Capítulo 3: La fotografía.

El jet privado de Seto Kaiba recorría el cielo egipcio a una velocidad alarmante, ¿la razón? El alter-ego de Yugi llevaba un par de semanas teniendo extraños sueños sobre un templo oculto en mitad del desierto, y habían estado insistiendo para que Kaiba les llevase hasta allí. Cansado de las continuas llamadas de la pandilla de Yugi y persuadido en parte por Mokuba, Kaiba finalmente había accedido a llevarles.

Hacía ya un par de horas que atravesaban el desierto pero no parecían acercarse a su destino, a pesar de que el antiguo faraón decía lo contrario. Por lo visto, él era el único que sabía con certeza a donde se dirigían.

El ambiente en la nave no era exactamente relajado. Yami se limitaba a estar sentado con los ojos cerrados, aparentemente sumido en una gran concentración que no debía ser interrumpida.

Tea, Joey y Tristan intentaban tener una animada charla, pero no conseguían disimular sus nervios por no saber lo que iban a encontrar cuando llegasen al templo.

Para terminar, Seto y Mokuba pilotaban el jet, y mientras Kaiba se limitaba a mirar al horizonte, Mokuba apenas podía apartar la mirada de su hermano mayor, y es que hacía un par de semanas que Seto se comportaba de forma extraña.

FLASHBACK

-Oye Seto, mira lo que he encontrado.

-No sé lo que es Mokuba, pero si no es algo importante no me interesa, tengo un plazo que cumplir - dijo sin siquiera levantar la vista de su ordenador.

-Pero Seto, es un álbum de fotos de nuestro antiguo orfanato, ¿no quieres verlo?

-Para nada. No hay nada que pueda interesarme.

-Como quieras - respondió el pequeño mientras comenzaba a ojear el álbum.

Pasados unos minutos, Mokuba llegó a una foto de Seto y él acompañados por otros cuatro niños. Las caras le sonaban pero no era capaz de decir quienes eran.

-Oye Seto.

El mayor Kaiba suspiró.

-¿Ahora qué?

-¿Sabes quienes son los que salen en esta foto con nosotros? - preguntó el chico tendiéndole a su hermano la fotografía.

Seto la cogió y la observó con detenimiento, estaba él cuando tenía once años y Mokuba seis, recién llegados al orfanato.

De pronto se puso pálido y Mokuba temió que su hermano hubiese enfermado.

-Seto ¿te encuentras bien?

Kaiba miró a su hermano pequeño.

-Sí - respondió con un hilo de voz -. Mokuba, ¿podrías dejarme solo? Necesito terminar el trabajo.

Un poco receloso, Mokuba había dejado a su hermano, quien nada más escuchar como se cerró la puerta se desplomó en la silla de su despacho, sudando en frío y sin saber por qué.

FLASHBACK END

Desde ese día Seto había tomado por costumbre encerrarse en su despacho con llave y no salir hasta altas horas de la noche. Si bien Mokuba sabía que su hermano era un adicto al trabajo, él nunca se había encerrado con llave, ni tampoco permanecido en el despacho hasta más de las once de la noche, lo cual hacía más raro que hubiera estado saliendo de allí pasadas las dos de la madrugada durante el último par de semanas.

Ajeno a la preocupación de su hermano pequeño, el mayor de los Kaiba había estado dándole vueltas a aquella fotografía durante las últimas dos semanas. ¿Quién era aquella chica? No lograba recordarla, y sin embargo cuando la vio en la foto se sintió mal de pronto, como si haberla olvidado fuese algo que nunca debería haber hecho. Se sintió muy mal, y decidió que debía averiguar quien era ella para quitarse esa desagradable sensación.

Pensó en llamar a su antiguo orfanato pero desechó esa opción rápidamente, pues había sido demolido un par de años atrás. Pensando en otra manera de recabar información había contratado un detective, pero hacía tres días este le había comunicado que no había logrado encontrar los datos que él había solicitado y Seto lo había despedido.

Estaba frustrado, no conseguir lo que quería no era algo habitual para él y además estaba la cuestión de que no sabía por qué le importaba tanto averiguar quien era esa niña. ¿A él que demonios le importaba una chica a la que ni siquiera era capaz de recordar? Pero no podía evitarlo, tenía… No, ¡necesitaba saber quien era ella! Y sobre todo, porqué él parecía tan feliz a su lado.

-Es aquí.

La voz de Yami los sacó a ambos de sus pensamientos.

-¡Ya era hora! - se quejó Joey - Pensé que no íbamos a llegar nunca.

-Joey no seas quejica - le reprendió Tea.

-¡Pero es que hemos tardado mucho! - insistió.

-En ese caso la próxima vez te dejaremos en tierra Wheeler - dijo Kaiba -, así nos ahorraremos tu molesta presencia.

-¡Repite eso Kaiba!

-¿Además de idiota eres sordo Wheeler? - pinchó. Estaba irritado, y meterse con Joey era una excelente forma de descargar su frustración.

Tea y Tristán tuvieron que sujetar a Joey para que no se lanzase sobre Kaiba.

-Ahora no Joey - dijo Tristán -. Dale una paliza luego si quieres pero espera a que aterrice el avión, porque como lo dejes inconsciente nadie va a poder hacer aterrizar este trasto.

Tomaron tierra justo enfrente de unas pequeñas ruinas, que no parecían mayores que la tienda de juegos del abuelo de Yugi. Aun así se acercaron y distinguieron desde la distancia tres figuras que se les hicieron familiares.

Cuando estaban a tan sólo unos metros consiguieron por fin identificarlas, eran Marik, Ishizu y Odión. Pero, ¿qué hacían aquí?

-Bienvenido mi faraón - saludó Ishizu -, sospechábamos que vendríais.

-¿Por qué? - preguntó él.

-Hace menos de una hora una de las cámaras selladas de este templo fue abierta.

-¿Y sólo por eso sabíais que Yugi vendría? - se asombró Tea.

Ishizu la miró con ojos penetrantes y Tea se sintió un poco intimidada.

-No - respondió -. Lo supimos porque esa cámara en concreto fue mandada sellar por el faraón antes de morir. Nadie supo jamás lo que había en su interior salvo el propio faraón y la persona que selló la cámara. El faraón la nombró guardiana de la cámara y sólo ella sabía como volver a abrirla.

-Y ¿qué había dentro? - preguntó Tristán.

Esta vez fue Marik quien respondió.

-No lo sabemos, cuando llegamos solamente encontramos un altar vacío.

-¿Eso que quiere decir? ¿Qué la persona que la selló está viva? - cuestionó Tea.

-Lo más probable es que el alma del guardián de la cámara se haya reencarnado, y para prevenir que alguien pudiera robar lo que había allí guardado ha ido a buscarlo.

-¿Quién era el guardián de la cámara? - preguntó finalmente Yami.

Los egipcios intercambiaron una mirada.

-¿Qué pasa?

-Bueno… - comenzó Marik - Nadie sabe realmente quien era el guardián, pero según los escritos el faraón encomendó la custodia de la cámara a Kahina.

-Y ¿quién era Kahina?

-Su hermana.