LA SEGUNDA LLEGADA

A la mañana siguiente acompañé a Jacob durante el primer patrullaje del día. Nos fuimos caminando calmadamente, y aproveché el tiempo del recorrido para contarle sobre mis avances con Olivia y Emmet. Él se mostró muy entusiasmado y aprovechó para burlarse de la próxima reacción de Edward, cuando se enterara de que no podría mantenerme a raya del peligro.

- Ahora va a saber lo que se siente –bufó con tono enojado pero satisfecho.

Que mi marido me permitiera pelear, debía suponer para él el mismo sacrificio que significaba para Jacob ver a Nessie convertirse en bruja.

Llegamos a divisar la casa desde el bosque antes de detenernos. Si las brujas ya habían comenzado a trabajar, sentirían nuestra presencia, y las interrumpiríamos. Procuramos mantenernos a una distancia cómoda para ellas.

Nos sentamos en unas piedras que estaban por ahí, en silencio, vigilando los movimientos que, ambos percibíamos, ya habían en la casa. No cruzamos palabras por varios minutos, hasta que me percaté de un asunto importantísimo que había pasado por alto.

-¿Ya has hablado con la manada sobre este asunto?

-OH si –suspiró Jacob.

Su tono sugería que había sido un problema. Debía explicarles lo de las brujas, lo de los Vulturi con los híbridos, y después ordenarles ir a la guerra. Y si ellos no querían ir, él tendría que pasar sobre las voluntades individuales, ejecutando su autoridad de alfa. Ningún miembro de la manada podía oponerse a una orden de Jacob.

-Leah fue un fastidio, incluso más testaruda que tú.

-Me imagino –susurré volviendo mi atención sobre la casa – ¿irá con ustedes en caso de que la guerra…?

-Por supuesto, está forzada a participar. Pero tú sabes cuánto me molesta tener que dar órdenes.

-Pero al menos los otros pueden ayudarte a hacerla entrar en razón.

-No creas. Ella es la Beta de la manada, puede mandarlos a callar si es que quiere… y nunca se ha molestado en ser humilde con respecto a eso.

Imaginé a Leah en sus pantaloncillos rasgados, con su mirada amargada y triste, mientras mandaba a Seth al séptimo círculo del infierno.

Que problemática debía ser esa manada.

-Tal vez debería preguntarle a una de las brujas si es que pueden quitarle a Leah el poder de la transformación. ¡Seríamos todos más felices!

-No seas pesado Jacob.

-No lo digo de pesado, pienso que de verdad Leah sería más feliz si no fuera un licántropo. Le molesta el tema de la imprimación y se siente menos mujer por no poder… establecerse.

-¡Pero eso no lo sabe aún! Ni si quiera lo ha intentado….

-Claro, será muy fácil para ella encontrar un hombre que se interese por una mujer que se ve desgarbada, descuidada, que sale todas las noches y que siempre está rodeada de hombres corpulentos.

La ironía de Jacob tenía sentido y la amargura de Leah era bastante justificada. Me extrañaba que no hubiera ninguna solución para su situación, y que la única salida fuera dejar de ser… como era.

Nuestra conversación terminó cuando Amanda, Olivia y Reneesme salieron de la casa con unas extrañas alfombras de goma debajo del brazo. Por sus vestimentas livianas, entendí que pretendían practicar yoga en el jardín. Se instalaron formando un círculo. Al rato empezaron a estirarse y contorsionarse.

-Ese es el saludo al Sol –me explicó Jacob –Lo hacen todas las mañanas. Ya vez que buen efecto ha tenido en la musculatura de Nessie.

Le devolví una mirada de enojo.

Para ignorarlo, me fijé detenidamente en la figura de las tres mujeres en el pasto. Llevaban pantaloncillos cortos, de gimnasia y petos que dejaban al descubierto su abdomen. De no saber que eran brujas, hubiera apostado que eran modelos grabando una clase de yoga para la televisión.

A pesar de lo lejos que nos encontrábamos de ellas, pude perfectamente analizar la contracción de los músculos de cada una. Sus muslos hacían un esfuerzo melodioso por mantenerse en las distintas posiciones que adoptaban; los brazos se movían con una serena armonía alrededor de sus cabezas, marcando círculos imaginarios en el aire. Parecían bailarinas, tan hermosas como Alice bailando o Rosalie riendo. Jacob tenía toda la razón de hacer un comentario como ese, a pesar de lo obsceno que le había sonado.

Al terminar la primera secuencia, se quedaron inmóviles unos segundos, pero en la posición más extraña que haya visto: completamente de cabeza, se mantenían derechas e inmóviles como estatuas, con los antebrazos soportando todo el peso del cuerpo, las piernas paralelas una al lado de la otra, y con las puntas de los pies hacia el cielo.

Si yo hubiera intentado esa posición, hubiera logrado mantenerla por días sin mayor dificultad. Pero estaba segura de que de haber sido humana, una proeza como aquella hubiera sido imposible hasta en el mejor de mis sueños.

Reflexionaba sobre estas cosas cuando me percaté de que no las había escuchado hablar en todo el tiempo que llevaban practicando yoga en el jardín. Le comenté a Jacob sobre mi descubrimiento y me dijo que a él también le había parecido muy extraño la primera vez que las vio entrenar en perfecta armonía, sin la necesidad de hablar para coordinarse. Esa vez, corrió de vuelta a la casa en busca de Edward, para que confirmara sus teorías. Él le explicó que las brujas estaban tan concentradas que podían comunicarse por telepatía. Edward era capaz de escuchar todo lo que ellas hablaban gracias a los pensamientos de Olivia, que seguían abiertos.

- ¿Puedes creer que es ella la 'Maestra de Yoga? –se burló Jacob.

No le contesté.

Había decidido no sacar conclusiones apresuradas sobre las dos mujeres, pues ya me habían sorprendido demasiado como para seguir juzgándolas así.

Cuando terminó la clase de Yoga (dos horas después) Jacob se marchó para reunirse con el resto de su manada, que en los alrededores del bosque, se había estratégicamente disperso a lo largo del perímetro para cubrir todo el terreno cercano a la cabaña.

Yo volví a casa de Carlisle. Me disponía a cruzar el río de un salto, cuando divisé dos autos negros que estaban estacionados al frente del garaje. Adentro, el doble de pasos y el triple de murmullos se levantaban entre las paredes.

La familia de Denali había llegado.

Al entrar al living, lo primero que vi (esperando encontrarme con Tanya y los demás) fueron las maletas y cajas que nuestros primos habían traído para establecerse con nosotros por una temporada, tal como Carlisle se los había pedido.

Emmet entró tras de mí.

-Fui asignado como el mayordomo oficial –protestó fastidiado mientras tomaba cuatro maletas enormes sin dificultad –Esme y su insistencia, ya la conoces. Están en el comedor ahora, deliberando mientras yo cargo bultos.

Di una risotada nerviosa y me dirigí a la reunión.

-Hola Bella –me saludó Carmen con su marcado acento hispano.

-Hola a todos, bienvenidos –respondí y luego me senté junto a Edward.

A la izquierda de Carmen se encontraba Eleazar y sucesivamente estaban Kate, Garret, Alice, Esme, Tanya y Edward, todos sentados en la mesa que, a falta de cenas civilizadas, ocupábamos como central de debate para situaciones como esta.

De pie, con los brazos cruzados y apoyada contra la pared, Rosalie se mantenía atenta a la conversación, a pesar de fingirse al margen. Al rato se le unió Emmet, que inmediatamente se deslizó para rodearle la cintura. Ella se acomodó en sus brazos y el aburrimiento desapareció de su expresión.

Sí, se quieren…

Edward se encargó de contar a nuestros invitados la situación por la que les habíamos pedido que vinieran a Forks. Comenzó explicando lo que hacían los Vulturi con niños como Reneesme y las matanzas que eran consecuencia directa de la proliferación de los esclavos híbridos.

Tras la sola mención de Aro y Cayo, las caras de Tanya y Kate se desfiguraron de rabia. Ambas vestían de un riguroso negro, en son del luto que llevaban por el asesinato de su hermana Irina.

Entre las dos, inmediatamente se embarcaron en blasfemias de alto calibre en contra de los Vulturi, condenando la nueva actividad de los antiguos.

-¿Cómo obtuvieron esta información? Me imagino que no debe ser muy sencillo descubrir el campo de concentración de los Vulturi –preguntó Eleazar.

Miré de reojo a Edward con ansiedad.

Había llegado el momento de contarles sobre las brujas.

-Mi ceguera es confirmación más que suficiente –explicó Alice he empecinado en ver qué está sucediendo en Volterra, pero todo lo que puedo divisar es un vacío negro. Estoy absolutamente bloqueada hacia lo que esté pasando allá.

-Los únicos capaces de bloquear los poderes de Alice son los licántropos y Nessie –explicó Edward –Que ella no pueda ver a los Vulturi nos sirve para comprobar nuestras sospechas.

-Pero hay algo que sigo sin entender –exclamó Garret. Sus pupilas eran doradas ahora, como las nuestras. Durante los últimos tres años, el ex nómada había estado probando la vida "vegetariana", logrando adaptarse a ella sin problema. Con Kate ya eran una pareja estable. Sobre la mesa, mantenían las manos tomadas.

-¿Cómo es que comenzaron a sospechar? Sólo se les ocurrió, fueron amenazados, avisados… ¿qué?

Edward y Alice intercambiaron una mirada furtiva.

-Hace casi un mes, recibimos unas visitas inesperadas –dijo él con calma.

En mi cabeza, la ansiedad se alzaba como un tsunami.

-Dos mujeres humanas llegaron a nuestra puerta. Venían en busca de Reneesme.

Los ojos de Carmen se abrieron redondos. No pude distinguir si su expresión era de miedo, o de sorpresa.

- No eran humanas normales, pues no pudimos sentirlas llegar. No escuchábamos el latir de sus corazones ni el olor de su sangre. Además, eran inmunes a nuestras habilidades. Ellas aseguraban venir en paz, por lo que decidimos escuchar lo que tenían que decir.

"Nos explicaron que eran brujas. Humanas que por siglos habían estado desarrollando habilidades especiales y traspasándolas de generación en generación a los nuevos miembros de la comunidad desde donde provienen. Aseguraban tener un contacto especial con la tierra y con la vida. Ellas nos contaron sobre lo que los Vulturi estaban haciendo con los híbridos en Italia, y que debido al daño que ellos estaban causando en el equilibrio del mundo, habían decidido salir del anonimato para poner fin al reinado de la familia de Volterra".

Las caras de los vampiros fueron cambiando desde estupefacción a burla, incredulidad, miedo y luego nuevamente a sorpresa.

Edward continuó explicándoles cómo ellas nos avisaron de lo que Aro y los Vulturi llevaban a cabo en Volterra y lo que pretendían hacer al respecto. Especificó con detalle el entrenamiento del que era parte Reneesme en la cabaña y lo que las brujas habían demostrado ser capaces de hacer.

Ellos se quedaron en silencio, escuchando la explicación de Edward con atención.

Hasta que Eleazar interrumpió.

-Parecen estar completamente seguros de que las brujas dicen la verdad. Me parece ingenuo confiar en humanos que han visto cómo masacran a su especie durante milenios y no han hecho nada para prevenirlo.

Intentamos explicarles sobre la teoría del león y la gacela (que había sonado muy convincente cuando Amanda lo había dicho), pero no fue hasta que Edward relató mi encuentro con el fantasma de mi abuela, y que reveló cómo ella me había confirmado que los vampiros sí teníamos alma, que finalmente se distendió el cargado ambiente.

Cada miembro del clan Denali contuvo el aire dentro de sus pulmones.

- ¿Un fantasma te aseguró que los vampiros tenemos alma? –Tanya intervino por primera vez, con su voz de diosa, atónita y conmovida por mi historia.

Carmen susurró algo en español y apretó la mano de Eleazar sobre la mesa.

- Sé que suena un poco irreal, pero…

Kate se levantó de su asiento y golpeó la mesa con el puño.

-Me parece suficiente información. Si las brujas están dispuestas a embarcarse en una empresa que nosotros, siendo vampiros, deberíamos haber concluido siglos atrás, entonces yo iré con ellas. No seguiré quedándome callada ante la impunidad con que obran los Vulturi. Sean o no sean brujas de verdad, tengamos alma o no tengamos alma, yo apoyaré a Nessie en la batalla, de todas las formas que me sea posible, y espero que ustedes, hermanos míos, estén de acuerdo conmigo. Se lo debemos a Irina.

-Estoy de acuerdo. Hemos sido víctimas durante décadas, y aún así nos hemos quedado callados.

-Chicas, entiendo que quieran justicia, pero los Vulturi son…

-Querido Eleazar, si no lo logramos, al menos seremos el primer paso para que el resto de nosotros saque la voz.

-Aún si no sobrevivimos, al menos habremos dado la vida para que Nessie exista en un mundo mejor.

-¿Entonces está decidido? –preguntó Eleazar resignado.

-Está decidido –dijeron las tres vampiresas a coro.

Así fue como el clan Denali, completo, se anotó para la batalla.

En la tarde salieron todos de caza, menos Emmet y yo que nos aprestamos al claro para seguir entrenando. Al rato se nos unió Olivia y comenzamos una fructífera sesión de lucha mágica. Estuvimos en eso un par de horas y luego volvimos a la casa, para reunirnos con el resto de nuestra familia.

Carmen insistía en ver a Nessie, por lo que le tuvimos que suplicar más de una vez que no fuera a interrumpir las sesiones de Amanda en la cabaña. Pero a la hora del crepúsculo, Tanya y Kate se sumaron a la petición de Carmen, por lo que tuvimos que ceder.

Decidimos hacer hora para esperar a que en la cabaña estuviera todo en orden, que las brujas estuvieran aprestándose para cenar o para dormir.

En el living estábamos todos los vampiros, nuestra familia, la de Tanya, y Olivia, que estaba sentada en una silla, con las piernas cruzadas, sin ningún atisbo de temor frente a la presencia del nuevo clan.

Edward y yo tocábamos el piano para entretener a nuestros invitados. Hacían días ya que no teníamos tiempo para relajarnos un rato. Interpretamos melodías nuestras, inundando la casa de un sonido calmado y dulce, esperando transmitir paz a los demás, que se encontraban exaltados por las noticias sobre los Vulturi.

Mientras tocábamos, dejé que mi cabeza se deslizara suavemente sobre el hombro de Edward. Él me dio un beso sobre el cabello, y seguimos haciendo música. Estaban todos en silencio, disfrutando de la atmósfera cuando, una vez más, sonó el timbre.

Tuve un deja vu inmediato. Ninguno de nosotros sintió que se acercara alguien por el jardín. Ni el ruido de motor de un auto, ni el caminar de un humano.

Edward parecía tan asombrado como yo. Dejamos de tocar inmediatamente.

- ¿Escuchas algo? –le pregunté nerviosa.

- Nada –me contestó seco.

- ¿Quién es? –preguntó él, volviéndose hacia Olivia, que ahora estaba tiesa sobre su silla.

- ¡Qué se yo! –exclamó levantando los hombros.

- Un humano –susurró Emmet, que espiaba por la ventana.

Distintas exclamaciones de sorpresa se repartieron por la habitación.

El clan de Tanya se agrupó atrás, temeroso de lo que estuviera a punto de suceder. Nosotros intercambiamos miradas de sospecha por medio segundo, hasta que Edward se decidió a abrir la puerta.

-Buenas noches –saludó la voz de un hombre – ¿Es esta la casa de Reneesme Cullen?

Edward no alcanzó a contestar, ya que Olivia se puso de pie de un salto y ya estaba detrás de él, frente a la puerta, gritando con todas sus fuerzas.

- ¡Tomás! ¡Tomás! ¡Tomás!

Edward dio un paso al lado y la chica se lanzó sobre los brazos del desconocido.

– Ridícula –le escuché decir a él, y de nuevo reinó el silencio.

Quise acercarme al hall para poder ver mejor qué estaba sucediendo, pero Edward lo invitó a pasar antes de que yo alcanzara a llegar.

Detrás de mi marido, venían los dos caminando abrazados, en lo que parecía una figura deforme: como una especie de abdomen jorobado, con una gran masa de cabello negro lacio de dos cabezas, que caminaba con piernas de hombre por la habitación.

-Perdonen a mi hermana, es bastante efusiva –el chico hablaba, pero no se le veía la cabeza.

Ella se había aferrado al torso del chico con brazos y piernas, escondiendo la cabeza en el surco de sus hombros. Los dos tenían el pelo del mismo negro azabache. Los dos lo tenían largo, solo que a él le llegaba hasta los hombros y a ella casi hasta las caderas. En el abrazo que se estaban dando, no se podía divisar donde comenzaba el de Olivia, ni donde terminaba el de Tomás.

-Olí, ha pasado sólo un mes, deja de exagerar por favor –dijo él, palmeando con cariño la espalda de su hermana.

Ella finalmente lo soltó y se puso a su lado, arreglándose la desordenada cabellera.

-Oigan todos, les presento a mi hermano mellizo Tomás. De cariño le pueden decir TJ. Todos, este es TJ. TJ, estos son todos".

Algunos sonrieron, otros saludaron con la mano.

Tomás era corpulento, se parecía mucho a Jacob. Vestía muy simple: jeans y una polera blanca. En la espalda llevaba una guitarra.

Edward entró detrás de él y se volvió a sentar conmigo junto al piano, para contemplar con calma a los hermanos y a la divertida conversación que estaban teniendo.

-¿Cómo nos encontraste? –exclamó Olivia con entusiasmo.

-Eh… Si. ¿no se suponía que estaban en un hotel?

-Ah. Es que los Cullen decidieron alojarnos. Nos estamos quedando en la cabaña al otro lado del río. Supongo que también te puedes quedar con nosotras. Donde caben uno, caben dos.

-¿Está bien eso? –preguntó TJ repartiendo la mirada entre Edward y yo.

-Si, claro. Sé bienvenido TJ –dijo Edward.

-Pero no vienes solo, ¿no es así? –preguntó Alice entusiasmada.

-Tú debes ser Alice –sonrió TJ mientras hacía una reverencia con la cabeza -. Gusto en conocerte.

El desconcierto volvió a mi cara. Solo que ahora era acompañada por el de todos, Olivia incluida.

- ¿Qué estás diciendo? –le preguntó esta a su hermano, frunciendo el ceño.

- No he venido solo.

- Estarán todos aquí en tres…, dos..., uno…-, sonó el timbre.

Y Alice sonrió con aire de suficiencia, tal como lo hacía cada vez que acertaba en una predicción.