REVELACIONES

Salí corriendo de la casa para tratar de alcanzarla, pero su figura ya no estaba ni remotamente a la vista. Nessie no era un vampiro, pero tenía una gran parte de sus habilidades humanas mejoradas por la herencia de Edward, así que corría más rápido que cualquier ser vivo. En los pocos segundos que demoró mi reacción, ya había desaparecido del campo visual. No verla era un obstáculo prácticamente nulo para mí, ya que me era muy fácil distinguir su olor en el bosque y rastrear su trayectoria mientras corría, obviamente casi al doble de su velocidad.

En menos de diez segundos ya la había alcanzado, ahora marchaba a su lado.

Decidí no decirle nada y esperar a que fuera ella misma la que se abriera para conversar conmigo o para decirme que no quería hablar.

Seguí corriendo a su lado durante dos largos minutos, que pusieron a prueba toda la paciencia y determinación mental que había desarrollado en mi vida inmortal, para combatir la sed que sentía día a día y que nunca podría llegar a saciar.

Finalmente Reneesme se detuvo. Jadeaba cansada tras la larga carrera, tenía los ojos fijos en el suelo, donde caían intermitentemente lágrimas desde sus mejillas. Deseé poder leer la mente como Edward, para poder hablar con las palabras indicadas y no ahuyentarla de mí, pero como esa no era parte de las opciones, la única forma que me quedaba para llegar a ella, era tratando de ser lo menos agresiva y dejándole claro que yo estaba abierta al diálogo. Caminé tres pasos hacia ella, dudando qué decir, y finalmente opté por quedarme callada y sentarme cerca, apoyando mi espalda contra uno de los tantos árboles que nos rodeaban.

Cuando su respiración se calmó, también lo hizo su llanto. Sin mirarme se acercó a donde yo estaba y se sentó silenciosa a mi lado. Dejó caer la cabeza hacia atrás, apoyándola en el tronco del árbol. Respiró hondo y luego me tomó la mano. Yo estaba bastante tensa, quería poder convencerla, explicarle tanto la reacción de su padre y como la de todos los que la queríamos; el calor de su mano y la suavidad de su piel, tan parecida a la de Edward, calmaron levemente mis angustias.

Sin mirarme me susurró suavemente, "Lo siento mamá".

-¿Por qué estás haciendo esto? – pregunté, aún sin mirarla, intentando que mi voz no sonara fuerte ni inquisidora.

-Tengo que hacerlo. No puedo…- las palabras se atoraron en su garganta, su respiración se ahogó en un gemido de tristeza –…por favor.

Ella siempre había logrado lo que quería. Su dulzura, su belleza, toda su forma de ser hacía que para el resto nos fuera imposible no darle todo lo que quería. Yo estaba conciente de su encanto y de que eventualmente querría evitar todas sus penas, pero esto iba más allá de toda comprensión. No podía poner en riesgo su vida, menos dejarla liderar una batalla contra vampiros, en las que se vería forzada a ocupar armas.

No, eso no era posible. Pero para convencerla de lo contrario, primero tenía que conocer sus argumentos.

-Explícame bien qué es lo que estás pensando.

-Yo sé que ustedes siempre estarán para protegerme. Tú, papá, Jacob, todos. Pero hay veces en que me siento vulnerable, en que me gustaría poder ser más que un adorno, ser útil. Así como lo son las visiones de Alice, o tu habilidad. Poder expresarme sin hablar no es la gran cosa, ¿sabes?

-Si quieres aprender a defenderte, Emmet y Jacob son los mejores profesores. Ellos te mostrarán las estrategias, las cosas que hay que evitar. No tienes por qué mezclarte con brujas para lograrlo.

-No digas "brujas" como si fuera una grosería. Además tú no eres bruja pero tienes una habilidad asombrosa. El poder que ellas tienen, yo también lo puedo tener. Quiero desarrollarme completamente, saber de qué soy capaz.

-¿Pero por qué poner tu vida en peligro?

-Los esclavos de los Vulturi… Ellos son como yo, pero están sufriendo. No podemos ignorarlos. Ya escuchaste a Jasper, si yo no ayudo, la batalla estará perdida. Quiero poder mostrarles lo feliz que soy con la vida que llevo, enseñarles lo que pueden obtener si luchan.

-Eso lo puede hacer otro por ti. Llamaremos a los mapuches, ellos son muchos más, pueden liderar un grupo grande.

Ese era el mejor argumento, no había dudas. Contra eso, Reneesme ya no tenía palabras. La discusión estaba zanjada.

Nuevas lágrimas brotaron de sus ojos. Soltó mi mano y se tapó la cara con los dedos. Luego escondió la cabeza entre las rodillas, como yo solía hacerlo cuando me sentía superada y no tenía las habilidades sobrenaturales para reaccionar. La única diferencia era que Nessie no estaba sollozando, ni respirando entrecortadamente como yo lo hacía en esas circunstancias. Parecía estar pensando, como recogiendo información en su cerebro, apoyándolo en sus propias piernas. Tras unos segundos en esa posición se puso de pie y luego se acuclilló frente a mí. Me miró con fuerza a los ojos y tomó mis manos.

En mi cabeza se proyectó la misma imagen que acababa de ver: mi hija triste con la cabeza entre las piernas. Luego su figura cambió y se transformó en la mía; era yo en mi forma humana llorando de la misma manera, rodeada de vampiros que luchaban y gruñían, mientras Aro y Cayo me miraban desde la oscuridad, con esos mantos negros que los identificaban en mis sueños y sonriendo gustosos de verme desprotegida y desesperada.

Reneesme me estaba mostrando mi propia historia.

Una angustia familiar se arraigó en mi pecho. Esa impotencia que me invadía cuando veía a Edward y a su familia pelear por mí, poniéndose en peligro frente a vampiros neófitos, a licántropos y por supuesto a los Vulturi. Recordé cuánto deseaba pelear, poder defenderme sola. Luego se proyectó en mi cabeza el claro donde habíamos estado peleando contra Victoria. Vi a Edward en posición de ataque y a Seth Clearwater tirado en el piso en su figura de lobo. Luego vi mi rostro, pálido y asustado, mientras cortaba mi brazo con una piedra filosa, para lograr captar la atención de los vampiros que nos atacaban.

Qué patético había sido eso. Verlo me hizo recordar la historia de la tercera esposa, que se había sacrificado para salvar a su marido, y cómo, al escucharla por primera vez, había hecho nacer en mí esas ganas de marcar la diferencia, de aportar con algo en la batalla, dejando de ser sólo una víctima. En ese momento no sabía lo inservible que era que me cortase el brazo, pero me había hecho sentir útil por una fracción de segundo, cuando Victoria dejó de atacar a Edward y se dirigió hambrienta hacia mí.

Reneesme cambió el recuerdo: seguía viéndome como humana, hace más de cuatro años atrás, de pie, medio desorientada en medio del claro donde habían tenido lugar casi todos los conflictos. Pero no todo era igual a como había sido en el pasado: ahora una muchacha caminaba hacia mí desde el bosque, una mujer que no había sido parte de los eventos. Esta se movía firme, segura. Una energía la rodeaba tenuemente, como si estuviera a contraluz. Su pelo era claro, sus rizos suaves. Sus facciones eran hermosas, sus ojos, cafés chocolate. Nessie se había hecho parte del recuerdo y ahora se ponía frente a mi figura mortal y sangrante. Me tomó las manos y miró mi herida; luego susurró, "¿Qué habrías hecho si alguien te hubiera propuesto enseñarte a luchar?".

Tenía razón: en su lugar hubiera corrido donde las brujas. No hubiera dudado un segundo en poder aprender a defender a mi familia, a mis amigos y a mí misma. Hubiera querido hacer frente a los peligros que me amenazaban constantemente desde que me había enamorado de Edward. Las imágenes que Reneesme proyectó en mi cabeza, tocaron justo las emociones enterradas que yo había dejado escondidas en mi mortalidad. Esa sensación de impotencia, ese creer ser un estorbo, un obstáculo incómodo y peligroso que pesaba sobre la espalda de la familia Cullen. Una sensación que desapareció en cuanto me transformé en vampiro.

Abrí los ojos. Ella me miraba expectante, dudando de mi reacción. Quería con tantas ganas poder trabajar con las brujas que esperaba convencerme con esas imágenes. Y lo había hecho. Recordarme a mi misma frente a esos peligros, a pesar de saber que mis amigos me protegerían con su vida, me habían hecho sentir siempre impotente. Tal vez Amanda y Olivia podrían ayudar a Reneesme con sus conocimientos, pero aún así yo no la quería en medio de una guerra.

Esto estaba siendo tan confuso. Tenía que pensar, tenía que hablar con Edward, con Alice. No podía llegar y decirle a mi hija que sí, si luego siete vampiros y un licántropo la encerrarían en un sótano en contra de su voluntad para mantenerla con vida.

Tomé una bocanada de aire. Su olor se convirtió en sabor en mi boca, la dulzura de su sangre inundó mi cuerpo. Su vida, que yo había protegido con la mía, palpitaba con todos sus movimientos, exhalando vitalidad.

Tenía todo un futuro por delante…

Ahora yo estaba confundida, no sabía qué era lo correcto. Las dudas se reflejaron en mi cara, mis cejas estaban torcidas, mis dientes mordían con fuerza mi labio inferior. Todo mi cuerpo estaba tenso. Me friccioné la cara con las manos, como tratando de crear una respuesta con el movimiento.

Luego la miré fijo, "no lo sé, tengo que conversarlo con los otros".

Mi duda le sonó más a una victoria, porque en su cara se dibujó una hermosa sonrisa inmediatamente después de escuchar mis palabras. Se lanzó a mis brazos y me apretó muy fuerte, aunque obviamente su fuerza no me era asfixiante. La abracé de vuelta cuidadosamente. Casi sin voz, mientras reposaba su cabeza en mi hombro, me susurró al oído, "gracias".

Yo me solté rápido de sus brazos, la tomé de los hombros y le dije con firmeza: "No te des por ganada eh, esto no está decidido aún. Tengo que hablar con el resto primero. Volvamos a la casa y les explicamos, ¿OK?".

Su cara cambió nuevamente de expresión. Se puso de pie frente a mí y tensó sus labios hacia delante, arrugando la boca como si quisiera dar un beso deforme, pero con tanto enojo en su mirada que esa opción ni se me pasó por la cabeza.

-Yo no pienso volver –sentenció.

Su malestar adolescente era tan ridículo que enrolé los ojos hacia arriba.

-¿Por qué no?

-No volveré hasta que papá se disculpe por gruñirme.

-No quiso hacerlo, se le escapó. No siempre podemos mantener la compostura cuando estamos bajo presión. Intenta ser más comprensiva por favor.

-No. Hoy no vuelvo. Mañana temprano estaré en la casa. Olivia llegará a las 9, así que tengo que estar para recibirla. Tal vez hable con papá en ese momento.

-¿Y dónde pretendes ir?

-Donde Jacob.

-¡Ja! Olvídalo – la sola imagen de mi hija durmiendo en la misma cama con Jacob me ponía los pelos de punta. Me puse de pie acercándome lo más posible a ella, dejando clara mi autoridad en este punto.

-¿Qué tiene? Es tu amigo, sabes que me cuida bien- se jugó la carta del "mejor amigo" con voz dulce. A veces podía ser tan manipuladora-. ¿Qué tiene de malo si me voy a su casa?- su inocencia sonaba cínica.

-No, ya te dije que no –sentencié.

-Pero mira, esto es bueno. Cuando yo no esté puedes aprovechar para conversarlo bien con todos. Yo mientras tanto, hablaré con Jacob.

-Pero no en su casa. Si insistes, anda donde Charlie –bien, eso estaba justo en el límite, papá no les permitiría dormir juntos y a ella no le hacía ninguna gracia la vigilancia de Charlie. Se había puesto muy escrupuloso con Jacob cuando supo que era "pretendiente" de su nieta; ahora no se ahorraba insidias con él.

-Está bien, es un buen trato. ¿Me llevas?

-No, te vas con Jacob – miré hacia el bosque y sonreí –Jake, ¿puedes llevar a Nessie donde Charlie? Si quieres te puedes quedar allá, pero durmiendo en el sofá, ¿te quedó claro? – Jacob caminó lentamente desde la oscuridad de los árboles hasta quedar al lado de Reneesme.

Obviamente, nos había seguido desde la casa. No podían vivir el uno sin el otro, por lo que supe que venía conmigo tanto porque lo escuchaba cerca, como por que lo conozco lo suficiente como para saber que no puede estar tranquilo si sabe que Reneesme está sufriendo, y más si está sola en el bosque.

A pesar de que él sabía que yo podía sentirlo escuchando nuestra conversación, había una cierta vergüenza en su cara cuando salió de la oscuridad.

Mantenía la mirada fija en el suelo, como disculpándose por su presencia. Nessie, por el contrario, se alegró de verlo; su cara cambio del enojo a la alegría cuando lo vio aparecer, y en cuanto estuvieron lo suficientemente cerca, le tomó la mano y le dijo con dulzura: "¿me acompañas?".

El asintió, aún sin decir palabra. Pero ahora había levantado la vista, analizándome con cuidado para intentar entender qué me traía yo entre manos, y por qué le estaba dando tanta seguridad a Reneesme de que podría entrenarse con las brujas y liderar a una tropa de híbridos contra los Vulturi. No quería que arruinara los avances que había hecho en la conversación con Nessie, ni menos que me hiciera volver a dudar, así que le hablé yo antes de que él pudiera preguntarme nada:

-Vayan rápido. Yo llamaré a Charlie desde aquí, traje mi celular. Después iré a la casa y les avisaré a los otros dónde están. Discutiremos sobre el tema durante la noche, mañana les cuento como me fue. Vayan con cuidado. –

-Gracias mamá. – Nessie tomó a Jacob de la mano y comenzó a arrastrarlo dentro del bosque por el camino de vuelta, pero su fuerza de medio vampira no era suficiente para moverlo y como él seguía aún fijo en mí, solo logró avanzarlo un paso.

Al sentir el esfuerzo que ella estaba haciendo para marcharse, soltó un pequeño bramido hacia mí:

-Están locas las mujeres de esta familia.-

-Vete luego Jacob –le contesté aburrida.

Cuando por fin se habían ido y me era ya imposible sentir los latidos de Reneesme y Jacob a la distancia, me puse de pie en medio del bosque. Principalmente tenía ganas de gritar, pero esto se contrastaba con la necesidad de silencio que tenía justo al mismo tiempo. Mis oídos eran sensibles a todo. Podía escuchar el viento nocturno mover lentamente las hojas de los árboles, el aleteo de los grillos que se apoyaban en ellas, los crujidos de las ramas, el movimiento de la vida, de la naturaleza.

Respiré hondo, dejando que mis pulmones muertos llenaran mi organismo del aroma que expelían los solemnes gestos de vida. Luego di un paso tentativo hacia delante. Las hojas crujieron al romperse con el peso de mi pie. El sonido que hacían al destrozarse era perfecto, una pequeña y calmada armonía, la metáfora que el mundo armaba sólo para mi: el símbolo de cómo mi vida, tal como la conocía, estaba a punto de romperse para siempre, únicamente debido a una decisión que solo yo era capaz de tomar. Volví a inspirar y di otro paso, el sonido se repitió. De pronto, una extraña fuerza nació dentro de mí, y antes de darme cuenta de que quería sentir el viento deslizarse por mi cara, ya estaba corriendo en medio del bosque.

Me movía como si estuviera siendo perseguida por algo, como si de mi rapidez dependiera la vida de todos aquellos a quienes amaba.

Tenía que ser rápida, tenía que poder….

Mis muslos se contraían con cada paso que daba, los olores seguían siendo vívidos a mí alrededor, y a pesar de que envolvían fugazmente mis narices, los podía distinguir individualmente sin problema: eucalipto, aniz, madera, pino, musgo, mariposas nocturnas, flores, miel, la piel de Edward cuando amanecía a mi lado, la primera vez que tomé a Reneesme en mis brazos, el recuerdo del agua fría ahogando mi cuerpo humano al lanzarme por el acantilado y los árboles que seguían escapando de mi carrera, esquivándome a la perfección, haciendo un ruido fugaz cuando los dejaba atrás, mientras en mi mente volvían a dibujarse las sensaciones pasadas, la risa de Emmet, el roce de la piel de Esme, los bailes de Alice, la sangre de Charlie palpitando por su garganta, la oscuridad del salón de ballet, el dolor de mi pierna cuando se rompió, el calor de mi sangre deslizándose por mi cara, la voz de Edward, la dulce voz de mi marido prometiéndome amor eterno el día de nuestro matrimonio, el dolor quemante de la transformación, el roce de su piel en la mía todas las mañanas, su voz hablándome, cantándome, su amor, el mío…

Un ruido a mis espaldas interrumpió mis pensamientos.

No estaba sola.

Dejé de correr inmediatamente, luego me giré agazapada en posición de ataque. No había sentido que me estuvieran siguiendo. Además de los sonidos del bosque, no podía identificar nada fuera de lugar. Agudicé mis oídos y mi vista. Comprobé que no había nadie cerca, al menos no lo suficiente como para que lo pudiera ver u oír, pero sí para sentirme observada: alguien o algo me estaba vigilando. Me moví lentamente entre los árboles. Ahora estaba muy lejos de casa; si algo me pasaba, nadie lo iba a escuchar, no podrían venir a ayudarme.

Seguí moviéndome, retrocediendo por el mismo camino que me había llevado hasta ese punto, guiándome de vuelta por mi propio aroma.

De pronto, una figura se movió a lo lejos, tan rápido que mis ojos no pudieron identificar qué era. Me acerqué lentamente, sin hacer ningún ruido, preocupándome de que ni siquiera las hojas sonaran a mis pasos.

Llegué hasta el lugar donde había detectado el movimiento, pero de nuevo encontré todo vacío, nada fuera de lugar. Decidí volver a casa…

"Bella", una voz me habló suavemente a mis espaldas.

Un recuerdo intentó asaltar mi memoria, pero no logré armar una imagen. Había una cierta familiaridad en aquél sonido que me llamaba, pero mi conciencia mantenía encerrada la respuesta, probablemente en aquél lugar donde estaban guardadas la mayoría de mis experiencias humanas.

Pasaron unos segundos y yo aún no me movía. Mientras un escalofriante instinto me recomendaba empezar a correr, mi cerebro estaba ocupando toda su concentración en intentar recordar a quién pertenecía la voz que me llamaba. Finalmente me encogí de hombros y me rendí a la necesidad de saber quién me llamaba. En el momento en que decidí dejarme llevar por la aparición que se manifestaba frente a mí, logré recordar el sonido de la voz de mi abuela materna, diciendo mi nombre.

-Bella, hola – sus dulces ojos cafés me miraron con cariño-. Me recuerdas aún, ¿o me equivoco?

Estaba vestida con un vestido beige o café claro que le llegaba hasta el suelo, dejando entre ver sus pies. Iba descalza. Su pelo seguía siendo castaño, pero me pareció más claro de cómo lo recordaba.

Mi abuela estaba muerta desde hacía ya muchos años, incluso desde antes que conociera a Edward. Pero sin duda, era ella frente a mí. Esto no podía ser real, tenía que ser un sueño.

El problema es que yo no soñaba, ni dormía, un vampiro no necesita descanso…entonces, ¿un fantasma?

-¿De verdad crees que soy un fantasma? – me preguntó calmada, dejando que su cara se llenara de una bellísima sonrisa, igual a la que tenía cuando estaba viva.

Sus manos se alzaron hacia mí, como ofreciéndome un abrazo. El gesto me confundió más aún, ¿un fantasma tiene cuerpo?

-¿Qué es todo esto abuelita? – no pude ocultar mi tono de voz.

Mi ansiedad se escapó sin querer y mis cejas se curvaron, arrugando mi frente y dejando en evidencia mi inseguridad frente a su imagen. Ella bajó los brazos y dejó de sonreír. Su cara se había puesto grave, sus ojos ahora estaban duros sobre mi figura. El cambio de humor en la aparición de mi abuela muerta me puso más ansiosa aún, un escalofrío recorrió mi cuerpo.

Pensé que si no hubiera sido un vampiro, a estas alturas ya estaría desmayada o híper ventilando con la cabeza entre las rodillas; sentirme capaz de defenderme sola me dio un poco más de coraje.

Se acercó a mí, dejando solo medio metro de distancia entre las dos. Estaba ahora tan cerca que podía sentir un calor, una energía fuerte venir desde ella. No había vida en su cuerpo, al menos nada apetitoso ni comestible: ni latido, ni sangre, ni respiración, nada que pudiera generar esa energía vital que despertaba la sed en mi garganta.

Ella tenía forma de cuerpo humano y sin duda emanaba un extraño calor muy parecido al de los seres vivos, pero no me cabía duda: ella no era una persona común y corriente.

-Bella, abre tu mente por favor.

-Estoy aquí. ¿Qué eres, qué quieres? – mis palabras sonaban como una súplica, pero mi voz se mantenía con una sonoridad normal.

-Necesito que aceptes esto. Que me aceptes a mí.

-¿A ti?

-Yo soy una parte de la luz, pero no soy un fantasma. Elegí manifestarme frente a ti, para ayudarte a tomar la decisión correcta, para que enfrentes tu destino, ¿crees que estaría dando vueltas y perdiendo el tiempo si no fuera absolutamente necesario? –. Si, definitivamente era mi abuela.

La ironía en su tono de voz relajó mi postura, no había nadie mejor que ella para disolver con humor negro los momentos tensos.

Sonreí levemente y me acerqué un paso hacia ella.

-Las cosas no están escritas, eso lo sé, no me vengas a vender el cuento del destino. Deberías saberlo tú también -. Respondí con el mismo tono sarcástico.

-Puedes elegir, eso es cierto. Pero vengo desde la luz, para pedirte que te dejes guiar por nosotros. Acepta lo que las mujeres te han venido a mostrar, ayúdalas.

-¿Quieres que le permita a mi hija enfrentar un peligro tan grande que la puede matar? – tal vez no era mi abuela después de todo. Reneé era inmadura y hacia locuras, pero su madre era absolutamente el contrario: siempre pensaba antes de actuar, parecía que nunca nada la tomaba por sorpresa.

Esa planificación, esa seguridad con la que vivía y lograba que todo resultara como ella quería, nos había acercado mucho durante mi infancia. Por su parte, ella quería lograr conmigo cosas que obviamente habían fracasado con mi madre, y yo en cambio, quería sentirme segura y protegida por una figura materna estable y cariñosa. Cuando estaba viva, éramos muy amigas. Falleció antes de que me mudara a Forks.

-Ella debe hacer esto y tú la tienes que ayudar. Todo lo que hay en el mundo está al servicio de vuestro bienestar; mientras lo utilicen correctamente, no les ocurrirá nada malo.

-Hasta donde yo tengo entendido, mi "especie" no puede gozar de los bienestares de la vida. Yo soy una asesina inmortal, no hay vida en mí y más encima mis instintos me llevan a matar-. Intenté sonar lo menos bíblica posible, pero lo único que logré fue sonar sarcástica.

El comentario hizo que mi abuela pusiera los ojos en blanco. Me dieron ganas de reírme de su gesto, pero no era el caso perder el tiempo en pequeñeces; mis dudas eran importantes, y si ella de verdad tenía respuestas, yo las quería escuchar lo antes posible.

-Tú eres parte del ciclo, eres parte de la luz. Ahora no hay fuerza vital en tu cuerpo, pero sigues siendo un fragmento del Universo.

-No te sigo. No tengo vida, eso lo sé. Pero, ¿cómo voy a ser parte de la luz si no tengo alma? –su mirada se volvió compasiva.

Inclinó el mentón ligeramente hacia la izquierda, como si estuviera mirando a un niño hacer una gracia.

-Oh, Bella. Tú sabes que sí tienes alma. Es solo que está escondida, protegida en otra parte de ti. Las cosas ya no son como cuando estabas viva, pero ten la certeza de que en el Universo nada muere, todo se transforma, y tu alma no es la excepción.

Eso sí que era una buena noticia. Si esta aparición era el fantasma mi abuela, y a estas alturas no tenía dudas sobre eso, entonces decía la verdad, los vampiros sí tenemos alma. Mi abuela nunca me mintió cuando las dos éramos humanas, ahora no tenía por qué ser diferente: en esencia, seguíamos siendo las mismas.

-De todas maneras es muy complejo para que lo entiendas ahora. Lo importante es que permitas que Reneesme aprenda las enseñanzas de la tierra, y siga el camino que se le está pidiendo que tome.

-El camino de la luz… un camino que los vampiros ya no podemos seguir.

-Hija, los corderos son diferentes, pero la luz es la misma. Hay luz en ti, pero no la puedes utilizar. Ahora tienes otras herramientas –se detuvo abruptamente y dirigió la mirada hacia la derecha. Los surcos de su boca se alzaron ligeramente, esbozando una sonrisa -. Ahora me tengo que ir, pero sigue mi consejo Bella, he venido en nombre de la vida, para pedirte que nos ayudes a protegerla.

-Pero…, abuela - no pude terminar, su imagen se estaba volviendo borrosa, estaba desapareciendo lentamente ante mis ojos.

Su nueva transparencia me desconcentró, no pude recordar lo que le estaba diciendo. Podía ver el bosque a través de su vestido. Sí, seguro era un fantasma.

Su voz firmé volvió sonar, y fue como si me estuviera forzando a concentrarme en sus palabras.

Nuevamente la miré a los ojos, intentando grabar todo lo que decía en mi memoria.

-Díganle a sus hermanos que confíen en vuestras decisiones, que no están solos en esta existencia, que son parte de la luz, del Universo. Y que por la vida que han decidido llevar, lejos de la sed y de las matanzas, han sido considerados como una pieza clave en el nuevo orden. Pero tienen que aceptar ser parte del plan, para que así los sacrificios que han hecho durante años, puedan rendir frutos en esta vida, ahora.

-No te vayas abuela, por favor.

-Te quiero hija, estoy orgullosa de ti.

-Yo también te quiero –susurré, pero ya había desaparecido. El calor que rodeaba su figura se esfumó tan rápido como su imagen.

Nuevamente el bosque volvía a la tranquilidad, y yo seguía siendo la misma, inmóvil, sola, muerta.

Reflexioné un par de segundos sobre las palabras de mi abuela y me dí cuenta qué era lo que tenía que hacer, cuál era mi rol en el perfecto plan del Universo o de La madre, como le llamaban las brujas.

Debía permitir que Reneesme fuera a la guerra, que se transformara en una bruja vampiro, que guiara a una raza entera en la batalla, que reestableciera el equilibrio, que protegiera, esta vez ella por mí, todo lo que conocíamos y amábamos.

Pero no solo tenía yo que aceptar su destino, también tenía que ayudarla a realizarlo.

Mientras reflexionaba, el silencio volvió a su estado normal.

Tenía que regresar a la casa, pero me era imposible dar un paso. Debía ordenar mis ideas, asimilar lo que había sucedido, entender… Pero no tenía fuerzas para nada. Ya no quería correr, no quería pensar. Sentí fuertes deseos de ser humana de nuevo, para poder encontrar consuelo en el sueño, en el apoyo de mi cabeza sobre la almohada, lograr ese estado de inconciencia en el que los problemas no queman, en que las dificultades se pueden posponer, aunque sea por unas horas.

De pronto, mis pensamientos se vieron interrumpidos por la alarma de mis instintos: un olor familiar se abría paso por el bosque, acompañado de pasos ligeros.

Era ese andar tan conocido…

Cerré los ojos y dejé que llegara a mí. Sus brazos rodearon mi cintura, su cuerpo se ciñó a mi espalda, mientras su respiración se acomodaba tranquila en mi cuello. Lo sentí inspirar el aroma de mi pelo mientras su abrazo se hacía más fuerte y protector. Con él cerca, todo era más sencillo. Me dejé llevar por la tranquilidad que su presencia siempre infundía en mí y nos quedamos en silencio unos segundos más, unidos en un abrazo.

Luego su voz calmada me preguntó con un susurro al oído, "¿está todo bien? Llevas más de una hora aquí, estaba preocupado".

No supe qué decirle, cómo empezar, con qué palabras, con qué frases podía explicar lo que me había sucedido, el extraño encuentro con el fantasma de mi abuela y las cosas que me había dicho. El alma… nosotros, la tarea que teníamos que llevar a cabo.

Me giré lentamente, cuidadosa de evitar que sus brazos me soltaran. Lo abracé con fuerza, hundiendo mi cabeza en su pecho para sentirme protegida y acurrucada, para no tener miedo. En la tranquilidad de su cariño recordé nuevamente lo que me había revelado mi abuela, pero noté algo que antes había pasado por alto: en sus últimas palabras se estaba dirigiendo a más de una persona; me hablaba a mí, pero en plural.

Entonces supe lo que tenía que hacer.

Identifiqué la capa invisible que protegía mi cerebro de su habilidad de leer mis pensamientos, y la dejé descansar, abriendo mi mente a Edward para que él pudiera ver lo que yo había visto, sin tener que explicárselo con palabras.

Se quedó callado mientras observaba en mi memoria los eventos de esa noche. La conversación con Nessie, mi carrera por el bosque y luego mi reunión con mi abuela y las cosas que me había dicho. Me preocupé de traspasar con cada detalle el último mensaje, aquél donde habló en plural, aquél en el que se dirigió a Edward y a mí.

Supe que había terminado porque su abrazo se hizo más fuerte. Nos mantuvimos en silencio en medio del bosque por varios minutos.

Luego me dio un beso en el pelo.

-Entonces está decidido. Volvamos a la casa, habrá que convencerlos.