Muchas gracias a todos por vuestros comentarios, aquí dejo el capítulo 5, espero que os guste.

Capítulo 5: Ayuda inesperada.

Yami, Tea y Kaiba recorrían el templo todo lo deprisa que podían, buscando una salida alternativa a aquella ratonera. Realmente el los diseñadores del templo se habían asegurado de que nadie pudiese salir de allí tras allanar alguna de las cámaras, pues las paredes y columnas desprendidas bloqueaban la mayoría de las salidas.

El techo seguía derrumbándose y al grupo no le quedó más remedio que volver de nuevo a la cámara central para intentar encontrar una escapatoria desde allí.

-Es inútil - dijo Tea, tras más de quince minutos de búsqueda -, estamos atrapados.

-¿No se supone que tú eres la optimista del grupo Gardner?

-Déjate de ironías Kaiba, mira a tu alrededor, no podemos salir.

-No hemos buscado lo suficiente - insistió el chico -. Tiene que haber una salida.

Tea suspiró, frustrada.

-Yugi, dile de una vez que estamos atrapados.

Yami la miró.

-Lo siento Tea pero esta vez estoy de acuerdo con Kaiba - la chica abrió la boca y Kaiba sonrió con superioridad -. Se supone que en este templo sólo entraban unos pocos privilegiados, y si alguien hubiera pisado alguna de esas baldosas por error debería conocer o la forma de detener el derrumbamiento o una salida oculta por la que poder escapar.

-Pero Yugi - insistió Tea - hemos registrado todas las zonas a las que hemos podido llegar, y no hemos encontr…

La frase de Tea quedó inconclusa debido a un nuevo temblor, más fuerte que los demás, que provocó que un par de losas se desprendiesen de las paredes y que una de las columnas comenzase a balancearse de forma peligrosa.

-Esta sala va a derrumbarse - anunció Kaiba.

-¿Y ahora a donde vamos?

-Sólo nos queda la opción de subir de nuevo, si retrocedemos por los pasillos acabaremos sepultados - dijo Yami.

Todos estuvieron de acuerdo por lo que empezaron a trepar de nuevo hacia la trampilla. Una vez en el piso superior se dieron cuenta de que su situación no era mucho mejor, ya que había varias columnas volcadas y trozos de paredes desprendidos.

-¿Y ahora qué? - preguntó Tea, a nadie en particular.

Un nuevo temblor los hizo reaccionar.

-¡El suelo se abre! - exclamó Yami.

-Claro, el techo del piso de abajo se estaba derrumbando.

-¡Kaiba quieres dejar de hacerte el listillo y correr! - gritó Tea.

Trataron de alcanzar algún punto lo bastante alto y resistente para poder estar seguros pero no sólo el suelo empezaba a abrirse, sino que comenzaron a desprenderse rocas del techo.

Varias de estas piedras cayeron entre los chicos, obligándolos a separarse y a retroceder, lo cual fue un grave error porque Kaiba metió su pie en uno de los agujeros del suelo.

-¡Kaiba! - gritaron Tea y Yami a la vez.

Kaiba vio pasar todo a cámara lenta. Se sentía caer pero no podía mover ningún músculo para evitarlo, estaba completamente paralizado por la sorpresa ¿cómo había acabado así? ¿Quién cuidaría de su hermano si él moría? ¿Quién le protegería de la gente que sólo pretendía aprovecharse de él?

De pronto sintió que su cuerpo se detenía en descenso, y que algo (o alguien) estaba sujetando su muñeca izquierda impidiéndole caer.

Alzó la vista esperando ver a Yami, o quizá incluso a Tea, pero no el rostro con el que se encontró.

Era una chica, a simple vista debía de tener unos dieciséis años, de grandes ojos azules y cabello rubio, casi hasta la cintura. Ella era quien le estaba sosteniendo, lo cual era insólito, porque aunque él no estaba gordo tampoco era un peso ligero.

Ella le tendió la otra mano.

-¡Agárrate!

Kaiba obedeció y tomó la mano que ella le ofrecía, una sensación familiar le recorrió de arriba abajo, no obstante no era el momento para pensar de donde venía aquella extraña emoción.

Ella le ayudó a subir y Yami y Tea consiguieron acercarse, él iba a hablar pero ella se le adelantó.

-Las preguntas luego, si queréis salir de aquí será mejor que me sigáis. Rápido, no tenemos mucho tiempo.

La chica corrió hacia una de las esquinas de la sala y ellos, aunque algo dubitativos la siguieron, después de todo ¿qué tenían que perder? Ya estaban atrapados y sin posibilidad de escapar.

Cuando llegaron a su altura, ella presionó uno de los dibujo de la pared, uno con forma de gato, y de pronto se abrió una puerta lateral.

-Vamos - dijo entrando primero.

El pasadizo era tan estrecho que sólo podían avanzar de uno en uno. La joven desconocida iba primero, guiando a los otros, Kaiba iba en segundo lugar, detrás de él estaba Tea y Yami cerraba la marcha.

De pronto la chica se detuvo.

-¿Qué ocurre? - preguntó Tea nerviosa, a pesar de que hacía rato que habían dejado de percibir los temblores.

-Aquí el túnel se divide y se convierte en un laberinto - explicó ella -. Tendremos que cogernos de las manos, no puedo garantizar encontraros si alguno de vosotros se pierde.

Sin previo aviso cogió la mano de Kaiba, quien sintió de nuevo aquel extraño cosquilleo en el cuerpo.

-¿Qué esperas? - dijo ella - Cogele la mano.

Kaiba volvió la cabeza y vio a Tea ofreciéndole su mano con reticencia.

-A mi tampoco me hace especialmente feliz Gardner - dijo mientras se la cogía-, pero tenemos que hacerlo si queremos salir vivos de aquí.

Yami sujetó la otra mano de Tea, quien se sonrojó levemente por el contacto, afortunadamente el lugar estaba oscuro y nadie lo notó.

La muchacha comenzó a avanzar arrastrando a los demás con ella. Recorría los corredores como si lo hubiese hecho millones de veces antes, no dudaba a la hora de tomar una dirección, ni siquiera se inmutó cuando llegaron a un callejón sin salida y Kaiba comenzó a decir que ella no sabía a donde iba, hasta que la vio girar una baldosa y la pared se movió permitiéndoles el paso.

Tras lo que a los muchachos les pareció una eternidad, al fin salieron al exterior, dejando que el deslumbrante sol de Egipto les cegase los ojos.

Tea y Yami soltaron un sonoro suspiro de alivio, y aunque Kaiba no quería reconocerlo, también estaba aliviado de haber salido de ese lugar.

En ese momento los tres se fijaron mejor en su salvadora, que en ese momento aspiraba profundamente el aire del desierto. Vestía una camiseta blanca con un chaleco de explorador, unos pantalones cortos y unos tenis, estaba claro que había venido con la intención de entrar en el templo.

-¿Quién eres? - preguntó finalmente Yami.

Ella le miró y le sonrió.

-Mi nombre es Kateling, pero todos me llaman Kate.