Disclaimer: Hetalia y sus personajes no son míos son de Himaruya Hidekaz la historia si es mía sino no sería tan loca aahahah wno sexto capi aca las cosas se ponen picantes y empieza el americest con todas las letras ehehhe wno disfruten. Perdón por haberme retrasado con el capi me fue super difícil escribirlo y como sé que prefieren capis un poco más largos de los que estaba acostumbrada a escribir para esta historia perdón perdón perdón espero no voler a retrasarme mas para publicar.


A través de los años

Desvinculados

Las colonias crecían de manera increíble, pero Arthur no estuvo allí para verlos crecer y se lo lamentaba todos los días, pero su reina y su pueblo lo necesitaban, y tuvo que acomodar sus prioridades. El británico les escribía cartas y les mandaba libros de economía y política, quería que sus hijos sean las mejores colonias de América dignas de Inglaterra.

Desde que Gran Bretaña se fue, Alfred se había vuelto más caprichoso y el único que podía controlarlo había sido Matthew, él lograba calmarlo y que no hiciera locuras o por lo menos no tan descabelladas.

Matthew había desarrollado un gran amor por la lectura pasaba horas en la biblioteca del inglés leyendo en cambio Alfred se escapa al bosque a veces por días, Francia sabía a donde se escapaba entonces solo esperaba a que estuviera cansado y hambriento, sabía que iba a volver. Francis era un padre muy permisivo.

Una tarde Matthew estaba en la biblioteca leyendo un libro que le había enviado Inglaterra, Alfred pasó corriendo por la puerta de la biblioteca y lo vio sentado leyendo tan tranquilo como siempre.

El ojiazul entró corriendo a la habitación -Me acompañas al bosque- Alfred quitó de la vista de su hermano del libro que estaba leyendo y lo miró directamente a los ojos.

-No Alfred.

-Será más divertido que leer todos los libros que nos envía Inglaterra- El ojiazul le quitó el libro y lo tiró muy lejos de donde estaba Matthew.

-¿Quéqué haces?- Matthew miró sorprendido y un poco enojado a su hermano -Yo no creo que sea divertido perderse por días, durante estos cuatro años, en un bosque porque no puedes aceptar que extrañas…- Aun después de haberle dicho eso a Alfred la voz del ojilila no se había elevado ni un solo decibel, pero a medida que se fue dando cuenta de lo que había dicho su voz se ahogó en su garganta.

Cuando Alfred escuchó lo que su hermano gemelo le dijo se quedó demasiado sorprendido nunca le había dicho eso, nunca se había negado a sus caprichos pero desde que el inglés se había marchado a su patria las cosas habían cambiado un poco. Hacía ya cuatro años que el Reino Unido se había ido de Norteamérica dejando a las colonias bajo el absoluto cuidado de Francia y desde ese entonces Alfred se empezó a escapar al bosque, quizás el hecho de que pasó la mayor parte de su infancia muy apegado a Arthur fue la razón no soportó tener que pasar el resto de sus días con solo Francia, cómo pensaba la colonia.

-¿What?

-Lo lo siento yo no quise decir eso, pepperdoname hermano- El ojilila estaba tartamudeando.

En el fondo Alfred sabía que su hermano estaba en lo correcto, el ojiazul escapaba al bosque porque no podía aceptar o mejor dicho no quería aceptar que su madre se había marchado y lo dejó con la incertidumbre de saber que quizás nunca más volverá. Pero la otra potencial razón por la cual la colonia ojiazul comenzó a escaparse fue desde que Matthew se volvió muy apegado a la lectura y cada vez que Alfred pasaba por la biblioteca y veía a su hermano sentado en uno de los sillones de aquella habitación pensaba más aún en Inglaterra y no quería seguirse torturando con ese recuerdo.

-…- Alfred no sabía que decir estaba igual de apenado que su hermano gemelo -Ya nunca estamos juntos como cuando éramos más chicos- Alfred le sonrió a su hermano -Prometo que hoy no me voy a escapar, que voy a volver a casa hoy.

-Nno…

-Va ser divertido Matthy- Era siempre la misma promesa, la diversión.

-Está bien- Matthew salió de la biblioteca con su hermano y se dirigió al establo para buscar sus caballos.

Los dos hermanos empezaron a cabalgar tranquilamente por el paisaje primaveral, la leve brisa del panorama les acariciaba suavemente el cabello, acompañados por la melodiosa canción de las aves que estaban disfrutando del día posadas en las brotadas ramitas de los árboles que surcaban el camino, ninguna de las colonias quería hablar pudo haber sido un buen momento para compartir entre hermanos, pero lo mejor que pudieron intercambiar fue el silencio.

Alfred estaba sumamente nervioso y aburrido permanecer en silencio no era una de sus mejores virtudes y aunque le ruido del galope de sus caballos lo alejaba un poco de la tención el silencio de su hermano seguía allí y seguía incomodándolo.

-Eeeh me alegra que vinieras con migo- Alfred le sonrió -Es como si fuéramos niños otra vez.

-¿A a que te refieres?

-Si volver a pasar tiempo juntos desde que Inglaterra se fue ya no jugamos más juntos- Dijo un poco melancólico el chico de ojos azules.

-Pero nosotros pasamos tiempo juntos…O por lo menos cuando tú no te escapas de las lecciones.

Alfred lo miró un poco enojado -Crees que es lindo ver como nuestro padre le coquetea a nuestras institutrices.

-No…

-¿Y por qué te quedas viendo como nuestro padre engaña a mamá?

-Crees que va a ser distinto si me voy- Dijo con un hilo de voz muy débil que fue casi cubierto por el sonido del galope de los caballos -Dime Al ¿qué cambiara si yo me voy?- Preguntó sin poder mirarlo a los ojos con la vista llorosa.

-Pero estarías con migo…-Fue lo único que el ojiazul dijo antes de que el silencio avasallador se apoderara de la conversión una vez más.

Luego de un largo rato de cabalgar sin rumbo Alfred golpeó a su caballo con las espuelas de sus botas para que corriese con mayor velocidad, en un primer momento su hermano al estar tan absorto en sus pensamientos no se dio cuenta que lo había dejado atrás.

-Hey! Matthew let's go- Alfred le gritó a su hermano para que se adelantara -Look at this!- El ojiazul le mostró un bello paisaje.

Matthew se había quedado maravillado con lo que se hermano le estaba mostrando en ese momento era un claro en medio del bosque era tan tranquilo, rodeado de pequeños arbustos llenos de flores de varios colores, la brisa que pasaba por entre las copas de los árboles mecía dulcemente las hojas dejando sentir el olor a los pinos y abedules, a lo lejos se podía escuchar como el agua corría con gran velocidad, era un lugar perfecto, era increíble.

-Es increíble Alfred- Matthew se bajó de su caballo, y caminó alrededor de aquel claro viendo maravillado todo lo que lo rodeaba mientras tenía las riendas de su caballo.

-Tres años yéndome de casa algo tenía que hacer- Rio un poco avergonzado y Matthew le sonrió -Sabía que te iba a gustar.

-Por aquí hay un rio ¿no?

-Eeeh, si esta por aquí cerca, sígueme- El ojiazul dio media vuelta con su caballo y guió a su hermano en la dirección donde estaba aquel río.

Cuando los dos hermanos llegaron a la rivera del rio, el ojialila queda sumamente sorprendido.

-Es tan relajante estar aquí- Matthew se bajó de su caballo y lo dejó en la orilla del rio, Alfred imitó a su hermano.

-Tienes razón.

Alfred se quitó sus zapatos y se arremangó un poco sus pantalones para que estos no se mojaran y entró al río -Ven Matthew- El ojiazul lo salpicó con agua.

-Hey!- Se quitó lo zapatos y entró en aquel río.

Ambos se empezaron a salpicar, los dos se reían como no hacía desde hace mucho tiempo la estaban pasando muy bien, corrían de un lado a otro del río y Alfred adoraba que su hermano estuviera con él. De repente Matthew piso una roca que estaba en el fondo del lecho del río resbaló y cayó mojando toda su ropa, en ese momento su hermano comenzó a reír a carcajadas, el ojilila solo suspiró y corrió un mechón mojado de pelo que tenía en el medio de su rostro.

Matthew estaba empapado y Alfred no para de reírse, el rostro del ojilila se había vuelto rojo por la ira y la vergüenza que estaba sufriendo en ese momento, quiso levantarse pero el lecho del río estaba un poco enlodado entonces cada vez que quería levantarse y hacía fuerza con sus brazos se volvía a caer.

-¿Me puedes ayudar hermano?- Preguntó con una sonrisa tímida.

-That's right- El ojiazul tomó una de las manos de su hermano y quiso levantarlo pero Matthew jaló del brazo de Alfred y lo tiró al río y este quedo empapado también

-Estamos a mano- Matthew se levantó del lecho del río sin menor dificultad y comenzó a reír.

-Mojaste a tu héroe- El ojiazul se levantó -Empieza acorrer Matthew.

Alfred comenzó a perseguir a Matthew por el lugar para intentar mojarlo, lo estuvo corriendo toda la tarde, ambos se revolcaron en el río y se siguieron mojando. Después de varias horas de estar jugando en el río el peso del agua en sus ropas los había agotado, el ojilila se acostó pesadamente sobre la hierba y escurrió con sus manos su ropa toda mojada dejando al lado suyo un charquito de agua de su camisa.

-¿Qué te sucede Matthew?- Preguntó Alfred saliendo del río.

-Estoy cansado de correr- Seguía acostado escurriéndose la ropa.

-Pero es aburrido estar acostado sin hacer nada vamos a jugar, saltar, correr o lo que sea- Dijo haciendo un puchero.

-Pero primero quiero secar mi ropa- Dijo el ojilila quitándose su camisa blanca inmaculada.

Alfred hizo lo mismo que su hermano, pero luego se quitó los pantalones también quedando solo con su ropa interior y luego se dirigió hacia donde se encontraban los caballos y colgó su ropa en la montura de su caballo para que esta se secara, cuando Matthew lo vio que su hermano gemelo solo tenía puesta su ropa interior sus mejillas se tornaron de un color rojo carmesí y volteó su rostro rápidamente hacia lado para que el ojiazul no lo notara.

-Matthew!- El ojiazul al ver que su hermano no se volteaba decidió gritar más fuerte –Hey! Mathew pásame tu ropa- Alfred estaba junto a los caballos.

-Eh lo lo siento- El ojilila todavía tenía sus mejillas un poco sonrojadas y fue caminando tranquilamente hasta donde se encontraba a su hermano y colocó sobre la montura de su caballo su camisa.

-¿Y tú pantalón? También está mojado- Alfred le tocó el pantalón a Matthew para comprobar que realmente estaba mojado -Ves está empapado- La colonia ojiazul tiraba de la tela de los pantalones de su hermano pero cuando noto como su hermano se quiso alejar un poco y se empezaba a poner colorado, sonrió de lado -¿O será que tienes vergüenza hermanito?

-Nno yo no tengo vergüenza- El ojilila se plantó delante de su hermano y se sacó sus pantalones mojados delante de su hermano -Ves como no tengo vergüenza- Luego los puso también sobre la montura de su caballo.

El ojiazul quiso reírse a carcajadas pero tuvo que contenerse, era tan fácil converse a su hermano, así que solo lo miró a los ojos y sonrió vagamente. El ojiazul siempre tuvo un gran poder de convencimiento sobre su hermano desde que solo eran unos pequeños.

-¿Qué vamos hacer ahora?

-Esperar a que se seque nuestra ropa- Dijo con una tímida sonrisa a su hermano el ojilila.

-Nooo- Dijo protestando y luego se tomó la barbilla y se puso a pensar-Ya se, vamos a jugar a las escondidas, vamos Matthew será divertido no te vas aburrir-Lo tomó por los hombros y lo zarandeó un poco.

-Bueno bueno pero deja de moverme así- Se quejó la ojilila.

-Ok tu empiezas a contar- Alfred se fue corriendo a esconderse.

-Pepero yo no quie… auugh- Suspiró su hermano ya había desaparecido, se cubrió sus ojos con ambas manos y comenzó a contar hasta diez –Uno, dos, tres, cuatro…- Siguió contando pacíficamente hasta que llegó al número diez en ese momento se descubrió los ojos – ¡Listo o no aquí voy, Alfred! – Matthew se fue corriendo al bosque para buscar a su hermano.

Matthew empezó a buscar no muy lejos de aquel río, ya que no conocía esos lugares y tenía miedo de perderse, buscó en los árboles detrás de los arbustos y detrás de las rocas grandes y Alfred no aparecía, el ojilila siguió caminando y adentrándose más en el bosque a medida que se adentraba el paisaje se tornaba más oscuro y húmedo ya que los árboles eran más grandes y la luz del sol no llegaba a penetrar por entre medio de la espesura de la arboleda siguió caminando y buscando a su hermano sin voltearse para mirar el camino recorrido y sin darse cuenta ya no supo cómo volver, estaba perdido.

-¿Alfred estás ahí? – Se volteó hacia el lugar de donde creyó había escuchado un sonido, no había nada –Alfred por favor sal de donde quieras que estés, no es gracioso- Suplicó el ojivioleta, estaba demasiado asustado -¿Al alfred?- Estaba muy asustado y seguía escuchando ruidos extraños provenientes de algún lugar del bosque.

Alfred se había escondido a unos cuantos metros de aquel río se había trepado a las primeras ramas de un árbol del bosque en el que se encontraban y espero a que su hermano lo encontrara.

-Seguro que aquí Matthew no me encontrará nunca- Se reía emocionado.

El ojiazul siguió esperando a que su hermano lo encontrara pero nunca apareció, espero por un par de horas en esa rama y su hermano no apareció. Alfred se preocupó salió de su escondite y fue a buscar a Matthew. Alfred empezó a buscarlo cerca del río volvió a donde estaban los caballos y él no estaba, de a poco comenzó a adentrarse en el bosque y buscando a su hermano por todos lados. De repente el cielo se empezó a obscurecer, se avecinaba una tormenta.

-Matthew ¿Dónde estás? ¿Me puedes escuchar?- Gritaba el ojiazul a medida que se adentraba en la espesura del bosque.

Con el avance de la tormenta, Alfred comenzó a correr tenía que encontrar a su hermano, buscaba por todos y por la desesperación hasta buscaba debajo de las piedras grandes o chicas él las levantaba y revisaba a ver si encontraba su hermano, siguió buscando y ya muy adentrado en el bosque vio sentado a los pies de un árbol aun niño con la cabeza escondida entre sus piernas y los brazos cruzados sobre ellas y solo tenía puesto su ropa interior que estaba un poco rasgada.

-¡Matthew te encontré!- Alfred fue corriendo hasta donde estaba su hermano.

-¡Alfred!- Se sorprendió al sentir el cálido cuerpo de su hermano, el ojiazul lo estaba abrazando.

-Pensé que no te iba a encontrar jamás- Alfred estrujaba fuerte a su hermano -Se está acercando una tormenta.

Los dos hermanos empezaron a caminar, el bosque se había vuelto realmente muy obscuro, los árboles se agitaban frenéticamente pero de repente se calmaron era la calma que antecede cualquier tempestad, los dos rubios pensaron que no ya había pasado todo y siguieron caminando sin ninguna preocupación por el bosque hacia donde se encontraban sus caballos y de un momento a otro un trueno interrumpió esa calma y una fuerte lluvia empapo todo lo que a su paso estaba, convirtiendo la tierra en barro y la leve brisa en un caprichoso vendaval.

-Apúrate Alfred tenemos que buscar a nuestros caballos- Matthew comenzó a correr.

Cuando llegaron a la orilla del río, que estaba bastante crecido a causa de la tormenta, los caballos estaban allí donde los había amarrado antes de comenzar a jugar a las escondidas, el ojilila tomó su caballo y lo desamarró del árbol donde lo había atado tomó toda su ropa y comenzó a vestirse Alfred hiso lo mismo y en ese momento comenzó a llover más fuerte.

-Vámonos- Matthew quiso salir del bosque e ir a su casa pero el ojiazul lo detuvo.

-No está lloviendo muy fuerte el camino debe estar inundado los caballos resbalarían, hay que esperar a que pase un poco la tormenta- El ojiazul tomó de las riendas al caballo y se alejaron del río.

Ambos hermanos se adentraron al bosque y se sentaron sobre las raíces de un árbol y junto a ellos amarraron al tronco las riendas de los caballos para que no se escaparan.

-Matthew estás temblando- Alfred se sentó atrás del ojilila y lo abrazó por las espalda.

Matthew todavía tenía su ropa bastante húmeda y con el viento producido por la tormenta más lluvia su cuerpito estaba perdiendo el calor.

-Nno ¿Qué haces? estoy bien- trató de alejarlo el ojiazul solamente sonrió y lo abrazó más fuerte.

Con el calor del cuerpo de Alfred, Matthew se sintió más reconfortado, apoyó su cabeza en el hombro de su hermano y lentamente se fue quedando dormido sin que el ojiazul se diera cuenta. Cuando Alfred vio a su hermano dormido sobre su hombro esbozando una sonrisa angelical y tierna desde cualquier ángulo que se la mirase, quedó prendido de ese rostro, le fue imposible no querer a su hermano, se quedó varios minutos contemplando ese rostro pero una gotita de agua cayó en el rostro de Matthew y este despertó viendo la mirada azulina e inquisidora de su hermano, sintiendo su aliento chocando contra su rostro sus labios estaban tan cerca de la boca del contrario, parecía que un mínimo roce los uniría en un cálido beso y quizás lo hicieron sus labios se llegaron a juntar en un contacto etéreo, pero ante el inminente beso Matthew se alejó repentinamente de su hermano con la adrenalina del momento corriendo por sus venas acelerando sus pulsaciones, mientras Alfred sólo sonreía.

-La lluvia está parando, quiero volver a casa- Matthew se levantó del húmedo suelo.

-Está bien volvamos.

La relación entre los dos hermanos había mejorado desde aquel día, pasaban más tiempo juntos en la biblioteca en el jardín o saliendo a cabalgar por el bosque lindero a su hogar, pero Matthew siempre trataba de no acercarse demasiado a su hermano, ni que el ojiazul haga lo mismo.

Una tarde un hombre de cabellos castaños, tés morena por el sol, y profundos ojos verdes igual que los ojos de Inglaterra había llegado a la casa de las colonias norteamericanas y estaba hablando amenamente con Francia. Las dos colonias estaban en la biblioteca cuando escucharon un acento bastante peculiar no era francés ni tampoco inglés ellos no lo conocían, los dos rubios se dirigieron hacia donde se encontraba Francia, se asomaron lentamente para ver que quien se trataba pero aquel extraño hombre los vio y les sonrió cálidamente.

-Acérquense- Le hiso un ademan para que se unieran a la conversación que tenía con Francia -¿Saben quién soy?- Preguntó todavía con la sonrisa en su rostro, las dos colonias movieron sus cabezas en señal de negación.

-Él es Espagne- Dijo Francia.

-De haber sabido que estarían aquí habría traído a mis colonias conmigo para que jugaran juntos- Dijo el español desordenando los cabellos del ojiazul -"Así que estás son las colonias de Inglaterra, son tan lindas me gustaría que pertenecieran a mi reino"- Pensó el ojiverde.

-Matthew come on- El ojiazul tomó a su hermano por el brazo y se lo llevó del salón.

-What's happen with you?- Preguntó el ojilila al haber sido llevado a la fuerza de la sala donde se encontraba su padre y su supuesto amigo.

-Que no te das cuenta es del tipo que siempre nos contaba Inglaterra- Dijo gesticulando nerviosamente el ojiazul.

-Pero no se parece en nada a lo que nos contó Inglaterra sobre él, parece muy amable y amigable- Dijo confiado Matthew.

-Nos va a separar.

-Yo no creo que España nos lastime.

Mientras las dos colonias estaban en el jardín discutiendo si España era bueno, o malo en la sala los dos reinos seguían hablando amenamente, entre risas y recuerdos.

-España no me dijiste porque viniste aquí.

-Eeeh- No sabía cómo contarle -Me peleé con Austria y ya no estamos más juntos.

-Que mal mon ami ¿Pero por qué?

-Eso no importa, vine aquí para pedirte que estés conmigo, ala tío me siento muy solito la relación que tuve con Austria fue muy duradera y en estos momentos me siento muy mal- Antonio miró a Francis con ojos de perro mojado.

-Pero… -Francis dudó antes de darle una respuesta a su amigo -No puedo estoy con Inglaterra- Suspiró si Arthur se enterase de lo que estaba sucediendo lo mataría.

-Pero a tu rey no le importa hasta quiere que nos cacemos y yo sé que no te importa estar con Inglaterra lo harías de todas formas porque me quieres- Dijo de forma coqueta al oído del galo para convencerlo.

-Sabes que por ti haría cualquier cosa cheri pero Inglaterra me va a matar- Besó suavemente los labios del ibérico.

-Sabes que te quiero Francia y porque te quiero te voy a esperar todo el tiempo que sea necesario.

-Yo también te quiero mon cheri- Lo volvió a besar.

-Bueno debo partir tengo porque cada vez que me voy Martín me ruega que me suplica que me quede, están tierno ese niño, deberías conocerlo Francia lo adorarás- España se levantó de su asiento seguido por el galo.

-Seguro que sí y más si se parece a ti mon amour- Lo abrazó por detrás antes de que se fuera de su casa.

Un año y medio más tarde de aquella conversación Inglaterra había vuelto a Norteamérica, el inglés había llegado ya entrada la noche cuando llegó a su casa todo estaba en absoluto silencio, entró en la casa cargando unas pocas maletas que llevó a su habitación la cual era compartida con Francia cuando entro en su cuarto esperó que el francés estuviera en él pero no estaba dejó sus maletas allí y fue a la habitación de Matthew, lentamente entró en la habitación del ojilila, lo vio dormido en su cama se veía tan angelical como siempre, lentamente se acercó a su cama y depositó un cálido beso en su frente.

-Mnnh- Matthew se removió entre las sabanas de su cama y lentamente despertó de su sueño -Mom… You came back- El ojilila se acomodó en su cama y abrazó a Inglaterra.

-I mess you so much darling- Devolvió el abrazo.

-Yo también… ¿Alfred sabe que tú estás aquí?- Preguntó la colonia.

-No, vamos a su pieza- Le propuso el ojiverde a su hijo y juntos se dirigieron a la habitación del ojiazul.

El anglosajón abrió la puerta mientras Matthew se asomaba tímidamente por detrás de la puerta, los dos entraron y se dirigieron un a cada lado de la cama de rubio escandaloso. Matthew se subió a la cama de su hermano y suavemente lo despertó, así lo habían acordado Inglaterra y la colonia ojilila.

-Matthew que haces aquí todavía es de noche- Dijo Alfred con los ojos entrecerrados.

-Alfred mira quien vino- Lo movió un poco para que abriera sus ojos y se despertara.

-Pero tengo sueño, que venga más tarde- Se quejó Alfred mientras se volvía a acomodar para seguir durmiendo.

-Alfred levántate en este instante.

Cuando Alfred escuchó la voz del inglés se levantó de la cama sin dudarlo y miró hacía un lado de su cama y allí lo vio sentado junto Matthew los dos muy sonrientes. Alfred no lo podía creer había regresado, estaba muy feliz.

-Inglaterra volviste, pensé que nunca volverías y que nos dejarías con Francia para siempre- Dijo Alfred abrazando a Gran Bretaña.

-Los extrañé mucho a los dos- Arthur abrazó a sus dos hijos -Quise haber vuelto antes pero mi pueblo no ha estado muy bien y mi reina ha muerto- Abrazó más a sus hijos.

-Nosotros también te extrañamos- Dijo Matthew.

-Pensé que nunca más te íbamos a volver a ver.

-Pero yo les fije que volvería- Dijo el inglés.

-Pero había pasado mucho tiempo.

-Bueno pero lo importante es que está con nosotros- Dijo Matthew

-Saben porque Francia no está en la casa.

-No pero muy seguido sale de noche- Dijo Alfred.

-Y no saben a qué hora regresa.

-No- Dijo el ojilila -Te amigaste con España.

-¿Por qué preguntas eso Matthew?

-Porque hace un año España vino, y estuvo hablando con Francia.

-Así que Francia estuvo con España- Dijo por lo bajo -Bueno niños es hora de que se vayan a dormir-

El inglés salió de la habitación y se dirigió a la entrada de la casa para espera al francés, estaba furioso. Cuando llegó a la entrada se sentó en unos de los sofás que estaban en el centro de las dos escaleras que subían a todas las habitaciones de la casa, estuvo toda la noche en ese sillón por lo que se había quedado dormido en él. Antes de que el sol empezara a salir por el horizonte las puertas de la gran casa se abrieron y dejaron ver a Francia que entraba a la casa bastante contento. Cuando escuchó el ruido de la puerta el ojiverde se levantó del sillón donde estaba durmiendo.

-¿Por qué no estaba en la casa?- Se dirigió al francés -¿A dónde fuiste?

-Estaba esperando a que volvieras mon amour- Lo tomó de la cintura y lo acercó a su cuerpo -Pero ahora que estás aquí hay que celebrarlo no lo crees así mon cher- Mostrándole una sonrisa cubierta de malas intenciones.

-No- Trato de alejarse de Francia -Quiero que me digas donde estabas.

-¿Pero no me extrañaste? Porque yo lo hice durante todos estos años- Lo volvió a acercar a su cuerpo -Vamos a celebrar que volviste y después hablamos- Francia besó a Inglaterra.

El inglés no se negó a ese beso ni a los que le siguieron, era verdad que lo extrañaba así que solo correspondió a los candentes y necesitados besos del ojiazul, besos que a cada roce se hacían cada vez más desesperados. El ojiverde tomaba al galo de sus cabellos profundizando el contacto mientras que el francés lo tomaba de la cintura estrechando la distancia de sus cuerpos encendiéndolos con el fuego de la pasión y lujuria y con sus habilidosas manos quería dejar caer todas las prendas que cubrían el cuerpo de su amado.

-Nnm… No espera no van a ver aquí los niños- Dijo agitado por el beso mientras tomaba distancia del galo -Vamos a nuestro cuarto.

-Bueno por ti lo haría en donde sea- Le guiñó un ojo mientras el rostro del británico se volvía rojo de la vergüenza.

Francis tomó a Inglaterra de la mano y corriendo subieron las escaleras hacia las habitaciones y en el camino a su cuarto Francia estampaba al ojiverde contra la pared lo besaba sin importarle en lo más mínimo que sus hijos los llegaran a ver. Cuando llegaron a la puerta de su habitación Francia la abrió con fuerza de par en par comenzando a besar con locura al inglés y este trataba de cerrar las puertas mientras era desvestido por el francés. En el camino hacia la cama el inglés acariciaba todo el cuerpo de su amante al paso que dejaba a Francia solo con su ropa interior.

-¿Me extrañaste?- Dijo Arthur tirando a Francia sobre la cama.

-Claro que si mon amour- Lo agarró del cuello de su camisa y lo tiró sobre él para empezar a quitarle la ropa.

Sus bocas se chocaban en interminables besos y manos acariciaban los cuerpos contrarios reconociéndose una vez más después de tantos años, para luego dar rienda suelta a los deseos. Francia comenzó a besar el cuello de Inglaterra dando pequeñas mordidas y lamiendo de vez en cuando con mucha rudeza, marcándolo con sus besos, y luego descendió por su pecho hasta llegar al abdomen, se detuvo en su abdomen para poder ver el rostro del ojiverde tratando de ahogar sus gemidos dentro se garganta, sonrió socarronamente quería hacerlo gritar de placer entonces rápidamente se dirigió hacia sus pantalones donde había algo se quería despertar, lo despojó de sus últimas prendas y las tiró por algún lugar de su habitación. Francia lo tenía a su merced.

-No, espera Francia- El inglés le rogó mientras se alejaba unos centímetros del francés.

-Yo sé que lo quieres- Se acercó al inglés, como un tigre se acerca a su presa.

-Nos van escuchar los niños- Tratándose de cubrir con las sabanas.

-Los niños están durmiendo mon cher- Juntó su cuerpo con el inglés -Ahora ¿Dónde estábamos?

Francia pasó su mano lentamente sobre la hombría de su amante provocando mil sensaciones distintas en el ojiverde que mordió su labio inferior para no exteriorizar el gemido que aquel roce provocaba, Francia al no lograr su cometido puso su rodilla entre medio de las piernas de Reino Unido y levemente presionó volviendo a ocasionar un frustrado gemido.

-Relájate y déjame llevarte al paraíso- Sonrió acercándose a la entre pierna de Arthur y luego posó su labios sobre la erección del británico y comenzó a lamer todo el miembro del ojiverde despacio para torturarlo lentamente.

El ojiverde dejó escapar sonoros suspiros por aquella muestra de absoluto placer mientras clavaba sus uñas en la almohada, el ojiazul subió su mirada y al ver a Inglaterra en ese estado de placer quitó su boca del miembro del británico y sonrió.

-¿Qué sucede Inglaterra?

-Aaah- Estaba agitado hacía tiempo que no recibía ese tipo de atenciones –No aah no te detengas por favor.

-Como tu digas mon amour- El Francés siguió dándole placer a Inglaterra hasta que este no se vino dentro de su boca salpicando con su semilla el rostro del galo.

-Aaah- El ojiverde se levantó de la cama quedando sentado sobre el colchón frente a la maliciosa sonrisa de Francia -¿Me extrañaste?- Rodeó el cuello del ojiazul con su brazos juntando sus frentes y el francés lo tomó por la cintura.

-Por supuesto.

-Di que me amas.

-Je t' aime- El inglés no dudo en la veracidad de aquella declaración.

Inglaterra se acercó más aun a Francia y besó sus labios, besó que fue habidamente correspondido por el francés que dejó colar en su boca la lengua de Gran Bretaña, convirtiendo aquel contacto en un juego por quien tenía el poder la situación, en un momento parecía que Inglaterra estaba abandonando el campo de batalla pero comenzó a morder lánguidamente los labios del galo mientras este recorría toda la espalda del británico hasta llegar a su trasero para apretarlo con fuerza en ese momento el inglés mordió sin ninguna delicadeza el labio inferior del galo provocando que saliera sangre del mismo.

-I'm sorry- Dijo Arthur mientras besaba la clavícula del francés con suma delicadeza –Quiero que me hagas tuyo- Le susurró al oído.

Francis al tener el premiso del Reino Unido para llegar a lo más profundo de su ser, lo tiró sobre la cama y luego le separó la piernas dejando expuesta la entrada del ojiverde; Francia se lamió tres de sus dedos de manera muy provocativa, haciendo que el inglés sonriera, luego introdujo uno de sus dedos en la entrada de Arthur y empezó a dibujar círculos dentro de ella mientras sacaba y volvía a introducir su dedo índice repetitivamente e hizo lo mismo con los otros dos dedos y luego de unos minutos se acercó al ojiverde que no paraba de gemir y suspirar.

-Ya estás preparado mon amour- Susurró mientras sonreía socarronamente.

-Si- Suspiró.

Francia tomó las piernas del inglés y las colocó sobre sus hombros, lo tomó fuertemente de la cintura y de a poco fue introduciendo su erecto miembro en la entrada de su amante. El ojiverde se movió un poco al sentir aquella intromisión que parecía que lo rompería en dos.

-Quédate quieto que así es más difícil, tu lo sabes- Hizo un mueca de disgusto mientras lo tomaba más fuerte por la cintura -Sigues siendo tan estrecho como la primera vez.

-Aaaah! Cállate que soy yo el que lo sufre.

-Bien que cuando te acostumbras no sufres tanto no es así mon cherí- Dijo mientras se acomodaba debajo del ojiverde

El ingles empezó a mover sus caderas lentamente y Francia comenzó a penetrarlo despacio para no lastimarlo era lo que siempre procuraba con el menor sus cuerpos estaban conectados se movían en perfecta sincronía, su respiraciones se alteraban al igual que su pulso.

-Aaah- Francia había tomado con una de sus manos el miembro del británico y lo estrujaba y masajeaba -Aaah mátame aaah Francia- Trato de pronunciar entre suspiros el ojiverde.

-Aaaah! Te amo te amo mon amour.

-Di que aaah me extrañaste.

-Te extrañé mon amour.

-Di que extrañaste estar dentro mío- Francia vaciló ante aquella petición, que era lo que le ocultaba al ojiverde -Dímelo… Aaah!

-Te extrañé extrañé todo de ti tu cuerpo aah, tu aaah voz, tus gemidos cuando aaah te penetro… todo.

Sus cuerpos necesitados uno del otro cada vez estaban más pegados entre si, querían sentirse, tocarse, volverse a conocer como si fuera la primera noche. El amor entre ellos dos parecía intacto que el tiempo no pudo posar sus manos sobre él y con cada caricia, beso y roce que se brindaban lo comprobaban.

-Aaah creo que ya…- Arthur estaba a mil no aguantaba más, el ojiverde se había abrazado fuertemente a la espalda del francés.

-Yo creo aaah que tamaaah… Inglaterra- Gemía su nombre.

Las estocadas de Francia eran cada vez más violentas y más certeras a cada golpe llegaba más profundo a ese lugar donde Inglaterra perdía todo el control, sus cuerpos sudados pedían más fuego, más amor.

-Francia… por favor no pares.

-No lo haré- Le sonrió.

Las estocadas eran más rápidas y frenéticas los dos estaban llegando al orgasmo, estaban llegando al cielo con solo entrelazar sus cuero al ritmo del amor, ya no aguantaron más y ambos se vinieron en el cuerpo de su contraparte Francia dentro del ojiverde e Inglaterra sobre su vientre manchando la mano del galo. Francis se acercó al abdomen del inglés y lamió todo aquel líquido espeso y blanquecino, luego se acostó al lado de Inglaterra.

-Realmente te amo France-

Ambos rubios durmieron abrazos el uno al otro toda la noche con sus manos entrelazadas por entre las sabanas que en la noche lo vieron expresarse su infinito amor.

Al día siguiente Inglaterra estaba caminando por la casa buscando quería saber donde estaba la noche anterior y justo lo vio cruzando el pasillo que unía las dos escaleras centrales.

-Francia ven aquí en este momento- dijo con un tono bastante calmado.

-¿Qué sucede mon cher?- Le contestó con una reluciente sonrisa –Quieres otra sesión de amor como la de anoche.

-Quiero que me digas donde estuviste anoche- Preguntó totalmente serio, el ojiverde no estaba jugando.

-Estaba contigo- se acercó y tomó un mechón de Gran Bretaña -En nuestra cama, ¿No lo recuerdas?

-Hablo enserio donde estuviste.

El ojiazul no supo responder y el silencio hablo por él contestando lo que nunca se animaría a confesarle a su pareja, que le había sido infiel. Francia solo pudo bajar su mirada y correr su rostro.

-¿Hace cuanto?- Preguntó tratando de mantener la compostura mientras se alejaba un par de pasos de él hacía el lado de las escaleras.

Solo hubo otro silencio por parte de Francia.

-Contéstame imbécil- Gritó Inglaterra ante la impotencia.

-Cuatro años- Ocultó su rostro el francés detrás de un mechón de rubio cabello.

Francia le estaba dando la espalda al Reino Unido cuando confesó su infidelidad, el inglés se acercó al ojiazul y al oído le susurró -Sabes que es lo peor de todo- Francia se giró e intentó verlo a los ojos -Que yo me enamoré.

Inglaterra caminó sobre sus pasos dándole la espalda al galo –Y lo peor de todo es que ni siquiera pensaste en nuestros hijos, no estoy hablando de mi sino de ellos…- Se aljaba del francés para ocultar las lágrimas.

-Per…

-Solo cállate esta vez voy a hablar yo- el inglés se dio vuelta mostrando su pero rostro estaba totalmente furioso –Te acostaste con media Norteamérica en estos cuatro años y no te importó que pudieran pensar tus hijos- El inglés tomó su cabeza con ambas manos.

-Esp…

-Shut up, todo lo que me dijiste anoche fue una mentira, una estúpida mentira pero yo soy el peor estúpido porque te creí, confié en ti. Encima de todo trajiste al español a nuestra casa como se te pudo haber ocurrido semejante idea.

-Mon maour…

-¡Cállate de una buena vez! Como pude haber creído esa maldita promesa de amor- Negó con su cabeza -Eres un monstruo no te importó nada más que tu placer físico, quiero que te largues en este momento de la casa no quiero volver a verte más.

-Déjame explicarte.

-Me engañaste por cuatro años que quieres explicar, imbécil, vete de aquí- Gritó el ojiverde -No quiero que vuelvas nunca más- Sentenció con total furia.

Los gritos resonaron por toda la casa al escuchar tal escándalo los gemelos fueron a averiguar que era lo que sucedía, Alfred y Matthwe escucharon todo muy sorprendidos no podían creer lo que su padre había confesado.

-Enviaré una institutriz no quiero que mis hijos olviden su herencia francesa- Dijo Francia frente a Inglaterra.

-Has lo que quieras yo te juro por mi reina que no vas a ver a tus hijos nunca más en toda tu vida- Inglaterra le tiró un jarrón que estaba en una mesa cerca de las escaleras, que por poco acierta en la cabeza del francés.

-Papá que hiciste- Susurró el ojilila.

Francia se había marchado de la casa e Inglaterra se había quedado estático con sus puños cerrados conteniendo las ganas de llorar entonces fue cuando sus hijos bajaron por las escaleras corriendo, el ojiverde se dio vuelta y ellos lo abrazaron.

-Siento que hayan tenido que oír eso- Dijo cubriendo sus ojos con su cabello.

-Está bien- Dijo Matthew.

-Perdónenme- Inglaterra los volvió a abrazar y se fue de la entrada principal de la casa.

El inglés se dirigió directamente al baño se sentía sucio, no podía creer que lo que acababa de suceder; llegó al cuarto de baño y solo dejó que el agua hiciera en su cuerpo el debido trabajo lavar su penas y su cuerpo.

-Debo ser fuerte por mis colonias- Dijo todavía remojando su cuerpo en la bañera.

Las dos colonias se encontraban en el jardín hablando de la que había sucedió hacía unos momentos, cuando el ojiverde apareció intentando parecer sólido los dos rubios se acercaron a él, con una sonrisa en sus labios.

-¿Ustedes dos sabían de todo esto?- Preguntó sin animo el inglés.

-Nosotros sabíamos que el salía casi todas las noches pero no sabíamos que hacía- Confesó Alfred.

-Lo siento mucho- Los volvió a abrazar -Siento haberme ido por tanto tiempo.

-Nosotros entendemos mamá- Cuando los niños dijeron esas palabras el inglés solo pudo mostrar una pequeña sonrisa.


Gracias por leer bueno puse varios hechos historicos en este capi y creo q me emociones con la extensión tambien 17 pags de world espero q sea de su agrado perdon por la demora pero asi lo pude hacer más largo de los capis normales

Bueno aquí los hecho históricos:

1- Cuando aparece España y habla de matrimonio y q se habia separado del señorito Austria quise hablar de la guerra de sucesión española donde la corona francesa y española se unieron y Inglaterra, Holanda y Austria no querian que pasara.

2-La separación de Francia e Inglaterra es la guerra de los siete años q fue entre Iggy y Francia en Norteamérica y Francis pierde todos los territorios franceses en América a manos de nuestro querido y adorado Sir Arthur Kirkland.

El titulo del capi se lo debo a mi profe de quimica ella habla de atomos y yo de yaoi q cosas tndran algo q ver ahahah.

Espero q les haya gustado muchas gracias por los comentarios se los agradezco un monton y por seguir este humilde fic FrUK espero no retrasarme mas pero las cosas se complican en mi casa mi familia esta muy encima mio y no puedo escribir espero poder actualizar cada dos semanas por lo menos

Otro anuncio importante el prximo capi no va haber FrUK el siguiente va ser dedicado absolutamente a los hermanos norteamericanos capi con yaoi ehehehehe asi q FrUKfanaticas no desesperies que en el siguiente capi o sea al 7 voy a poner solo FrUK

Un millon de gracias por seguir la historia y por dejar sus adorables reviews q hacen q todo esto valga la pena el tener q esconderme para escribir escribir de noche y todas las cosas q hago para no abandonar la historia esposible por ustedes GRACIAS.

Ja ne!