Visiones
- Me estás tomando el pelo, Tomás –acusó Olivia a su hermano, cruzándose de brazos.
Yo, por mi parte, estaba completamente sedada. Mi posición en el piano no había cambiado. El único movimiento que me permití fue el necesario para tomarle la mano a Edward, que permanecía sentado a mi lado, tan expectante de lo que sucedía como yo.
Al contrario de la primera vez que los brujos llegaron a nuestra casa, ahora en vez de temor, sentía impaciencia: quería ver a aquellos que estaban por entrar, tenía una curiosidad enorme por conocerlos.
Alice, por el contrario, ya los había visto. Conocía sus caras, sus nombres, sus intenciones, sus habilidades; y Edward, por poder leer el pensamiento de su hermana, estaba ahora al tanto de lo que ella sabía. Yo, en cambio, callaba ignorante al lado de mi marido, sorda de los pensamientos ajenos, y expectante de los eventos futuros.
Junto a mí, el resto del clan Cullen y el de Denali, permanecimos en silencio mientras la bruja de pelo negro agudizaba el oído.
- No puedo sentir nada –susurró –.Me estás gastando una broma, ¿no es así? -acusó Olivia con gesto impaciente a Tomás.
- Nunca hemos podido sorprenderte Olivia, síguenos el juego esta vez, ¿ok? –suplicó tiernamente Tomás.
La paciencia con que el chico trataba a su hermana melliza, me recordó a los vagos intentos de Edward por acostumbrarme a los regalos, organizándome fiestas para mi cumpleaños, obligándome a ir a la graduación.
Tan tierno…
- Si quieres yo te digo quiénes son –masculló Emmet sarcásticamente: seguía espiando por la ventana. Parecía una adolescente de quince años.
- ¡Oh por Dios! ¿Qué tan difícil puede ser? –exclamó Rosalie desde el otro lado del salón, y en medio segundo se transportó hacia la puerta.
- Y detrás de la puerta número uno… -masculló antes de abrir.
- ¡Hola! –saludó la voz de una mujer joven, probablemente adolescente.
- Estamos buscando a…
- Por acá. –señaló Rosalie dándole la espalda a los humanos mientras volvía al living.
Detrás de ella venía una menuda chiquilla que no aparentaba más de 18 años; entró y se quedó de pie frente a nosotros, dándonos los segundos necesarios para apreciar su contextura física.
Era más o menos de mi porte; su pelo también era castaño, pero en una versión mucho más clara que el mío, cercano al rubio oscuro. Tanto así que en algunas partes se podían divisar suaves mechones dorados; su cabellera era abundante y le llegaba hasta la mitad del brazo, terminando en amplios rulos abiertos.
Desde mi posición, cerca de la entrada, pude analizar con detención el verde de sus ojos, brillante y adornado con tonos más oscuros cerca de la pupila. Su mirada se fijó inmediatamente en la figura de Alice, a quién dedicó una sonrisa hermosa, adornando las facciones ovaladas de su rostro con una larga y perfecta hilera de dientes blancos. Se miraron intensamente, como si hubieran estado esperando este momento por mucho tiempo.
El protagonismo de la chica se vio diezmado por la aparición de otras tres personas, dos mujeres y un hombre, que se instalaron tras ella como escoltas.
La primera en llamar mi atención fue la pequeña pelirroja que se puso a la derecha de la chica. Era la más bajita del grupo, probablemente también era la más joven. Desde su nariz nacían un montón de pecas que se expandían a lo largo de sus mejillas. Su pelo era rojo, parecido al de Amanda, pero sus ojos eran color chocolate, muy distinto al verde acuoso de la sacerdotisa. Su mirada no era tan cordial como la de los otros; nos examinó uno a uno con recelo, estudiándonos dedicadamente, sin demostrar miedo ni indiferencia. Me dio la sensación de que era una persona fría y calculadora.
A espalda de la pequeña se erguía la segunda mujer.
Era la más alta del grupo y su figura era tan esbelta como la de una modelo de pasarela. Llevaba un pañuelo amarrado en la cabeza, por lo que no pude determinar de qué color eran sus cabellos. Lo que sí pude ver con claridad fueron sus ojos, de un color celeste límpido y cristalino como el agua del caribe; me recordaron las playas que rodeaban la isla Esme. Su semblante era juguetón. Su sonrisa relajada, suavizaba las duras facciones cuadradas de su mentón. Era, de seguro, la más bella de todas las humanas.
El último del grupo, el único hombre además de Tomás, estaba más cerca de Elisa que el resto: sus dedos se entrelazaron cuando él la alcanzó por la izquierda. Llevaba muñequeras negras en ambas manos y un hilo de cuero en el cuello, del cuál colgaba una extraña piedra de color verde. Su pelo corto, era del mismo color rubio ceniza que el de Elisa, y lo llevaba completamente desordenado. Vestía de blanco de pies a cabeza, con pantalones de hilo y una polera muy holgada.
Los cuatro se quedaron inmóviles –al igual que nosotros –esperando algún tipo de reacción de la parte contraria. Pero no sucedía nada. Un silencio incómodo se extendió en el lugar durante varios segundos; la expectación mutua era inquebrantable, ninguno de nosotros se atrevía a hablar.
Olivia también se había quedado estupefacta. Boquiabierta, observaba a los cuatro jóvenes sin cambiar de expresión.
- ¿Qué le pasa? –le pregunté secretamente a Edward.
- No lo sé, me parece que está en shock –me contestó en un susurro.
Aparentemente los pensamientos de Olivia no estaban siendo útiles en este momento, ni para nosotros, ni para ella misma.
- ¿Cómo estuvo? – habló la chica rubia por primera vez, dirigiéndose a Alice.
- De película –contestó la vampiresa acercándose a la chica, y luego extendiendo la mano para saludarla.
Las dos se estrecharon la mano y se miraron fijamente a los ojos, manteniendo una conversación secreta que escapaba a todos, incluso a Edward, que miraba el espectáculo con tanto asombro como el resto de nosotros.
-¿Nos podemos mover ahora? –preguntó la pequeña con tono autosuficiente.
- Si claro, ahora pueden lanzarse sobre Olivia –contestó la otra aún sin despegar los ojos de Alice.
Las dos chicas restantes se abalanzaron inmediatamente sobre Olivia, apretándola sin darle tiempo de reaccionar. Entre las dos gritaron lo suficientemente fuerte como para contaminar todo el pueblo con sus altos decibeles. Aprovechando la distracción, el clan de Tanya se apartó hacia el comedor, dejándonos oficialmente encargados de los recién llegados.
- ¿A tu hermana que bicho le picó? –dijo el joven rubio en voz baja, inclinando su cabeza hacia Tomás.
Este levantó los hombros y sacudió levemente la cabeza.
Ni idea.
De entre los cuatro brazos que amenazaban con ahogarla, Olivia levantó la cabeza y se dirigió hacia la chica que seguía sosteniendo la mano de Alice.
- Y esa manera de entrar tan dramáticamente, ¿de donde salió?
La chica desconcentró su mirada hacia Olivia y se lanzó a reír, al mismo tiempo que nuestra hermana pitonisa fue presa de una sonora carcajada. Con Edward intercambiamos una mirada de incredulidad, pero luego no pudimos evitar sonreír: las dos estaban contagiosamente contentas.
- Lo que pasa es que Elisa sabía que ella nos vería venir antes de que llegáramos –dijo la más pequeña señalando a Alice –.Así que nos hizo prometer que entraríamos dramáticamente, como en las películas, para que cuando ella tuviera la visión de nosotros entrando, fuera el momento clímax, como en una película de súper héroes.
La pequeña pelirroja cruzó los brazos y se dejó caer en el sofá blanco al lado de Emmet, que por cierto, ya no espiaba desde la ventana.
-Estás loca, sabes –le dijo Olivia a su amiga.
Ahora por fin podía hablar normalmente, pues sus amigas la habían soltado.
-Lo sé –respondió.
-Hm –carraspeó Emmet desde el sillón.
-Ah, si, haré las introducciones pertinentes ahora mismo. Acomódense primero para poder señalarlos cuando los nombre.
Los recién llegados se las arreglaron para sentarse en el ya copado living. Tomás y el otro chico siguieron de pie junto a la puerta, mientras que las niñas se sentaron en el suelo.
- Eh… bueno –tartamudeó Olivia –.A TJ ya se los presenté, es mi hermano mellizo. Él es Gabriel, amigo de Tomás y novio de Elisa, la chica rara que quiere verse bonita en visiones ajenas –se burló Olivia señalando a la pareja de chicos rubios que se tomaban de la mano.
- ¿Rara? Gracias.
- Como quieras –contestó Olivia enrolando los ojos –.La pequeña, que obviamente no gusta de ser la pequeña, es Xia, mi prima.
Mientras la presentaban, Xia hizo como si no estuvieran hablando de ella, prestando muchísima atención a las lámparas del techo.
- Y finalmente está Bengara, amiga fiel y compañera de travesuras –la hermosa chica del pañuelo nos miró e hizo una solemne reverencia con la cabeza.
-Y ustedes…. ¿Son todos brujos? –preguntó Esme con delicadeza.
Emmet soltó una risotada irreverente.
-Si –contestó Olivia.
-No –le corrigió su hermano.
-Somos todos brujos en teoría, t o m á s –replicó Olivia.
-Yo soy el guerrero de nuestra comunidad –aclaró TJ mirándonos a Edward y a mí.
-Entonces, ¿todos tienen habilidades distintas? –pregunté sorprendida.
-Me parecía haber entendido que todos sabían lo mismo. Y que cada cuál podía acceder a los conocimientos de la misma manera.
-Oh bueno, eso es un poco más complicado –se disculpo Olivia.
-Somos todo oído –dijo Edward impaciente.
-Todos aprendemos lo mismo, pero no funcionamos de la misma manera –explicó –.Nosotros cinco somos una cordada, luchamos juntos. Hemos sido amigos y compañeros desde siempre. Nuestras habilidades se complementan. Tomás, por ejemplo, es el guerrero y el herrero del grupo: sabe de armas y las maneja todas con mucha facilidad –el pálido y fornido mellizo de Olivia sonrió complacido ante su propia descripción –.Él es acompañado de cerca por Xia, cuya habilidad es la más peligrosa de todas: no la quieren hacer enojar.
Ahora sí la pelirroja Xia prestó atención. Sus delgados labios se curvaron sonrientes, mientras cruzaba una pierna sobre la otra.
- Desde pequeña nos trajo muchos problemas… pero es muy largo de explicar, después entraremos en detalles. Bengara tiene una extraña habilidad para entender el subconsciente de las personas. Puede entrar en sus sueños, entender sus problemas y hacerlos entrar en trance según su voluntad. Es nuestro Freud personal.
La bella chica nos dedicó una tímida sonrisa, tal vez intentando ser humilde con respecto a su poder. Completamente contrario a la pequeña Xía, que había fruncido el ceño al verse postergada.
- En la parte de atrás, a modo de defensa, está la parejita. Gabriel es el curandero. El puede curar las heridas más terribles gracias a su comprensión y manejo del aura. Normalmente se dedica a atender a los heridos, pero también actúa como un arma ofensiva, cuando neutraliza el aura de los atacantes, quitándoles así toda la fuerza que tienen.
- Por último está Elisa, cuyo poder me parece que pueden adivinar. Ella es como Alice, ve el futuro. Tiene visiones y también hace predicciones con las cartas del tarot o leyendo las manos. En batalla, se mantiene atrás para proteger a Xia, Bengara y Gabriel, con cuyas habilidades somos muy difíciles de doblegar.
- Entonces, ustedes ya se conocían, por decirlo de alguna manera –preguntó Rosalie aún sin sonreír.
-En realidad fue todo muy rápido –contestó Alice –no pude verlas venir hasta hoy por la mañana. No sé si tomaron la decisión tarde o hubo alguna brujería de por medio –Elisa sonrió a Olivia con aire de culpabilidad –.El caso es que alcancé a verlas entrar a la casa como si este fuera un bar del antiguo oeste, y luego divisé a Xia explicando lo de la entrada dramática, lo cuál, debo decirlo, estuvo muy bien logrado.
El grupo de jóvenes se rió con ganas cuando Elisa comenzó a relatar su idea como guionista de precogniciones. El ambiente se disipó al instante con las bromas de la clarividente. Luego Tomás explicó que se habían demorado en llegar debido a que las hermanas eran inubicables, gracias al cambio de "residencia" que habían hecho a última hora.
El guerrero se encontraba en medio de una descripción detallada de los extraños personajes del pueblo de Forks –como el jefe de policía, por ejemplo –cuando Olivia se puso repentinamente de pie.
Alertados por la reacción de la joven bruja, todos nos levantamos inmediatamente de nuestros asientos, alistándonos para cualquier tipo de ataque sorpresa que estuviera a punto de caer sobre nuestras cabezas.
Pero lo que estaba por llegar, distaba mucho de un peligro para nosotros; era un gran terremoto, sí, pero sólo para el grupo de brujos, que concientes de lo que sucedía, se desdibujaban en miradas inquietas de temor y sorpresa.
- Si ella no sabe que son ustedes –dijo suavemente Olivia casi susurrando –Quiere decir que no son estas vuestras órdenes. Entonces, ¿Qué diablos hacen aquí?
No hubo tiempo de respuestas por parte de los brujos, pues la puerta de entrada a la casa se abrió de golpe, víctima de una ráfaga de viento huracanado.
Inmediatamente, Emmet y Edward se adelantaron al grupo, mostrando los colmillos a quién fuera que se prestaba para entrar.
A ninguno de los vampiros que estábamos en ese momento en el lugar, se nos ocurrió qué podía causar aquél estruendoso impacto sobre la puerta. Pero los jóvenes brujos ya estaban preparados para lo que se les estaba por venir; sabían perfectamente desde donde provenía tal fuerza…
Edward y Emmet alcanzaron a tocar el piso con la punta de los dedos cuando Amanda entró ágil en el living, con la mayoría de su rostro escondido detrás de sus cabellos, adelantando con el brazo derecho un gran báculo de madera, en cuya punta se alzaba una hermosa piedra redonda parecida a un ópalo, pero que brillaba de color blanco.
Moviéndose así parecía una fiera, una leona enfurecida, cualquier cosa menos la dulce y melancólica sacerdotisa que todos los días nos sonreía tranquila mientras meditaba.
Sus ojos no se enfocaron en lo que sucedía a su alrededor hasta que divisó el rostro de Elisa entre el grupo de jóvenes, que se encontraban todos amontonados detrás de Olivia, como si ella fuera la única capaz de protegerlos.
Todo el rostro de Amanda se relajó cuando Elisa la saludó con la mano, esbozando una tímida sonrisa. Recién en ese momento, la mujer soltó los hombros y bajó el báculo, cuya piedra cambió inmediatamente, desde el extraño ópalo blanco a un cristal transparente común y corriente.
-Hola Gandalf, también estamos muy felices de verte –se burló TJ, que había permanecido de pie en el mismo lugar.
Amanda no le contestó, pero le propinó un buen golpe en el estómago con el extremo inferior de su báculo, dejándolo sin respiración.
- ¡Elisa! –exclamó Amanda con autoridad, ignorando de pleno a sus hermanos y mirando con furia a la bruja que se escondía detrás de Olivia.
- Si, lo sé, no son las instrucciones que tenía –se disculpó Elisa, dando un paso hacia la sacerdotisa y soltándose de la protección de los brazos de su amiga. – ¡Pero no sabía qué más hacer!
- Hablaremos de esto más tarde –le interrumpió Amanda, mientras TJ, que se había repuesto muy rápido del golpe de su hermana, se acercaba a la ventana.
- Esa chica Cullen se las trae. Con tanto lobo alrededor, nosotros no parecemos tan poderosos –dijo mirando hacia el jardín.
Renesmee, pensé, al mismo tiempo que Edward y yo salíamos hacia el patio delantero de la casa. Afuera se encontraba Nessie agazapada hacia el suelo, lista para atacar cualquier cosa que saliera de la puerta principal.
La escoltaban 5 lobos. Jacob estaba a su lado, también preparado para atacar.
- Está todo bien chicos –explicó rápidamente Edward –son solo unos amigos de Olivia, será mejor que entren.
La manada se mantuvo quieta hasta que el alfa gruñó una orden en idioma lobuno. Acto seguido, los cinco licántropos se retiraron juntos hacia el bosque, mientras que Nessie volvía lentamente a retomar la posición de un humano.
Luego caminó con calma hacia nosotros y nos abrazó.
- Pensamos que algo malo sucedía. Lo siento si los asustamos.
- No es nada, pequeña –la tranquilizó Edward –estos chicos son un espectáculo que no te quieres perder. Mejor será que entremos.
Volvimos a la casa. Reneesme y yo nos mantuvimos de la mano. Los tres nos sentamos en el banco del piano, ella sobre mis rodillas y Edward a mi lado.
Durante el minuto que estuvimos en el jardín, las cosas habían cambiado notablemente en el interior de la casa.
Ahora los humanos se encontraban en calma, sentados y rodeados por vampiros curiosos, pues Tanya y los demás, habían vuelto para presenciar la acción entre los brujos.
Elisa, la única que se encontraba aún de pie, explicaba a su audiencia por qué había tomado la decisión de viajar anticipadamente.
- Fue una decisión complicada, pero no tuvimos otra opción. Seguí trabajando en lo de Volterra, para poder ver lo que estaba sucediendo, pero me costaba mucho trabajo lograr esclarecer los grandes vacíos dentro de la ciudad. Solo hace tres días, tuve por primera vez en un largo tiempo, una visión clara del futuro. Pude ver el primer viaje de Reneesmé –dijo volteándose para reverenciar su cabeza hacia mi hija –y me di cuenta de cómo evolucionaría. Supe que los eventos se acelerarían y que mis visiones no alcanzarían a llegar a tiempo para que fueran realmente útiles. Pero luego, tuve otra visión: me vi de la mano con Alice, en un profundo trance. Distinguí un gran poder que nacía de nuestra unión, y que nos ayudaba a dilucidar la oscuridad que ambas percibimos del futuro.
- No entiendo que estás diciendo Elisa –interrumpió Olivia –no veo la urgencia en este asunto, ¿por qué no esperaste a recibir instrucciones?
- Oli por favor. Te estoy diciendo que Alice y yo tendremos una visión. Lo he visto, ella lo ha visto.
- Las dos estamos destinadas a obtener, en los próximos días, una información importantísima, que será decisiva en el comienzo de la guerra –explicó Alice, robándole las palabras de la boca a Elisa.
Luego la bruja sacó de su bolsillo un pendiente, del cuál colgaba una piedra de color verde agua. Se la alcanzó a Alice, que se la colgó del cuello sin inspeccionarla.
Se volteó para mirar a la sacerdotisa. Sus ojos ya no se reían. Pude ver, por primera vez, a la poderosa bruja que vivía dentro de su dulzura.
- Amanda, la guerra comenzará en tres días a partir del momento en que Alice y yo, logremos ver el futuro.
