Es un drabble más largo.

.


Tierra del Fuego

.El comienzo de la Fiebre.

No le agrada lo que está pasando. Se muerde el labio viendo al argentino caminando de un lado para otro bastante tenso.

Cada uno intentó hablar con sus superiores para que no lo hicieran, pero no hubo caso. Lo harán igual. Tal vez ya no tiene caso ocultarlo y es mejor decirles sobre el niño al cuidado de la mapuche, pero Martín se niega. Ya tiene suficiente con el conflicto con Arthur para soportar que venga a la isla a explotar más. Eso no es todo, siente odio a un tipo que quiere hacer lo mismo, no tiene ningún derecho. No tienen ningún derecho.

Ellos solo tienen que obedecer a sus superiores.

Mierda.

El argentino coge un abrigo y se lo coloca.

― ¿Adónde vas? ―pregunta Manuel.

―A la isla, por precaución. Estar preparados si sucede lo que estamos pensando. ―mientras contesta le da la espalda arreglándose del cuello del abrigo.

―Te estás encariñando mucho con él. ―dice medio divertido dando un paso hacia adelante sin estar cerca del rubio, este voltea y surca los labios.

―Aparte de que separase a mí, está hablando como yo. ―siente un cariño extraño hacia el isleño. El rizo, el cabello, la piel, el habla, todo se está pareciendo a él, ni que decir que adoptado ciertas expresiones del chileno que le logra causar gracia. Nota el surcado en la cara de Manuel. No resiste en acercarse y lo hace. El menor se queda mirando y luego corre el rostro evadiendo un beso del argentino. Quizás para Martín no es el momento para besarlo y decide a que ambos vayan al sur.

.

Martín estornuda. Se abrazaba calentando sus brazos y cuerpo. Su especial rizo está congelado, su cuerpo tirita del horrible frío a pesar de estar abrigado, ¿cómo demonios puede vivir ese niño? Él pequeño ya se encuentra acostumbrado, incluso vestido con la ropa nueva que le dieron. Chaquetas, pantalones, zapatillas, botas, gorro, etcétera.

― ¡Señor Martín! Pesqué una trucha. ―Tierra del Fuego corre a él mostrándole su pesca.

―Q-Que lindo… che… ―Martín se estremece, pero sonríe con ternura ante el pequeño.

Un disparo se oye no muy lejos donde ellos yacen instalados. La reacción de ambos países los hace ponerse de pie observando el proveniente disparo al horizonte.

― ¿Qué fue eso? ―Carlitos se siente confundido. Acto seguido su mano es tomada por la de Martín, quien se acerca rápidamente a Manuel, olvidando el frío.

―Espero que no sea lo que estoy pensado. ―dice Manuel.

―Coge al pibe, yo iré a ver. ―toma en brazos al niño para entregárselo. El castaño quiero reclamar en no ir solo, no obstante no puede conseguirlo ya que se escuchan dos disparos más.

El isleño susurra preocupado e intranquilo por su abuelo.

Tres disparos seguidos y gritos se oyen.

―Ten, llevátelo lejos, donde Pueblo Mapuche. ―ordena entregándole el rubiecito en los brazos del castaño, quien los recibe por inercia.

― ¡No podi' ir solo! ¡Te pueden matar!

― ¡Llevátelo de aquí! ¡Les diré que soy una nación y se acabó! ¡Ahora vete!

―Pero mi abuelo… ―pronuncia aferrándose al torso del chileno. Él frunce el ceño, baja la mirada observando al isleño completamente asustado y preocupado.

―Buena suerte. ―es lo último que le dijo antes de correr encima de la nieve a pasos apresurados. Al estar lo bastante lejos, en realidad en una posición conforme, alguien llama su nombre, por el nombre del país.

― ¡Abuelo Selk'man! ―es la persona que exclama Carlitos, contento por encontrarlo vivo.

―Señor… Usted debe-

―Cuídalo ―interrumpe el nativo mayor dejando a Manuel desentendido―. Sé lo que está ocurriendo. Fue difícil aceptar para que se acercaran al pequeño Carlitos. Vete, antes de que sea demasiado tarde. Cuídalo como si fuera parte de ti, ya es de tu territorio junto con el otro país.

―No me hable como si fuese una despedida. Martín se encuentra allá tratando de retenerlos. Usted va vivir, se lo aseguro. ―la voz suena reclamante y precisa.

Selk'man depositó sus mirar en el rubio.

―Abuelo…

―Pronto volveros a jugar ―enmarca una sonrisa, y le acaricia el cabello. Deja la acción. Les da la espalda afirmando con su mano una lanza―. Corre. ―ordena para Manuel y accede.

― ¡Alto el fuego! ―Martín grita con todo sus pulmones, bastante furioso viendo la matanza que llevaba a cabo, dando un buen resultado. Ellos se detienen notando que no pertenece a los nómadas, eso les llama la atención.

― ¿Quién eres chico? ¿Qué haces un lugar como este? ―pregunta un desconocido.

―Eso no importa. Les ordena, como La República de Argentina… vayánse y dejen a esta gente tranquila. ―los mira frunciendo el entrecejo y empuñando sus manos.

― ¿Ahora qué sucede? ―la voz se acerca pasando por los cuantos soldados o eso parece, hasta aparecer al frente. Muy grata sorpresa recibe al reconocer al rubio argentino― ¿Martín?

― ¿Arthur? ―para él también es una "grata" sorpresa. Ahora sí que está más que furioso― ¡Maldito! ―corre a él, agarrándolo de la vestimenta, teniéndolo frente a sus orbes verdes.

―Suéltame, ¿Qué demonios te pasa? ―autoritario en la pregunta, recibe su respuesta.

― ¿Tú comenzaste con esto? ―el susurro de rencor hice pensar al inglés.

Yes. ¿Por qué?

― ¿Para qué?

―Para limpiar el nuevo territorio para nuevas industrias, yo así no puedo. Los nativos son un estorbo. ―al oírlo, Martín junta más sus cejas, apretando sus puños sobre la vestimenta arrugada.

―No es tu territorio.

―Tengo ordenes, sus superiores nos la dieron. ―responde, de una forma inhumana enmarcando una sonrisa de ambición para obtener la riqueza de la isla. Oro.

―Te lo voy a decir una puta vez: Andáte de aquí, si no querés que te cague a trompadas.

―Hmp. Si no te has dado cuenta ―hace una pausa. Arthur sonríe para su propia persona, y luego un golpe en el estómago de Martín lo deja libre―, te encuentras solo ―el argentino tose y luego cae al suelo por culpa del pie del inglés sobre su torso, es un triunfo apuntándolo con el rifle―. Intenta detenerme y acabaras muerto. ¿O caso existe alguien como nosotros aparte de ese señor? Continue. ―ordena a sus soldados en su idioma, avanzando en la presión de los isleños.

Martín tiene odio. Sí, porque existe alguien representando a la isla, no era el abuelo Ona sino ese pequeño.

A la distancia…

―Me duele el pecho ―su pequeña mano la junta donde se sitúa el corazón―. ¿Cuánto falta para llegar?

―Poco ―Manuel se encuentra más tranquilo, llevando a Carlitos apegado a sus brazos entre las molestas hierbas. Visualiza la ruca de ella. Traga fuerte la saliva y avanza rápidamente. Agacha la cabeza entrando y pronuncia:―. Pueblo Mapuche.

― ¿Qué haces aquí? ―no es tierna la pregunta y menos maternal. Significa a que se largue.

―No vengo a discutir… Ellos llegaron, necesito que lo cuides. ―frente a ella, baja al rubio.

―Sabes que solo lo haga por él. Ven aquí pequeño ―Pueblo Mapuche se hinca esperando al rubio correr a sus brazos extendidos, recibiéndolo. Alguien tan inocente sin conocer mucho sobre su existencia puede estar pasando por esto, por lo que pasaron ellos también, piensa. Le toca el cabello, lo tiene un poco sucio, luego le dará un baño. Sonríe.

Recuerda los momentos de niño, cuando ella le peinaba el largo cabello en ese entonces, cuando lo protegía de Antonio, cuando corría a refugiarse en sus faldas después de que Martín insistiera en casarse con él al estar grandes y preguntar si era una nena. No desea ser pesimista, solo… mira la escena.

― ¿Te vas a quedar? ―al oírla, levanta la vista enseguida.

―No. Iré donde mis superiores y les contaré sobre esto. Ellos tienen que hacer algo ―dice pero sabe que ellos no le harán caso como la primera vez―. Antes de irme, Martín puede llegar en cualquier momento, está tratando de retenerlos ―pausa observando al menor―. Volveré luego, cuídate mucho Carlitos.

―Usted también… ―el deje en voz se pronuncia preocupante viniendo de un niño. No obstante no era cualquier niño, sabía su situación como una isla.

Antes de marcharse, surca los labios, muy difícil para él, dándole a conocer que todo estará y saldrá bien. Al salir, suspira dispuesto a enfrentar a su superior para intervenir contra ellos otra vez, para esto deberá caminar a prisa, no, deberá correr tan rápido como el puma.

Los minutos pasan. Pueblo Mapuche se preocupaba al oír a Tierra del Fuego murmurar su dolor en el pecho. Se pregunta si las cosas andan mal en el sur.

― ¡Manuel! ¡Manuel! ―los llamados incontrolables se aproximaban. Dentro de la ruca, ambos pusieron sus oídos y ojos en alerta―. ¡Manuel! ―entra Martín agitado―. ¡¿Dónde andá ese pelotudo?

― ¡No entres así como así!

― ¡No tengo tiempo para discutir con usted, señora! ¡Decime dónde está!

Arruga la frente penetrando su mirar en el argentino. ―Fue hablar con sus superiores.

― ¿Mi abuelito? ―el isleño retiene con la pregunta al país antes de poder largarse.

―Él… Él está bien, no te preocupes ―hace al isleño sonreír. Su abuelo se encuentra sano y salvo―. Debo irme.

Manuel exaspera. Tiene tanta rabia acumulada dispuesto vaciarla de su cuerpo golpeando a cada uno de sus superiores. Nuevamente se niegan dejándole con la soledad de la habitación. Presiona el puño estrellándolo sobre el escritorio. Mierda, mierda, y más mierda junta. Piensa en soluciones para la isla del fin del mundo…

La puerta se abre de manera de mil truenos azotando las paredes. Un cuerpo se lanza apresurado.

― ¡Maldición Manuel…! ¡No sacás nada con hablar con ellos! ¡Lo hicimos antes y no funcionará!

―No me tienes que agarrar para eso. ―menciona serio. El argentino se da cuenta y lo suelta, se está saliendo de control.

El chileno piensa que haca acá, y ve que su vecino yace sucio de nieve y tierra.

― ¿Qué sucedió allá? ―pregunta.

―Manu… ―traga fuertemente retomando la respuesta― Vi como los mataban… ¡Y el puto pirata de Arthur está ahí!

― ¿Espérate? ¿Qué?

―Lo que escuchás. Pero…no voy a mentir…hay varios europeos…y…el rumano ese que se cree argentino…lo peor…que la mayoría son argentinos. Malditos hijos de puta.

―Arthur…no puedo creerlo. ―abre los ojos totalmente sorprendido tocándose la cabellera. Da vueltas al asunto buscando lo que sea para retenerlo. Toma asiento alzando la vista a Martín, quien le mira esperando algún plan.

― ¿Vamos a ir en contra de nuestros superiores? Estoy dispuesto.

―Sí ―afirma―. Llamaremos a Feliciano y a Lovino, ellos nos ayudaran.

.


N/A: ¡Wa~h! ¡Carlitos mi vida! El capítulo lo tenía guardado desde hace varios meses, solo tuve que modificarlo.

Datos…

•En su mayoría ingleses y yugoslavos los mataron a todos.

1883. Comenzó la explotación ganadera con la concesión por parte del gobierno chileno de las primeras estancias a particulares.

1883-1909. Fiebre del Oro. Se descubre oro. La expedición del chileno Ramón Serrano Montaner en 1879, fue quien informó de la presencia de importantes yacimientos auríferos en las arenas de los principales ríos de Tierra del Fuego. Con este incentivo, cientos de aventureros extranjeros llegaron a la isla con la esperanza de encontrar en tan anheladas y lejanas tierras, el sustento inicial para producir auspiciosas fortunas. Sin embargo, estos sueños se verán diezmados por el rápido agotamiento del tan preciado metal.

1885. Julius Popper llegó a Buenos Aires, teniendo pleno conocimiento del descubrimiento de oro en el extremo sur continental de Argentina, hoy Provincia de Santa Cruz, más precisamente en la famosa zona de "zanja a pique", sin perder de vista estas manifestaciones auríferas y por lógica deducción geológica y minera, Popper arriba a la Isla Grande de Tierra del Fuego, con un grupo de expedicionarios en septiembre del año 1886, descubriendo en esa oportunidad el más importante yacimiento aurífero que registró la actividad minera en territorios australes sobre el litoral Atlántico, ubicado sobre la espiga que prácticamente encierra por el extremo norte a la Bahía San Sebastián y que él denominó con acertada justicia El Páramo. Durante su viaje exploratorio se encargó de poner nombres (topónimos) a los lugares, ríos, y accidentes geográficos que iba encontrando, y registrándolos en sus mapas (un ejemplo que aún hoy tiene vigencia es el de mar Argentino.)

De regreso en Buenos Aires, en 1887, dio una conferencia en el Instituto Geográfico Argentino, entidad preexistente que dio origen al Instituto Geográfico Militar Argentino, su disertación científica entusiasmó tanto a los presentes que de ella salió como resultado la fundación de la Compañía Anónima Lavaderos de Oro del Sur y, en la primavera de 1887, Julio Popper regresa a Tierra del Fuego con los papeles que lo habilitaban para explotar los yacimientos de arenas auríferas que pudiera encontrar.

1886. Ocurrió la masacre de la playa de San Sebastián, en noviembre de 1886, en la que el comandante Ramón Lista (militar y explorador argentino), al frente de un grupo de marinos, atacó una toldería ona provocando la muerte de 27 de ellos. Tras la masacre, los hombres de Lista se ensañaron con un joven ona al que encontraron escondido tras unas rocas, armado tan solo con su arco y su flecha: lo mataron de 28 balazos.

Matanzas que se llevaron a cabo:

La matanza de San Sebastián (28 muertos) 25 de noviembre 1886. Es la primera masacre documentada, y se conoce con detalle, cuándo, dónde y cómo ocurrió pues fue cometida por un oficial argentino, en una misión de exploración, donde debía registrar su accionar en un diario de bitácora. El 25 de noviembre de 1886, el capitán Ramón Lista desembarcó en la playa de San Sebastián con el fin de explorar la región. Ese mismo día se topa con una tribu ona. El capitán intenta tomarlos prisioneros, pero éstos se resisten. Lista ordena entonces a sus hombres abrir fuego y matan a 27 onas. Un sacerdote salesiano, José Fagnano, que acompañaba a la expedición, enfrenta a Lista y le recrimina por la matanza. Lista amenaza con hacerlo fusilar. Días después los hombres de Lista se ensañan con un joven ona al que encontraron escondido tras unas rocas, armado tan solo con su arco y su flecha: lo asesinan de 28 balazos.

El envenenamiento de Springhill (500 muertos) Primeros años del siglo XX. Una tribuonase abalanza sobre unaballena, varada en la playa. En tan sólo un día, gran parte de la tribu muere. La ballena había sido inoculada con veneno. En cierta ocasión y en un punto de Tierra del Fuego, que se denomina Sprig Hill quedó varada una ballena. No se sabe si la marea la arrastró o si fue llevada de propósito. Lo cierto del caso es que fue vista primero por los perseguidores de indios y manipulada por ellos con toda clase de venenos. Descubierta la ballena por varias tribus de onas, y golosos como son éstos de la grasa del cetáceo, se dieron el gran banquete y allí quedó el tendal de muertos, como si se hubiera librado una gran batalla; se calculan en unos quinientos o más, fue un día de «caza máxima».

La masacre de Punta Alta (25 muertos). Una tribu ona resistió durante casi un día el asedio de los estancieros y sus empleados, hasta que sucumbieron.

La masacre de la playa de Santo Domingo (300 muertos). Alejandro Maclennan (escoces) invita a una tribu ona, a la que él había estado hostigando, a un banquete para sellar un acuerdo de paz. Durante el banquete, Maclennan sirve grandes cantidades de vino. Al comprobar que la mayoría de los indígenas se han embriagado, en especial los hombres, Maclennan se aleja del lugar y ordena a sus ayudantes, apostados en las colinas, abrir fuego contra toda la tribu.

El hallazgo del italiano (80 muertos). Un inmigrante italiano, que recorría la isla en busca de yacimientos de oro, descubre los cadáveres de unos 80 onas, todos con signos de haber sido balaceados.

Mastines, perros. Los cazadores de hombres soltaban estos animales peligrosos cuando sorprendían o rodeaban un campamento. Los perros hacían salir a los aborígenes de su escondite para llevarlos ante los cañones de los fusiles o herían gravemente en el cuello a los niños, que se desangraban rápidamente.

La cacería tenía más éxito cuando una india en avanzado estado de gravidez caía en manos de los blancos. Clavaban la bayoneta en el vientre de la indefensa, le arrancaban el feto y también a éste le cortaban las orejas. Por los dos pares recibían una recompensa mayor. Incluso llegaban al extremo de inocular a los niños que podían atrapar con ciertas materias patógenas y los dejaban volver a los bosques. El fin de esta práctica era contagiar con ellas también a los adultos.

Las "prácticas de tiro" Existen testimonios que indican que durante la segunda mitad delsiglo XIXy las primeras décadas delsiglo XX, los barcos que pasaban por elEstrecho de Magallaneso por la costas oriental y sur de la isla realizaban prácticas de tiro utilizando como blanco a los indios onas: cuando divisaban a lo lejos una fogata, o una toldería, disparaban contra ellas. Se ignora la cantidad de víctimas que pudieron haber causado tales prácticas.

•1888. José Fagnano, un misionero salesiano llegado aPunta Arenasen 1888, obtuvo en concesión la isla Dawson en elEstrecho de Magallanesy fundó allí una reducción donde alcanzó a reunir a casi mil selk'nam enviados por los estancieros. En 1893 instaló otra reducción próxima aRío Grande, en Argentina dando refugio a otro numeroso grupo de nativos. Se estableció una misión salesiana enisla Dawsoncon el propósito de evangelizar y civilizar a los indígenas.

Salesianos: Es el nombre que reciben los miembros de la Familia Salesiana. Se agrupan en la congregación de Salesianos de Don Bosco o Pía Sociedad de San Francisco de Sales fundada por Juan Bosco (Don Bosco, o San Juan Bosco) hacia mediados del siglo XIX en Turín, Norte de Italia, para la atención educativa y formativa de los jóvenes que en sus sociedades se encuentran en situaciones de desventaja económica, marginalidad o en riesgo.

Familia Salesiana: Hace referencia al conjunto de institutos, congregaciones y asociaciones que tienen como figura común la espiritualidad de Don Bosco y de su sistema preventivo, inspirado a su vez en la figura de San Francisco de Sales. Tres grupos de la Familia Salesiana fueron fundados directamente por Don Bosco: la Congregación Salesiana, las Hijas de María Auxiliadora y la Asociación de Salesianos Cooperadores.


El único bueno es Feliciano, como siempre.

Hasta aquí llego, nos vemos en la otra semanita.

Saludos! Cuídense! Bye bye!

¿Review's?