Capítulo 3

Caminamos lentamente. El corazón me latía como si estuviese parada en lo alto de un rascacielos a punto de desmoronarse, un extraño e indescriptible sentimiento invadía mi ser llenándolo un gran temor, temor al futuro que se aproximaba.

Gaara abrió con delicadeza la puerta del baño. Ambos ingresamos, el soltó mi mano despacio, caminé los tres pasos que me separaban del lavamanos y tomé la varilla…

Dos líneas de un color no tan intenso…

Dos líneas…

¡POSITIVO!

De mis ojos comenzaron a escaparse pequeñas y rebeldes lágrimas de emoción, felicidad; angustia, miedo. Muchos sentimientos a la vez.

Levanté mi rostro y observé como el pelirrojo me dirigía una mirada que llevaba una incógnita más grande que el planetario de Carl Zeiss. Una sonora carcajada desprendió de mis labios temblorosos a medida que gotas más gruesas las acompañaban, estaba feliz.

Posé con delicadeza la mano derecha en mi vientre, dándole a entender a mi amigo la hermosa noticia.

Se acercó lentamente rodeándome en un fuerte abrazo el cuál correspondí con gran ímpetu y sin pensarlo, volví a llorar; Gaara separó nuestro abrazo mirándome extrañado, es decir ¿quién no lo haría? Primero lloraba, luego reía y, más llanto; le regalé una sonrisa "despreocupada".

Sentí que mi cabeza pesaba mil toneladas y mi cuerpo otras mil más. Después de eso pude observar el suelo que, para mi suerte no alcancé a golpear.


Paulatinamente recobré la conciencia. Sentí que algo de aire rozaba mi rostro, esta vez tenía presente todo lo sucedido, ¡tendría un hijo carajo! Soy malditamente joven y no eh terminado mis estudios.

Es de más decir que JAMÁS abortaría a un hijo. Es para mí el PEOR ERROR que una madre puede cometer, más allá de los cargo de conciencia y todas esas basuras que te llegan luego de realizar ese vil acto, el asesinar una personita; eso es algo que NUNCA me perdonaría en la vida.

Ni siquiera sé porque estoy diciendo esto, supongo que para dejarlo en claro.

Abrí pausadamente mis ojos y observé que algo se balanceaba rápidamente de un lado a otro, agudice mejor la vista y no entendía exactamente que era. Cerré los párpados nuevamente y volví a intentarlo, luego de varias parpadeadas pude ver la mano del pelirrojo de un lado a otro, velozmente en un intento de hacer llegar mejor viento a mis fosas nasales, por supuesto para refrescarme.

Después de esto, enfoqué su rostro esos bellos ojos traspasaban una preocupación y angustia demasiado notable por lo que decidí abrir la boca y contarle lo que sentía. No deseo que posea esos horribles sentimientos si estoy bien y mi bebé también.

N-no… te… preocupes.

Fue lo único que alcancé a pronunciar, pues sentí que en mi estómago algo no andaba bien, es que lo noté bastante revuelto y esa cosa subía por mi esófago y… ¡maldición!

Mareada como constaba me levanté de sopetón y corrí hasta el inodoro a devolver lo que sea que me quedaba en el vientre.

A mitad del proceso aprecié como sujetaban mi rosado cabello y algo húmedo se escurría por mi cuello. Gaara había mojado su mano intentando calmar un poco mi estado; cuando quise ver ya no me quedaba nada más para donarle al retrete. Me paré y fui hasta el lavabo mientras mi buen amigo no despegaba su fuerte mano del agarre. Enjuagué mi rostro cepillé mis dientes y sequé algunas finas lágrimas que se me escaparon sin querer, lo admito detesto vomitar.

Al término de secarme me di la vuelta, el joven me observaba expectante, entonces me abrazó cálidamente expresando su cariño y apoyo, algo que realmente necesitaba en ese momento y creo que por un buen tiempo. Le correspondí. Me arrastró prácticamente puesto que me jacté de que poseía cero energías en la totalidad de mi cuerpo. Anhelaba una siesta. Bueno, sin contar que ya pasaban de las nueve de la noche.

Pobre hombre y yo quitándole su preciado tiempo, siendo una persona de negocios debe de estar muy ocupado. Y ahí estaba depidiendo lágrimas nuevamente, me sentía pésima por preocuparlo y por ser tan estúpidamente vulnerable.

— ¿Qué sucede Sakura? ¿Me quieres contar? ¿Te duele algo? —me cuestionó rápidamente.

— E-es que yo aquí de enferma y- y quitándote tu- tu preciado tiempo… yo… lo siento e-es —débil y sin poder continuar por el constante llanto.

Me recostó en mi cama, mi reconfortante mueble que me acompañó en muchas noches de dolor y opresión por mi amor perdido.

— Ya, no digas esas cosas. Que lo que menos estoy haciendo es perder tiempo —hizo una breve pausa y continuó— ¿Sabes? Me siento muy afortunado de ser yo quien te este acompañando en un momento como este. Debes de saber que cuentas conmigo para lo que sea, Sakura —esto última lo dijo con voz ronca que puso mi piel completamente de gallina ¡Dios! Que sensual voz.

— Gracias Gaara. Y-yo no podría estar más contenta porque estés aquí, conmigo.

Ambos nos observamos en un silencio que para mi dicha no resultó ser incómodo. Espero que no lo haya sido para él; luego de unos minutos desvió su vista y me cubrió con el fino acolchado pasando de su postura arrodillada a sentarse a un lado de mí.

— Y… ¿Qué piensas hacer ahora? —me preguntó cómo temiendo de mi respuesta, al menos eso reflejaban sus ojos

— Quiero irme de aquí lo más pronto posible — respondí con demasiada seguridad pues, de eso no debía caber duda alguna. Me alejaría de este cruel hombre que sólo sabe hacerme sufrir.

Su mirada fue de sorpresa pero al mismo instante cambió por una de cariño algo que me conmocionó, entonces le ofrecí una sonrisa que se ensanchó más cuando él me la devolvió con la misma energía.

— Entonces… ¿A dónde piensas huir esta vez bella mujer? —hizo acopio de un tono sutil y caballeroso ante la pregunta tomando mi mano derecha entre las suyas candentemente.

— Siento que… que —hice una pausa mientra analizaba la situación ¿a dónde viajaría, huiría para no sufrir más? Es decir era imposible y ya lo había comprobado. No puedo huir del amor que siento por mi pelinegro. Sin embargo una punzada propinada a mi pecho, ese pavoroso sentimiento de nuevo, me aplacaba; me sentía cobarde.

¿Por qué? Huía de mis problemas. No los enfrentaba con valor ni valentía, simplemente anhelaba estar lejos de Sasuke. Sí lo haría sin importar esta vez.

Pero… Mi hijo se quedaría sin padre. Yo no podría lastimarlo así. Sé que es muy duro pues mi papá se dirigió al bello paraíso de manera imprevista, teniendo yo sólo once años de edad.

Asimismo lo cuidaré y lo amaré, le daré tanto amor que no le va a hacer falta un padre eso seguro.

El pelirrojo continuaba, ahora, con una mirada de confusión sobre mí. Otra vez distraída, le dediqué una sonrisa y confesé:

— Es que, me siento cobarde. Gaara siempre huyo de mis problemas. Sé que hago mal en dejar sin padre a mi bebé pero, Sasuke tiene un hijo que criar con esa mujer —digamos que el asco que sentí en esa última palabra fue bien reflejado.

Mi amigo apretó más el fuerte agarre de sus manos a la mía. Me acercó a él, soltó sus manos y una cordial y calinoso abrazó cubrió toda mi espalda. Apoyé mi cabeza en su hombro aspirando su dulce y embriagante esencia, realmente era digna de un ángel.

— Te equivocas —de manera suave y cortante pronunció esto último, lo que me dejó algo descolocada. Me solté lentamente del estrujón y lo observé extrañada.

— ¿Sobre qué?

— Ese hijo tuyo no se quedará sin padre jamás —con una confianza que verdaderamente nunca noté en Gaara, murmuró lo anterior.

— ¿A qué te

— Que ese bebé no tendrá a su padre biológico, mas tendrá uno de corazón —posó su mano en mi barbilla y me acercó levemente hacia su cara.

— No voy a abandonarte jamás, Sakura —repitiendo el tono ronco y sensual en mi nombre. Dios a este paso me volvería loca. Tanta ternura y… ¿sensualidad?

Estaba ceñida en un negruzco y borroso abismo, una mezcla repentina de sensaciones revoloteaban en mi interior, Gaara a mi lado con toda la intención de ayudarme. Es decir, es mi amigo (a pesar de ser un maldito cubo de hielo con el resto del mundo) y me apoya porque estoy pasando un desagradable y deplorable momento. No lo haría con otra intención ¿no? Y sí fuese así, ¿Qué haría? ¿Dejarme llevar? No. No podría, menos estando completamente enamorada de Sasuke.

— Y, ¿Me dirás a dónde piensas ir? Yo ya tengo el lugar perfecto —no dejó de mirarme en ningún momento, penetrando sus ojos con los míos.

— ¿Qué lugar? —dije sin dejar de observarlo a pesar de sentirme letalmente intimidada.

— Ya sabes, aquel lugar que él detesta de sobremanera. Ahí es donde iremos. Nos quedaremos en mi estancia de manera que podré seguir trabajando sin problemas —despacio y con demasiada intemperancia en su voz.

— No Gaara. —deshice el poderoso contacto visual. Y volví a recostarme posando mis manos en mi plana barriga a lo que el pelirrojo me observaba fijamente.

Estaba sorprendida completamente ¿es que se había vuelto demente? No. Sólo quería ayudarme, valoro su gesto pero… ¿Irme a vivir con él? ¿Desde cuándo el frío y respetable Sabaku no Gaara se había transformado en un hombre cariñoso y servicial?

— No puedo vivir contigo. No podemos ser una carga para ti, además no deseo interferir en tus negocios —era la verdad. A pesar de que es justo lo que necesito.

El lugar que Sasuke nunca volvería a pisar, ese lugar que tanto detesta más allá de que guarde los bellos recuerdos de su infancia. Aquel lugar que se llevó lo único y más importante que Sasuke tuvo alguna vez en su vida, su familia.

Me sentí impotente y triste al recordar cuando el pelinegro me narró como un fatal accidente se había llevado la vida de su joven familia; aún así melancolía y un cálido ardor invadían mi pecho. Puesto que esa noche los pocas sensaciones que todavía no habíamos experimentado fueron percatadas.

Nos encontrábamos en el gigantesco palco de una de las suites presidenciales proveniente de uno de los refinados y lujosos hoteles Uchiha, sentados en unos cómodos sillones enfrentados.

Sasuke se veía realmente guapo bajo ese delicadísimo traje de etiqueta, estaba perdido en sus pensamientos observando hacia lo que teníamos frente a nosotros: una deslumbrante vista de la ciudad de Tokio.

Ambos habíamos vuelto hace poco de una ingente fiesta organizada por el señor y la señora Hyuga en honor al nuevo hotel que emprendía al parecer, con gran magnetismo aunque este nunca podría compararse con los de mi ojinegro.

Regresé la mirada a mi vestido, esta bella pieza concebida por un prestigioso diseñador de Japón, regalo de mi novio; me hacía sentir algo que me removía las entrañas: me sentía perfecta.

Mas entendía que esta perfección era porque Sasuke estaba junto a mí.

Lo observé babeándome de alguna manera y sonreí lo que hizo que Sasuke me observase con incredulidad, sus ojos estaban brillantes y poseían un extraño sentimiento reprimido que no supe descifrar.

¿Sucede algo malo Sasuke? —me observó algo distraído y suspiró pesadamente

No. Es sólo que… —se detuvo en su contestación mirándome profundamente— Sakura, sabes que no soy bueno con esto de expresar mis sentimientos. — sonreí de manera irónica.

Te contaré algo que sólo saben unos pocos y estoy segura que no lo sentirás nombrar porque… es algo muy doloroso para mí. —lo observé fijamente, su rostro se tornó serio y un deje de tristeza recayó en sus ojos.

Era ese tipo de tristezas que estoy segura de haber sentido, de aquellas que te calan cada maldita y minúscula célula del cuerpo. Me levanté sin dudar, mientras la cola de mi largo e indiscreto vestido rosaba con delicadeza el suelo y bailaba al compás del viento.

Lo abracé suavemente apoyando su cabeza a la altura de mi estómago, a lo que él me concernió posando sus fuertes brazos alrededor de mi cintura.

Creo que pasaron minutos hasta que nos separamos, me dedicó una muy linda mueca que correspondí sonrojándome, mi pelinegro sabía que sentía yo con cada uno de sus gestos y le encantaba que mis mejillas se tiñan de carmín.

Me sujetó rápidamente de la cintura y en un parpadeo me acunó entre sus cálidas extremidades superiores.

Naruto lo sabe perfectamente, sé que a veces quiere preguntarme pero no lo hace por miedo a mí reacción. Crecimos juntos, él es como mi hermano, por más que muchas veces quiera asesinarlo por sus estupideces. No hay amigo más fiel que ese dobe. Me costó mucho creerlo pero moriría por él sí tuviese que hacerlo — me miró como buscando una respuesta, en respuesta le dí un casto beso.

Sí, se cómo es. Al principio dude cuando dijo ser tu mejor amigo. Es decir, Naruto es como un despampanante sol de primavera que sale cada mañana para alegrarles el día a las personas, con su hiperactividad y gracia.

Y tu… — lo observé un instante e hice un gesto de repulsión.

Su rostro cambió a uno enojado y me reí. Correspondió mi gesto y me acercó hasta tenerme a pocos milímetros de sus deliciosos labios.

Y… yo ¿qué? — me desafió con la mirada

Uhm, puede ser que seas — vacilé un segundo— que seas como la noche, ¡claro! Eres lo opuesto completamente a él. Frío y distante con las personas que no conoces, hasta temeroso sí lo deseas. Asimismo muy apuesto para muchos, para mí demasiado — esto último lo susurré muy cerca de su oído con picardía. Entonces unió sus labios a los míos en un demandante contacto.

Para Sakura, a este paso no podré contarte nada — me dijo culpándome del hecho que yo esté en sus piernas y de que lo haya besado de semejante forma, apenas podía respirar.

Claro, porque es mi culpa — comenté de forma cáustica.

Y, nuevamente una mueca de felicidad iluminó su semblante. Volví a apoyar mi cabeza en su hombro derecho a la vez que hacia trazaba una línea que en su cuello como caricia. Me atrajo más a su cuerpo, como una mamá a su bebé.

Imprevistamente su mirada era la de antes.

Creo que tú tienes el derecho también de saber lo que pasa por mi cabeza muchas veces, y quizás así comprendas el porqué de mi actitud. Me doy cuenta de lo que hago y de lo que soy. En quien confiar y en quién no. A quien querer —me miró por un segundo— y a quien no.

Con la reciente declaración comprendí con que magnitud Sasuke me conocía. Es decir, cada vez que lo veía enojado no comprendía exactamente la razón de su malestar, sus negocios iban a la perfección, progresaban incesablemente. Supuse que tendría que ver con su familia pues, Naruto me había comentado que los padres de Sasuke fallecieron cuando él tenía de 16 años junto con su hermano mayor en un accidente de tránsito quedando él como heredero de toda esa fortuna.

Al final tuvo que aprender del ahora ex vicepresidente de la empresa, Minato, papá de mi amigo hiperactivo, que con suma paciencia y gran eficacia lo instruyó para que sea un empresario ejemplar; aunque mi novio sufrió demasiado la pérdida de su familia a pesar de no demostrarlo.

Asentí y le sonreí, a lo mejor me contaría todo lo ocurrido en esa fatal desgracia.

Tomé su mejilla izquierda y lo acerqué para juntar nuestros labios en un beso sincero y de confianza para que supiese que siempre estaría a su lado; lo correspondió de igual manera sujetándome. Se separó e inhalando profundamente comenzó con su narración.

Faltando un día para que cumpliese los dieciséis, estaba muy feliz — acoté una mueca fingida de asombro y sonreí— sí, sé que es extraño. Pero lo estaba porque al otro día sabía que mi padre me regalaría un coche, tendría edad para conducirlo.

También porque mamá me haría mi pastel de chocolate favorito; aunque nunca lo admitiese era lo mejor que podría pedir para postre y, por supuesto, ella complaciente lo cocinaría para mí.

Mamá, siempre fue de esas mujeres que ya casi no hay. De las que se preocupan porque la casa está sucia, pero no contrata una empleada para que lo limpiara sino lo hacía ella. Por más que papá insistiese hasta el hastío; mamá se negaba y se hacía cargo de la limpieza, la comida y la mayoría de las tareas que se le asignan a un ama de casa.

Ni hablar cuando uno de nosotros llegaba sucio de los entrenamientos, al principio se enfurecía pero nos dábamos cuenta que le importaba un comino volver a higienizar la casa.

Volviendo a ese día, lo que más me emocionaba era el saber que a partir de esa fecha sería el aprendiz de papá para tomar el mando de la empresa en un futuro.

Papá era la persona más brillante que pude conocer en la vida, parecía que los números volaban a su alrededor, tenía un talento propio de un nato en los negocios.

Mi sueño era ser como él. Más que todo, el aprender de él. Pero no lo digo sólo por la parte cabeza sino también corazón, de por sí un hombre frío y extremadamente calculador cuando se trataba de atender negocios; tenía una enorme coraza que cubría su cariñoso y fiel núcleo. Él nos demostró mucho cariño a mí y a mí familia, así también con los que tenía gran confianza. Sobre todo por Minato, el papá de Naruto.

Ambos eran el par ejemplar de amistad incondicional a pesar de ser muy opuestos, como lo somos Naruto y yo.

Y, supongo, te preguntarás porqué Itachi no era ya uno más de la empresa. Él tenía 19 en ese entonces, casi recién cumplidos. Cuando llegó a sus dieciséis, papá estaba desbordando de felicidad, solía disimularlo pero siempre se le escapaba una sonrisa, le emocionaba el hecho de enseñar a su hijo a ser un futuro y gran empresario, el poder ver como sus esfuerzos iban a dar frutos, como lo que él había construido con total esfuerzo por parte junto a su padre sería la razón de vida de sus hijos también.

No era de esperarse la total decepción que se llevó al enterarse que Itachi no quería hacer eso de por vida, realmente detestaba lo que tenía que ver con la economía y matemáticas.

Itachi amaba el arte, su mayor ilusión era el ser un reconocido pintor; en realidad no le interesaba demasiado eso, no obstante se conformaba con llevar acabo su hobbie.

Está de más argumentar sobre lo contentos que estábamos toda la familia, más que todo papá y yo: pronto aprendería a llevar acabo mi sueño, y sí a mi hermano no le iba bien en lo suyo, cosa que dudaba, bienvenido hubiese sido a mi casa y a la fortuna de la empresa.

Lo que más me hiere Sakura, es el haber tenido una familia tan perfecta, tan linda, tan… mía y que de un momento a otro todos las ilusiones, lo más importante para mí se hubiese esfumado en mi cara. —estaba totalmente perdido, observando a la nada, mejor dicho a esa hermosa vista que tenía frente a mí, sumido con un semblante que me hacía añicos el corazón.

Lo abracé nuevamente entregándole el mayor confort que alguien que ama puede donar. De sus ojos noté que las lágrimas querían hacerse presente mas los cerró en cuando notó lo que le estaba por suceder, suspiró quedamente y continuó:

Mis padres junto a Itachi habían salido muy temprano ese día. Me di cuenta pues cuando me desperté para ir al colegio simplemente no estaban y me habían dejado una nota sobre la mesada al frente de la cocina. Por la letra descifré que era de mamá, decía que no olvidase desayunar argumentando que era la comida más importante del día y millones de cosas más típicas de sus sermones.

No explicitaba el lugar a donde se habían dirigido, sólo comentaba que regresarían antes del alba.

Tomé zumo de naranja fresco no tenía hambre en lo absoluto; me senté en las sillas altas junto a la amplia mesada y me degusté con lo que quedaba de mi deliciosa bebida a la vez que pensaba a donde se podrían haber ido.

Estaba muy seguro conociendo a mis padres: irían a realizar el trámite por mi coche.

No es que hubiese sido adivino ni nada, sin embargo los había oído hablar la noche anterior en la cocina, iba a por algo de comer ya que regresaba cansado del entrenamiento y papá comentaba que sí me regalaba un auto no sería cualquier cosa, tendría que ser importado. Me lo merecía según él por mis esfuerzos realizados a lo largo del año y… yo también pensaba así.

A Itachi en su respectiva edad le habrían comprado un lujoso auto también no obstante prefirió el dinero para comprar un local en donde se encargaría de vender su extravagante arte.

Luego de vagar un tiempo más por la casa, revisé la hora y al darme cuenta del pequeño retraso salí rápidamente hacia la rutina matutina. La casa de Naruto y luego a la escuela.

Al punto de unas tediosas tres horas y media de clases repartidas en biología e inglés nos tocaba un pequeño descanso de veinte minutos en el cuál tomaríamos un tentempié, como siempre hacíamos.

Al llegar al comedor, me senté en la mesa de siempre junto a mis amigos más cercanos como acostumbrábamos. Mi rubio amigo iría a por la comida pero le dije que no tenía hambre, creía que era eso; me di cuenta de todas formas que era extraño porque mi estómago se encontraba vacío asimismo en mi pecho sentía algo que me llenaba pero no era bueno, se parecía a la angustia o eso me imaginé en ese entonces.

Pasado el momento de recreo, regresamos a las aulas. Naruto me preguntó que me sucedía, él me conocía demasiado y sabía que no me encontraba en mis mejores momentos. A él no podía mentirle asique le dije la verdad: "sí yo supiera Naruto, te lo diría".

Retomamos las tareas y a mitad de la maldita clase de francés a la cual no prestaba ni el mínimo de atención a pesar de mis continuos intentos, me llamaron para que me dirigiera a dirección, algo extraño.

Nunca creí que el pasillo hacia dirección del tercer piso fuese tan estrecho y asfixiante como lo sentía en ese momento, pues normalmente era muy ancho y estable.

Al llegar golpeé educadamente y luego de un "pase" ingresé lentamente.

Lo demás lo recuerdo confuso, el director nervioso como jamás la aprecié en el lapso que estuve en esa escuela, incluso más que en las revisiones mensuales por parte del inspector del ministerio de educación.

Con un tono de voz en los cuales se percibían más de un sentimiento me delató la trágica y temible noticia. Fue ahí cuando comprendí lo que sentía esa mañana.

Mi pequeña y amada familia había colisionado contra otra camioneta en la autopista rumbo a Tokio, por falta de frenos. Mamá y papá murieron en el acto por severos politraumatismos en sus cráneos; lo que me refrenó el corazón fue enterarme que mi hermano había agonizado hasta fallecer de un paro respiratorio debido a que el impacto había dado en la parte trasera del automóvil justo donde iba Itachi de pasajero.

Él había quedado atrapado entre la destrozada carrocería en cambio mis padres por no llevar cinturón de seguridad salieron disparados. Cuando los de unidad de rescate habían logrado sacarlo, cortando partes de la cabina, vieron el deplorable estado de mi hermano: había perdido demasiada sangre y su pecho se veía meramente magullado. Sus pulmones no resistieron al fuerte impacto y Dios los quiso tener en su gloria.

Sasuke comenzó a temblar y supe que no pudo resistir a lo que quiso ocultar de mi incluso antes de contarme la trágica historia de su familia. Observé su rostro con pesar y seguí el recorrido de sus finas lágrimas, sorprendida: fue la primera vez que aprecié a mi pelinegro tan frágil, tan sensible y tan hombre.

Al percibir el cruel sentimiento que embargaba su no tan duro corazón, lloré y abracé a mi pareja como sí mi vida dependiese de ello. Su pecho trepidaba enérgicamente y sonaron audibles sollozos de padecimiento, lo contuve aún más.

Acaecido unos segundos levanté mi rostro que se encontraba hundido en el hueco formado en su cuello y, lentamente acerqué mis labios a los suyos bañados de lágrimas.

Nos besamos pausada y cariñosamente, profesando nuestro pesar y apoyo. Nos separamos mirándonos a los ojos y le sonreí, él me correspondió:

Gracias Sakura.

Retorné a nuestro besuqueo, esta vez con más ímpetu y pasión. Lo abracé, tomando entre mis dedos su sedoso cabello. Tomó mi cintura con la misma fogosidad simultáneamente mordía mi labio con fiereza pidiéndome permiso para adentrarse en mi boca. Se lo concedí. Al momento nuestros órganos vitales demandaron aire.

Te amo —le dije con todo el sentimiento y amor que pudo caber en mi corazón.

Supe que era mi semejante desde que lo vi entrar hace ya tiempo en la oficina de Tsunade, mis ojos lo demostraban parecido a un cartel de neón que daba la bienvenida a un club bailable pero este decía "Sasuke eres el maldito amor de mi vida".

Lo sé, Sakura —asentí e hice una mueca de insuficiencia.

Ya había dejado de lado el llanto al contrario sonrió arrogante, carajo me volvía completamente loca y excitada.

Yo también te amo mujer —lo miré con más deseo, sí era posible— mierda Sakura me vuelves putamente loco.

Y con esas últimas palabras me tomó en brazos, besándome. Me sentí en las nubes, esa noche descubrí todas las emociones que una persona que ama puede demostrar.

En resumido fue… una noche para recordar.

Me había perdido tanto en mis calurosos recuerdos que no había notado que Gaara estaba en la cocina sirviéndose algo de zumo de naranja a la vez que hablaba por celular.

Sí, sí. Me parece perfecto. Llama al celular sí tienes algún inconveniente. —al terminar de pronunciar lo anterior, oí que apoyaba el aparato en la mesa del comedor.

— ¿Gaara? ¿Necesitas algo? pronuncié y me sorprendió lo suave que mi voz se desprendió de mis labios. Parecía un apenas audible susurro, sin embargo mi pelirrojo amigo lo oyó.

— ¡Ah! Ya despertaste Sakura. Apenas te oí ¿te encuentras bien? Yo lo estoy, ¿Quieres algo para tomar? ¿O sea que me había dormido? Dios ni cuenta me había dado. Supongo que no estoy bien mentalmente, sonreí ante lo obvio de la respuesta.

— Me encuentro muy bien Gaara, gracias. Y sí desearía tomar algo.

Ni bien terminé de pronunciar las palabras anteriores, que el hombre de bellos ojos me traía un prominente vaso de zumo recién exprimido de naranja, lo mismo que él había consumido.

Mientras tomada de aquel líquido sentía mi garganta demasiado seca. Observé alrededor de mi habitación y la curiosidad me atrapó en cuando vi lo que había junto a los sillones:

Mis maletas yacían, al parecer estalladas en ropa.

— Gaara ¿Por qué mis maletas? —no me dejó finalizar la frase.

— Nos vamos Sakura, por supuesto. —quedé boquiabierta ante lo dicho mas reaccioné a tiempo que sujetaba una de ellas y abría la puerta del cuarto.

— Gaara ¿A caso estás loco? Te dije que no iría contigo. No puedes llevarme a la fuerza. —estaba gritando pero el pelirrojo había vuelto en busca del otro bolso.

— Gaara ¿Me escuchas? —grité más fuerte, me enfurecía puesto que sí bien quería huir no podíamos ser una carga para él.

Iba a continuar con el griterío más el hombre volvió apoyando sus pies bruscamente en el suelo, dando grandes zancadas.

— Perfecto, tú no puedes ir. Yo te llevaré —y lo que sucedió luego me dejó estupefacta.

Me destapó con gran agilidad mientras me colocaba sobre su hombro derecho y volvía a cubrir la cama con el acolchado, luego agarró mis zapatillas. Y se dirigía a la salida.

Por más intentó y fuerza que ejerciese no daba tregua alguna.

— Bájame de una vez Sabaku no Gaara o no respondo —le grité enojada y sentía como la puerta de la habitación siguiente a la mía se abría y una cabeza se asomaba con curiosidad para ver el porqué de semejante lío.

— ¿Así? ¿Estás muy segura de eso? Te vendrás conmigo quieras o no, Sakura. No soportaría verte sufrir de nuevo —sí todo este accionar me dejó sin habla lo antepuesto todavía más.

Me dejé llevar sorprendida y en un cerrar y abrir de ojos me encontraba en el ascensor colocándome las zapatillas. Gaara sujetaba fuertemente ambas maletas. Tenía que decirle algo. Me había quedado callada como estúpida.

— Yo… no sé como agradecerte, amigo —lo dije lenta y pausadamente.

— No tienes nada que agradecer Sakura, eres mi amiga, lo sabes. Y… estaría dispuesto de esto y mucho más por no verte sufrir. Sé que no parezco esa clase de persona carismática y amorosa como tú lo eres pero —calló abruptamente a la vez observé como medía que decir.

— Pero contigo haré una excepción ¿está bien? —le sonreí y me paré para abrazarlo fuertemente.

Las puertas del elevador se abrieron mostrando la recepción del lujoso hotel, emprendería un nuevo destino y una nueva vida. Odio estas palabras, simplemente escondían el hecho de que huía como como rata de una venenosa serpiente cuando se sentía asfixiada. O al menos lo intentaba.

Sólo vuelvo a repetir: Gaara era mi salvador.


Bueno señoras y... dudo que señores: espero que les haya gustado, cada vez los intento hacer un poquito más largos ;) Pero diganmen sí quieren algo, ya sean más cortos o no sé alguna petición o crítica o tomatasos, gatos no mansos. Eviten los métodos poco ortodoxos (?) Las amo y muchas gracias por sus comentarios (L)