Las Hermanas

Apenas salió el sol me senté en las escaleras del porche. Habíamos estado discutiendo toda la noche, no convenciendo al resto, sino armando teorías sobre cómo pretendían los humanos atacar a los Vulturi, cuántos vampiros estarían de nuestro lado si el conflicto llegase a una guerra, y sobre todo, especulando cómo sería el entrenamiento de Reneesme, una vez que hubiéramos dado nuestro consentimiento.

Todas discusiones extenuantes, por lo que apenas despuntó el alba aproveché como excusa el inminente arribo de las brujas y me alejé de los debates, plantándome como vigía en el portal de la casa.

Fue muy fácil obtener la aprobación del resto de la familia. Supongo que ayudó el que todos confiaran ciegamente en el criterio de Edward, con todo el tema de leer la mente y su impecable comportamiento a lo largo de su existencia (hasta que se enamoró de mi, claro está). Pero estoy segura de que el cierre de la discusión vino después que les describimos mi encuentro con el fantasma de mi abuela y la nueva información sobre la luz, el destino de Reneesme ligado a nuestra ayuda y, sobre todo, la certeza de que la teoría de Carlisle era cierta: los vampiros sí tenemos alma.

Cuando les contamos toda la historia con lujo de detalle, la decisión del grupo fue irrevocable: nos íbamos a la guerra junto a los humanos, derrocaríamos a los Vulturi y liberaríamos a los híbridos a toda costa.

El primer paso sería acoger a las brujas. Decidimos que no podíamos dejarlas dormir en un hotel, así que les ofreceríamos la cabaña donde vivíamos con Edward y Nessie apenas llegaran por la mañana. Luego conversaríamos sobre el método de aprendizaje que ayudaría a Reneesme a prepararse para la guerra. Cuando todo eso estuviera listo, nos enfocaríamos en armar el bando de los vampiros y los pasos que teníamos que seguir nosotros, mientras que las hermanas hacían lo suyo.

Por supuesto, estaríamos vigilando todo lo que sucediera entre las dos brujas y Nessie. No podíamos oírlas, no escuchábamos sus corazones, mucho menos sus conversaciones, por lo que la única opción era tener a Jacob vigilándolas de cerca. Basándonos en el poco tiempo que podían estar separados con Nessie, supusimos que ni a Amanda ni a Olivia le sería un inconveniente aceptar una condición que venía directamente desde su nueva aprendiz.

Cuando salió el sol, Alice ya se estaba encargando del futuro. Como ahora la presencia de los híbridos en nuestro porvenir era una certeza, tenía que aprender a superar el bloqueo que normalmente ellos le suponían, así que andaba malhumorada por el esfuerzo extra que esto le implicaba. Jasper estaba siempre junto a ella, especulando teorías de ataque, posibles estrategias contra un ejército tan bien organizado como el de los italianos, e identificando nuestros posibles flancos débiles en la batalla. Pero debido a las inminentes jaquecas de Alice, los dos se escaparon al bosque apenas despuntó el alba, para poder estar tranquilos y cumplir más fácilmente sus objetivos.

Rosalie por su parte, refunfuñó exageradamente desde el momento en que Edward y yo les comunicamos la decisión de apoyar a Reneesme en este entrenamiento, atacándonos con todos los argumentos que tenía a mano e intentando persuadir al resto sobre lo estúpido que era "sentenciar a muerte a una pequeña que no tenía más de tres años". Esme, buscando apaciguar las aguas, se la llevó en una incursión doméstica a la ciudad, con el objetivo de abastecernos de provisiones para nuestras nuevas invitadas y proveer a Reneesme de la ropa apropiada para su nuevo diario vivir. Pero como a ninguno de nosotros nos quedaba aún claro en qué consistía esta nueva forma de vida, decidió que iba a comprar todo lo que pudiera serle necesario, desde ropa militar contra el frío, hasta túnicas para meditación budista. A ninguno nos preocupaba mucho el tema, pero era una excusa lo suficientemente buena como para arrastrar a Rosalie fuera de la casa.

Emmet no quiso acompañarla. Una actitud que me resultó un tanto extraña, y que hizo a Edward levantar una ceja cuando su hermano dijo que se quedaría para "vigilar en caso de una emergencia". Se notaba que algo lo molestaba, porque desde que las mujeres se fueron de la casa la noche anterior, su andar era más inquieto de lo normal: no se mantenía en un solo lugar durante mucho tiempo y vigilaba por la ventana esporádicamente.

Le pregunté a Edward qué le sucedía a Emmet, pero se limitó a responder con una sonrisa burlona y un simple "Ya veremos".

Los que quedamos en la casa en la mañana, éramos Carlisle, Edward y yo. Mientras ellos sacaban planos de Volterra y libros de metafísica, física cuántica y brujerías varias, yo aproveché para sentarme a esperar la aparición de las hermanas.

La hora pasó lentamente; a las 9 de la mañana, ni las humanas ni Nessie se habían aparecido por la casa.

Me estaba poniendo un poco ansiosa.

Con los dedos empecé a raspar la baranda de la escalera. No me di cuenta cuánto rato estuve en esa actividad; no debió haber sido poco, porque a pesar de la suavidad con la que dejaba que mi uña se deslizara automáticamente por la madera, un pequeño cúmulo de aserrín se juntó en el piso, justo debajo de mi mano. Me percaté de eso porque Edward, desde el estudio de Carlisle, me advirtió con su suave hablar, que si llegase a romper la baranda, Esme se enojaría mucho conmigo (uno de los beneficios de tener gran audición).

Su voz me sobresaltó. Miré ansiosa el suelo debajo de mi mano y me di cuenta de que estaba literalmente destruyendo el inmobiliario del jardín. Pero no tuve tiempo de preocuparme demasiado, porque justo en el segundo en que despegué la vista del camino que traía a los autos desde la carretera, las dos hermanas se hicieron visibles en el horizonte.

Caminaban tranquilas, como lo haría cualquier par de mujeres que conversan desinteresadamente mientras se dirigen a la universidad. Y digo universidad porque la juventud de sus movimientos sugería que no pasaban de los 23 años. Amanda tal vez sí, no lo tenía muy claro, pero Olivia seguro había recién salido de la secundaria, sería no más de dos años mayor que yo… cuando morí. El día anterior no habíamos tenido tiempo de ahondar en ese tipo de trivialidades, pero ahora que las podía analizar más detenidamente, su juventud me asustaba un poco, ya que sugería que eran brujas nuevas.

Y si los vampiros neófitos y los licántropos adolescentes son peligrosamente descontrolados, tal vez las –brujitas- también lo eran.

No llevaban nada llamativo, por lo que no pude anticipar por su vestimenta qué tipo de actividad tenían planeada para la primera jornada. Olivia llevaba puesta una minifalda negra, muy ajustada, que dejaba sus perfectas piernas al descubierto. Su belleza era mucho más sensual y atrevida que la de su hermana mayor. La blusa verde limón que tenía, a pesar de ser muy holgada, dejaba su pecho mucho más expuesto de lo que yo podía entender como "sobrio": el escote era tan largo, que debajo llevaba un peto negro que le tapaba el busto pero mostraba un pedazo de su vientre. Vestida así se asemejaba más una bruja de película adolescente que a una sacerdotisa.

Amanda en cambio, no había variado mucho su "look" al de la noche anterior. Llevaba una capa mucho más ajustada, pero seguía cubriendo su larga cabellera roja con un poncho. La caída de la tela sobre su cara me recordó a los elfos de las historias de Tolkien, lo cuál en nuestra situación no me parecía una comparación descabellada. La capa beige le llegaba hasta los talones, pero por su caída en diagonal hacia atrás, no alcanzaba a envolver la parte frontal de su cuerpo. También exhibía las piernas, aunque mucho menos que su hermana, ya que el vestido negro que llevaba le cubría hasta unos dos centímetros antes de las rodillas, una diferencia de al menos diez centímetros en comparación con la falda de Olivia. Su escote era recto. Hasta donde la capa me permitía ver, llevaba los hombros descubiertos y las mangas del vestido le cubrían hasta la mitad del bíceps.

Las dos se veían despampanantes mientras se acercaban a paso ligero y despreocupado. Si no hubiera sido porque contaba con mi belleza de vampiro, me hubiera sentido en desventaja ante las brujas, pero esas inseguridades habían quedado atrás. Ahora era una mujer (vampira) felizmente casada y madre de una adolescente en pleno crecimiento.

Cuando finalmente llegaron a la casa, se detuvieron frente a mí para saludarme. Esbozaron una amplia sonrisa y un "Hola" al unísono antes de que Olivia se agachara hacia mí para besarme en la mejilla. Un acto imprudente considerando que la cercanía entre mis dientes y su yugular era tan mínimo, que me hubiera tomado menos de un segundo quitarle la vida.

Me quedé pasmada de la impresión. En un primer momento había abierto la boca para devolver el saludo, pero tras la acción de Olivia me vi forzada a cerrarla rápidamente y contener la respiración para evitar la tentación.

Amanda se río de mi gesto: "Desde donde venimos solemos saludar de beso en la mejilla. Disculpa, no estamos acostumbradas a pedir permiso, ¿te molesta?".

Seguro que ella era lo suficientemente inteligente como para saber que mi cara de molestia no se debía al beso, si no a la sangre revoloteando a centímetros de mi nariz. Fruncí el ceño en respuesta, considerando su actitud casi como una falta de respeto.

Las dos me quedaron mirando atónitas. Olivia comenzó a jugar con sus dedos, observándolos de cerca, en un gesto que me pareció signo de vergüenza. Amanda me miró fijo a los ojos, sonrió nuevamente y dijo: "No te preocupes por nosotras Bella, hemos bloqueado todas las cosas que nos hacen una cena apetitosa para ustedes. Es lindo de tu parte no respirar cerca de nosotras, pero inténtalo una vez, verás que no te morirás de sed".

Estiró su brazo hacia mí y me ofreció su mano para que me levantara. Nuevamente supuse que ella sabía que no necesitaba ayuda, por lo que tomé el gesto como una señal de despreocupación, para que igualáramos nuestras posiciones y dejáramos de lado la relación predador-presa. Me encogí de hombros y tomé su mano, cuidando de no ejercer mucha fuerza al apretarla. Al tocarla dudé nuevamente de su confianza con eso del "bloqueo", porque no había podido eliminar su calor corporal del menú: su mano era tibia y suave, sugiriendo la sangre que debía correr por sus venas.

Volví a fruncir el ceño y la solté de golpe.

"Vamos, confía en mi", Amanda y su maldita sonrisa que ahora se me hacía cargante.

"Si tú lo dices, es bajo tu responsabilidad", le respondí entre dientes. Olivia río y luego se puso detrás de su hermana para abrazarla por la espalda, rodeándole la cintura con los brazos y entrelazando sus dedos con los de ella. Dejó su mentón reposando en el hombro derecho de su hermana y luego me miró con impaciencia, "¿No te vas a tomar todo el día o si?".

Dejé caer abruptamente la cabeza hacia atrás, desconcertada por su comentario y volviendo a sentir como si estuvieran rompiendo las reglas. Tres segundos después inspiré todo el aire que pude.

Pero nada, lo único que olía era el bosque, el aserrín del piso, las esencias que venían desde la casa y el inconfundible aroma de Edward.

-¿Cómo lo hacen? – pregunté enderezando la cabeza y alzando considerablemente la voz.

Olivia cerró los ojos y sonrió, arrugando todos los pliegues de su cara mientras señalaba su sien con el dedo índice, dándose tres pequeños golpecitos en la cabeza a modo de respuesta.

Ya, no te pongas presuntuosa – replicó rápidamente Amanda a su hermana, moviendo los hombros para soltarse de su abrazo –deja de burlarte de mí.

-No te pongas grave Amanda, reírse de ti es tan fácil, que estaba ocupando el recurso que tenía más a la mano para relajar a la pobre Bella que creía que se iba a servir un "omelet de brujas" de desayuno –.

Definitivamente Olivia era la que mejor me caía, no pude evitar sonreírle.

-¿Ya llegó Nessie?

-¿Cómo estás Bella? –la interrumpió Amanda mirando a su hermana de reojo y poniendo los ojos en blanco antes de dirigirse a mi, censurándole el cambio de tema.

Olivia se percató de lo abrupto de su comentario: abrió los ojos y apretó los labios, como auto censurándose por no preocuparse de mi estado post- inspiración.

-Supongo que bien, un poco confundida. Nessie aún no llega, Olivia –les respondí, mirándolas directamente a los ojos, primero a Amanda y luego a su hermana.

Quería hacerlas sentir cómodas después de mis expresiones de enojo, ahora que estaba mucho más relajada e intentando sonreír. Quería de todo corazón llegar a conocerlas y confiar en lo que me decían, en que sus habilidades eran buenas y naturales.

Pero por ahora no podía relajarme del todo.

- Eh… ¿quieren pasar a tomar desayuno? Esme debe de estar por llegar, salió a comprar un par de cosas para recibirlas. Las hemos estado esperando.

La invitación fue muy bien acogida. Olivia se puso el cabello detrás de las orejas, y luego, mientras friccionaba rápidamente sus manos exclamó con entusiasmo, "Que rico, muero de hambre", olvidándose de todo el incidente del saludo.

Amanda en cambio, agachó levemente la cabeza haciendo una reverencia y mirándome a los ojos para darme las gracias. Después consideró que era una buena idea tener un momento para hablar antes de que llegara Reneesme.

Entraron a la casa detrás mío y se sentaron juntas en el mismo sofá blanco donde habían recibido gruñidos y miradas inquisidoras la noche anterior, mientras que yo iba a la cocina a hervir agua para el café.

Estando lejos de ellas, entre dientes y muy despacio susurré, "Ya llegaron, bajen a recibirlas", para que Edward y Carlisle se hicieran presentes en el living y las acompañaran mientras yo les servía desayuno Y también para que aprovecharan de atenuar la poco acogedora (y extraña) actitud de Emmet, que no dejaba de mirarlas fijamente desde el comedor, como si ellas estuvieran a punto de explotar o él a punto de comérselas.

Cuando estuve lista, con el banquete preparado y servido en el comedor, nos instalamos cada uno en una silla para poder conversar. Las brujas estaban una al lado de la otra, frente a Edward y a mí, que también estábamos sentados juntos, frente a ellas; Carlisle y Emmet ocupaban las cabeceras.

En un principio hubo un silencio incómodo, con sonrisas que iban y venían entre Amanda y nosotros, mientras que Olivia se concentraba en repartir la mantequilla de manera perfectamente uniforme a lo largo de las tostadas y luego en saborearlas con tanto entusiasmo que me dieron ganas de poder digerir la sangre animal con la misma satisfacción.

El primero en romper la incomodidad de la situación fue Emmet, pero el resultado terminó siendo aún peor:

Continuando con su extraño comportamiento, y tras al menos un minutos mirando inexpresivamente a Olivia mientras comía, la interrumpió preguntándole con desdén, "¿Siempre haces tanto ruido mientras comes?".

Los tres lo miramos con ojos redondos, desaprobando tácitamente su comentario. Olivia en tanto, dejó inmediatamente de masticar su tostada y se forzó a tragar lo que tenía en la boca, mirándolo fijo a los ojos con gesto de interrogación más que de vergüenza. Se inclinó hacia él, que estaba sentado a su izquierda en la cabecera, apoyando los codos paralelos sobre la mesa y reclinando el torso suavemente hacia adelante, quedando a pocos centímetros de él. Luego con una sonrisa le contestó:

"No puedo evitarlo, es que está muy rico, ¿quieres?". Las aletas de la nariz de Emmet se expandieron mientras entrecerraba los ojos, como si de verdad el ruido de la mandíbula de Olivia le diera una rabia incontrolable.

Ninguno de los dos aflojaba la mirada.

Gracias a Dios, Edward interrumpió la respuesta de Emmet con una fuerte carcajada, que sonó lo bastante genuina como para disolver el ambiente. Olivia hizo como si nada, volvió a su posición y tomó distraídamente un sorbo de café, mientras Emmet fulminaba a Edward con los ojos.

Miré al techo aburrida, sabiendo que estaban secreteándose sobre algo que yo no podría saber todavía, así que cambié de dirección y volví mi atención sobre Amanda.

-Entonces –dije intentando sonar casual y acomodándome calculadamente el cabello detrás de las orejas -¿Cómo funcionará todo esto?

Dudó antes de contestar, su cara era de sorpresa.

-Que buenas noticias nos das, Bella, ¿Han aceptado la alianza? –dejó los labios entreabiertos y sostuvo la respiración. Sus facciones se habían vuelto solemnes.

Olivia dejó la taza a medio camino entre el plato y su boca, mirándome boquiabierta. Tal vez porque esta decisión era importante para ellas y no estaban esperando que sucediera tan pronto. Me pareció extraño que no hubieran sobrentendido, por nuestra hospitalidad, que habíamos desechado los prejuicios en su contra.

-Oh, eh, si. Lo estuvimos discutiendo anoche… - "con mi abuela muerta y nos pareció una buena idea matar a los Vulturi"- y decidimos que queremos confiar en ustedes.

-Nos parece una buena opción dejar que Reneesme reciba vuestra ayuda para conocer su lado humano –explicó Carlisle dedicándome una sonrisa paternal –. Mientras tanto, nosotros discutiremos los detalles de esta alianza, los problemas que puede traer para nosotros en el mundo de los vampiros y bueno, la posibilidad de ir a la guerra.

-Me parece una sabia decisión Carlisle –contestó la mujer –. Nosotras estaremos aquí para satisfacer todas sus dudas mientras nos encargamos de iniciar a Reneesme.

-Hablando de eso, ¿existe algún… plan de trabajo? –pregunté sin poder evitar el nerviosismo en mi voz.

Todos somos distintos, nuestra relación con la luz depende de nuestra conciencia. No hay una forma de trabajo preestablecida para cada persona. Dependerá de Nessie definir un plazo y una forma de trabajar.

Una vez más, Amanda sonaba hablando en japonés y yo comprendiéndola en chino. Abrí los ojos, levanté un poco las cejas y curvé hacia abajo las comisuras de mi boca, demostrando la mezcla de incomprensión e inseguridad que me generaban sus palabras.

-¿Qué es lo que va a aprender Reneesme exactamente? –preguntó Edward tranquilo, pero para mí, evidentemente actuando para ocultar su angustia.

-¡Muchas cosas! –respondió Olivia con entusiasmo.

Ya había terminado su desayuno y nuevamente se inclinaba sobre la mesa, acercándose más a nosotros y dejando claro que el tema de las habilidades era uno de sus favoritos.

- Partiendo por ser imperceptible para los sentidos de los vampiros –giró la cabeza y sonrió burlonamente a Emmet, levantando las cejas dos veces, como jactándose de que este no podría acercarse a ella –.Lo básico es mover objetos y comunicarte telepáticamente con tus hermanos, pero si uno se dedica lo suficiente, puede llegar a ver el futuro, potenciar la fuerza y la velocidad… ¡incluso podría llegar a levitar!".

-Esa es una práctica antigua entre humanos –explicó Carlisle ante nuestra cara de perplejidad –. La levitación como el mayor logro de la meditación.

-¿Has intentado levitar alguna vez? –le preguntó rápidamente Olivia al doctor –. Yo llevo años intentándolo pero no pasa nada. No se trata de decir "OM" y ya está. Es más complejo de lo que lo pintan en los cómics, eso te lo puedo asegurar.

-No seas atarantada hermana, por favor –dijo Amanda, nuevamente poniendo a Olivia en su lugar.

Al parecer, la menor de las hermanas se dejaba llevar seguido por sus impulsos, haciendo que la otra tuviera que corregirla todo el tiempo.

-Lo que pasa es que no entienden lo que somos Amanda. Llegamos y les hablamos de la luz como si fuera un interruptor que prendes y apagas así sin más. Les explicamos una cosa y eso les genera otras mil preguntas más. Y para peor, tus palabras rebuscadas de suma sacerdotisa no ayudan a los vampiros a entender. Entonces ya no es muy divertidito estarles explicando cada detalle de cada cosa.

-Bueno pero tus arrebatos tampoco ayudan, ya ves como tienes a Emmet ahí, que no ve la hora de que te quiebres el cuello intentando levitar.

Emmet se rió entre dientes con ese comentario. También intuía una ligera tensión entre la discusión de las brujas, por lo que trató de esconder el sonido de su risa, aún sabiendo que los vampiros de la casa la escucharíamos.

Olivia no contestó. Apoyó la cabeza sobre su mano derecha, perdió la mirada en el techo y comenzó a mordisquear su labio inferior.

Amanda no le prestó atención y se dirigió a mí.

- ¿Dónde está Reneesme?

Le iba a contestar pero nuevamente mi intento de comunicación se vio interrumpido por un sobresalto de Olivia, que se había enderezado en la mesa, como si hubiera recién entendido algo importante y estuviera gritando "¡Eureka!".

-Ya sé cómo vamos a arreglar esto –dijo sonriendo a su hermana que la miraba con recelo, dudando de su criterio.

Luego cerró los ojos y puso las palmas de sus manos sobre la mesa, quedando derecha sobre un eje invisible, que dejaba su columna, su cuello y su cabeza claramente alineados.

Amanda miró al cielo, dejó caer la cabeza hacia atrás y luego volvió a mirarla con impaciencia.

-Olivia, ¿qué estás haciendo ahora? –su tono de voz era más bajo que el que ocupaba normalmente, como si estuviera avergonzada del comportamiento de su hermana.

Carlisle observaba a la joven con mucha curiosidad, tanto que parecía que en cualquier minuto se iba a levantar a tomarle el pulso para ver cómo funcionaba su cuerpo mientras hacía magia. Emmet volvió a entrecerrar los ojos para mirar a Olivia, como si estuviera condenando su actitud.

Yo comencé a girar la cabeza para todos lados, revisando el lugar por si los objetos nuevamente comenzaban a flotar en el aire. Pero todo estaba en su lugar, así que esto tenía que ser algo nuevo, a pesar de que el calor que estaba surgiendo lentamente desde el cuerpo de Olivia era el mismo que las brujas habían emanado la noche anterior, cuando levitaron a Jacob y a Emmet. El mismo también, que sentí cuando se apareció frente a mí el fantasma de mi abuela.

Treinta segundos después, Olivia abrió su ojo derecho para inspeccionar el escenario. Parecía una niña con pesadillas, que revisa si es que está sola en la oscuridad de su pieza. Su posición siguió recta mientras movía el ojo abierto de un lado a otro, luego fijó la mirada sobre Edward.

Cuando sus miradas se encontraron, Olivia abrió el otro ojo y le preguntó, "¿Te parece una buena idea?".

Edward le sonrió con una mezcla de ternura, satisfacción y sorpresa.

-Es la mejor idea que has podido tener.

-¿Qué pasó? – preguntó Emmet.

-¿Cómo lo hiciste? –Edward lo ignoró.

-Oh bueno, es muy fácil. Solo tuve que identificar tu color en mi capa protectora y sacarlo de ahí –contestó Olivia, como si todos pudiéramos entenderla.

-¡¿Que hiciste qué Olivia?! –le gritó Amanda mientras se ponía de pie golpeando la mesa.

La fuerte reacción de la pelirroja nos impactó a todos, pero sobre todo a Emmet que le gruñó muy bajo, alzándose de su silla y nuevamente acaparando toda nuestra atención: Carlisle y yo nos pusimos de pie, listos para defender a las humanas del posible ataque de Emmet.

Edward lo miró desde su asiento y enroló los ojos hacia atrás. Luego se puso de pie para enfrentar la molestia de Amanda, ignorando la amenaza que su hermano le había hecho a la bruja.

Mi atención estaba dividida, no sabía en qué concentrarme más, si en el enojo de Emmet o en el enojo de Amanda.

Giré varias veces la cabeza entre las dos figuras, hasta que Edward habló.

-Amanda. Vamos, tranquilízate…

La bruja mantuvo el silencio.

-Emmet… - susurré.

Nuevamente no hubo respuesta. Todos se mantenían en silencio, sosteniendo la mirada sobre la bruja y el vampiro.

Con sus grandes músculos y su mirada penetrante, Emmet no dejaba tranquilos los ojos de Amanda.

-Hermana… - finalmente habló Olivia – me parece que esta es la mejor manera de hacerlos entender…

-No puedes…

-Lo sé, perdóname. Pero es que ya no soy una niña….

-No es el momento de discutirlo, sabes…

Olivia mantuvo firme su mirada sobre Amanda. Pero no fue hasta que ella le habló que se decidió a tocarla. Le tomó la mano con gentileza y luego le sonrió, obteniendo de la acalorada pelirroja nada más que una mirada de reprobación.

Acto seguido, se volteó y miró a Emmet.

-Afloja ya, está todo bien, es sólo una típica pelea entre hermanas…

La respuesta de él no fue explícita, aunque yo, desde donde estaba, alcancé a divisar los músculos de sus brazos relajarse… Esto se estaba volviendo más extraño de lo que ya era.

-Amanda – dijo Edward –sigo sin poder leer tus pensamientos. Olivia me ha dejado entrar a los suyos y ahora puedo entender muchas más cosas. Si tanto te molesta, podemos volver al silencio. Aunque preferiría sentir que no nos están ocultando nada.

Eso era lo que había hecho Olivia y que tanto molestó a su hermana, le había permitido a Edward el acceso a sus pensamientos.

-No se trata de que estemos escondiendo algo. Si ella lo prefiere así, yo lo entiendo –respondió Amanda –es solo que… bueno, esos son temas que no les interesan a ustedes.

De reojo vi como Olivia levantó una ceja después de que Edward le hizo un gesto con la mano, a escondidas de la mirada de Amanda. Probablemente para que no dijera lo que estaba pensando. Pero yo no podía soltar los ojos de Emmet, por lo que no me molesté en escudriñar la expresión de sus rostros. Temía que a pesar de que se viera mucho más relajado, aún existiera la posibilidad de que se lanzase sobre el cuello de Amanda.

La tensión no duró mucho más, ya que con un bramido de hastío, Emmet salió del comedor y luego de la casa, camino al bosque. Grité su nombre cuando se iba, pero Edward me aconsejó susurradamente, como diciéndome un secreto, que era mejor que lo dejara solo. Supuse que él sabía mejor que yo lo que le sucedía a su hermano, así que volví toda mi atención hacia nuestras invitadas, que ya habían vuelto a sentarse para reanudar la conversación.

Antes de que llegara Reneesme junto a Jacob, las brujas tuvieron el tiempo de explicarnos en qué consistía el proceso de aprendizaje por el que pasaría nuestra hija. Carlisle se mostró muy interesado en los detalles físicos, en cómo estos se manifestaban y la forma en que los humanos lograban fortalecer su frágil naturaleza con estas habilidades y conocimientos. Preguntó si podía hacer exámenes a los cerebros de las dos hermanas mientras estuvieran realizando estos "actos" (acrobacias, diría yo), pero ellas se negaron. Le dieron –como premio de consuelo- la posibilidad de analizar los cambios de Nessie, examinando su cerebro ahora y luego cuando ellas dieran por concluido el entrenamiento, recalcando que las pruebas científicas sobre humanos ya las habían realizado algunos miembros de su comunidad y que todas y cada una de ellas ya habían sido publicadas.

-¿Y donde están esos archivos? ¿Cómo es que nadie los conoce? – pregunté.

-A la humanidad le dan miedo estas cosas -contestó Amanda-. Prefieren quedarse con lo que es 'normal'. Las cosas que no lo son, las tiran a la categoría de ciencia ficción, fantasía, mitos y leyendas. Ustedes lo viven diariamente, nosotros también.

"Cuando se publicaron, estos estudios fueron menospreciados por los científicos, catalogándolos de fenómenos paranormales. En algunos casos ni siquiera se dieron el tiempo de comprobarlos, tirándolos inmediatamente a un rincón oscuro, junto con toda la pila de libros sobre hechicería y ese tipo de cosas. Finalmente preferimos retirar los estudios y dejarlos guardados en nuestros propios archivos."

-Si quieres Carlisle, te los puedo hacer llegar para que los estudies –concluyó la bruja.

-Eso sería estupendo, muchas gracias Amanda – le respondió.

-Yo quisiera saber –pregunté forzando la conversación hacia el rumbo inicial- ¿Cómo funciona eso de las armas?

-Cuando se realiza el rito – respondió Amanda –cada quién…

-¿Puedo explicarlo yo? – le interrumpió Olivia.

La pelirroja miró a Edward con recelo y luego asintió a su hermana con la cabeza.

"Después de pasar por todo el proceso de preparación, de conocer nuestro origines, nuestros sueños, nuestro cuerpo y nuestra mente, después de que podemos controlar y mejorar nuestras habilidades, y con eso comenzar a respetar la tierra y la naturaleza, entramos finalmente en contacto directo con La madre. Le contamos quién somos, lo que sentimos y pensamos. Le pedimos su bendición en el camino que queremos recorrer. Ella nos recibe como hijos y nos muestra nuestro propio destino en el manejo de la luz.

La iniciación es un momento bello. Es lo que normalmente se conoce como bautizo, solo que en esta ocasión estamos tan concentrados que podemos sentir cómo la fuerza que nos rodea penetra en nuestras almas. La madre nos muestra parte de nuestra vida, pasado, presente y futuro. Esas visiones son sólo para el iniciado, quien puede o no compartirla con el resto, ya que como señalan los eventos que nos han convertido en lo que somos, es algo privado.

Antes de llegado ese proceso, hay un momento en que el guerrero del grupo al que se pertenecerá nos presenta el arma con la que nos ha visto luchando. Él ha obtenido esta información directamente desde La Madre. Es el encargado de fabricarla, entregarla y luego entrenar al iniciado en el manejo de esta herramienta.

Normalmente el arma es muy fácil de usar. Es nuestra compañera natural, aquella que la tierra designó para nuestra fuerza humana, por lo que ya tenemos toda la habilidad que requiere su uso. De todas maneras hay un entrenamiento posterior, pero no es ni la mitad de difícil en comparación con todo el proceso energético".

-¿Se dan cuenta que esto de verdad suena como "Calabozos y Dragones"? – bromeé cuando Olivia se quedó en silencio.

-Si –contestó riendo- "Aventuras Animadas de ayer y hoy", ¿no?

-Olivia –habló Edward devolviendo la seriedad a la conversación.

-Si, dime.

-¿Cuál es tu arma? –le preguntó él suavemente.

En ningún caso mi marido pretendió escuchar una respuesta salir de la boca de la joven. Bastó con que Olivia la recordara en su mente para que Edward asintiera silenciosamente con la cabeza y se considerara satisfecho.

Pero luego volvió a preguntar.

-¿Quién es él?

-¿T.J? –preguntó Amanda en lugar de su hermana.

Creí divisar en el rostro de la pelirroja, una extraña sombra de tristeza que ella misma reprimió al instante.

-Si –contestó Olivia –. Ese nuestro hermano. Mi hermano mellizo mejor dicho. Él es el guerrero de nuestra comunidad. Fabrica las armas y luego enseña y entrena a quien se lo solicita. Siempre jugamos juntos, es por eso que nos ves luchando Edward, no tienes de qué preocuparte.

-¿Él también vendrá? –pregunté ansiosa.

Si Nessie necesitaba un arma y él era quién se la tenía que fabricar, entonces su presencia era obvia y mi pregunta, estúpida.

Pero en realidad lo que quería saber era si es que más humanos llegarían a Forks, y si es que el "ejército" de brujos vendría a nuestro país a alistarse para la guerra.

-Por supuesto que vendrá –respondió Olivia-. Ya estaba bien bajón por no poder acompañarnos ahora. Se tuvo que quedar para ayudar a los otros con sus armas.

-Hay un último grupo de chicos que se está preparando para este combate –explicó Amanda-. Están en proceso desde hace un tiempo y cuando tengan listas sus armas y las sepan usar, vendrán hasta aquí para presenciar la iniciación de Reneesme. Ellos saben de su existencia, puesto que esperan que sea su líder en la batalla.

-Cierto… – Nessie liderando a un ejército de brujos y licántropos a través de los muros de Volterra: la sola idea me daba escalofríos mentales.

-Sobre eso –habló Edward –con Bella nos gustaría que Jacob estuviera siempre acompañando a Reneesme, ya sea durante los próximos meses de entrenamiento como a lo largo del conflicto. Esa es la única condición que ponemos.

-No hay problema- contestó Amanda- es un buen tipo, se nota que la quiere. No es bueno que esté muy cerca de donde estemos meditando, pero puede mantenerse en el perímetro que le plazca para patrullar y mantenerla segura.

Después del desayuno, el grupo se dispersó: Carlisle se quedó en la escalera de entrada conversando con Amanda, supongo que sobre ciencia y energía; Edward fue a telefonear a Jacob mientras Olivia y yo caminábamos junto al río, haciendo tiempo para que Nessie volviera de la casa de Charlie.

Había pasado una hora en total, desde que las humanas habían llegado a nuestra casa hasta que volvieron a salir de ella, pero Reneesme aún no había llegado.

Olivia me contó cosas sobre sus vidas: de su hermano mellizo, Tomás, y de la comunidad donde vivían, que quedaba en un valle de la cordillera de los Andes. Eran varias familias que por tradición habían preferido un lugar aislado para armar sus casas, donde pudieran estar en contacto directo con la naturaleza y alejados de la frenética vida de la ciudad. Al parecer mantenían ciertas comodidades, como la televisión, el teléfono y los servicios básicos, pero no sentían mayor necesidad de reintegrarse con el resto del mundo.

Habían dado caza a todos los vampiros que rodeaban la zona, haciendo de aquél valle el lugar más seguro del planeta para los humanos. Me contó también que en esas batallas aisladas tuvieron muchas bajas, pero que nunca dejaban que el veneno hiciera completa la transformación de los heridos, ya que los sacrificaban e incineraban antes de que se convirtieran en vampiros.

Me pareció terrible la idea de tener que asesinar a un amigo, o a alguien con quién has compartido, sólo para que no se convierta en vampiro, en algo que puede ser peligroso. Pero ella me explicó que no tienen otra manera de hacerlo, y que sacrificarlos es una forma de defenderse, ya que ellos no pueden enseñarle a los vampiros neófitos a criarse "vegetarianos", como nosotros nos educamos a medida que fuimos llegando a la familia de Carlisle. Ellos no cuentan con la fuerza suficiente para contrarrestar el poder de los recién transformados, y menos tomando en cuenta que nunca eran pocos los afectados por el veneno, sino que decenas de heridos por batalla. Al final, para ellos no quedaba otra forma de solucionar ese problema: había que sacrificarlos antes de que pusieran en peligro al resto de la comunidad.

El tema de los sacrificios parecía afectarle: lentamente la sonrisa que habitualmente adornaba su cara se fue apagando. Me percaté de este detalle, asumiendo que tal vez le había tocado la ejecución de algún ser querido, por lo que me apresuré en cambiar el hilo de la conversación. Preferí seguir preguntando sobre su vida, sus intereses, ese tipo de cosas.

Me contó que tenía 20 años, que ya había terminado la escuela y que por algún extraño designio del Universo, había nacido para convertirse en sacerdotisa y algún día acompañar a su hermana en lo que ella llamó "El consejo". Para eso estaba estudiando el poder de la energía y la historia de sus ancestros. Era una especie de aprendiz de Amanda, pero en rango se encontraba mucho más arriba que los jóvenes de su edad.

Me contó también que su hermana mayor tenía, como yo había especulado antes, 26 años. Y que era parte del consejo desde el día en que cumplió los 25. Supuestamente el consejo estaba conformado por los sacerdotes y sacerdotisas de cada pequeño grupo que integraba la comunidad.

Charlamos un buen rato, hasta que llegó Nessie, atrasada, a eso de las 11 de la mañana.

Caminaba rápido, con los puños cerrados y el mentón levantado. Era seguida de cerca por Jacob que le lanzaba frases de súplica cada diez segundos.

El espectáculo se podía escuchar desde lejos.

Aparentemente, la niña estaba enojada porque él insistía en convencerla de que no aceptara la propuesta de las brujas y que permitiera al resto encargarse de los Vulturi.

Apenas sentí la voz de Jacob a lo lejos le anticipé a Olivia que Nessie ya llegaba. Juntas caminamos hacia la casa y nos instalamos al lado de Amanda y Carlisle, que estaban sentados en la escalera del porche. También Edward salió al jardín para recibirlos.

A lo lejos, las dos figuras comenzaron a tomar forma en el horizonte, revelándose para los ojos de las humanas, que aún no los habían visto ni oído.

Cuando finalmente se detuvieron frente a nuestro grupo, el enojo de Reneesme se disipó en una amplia sonrisa, debido a la emoción de vernos junto a las humanas, sentados todos juntos, esperándola y aprobando tácitamente la decisión que ella ya había tomado la noche anterior: terminar el legado de los Vulturi, liberar a los híbridos y comenzar lo que podría ser la gran guerra del milenio, donde ella sería la encargada de liderar un ejército de humanos, híbridos y posiblemente, de licántropos.

La sonrisa en la cara de Nessie era invaluable. También lo era la cara de asombro de Jacob, que nos miraba con la boca literalmente abierta. Yo le respondí el gesto levantando los hombros, demostrándole que me daba por vencida.

Reneesme en cambio, tomándonos a todos por sorpresa, ignoró a las brujas y se dirigió directamente a Edward, que estaba de pie tras de mi, al borde de las escaleras en la entrada de la casa.

Lo abrazó con dulzura y hundió la cabeza en el pecho de su padre.

-Gracias papá –susurró entre lágrimas

Edward la besó en la frente.

-¡Qué bonito! –Gritó Jacob sarcásticamente mientras aplaudía con los brazos estirados hacia Edward- ¡Qué Bonito!-.

Luego se dio media vuelta y regresó por el camino que lo había traído hasta la casa.

Reneesme se soltó rápidamente de los brazos de Edward y corrió hacia Jacob.

- ¡Jacob! –gritó mientras daba un gran salto hacia él.

Obviamente, al ser mitad humana y mitad vampiro, su fuerza y velocidad eran mucho mayores que las de cualquier chiquilla de su edad y mucho menores que las de un inmortal estándar. Por lo que a pesar de estaban a unos 8 metros de distancia, con un salto logró alcanzarlo sin problema, cayendo delicadamente en los brazos de Jacob, que se había volteado al escuchar su llamado.

Aunque tenía las habilidades de un lobo, la acrobacia de Reneesme tomó a Jacob por sorpresa: perdió el equilibrio cuando ella estrepitosamente le rodeó el cuerpo con los brazos y piernas, y cayó de espaldas sobre el pasto, con mi hija encima.

Edward dio un paso hacia delante cuando la vio caer en esa posición sobre Jacob, pero yo lo tomé del brazo para evitar que le fuera a sacar la cabeza a mi mejor amigo.

-Por favor, hazme feliz –escuché susurrar a Nessie, mientras rozaba la nariz de Jacob con la suya, dejando que sus rulos cobrizos le cayeran a él sobre la cara.

No pude apreciar qué expresión puso él. Después que ella habló, no escuché nada. Pero luego me percaté de que ella había puesto sus manos en las mejillas de Jacob, así que supuse le estaba tratando de convencer privadamente -con telepatía - , como prefería hacerlo.

-Deberían darles un poco de privacidad, saben – dijo Olivia interrumpiendo la escena –. Intenten pensar en otra cosa mientras ella lo convence –

La bruja se puso de pie mientras hablaba, tapándonos la visual.

- Además Edward, tú haces trampa. No deberías leerle los pensamientos, eh, tarde o temprano se van a poner calientes y uf, ¡te van a tener que encadenar, hermano!

Una risa se escuchó desde el segundo piso.

Emmet había vuelto a la casa y ahora se escondía en su habitación para poder escuchar sin ser visto. Supuse que había entrado por atrás. Edward tendría que explicarme muchas cosas.

Unos segundos después, la pareja se había levantado del pasto y se habían reintegrado al grupo en la escalera. Cuando recién se detuvieron frente a nosotros, Edward le gruñó a Jacob, pero este se limitó a mirar el piso con detención.

La incomodidad fue interrumpida por Amanda, que se acercó a Reneesme y le tomó la mano, preguntándole si se sentía lista para comenzar.

"Si", contestó ella decidida, y nuevamente en mi estómago se acumularon todas las ansiedades del mundo en forma de mariposas.

Olivia se puso de pie frente a su hermana, lo mismo hicimos los vampiros que estábamos ahí. Luego la pelirroja me miró con dulzura, y sonriendo me preguntó dónde podían instalarse.

-¡Qué descuidados somos! –contestó Carlisle con su característica forma de hablar, siempre tan calmado y cordial-. Hemos estado discutiendo y nos parece una buena idea que se queden en la casa que Edward y Bella tienen al otro lado del río. Está completamente arreglada para vuestras necesidades. Los alrededores del lugar son seguros, ahí pueden instalarse con toda confianza. Además, están muy cerca de aquí, por lo que si necesitaran ayuda, con lo que sea, demoraríamos segundos en llegar.

-¡Estupendo! –contestó Olivia entusiasmada- entonces tenemos que ir a buscar nuestras cosas al hotel.

-¿Están seguros que no les molestaremos en absoluto? –preguntó Amanda.

-No hay problema, mientras cuiden de nuestra hija, nuestra casa es suya –le contesté-. No duden en preguntar o pedir cualquier cosa.

-Amanda –interrumpió Olivia. Su hermana le contestó con un gemido-. Tú empieza con Nessie, yo mientras tanto iré a buscar nuestras cosas.

-Son muchas y muy pesadas Olivia, necesitarás un auto y alguien que te ayude –sugirió Edward-. Emmet te acompañará en su jeep, estoy seguro que no le molestará-.

Una ligera sonrisa se dibujó en la cara de Edward, como si estuviera muy satisfecho de su ocurrencia y estuviera gastándole una broma a su hermano.

-No tengo nada mejor que hacer, vamos ya-. Emmet apareció repentinamente por mi espalda, sonando desinteresado.

Caminó directamente hacia el garaje, sin molestarse en dirigir la mirada a ninguno de los que estábamos en la entrada.

-Mmm...- gimió Olivia moviendo los ojos de un lado a otro- esto será muy interesante.

-Compórtate Olivia –le advirtió Amanda-. Y no te olvides de pagar el hotel.

-Si, si, ya lo sé. Suerte Nessie, nos vemos más rato-.

Se despidió con la mano y luego salió corriendo hacia el garaje, desde donde se escuchaba el sonido de un motor.

-Estás seguro de…- intenté preguntarle a Edward, pero me interrumpióán bien, se sabe manejar esa niña –contestó.

-Bueno, nosotras nos vamos- dijo Amanda.

-Hagan lo que tengan que hacer –le respondí- Jacob, queremos hablar contigo un par de cosas, así que tendrás que quedarte aquí por ahora-.

Carlisle y Jacob entraron a la casa, mientras que con Edward nos quedamos mirando a Nessie y Amanda, caminando juntas hacia el río.

Al llegar a la orilla, Nessie le preguntó algo a la bruja. Como ella seguía bloqueándonos y ahora había también protegido a Nessie de la habilidad de Edward, ninguno de los dos pudo escuchar de qué hablaban. Era una situación bastante angustiosa -el silencio- teníamos que acostumbrarnos a esta nueva modalidad de relación con los humanos.

Me pregunté qué podía estarle preguntando Nessie a la bruja, y no demoré en identificar el primer obstáculo de la jornada: El río no tenía ningún puente para cruzar al otro lado. Nunca lo habíamos necesitado. Ahora Amanda no tenía como cruzar, un pequeño detalle en el que ninguno había reparado antes. Probablemente eso es lo que le había preguntado Reneesme a la bruja.

Pero el problema no persistió mucho tiempo: Amanda dio dos pasos hacia atrás y luego saltó el río como si nada. ¡La bruja hizo una acrobacia de 40 metros sin ningún esfuerzo!

Parece que había volado, o tal vez se había impulsado con mucha fuerza, eso no lo pudimos saber. Nessie parecía tan impresionada como yo, puesto que se volteó a mirarnos y a levantarnos los hombros.

Nosotros imitamos el gesto.

Cuando desaparecieron del campo visual, me volteé hacia Edward.

-¿Te pareció seguro? –me contestó con una mueca.

- No lo sé. Pero al menos los pensamientos de Olivia son sinceros. Confía mucho en sus habilidades.

Volvimos a quedar en silencio.

Frente a nosotros, el bosque estaba nuevamente vacío. No había movimientos en el horizonte.