Me he vuelto loca para ponerle título a este capi, al principio lo había titulado "Confusiones", pero al final me decidí por "Presente y Pasado". Aunque la verdad, ninguno de los dos me convence demasiado. Un saludo.

Capítulo 13: Presente y pasado.

Un sonido agudo se escuchaba por toda la habitación. Era irritante, molesto y endemoniadamente escandaloso. Era el despertador.

Seto lo apagó de un manotazo y se incorporó, restregándose los ojos. La noche anterior apenas había dormido pensando en lo sucedido con Kate, pues cuando al fin él logró reaccionar, la chica ya se había marchado.

Giró su rostro hacia la mesita de noche y vio el regalo que ella le había entregado la noche anterior, y que él no notó hasta que se le cayó de la mano cuando abrió la puerta de casa, para ver si ya se había marchado.

Era una carta, en ella se veía el dibujo de un dragón oriental completamente blanco de ojos dorados:"Magna, el Dragón Celestial", 3800 ATK/3300 DEF *, y con un efecto que le permitía anular las cartas mágicas o de trampa que fueran dirigidas hacia él, si descartaba de su mano o campo una carta del mismo tipo.

¿Dónde habría conseguido una carta tan rara y potente? Él nunca había oído hablar de ella, y además, ¿por qué se la había regalado? Seguramente Mokuba le había dicho que era su cumpleaños, pero de todas maneras ella no tenía por qué regalarle nada, no eran amigos ni nada parecido. Claro que, teniendo en cuenta que ella le había besado anoche, el que le regalase una carta para su mazo el día de su cumpleaños no se le hacía tan raro.

El beso. Seto no sabía qué pensar sobre eso. No podía negar que sentía algo por Kate (a estas alturas ya resultaba absurdo negar lo evidente), y que ella le hubiese besado debería querer decir que el sentimiento era mutuo. Debería, pero Seto no estaba seguro.

Cuando una chica besa a un chico normalmente significa que siente algo por él (o que al menos el chico le gusta), pero en el caso de un joven de 16 años con varios millones en el banco y una empresa propia validada en otros tantos, no se podía estar seguro.

Y Seto siempre debía estar seguro de lo que hacía.

Podría empezar una relación con Kate sí, pero ¿qué pasaría si en el fondo la única intención de ella era la de aprovecharse de su fortuna? ¿La de disfrutar de su dinero? ¿Y si resultaba que él no le importaba en absoluto?

Sacudió la cabeza para librarse de esos pensamientos y dirigió sus pasos hacia el cuarto de baño. Tal vez una buena ducha le ayudaría a aclarar sus ideas.

…...

En otro punto de la ciudad, Kate seguía sumida en el mundo de los sueños, sin embargo, por la expresión que se reflejaba en su rostro no parecía estar soñando con algo agradable.

Esta vez llevaba puesto un vestido blanco, de la más delicada seda egipcia, confeccionado especialmente para ella, un grueso collar de oro con piedras preciosas adornaba su cuello y unos grandes y finos pendientes colgaban de sus orejas. En sus piel calzaba sandalias bordadas con hilo de oro, era la princesa después de todo.

Se apreciaba claramente que era de noche, sin embargo, y al contrario que en su anterior sueño, en esta ocasión no se movía por el palacio con el nerviosismo de ser descubierta.

Se paró ante una imponente puerta dorada y suspiró antes de llamar. Dos golpes secos fueron suficientes para que se le permitiera el paso.

Kahina abrió la puerta y se encontró en una majestuosa habitación, la más grande y lujosa de todo el palacio. En el centro había una gran cama con doseles, en una de las esquinas varios cojines se desperdigaban por el suelo, a la espera de que alguien decidiese tumbarse sobre ellos y una pequeña puerta al fondo indicaba que probablemente tras ella había un baño privado.

Sin embargo, desde el momento en que cruzó la puerta sus ojos estaban clavados en la cansada figura que estaba sentada en la única mesa del lugar.

-Hermano - dijo ella.

Esto hizo que Atem levantara la cabeza y que una pequeña sonrisa se asomase a su cansado rostro. Parecía diez años mayor de lo que era.

-Kahina - dijo él levantándose y acercándose a su hermana -, ¿qué te trae por aquí a estas horas?

La muchacha cerró la puerta, asegurándose de que no había nadie cerca para oírlos.

-¿Qué crees que me trae por aquí hermano? - preguntó, volviéndose hacia él tras dar un pequeño suspiro.

Atem suspiró también pero de forma más sonora. Volvió a sentarse e invitó a su hermana a hacer lo mismo.

-No pienso volver a discutirlo Kahina - dijo con cansancio, como si esa conversación se hubiera repetido ya varias veces -, no puedo acceder a su petición.

-Pero hermano - replicó ella -, ¿no entiendes lo mucho que puede sufrir nuestro pueblo si te niegas?

-¿Entonces qué debo hacer? ¿Acceder a todas sus peticiones? ¿Quién me garantiza que después de esto no pedirá nada más? Si cedo ante sus chantajes una vez me tendrá en sus manos.

-Él no pedirá nada más hermano, y lo sabes - Kahina clavó sus ojos azules en su hermano -. Sabes que lo único que quiere es…

-A ti - terminó él.

Ella asintió.

-¡¿Crees que voy a permitir que ese hombre se lleve a mi hermana? - gritó exaltado levantándose de la mesa - No quiero ni imaginar lo que podría pasarte.

Ella se levantó también y se acercó a Atem, apoyando sus manos en sus hombros.

-Sé que estás preocupado por mí Atem - dijo con la voz quebrada - a mí me pasaría lo mismo si la situación fuera a la inversa. Pero sabes que no puedes llevarle la contraria. Sé que le derrotaste en vuestro último encuentro - se adelantó ella, viendo que él iba a abrir la boca - pero eso no garantiza que siempre vaya a ser así…

-Gracias por la confianza hermana - ironizó él, lo que le valió una mirada seria de ella.

-Y además - continuó como si no la hubiera interrumpido - esos juegos te agotan, especialmente cuando son contra él. No creas que no sé lo cansado que estás, puedes disimular ante la corte pero a mí no me engañas, soy tu hermana Atem, sólo tengo que mirarte para saber que apenas puedes levantarte por las mañanas. Te estás agotando a ti mismo.

-Puedo soportarlo - insistió él.

-No, no puedes Atem, nadie podría, si sigues así vas a matarte. Hermano, debo ir con él.

-¡No! - contestó Atem - ¡No voy a permitirlo!

-¡¿Prefieres que nuestro pueblo sufra las consecuencias? ¡No podemos ser tan egoístas Atem!

Ninguno de los dos podía retener ya las lágrimas ante la desesperada situación que estaban viviendo. El joven le dio la espalda.

-¿Es egoísta desear una vida feliz para mi hermana en lugar de una llena de desgracia e infelicidad? - susurró él sin voltearse a verla.

-Lo es si con ello condenamos a nuestra patria a la muerte y el sufrimiento - dijo ella en el mismo tono, colocando su frente sobre la espalda de su hermano - porque como miembros de la familia real, nosotros nos debemos a nuestro pueblo - la princesa tragó pesado antes de pronunciar las siguientes palabras -. Y él lo sabe, y cuenta con ello.

-Lo sé, pero ¿cómo entregar a mi única hermana a un monstruo como él?

-Con mucho dolor hermano.

Ambos continuaron derramando lágrimas silenciosas, sin moverse de la posición en la que estaban. Ella con la cabeza en su espalda y las manos alrededor de su cintura, con las de él sobre ellas.

Lloraban de desesperación. Él, de saber que la única salida para su reino, suponía el sacrificio de su único y más querido familiar y ella por tener que abandonar a las personas que amaba a causa de la obsesión de un loco. Uno poderoso sí, pero un loco al fin y al cabo.

Ninguno de los dos fue consciente de que tras la puerta, alguien había escuchado toda la conversación.

Kate y Yami despertaron al mismo tiempo, con la respiración agitada, sudando en frío y con el mismo pensamiento en mente.

"¡Debemos vernos cuanto antes!".

* Esta carta es invención mía.