busca de anestesiar las incesantes punzadas. Lo primero que se me vino a la cabeza luego de poder despejar algunas ideas y apartar las gotas de agua salada que hasta momento desprendían mis ojos, fue en lo que haría a partir de mañana pues estaba sola, de nuevo.

Por un momento mirando en dirección a la ventana me detuvo a contemplar las hermosas rosas rojas que sí bien estaban algo marchitas, reposaban en una amplia maseta en el piso del balcón, eran hermosas… rojas, como me gustaban, rojas…

Rojo…

Menstruación…

¿Por qué pensaba en la menstruación?

Rojo…

Hace semana y media que no me viene

¡Semana y media!

Comencé a temblar de sólo imaginarme ¿Qué se supone que venía después de tener relaciones sin cuidado y por casi dos semanas seguidas? Lo sabía, lo sabía. Los mareos, el dolor de cabeza, las ganas incesantes de vomitar. Esto no era nada bueno ¡Dios ayúdame!

Me levanté rápidamente, mala idea, el condenado dolor, sujeté mi cabeza mas intenté recuperar la compostura como pude y, a pesar de que no tenía noción del tiempo, suponiendo que era tardecita me coloqué el abrigo, una fina campera con capucha y salí volando de mi habitación rogando a Dios no devolver durante el camino.

Apenas las puertas del ascensor dejaron ver el lobby huí del lugar en dirección a la farmacia, no sin antes ponerme la capucha. Sencillamente no anhelaba que todos vieran mi, más que seguro, deplorable estado. Ya me imagino lo despeinada que debo estar, los ojos hinchados y rojos sumado a mi fea cara desfigurada por tanta agua que mis ojos desperdiciaron.

Luego de recorrer las dos cuadras que me separaban de la dichosa droguería, tomé consciencia de que el sol estaba escondiéndose paulatinamente, dando paso a una brisa fresca envolviéndome en una soledad que no deseaba conmemorar. Me encogí en busca de valor e ingresé.

Instantáneamente me encaucé hacia la sección femenina sintiendo las detenidas miradas que las personas de allí me enviaban. Sólo ruego que de haber un Dios, me ayude a terminar con este calvario

— Sólo mándame un ángel que me proteja —susurré, sólo yo y mi loca cabeza podíamos entendernos a la perfección

Finalmente encontré el dichoso test e hice toda manía que pudiese haber para que pasara desapercibido, detestaba que me mirasen; necesito conservar la diminuta dignidad que me queda ¿no?

Imprevistamente sentí un golpe seco y cómo mi cuerpo se desmoronaba en el suelo. Por instinto sujeté con más fuerza, sí era posible, la caja; levanté la vista con rencor en un intento de insultar a quién sea que me atropelló así y mi sorpresa fue mayor al encontrarme a

— ¿Gaara?... ¿qué haces aquí? —con la persona que menos creí encontrarme en este momento es con él.

— ¿Qué haces con eso? —su mirada que siempre noté fría ahora cambiaba por una de preocupación, me extendió su mano estrechando la mía fuertemente. Me levantó y tomó la caja de mi mano.

— Y- yo… es que…

— ¿Estás embarazada? —su semblante denotó un una mezcla de sentimientos que nunca pude admirar en alguien como el pelirrojo, preocupación, angustia, pena.

A pesar de que el pobre estado en el que me encontraba daba a sentir eso, Gaara invariablemente llevaba ese semblante indiferente y que hacía temblar.

— Yo… no lo sé Gaara, sólo viene a por eso para corroborarlo —sentí mis piernas flaquear por suerte él me sujetó por la cintura acercándome a su cuerpo, deteniendo mi caída. Me observó fijamente y debo admitir que la profundidad con la que me miraba me hizo perder como sí fue la oscuridad del mismísimo abismo.

Pude percibir que más de una persona no me quitaba el ojo de encima. Indudablemente mi estado llamaba demasiado la atención, para las mujeres chismosas debo de ser la niña soltera embarazada ¿no?

Odiaba eso, todas las veces que ese tema salía a flote pues es algo muy común hoy en día, me repetía a mi misma: pobres jóvenes, pues yo nunca seré así.

Ahora no tenía la mínima idea sobre que sentir, decir o pensar al respecto.

Mis pensamientos fueron estorbados por un cálido abrazo, ¿El pelirrojo me estaba abrazando?

Qué bien me estaba haciendo no solamente a mi persona, lo necesitaba.

Las mujeres anteriores dejaron de mirarme dándose la vuelta, era obvio, Gaara me acunó en sus brazos en un intento de alejar a las curiosas o eso supuse. Correspondí de igual manera. El ojiverde acarició mi rosa cabellera

— ¿Dónde estás viviendo? —se separó un poco de mí, no me soltó de su agarre mas me observó a los ojos fijamente

— A-aquí a dos cuadras en un hotel

— Bien, iremos allí. Debemos confirmar esto —comentó arrastrándome de la mano hacia la caja. Sin replicar más sacó su billetera pagando lo correspondiente. Volvió a sujetar mi palma a la vez que entrelazaba nuestras manos. Este roce, debo decir, me pareció extraño viniendo de él pero sé que lo hace para mi bienestar y confort, según lo que mis amigos me decían a pesar de su personalidad Gaara puede llegar a ser una persona muy amable y tierna. Y me sentaba bien.

— Gracias por su compra. Espero que tengan suerte y sea una buena noticia —la cajera sonrió amablemente. Me quedé petrificada en mi lugar, es que ahora que lo pensaba debíamos parecer pareja ¿cierto?

El pelirrojo agradeció de igual manera. Salimos del lugar. No nos dirigimos palabra alguna sino para indicarle el número de habitación, me sentí cómo niña que subía por primera vez a la montaña rusa.

Al entrar al cuarto Gaara me extendió la pequeña caja. Abandoné mi cartera en el sillón del mini Living y adentré al baño.

Pasado unos minutes dejé la habitación volviendo al mueble donde ahora, se encontraba un pelirrojo bastante confundido, como si en su fuero interno estuviese desencadenando una incesante lucha, debatiéndose el porqué de algo.

Permanecí sentada a su costado derecho con mi agraciado reloj rosa en mano, poco más temblando del susto que poseía. Luego de dudarlo un poco me propuse a romper el hielo

— Gracias… —que más le podría decir. Luego del generoso acto que realizó en la farmacia librándome de las curiosas mujeres y de las probables malas habladurías que tendría luego; asimismo que continuara a mi lado.

— De nada —musitó mirándome con inquisición en un intento de encontrar respuesta en ellos— Cuéntame todo —con un tono algo incómodo pero autoritario o eso me hizo notar, dijo lo último. Debería contárselo después de todo estoy mejor… por decirlo así, gracias a su ayuda. Él es de confiar lo sé porque me lo ha demostrado con anterioridad.

No pasó mucho tiempo para que mi corto relato diera fin. Su cara fue para mi pesar de sorpresa y luego preocupación. Algo extraño, lo admito, pero es lo que Gaara está haciendo últimamente. Sorprendiéndome. Para culminar con todo, me abrazó. Como les cuento.

Me abrazó cálidamente, con un sentimiento puro e inocente que a la vez me daba cariño y me daba a entender que no estaba sola como yo pensaba. Sonreí después de todo él era un amigo que estaba acompañándome, anhelaba con todo mi ser tener a mis otros amigos a mi lado mas no era posible por la distancia y el trabajo de cada uno.

— Mataré a ese bastardo cuando lo tenga al frente —me separó suavemente. Al instante que vi su rostro entendí que lo comentaba muy en serio, desprendía enojo, indignación y frustración de cada diminuto poro de su blanca piel.

— No, Gaara. Lo que Sasuke hizo es pasado. Ya sabes al pasado pisado, lo bueno guardado y lo malo aplastado. Para mí Sasuke está aplastado —esa frase era mi favorita. Y es que verdaderamente necesito alejar a Sasuke y a todos los benditos problemas y disgustos que me ocasiona de mí ser.

Ambos dimos casi un susto de muerte al escuchar la alarma del pequeño reloj resonando en nuestros oídos. Significaba que dentro de minutos, no segundos sabría sí llevo o no un bebé en mi interior, un bebé fruto del amor que tengo con el pelinegro.

Bueno, al menos para mí sí fue amor, comienzo a dudar si para Sasuke también lo fue.

¿Me había engañado o me amaba en serio?, no quiero ser una presa de sus engaños quiero, mejor dicho, necesito un cambio. Ya no más Sasuke, adiós a todo recuerdo y sentimiento por él. Lo intentaría costase lo que costase.

Iniciaría una nueva vida.

Lo que sea que el futuro me depare, ¿Mamá? Quizás.

¿Terminar mi carrera de publicista soltera sin hijo ni nada? Quizás.

¿Ser madre soltera en un intento de terminar mis estudios? Podría ser eso también.

Mi futuro estaba a pasos de donde me encontraba, en una varilla en la habitación del baño. Gaara tomó mi mano incitando a levantarme del sillón, temblaba por Dios, casi tenia convulsiones. Entrelazamos nuestras manos y caminamos en dirección al cuarto…

Que sea lo que Dios depare para mí.

Espero de corazón que el capítulo haya sigo de su agrada, intento cambiar aceptando toda crítica constructiva que me den pues así se ayudan lectoras con lectoras el mundo puede cambiar xd. Por eso muchas gracias Viry por tu ayuda Sos muy buena escritora y amiga

Besos a todas espero reviews xd

Nana :3