ASSASSIN'S CREED 2
Capitulo 3: ADIOS.
Gracias por sus comentarios ^^ Sigan disfrutando. Sé que escribo más diálogos que detalles pero díganme, les gustaría que incluyera más detalles, al igual que diálogos?
Su hermano lo había besado, enfrente de su padre y su pequeño hermano. Su hermano lo amaba, él lo amaba pero también amaba a Cristina… ¡No! No podía distraerse con asuntos tan irrelevantes como esos. Primero tenía que salvar a su familia. Con el corazón latiéndole al mil por hora, corrió hacia la casa de Uberto. No le importo con quien chocara, ni siquiera cuando ese alguien era Vieri dispuesto a buscar pelea y tal vez algo más. Cuando llegó a su destino estaba tan exhausto que no pudo darse cuenta de la persona que se encontrabas detrás de Uberto.
Habló con Uberto y le entregó la carta, él le aseguró que todo estaría bien. Regresó a su casa ya que recordó que su padre también le había dicho que buscara una habitación secreta dentro de su estudio y que usara lo que encontrara. Y la encontró fácilmente, gracias a una extraña visión que primero lo cegó y después le hizo ver como brillaba una pared de la habitación. Entró y pensó que el cofre que se encontraba al fondo debía ser importante. Cuando lo abrió se sorprendió al ver ropas extrañas y armas, ¿Por qué su padre tendría eso?, no le tomó mucha importancia y se las colocó. Ezio sólo sonrió; ya que se sentía más aliviado, no pudo evitar pensar en lo que le haría a ese Pazzi para tenerlo a su merced. Uberto le había dicho que todo estaría bien, y él le creía. Con ese pensamiento se dirigió a su recamara y durmió, fueron pocas horas debido a que la emoción y la alegría no lo dejaban en paz. Horas después despertó y rápidamente se vistió. Salió. Uberto le dijo que por la mañana se dirigiera hacia la plaza. Y así lo hizo. De nuevo se encontró a Vieri, de nuevo solo, fue hacía él y lo tomó por la cintura.
— ¿Qué demonios…? ¡Auditore, déjame!— pero a pesar de su enojo, sus mejillas sonrojadas eran evidentes.
— ¿Eh? ¿Qué acaso no te gustó el beso de la otra vez?— su tono de voz sugería decepción y juego.
—¡…! ¡¿Cómo te atreves? Sí…claro… ¡agg! ¡Quita tus sucias manos de mi!— el sonrojo de Vieri era, ahora mucho muy evidente. No podía esconderlo ni con su agresividad.
Luego Ezio se coloco frente a Vieri, frente a frente, sus labios casi se tocaban. El pequeño galán agarro con más fuerza a Vieri y lo acerco tanto como pudo. Era una lástima que estuvieran en público, sino en ese mismo momento le hubiera hecho cosas maravillosas y estaba seguro que Vieri pediría más.
—Lindo Vieri, es una pena pero un beso es lo único que puedo darte. Sin embargo, cuando todo esto acabe, te prometo que tú y yo la pasaremos bien— y con un beso aún más apasionado, se despidió, dejando nuevamente a Vieri paralizado y siendo la mira de todos.
Corrió más rápido aún. Llegó a la plaza y la encontró infestada. En el centro de la plaza se encontraba un escenario y sobre ella, estaban su padre, Federico y Petruccio. Unberto también estaba ahí.
— Giovanni Auditore, estas acusado del crimen de conspiración. ¿Tienes alguna evidencia a tu favor?
— ¡Sí! Los documentos que recibiste anoche.
— Me temo que no sé de que hablas.
— ¡Está mintiendo!— grito Ezio desde lejos, pero nadie lo escuchó.
— A falta de evidencia. Me temo que tendré que proseguir. Por el crimen de conspiración, te condeno a ti y a tus cómplices a la pena de muerte.
— ¡Maldito Uberto! No acabarán con nosotros. Siempre habrá alguien más que seguirá con el trabajo. Alguien más vendrá por ustedes. Esto no acabará así. Lo juró.
Y el verdugo hizo su trabajo. Para aquella gente no importaba si un niño era asesinado injustamente, lo único que querían era diversión. En ese instante Ezio perdió la noción del tiempo, grito "Padre" y luego corrió hacia su familia. Pero ya habían caído. Ya no podía ayudarlos. "¡No" Puedo ayudarlos. Sé que puedo. ¡Yo puedo!" gritaba en su mente. Casi lloraba. "Padre, hermanos. ¡Federico!" Uberto ordenó a los guardias que lo detuvieran.
— ¡Te mataré, Uberto! ¡Pagarás aunque sea lo último que haga!— La rabia que sentía eran tal que por unos instantes nublo su visión. Ellos eran demasiados para él.
Fueron una cortesana y un ladrón quienes lo sacaron de su trance. "Corre, chico" le gritaron. Ahora Ezio estaba asustado. Como pudo, corrió y escalo. Tanta adrenalina le hacía correr más de lo que normalmente podía. Pero nunca miró atrás. Se metió a una caseta en el tejado y ahí espero hasta que los guardias dejaron de buscarlo. Cuando se encontró seguro, dejó que las lágrimas salieran de sus ojos y corrieran por sus mejillas, mojando sus ropas, las ropas de su padre; mojando sus labios, esos labios que Federico había besado; y mojando sus manos, las cuales abrazaron tantas veces a su pequeño hermano. Aquel llanto no podía ser contenido. Al cabo de un rato, sólo el cansancio y el sueño pudieron. Soñaba, tenía pesadillas. Aunque fueran pesadillas, él ya no quería despertar, quería seguir dormido y morir así. Pero fue una voz preocupada y amable la que lo despertó.
— ¡Ezio!— era Vieri de Pazzi. En una faceta que sólo el padre Giocondo conoce.
Aquel Vieri se acerco preocupado a Ezio, incluso se introdujo en la caseta para estar más cerca de él. Lo abrazó y por un lago momento ambos hombres se quedaron así. Luego fue Ezio quien habló.
— Vieri… ¿Cómo me encontraste?— secaba sus lagrimas.
— Eh… bueno, te oí. Yo también subí aquí a… relajarme, entonces te vi entrar a la caseta. Quise ayudarte pero oí sollozos.
— Bueno, lindo Vieri. No hay de qué preocuparse. Todo ya paso.
— ¡Ezio!— ante la sonrisa de Auditore, Vieri no sintió más que admiración por ese hombre que a pesar de pasar por malos momentos nunca pierde la sonrisa, y en cambio, él no hacía más que tratar mal a las personas y mayormente asesinarlas si las cosas no eran como él quería. Esa era la gran diferencia entre los dos: la voluntad y el amor. Volvió a abrazarlo — Sé por qué huías y por qué llorabas… ¡No puedes decir que todo ya pasó! Sé que no puedo ayudarte, sé que somos enemigos y nuestro destino es odiarnos y tal vez asesinarnos pero quiero que sepas que siempre estaré ahí para ti, siempre he estado ahí.
— Hmph— sonrió de nuevo, pero esta vez era más sincero, correspondió el abrazo— Lo sé. Siempre has estado ahí. Gracias. Somos enemigos y te odio, pero también te amo. Algún día moriremos los dos juntos.
Ahora Ezio movía sus manos acariciando a Vieri. Estaba triste pero igualmente agradecido con su enemigo. Además, esa tal vez sería la última vez que lo vería. Rápidamente desabrochó la ropa de Pazzi, la deslizó suavemente, hasta dejar la parte del torso descubierta. El otro por su parte no podía hacer más que dejarse llevar y disfrutar. Un gemido salió de Vieri cuando sintió los labios del otro recorriendo su cuerpo, lo abrazó. Auditore no tardo en desnudar completamente a su ahora amante. Sentó a Vieri sobre sus piernas, dejando las piernas de Vieri separadas. No hacía falta que Pazzi hiciera algo con él para que se preparara, con solo tenerlo ahí era más que suficiente. Buscó entre sus pantalón, lo desabrochó y caso cuidadosamente su miembro. Levanto un poco a Vieri para poder introducirse en él, quien no pudo contenerse y grito, pero rápidamente cerró su boca. Que humillación y que excitación sentía. Ezio sonrió. Le hacía feliz ese momento. Por lo menos alguien era feliz en ese momento. Intensifico más y más las embestidas. Vieri ya no podía contenerse, ahora ya no importaba quien los escuchase, ni los viese, importaba gozar al máximo de lo que tal vez nunca más probaría.
Al final, el agotamiento, después de varias horas, pudo con ellos. Ezio durmió un hora, luego despertó y vio a Vieri descansando pacíficamente. Jamás pensó que vería esa faceta de él. Se vistió, su hermana y su madre de seguro que estarían preocupadas.
— Lo siento, mi lindo Vieri, tengo que irme.
Acorde a las indicaciones de Anna, entro en una gran casa, adornada desde afuera por mantos rojos. Fue una gran sorpresa la que se llevo cuando al entrar: absolutamente todo el edificio estaba lleno de cortesanas. Un sonrojo se le escapo. En ese momento una hermosa mejor mucho mayor que él, se acerco, al igual que Anna, quien entraba recientemente.
— Eh… Creo que me he equivocado de edificio…
— No, señor Ezio— río la sirvienta ante la inocencia que despedía su señor— No se equivocó. Ella es mi hermana, Paola.
La exuberante mujer lo saludo con gran placer, y claro, Ezio no se dio a desear, para él no había nada mejor que estar rodeado de mujeres, pero un mal presentimiento lo regreso a la realidad.
—Es un placer, conocerlo Messer Ezio. Al igual que su familia usted puede quedarse aquí si lo desea…
— Ah, no gracias pero debo irme. Debo matar a Uberto Alberti
Pero Ezio no era un asesino ni sabía cómo sobrevivir en las calles, nunca tuvo que. Paola le enseño todo lo que sabía sobre robar y esconderse, así podría atacar desde la sombras. Paso un par de días aprendiendo, luego se eso ya no tuvo más que irse de esa ciudad.
Mientras su hermana lloraba por la muerte de su padre y hermanos, y su madre parecía no tener alma, Ezio se despedía de Florencia, se despedía de Vieri de Pazzi. Y Vieri de Pazzi mira desde lejos como su amor, su amante se marchaba sin siquiera decirle algo. Aunque ya sabía que él tendría que irse, no pudo evitar sentir odio: Ezio al igual que su padre, lo abandono. Ya no estaba seguro de sí la su verdadero yo saldría de nuevo, tal vez ya estaría muerto en vida.
Hola, sí lo sé, me tardo mucho en actualizar y de paso los hago cortos, lo siento ^^'
Pero espero les haya gustado. Quise darle su momento a Vieri, a mi me grada, no sé por qué a los demás no. Sé que es maldito, arrogante, ladrón, asesino, desgraciado pero es buena persona en el fondo, solo hay que recordar la carta del padre Giocondo hacia el padre de Vieri.
