LAS BRUJAS

-¿Edward? –susurró Carlisle en un movimiento de labios casi imperceptible.

Él se mantuvo quieto, entornando los ojos hacia la puerta. Sus labios tiritaban, estaba haciendo un esfuerzo extra por intentar leer el pensamiento de quién se encontraba frente a nuestra puerta.

Nada. No logro escuchar nada.

Jacob, ve donde Reneesme. No la despiertes: quédate cerca por si hay que sacarla rápido de aquí –sentencié de inmediato. El impacto se había desvanecido y ahora era capaz de tomar decisiones, anticipándome a cualquier cosa que nos estuviera esperando afuera. Lo principal era, como siempre, proteger a mi hija.

Emmet, entendiendo mi postura defensiva, se agazapó frente a la puerta para bloquear el paso hacia el segundo piso.

No creo que haya que tomar tantas precauciones –dijo Alice en voz baja –si quisiera alguien atacarnos, no tocaría el timbre –se dirigía a Carlisle, pues de él esperábamos indicaciones para proceder.

¿No habías visto que esto sucediera? –le preguntó Rosalie a Alice, que se había unido a Emmet en el hall principal.

No, esto me ha tomado de sorpresa tanto a mí a como a ustedes.

El timbre volvió a sonar, esta vez con dos campanadas.

¿Carlisle? –Preguntó Edward -¿Conoces algo que pueda estar bloqueándonos así?

El doctor tenía la mirada perdida hacia la puerta.

Los Hijos de la Luna pueden esconder sus pisadas y sus latidos –su voz continuaba sonando muy baja. Parecía más estar sacando conclusiones para sí mismo que explicándonos sus teorías –Pero no pueden bloquear poderes, como tu telepatía o la clarividencia de Alice.

Voy a abrir la puerta –Esme se movió decidida hacia el hall, pero fue interceptada por Jasper y Carlisle, que se interpusieron entre ella y la puerta principal.

No te apresures Esme –le dijo Jasper con voz de mando, dejando al descubierto la enseñanza militar que había obtenido cuando era humano –.Tenemos que actuar con cautela.

No creo que sea alguien que nos quiera hacer daño –espetó la maternal voz de Esme –Estoy de acuerdo con Alice. Deberíamos ver quién es y qué quiere.

Está bien, pero primero que alguien vea quién es por la ventana del segundo piso.

Yo voy –saltó Alice y luego corrió escalera arriba.

Al mismo tiempo, Edward y yo nos apeamos a un metro de distancia de Emmet y Rosalie, creando una barrera más, en el caso de que hubiera que pelear. Jasper se puso tras Esme, que a su vez, escoltaba a Carlisle muy de cerca, mientras se prestaba a abrir la puerta en cuánto Alice lo indicara.

A modo de precaución, desplegué mi escudo protegiendo toda la casa, desde el hall hacia atrás, para así cubrirlos a todos, dejando a los desconocidos fuera de mi protección.

No hay nadie, volvamos mañana, una voz femenina se escuchó desde afuera. Había sonado como un susurro, pero todos habíamos sido capaces de escucharla.

¿No sientes que alguien haya abierto una barrera dentro de la casa?, contestó otra voz, también femenina, pero que sonaba con más fuerza. Esta mujer, al contrario de la otra, parecía más confiada. Su manera de hablar coincidía con la voz de una mujer adulta.

¿Una barrera? Si, la puedo sentir. ¿Magia?, la primera mujer parecía sorprendida.

Parecía imposible, pero estaba sucediendo prácticamente bajo mis narices: dos desconocidas habían detectado mi habilidad, sin siquiera ponerla a prueba.

Sentir, esa era la palabra clave. Ellas habían sentido una barrera mágica al interior de la casa. Sabían que había desplegado mi escudo protector. Extrañamente, en vez de verme amenazada, deseé que no fueran enemigas, pues sentí una gran curiosidad por saber cómo habían detectado mi habilidad sin siquiera verme.

Son dos mujeres –Alice volvió al primer piso y nos comunicaba lo que había visto desde el balcón –Se ven inofensivas.

¿Vampiras? –pregunté.

No, son humanas. Carlisle, abre la puerta, no hay peligro.

Levanté mi posición defensiva, enderezándome.

Carlisle abrió la puerta de par en par.

De pie en el porche de la casa, dos jóvenes mujeres sonreían a Carlisle desinhibidamente.

Hola. Lamentamos interrumpir tan tarde, pero no pudimos llegar antes. Tú debes ser Carlisle, ¿no es así?

Era una mujer bajita, de contextura delgada, muy parecida a Alice físicamente. Tenía una larga cabellera roja, llena de rulos, desde la raíz hasta las puntas. Sonreía, sí, pero su rostro no era de burla, más bien era acogedor, nos invitaba a aceptarla, a no temerle.

A su lado, otra mujer, más alta que ella, y tan bella (o incluso más), sonreía burlescamente, un tanto temerosa, pero absolutamente divertida por la situación. También de contextura delgada, la chica debía ser más joven, rodeando la veintena. Su cabello, largo, liso, de un negro azabache hermoso y brillante, llamaba inmediatamente la atención.

Disculpen la indiscreción, pero no recuerdo conocerlas –Carlisle mantenía el tono acogedor, a pesar de estar completamente tenso frente a las dos humanas.

Discúlpanos a nosotras –contestó la del pelo rojo; parecía ser la voz de mando –.En realidad, no nos conoces. Pero nosotras sabemos mucho sobre ti, y sobre tu familia. Si nos dan solo dos minutos para explicar lo que tenemos que decir, tal vez puedan entendernos mejor.

Parecían humanas, de seguro no eran vampiresas. Pero a nuestros sentidos y habilidades, no parecían comportarse como tales. Las teníamos en frente pero no podíamos distinguir ningún latido, ninguna respiración, mucho menos aroma. De hecho, no olían a nada, no eran apetitosas. No había forma de catalogarlas. Eran simples imágenes, la recreación de dos mujeres que en realidad no están ahí.

Eso era lo que más me asustaba. No entenderlas. Ellas no manifestaban ninguna agresividad; al contrario, estaban siendo humildes, pidiéndonos por favor que las escucháramos. Pero a pesar de eso, y de la fuerte curiosidad que despertaban en mí, les temía con cada una de mis neuronas.

¿Cómo podríamos haberlas invitado a entrar, si es que no sabíamos qué eran? Tal vez, una vez sentadas en el sofá, se transformarían en mutantes asesinos del planeta XX o algo por el estilo.

Había riesgos que no podíamos tomar.

Lo siento –me adelanté –Quisiera escuchar lo que tienen que decir, pero desconfío de invitarlas a entrar. Las veo humanas, pero no parecen funcionar normalmente. No son vampiras tampoco. Desconfío de ustedes, de sus orígenes y de sus intenciones.

La chica alta, de pelo negro, miró a la otra de reojo, como esperando una reacción de su parte. En respuesta, la pelirroja dio un paso hacia mí, estirando las manos delante de su cuerpo, en postura receptiva.

Tú debes ser Bella. Es un honor conocerte. Disculpa que te hagamos sentir insegura, pero te prometo que no corren ningún riesgo. Nuestras intenciones no son de hacerles daño. Puedes recoger tu escudo si quieres, con nosotras no están en peligro. Al contrario, tu casa se ha transformado en el lugar más seguro del planeta.

¿Sabes mi nombre, conoces mis habilidades? –pregunté sorprendida.

Sabemos muchas cosas de ustedes. Hemos estado escuchando sobre vuestra familia durante años.

¿Son humanas?

¿Parecemos otra cosa? –interrumpió la chica del pelo negro con una sonrisa complacida.

No hemos podido escucharlas venir. Entenderán que es un poco extraño para nosotros, el ser sorprendidos, no haberlas sentido –se disculpó Carlisle.

Bueno… -murmuró la más alta –Eso es porque somos brujas.

El mundo dio vueltas a mí alrededor, la gravedad se perdió, mis pensamientos volaron por el espacio, mis manos se tensaron y relajaron en una fracción de segundo.

¿Brujas? Esto tenía que ser una broma.

Mi nombre es Amanda –se presentó la pequeña pelirroja –Esta es mi hermana menor, Olivia. Venimos a hablar con ustedes de asuntos vitalmente importantes. Hemos venido de muy lejos, solo para contarles nuestros secretos… Si es que están dispuestos a escucharlos.

Estamos escuchando –replicó Jasper fastidiado por la incógnita.

Jacob bajó al primer piso. Su latido era lo único que podía escuchar, mientras las brujas se miraban entre ellas, tal vez decidiendo qué debían decir primero.

Olivia, la hermana pequeña, pero más alta, comenzó.

Tal vez sea una buena idea que nos tomemos las cosas con calma…

Es Reneesme –interrumpió Amanda a su hermana.

El nombre de mi hija, como el gatillo de una pistola, detonó la sospecha sobre todos los que estábamos frente a las brujas. Los vampiros nos agazapamos hacia el suelo, Jacob volvió al principio de la escalera, incluso Carlisle retrocedió un par de pasos.

Todos nos prestamos a defenderla, de las brujas, de los magos, de las hadas, zombies, espíritus, duendes, de toda criatura –existente o imaginaria -que amenazara su inocencia.

Curvé mis labios y proferí un fuerte rugido para amenazar a las brujas. El veneno fluyó por mi lengua, mis dedos se curvaron en forma de garras.

Nadie amenazaría a mi hija de nuevo. No. Ya había tenido suficientes temores.

- Estamos aquí por ella –sonrió Amanda directamente hacia mis ojos –No hagas eso. Su existencia no nos molesta, es parte de la tierra, es un elemento del todo. Su corazón late, como el mío, como el de mi hermana, como todo lo que tiene vida. Su sangre fluye, sus pulmones se expanden. La vida que corre en sus venas, genera colores alrededor de su figura. Su aura. Su existencia no nos molesta. Al contrario, venimos a protegerla.

¿A protegerla? No necesita protección, nos tiene a nosotros, su familia – sentencié aún sin soltar mi posición defensiva.

Tú entiendes tu propia naturaleza, que es la de aquellos a quienes reconoces como tu familia. Pero hay una parte de tu hija que por más que recuerdes, no puedes entender. Nosotros hemos venido aquí a enseñarle.

Sus ojos estaban fijos en los míos, hablaba con autoridad. A pesar de ser humana, daba la sensación de que se sostenía al piso con tanta fuerza como lo hace un vampiro. No había dudas ni en su forma de hablar, ni en su manera de moverse, o mejor dicho, de mantenerse inmóvil, de que estaba completamente segura de lo que decía.

Si hablamos de naturaleza humana, yo estoy aquí. La he acompañado desde que nació y la podré ayudar a entender cómo funcionamos los humanos – interrumpió Jacob adelantándose y quedando a pocos pasos de las brujas- yo soy responsable de su vida, de su parte humana.

No es eso a lo que se refiere – le interrumpió Edward, sin siquiera molestarse en mirarnos. Mantenía los ojos pegados a los de Amanda, que a su vez no temía en mirarlo de vuelta.

Claro, verdad que tu puedes entender mejor las cosas – respondió Jacob, asumiendo que Edward podría leerlas, ahora que las tenía en frente – Aprovechemos la ventaja e ilústranos, ¿Qué están pensando?

No puedo –siseó –No puedo leerlas, a ninguna de las dos

Además del bloqueo natural que mi cerebro impuso sobre la habilidad de Edward desde la primera vez que él intentó leer mis pensamientos, nunca antes se había encontrado con otra persona que pudiera bloquearlo. No estaba acostumbrado al silencio, se sentía incómodo, amenazado. Y eso quedaba más que claro con solo mirarlo, tomando en cuenta el esfuerzo que denotaba su rostro, mientras seguía intentando penetrar la barrera desconocida que las brujas le estaban imponiendo.

El silencio reinó en el lugar. Ninguno de nosotros dijo nada. Probablemente Edward podía escucharlos a todos hacerse preguntas, pero yo no podía permitirme perder el tiempo en reflexionar, necesitaba respuestas.

-¿Ellas son como yo? – Pregunté ansiosa.

Tal vez podían bloquear los poderes especiales de algunos vampiros, tal como lo hacía yo, inconcientemente, cuando era humana.

Edward no respondió, seguía mirando fijo a los ojos de la pelirroja.

Los dos se concentraron mutuamente en el otro, ella con serenidad, él con un semblante impotente, agresivo. Estuvieron así durante unos segundos, ignorando completamente mi pregunta.

Rompiendo el asqueroso silencio, la otra mujer, la de larga cabellera negra, miró a Amanda con un gesto de impaciencia, luego dirigió los ojos al cielo.

- ¡Ya! Digamos las cosas como son de una vez. Entre más te demoras en explicarte, más desconfían de nosotras – su voz era más fuerte y aguda, impaciente.

Nos miró rápidamente uno a uno y luego se dirigió hacia Jacob.

– Disculpa a mi hermana. A veces le da por hablar con palabras complicadas, creyendo que todos entendemos – sonrió con dulzura, haciéndonos cómplices de su comentario - .Mejor yo les explico qué hacemos aquí.

"Los vampiros han existido siempre. Ustedes tienen sus reglas, bases para poder sobrevivir en este mundo, entre humanos. Pero a pesar de lo concientes que son del sistema predador-presa, ¿no creerán de verdad que nosotros no sabemos nada sobre vuestra existencia?"

Di una ojeada rápida a mí alrededor y ninguno parecía sorprendido con las palabras de Olivia. Estaban todos atentos a lo que ella decía, mientras que en mi cabeza las preguntas explotaban como fuegos artificiales de año nuevo. ¿Hay humanos que saben de nosotros? ¡No puede ser! ¡Yo no lo sabía y era una adolescente del siglo XXI! Mis padres no lo sabían, ni siquiera Jacob creía que los vampiros fueran más que un mito, antes de transformarse en licántropo.

Ok. Ya fue suficiente. ¿Creen que somos idiotas acaso? Yo sigo siendo humano, mi familia es humana, mortal: nacemos, crecemos, nos reproducimos y luego nos morimos. Y lo hacemos sin saber que los vampiros son reales. Yo soy una excepción, claramente, pero les aseguro que ningún ser humano, fuera de La Push, siquiera sospecha que los vampiros sean más que un mito.

Oh bueno, la ignorancia es un problema de los norteamericanos, no de la humanidad –se burló Olivia –Ustedes creen que lo real es lo que ven en la televisión. Tan ingenuos. Nosotros y muchos más, sabemos tanto de los vampiros como ustedes de los humanos.

¿Lo han sabido siempre y no han hecho nada al respecto?- interrumpió Carlisle, descolocado. Al parecer, que algunos humanos tuvieran conciencia de nuestra existencia y que no intentaran tirarnos bombas atómicas para destruirnos, estaba fuera de la naturaleza humana que Carlisle conocía.

Bueno, es muy largo de explicar – respondió Olivia.

El conocimiento ha sido traspasado por generaciones, da la misma manera en que lo han obtenido y otorgado ustedes a lo largo de su existencia – volvió a hablar Amanda, finalmente dejando libre la mirada de Edward y dirigiendo sus hermosos ojos verdes hacia Carlisle. – Ahora venimos aquí para enseñar a Reneesme – Edward bajó la mirada y se masajeó el tabique con los dedos, como si le doliera la cabeza tras un gran esfuerzo mental.

Hay una guerra en camino, y esta vez no podemos hacernos los desentendidos. Nos estamos preparando. Y tu familia, Carlisle, es parte clave de lo que está sucediendo en el mundo. Cuando el conflicto llegue a cobrar vidas, ustedes sabrán defenderse. Pero la pequeña tiene que aprender muchas cosas aún, sobre su lado humano. Ella es el eslabón débil aquí, a pesar de ser la razón del conflicto. Necesita estar preparada.

¿Eslabón débil?- interrumpió Jacob sarcásticamente – ocho vampiros y un licántropo me parecen mejor armados que dos mujeres humanas.

Sorpresivamente, un calor comenzó a surgir desde las mujeres. Una fuerza calórica invisible, que se expandía rápidamente entre nosotros y a lo largo de toda la habitación. Amanda mantenía la mirada fija en Jacob mientras que el suave calor alcanzó cada rincón del primer piso. Luego su mentón se inclinó ligeramente en 45 grados, y sus labios se curvaron en una extraña sonrisa. De pronto, algunos de los objetos que había en el lugar comenzaron a vibrar, produciendo un leve tintineo. Medio segundo después, nuestras cosas flotaban a nuestro alrededor.

Olivia observaba quieta, sonriendo satisfecha ante nuestras caras de pánico y concertación. Luego las luces comenzaron a parpadear, como si fuera a hacerse un cortocircuito, mientras el sofá, las lámparas, las figuras en la mesa de centro, cuadros, todo flotaba entre nosotros, como si de repente la fuerza de gravedad hubiera desaparecido de Forks. Las brujas habían levitado la mitad de nuestros muebles, y ninguno de nosotros reaccionó. Nos quedamos atónitos, observando como los floreros pasaban sobre nuestras cabezas.

Cuando comenzábamos a maravillarnos por el poder de Amanda y ya no temíamos por nuestra integridad, la situación se puso más bizarra aún. De pronto, Jacob y Emmet lanzaron gritos desesperados mientras sus pies se despegaban del piso. Daban manotazos al aire, pidiendo y luego suplicando a las brujas que los bajaran. Sus cabezas chocaban contra el techo, mientras ambos buscaban mantener un equilibro que estaba totalmente perdido: nada tenía pies ni cabeza, ni arriba ni abajo, ni techo ni suelo, estaban flotando en el aire, junto a los objetos.

Al ver a Emmet desesperado, Rosalie gruñó y mostró los dientes a Olivia, dando un paso amenazador hacia ellas. Carlisle la tranquilizó tomándola del brazo y mirándola directo a los ojos, pidiéndole que se controlara. Los objetos que levitaban en la habitación volvieron rápidamente a su lugar, como tirados por una fuerza invisible; pero Jacob y Emmet continuaron en el aire.

Amanda miró a su hermana –ya basta, ha sido suficiente –le dijo con voz de mando.

Olivia asintió y los dejó caer. Ambos aterrizaron de pie.

- Podemos defendernos, a pesar de ser mujeres. No nos vuelvas a menospreciar de esa forma – sentenció Olivia.

¡Brujas! – les gritó Emmet enrabiado.

A no, qué lata – se burló Olivia, dibujando una amplia sonrisa en su cara.

Ahora que han visto que somos capaces de defendernos, ¿van a escuchar lo que tenemos que decir? – preguntó Amanda mirando a Carlisle.

Sean bienvenidas – la voz de Esme interrumpió la indecisión del grupo, sonando calmada y hogareña como siempre- ¿Qué les puedo ofrecer? Deben de estar hambrientas.

Una taza de té estaría bien – respondió Olivia, aceptando la invitación sin recelo, y de paso ignorando la posición de ataque de Rosalie, los brazos cruzados de Emmet y la mirada desconfiada de Jacob.

Rose, ayúdame con las cosas por favor – pidió Esme con su dulzura típica, pero esta vez marcada por esa extraña autoridad de madre que tenía sobre todos nosotros.

Rosalie gruñó ligeramente, sin despegar los ojos de Olivia, que seguía sonriendo sin mirarla. Luego en dos pasos ya estaba fuera de la habitación.

Por favor, disculpen el comportamiento de mis hijos –dijo Carlisle indicándole a las brujas que entraran a la casa –Nos sentimos un poco consternados tanto por sus habilidades como por sus intenciones. Aunque aún así creo que merecen ser escuchadas, si lo que dicen es cierto. Tomen asiento por favor.

Las mujeres asintieron con la cabeza y se sentaron sobre el sofá blanco, que hacía dos minutos atrás volaba sobre nuestras cabezas.

A pesar del obvio recelo que todos sentíamos, ellas parecían cómodas. Las dos cruzaron sus piernas y apoyaron la espalda contra el respaldo del sofá.

Se quedaron en silencio, tal vez esperando a que nosotros reestableciéramos la conversación. Pero de nuestra parte no hubo movimiento alguno. Incluso Carlisle se mantuvo quieto. Ni siquiera fuimos capaces de sentarnos.

En realidad, ninguno sabía cómo actuar frente a estas dos mujeres. ¿Humanas, Brujas?

Tras casi medio minuto de silencio inmóvil y de miradas incómodas, Alice reaccionó rápidamente, moviéndose con su ligereza habitual, para sentarse en una silla justo al frente de las hermanas.

Si todos nos quedamos así mirándolas, parece como si fuéramos a interrogarlas con torturas vietnamitas. No sean groseros y siéntense para escuchar lo que tengan que decir.

La obvia intervención de Alice fue respaldad por Esme, que venía entrando con una bandeja armada para servir el té. El resto seguíamos de pie, mirándonos inquietos sin saber qué hacer.

Finalmente tomé una silla y la puse junto a la de Alice; el resto de mi familia se acomodó en distintos asientos. Solo Jacob se quedó de pie, con los brazos cruzados y el cuerpo apoyado en la pared junto a la puerta. Parecía no creer en nada a las hermanas y obviamente desaprobaba la decisión de Carlisle y Esme.

Se sirvió el té, las miradas tensas y el silencio volvieron a crecer entre nosotros y hacia ellas.

Finalmente, Amanda dejó de revolver su taza, se irguió en su asiento y habló:

"Ustedes son depredadores, nosotros somos sus presas. La naturaleza lo quiso así. Es parte del infalible diseño al que todos hemos sido sometidos. Pero en la sabiduría de La Madre, no hemos sido abandonados."

"El león se come a la gacela, tiene garras imparables y dientes preparados para despedazar, la desventaja es obvia. Pero la gacela puede correr mucho más rápido, puede esconderse, puede luchar. Los seres humanos hemos sido dotados de distintas maneras para poder defendernos de nuestros depredadores. Muchos creen que esa herramienta es la razón, la inteligencia que nos separa del resto de los animales, y que nos permite perfeccionar nuestras formas de vida con la tecnología, y destruirla con las armas. En este frenesí del conocimiento nos hemos olvidado de las otras habilidades, enfocándonos en obtener el poder creador, el poder absoluto, llegando a competir unos contra otros, eliminándonos en guerras sin sentido, con el único objetivo de ser más fuertes y tener la supremacía. Sólo nos preocupa tener el control de lo que nos rodea, poder manejar nuestro entorno, alterándolo para nuestro beneficio. Así hemos ido lentamente destruyendo la naturaleza, aniquilándonos unos con otros y no sólo perdiendo el resto de las habilidades, si no que también menospreciando todo lo que no provenga de nuestro intelecto. Es así como la tradición de la intuición, de los sentimientos y de la fe, las herramientas que se nos dieron para poder vivir a pesar de los peligros, fueron quedando obsoletas."

"Ustedes vampiros también están dotados con la razón. Piensan, razonan. La mayoría se deja llevar por la sed animal que vive dentro de sus almas, y por eso tienen una vida pobre, sin sentido. Si todos se empeñaran en llegar a tener conciencia de sus actos, haciéndose responsables de su entorno y valorando el amor, como ustedes lo han hecho, no sería tan difícil para los vampiros tener una familia, construir algo sólido."

"Ustedes han superado obstáculos grandísimos, y los hemos alabado desde que supimos de la existencia de clanes como el vuestro. Ustedes han comprobado que no son sólo animales, sino que también son capaces de sentir, de amar, de sacrificarse por el bien común".

Muchas gracias por el reconocimiento – interrumpió Carlisle – nunca pensé que íbamos a recibir tanta comprensión por parte de seres humanos. Incluso los vampiros nos juzgan, no nos comprenden.

Somos humanas, pero también somos brujas. Nuestro estilo de vida también es mirado con extrañeza por aquellos que no lo comparten.

¿Entonces ustedes tienen poderes especiales, como nosotros? – preguntó Alice.

Sí. En realidad, todos podrían hacerlo, es fácil de entender. La clarividencia que hay en ti Alice, por ejemplo, te acompañó desde el momento en que naciste. Tus padres no sabían lo que era, y por eso te encerraron, temiendo que fueras peligrosa. Nunca pudiste poner tus habilidades a prueba, no alcanzaste a descubrir otros poderes. Cuando pasaste a la inmortalidad, mantuviste el que ya conocías, e incluso lo fuiste perfeccionando. La clarividencia era parte de ti, por lo que no te podía abandonar. Ustedes son un clan poderoso – dijo cambiando la mirada hacia Edward – son temidos por muchos. Lo importante es que entiendan que todas estas habilidades de las que gozan, no son propias de los vampiros. Si ese fuera el caso, todos los de su especie las tendrían. Pero ustedes mismos han podido comprobar que son únicos, ¿no es así?

La bruja se refería a Eleazar, a Kate, Zafrina. A todos los vampiros que conocíamos y que tenían poderes increíbles, como la electricidad. Pero también Alec y Jane, los gemelos torturadores, tenían habilidades. Sentí un escozor en el cuello de solo recordar a los Vulturi y a todos esos poderosos vampiros que conformaban su ejército y que intentaron masacrarnos hace casi cuatro años.

Todos los humanos tenemos habilidades. Entre nosotros estamos conectados. El latido de nuestro corazón nos permite seguir viviendo, es un motor que nos da energía, calor. Emanamos esa fuerza y a través de ella nos contactamos con la naturaleza y potenciamos nuestras habilidades. Solo hay que saberlo y entender el potencial, para poder trabajarlo, aprehenderlo y luego emanarlo. Las habilidades que ustedes tienen, son gracias a la humanidad de la que alguna vez gozaron, no de la inmortalidad. Estos dones se originan desde la vida, de la energía de nuestra existencia, de nuestra aura.

¿Es desde el aura que surgió el calor que sentimos cuando levitaron las cosas? – preguntó Jasper, que se había mantenido callado durante toda la reunión.

Si, es el aura. Sus ojos pueden ver muy lejos, no son sensibles a la oscuridad, están hechos para aventajar a sus presas. Pero a pesar de esas grandes cualidades visuales, no pueden ver nuestro potencial, no pueden ver nuestras auras, nuestra energía. Si nos tocan sienten calor, pues así se siente la vida. Un don precioso, que muchos de ustedes quisieran volver a tener, y que nosotros estamos dispuestos a proteger por sobre todas las cosas. La naturaleza es sabia, y nos dotó de esta fuerza, de esta vida, y nos dio la razón para que supiéramos encontrar en ella, la manera de defenderla.

La vida se protege con la vida – susurró Edward, como entendiendo todo.

Exactamente –continuó Amanda ensimismada en su discurso -A través de nuestra energía, de nuestra aura, establecemos la conexión con la Madre Tierray podemos usar sus herramientas para sobreponernos a la fuerza de los depredadores. Si ustedes pueden escuchar nuestras palpitaciones a distancia o vernos a lo lejos a pesar de la oscuridad de la noche, nosotros podemos sentir la advertencia que nos hace la tierra, que nos anticipa de su llegada, del peligro. En ella encontramos las armas para combatirlos.

Pero eso no explica la telekinesia – dijo Esme.

Escuchar a la madre es el primer paso – contestó Olivia – después de eso, pudimos escucharnos a nosotros mismo. Entendimos que nuestros cerebros podían más. Que estaban mejor equipados. Ahora podemos mover las cosas, podemos ver el futuro, leer el pensamiento e incluso bloquear sus habilidades – Edward se acomodó en su silla – la verdad es que somos tan peligrosos como ustedes.

Si son tan poderosos, ¿por qué no nos han matado aún? - preguntó Rosalie con desdén.

Nosotros no intervenimos en el proceso natural. Ya les dije, predador-presa. Ustedes siguen existiendo, nosotros seguimos muriendo. Es parte del ciclo de la vida que La Madre diseñó, nosotros no vamos contra eso – contestó Amanda.

Hasta ahora – dijo Olivia subiendo la voz e inclinándose hacia delante para hablarnos más de cerca – La guerra es inevitable.

¿Qué guerra? ¿Hombres contra Hombres, Vampiros contra Vampiros, todos contra todos? – pregunté nerviosa.

Los Vulturi – me contestó Amanda con calma.

La densidad del aire pareció espesarse. Nadie se movió, nadie respiró. Jacob dejó caer los brazos a los costados de su cuerpo y empuñó sus manos. El nombre de nuestros enemigos nos envolvió en un halo de terror y sadismo, que hacía pulular veneno inmediatamente en nuestras lenguas.

Los Vulturi – repetí entre dientes.

El sonido de su nombre sonó como una alarma en mis oídos. Sentí la necesidad de ir a ver a Nessie, comprobar que estaba en su cama, durmiendo y soñando, completamente fuera de peligro.

Me tensé en la silla, Edward me miró para calmarme y susurró: Está bien, está soñando con Jacob. No logré calmarme del todo, pero escuchar lo que las brujas tenían que decir sobre los ancianos italianos me pareció la mejor opción en aquellas circunstancias.

Desde su último encuentro con los Vulturi, las cosas han cambiado radicalmente. La situación está en grados extremos a estas alturas y no podemos seguir de manos cruzadas. Pelearemos, pero si es que perdemos, no sólo nuestros conocimientos perecerán con nosotros, sino que sería el fin para la raza humana como la conocemos. Por eso los necesitamos de nuestro lado, a ustedes y a todos quienes quieran acompañarnos.

¿Acompañarlos? – dijo Alice con sorpresa.

Esta guerra la empezaremos nosotros – dijo Amanda con decisión – vamos a terminar con la Era de los Vulturi.