Un inciso antes del capítulo, el nombre Kahina es egipcio y significa "princesa guerrera".

Capítulo 4: El templo.

Se hizo el silencio. Ninguno había dicho nada desde hacía ya un par de minutos, y es que la noticia había sido algo sorprendente. Yami fue el primero en reaccionar.

-¿Hermana? - pronunció apenas en un susurro.

Ishizu asintió.

-Sí, mi faraón. Kahina era vuestra hermana mayor hace 5.000 años, pero apenas hay información sobre ella en los antiguos papiros, ya que como heredero varón vos erais el elegido para reinar y aquel que debería ser recordado.

-¿Qué pasó con ella? - preguntó, aún no repuesto del todo.

-Como la mayoría de las cosas referentes a vuestra hermana, su muerte fue un completo misterio. Lo único que se supo con certeza es que tuvo algo que ver con los juegos de las sombras, y que ordenasteis ser enterrado con ella en el momento de vuestra muerte.

-Entonces, ¿vosotros también habéis guardado su tumba?

Ellos asintieron.

-Lo cierto es que si nuestra familia no hubiera guardado su sarcófago durante milenios habría sido difícil creer en su existencia - dijo Marik -. Ya que, como bien ha dicho mi hermana, apenas hay escritos sobre Kahina y muchos la consideran simplemente un mito.

Volvieron a quedarse en silencio hasta que Ishizu habló de nuevo.

-Mi faraón, debemos entrar.

Yami asintió y todos se dirigieron al interior del templo.

La apariencia externa realmente engañaba a la vista, pues desde fuera nadie podría imaginar que un templo tan pequeño y ruinoso pudiese albergar tales maravillas. Las paredes estaban cubiertas de pinturas egipcias de vivos colores, especialmente rojo y azul, al igual que las magníficas columnas que sostenían el techo, decoradas desde la base a la cima.

-¿A dónde vamos? - preguntó Mokuba - ¿A la cámara abierta?

Ishizu negó con la cabeza.

-No. Ya no hay nada de interés allí.

-Y entonces ¿A dónde demonios vamos? - saltó Joey.

-La cámara de Kahina era una cerradura para las demás cámaras, si esta se ha abierto las demás estancias selladas también estarán abiertas.

-Entiendo - dijo Yugi -, nos llevas a ver las demás habitaciones selladas para averiguar lo que contienen, y comprobar si la persona que abrió la primera cámara y se llevó lo que había dentro está haciendo lo mismo con las demás.

Ishizu se limitó a asentir.

Continuaron recorriendo el templo, esta vez en silencio. Bajaron escaleras, escalaron columnas e incluso atravesaron paredes, para los chicos aquello era como un laberinto pero Ishizu parecía saber a donde iba.

Pasaron por tres estancias supuestamente selladas, y en todas ellas encontraron solamente una habitación vacía, salvo por las escrituras de las paredes, que, según Ishizu, informaban a los ladrones que pretendiesen robar los tesoros del templo de las horribles maldiciones que les perseguirían de por vida si se atrevían a hacerlo.

Llegaron a la cuarta cámara, que, a pesar de ser de mayor tamaño que las demás (de hecho era mayor que la entrada del templo) estaba también vacía.

-Parece que se nos adelantan en todas partes - comentó Joey.

-Muy observador Wheeler, realmente tienes un don para resaltar lo obvio.

Joey se lanzó hacia Kaiba, quien lo esquivó con un simple movimiento a la izquierda, consiguiendo que Joey se estampase contra el suelo.

De pronto las paredes empezaron a moverse.

-¡¿Qué demonios pasa? - gritó.

Todos miraron a Ishizu, quien tenía cara de horror.

-Has debido de pisar una baldosa trampa. Tenemos que salir de aquí cuanto antes, podría pasar cualquier cosa.

-¡¿Cualquier cosa? - chilló el rubio - ¡¿Qué quieres decir con cualquier cosa?

-¡Pues desde la inundación de la cámara hasta el derrumbamiento del templo! - gritó Marik ya sin paciencia - ¡Así que deja de hacer preguntas tontas y vámonos ya!

Todos corrieron hacia la puerta, Odión, Marik e Ishizu iban delante, pues eran los únicos que conocían el camino. Sin embargo, se llevaron una desagradable sorpresa al descubrir que algunas de las paredes del templo habían cambiado de posición, y por lo tanto no podrían regresar por el camino que habían empleado para llegar allí.

-Genial - se quejó Tristán -, la has hecho buena tío.

-La culpa ha sido de Kaiba, si no se hubiera apartado yo no me habría caído al suelo.

Kaiba emitió un gruñido de incredulidad.

-No importa de quien haya sido la culpa - intervino Yami -. Tenemos que salir de aquí ya. Dejad de discutir.

Ambos asintieron y reemprendieron la marcha a través del templo. Las paredes continuaban moviéndose a su alrededor lo que les dificultaba el avance, ya que en más de una ocasión se vieron obligados a retroceder.

-Ishizu - dijo Marik -, si seguimos así no saldremos nunca. Tiene que haber un modo más fácil de llegar a la superficie.

-Creo que si conseguimos llegar a la cámara central podremos usar una de las trampillas auxiliares para subir.

-¿Cuánto queda para la cámara central? - esta vez habló Yami.

-No mucho - aseguró la egipcia -, tan sólo un par de pasillos.

Efectivamente tras atravesar unos pasillos la cámara principal apareció ante ellos.

-Debemos subir por ahí - dijo Ishizu señalando una trampilla en el techo de la sala.

-Y ¿cómo se supone que vamos a llegar hasta allí? - preguntó Kaiba.

-Tendremos que subir por las columnas, hay vigas entre ellas para poder llegar.

-Fantástico.

Comenzaron a escalar las columnas, lo cual no era tarea fácil pues eran romas y cilíndricas, por lo tanto no les presentaban ningún punto de apoyo.

Una vez arriba avanzaron a través de las vigas, intentando mantener el equilibrio a pesar de los continuos movimientos del suelo y las paredes.

Llegaron a la trampilla sin complicaciones pero al atravesarla se encontraron con la sorpresa de que no levaba al exterior, sino al piso superior del templo.

-Allí está la salida, ¡vamos! - apuró Ishizu.

Corrieron hacia la puerta cuando un derrumbamiento los sorprendió, la mayoría consiguieron cruzar a tiempo pero Yami, Kaiba y Tea quedaron aislados al otro lado, con la salida del templo bloqueada.

-¡Seto! - oyó Kaiba gritar a su hermano desde el otro lado.

-¡No te preocupes Mokuba, encontraremos la manera de salir! ¡Vosotros marchaos!

El chico asintió y el grupo se alejó del templo, mientras los que habían quedado atrapados retrocedían para intentar buscar otra salida.