Fuerza y Energía

Las primeras dos semanas desde la llegada de las hermanas, pasaron muy rápido para nosotros. Estábamos todos involucrados en algo.

Los preparativos para la llegada de nuestros primos desde Denali, habían mantenido a Esme y Rosalie ocupadas armando habitaciones para los invitados.

Alice seguía intentando ver lo que sucedía en Volterra, pero sus avances eran escasos debido a la presencia de los esclavos híbridos que había formado Aro, los cuales le bloqueaban la visión. La mayor parte del día se la pasaba encerrada en su habitación, intentando superar esos obstáculos.

Carlisle y Jasper se habían marchado a buscar al clan de Egipto, ya que debido a la reticencia de Amún, su líder, a encontrarse con los Vulturi nuevamente, Edward sugirió que fueran en persona a explicarles la situación, en vez de pedirles que vinieran a Forks.

A Reneesme casi no la veíamos, pues se pasaba todo el día con las brujas en la cabaña. Algunas veces las visitábamos en la noche, para acompañarlas a cenar. Tal vez en un atisbo por ser más humana que vampiro, Nessie estaba intentando acostumbrarse a la comida normal, por lo que ya no salíamos de caza juntas. En un principio la idea me molestó, porque sentí que se alejaba de nosotros, pero luego me di cuenta que era mejor así, pues le sería más fácil vivir entre humanos, socializar y tener amigos, si es que se adaptaba a la forma de vida que estos llevaban.

En los cortos 15 días que mi hija llevaba como aprendiz, ya lograba mover objetos. Le era más complicado que a las hermanas, pero según ellas mismas me explicaron, era un logro muy grande para Reneesme siquiera hacer temblar las cosas, puesto que para llegar a la telekinesia, a los humanos les tomaba al menos dos meses de preparación. En solo dos semanas, Reneesme ya levitaba objetos livianos, como lámparas y platos.

Saber que mi hija aprendía más rápido de lo esperado no me sorprendió en lo más mínimo. Su crecimiento físico era acelerado, por lo que era lógico que sus avances mentales también lo fueran. Amanda me dijo que en un principio ellas pensaban que la preparación duraría un año, pero que ahora, viendo cómo Nessie evolucionaba en sus conocimientos y en su manejo de la energía, creían que podría ser iniciada en aproximadamente tres meses más.

Eso sí me perturbó.

Si Reneesme estaba lista para pelear, quería decir que el tiempo que quedaba para viajar a Italia se acercaba a pasos agigantados, por lo que nosotros, los vampiros, debíamos también acelerar el proceso de preparación.

Pensando en la guerra me di cuenta que todos aquellos que tenían misiones específicas, ya se habían encaminado a realizarlas. Juntar nuestro "ejército" de amigos (vampiros y licántropos), esclarecer las borrosas visiones de Alice y la ofensiva militar que Jasper debía inventar para el enfrentamiento, eran cosas que ya estaban en proceso de desarrollo. Sólo yo no tenía ningún lugar específico en estos meses previos, ninguna tarea por realizar, ni conocimientos por adquirir. Había estado durante estos quince días, preocupada solamente por la integridad de mi hija y sus nuevos conocimientos místicos.

Por supuesto que mi parte en la guerra estaba decidida incluso antes que el resto se repartiera ocupaciones. Mi habilidad para bloquear los poderes ofensivos de los Vulturi (Jane, Alec, Chelsea, Demetri) y derribar los defensivos (Renata), eran la mejor herramienta para el momento en que el conflicto llegara a las armas. Gracias a mi escudo protector, el ejército de los Vulturi se vería obligado a defenderse por la fuerza, teniendo que verse sometidos a los poderes de nuestras familias, además de aquellos que poseían los humanos (que aún no nos quedaban del todo claros).

Mantener mi escudo fuerte para que todos estuvieran protegidos, implicaba que, por un lado, yo tenía que mantenerme lejos del conflicto; y por otro, que debía tener toda mi concentración puesta en esa tarea, sin distraerme en ayudar de otra forma. Por eso mi interferencia física en la batalla no era esperada de ningún modo. Eran otros los que debían de protegerme a mí de aquellos que intentaran matarme. Eran otros lo que tenían que sacrificarse por mí. Yo no tenía que perder el tiempo en pelear.

Esa imagen me perturbaba. Mis amigos muriendo por defenderme. Por supuesto, entendía que mis limitaciones eran por el bien común, ya que si yo fallaba, nuestra familia se vería en desventaja inmediata, al ser alcanzados por las torturas mentales de Jane o por el asilamiento sensorial de Alec. Una derrota absoluta. Nuestras barreras ofensivas eran potentes, considerando a Emmet, a Jasper, a Edward y a la manada. Pero aún así, si alguno de ellos fallaba, si alguien llegaba a mí pasando por sobre quienes me protegerían, yo no sabría defenderme. Caería inmediatamente y sería el fin para todos.

Anticipándome a esa posibilidad, decidí que debía aprender a pelar. Kate ya me había ayudado a potenciar mi habilidad, y gracias a la rabia que me provocaron los Vulturi en su intento por masacrarnos, logré tomar conciencia de mi escudo en su totalidad. De eso habían pasado cuatro años, ahora lo manejaba con completa desenvoltura, podía aplicarlo a otros o desprenderlo de mí sin mayor dificultad. Lo que tenía que lograr ahora, era aprender a pelear, aprender a matar.

Para eso, el mejor profesor era Emmet.

Cuando le pedí que me enseñara, no tuvo ningún reparo y se puso inmediatamente a mi disposición como profesor. Obviamente, Edward se opuso rotundamente, argumentando que no era necesario, que yo ya sabía las cosas básicas gracias a la caza de animales. Intenté explicarle mis razones pero no entendió. Tuve que –a mi pesar –hacerlo sufrir durante dos noches en las que me negué rotundamente a mostrarle mis pensamientos. No es que si él me lo prohibía yo no iba a comenzar el entrenamiento, pero me molestaba que no fuera capaz de ponerse en mi lugar, de comprender mis ansias por ser más útil. Mantenerlo lejos era la mejor manera de hacerle entender cuánto deseaba aprender, y cuan importante era para mí que él me apoyara.

Mi técnica funcionó. A los dos días se dio por vencido.

- Es una pérdida de tiempo, y lo sabes. Pero si estás tan empecinada en esto y es lo que te hace feliz, entonces hazlo, tienes mi apoyo. Pero procura que yo no esté presente: sufriría mucho al verte sometida por cualquiera, sobre todo por el brusco de Emmet.

Le di una buena recompensa a cambio.

A la mañana siguiente comenzamos a entrenar. Mis movimientos no eran tan malos como la primera vez que intenté aprender a ser una buena asesina, pero ahora mi fuerza de neófita había desaparecido por completo, dejándome en una clara desventaja contra los músculos bien desarrollados de Emmet. Si alguna vez lograba someterlo, entonces podría derribar a cualquiera.

Luchar contra él era muy difícil. A pesar de que su contextura era muy gruesa, se movía con una rapidez impresionante, haciendo que todos mis intentos por sorprenderlo fueran vanos. No importaba cuan ágil podía ser, siempre terminaba azotándome contra un árbol o siendo presionada contra cualquier superficie por la fuerza del cuerpo de Emmet. Pero al cabo de un par de días, mis esfuerzos comenzaron a dar frutos.

Mi mente de vampiro era muy amplia. Podía tener muchas preocupaciones al mismo tiempo, fraccionando mi atención en distintas cosas. Debía aprender a ocupar esa característica como herramienta.

Aprendí a anticipar los movimientos contrarios, a calcular la distancia de mis saltos, a bloquear golpes y a identificar el momento en que tenía que retirarme.

Más rápido de lo que pensaba, me estaba transformando en un vampiro de tomo y lomo. Supuse que si seguía así, podría perfectamente darle pelea a cualquiera de los Vulturi.

Pero a la tercera semana de la llegada de las brujas, o sea, al séptimo día de mis prácticas con Emmet, mis entrenamientos tomaron un giro insospechado:

Nos encontrábamos luchando en el claro, el lugar que elegí para que Emmet me enseñara, ya que era ahí donde más había sufrido (un cementerio de sensaciones violentas). Y bueno, también estaba lo suficientemente alejado de nuestra casa como para que Edward no escuchara nuestras peleas.

Aquél día llevábamos más de media hora de lucha continua. Era consciente de que un hilo de débil sangre me corría por el costado del rostro. Emmet estaba intacto, pero al menos se lo estaba poniendo difícil, de tanto en tanto. Alrededor del bosque, ningún animal se movía. Probablemente ya habían escapado todos, alertados por nuestro olor y por el ruido de nuestra pelea.

Mis oídos estaban atentos a lo que ocurría. Podía sentir la inspiración de Emmet mezclarse con el vaivén de las hojas de los árboles. Con los ojos divisaba con total claridad como sus muslos se contraían, listos para atacar en cualquier segundo. Mis manos, como garras, se alzaban defensivas frente a mi cuerpo, que se encontraba agazapado cerca del suelo en posición de ataque, fácilmente comparable con la figura de un gran felino a punto de comenzar la caza. Ante cualquier movimiento que él hiciera, yo tenía mi cuerpo preparado para reaccionar instantáneamente.

De pronto, la rama de uno de los árboles que había golpeado anteriormente con mi cuerpo, de despegó del tronco cayendo fuertemente sobre el suelo, rompiendo la atención que tenía depositada sobre Emmet. Él, obviamente, aprovechó este descuido, saltando inmediatamente sobre mí, mientras abría ligeramente los labios para gruñir y mostrarme los colmillos. De no haber reaccionado como lo hice, podría haberme roto el cuello sin problema. Pero no lo logró, pues a pesar de que por medio segundo miré de reojo la rama caída, alcancé a divisar el ataque de Emmet y a defenderme, empujando con fuerza su cuerpo a punto de caer sobre el mío, presionando su abdomen hacia arriba, lanzándolo lejos de mí. Dio un par de vueltas en el aire y cayó de pie, preparado para nuevamente recibir una de mis embestidas.

Me aprestaba a contraatacar, cuando desde lo alto se escuchó una voz familiar.

-¿No debería darte vergüenza ser el vampiro más fuerte del continente y verte complicado frente a la dulce Bella?

La voz de Olivia venía desde uno de los árboles que rodeaba el claro.

La busqué con la mirada. Estaba sentada en una rama alta, a unos 20 metros del suelo. Ninguno de los dos la escuchó llegar.

Olivia se dejó caer con gracilidad, llegando al piso de un solo salto. La caída debería haberle roto un hueso, pero la chica sólo dobló las rodillas, ovillando su cuerpo con las palmas apoyadas en el pasto, quedando sin un rasguño. Luego se puso de pie y nos sonrió.

De reojo pude ver como Emmet enrolaba los ojos. Ambos soltamos nuestras defensas, dando el entrenamiento por terminado.

Olivia se acercó caminando hacia nosotros.

-Es entretenido verlos pelear –se rió.

-No es un chiste, bruja –respondió Emmet de forma burlesca.

A pesar de que los dos se trataban con insultos la mayoría del tiempo, parecía que su relación había mejorado mucho. Él ya no se veía incómodo en su presencia y ella se aparecía mucho más seguido que su hermana por nuestra casa.

-Bella, si quieres yo te puedo ayudar a hacer estos entrenamientos más útiles –me dijo Olivia, ignorando a Emmet por completo.

-¿Qué quieres decir?

-Bueno, yo puedo ayudarte a que potencies aún más tu habilidad.

-Ah. Pero eso ya lo hago muy bien, ahora necesito entrenamiento físico. Muchas gracias de todas maneras.

-Bella. Soy bruja, ¿recuerdas? Estoy acostumbrada a estar con gente tan poderosa como tú. Puedo identificar que tan desarrollados son las habilidades de cada persona. En tu caso, me ha sido un poco más difícil, pero he tenido bastante tiempo para dedicarte exclusivamente a ti.

-Psicópata –exclamó Emmet.

-Shhh –lo calló Olivia aún sin mirarlo.

-Déjame ver si entiendo. ¿Quieres decir que puedo hacer más cosas con mi habilidad? ¿Más de lo que ya hago?

-¡Por su puesto que si! Tú solo haces lo que sabes y eso es lo que potencias. Pero hay otras cosas que puedes lograr. Yo ya las he identificado, ¿Quieres saberlas?

-¡Duh! –Emmet se burló de nuevo. Olivia miró hacia el cielo fingiéndose aburrida.

-Cuéntame.

-Bueno, tu poder es el de bloquear las habilidades de los otros, eso ya lo sabemos- explicó –me parece que tú abres un escudo y con eso proteges a los que estén dentro, ¿no es así?

Asentí con la cabeza.

-A mi parecer, ese modo de defensa tiene una pequeña falla

La miré con incredulidad, pues ya le habíamos contado, a ella y a su hermana, cómo funcionaba mi escudo y lo efectivo que había sido contra el ataque de los Vulturi.

-Quienes estén dentro de tu escudo no pueden ser atacados por los que están fuera. Pero entre ellos, sí pueden ocupar sus habilidades.

En eso no se equivocaba. Edward podía leer el pensamiento de aquellos que estuvieran dentro del escudo sin problemas, por ejemplo.

-Entonces, llegado el momento en que empiece la pelea cuerpo a cuerpo, tu escudo no servirá de nada, pues tendrás que readaptarlo en infinitos movimientos cada vez que algún enemigo penetre el campo que estás defendiendo, lo que puede generar muchas brechas en la defensa.

Si, era un buen punto. No sabía aún cuántos vampiros formaban el ejército de los Vulturi. Doblar mi escudo según 100 movimientos distintos podía llegar a ser un problema.

- ¿Qué propones? –le pregunté.

- Mi idea es que entendamos mejor lo que puedes hacer. Creo que si eres capaz de defender bloqueando poderes, entonces también debes ser capaz de impedir que alguien utilice su habilidad. ¿Me entiendes?

Olivia no estaba siendo del todo clara.

- ¿Dices entonces que sería mejor idea que, en vez de defender, ataque bloqueando? –pregunté, entre entusiasmada e incrédula.

- ¡Exactamente! Y si eres capaz de mantener el bloqueo una vez que lo has fijado, estarías completamente libre para pelear. Serías una doble herramienta. Genial, ¿no?"

La emoción de Olivia mientras me explicaba su detallado análisis de mis capacidades me daba un poco de risa. Lo que estaba diciendo sonaba "genial", cierto. Pero parecía poco creíble.

- ¿Como pretendes que haga eso?

- Jugando –contestó con voz infantil –Emmet nos puede ayudar.

Volvió a mirarlo. Ambos se dedicaron una amplia sonrisa.

Si, sin duda su relación había mejorado mucho…

-Veamos… -susurró acariciándose la barbilla –Primero, cúbreme con tu protección.

Yo estaba tan familiarizada con mi escudo que en una fracción de segundo, Olivia ya se encontraba completamente protegida de cualquier ataque. Seguramente la bruja pudo sentir mi escudo sobre su cuerpo, ya que sin siquiera preguntarme, comenzó a exhalar ese extraño calor. Ahora que la tenía mentalmente cubierta, podía por fin ver cuál era el cambio que había en el aire cuando comenzaba a hacer magia: un pálido resplandor verde se expandió alrededor de ella, palpitando sobre su figura, alcanzando un radio de aproximadamente un metro.

Dentro de mi lámina protectora, el calor se sentía mucho más poderoso de lo normal. Al inspirar podía sentir como el aire tibio e inodoro entraba por mis pulmones; iba haciéndose cada vez más fuerte, hasta que diez segundos después, se mantuvo en una temperatura fija.

Entonces Emmet empezó a flotar en el aire.

-¿Esta es la única forma en la que puedo ayudar? –reclamó Emmet con fastidio, aunque esta vez no parecía sorprendido.

Se mantenía con los brazos cruzados, como si flotar a cinco metros del suelo fuera pan de cada día.

-Por ahora sí. Tranquilo.

Por primera vez vi a Olivia muy seria. Tenía los puños cerrados a la altura de los muslos y se concentraba con fuerza sobre la figura del vampiro en el aire.

-Bella – dijo – ¿sientes mi calor?

-Si.

-Bien. Intenta encerrarlo en una burbuja. Transforma tu escudo en una burbuja a mí alrededor.

Eso hice. No fue una tarea complicada. Dividí mi escudo en dos: una parte nos cobijaba a Olivia y a mí. La otra la rodeaba solo a ella.

Al encerrarla dejé de sentir su calor inmediatamente. Al mismo tiempo, Emmet cayó al suelo.

-¡Perfecto Bella! Ya veo de donde Nessie saca su talento –me felicitó la bruja.

-Muchas Gracias –mi ego estaba por las nubes.

-De nada –gruñó Emmet desde el suelo.

-Ahora… –Olivia inclinó ligeramente el mentón, volviéndose repentinamente amenazante –Emmet, ¡atácala!

Al segundo tuve que voltearme súbitamente enfrentar el cuerpo de Emmet que caía sobre mí. Pero su movimiento había sido muy rápido, no logré defenderme y terminé incrustada en un pino al otro lado del claro. El árbol no sobrevivió.

Me repuse rápidamente del fuerte golpe y me agazapé en posición de ataque. Gruñí mostrando mis colmillos y corrí para atacarlo de vuelta.

El camino hacia él lo comencé en línea recta, en menos de un segundo debía de estar sobre él, pero Olivia levito una de las tantas ramas caídas a nuestro alrededor y me golpeó con ella en la cabeza. Volví a gruñir más fuerte y cambié de dirección, ahora hacia ella, pero Emmet se puso en mi camino y me volvió a arrojar lejos.

El ciclo se repitió una y otra vez, mientras yo perdía rápidamente la paciencia.

-¡Bloquéame Bella! ¡Es la única forma en que podrás acercarte a mí! –me incitaba Olivia, que burlescamente no se movió ni un solo centímetro de su posición en todo el rato en que estuve golpeándome contra los árboles.

-No puedo bloquearte, ¡evidentemente! –gruñí entre dientes mientras me preparaba para atacar una vez más.

Ella no me escuchó, pero Emmet soltó una carcajada de lo más satisfecha, sulfurando mis ánimos al máximo.

Entonces corrí hacia él, pero antes de alcanzarlo dí un gran salto para pasar por sobre su cabeza y así llegar hasta donde se encontraba Olivia.

Todo fue muy rápido.

Mientras pasaba volando sobre Emmet estiré con determinación mi brazo derecho hacia la bruja, esperando lanzarle mi escudo con la fuerza del movimiento. Al hacerlo, vi como desde mi mano el escudo se estiraba a la velocidad de la luz y atacaba el cuerpo de Olivia, encerrándola de nuevo en la burbuja protectora. Sentía el escudo en mi mano, como si fuera una gran cinta elástica de consistencia física. Cerré el puño con fuerza para mantener la burbuja bien cerrada y entonces caí sobre el césped. Pero no seguí para atacarla a ella, sino que me volteé hacia Emmet, sabiendo que la bruja ya no podría interferir en nuestra pelea. El movimiento fue de solo un segundo y había pasado inadvertido para el vampiro, que continuó su ataque hacia mí. La cara le había cambiado completamente, sus ojos expelían furia mientras curvaba sus labios amenazándome.

Se disponía a matarme, estaba segura, pero no pude saberlo, ya que Olivia le gritó que se detuviera antes de que este avanzara en su ataque.

- Bella no me haría nada Emmet, cálmate –le dijo levantando las palmas. Luego caminó hacia él. Mi escudo se mantenía impenetrable y ahora es movía con Olivia hacia el vampiro.

- Estoy bien –le sonrío.

Pero Emmet no se calmaba.

Entonces ella le acarició el brazo con ternura y él finalmente reaccionó.

Se miraron a los ojos tan intensamente, que por un momento pensé que…

Pero no, no podía ser. Él y Rosalie se amaban mucho.

Sacudí la cabeza para desechar ese pensamiento.

-¿Puedes hacer magia Olivia? –pregunté.

-Aparentemente no.

-¡Genial! Eso quiere decir que puedo bloquearte a ti en vez de proteger a Emmet, ¡genial! Va a ser muy útil.

-Si, pero no nos adelantemos. Sigamos entrenando y luego lo probamos en casa, a ver si logras bloquear a Edward, Jasper, Amanda y Nessie al mismo tiempo.

Emmet volvió a reír con fuerza.

- Me imagino la frustración de Edward sin poder leer nuestros pensamientos, ¡se volverá loco!

Decidimos entrenar juntos todos los días. Primero Emmet y yo, luego integraríamos a Olivia.

Por fin estaba encaminada a poder defenderme sola, sin poner en riesgo a otros. Ahora era de verdad un arma filosa, completamente peligrosa y mortal. Llegado el momento de la batalla, me transformaría en el objetivo primordial del ataque de los Vulturi, pero me sentía tan preparada para ellos, que en vez de miedo, sentí un nuevo entusiasmo asesino.

Que vengan, pensé, y una amplia sonrisa se dibujó en mi cara.