Los brujos
Primero hubo silencio. Después un murmullo comenzó a crecer entre quiénes habíamos recién escuchado la noticia salir de los labios de Elisa.
Los que menos se preocuparon de ocultar las apariencias fueron los humanos. Sus diálogos, llenos de suposiciones y advertencias belicosas, eran los que mejor se podían distinguir de entre todo el sonido de conversaciones que invadía el living de nuestra casa.
-¿Estamos preparados?
-Tres días.
-Si vinieran mañana, se encontrarían con un gran problema.
-Tenemos que entrenar más.
-¿Tú crees que ganaremos?
-Están fritos.
-Revueltos.
-Ya son cenizas.
-Debemos prepararnos mejor, ¿cuántos son?
-¿Cuál será la estrategia?
-¿Dónde será la batalla?
-Déjenlos venir.
-Sí, que vengan.
-¡Amén!
Los jóvenes brujos conversaban en voz alta, sin preocuparse de quiénes los estábamos escuchando. Cada vez se les podía oír con más fuerza declarar la guerra al enemigo lejano, determinados a exterminar a quien fuera que viniese a atacarlos, en cualquier lugar, a cualquier hora.
El griterío hubiera continuado de no ser por el fuerte golpe que Amanda propinó con el extremo inferior del bastón sobre el suelo. Con un solo movimiento, los sonidos cesaron de inmediato, y la atención de los jóvenes se centró sobre la sacerdotisa de pelo rojo.
-Van a tomar sus cosas y seguirán a Reneesme hasta la cabaña. Yo los alcanzaré más tarde –ordenó con voz seca.
Los chicos se movieron inmediatamente después de escuchar la orden.
Todos, menos una.
-Elisa –susurró Amanda -. Tú te quedas.
Uno a uno, los recién llegados desaparecieron tras el río. Todos los brujos, junto a Reneesme volvieron a nuestra cabaña.
Elisa, de pie frente a su maestra, se quedó contemplando a Alice conmocionada, sin saber cómo actuar.
-Siéntete como en casa –le invitó la vampiresa, estrechándole nuevamente la mano y acompañándola a sentarse en el sofá blanco.
Mis expectativas estaban perdidas. No entendía qué más quería saber Amanda. Tampoco podía aventurarme a suponer los reales conocimientos de ambas clarividentes.
Ni siquiera pude advertir en Edward un posible desenlace de la situación, pues en su mirada reconocí la duda, al igual que en la del resto de los vampiros que nos acompañaban. De seguro Elisa tenía bloqueada su habilidad, tal como lo había hecho Olivia en un principio. Amanda aún no había cedido en mostrar sus pensamientos, por lo que no había ninguna respuesta que Edward pudiera escuchar de ella. No me quedaba más opción que esperar una respuesta hablada.
Amanda se sentó en una silla y desde esa posición escudriñó el rostro de Elisa, luego el de Alice.
-Esta visión –preguntó – ¿la han tenido las dos?
-Si –contestaron ambas al unísono.
-Entonces…
-Tenemos que estar juntas –explicó Alice –es la única forma de prepararnos para lo que sucederá.
Amanda calló. Su semblante se mantuvo pensativo.
-¿No hay manera de evitarlo? –pregunté tímidamente.
-No lo sé, Bella –contestó Alice -. No conozco el futuro…aún.
-Tenemos que evitarlo –sentenció Eleazar, rompiendo el silencio del clan Denali –. Es la única forma de proteger el ataque sorpresa. Si los Vulturi se enteran de nuestra llegada…
-Seremos pan comido –dijo Emmet completando la frase.
Desde el momento en que las brujas nos plantearon la posibilidad de la guerra, siempre hablaron de un plazo mínimo de un año, durante el cuál podríamos prepararnos sin problemas. Ahora las cosas estaban cambiado, pero no entendía por qué. ¿Era el poder de Reneesme lo que había cambiado el panorama? ¿O estaban sucediendo cosas imprevistas, que ni siquiera las brujas eran capaces de anticipar?
Las discusiones seguían en pie. Amanda continuaba interrogando a Elisa sobre su visión, mientras que el resto de nosotros, los vampiros, nos apurábamos a hacer planes de batalla y estrategias.
Contábamos con la ayuda de los amigos de Carlisle, que estarían por llegar en pocos días. Nuestra familia, el clan Denali, los egipcios y los irlandeses, eran el apoyo seguro en la batalla. Entre todos, éramos un ejército de 23 vampiros, eso si contábamos con la participación de Amún y su compañera Kebi.
Con respecto a cómo los humanos aportarían en la batalla, nadie lo tenía muy claro.
Eleazar era el que se veía más contrariado con los brujos, pero en general todos dudaban de las capacidades de los humanos. Nadie los había visto defenderse; sólo yo conocía la potencia mágica de las brujas, pues la combatía diariamente con Olivia en los entrenamientos.
Por lo menos ella me parecía lo suficientemente capaz de sobrevivir a la embestida de los Vulturi. Y si ella lo era, su hermana Amanda, la sacerdotisa, debía de ser aún mejor.
- Edward –llamó Alice -, a partir de hoy dormiré con las humanas en tu casa.
Amanda y los vampiros clavaron los ojos sobre las dos clarividentes.
Si insistían en estar en contacto todo el tiempo, eso quería decir que desde ahora, la cuenta regresiva nos acorralaba.
- ¿Quieren decir que quedan tres días para la guerra? –se alzó Kate atónita.
- No. Lo que sucede es que no sabemos cómo, ni cuándo sucederá la visión. Ninguna de las dos es capaz de ver hacia Volterra, por lo que actualmente somos inútiles. Lo único que sabemos es que, en algún momento estando juntas, tendremos una visión importantísima. Y como no sabemos cuándo será, mejor que nos preparemos para estar una sobre la otra, de aquí hasta que aquél día nos alcance la clarividencia.
- Amanda, ¿te molestaría si Bella y yo también nos unimos a ustedes al otro lado del río? –preguntó Edward a la bruja.
- Para nada, sean bienvenidos a vuestra propia casa.
Dediqué una mirada pensativa hacia Esme. Me molestaba la idea de dejarla sola. A pesar de que estaría en compañía de Rosalie y Emmet, sabía que no estaba acostumbrada a tener a sus hijos repartidos, y menos en ausencia de Carlisle.
-Estaré bien querida –sonrío Esme adivinando mis aprensiones –estaré junto a Tanya y los demás.
-No dejaremos que nada le ocurra –sentenció Garret tranquilos.
-¿Están seguros que no quieren más compañía? –preguntó Emmet.
-Déjalos –interrumpió Rosalie tenemos por qué ir para allá.
Emmet hizo una mueca casi imperceptible. ¿Ahora tenía ganas de ir con los brujos?
Caminamos en silencio hacia la cabaña.
Al llegar allá, nos sorprendimos al ver una pequeña fogata en nuestro jardín, en cuyo alrededor un grupo de diez humanos y una semi-vampiro se calentaban las manos. Mientras Tomás tocaba la guitarra, algunos chicos cantaban y otros charlaban, completamente a gustos en el lugar.
Aún no pisábamos el jardín, pero el fuego se veía a lo lejos, incluso para la visión de Amanda.
-¿Qué están haciendo? –pregunté curiosa.
-Intentan conocerse mejor –contestó Elisa -. Si vamos a morir juntos, es una buena idea saber con quién darás la batalla.
-¿Alguien morirá? –siseé.
-No si lo podemos evitar –sentenció Alice, mirando a Elisa con el rabillo del ojo.
-No estimulen a esta mujer –dijo Amanda –si Olivia es imprudente hasta la vergüenza, el sarcasmo de Elisa es aterrador.
-Por eso somos tan amigas –sonrió la joven bruja -. Hacemos un gran equipo.
El grupo de humanos que conversaba en el jardín de nuestra cabaña no debían ser mayores que yo. Si siguiera viva, tendría veintitrés años, y los chicos eran más o menos de esa edad.
Cuando nos acercamos hacia la fogata, noté que además de los brujos recién llegados, la manada de Jacob también se encontraba en el jardín. Todos con expresiones interesadas, se mostraban atentos con ellos, conversando, riendo y en el mejor de los casos, cantando. El fuego les iluminaba las caras. Reconocí a Seth, Quil y Embry, además de Jacob, obviamente.
Leah no estaba ahí. Supuse que también se negaba a estar en contacto con los brujos. En realidad se negaba a estar en contacto con prácticamente todo el mundo. Que les hiciera el quite también a estos nuevos allegados, era completamente normal.
Por un momento deseé poder sentarme con ellos a disfrutar de una conversación normal, pero luego vislumbré la cara de Reneesme bajo el fulgor del fuego.
Aunque fuera, en teoría, un par de años menor que yo, seguía siendo mi hija, y ninguna hija quiere a su madre charlando en una fogata con sus amigos. Deseché inmediatamente la opción de acompañarlos.
A nuestra llegada, se produjo un grave silencio.
Desvié mis ojos sobre la figura de Amanda, que se veía contrariamente tenebrosa bajo la luz de la luna. Sostenía el báculo del lado derecho.
Al verla de pie junto a ellos, los brujos cesaron abruptamente su conversación.
-Pasaron por sobre mis instrucciones –les reprochó la sacerdotisa en voz baja. –Es importante que no me desautoricen nunca. Hoy les salió barata, pero no les aguantaré otra desobediencia. De todas formas, los felicito por la decisión que tomaron: era lo correcto. Tienen un buen criterio a pesar de ser tan jóvenes. Tenemos muchas cosas que hacer, pero aún nos queda tiempo para que disfruten de una velada agradable. Como ya saben, estos son Edward, Bella y Alice Cullen–dijo señalándonos -. Se estarán quedando con nosotros, pero ya saben que pueden confiar en ellos.
Eso quería decir que éramos vampiros buenos, que orgullo.
O tal vez Amanda los estaba obligando a invitarnos. De cualquier forma, supe que nos tendríamos que quedar en la fogata.
-¡Vengan aquí! –exclamó Olivia con entusiasmo mientras hacía espacio entre ella y TJ.
Alice y Elisa se sentaron juntas a su lado.
Pude distinguir como Gabriel miró a su novia haciendo una mueca. Ella le lanzó un beso en el aire. Luego Tomás volvió a sacarle sonidos a la guitarra y todos los chicos siguieron conversando.
Amanda nos hizo una reverencia con la cabeza.
–Estaré meditando. Nos vemos mañana –se despidió y luego entró a la cabaña.
Nuevamente nos encontramos solos, Edward y yo, de pie ante la inminente reunión de brujos y licántropos. Y a pesar de haber sido bienvenidos cordialmente por todos, no podía dejar de dudar con respecto a mi hija.
¿Está bien que nos sentemos con los amigos de Nessie?, pregunté a Edward en mis pensamientos.
Él la miró durante una fracción de segundo y luego me sonrió.
- Está emocionada, le gusta que compartamos con ella –me dijo al oído, susurrándome tiernamente.
Sentí como un escalofrío me recorría la espalda. No supe si era emoción porque Renesmee quería estar con nosotros, o por la proximidad de los labios de Edward sobre mi cuello. Él, atento a mi reacción, me apretó la mano entre sus dedos y me empujó con suavidad hacia la fogata, pidiendo que nos hicieran un espacio.
Quedamos sentados juntos, entre Seth y Jacob.
Entre conversaciones, TJ tocaba guitarra y cantaba, alegrando el ambiente.
Olvidé por completo que el motivo de nuestra reunión era la inminente guerra en la que pelearíamos juntos. Incluso canté algunas de las canciones que coreaban los muchachos. Me dejé llevar por completo, sin siquiera molestarme en controlar mis demostraciones de amor hacia Edward, quien tenía que alejarme a veces, cuando mis caricias se hacían más provocadoras y dejaban de pasar desapercibidas.
Pero todo fluía con normalidad. Me sentía tan relajada que apoyé la cabeza sobre el hombro de Edward. Él jugueteó con un mechón de mi pelo. En realidad, estábamos todos muy a gusto: Jacob sostenía a Reneesme de la mano y Alice estaba ensimismada en una conversación con Elisa sobre la veracidad del Tarot.
De pronto, el extraño calor que emergía de las brujas cuando se concentraban para hacer magia, emanó desde todos lados. Destacaba claramente, muy diferente del calor que provenía del fuego, más tibio, más controlado, menos intenso.
Tres segundos más tarde, Edward se puso rígido.
Me volví para observar mejor su reacción: tenía la mirada perdida y la expresión ligeramente sonriente.
Qué sucede, pregunté. Pero no me respondió.
Un par de segundos después, la comisura de sus labios se levantaron por completo, dejando que su cara se iluminara con una hermosa sonrisa.
-Entonces –dijo divertido – ¿le explicarías a Bella por favor, el cambio que acaba de ocurrir?
Le hablaba a Olivia. Ella enroló los ojos.
-Lo que pasa –me explicó –es que ahora Edward puede leer nuestros pensamientos.
-¿De verdad?
-Claro Bella –replicó Olivia –sería descortés de nuestra parte seguir bloqueándonos ante él, siendo que lo hace sentir tan incómodo.
La bruja dejó escapar una risita juguetona.
-Además –señaló la chica alta, Bengara –estamos aquí sentados para conocernos mejor. No es apropiado estar a la defensiva.
Noté como el rostro de Edward había cambiado por completo. Se veía nuevamente a gusto. Sus ojos recorrían rápido a cada uno de los humanos, seguramente reaccionando a cada pensamiento que escuchaba.
Siempre había pensado que debía ser muy incómodo escuchar tanto ruido, tantos pensamientos, sobre todo porque nunca disminuían. Pero viéndolo ahora, tan contento y totalmente a gusto al recobrar su telepatía, me dí cuenta cuán acostumbrado estaba a su habilidad; tanto que era parte de él, como lo eran sus brazos o sus ojos. Y a nadie le gusta vivir cercenado.
-Entonces –dijo una aguda vocecita –ustedes son licántropos.
La pequeña pelirroja no había cambiado su manera de mirar, tan fuerte e inquisidora. Estaba con los brazos cruzados, sentada entre Gabriel y TJ. Ahora que hablaba, en su voz se podía notar la misma hostilidad que reflejaban sus ojos.
-Si –contestó Seth -. Cambiamos de forma cuando es necesario.
-Pero, ¿no se supone que ustedes –señaló despectivamente Xia con el dedo índice –son enemigos naturales?
Nos estaba juzgando. Lo noté en la forma con la que miraba las manos unidas de Jacob y Renesmee, como si fueran una abominación de la naturaleza.
-Las cosas no funcionan convencionalmente por aquí –inquirió Jacob con tono molesto –No sé si has sido capaz de darte cuenta.
-Disculpen a mi prima –levantó la voz Olivia, gesticulando de forma graciosa –es una maestra en ver las cosas al revés.
Xia levantó una ceja.
-Bueno, entonces ustedes son una manada –continuó Elisa.
-Así es –contestó Seth.
-Ay que lindo –sonrío –nosotros también somos una manada.
-Eh… No, no lo somos –se burló Olivia.
-Pero casi, casi lo somos. Por ejemplo, ya sabemos cuál es el macho alfa y el macho beta.
TJ hizo un rasgueo con la guitarra, musicalizando el momento tenso.
El grupo entero explotó en una carcajada.
-Y bueno. Entonces sabemos que Alice ve el futuro –dijo Elisa guiñándole un ojo a la vampiresa –y que Edward lee el pensamiento. ¿Tú que haces Bella?
Oh, no. Me tocaba a mí hablar. Si había algo que seguía disgustándome aún siendo invencible, era estar bajo el escrutinio público.
Ahora todos me miraban y esperaban una respuesta coherente de mi parte. Si hubiera seguido siendo humana, estaría roja como un tomate.
Con el rabillo del ojo, vi como Edward sonreía divertido ante mi silencio.
- Bueno. Eh… -tartamudeé –soy una especie de escudo. Repelo el ataque mágico del resto –dejé escapar una risa nerviosa.
Xia tensó los labios.
- Oh bueno, eso te será útil –dijo Bengara con tono sensual.
- Lo ha sido antes con los Vulturi. Ninguno de ellos supera mis barreras.
- ¿Qué pueden hacer ellos, exactamente? –preguntó TJ mientras apoyaba la guitarra en el pasto, a sus espaldas.
Para responder a esa preguntar, debíamos explicarles las armas del enemigo, lo fuerte que era. Temí que se espantarían y saldrían corriendo de vuelta a Sudamérica y ya no habría nada que hacer. Pero Edward comenzó a explicarles las habilidades de los Vulturi sin ningún recelo.
Hablaba sin dudar, por lo que supuse que, como les podía leer el pensamiento, no había detectado en ellos ningún atisbo de miedo, sino la más pura de las curiosidades.
-Aro puede leer el pensamiento, pero no de la misma forma en que lo hago yo. Él es más parecido a Renesmee: tiene que tocar a la persona para poder leer su mente y lo que está escrito en su memoria.
Los brujos miraron con sorpresa a Renesmee.
Genial, no sabían que ella también tenía una habilidad. Me ponía nerviosa lo que ellos pensaran de nosotros. Sobre todo Xia.
Pero las miradas volvieron de inmediato sobre Edward, que seguía hablando de la guardia de los Vulturi.
-Hay varios miembros del ejército de los Vulturi que tienen habilidades especiales. Pero solo hay que tener en cuenta las importantes, las que pueden afectar nuestro é son las de Alec y Jane, la línea principal de ataque. Son hermanos. Conocidos en el mundo como los "gemelos brujos".
TJ exhaló con fuerza por la nariz, simulando una risa fastidiada ante la mención de vampiros "brujos". Y también gemelos…
-Jane puede torturar con la mente. Se concentra sobre un objetivo único y lo inmoviliza, generándole un dolor enorme, como si estuviera siendo quemado. Alec, en cambio, tiene un poder que abarca a grupos enteros. Si lo vemos desde ese punto de vista, es más peligroso que su hermana, pues él solo puede incapacitarnos a todos. Su habilidad deja al enemigo carente de sentidos, lo hace caer en una especie de bloqueo sensorial en el cuál no pierde la conciencia, pero sí el rumbo.
El grupo alrededor de la fogata exclamó en distintos segmentos.
Los licántropos se burlaron del poder de Alec, recordando lo inútil que había sido contra mi escudo. Los humanos, en cambio, armaban teorías sobre el origen de la habilidad y la posibilidad de imitarlo.
Edward y Alice se mantuvieron en silencio, mientras que yo no podía dejar de pensar en el dulce sabor que tenía la neblina negra en la que se materializaba el ataque de Alec.
-Oh vamos, chicos, no sean idiotas –dijo Xia en voz alta, haciendo callar a los demás –.Nosotros juntos somos peores que ese Alec. Les digo, no se querrá encontrar conmigo ese vampiro, se los aseguro.
-Xia, no seas tan humilde –se burló TJ –.Sin mí, tu habilidad no sirve para nada.
-¿Quieres que pongamos a prueba mi habilidad? Digamos… ¿Con tu guitarra? –amenazó la chica.
-Atrévete –replicó Tomás entre dientes.
-¿Cuáles son sus poderes? –preguntó Nessie nerviosa, intentando disipar la pelea de los primos.
-Él no tienen ninguno –dijo Xia señalando a TJ.
-No tendrías armas si no fuera por mí.
-Te crees que eres mejor que Lucas, pero no alcanzaste a obtener su aprobación –le respondió Xia sin pensar. Se mordió los labios inmediatamente después de hablar, cambiando sus amenazantes facciones por un arrepentimiento inmediato. Por la reacción del grupo hacia su comentario, supe que había dicho algo terrible.
-Cállate ya, pendeja –le contestó Olivia.
Un silencio incómodo se expandió en la fogata.
Con los licántropos nos miramos incómodos, sin saber qué decir.
Finalmente decidí romper el silencio.
-¿Ustedes trabajan en equipo? –una pregunta obvia, pero no se me venía nada más a la cabeza.
-Si –respondió rápidamente Elisa –solos somos poco prácticos. Por eso digo que somos como una manada.
-¡Y dale! –se burló Olivia un poco forzada.
El grupo se obligó a continuar con la conversación de la manera más natural posible, aunque Tomás tenía la mirada perdida y Xia la cabeza agachada.
-¿Cómo funcionan en una batalla? –preguntó Jacob.
-Bueno –explicó Olivia –todos podemos pelear físicamente. Tenemos armas y las sabemos ocupar bien. Pero nuestros poderes son más prácticos en grupo. A la cabeza siempre va Tomás. Es un magnífico guerrero, puede incluso derribar a un vampiro sin usar poderes. Él es el que distrae al enemigo y lo debilita, mientras nosotros le resguardamos las espaldas y atacamos al enemigo. El primer poder en manifestarse siempre es el de Bengara. Ella tiene una hermosa habilidad. Puede entender el subconsciente de las personas. Comprende su funcionamiento, por lo que si quiere, es capaz de inducirlos a dormir y hacerlos soñar con cualquier cosa que ella desee. Funciona de maravillas con los humanos, pero en el caso de los vampiros, no es tan sencillo. Los inmortales no duermen, por lo que no se les puede obligar a soñar. Por eso, el poder de Bengara sólo logra inmovilizarlos, haciéndolos caer en un estado parecido al "Estupor".
-¿Qué significa eso? –preguntó Nessie.
-Es algo que no querrás experimentar –se jactó Bengara –.Lo que hago en los vampiros es desconectarlos del mundo exterior. Los envuelvo de tal forma que pierden conexión entre sus pensamientos y sus acciones... Se quedan inmóviles, ensimismados, creen estar moviéndose, pero en realidad parecen estatuas. Sus pensamientos son normales y cuando salen de ese estado pueden recordarlo todo perfectamente.
-Aunque nunca salen del estupor –dijo Gabriel torciendo una sonrisa –pues ahí es cuando entra mi amigo…
Tomás no parecía estar escuchando.
- ¡TJ! –gritó Gabriel, palmoteándole la espalda a su amigo.
-Ah si –despertó este fingiendo interés –Bengara los duerme y yo los corto en pedacitos.
-Genial –felicitó Embry.
-¡Si! –se unió Quil.
Que macabro, pensé yo, imaginando a un vampiro siendo ejecutado en menos de un minuto. Muy parecido a la forma de ejecución de los Vulturi. Solo que ellos necesitaban más manos para desmembrarnos.
-Y qué hacen con los pedazos –preguntó Jacob con interés –para nosotros es un gran problema, pues para prenderles fuego tenemos que cambiar a forma humana.
Los brujos sonrieron complacidos por la pregunta. Parecía que estaban esperando poder contar esa parte.
Me puse rígida antes de escuchar la respuesta. Seguro que, como iba pintando la cosa, materializaban un rayo desde el cielo y creaban una fogata violeta cuando este alcanzaba la tierra, o algo por el estilo.
-Ahí es cuando entro yo en el juego –sonrío Xia sádicamente.
Por un segundo me recordó la cara de Jane mientras torturaba a Edward. Esa niña me daba mala espina.
-Es un problema que la más malcriada del grupo sea una de las más poderosas –confesó Elisa –.No la quieren hacer enojar. A mí una vez me quemó una baraja entera de cartas del tarot solo porque no le habían gustado mis predicciones.
-¿Qué, puedes producir cerillas ultra potentes? –Jacob levantó una ceja.
-Pirokinésis –aclaró Camila.
-Eso es…-intenté decir, pero la voz no pudo salir correctamente desde mi garganta.
-Combustión espontánea –sentenció Edward muy serio.
-Estás bromeando –dudó Nessie.
-Ya le diste cuerda –Olivia enroló los ojos nuevamente mostrándose aburrida.
Sabía que su prima no dudaría en hacer una pequeña demostración.
Entonces la pequeña pelirroja sonrió con la cabeza baja y extendió su mano sobre el fuego. La llama gigante tembló ligeramente y se fue extinguiendo a medida que la chica bajaba su mano, hasta dejarla sobre la madera calcinada.
El fuego se había apagado completamente en un pispás, obedeciendo la voluntad de Xia.
Luego, con un solo chasquido de sus dedos, las llamas volvieron a la vida, resoplando furiosas, haciendo saltar chispas para todos lados.
La fogata murió y resucitó ante nuestros ojos.
-Un aplauso por favor –pidió Xia, pero no recibió ninguno.
Sus amigos la miraron con desapruebo.
-Oh mierda… -susurró Jacob – ¡Están en peligro de extinción! –nos advirtió divertido, a Edward y a mí.
Me tomé un minuto para digerir.
Esta chica violenta, Xia, podía quemar las cosas con solo desearlo. Podía transformar a un vampiro en cenizas, sin siquiera tocarlo.
De pronto no me sentí tan cómoda cómo antes.
-Wow, eso es sorprendente –dijo Seth –Pero hay algo que no comprendo, ¿Por qué tomarse tantas molestias con pelear, si pueden simplemente prenderles fuego a lo lejos?
Buena pregunta. Tragué saliva ruidosamente, la respuesta me aterraba.
-Bueno, son seres "vivos" –Xia simuló las comillas con los dedos –no es cosa de llegar y matarlos.
-No es que no lo hayas intentado –la acusó Bengara.
-Si –sonrió -. En realidad, el problema es que la piel de los vampiros es muy dura y fría, por lo que no es sencillo asarlos. Necesito que estén heridos, para poder aprovecharme de la baja en su energía y así quemarlos, desde adentro, hacia fuera.
-Me gusta esta chica –exclamó Jacob.
Nessie lo miró con desapruebo.
Que Xia no pudiera quemarnos a voluntad, no significaba que no quisiera hacerlo. Además, Elisa había dicho que si se descontrolaba podía llegar a ser peligrosa.
Aferré con más fuerza la mano que tenía tomada de Edward. Él me la acaricio infundiéndome tranquilidad. Ahora no temía solo por nosotros, también por nuestra casa. Si la pequeña entraba en furia, podría causar un incendio de proporciones, ¡Quizás también arrasaría con el bosque!
Elisa, intuyendo mis preocupaciones, nos explicó cómo controlaban a la incendiaria pelirroja.
-No tienen de qué preocuparse, sabemos perfectamente cuando intervenir. Mi novio es muy hábil para controlar a esta pendeja.
Los enamorados se intercambiaron sonrisas llenas de admiración mutua.
-Para advertirnos de su estado de ánimo, Xia lleva esa Turquesa en el cuello.
Me volví para comprobar lo que decía Elisa.
En efecto, del cuello le colgaba una pequeña piedra verde, de apariencia muy frágil.
-Cada vez que su poder está a punto de descontrolarse, la piedra cambia de color. Esa es nuestra señal para que Gabriel entre en acción.
-¿Y qué haces tú? –le pregunté al apuesto novio de Elisa.
Esto.
El chico puso su mano suavemente sobre la cabeza de Xia, que estaba sentada a su lado. La chica, en menos de un segundo, cayó hacia atrás completamente desmayada.
Renesmee se puso de pie de un salto para auxiliar a la pequeña. Pero nadie más pareció sorprendido. Tomás se rió con ganas y el resto de sus compañeros se limitaron a sonreír.
Estos tipos tenían todo al revés. No podía creer que habían desarmado a una de sus compañeras sin ningún remordimiento.
Tampoco era como si Xia no se lo mereciera, pero no debía ser lo correcto andar desmayando a la gente porque sí.
-Lo empeorarás todo –le recriminó Olivia a Gabriel.
-Relájate, ya la haré sentir mejor.
El chico se acuclilló al lado de Renesmee, que le sujetaba la cabeza a Xia. Puso sus manos a unos veinte centímetros del corazón de la pequeña y ella comenzó lentamente a abrir los ojos.
-Idiota –fueron sus primeras palabras.
Él le dedicó una sonrisa. Reneesme, incómoda, se retiró hacia su lugar al lado de Jacob.
-Ustedes dos, ¿tienen el mismo poder? –preguntó Alice.
-Oh no –contestó Bengara puede ver similar, pero Gabriel no los duerme, los desmaya.
-Eso suena satánico –replicó Elisa con el ceño fruncido.
-Yo soy el curandero de nuestro grupo –explicó el joven una capacidad más allá del normal para poder ver el aura de los demás. Es por eso que puedo ver cuándo sufren de algún dolor físico o de un malestar emocional: todo se manifiesta en el aura. También puedo transmitir mi propia energía, por lo que es muy sencillo para mí curar heridas, tanto internas como externas, pues me basta con tan solo otorgarle a los caídos, la fuerza que les falta. Y también puedo quitarla, si es necesario. En el caso de Xia, dormirla no es suficiente, pues su poder puede seguir funcionando en el subconsciente. Entonces lo que yo hago, es quitarle la energía que necesita para poder ejecutar su habilidad. Así la neutralizo y todos podemos vivir tranquilos, sin el miedo a que nos mate por combustión espontánea.
- Eso está bien –dije sin poder evitar la tranquilidad en mi voz.
Ahora que sabía que la chica estaba controlada por todos los flancos, me sentía mucho más relajada.
- Son una buena manada –dijo Jacob.
- Sí que lo somos –exclamó Elisa.
El resto de la noche siguió su rumbo.
Pero los chicos estaban cansados del viaje y no duraron mucho tiempo más. Al cabo de un par de horas, se organizaron para dormir. Las mujeres estarían adentro, algunas en sacos de dormir y otras en las camas que aún estaban disponibles. Los hombres, Tomás y Gabriel, armaron una tienda en el jardín.
La manada volvió a su ronda nocturna, dejándonos a Alice, Edward y yo, solos en el jardín.
Cuando los chicos se fueron, preferimos mantener la fogata para que se extinguiera sola.
Sentados en el pasto, me recliné sobre el regazo de mi marido, apoyando mi cabeza en sus muslos mientras él me acariciaba la nuca.
-¿Cómo crees que funcionará esto? –preguntó Edward a su hermana.
-No lo sé.
-¿Mañana comenzarán a practicar? –quise saber.
-Si, supongo que a partir de mañana y hasta que tengamos el resultado que estamos esperando.
-No lo sé, Alice –me atreví a confesar mis aprensiones-. Son jóvenes de mi edad, brujos que son capaces de inmovilizarnos con sólo pensarlo, partirnos en pedazos y prendernos fuego. Me siento incómoda con toda esta situación. ¿A ustedes no les sucede?
-Es nuestra única opción amor –Edward tenía la mirada perdida.
-Ellos cuidarán bien de Nessie, Bella, no tienes de qué preocuparte. He podido entender la mente de Elisa, ella es una buena chica.
-Todos los son –confirmó Edward, dada la información que había obtenido de la mente de los brujos –No nos harán daño, tienen clarísimas sus prioridades, y la excepción que somos en el rango de sus enemigos.
-Pero se enojan entre ellos con demasiada facilidad –dije recordando el incidente entre Tomás y Xia.
Al nombrar a un tal Lucas, las cosas se habían puesto color de hormiga entre los primos. Tomás luego se había puesto muy triste y Xia se había avergonzado de sus palabras.
Aproveché que no había ruidos en la cabaña y que estábamos prácticamente solos en el jardín –la tienda de los brujos temblaba por los ronquidos –para preguntarle a Edward sobre el tema.
-¿Qué fue eso de Lucas y que Tomás no eran tan bueno como él?
Edward reclinó la cabeza para mirarme, tendida sobre su regazo. Pasó sus dedos sobre mi mejilla y luego sobre mi cuello, estremeciendo cada una de mis terminaciones nerviosas.
-Es una historia muy triste. Es el velo que sigue a estos brujos, sobre todo a Amanda. Ahora entiendo mucho más la actitud de la sacerdotisa. Comulgo con su dolor.
-¿Qué quieres decir? –los ojos de Edward se habían llenado de nostalgia. Tal vez recordando tiempos pasados –siglos para mí –en los cuáles sufrimos por ser de distintas especies.
Tomé su mano y le besé la yema de los dedos para recordarle que estaba a su lado, para siempre.
Él captó el mensaje y me sonrió.
- Antes de que Tomás fuera el guerrero del grupo, fue aprendiz de un joven llamado Lucas. Entrenó con el durante años para poder conocer los secretos de la naturaleza, y así ocuparlos para fabricar armas. Como todo alumno a su maestro, lo admiraba mucho. Pero el cariño que ambos se tenían también residía en que eran familiares, pues Lucas estaba casado con Amanda.
¿Amanda estaba casada? Por supuesto, la sacerdotisa era una mujer bella, joven, muy inteligente y hábil en lo que era, hubiese sido extraño que fuese soltera porque sí. Pero llevaba casi un mes junto a nosotros, y nunca la escuché hablar de ningún hombre.
En su mano, no llevaba anillo alguno.
Al recordarla, lo primero que noté fueron sus ojos llenos de tristeza. Esa mirada sabia pero melancólica, que daban a todo su ser una sombra mística que antes había confundido con brujería.
Una vez más, me equivocaba.
- Fueron novios desde pequeños, por lo que Olivia y Tomás siempre lo vieron como a un hermano mayor. Para él, seguir los pasos de Lucas era, más que su deber, su deseo más profundo. Quería que él estuviera orgulloso, pues era su principal modelo a seguir. Pero los brujos tienen leyes que no transan. Y una de ellas tiene que ver con el trato de los humanos infectados por nuestro veneno.
Olivia me había hablado de eso antes. Comentó que en su comunidad no podían lidiar con neófitos, porque no tenían la suficiente fuerza para poder controlarlos a todos, así que los ejecutaban antes de que los infectados completaran el proceso hacia la inmortalidad.
Una sombra pasó por mi cabeza, pues intuí hacia donde giraba la historia.
- No importó que Lucas fuera el esposo de una de las sacerdotisas más importantes de la comunidad. Tampoco que fuera el único herrero y que Tomás aún no hubiera concluido su preparación. La orden de ejecución no tuvo reparos con él, cuando moría infectado por el veneno de una vampiresa. En realidad, ninguno de los familiares de Amanda se molestó en sugerir que se permitiera la transformación. No era una opción para ellos. Olivia y Tomás deseaban perdonarle la vida, pero no sabían cómo tratar con él en su forma de vampiro neonato. Al renacer, él sería más fuerte y tendría los conocimientos de magia suficientes para aniquilar cualquiera de sus ataques. Los dos callaron cuando su hermana mayor rogaba entre lágrimas a los mayores, para que dejaran vivir a su marido. Pero no hubo piedad. Lucas fue condenado a muerte.
Los tres nos quedamos en silencio, asimilando la historia.
Alice no podía estar separada de Jasper, se amaron desde el primer día y siempre habían permanecido uno al lado del otro, incluso cuando ella tuvo que escapar de los Vulturi en búsqueda de una coartada que le permitiera a Reneesme seguir viviendo. Edward y yo, ya éramos uno parte del otro. No había opción de existir si es que no estábamos juntos, ambos lo sabíamos. Yo hubiera dado la vida por salvarlo a él, y estaba segura que él haría lo mismo por mí. Podíamos comprender el dolor de Amanda por su esposo, y también el de Olivia y Tomás por la muerte de quién querían como a un hermano. Nuestros lazos familiares eran todos tan fuertes, que sólo ponernos ante una situación del género nos partía el alma.
Analicé el comportamiento de Amanda. Tan apegada a las reglas, a lo correcto e incorrecto; le recordaba todo el tiempo a su hermana que debía actuar bajo ciertos límites. Tal vez se había refugiado en enseñar para olvidar el dolor. Tal vez, combatir a los vampiros malos, a aquellos que comen hombres, era su forma de venganza.
Pero luego recordé que ella se había referido a la caza de humanos como un proceso natural. Predador y presa. Un vampiro y su esposo.
No tenía sentido. ¿Era venganza lo que la motivaba a esta guerra, o eran los argumentos con los que nos había convencido?
No pude saberlo. Ni Edward, pues no podía leer los pensamientos de la sacerdotisa.
Todo lo que sabíamos era que Amanda era viuda, y que estaba empecinada en reestablecer el orden en nuestro mundo, tan desequilibrado debido a los últimos actos de los Vulturi.
Ahora entendíamos mejor por qué la mujer sonreía tan poco. Por qué sus ojos no brillaban, por qué siempre la melancolía la acompañaba como una gran sombra.
Era una bruja muy noble, pues no había culpado a los vampiros de la muerte de su esposo; tampoco había arremetido contra los suyos, que habían ordenado su ejecución. Simplemente, había vuelto su dolor hacia la enseñanza, a traspasar sus conocimientos y a ayudar a quiénes habitábamos esta tierra, mortales e inmortales.
Intenté ponerme en su lugar. Qué hubiera hecho yo si mi marido hubiera sido el desterrado, el ejecutado; si hubiera tenido que callar, permitiéndole a los demás que le asesinaran. Pero la situación era tan terrible, que desistí de imaginármela por miedo a tener miedo, volviendo a agradecer al destino la estabilidad emocional de mi familia.
Abracé a Edward y dejé que mi cabeza reposara sobre su pecho. Lo amaba tan intensamente, que me era imposible imaginarme sin él.
No, definitivamente Amanda y yo éramos muy distintas en ese aspecto.
Yo me hubiera vengado.
