ASSASSIN'S CREED 2

Capitulo 2: ¿Siempre?

Este capítulo no será una copia del juego. Este será mejor.

Hirokochan: pues no tenía planeado integrar esa pareja pero ahora me lo pensaré y creo que Desmond será el uke.


— Vámonos ya, Ezio.

— Espera, Federico— Ezio miraba en dirección al noroeste. Específicamente miraba una casa.

— ¿Vas a ir a ver a Cristina?— sonrió ante la afirmación de Ezio— Cuídate de… cuida… regresa tempra… no vayas a….ah sólo no hagas nada malo, ¿entiendes?

— Claro, madre.

Así se separaron. Ezio todavía por los tejados, se dirigía a la casa de su amada Cristina Vespucio. Pero en el camino se encontró con un escenario que nunca imagino ver a menos que él estuviera ahí o lo provocara. Bajo a la ventana del una casa para escuchar mejor.

— ¡Déjame ya!— imploraba un joven con boina roja.

— ¡Eso te pasa por no pagarme!— el agresor tenía a la victima contra el suelo, lo pateo una vez, desde que Ezio llego.

— Pero de que hablas, ¡no te debo nada!

— Por favor… si te lo preste ayer y dijiste que hoy me ibas a pagar el doble.

— ¿Eh?...bueno tal vez sí… ¡pero no hay porque ponerse pesado!- gritó.

— Claro que puedes pagarme de otra forma…— dijo el hombre mientras acariciaba la cintura del otro. Luego se subió en él y empezó a desvestirlo.

— ¡De-déjame!

— ¿Y ahora fingirás que no te gusta?... todo mundo sabe que te gusta estar en estas situaciones— cuando terminó de desabrochar la camisa sus manos empezaron a explorar dejando al descubierto el torso del joven, lo que provocó un sonrojo en Ezio, quien hasta ese momento se encontraba escondido, no podía intervenir porque un parte de su cuerpo se lo impedía.

— Hmm… no, déjame ¡Ayudaaa!

— Nadie te hará caso— y entonces, la victima empezó a llorar, y eso Ezio no lo podía ignorar.

Rápidamente salió de su escondite y bajo del techo, sigilosamente para poder sorprender al violador. Mientras éste bajaba más sus manos, Ezio tocó su hombro y al momento de que el otro volteara, le encestó un golpe, mandándolo directo al suelo, inconsciente. Después, como un gran héroe, extendió su mano en apoyo a la víctima.

— ¿Estás bien?

—Sí— aunque Ezio no podía verlo, el joven de la boina roja pudo ver perfectamente a su salvador. Y se quedó observándolo todo el tiempo que pudo.

—…Eh… pues, párate ya…— agrego después de un rato y al ver que el joven no decía nada.

— ¡¿? ¡Ah! Lo siento— tomo la mano de su apuesto salvador y le agradeció.

— Bueno…generalmente esto sólo se los digo a las mujeres preciosas…."Ah las mueres"— pensó Ezio con una gran sonrisa en la boca— pero… creo que no deberías salir de noche. Aunque claro, generalmente es muy pacifico…

—Jeje bueno, gracias por ayudarme aunque ya estoy acostumbrado— ni aún de pie, Ezio era capaz de ver su rostro.

— ¿En serio?

— Sí… no sé por qué la gente cree que me gusta ese tipo de masoquismo— y aunque no se pudiera ver su rostro, su tristeza se sentía—… Bueno, gracias de nuevo. Eres algo joven y eso quiere decir que vas a una pelea o a ver a tu novia así que…

— ¡Ah! Cristina…— subió por la casa más próxima— Me dio gusto conocerte ¿extraño?— dijo esperando a que el otro dijera su nombre pero este sólo rió— eh… bueno, adiós y recuerda ser más precavido y ya no pedir prestado— luego subió más, mientras el otro lo miraba extrañado, al poco tiempo recordó que su salvador había mencionado algo sombre no apostar, ¿eso significaba que había estado ahí desde el principio?

— ¿Estuviste ahí y no hiciste nada?- reclamo al viento.

Mientras Ezio dormía abrazado a su amante, Desmond despertaba en el animus…

— Ahhh…

— ¿Estás bien Desmond?— pregunto Lucy, quien estaba junto a él.

—…sí…— miró hacia el frente y se encontró a Shaun mirándolo, por un momento le pareció que veía en él una sonrisa tierna para después pasar a la mirada de odio que le dedicaba siempre— Bueno, debo decir que es un tanto extraño, y divertido, rejuvenecer. Recuerdo que cuando tenía unos 14 años andaba en muchas peleas callejeras…

—Y yo te recuerdo, Desmond— interrumpió Shaun— que mientras tú añoras tus días como princesa, muchos miembros de nuestra hermandad mueren.

— Me pregunto por qué no te vas a luchar con ellos…

— Yo soy de más ayuda aquí— Desmond movió su mano como si fuese un títere y simulo que este era Shaun— que haya afuera.

—Sí, ya lo sé. Eres un inútil— ambos rivales se sonrieron.

—Bueno, venga ya, es hora de seguir trabajando— esta vez fue Lucy quien previno una pelea.

—Vale— Desmond miro por última vez a Shaun antes de seguir…

Ezio ya se encontraba despierto, y como no estarlo si el padre de tu amante y tal vez futura esposa, se abalanza contra ti queriéndote matar con todo el deseo de su corazón. Pensó que tal vez sería mejor dejar se ver a Cristina, era muy peligroso, aunque aquella sensación de peligro le agradaba.

De nuevo por los muros, llego a su casa. Encontró ahí a su padre, quien lo riñó por llegar tarde. Como encargo de su padre, Ezio fue a entregar una carta, en el camino se encontró varias veces al joven de boina roja, pero seguía sin poder ver su rostro. Cuando terminó regreso a su casa y ahí se encontró a su madre.

— ¡Madre! ¿Cómo está?

—Bien. ¿Y tú? ¿Ya te recuperaste de la última noche?

— Ah…no sé de qué habla, madre— la cara de inocente que puso no se la creía ni el mismo.

—Da igual. Sígueme.

— ¿A dónde vamos, madre?

— A traer un encargo.

En el camino, hablaron sobre Francesco De'Pazzi, quien en ese momento se encontraba como prisionero y próximo a juicio. Rápidamente llegaron a un taller, dónde según había escuchado, vivía alguien famoso, un artista. Maria Auditore llamó a la puerta y enseguida salió un hombre joven de boina roja.

— Hola, Leonardo.

— Madonna Maria.

—Él es mi hijo Ezio.

Ambos se miraron y sólo Leonardo reconoció a Ezio, le pareció que de día se veía más apuesto, espero un rato para ver si Ezio sabía quién era pero no fue así: éste sólo lo miro sin mucho ánimo.

—Mucho gusto— saludo Leonardo con una reverencia.

—El gusto es mío.

— Ya sé a qué ha venido, permítame, en un momento regreso— se adentró en su taller.

— Es alguien muy talentoso— comentó María, aunque a Ezio no le importó— Deberías tener algo en que interesarte.

— Madre, yo ya tengo algo— contestó sonriente.

—No parlo di vaginas— soltó de golpe.

— ¡Pero Madre!— escuchar a su madre decir ese tipo de palabras lo avergonzaba, afortunadamente para él, Leonardo regresaba.

— Aquí tiene.

—Ezio, llévalos— ordenó Maria.

—Mmm sí madre— sin amino cargo la caja que contenía varios cuadros— "¿Qué no puede llevarlos el señor artista? Tal vez se rompa las uñas…hm…aunque pensándolo bien ¿no había visto esa boina roja antes?"— pensó, miro varias veces a los alrededores y observó que gran parte de los jóvenes traían un boina exactamente igual. Después de un rato sintió que alguien lo observaba, con mucha habilidad y rapidez volteo en dirección a Leonardo y pudo ver como éste lo veía. Le pareció un poco extraño se lo vieran, sobre todo si se trataba de un hombre— "…."

Más eventos extraños pasaron y entre ellos uno con su padre, lo vio sentado con expresión preocupada, hablando con el amigo de la familia: Uberto Alberti. Le preocupo, pero le preocupo más el hecho de que ambos hombres se encontraban deprimidos. El día se transformó en noche. Y antes de poder ir a dormir, Ezio fue interceptado por su hermano. Ambos se encontraban en el techo de la casa de los Auditore. Sin previo aviso, Federico atrajo a su hermano hacia el suelo, haciendo que este se sentara junto a él.

— ¡Federico!

— Ezio… ¿has visto el estado de nuestro padre?— al igual que él, Federico estaba triste. No sólo se notaba en su rostro sino también en su voz y su postura: abrazando sus piernas.

— Sí… al igual que el Gonfaloniere… ¡¿Tú sabes qué pasa?

— No, aunque me lo puedo imaginar…

— ¡¿Y qué es? ¡Dime!

—… A veces… es mejor que no sepas algunas cosas, Ezio.

— ¡¿Estás loco? Si se trata de nuestro padre es necesario que lo sepa…

— Ezio…— ante esa interrupción el hermano menor calló—… Aunque lo supieras no podrías hacer nada. Todo es por mantenerte a salvo, a ti, a Claudia, a Petruccio y a nuestra madre.

— ¿Y ustedes? ¡¿Acaso creen que estaremos a gusto si a ustedes les pasa algo?

— Ezio… ¿Tanto te importamos? ¿Tanto te importo yo?

— ¡Por supuesto!

— ¿Te importaré a caso como algo más que un hermano?— preguntó a la noche sin importarle si Ezio lo escuchaba o no.

— Pero qué dices Federico…— aquella pregunta le incomodó, pero también lo puso triste. A sus 16 años estaba tan informado acerca de la sexualidad como para no notar a qué se refería su hermano.

—…

— Federico…— de nuevo fue interrumpido, esta vez por la acción de su hermano, quien lo acerco a él y lo abrazó con fuerza.

— Cállate, ¿quieres?— atrajo más a su hermano, así la mitad del cuerpo de Ezio en encontraba sobre él. Después, con todas sus fuerzas, paso la pierna de su hermano alrededor suyo de tal manera que ambas piernas rodeaban su cintura. Y en esa posición volvió a abrazarlo, acercándolo lo más que podía.

—…— Ezio, por su parte, no podía contener su sonrojo— Hermano…

Pasó una hora, al parecer Federico no quería irse ni abandonar esa posición. El cansancio ganó ante Ezio.

…..

— Desmond— Shaun estaba de pie junto al animus era tarde y al parecer tanto Lucy como Rebeca fueron a descansar, tanto trabajar requiere reponer fuerzas de vez en cuando. Desmond no salía del animus, Shaun no lo quería. Se acerco a él y sonrió.

…..

Ezio despertó. Ya no se encontraba en brazos de su hermano, sino en su habitación. Se sintió triste de nuevo. Pensó en su hermano y después de un rato salió de la casa. Se encontró con Petruccio. Éste le pidió unas plumas, no dijo para qué eran pero se mostró nervioso y feliz al pedirlas.

Camino por la cuidad, esa cuidad que amaba. En ella experimentaba las más agradables sensaciones, peleaba cuando podía pues el peligro le agradaba y llamaba todo el tiempo. Sobre todo, le agradaba pelear con Vieri D'Pazzi. No sabía por qué pero le excitaba verlo sufrir y gritar como niña, ver cómo Vieri se molestaba cuando se acercaba. La cara de bastardo que ponía era lo suficientemente genial como para no disfrutarla de cerca. Y justamente mientras caminaba, se encontró con él. Le sorprendió que en ese momento se encontrara solo, pues siempre se encontraba rodeado. Caminaba sin rumbo al parecer. Y justo como el destino lo pedía, Ezio se acerco a él. Rodeo el cuello de Pazzi haciendo que este se enojara.

— ¡Auditore!

— Llámame Ezio, sé que te gusta… "Maldito Vieri…" — pensaba— "…Estar contigo extrañamente me hace olvidar lo que pasa ahora en mi familia… Pero ambos sabemos que nos odiaremos hasta el final de nuestras vidas…"— y sin embargo le sonreía.

— ¡¿Qué ha-haces? ¡Deja de abrazarme!

— Ok, ok. Por cierto, ¿por qué no estás acompañado hoy?

— Eso no te importa.

— ¡Vieri! No seas tan antipático— de pronto, Ezio rodeó la cintura de su enemigo y lo llevó hasta un inhabitado callejón, algo oscuro— Si sigues siendo de ese modo entonces no encontrarás a ninguna chica…bueno tal vez te guste más los hombres… ¡oh! ¿No te gustaré yo, pequeño Pazzi?— preguntó acercando más su rostro.

— ¡Estás loco!— por nerviosismo, Pazzi lanzó un golpe contra Ezio pero no le dio, paso a un lado de la cabeza de su enemigo. Momento aprovechado por Ezio para acercar sus labios.

Un profundo beso que duro un momento. Vieri no se resistió tanto como Auditore esperaba, de hecho lo disfrutó y pidió más, cosa que Ezio estaba dispuesto a darle, si no fuera porque en esos momentos recordó lo que pasó con su hermano. Rápidamente se separó y alejo corriendo, dejando a Vieri en estado de Shock.

Ezio corría y corría, sólo se detuvo cuando vio en su mente un escenario extraño, una casa al parecer de metal y en ella un solo individuo de cabello corto, color café y usaba lentes, se vestía de forma extraña y mostraba un rostro indiferente.

— Que demonios…— luego vio como algunos soldados corrían en dirección a su casa. Un mal presentimiento le invadió y con todas las fuerzas que poseía empezó a correr.

Llegó en 10 minutos. Encontró un escenario devastado. Parecía que les habían robado. Entro gritando, buscando a su madre y hermanos pero sólo recibió el intento de golpe que lanzo la sirvienta de la familia.

— ¡Señor Ezio! Es usted.

— ¿Y mi madre y Claudia?

— Están bien, señor. Aquí están— de su escondite salió Claudia.

— ¡Ezio! Los soldados se llevaron a nuestro padre, también a Federico y a Petruccio.

— ¿Qué? ¿Por qué?

— No lo sabemos. Se los llevaron a la torre más alta del reloj ¡Ezio, tienes que traerlos de vuelta!

— No te preocupes, Claudia. Lo haré… Ana*, por favor lleva a mi madre y a Claudia a un lugar seguro.

— Claro señor. Las llevare a casa se mi hermana.

— Gracias. Regresare, Madre.

Salió de la casa, no sabía que lo esperaba pero fuese lo que fuese, lo afrontaría como el Auditore que era. Corrió lo más rápido que pudo. Se encontró a varios soldados en su camino y cuando estos lo atacaron, supo que él también era buscado. Pudo librarse fácilmente de ese embrollo. Ya la tarde se había convertido en noche. Llego a la torre, estaba llena de soldados y se alegro de tener esa maravillosa habilidad de escalar por las construcciones, pues de no ser así entonces tendría que entrar y enfrentarse a más soldados, él ya no tenía fuerzas. Sólo le tomó cinco minutos escalar completamente. Estuvo a punto de ser descubierto. Cuando escalo más alto en la torre, escucho la voz de su padre y lo llamó.

— ¿Ezio? ¿Eres tú?

— Sí, padre.

— Me alegro que estés bien.

— Padre, pero qué ha pasado…

— Sólo es un malentendido, eso es todo. Podremos solucionarlo.

— ¿Qué puedo hacer?

— Debes ir con Uberto, entrégale esto— Giovanni Auditore le entregó un carta.

— Por supuesto, Padre.

— Ahora debes irte hijo mío. Salta.

— ¡¿Desde aquí?— el pequeño miro hacia abajo y por un momento el vértigo se apodero de él.

— Tú puedes hacerlo.

— No lo sé…

— Ezio…— quien habló en ese momento fue Federico.

— Hermano…¡!— de nuevo Ezio era interrumpido por su hermano, pero ahora no por un abrazo o por un simple llamado.

Fue un beso lo que lo hizo callar. Tan profundo como él que le había dado a Vieri. Tan apasionado que no pudo resistirlo. Y tan puro que su padre no pudo decir nada en contra. Ezio sintió y comprendió los sentimientos de su hermano es ese beso.

— Federico…

— No sabes cuánto me gusta que digas mi nombre…— le sonrió y aprovechando su sorpresa, lo empujó suavemente. Sabía que estaría bien. Vio su caída. Tal vez esa sería la última vez que viera el rostro de su hermano y le alegro saber que la última expresión que había visto era de profundo amor y ternura—…Vamos, Ezio, tu puedes hacerlo… Sí regresas, te prometo que seremos más felices que nunca.


Hola, aquí otro capítulo. El más largo que he escrito en mi vida ^^ Espero les haya gustado. A mi sí. Siento el haberme tardado.