Vuelvo al fin después de tanto tiempo, siento la ausencia pero es que tuve un pequeño problema, se me estropeó el teclado, y claro, escribir en el ordenador sin teclado es un poco difícil, además de que cuando conseguí un teclado nuevo decidí adelantar un poco otro fic que tengo y que tenía algo abandonado.

De todas maneras he seguido el fic a mano, ahora lo tedioso va a ser pasar lo escrito al ordenador, ¡vaya penitencia! Snif. Bueno, os dejo con el capítulo.

Capítulo 8: Conocerse mejor.

No podía dormir y se había levantado para despejarse cuando escuchó voces. Intrigado fue hacia el lugar del que provenían y se encontró Yami y Kate charlando como si fueran amigos desde hace años.

Este echo le molestó sobremanera. Pero lo que más enfado le causó fue darse cuenta de que le había molestado encontrarlos a los dos en una charla tan íntima. ¿A él que demonios le importaba?

Los escuchó hablar. Ella le había preguntado a Yami si él, Seto, siempre había sido tan frío y el muchacho había respondido afirmativamente. Luego el tema derivó hacia el pasado de ellos, Kate dijo que aunque ya no les unieran lazos familiares podrían estar unidos de forma distinta, ¿a qué se referiría?

El sonido de las sillas le advirtió de que se habían levantado y que probablemente saldrían, así que se movió hacia un lugar menos iluminado. Tenía razón, los vio salir todavía charlando en susurros, y el imbécil de Yami le había dedicado un halago, que ella había aceptado.

Cuando ya no pudo verlos, salió de su escondite y volvió a su habitación. Se tumbó en la cama y se quedó unos instantes con la mirada perdida en el techo.

Trataba de dejar la mente en blanco pero la imagen de Kate no paraba de dar vueltas en su cabeza, y no lograba entender por qué.

Con estos pensamientos se quedó dormido.

Otra vez estaba en el antiguo Egipto, en esta ocasión vestía una capa marrón con una capucha que cubría todo su cuerpo. Las antorchas de los pasillos estaban encendidas así que pudo suponer que era de noche.

Se movía con sigilo, ocultándose en cada esquina para no ser descubierta. ¿A dónde iba? Confiaba en que el sueño durase lo suficiente para averiguarlo.

Bajó varias escaleras hasta llegar a una pequeña sala con un altar en el centro. Allí la esperaba otra persona, vestía del mismo modo que ella por lo que no podía ver su rostro.

El misterioso personaje comenzó a andar hacia ella…

Kate despertó inquieta, por no haber podido contemplar el final de su sueño. Volvió a cerrar los ojos, esperando poder descansar lo que quedaba de viaje.

A la mañana siguiente llegaron a Dominó. Aterrizaron en la pista privada de Kaiba, que estaba bastante alejada del aeropuerto público. Por privacidad había dicho Mokuba.

Bajaron del avión y nada más pisar tierra comenzaron las discusiones.

-Tengo la espalda destrozada - se quejó Joey -, no entiendo por qué Kaiba tiene una habitación y yo he dormido en un asiento.

-Porque es mi jet privado ¿tal vez? - ironizó él.

Joey le miró apretando los dientes.

-No te quejes tío - dijo Tristán -, que me has usado a mi como colchón. Soy yo quien debería protestar, me has dejado el estómago plano.

-¡Eso no es verdad! - gritó Joey.

Kate se rió por lo bajo, pues sabía que lo que Tristán decía era cierto.

-Bueno chicos - interrumpió ella -, me encantaría quedarme a oír vuestra discusión, pero tengo que irme a casa.

-¿Ya te vas? - preguntó Yami.

-Sí, ya os dije que tenía que legar a casa urgentemente - dijo mientras sacaba una libreta y un bolígrafo de su bolsa y se ponía a escribir -. Estos son mi dirección y mi teléfono - arrancó la hoja y se la entregó al chico -, llamadme mañana.

-Está bien.

-Me voy ya, mi hermano ya estará fuera esperándome con la moto. ¡Hasta luego! - se despidió agitando la mano mientras corría hacia la salida.

Cuando la chica se perdió de vista los demás siguieron su ejemplo y pusieron rumbo a sus casas, dispuestos a descansar de su agotadora aventura en Egipto y del incómodo viaje en avión.

Joey y Tristán se fueron directamente a la cama, al parecer dentro de un par de días harían una escapada con sus respectivas novias (Mai y Serenity), y necesitaban reponer fuerzas para el viaje. Marik se instaló en el antiguo apartamento que tenía en Dominó.

Tea por su parte acompañó a Yami hasta su casa y luego se marchó a una de sus prácticas de ballet (a pesar de la insistencia del faraón de que necesitaba descansar), por lo visto en breve tendría una prueba muy importante y debía estar en forma.

Tras despedirse de la chica, entró en su casa y se sentó en el sofá del salón, contemplando el pequeño pedazo de papel doblado que tenía en la mano.

Estaba sopesando la posibilidad de llamar cuando escuchó sonar el teléfono. Intrigado por quien podría ser fue a cogerlo, y cuando lo hizo se llevó una pequeña sorpresa.

-¿Diga?

-¿Yami? Soy Kate - se oyó al otro lado del teléfono.

-¿Kate? - se extrañó el chico - ¿Cómo has conseguido este número?

-Tengo poderes ¿recuerdas?

El chico sonrió con ironía.

-No, en serio.

Ella se rió.

-Está bien, he buscado el número de teléfono de la tienda de juegos de tu abuelo en la guía telefónica.

-Eso ya tiene más sentido. ¿Para que llamabas? Creí que querías que yo te llamase mañana.

-Lo sé, pero es que anoche tuve otro de mis sueños y me gustaría contártelo.

-Adelante.

-Preferiría hacerlo en persona, ¿qué te parece si nos vemos?

-¿Qué hay de tu emergencia familiar?

-Descuida, ya la he resuelto.

-Me alegro - dijo el chico con sinceridad -. ¿Qué te parece si nos vemos en la fuente del Parque Dominó en veinte minutos?

-Por mi perfecto, nos vemos.

Un tono al otro lado del auricular la indicó al chico que Kate había colgado el teléfono. Él colgó también y cogiendo sus llaves salió de casa rumbo al parque.

Cuando llegó la chica ya estaba allí, tras un breve saludo Kate propuso ir a una cafetería para poder hablar de forma más tranquila.

Una vez ambos sentados y con sendos cafés delante, la chica comenzó su relato. Él la escuchó atentamente sin hacer ningún comentario.

Cuando Kate terminó de hablar dirigió su mirada al chico.

-¿Tú que opinas? - preguntó.

Yami cerró los ojos un momento, antes de responder.

-Creo que estos sueños que estamos teniendo deben tener algún significado importante, para poder llegar a comprender nuestro pasado y para…

-Para evitar que ese mal del pasado regrese - completó ella.

El chico asintió.

-Creo que ese sueño era especialmente significativo - siguió Kate - porque la sala en la que se encontraba ese desconocido era una de las salas del templo en el que estuvimos ayer.

-¿Estás segura?

-Completamente. Créeme, conozco el templo.

-Te creo. Pero me temo que por ahora lo único que podemos hacer es esperar, a menos que hayas decidido mostrarme lo que había en la cámara - esto último lo dijo con una sonrisa, que ella correspondió.

-Lo siento Yami, pero no es que no quiera mostrártelo, es simplemente que en ese "objeto" hay una inscripción que dice que sólo yo (Kahina) puedo manejarlo sin peligro. El problema es que yo no recuerdo nada sobre él y no quiero arriesgarme a lastimar a nadie.

-Ya veo. Entiendo tu postura Kate, y la respeto, espero que pronto averigües la utilidad de ese objeto, y la forma de usarlo.

-Muchas gracias por entenderlo - dijo ella, sonriéndole con amabilidad - y por no presionarme.

El chico le devolvió la sonrisa y decidió cambiar de tema a algo más alegre.

-Y dime, ¿cuál era esa "emergencia" que te tenía tan preocupada?

La chica se rió con ganas.

-Si de verdad quieres saberlo te lo contaré. Lo que pasó fue que, aprovechando que mi padre estaba fuera en un viaje de negocios, cogí un avión a Egipto para poder ir al templo.

"El problema es que mi padre solucionó sus negocios antes de tiempo, y llamó a casa para decir que volvería antes de lo previsto. Fue entonces cuando mi hermano me llamó para avisarme (tú estabas presente en ese momento), porque claro, yo no había pedido permiso para ir a ninguna parte y si mi padre me hubiera pillado me habría metido en un buen lío.

"Afortunadamente llegué a tiempo a casa.

-Vaya, así que fugándote de casa ¿no? - bromeó él.

-Deberías agradecérmelo - dijo ella, siguiéndole el juego -. Si hubiera sido una buena chica y me hubiera quedado en casa Tea, Kaiba y tú nunca habríais podido salir de aquel templo.

-Touché - dijo él, y ella se rió.

Continuaron charlando un rato más de cosas sin importancia, tratando de conocerse un poco mejor.