Siento de verás tardar tanto en actualizar, pero han empezado las clases y mi tiempo se ha reducido considerablemente. Trataré de poner el siguiente pronto, pero no prometo nada porque me voy una semana fuera, y no volveré hasta el domingo que viene. Un saludo y os dejo con el capi.

Capítulo 10: Invitación.

En la cafetería, Kate había logrado desviar el tema de la conversación hacia Seto. Con la excusa de saber el porqué de su actitud, había conseguido que Yami le contase todo lo que sabía de él y su historia. Desde el orfanato hasta la vida que había llevado con su padrastro, esto ayudó a la chica a entender un poco mejor el cambio de actitud del muchacho.

Un rato después se despidieron, y mientras Kate caminaba hacia su casa no pudo dejar de pensar en lo que Gozaburo Kaiba había hecho con Seto. No podía imaginarse lo mucho que el chico había sufrido, sin embargo aún quedaba algo que no entendía, ¿por qué él no la recordaba?

Las semanas siguientes trascendieron sin muchas novedades. Los misteriosos sueños de Yami y Kate parecían haber cesado de repente, y la chica seguía sin saber como emplear el objeto encontrado en la cámara del templo.

A pesar de no tener ninguna pista, Kate y Yami seguían viéndose a menudo, tanto en privado como acompañados del resto de la pandilla. Kate había encajado muy bien, su simpatía y amabilidad pronto le hicieron un hueco en el corazón de todos, y a pesar de las ausencias de Joey y Tristán (habían ampliado sus "vacaciones románticas" hasta finales de verano) pasaban muy buenos ratos juntos. Incluso Marik les acompañaba a veces.

En casa de los hermanos Kaiba por el contrario, los ánimos estaban bastante apagados. Seto seguía atormentado tanto por Kate como por aquellas fotografías, y es que no había logrado averiguar nada sobre aquella niña, ni tampoco había experimentado más recuerdos. En cuanto a Kate, no había vuelto a verla desde el día que la descubrió con Yami en la cafetería.

No es que no supiese donde vivía, pues se había encargado de averiguarlo, pero es que no podía simplemente presentarse en su casa, ¿qué le diría? Seguramente ella le preguntaría el motivo de su visita y ¿cómo decírselo si ni siquiera él mismo estaba seguro?

Mokuba veía a su hermano cada vez peor, y ya no sabía que hacer para ayudarle, sobre todo porque Seto no le había contado que era lo que la tenía así.

Al día siguiente era el cumpleaños de Seto. Mokuba sabía que su hermano no quería una gran fiesta ni tampoco invitados, pero seguro que un buen regalo le levantaba el ánimo. La pregunta era ¿qué regalarle? Él ya tenía de todo.

Seguro que en casa no encontraría nada, así que salió a la calle, dispuesto a recorrer todas las tiendas de la ciudad si era necesario. Seto no debía enterarse, así que salió solo, sin avisar al chófer.

Tres horas después el ánimo del muchacho había disminuido bastante, no encontraba absolutamente nada que pudiera gustarle a su hermano. Claro que los gustos de su hermano eran complicados.

No se dio cuenta de que una de sus zapatillas estaba desabrochada, y tropezó con los cordones cayendo al suelo.

-Vaya golpe - dijo mientras se llevaba una mano a la cabeza.

Se agachó para atarse los cordones sin darse cuanta de que una moto iba hacia él.

-¡Cuidado! - escuchó.

El chico se giró y vio a la moto venir a toda velocidad, pero era incapaz de moverse. Cerró los ojos esperando el golpe cuando sintió que alguien agarraba la parte trasera de su camisa y tiraba de ella, apartándole de la trayectoria del atropello.

-¡Imbécil! - gritó la persona que lo sujetaba, seguramente hablando con el motorista - ¡Las motos tienen que ir por la carretera, la acera es para los peatones!

Esa voz le sonaba mucho, así que se dio la vuelta para poder ver a su salvador, encontrándose cara a cara con el rostro de Kate.

-¡Eh! Tú eres Kate ¿no? - exclamó él.

-Sí, y tú eres Mokuba. Por cierto, de nada.

El chico enrojeció hasta la raíz del cabello, ella acababa de salvarle la vida y él ni siquiera le había dado las gracias.

-Lo siento mucho - dijo apenado -, gracias por ayudarme.

-Tranquilo no pasa nada - contestó ella con una amable sonrisa -, ha sido un placer. Bueno, me marcho, me ha encantado verte Mokuba.

-¡Espera! - gritó, lo que sorprendió a la chica - Lo siento, me gustaría hacer algo para compensarte.

-No es necesario…

-Lo sé, pero quiero hacerlo, por favor.

Kate suspiró.

-No vas a dejarlo estar ¿verdad?

-No - contestó sonriente -. Déjame pensar, a ver… ¡Ya sé! ¿Por qué no vienes a cenar hoy a mi casa?

-¿A cenar a tu casa? ¿No deberías preguntarle primero a tu hermano Mokuba?

-No te preocupes por eso, ¿sabes donde es? - ella negó con la cabeza y él le dio en nombre y el número de la calle - Tiene nuestro nombre en una placa en la puerta, así que no tiene pérdida, ¡te esperamos a las nueve!

Antes de que ella pudiese replicar, el muchacho ya se había marchado.

"Tal vez sea una buena oportunidad" pensó, y puso rumbo a casa.

Nada más atravesar la puerta de la Mansión Kaiba, Mokuba escuchó la voz de su hermano.

-¿Dónde has estado? Saliste hace 3 horas sin decir a dónde ibas y sin nadie que te acompañase.

Seto miraba a su hermano con severidad desde uno de los sofás del salón, sin embargo él no dio ningún signo de intimidación ni de nerviosismo, y es que conocía demasiado a su hermano como para saber que ese tono duro y esos reproches sólo ocultaban una profunda preocupación por él.

-He salido a dar una vuelta.

-¿De 3 horas?

-Sí, bueno es que he tenido un pequeño accidente - contó -, casi me atropellan.

-¡Qué! - exclamó Seto levantándose y yendo hacia su hermano - Pero ¿estás bien? - preguntó mientras lo examinaba.

-Estoy bien Seto - respondió intentando librarse de las garras de su hermano mayor -, Kate me salvó.

La mención del nombre de la chica paralizó al mayor de los Kaiba.

-¿Kate? ¿Qué Kate?

-Pues Kate, la chica que os ayudó a Yugi, a Tea y a ti a escapar de aquel templo.

-Oh - dijo fingiendo desinterés -, esa Kate - ¿Por quéella siempre estaba en su camino?

-Sí, esa. Y como agradecimiento la he invitado a cenar esta noche.

-¡Qué! Mokuba, ¿cómo se te ocurre hacer eso sin mi consentimiento?

-¡Me salvó la vida Seto! Y también a ti, y estoy seguro de que ni siquiera le has dado las gracias.

Era cierto, no le había dado las gracias a Kate, y eso que había salvado su vida dos veces.

-Está bien - concedió -, puede venir pero espero que sepa comportarse como es debido.

-¡Gracias Seto!¡Estará aquí a las nueve! - gritó Mokuba mientras subía a su habitación.

Seto suspiró, apoyó las manos sobre el respaldo del sofá y cerró los ojos. Así que ella vendría a su casa como invitada, a cenar con ellos, a solas…

Abrió los ojos de golpe y comenzó a subir en carrera hacia su habitación. Debía arreglarse, quería causar buena impresión esa noche.