El Beso

El amanecer llegó antes de lo esperado.

La noche fue muy divertida: charlamos, reímos, jugamos –y ellos bebieron té. Pero a la mañana siguiente comenzaría una etapa completamente distinta para los brujos, por lo que fuimos despedidos más temprano que la noche anterior, por una tenue insinuación de Amanda:

- Nos levantaremos temprano mañana.

Licántropos y vampiros abandonamos el lugar pasado la medianoche. Menos Alice, por supuesto, que ya era prácticamente la siamesa de Elisa, a tal punto que a veces se completaban las frases mutuamente. Se quedó a pasar la noche, pues no sabían aún cuándo se presentaría la visión, ni cómo debían trabajar para obtenerla, por lo que preferían estar juntas todo el tiempo posible, por si las moscas.

Edward se sintió muy a gusto en compañía de los jóvenes brujos. Pudo leer sus pensamientos durante la fogata, pero el bloqueo reapareció al día siguiente. A pesar de no poder escucharlos los aceptaba con desenvoltura, les hacía preguntas para entenderlos mejor e incluso le permitió a Jacob levantar el patrullaje sobre el perímetro cercano a la cabaña. Por supuesto, la indicación no tenía ningún sentido, pues la manada siempre merodeaba por el lugar, con brujos o sin ellos. Jacob, el alfa, vivía la mayoría del tiempo con nosotros, por lo que era lógico que ese fuera, para los lobos, el punto de encuentro.

En casa de Carlisle, durante la mañana, el ruido era casi nulo.

Kate y Garret estaban en el jardín –desde hacían días –poniendo a prueba la habilidad de la vampiresa. Intentaban ampliar el espectro de su choque eléctrico a objetos que no estuvieran en contacto con la piel de Kate. Desde el día uno y hasta ahora, no habían obtenido ningún resultado.

Tanya deambulaba con Esme y Rosalie, haciendo arreglos a la casa y organizando lo que faltaba para la recepción de los invitados, que llegarían junto a Carlisle en cualquier momento del día. Emmet, Edward y yo, nos encontramos desocupados a penas despuntó el alba.

Yo reprimía mi impulso por ir a la cabaña a vigilar a Nessie y a observar su nuevo entrenamiento con el resto de los brujos, pero me frenaba al pensar en que se molestaría con mi presencia. De alguna manera, y más que nada debido al constante chequeo visual hacía el río, intuí que Emmet parecía tan atraído hacia la cabaña como yo. Al poco rato, nos encontramos los dos sentados en el porche observando a Kate y Garret, sin ningún interés ni actividad planeada.

Si bien los intentos de Kate por desarrollar más su poder habían sido vanos en los últimos días, tuve que reconocer un cambio sustancial en el modo en que Kate canalizaba su fuerza. Pues aunque no era capaz de remecer a Garret, que se encontraba a menos de veinte centímetros de ella, sí lo hacía cuando este se atrevía a tocarla en cualquier parte del cuerpo, no sólo en las manos. Varias veces vi al nómada retorcerse de dolor al tocarle a su compañera el tobillo, el cuello o los codos. Esa era la única evolución.

Edward, seguramente también distraído de sus actividades normales ante la espera de Carlisle, se sentó junto a nosotros a observar a los vampiros. Entrelazados completamente, y ante la inquieta mirada de Emmet, permanecimos en silencio durante un buen rato.

A decir verdad, la incomodidad que demostraba Emmet ante el ocio era extraña: golpeteaba el suelo con la suela de los zapatos, giraba la cabeza hacia el río. Se mordisqueaba las uñas, giraba la cabeza hacia el río. Se hacía tronar los dedos de las manos y el cuello, giraba la cabeza hacia el río. No supe qué estaba pensando, pero ciertamente tenía que haber estado aburrido, pues Edward, rompiendo sus propios límites, nos sugirió que fuéramos a entrenar. Pero ni a mi profesor ni a mí nos apetecía luchar sin la presencia de Olivia. Nos habíamos acostumbrado a la bruja a tal punto que no éramos capaces de un entrenamiento si ella no participaba.

Nos negamos rotundamente y volvimos al silencio.

Entonces, de aburrida, me di cuenta que nunca había intentado bloquear a dos personas al mismo tiempo. Tener a Olivia en la cabeza me recordó uno de sus consejos, cuando me instó a bloquear a mi familia, sin que estos fueran capaces de notarlo. Este era el momento perfecto:

Primero bloqueé a Kate. Era mucho más sencillo comenzar por ella, pues llevaba un buen rato analizando su forma de ataque. Cubrí su cuerpo en menos de un segundo con mi escudo. Lo primero que llamó mi atención, fue lo fuerte que se sintió la luz que ella emanaba, dentro de mi capa protectora.

Lo curioso de la situación que se creó, fue que Kate nunca sospechó que su incapacidad de esparcir electricidad se debía a mi bloqueo, pues a diferencia de cuando tocaba alguien que estuviera bajo mi protección, ahora ella sí podía sentir la fuerza de su propio choque, al chocar con mi escudo. Esto la debe haber llevado a pensar que Garret estaba desarrollando alguna especie de resistencia, nunca dándose cuenta que era ella la que no lograba herirlo.

No podía arriesgarme a perder los pocos segundos que me quedaban antes de que se diera cuenta de que la estaba bloqueando, por lo que desde la punta de mis dedos, hice salir otra tela transparente que rodeó a Edward de pies a cabeza. Obviamente, el silencio repentino fue motivo suficiente para que él se volteara hacia mí, sospechoso de lo que estaba haciendo.

- ¿Bella?

No le contesté. Bloquear dos fuerzas diferentes al mismo tiempo me estaba costando más concentración de lo acostumbrado. Pero Kate escuchó perfectamente las palabras de mi marido, y sospechó de inmediato que yo era la culpable de su incapacidad de atacar.

- ¿Tú estás haciendo esto? –La vampiresa se enojó más de lo que pensaba.

Se puso de pie y me miró con fastidio. Garret en cambio, parecía complacido del reto que le había impuesto a su compañera.

No sé con exactitud qué impulso me llevó a enfrentarme a Kate, levantándome en posición de ataque. Tal vez el aburrimiento, o a lo mejor simplemente porque el reto era magnífico. No pude saberlo, ni le di mayor importancia. Ahora lo único que pensaba era en mantener el bloqueo sobre Edward y Kate, mientras peleaba contra ella.

Emmet se mostró interesado en la lucha que estaba por continuar, pero no tomando palco como espectador (lo que normalmente hubiera hecho). En vez de lanzar carcajadas y gritar vítores, se puso de pie para darme instrucciones mientras me preparaba a defenderme.

Mírala a los ojos, alerta a tu entorno, anticipa sus movimientos, Emmet parecía recién salido de Rocky.

Kate lo miró con el rabillo del ojo por una milésima de segundo, sin soltar su atención de mí. No tardó mucho en darse cuenta de que yo quería pelear con ella, y que ahora me encontraba mucho mejor preparada para enfrentármele.

- Bella, ¿tú estás haciendo esto? –siseó.

- Si –incluso inspirar para poder hablar era un acto innecesario para pelear.

Toda mi atención estaba puesta en sus movimientos. El resto de mis pensamientos, se mantenían fijos en las burbujas que encerraban a Kate y a Edward.

No había tiempo para chácharas.

- Esto es una mala idea Bella –intentó convencerme Edward, pero Emmet me respaldó.

– Déjame supervisar esto hermano, lo tengo todo bajo control.

Eleazar, Carmen y Esme salieron al jardín para presenciar la pelea. Habían estado escuchando por lo que no hicieron necesitaron hacer preguntas.

Apenas distinguí la luz de Eleazar, le cubrí con otra tela. Ahora eran tres las burbujas que estaban atadas a mis manos empuñadas.

De pronto me sentí poderosa. Me atreví a abrir las manos para prepararme al ataque, y percibí que a pesar de no estar sosteniendo las telas, se quedaban pegadas a mis dedos por voluntad propia. Eso me estaba dando libertad de movimiento, y posibilidades de desgarrar a mi oponente. Dejé que las comisuras de mis labios se curvaran en una sonrisa, lo que fue recibido por Kate como un gemido de alerta. En un movimiento súbito, la vampiresa se lanzó sobre mí.

La basta experiencia de mi prima, en lo que a combate se refiere, no fue ventaja para ella al luchar contra mí. Su ataque no llegó a rozarme ni un pelo, pues antes de que estuviera lo suficientemente cerca como para hacerme daño, salté por sobre su cabeza y quedé a sus espaldas, tal como Emmet me había enseñado. Con las manos le di un fuerte empujón que la hizo rodar por el suelo.

Las burbujas aisladoras seguían todas intactas.

Kate no se repuso de inmediato del golpe, por lo que tuve el tiempo suficiente para vigilar a Edward, que ahora se había agazapado para atacar a Kate, en caso de que esta me hiriera. Garret, cerca de mí, le imitaba el gesto.

Tomé nuevamente un impulso para saltar sobre Kate justo cuando ella se ponía de pie. No alcancé a atacarla porque el sonido de unos pasos nos alcanzó en el jardín. La pelea pasó a segundo plano y retiré inmediatamente las burbujas aislantes que encerraban a los tres vampiros, ya que la telepatía de Edward era útil para anticipar a los recién llegados.

- Carlisle –anunció Edward mientras se envaraba, saliendo de la posición de ataque.

De pronto sentí como una luz azul indolora chocaba contra mi cuerpo. Miré a Kate con sorpresa, mientras ella se echaba a reír.

- ¿Qué fue eso? Tú…-tartamudeé.

- Si Bella, muchas gracias –se repuso Kate –mira como se han invertido los papeles. Ahora has sido tú la que me ha enseñado a utilizar mejor mi habilidad. Te la he lanzado de lleno. ¿Te hizo daño?

La miré con gesto satisfecho.

- Ya sé que no te dolió, pero eso no quiere decir que no lo hayas sentido.

- Ahí vienen todos –exclamó Esme.

Liderados por Carlisle, Benjamin, Tia, Amun, Kebi, Siobhan, Maggie, Liam, Peter, Charlotte, Zafrina, Sienna, se apresuraban a nuestro encuentro al mismo tiempo que Alice, desde el otro lado, cruzaba el río apresuradamente. En sus espaldas llevaba cargada a Elisa.

- Bienvenido a casa –susurró Esme sin poder contener la emoción. Se lanzó corriendo sobre los brazos de Carlisle, que le respondió el gesto con ternura.

Lo mismo se repetía en el otro extremo del jardín, donde Jasper se encontró con Alice. Elisa se soltó de la espalda de la vampira y caminó hacia mí.

- Hola Bells –saludó la bruja –montarse en un inmortal tiene toda su gracia, entiendo perfectamente tu fascinación.

La menuda brujita se sentía perfectamente cómoda en presencia de vampiros que no dudarían en comérsela. Su corazón estaba mudo, su respiración casi inmóvil. De no ser por el rubor de sus mejillas, habría puesto en duda su humanidad. Los vampiros recién llegados la miraron contrariados. Carlisle caminó hacia ella con normalidad.

La bruja le estiró el brazo para estrecharle la mano, mucho antes de que él estuviera lo suficientemente cerca para hacerlo.

- Carlisle, es un gusto en conocerte. Mi nombre es Elisa, la gemela de Alice por estos días.

- El gusto es mío. Supe que tuvieron que adelantar su viaje. ¿Ha habido novedades?

- Ninguna por ahora. Pero estamos trabajando en eso –se volteó para mirar a Alice que seguía colgada del cuello de Jasper –aunque estoy teniendo una visión: no sucederá hoy.

Emmet soltó una carcajada.

- Bienvenidos, es un gusto tenerlos nuevamente en nuestra casa, y dispuestos a comulgar con nuestra causa. Les estamos eternamente agradecidos –dijo Edward solemnemente a los invitados.

-Al contrario, Edward, gracias a ustedes –el primero en hablar fue Amún, el líder del clan egipcio.

- Necesitamos un cambio en nuestro mundo, y no hay mejores que ustedes para promoverlo. Esta vez no los defraudaremos, pelearemos juntos hasta el final.

La última vez que lo vi, Amún se mostraba reacio a revelarse contra los Vulturi, pues temía que quitaran a Benjamin de su lado para alistarlo en la guardia. Ahora en cambio, su predisposición era completamente distinta. Tal vez cuatro años de reflección lo habían llevado a esta conclusión; aunque era más probable que el miedo que sentía hacia Aro, lo incentivara para unirse a una guerra que podría eliminar la amenaza que el antiguo representaba.

- Antes de que hablemos de lo que está por suceder, quisiera hacerles una pregunta de suma importancia –inquirió Edward – ¿Han hablado con alguien sobre este asunto en los últimos días? ¿Alguien que tal vez pueda alertar a los Vulturi de lo que estamos planeando?

Los vampiros debatieron unos segundos entre sí, interrogándose unos a otros. Ninguno había hablado, no habían abierto la boca sobre el asunto.

Descartar una traición –o un comentario a la persona equivocada –por parte de los vampiros, era esencial para preparar los próximos días. Si la visión de Alice y Elisa adelantaría la guerra, podría tal vez deberse a que los Vulturi se enterasen de nuestra ofensiva. Y si ellos decían no haber hablado sobre el tema, entonces debíamos creerles. Aunque claro, les creímos inmediatamente, ya que teníamos dos herramientas claves para descartar engaños: la telepatía de Edward, y la habilidad de Maggie para detectar con eficacia cuando se le estaba mintiendo.

Esme acogió a los recién llegados, invitándolos a entrar a la casa para acomodar sus pertenencias. El grupo de vampiros la siguió, con la excepción de Alice, que volvió a la cabaña, esta vez acompañada por Jasper.

Antes de entrar, Emmet me tomó del brazo.

- Deberíamos seguir entrenando hoy, más tarde.

- Eh… Si, puede ser.

- Debe ser, Bella, llevamos demasiado tiempo inactivos.

Lo interrogué con la mirada. Nuevamente sus intenciones me eran confusas. Dudé si de verdad quería enseñarme; tal vez solo quería entrenar para matar a Demitri. De todas formas, al final cedí. No me interesaba estar todo el día escuchando charlas de guerra, ni armar planes de ataque y de defensa. Tal vez sería buena idea escaparme un rato al bosque, para descargar energías golpeando a Emmet.

- Está bien –asentí –.A la hora del crepúsculo donde siempre. Avísale a Olivia. Tal vez llegue un poco más tarde.

- Ok. Iré a la cabaña para acompañar a Jasper mientras Alice y Elisa hacen el 'Hocus Pocus'.

Me quedé observando la carrera de Emmet hacia la cabaña: distinguí su figura atravesando el bosque, esquivando árboles, saltando piedras. Corría muy rápido, más de lo necesario, llevaba mucha prisa.

Él y Jasper eran muy unidos, incluso más que con Edward. Habíamos pasado varias semanas sin su presencia, tal vez le echaba mucho de menos.

Esperé a que los invitados se instalaran en las habitaciones que Esme había preparado para ellos. Preferí no bloquear el movimiento del enorme grupo de vampiros en la casa, por lo que me quedé afuera, apoyada sobre uno de los pilares del porche, esperando a que la reunión comenzara.

Por supuesto, eran todos súper rápidos, ágiles, fuertes y con sensibilidad ultra desarrollada: llevar sus maletas, desempacar y volver al living no les tomó más de 5 minutos.

Cuando todos llegaron, me vi forzada a entrar.

Los vampiros de ojos dorados, vale decir, nuestra familia y la de Tanya, teníamos arraigadas en nuestras costumbres el imitar el comportamiento humano. Estábamos habituados a movernos más seguido, sentarnos, ponernos de pie, arreglarnos el cabello; en fin, a actuar como si estuviéramos vivos. Ahora, en contacto con vampiros menos civilizados, la diferencia era más notoria, y no sólo porque nuestros ojos tuvieran distintos colores. Aquellos que éramos vegetarianos, nos dispersábamos a lo largo del living en posiciones humanamente cómodas: sentados, apoyados a la pared, con la cabeza sobre las manos o las piernas cruzadas. El resto, los que bebían sangre humana, se erguían inmóviles, cuáles estatuas.

Me mantuve cerca de la puerta. No tenía pensado intervenir de forma alguna. Si fuese necesario, Edward lo haría por mí. Además, lo que yo sabía, también era conocimiento de los Denali, que llevaban ya más de dos semanas viviendo junto a nosotros. Y considerando que eventualmente me retiraría para poder juntarme a entrenar con Emmet y con Olivia, pasar desapercibida era más que prudente.

La reunión la empezó Carlisle. No lo hizo explicando el origen de las brujas, pues ya todos lo sabíamos. Al contrario, sus primeras palabras se enfocaron en la peligrosidad de los Vulturi.

- Tenemos que entender –comenzó Carlisle –que nuestro principal objetivo es eliminar a la guardia. Con aliados como Bella, sus movimientos quedan limitados a la acción cuerpo a cuerpo, es decir, a eliminarnos usando la fuerza.

- Y no dudarán en hacerlo –inquirió Amun -. Intentarán despedazarnos por todos los medios.

- Por eso es importante que trabajemos todos en conjunto –dijo Edward –no podrán contra nuestra unión.

- A pesar de los poderes que han logrado desarrollar estos humanos durante años, no pueden lucha físicamente contra tantos vampiros, pues la ventaja de los inmortales sigue siendo considerable.

Carlisle no había visto a Camila manipular el fuego.

¡Ja! eran tan poco vulnerables que yo los hubiera mandado a pelear solos.

- Nuestra función se reduce, principalmente, en aprovechar las brechas que los brujos abran para nosotros, y eliminar a todos los vampiros que podamos –esa forma de ataque, a mi parecer, se centraba en la protección de los humanos; muy propio de Carlisle, proteger a los más débiles.

- Todo se resume en aniquilarlos lo más rápido posible –Rosalie entrecerró los ojos mientras se hacía tronar los dedos de las manos –.No veo la dificultad.

Entonces Edward corrió al segundo piso y retornó a la sala en medio segundo, con un rollo de papel blanco que distendió sobre la mesa de centro.

- No es tan simple Rose.

En el blanco papel se había dibujado con un lápiz de tinta azul, lo que me pareció un mapa táctico de la plaza principal de Volterra.

- Esta es la torre del reloj –señaló Edward deslizando sus dedos sobre el papel –justo frente a la Iglesia. En este lugar –golpeó dos veces sobre la parte inferior del plano –se encuentra la entrada principal para la guarida de los hermanos. Aquellos, que como Bella y yo, han estado dentro del palacio de los Vulturi, reconocerán inmediatamente el acceso. Pero deben saber: esta no es la única forma de entrar.

"Hace muchos años atrás, pasé un tiempo conviviendo junto a los Vulturi. Durante esa convivencia, pude obtener la confianza y el aprecio de Aro, gracias a lo cual, conozco las tres entradas principales, incluso aquella secreta, diseñada especialmente para situaciones como esta –explicó Carlisle al mismo tiempo que se inclinaba sobre la mesa de centro –.La segunda entrada se encuentra al otro lado de la torre del reloj y es muy fácil de avistar, pues está diseñada de la misma manera que aquella que todos conocemos: una alcantarilla".

Oscuro y frío, así recordaba yo el pasaje por el cuál Jane nos guió hacia las habitaciones principales, donde nos encontraríamos con Aro y Cayo por primera vez.

Mis recuerdos sobre esa experiencia estaban marcados por la intangibilidad de mi memoria humana: parecían lejanos, amorfos, un sueño extraño que no lograba recordar del todo. Comparado con mi nueva forma de apreciar la realidad, las imágenes de ese día en Volterra me parecían las de una televisión con mala señal de antena.

La tercera entrada, está lejos de la ciudad –noté que algunos vampiros, Siobhan, Liam y Amún, se vieron sorprendidos por esta información –Llega a algún lugar de la montaña. No podemos saber aún con exactitud en qué lugar emerge, pero la consideramos como la más importante, pues será por la cuál intentarán escapar los ancianos en caso de que se sientan acorralados.

Creemos que la mejor manera de atacar, es obligándolos a salir de su guarida –explicó Edward –dividirnos en tres grupos, para obligarlos a separarse y atacarlos en flancos distintos. Así cuando ellos salgan por las tres entradas, los estaremos esperando.

- Eso es muy arriesgado –interrumpió Benjamin con su vocecita aguda –aquellos que se enfrenten a Alec y a Jane sin la presencia de Bella, se verán inmediatamente derrotados. Separarnos no es la mejor idea.

- Nadie peleará desprotegido –Amanda surgió de la nada a mis espaldas.

Nuevamente con el báculo de madera en la mano, avanzo hacia los vampiros y les hizo una reverencia con la cabeza

– Lamento interrumpir, pero creo que debemos ser considerados en conversaciones tan importantes como esta, y ninguno ha sido invitado.

Los vampiros la quedaron mirando como si hubieran visto un fantasma. Sus ojos se movían entre Amanda y la piedra –ahora blanca –que pasivamente brillaba sobre el báculo que ella llevaba en la mano.

- Les presento a Amanda –intenté disipar sus caras de sorpresa –La sacerdotisa a cargo del grupo de brujos.

Ella me dedicó una débil sonrisa.

Los vampiros, en cambio, continuaban analizándola, seguramente medio asustados por no sentirla humanamente apetitosa.

- Lamento no haberte informado de nuestra reunión –se disculpó Carlisle –pero me pareció pertinente discutir las alternativas antes de presentártelas.

- No dudo que tus intenciones siempre son las mejores Carlisle, pero me gustaría ser parte de todos los procesos.

- Pues entonces bienvenida.

Amanda cruzó la sala y se sentó al lado izquierdo de Carlisle. Cruzó las piernas y estiró el brazo con el báculo frente a su figura. A pesar de lo calmada de su posición, se mostraba ligeramente amenazante, pasivo agresiva.

- Nuestros conocimientos nos permiten bloquear las habilidades de los vampiros sin problema –su voz salió suave; absolutamente precavida.

Miraba con intensidad a cada uno de los vampiros que la contemplaban. Les clavaba los ojos hasta obligarlos a mirar hacia otro lado: ejercía un poder tácito tan fuerte, que doblegaba a los vampiros con su sola presencia

- Pero apoyaré a Benjamin: no es una buena idea presentar distintos flancos, a pesar de que podamos contenerlos –Amun frunció notoriamente el ceño al escuchar a la bruja pronunciar el nombre de su hijo.

Todos sabíamos que no habían sido presentados, entendimos la aprensión del egipcio.

Benjamin en cambio, no se inmutó.

- Sé que es mejor idea para la batalla cuerpo a cuerpo, pues se dividiría la guardia –continuó la bruja –pero yo no puedo triplicar mi posición: es de suma importancia que esté junto a los humanos mientras la lucha se lleva a cabo y eso me sería imposible si estamos divididos. Nuestra modalidad de ataque requiere de un líder que se mantenga al margen, que pueda permanecer conectado con La Madre y que reciba de ella las indicaciones que nos lleven a la victoria.

- ¿Entonces qué propones?

- A mi parecer, la mejor estrategia es clausurar las salidas. Les obligamos a hacernos frente en la plaza y a dedicar toda su atención sobre nosotros, para así darle más tiempo a Reneesme de convencer a los híbridos.

- Lamento interrumpirte Amanda –habló Benjamin –pero quisiera saber de qué forma participarán ustedes en la batalla. Tengo claro que queda en nuestras manos la lucha, pero quisiera entender mejor la sinergia de nuestros grupos.

- Nosotros lucharemos junto a ustedes. Es cierto que no tenemos las mismas habilidades, pero en conjunto podemos ser muy poderosos. Hay algunos de nosotros que se dedicarán a pelear con las manos, pero principalmente atacaremos con la energía.

- ¿Brujería? –acusó Amun.

- Si le quieres llamar así –repuso seriamente la sacerdotisa –.Los mantendremos protegidos. Podemos inmovilizar y bloquear los movimientos peligrosos de la contraparte; junto a Bella, ellos no tendrán más que los colmillos para derrotarnos. Nos preocuparemos también de desaparecer los miembros que se cercenen.

Yo sabía como funcionaba eso.

- El ataque debería ser simple –concluyó Edward poniéndose de pie –Atacaremos en conjunto a la espera de que Reneesme aparezca junto a los híbridos liberados y así les obligamos a rendirse.

- Mis plegarias se concentrarán en que sea así de simple –imploró Siobhan un tanto angustiada.

Se hizo una larga pausa en el lugar. Todos con nuestras propias aprensiones, con nuestras planificaciones del futuro, con nuestros miedos y esperanzas. Nadie habló. Hasta que obviamente Edward se manifestó:

- Puedo sentir que están un poco sedientos. Siento recordarles que para aquellos que no opten por la vía vegetariana como nosotros, se abstengan de cazar lejos del territorio de Forks –interrumpió Edward, que había leído en la mente de los recién llegados la necesidad de alimentarse. Aprovechó el momento para dar la reunión por concluida.

Los vampiros comenzaron a retirarse.

Por la ventana, pude ver como la hora del crepúsculo ya había llegado. Me apresuré en salir, pero Amanda me retuvo.

- Bella, en realidad vine hasta aquí para discutir un tema contigo y con Edward.

Reneesme. Algo sobre mi hija debía ser.

Me devolví hacia el living y me senté en el sillón blanco al lado de mi marido. El resto de nuestra familia se quedó junto a nosotros para escuchar las noticias de Amanda.

- Con orgullo vengo a avisarles de que el entrenamiento de Nessie está por concluir. Su evolución no tiene igual, nunca antes se había registrado un a conexión tan fuerte con la energía.

- Eso es algo bueno, ¿no? –últimamente no todo eran buenas noticias.

- Por supuesto que sí. De hecho, quería hablar con ustedes sobre el ritual de iniciación. Normalmente se lleva a cabo durante la luna llena, pero debido a que no sabemos si alcanzamos a llegar hasta el plenilunio, quisiera celebrarla en tres días más.

- Guau, eso es un poco apresurado –dijo Rosalie.

- Lo sé, por eso quería discutirlo con ustedes. Me parece que se puede perfectamente realizar en el jardín de la cabaña. Quisiera pedirles su autorización.

- No hay problema Amanda –indicó Edward –ya sabes que eres libre de disponer del territorio como desees.

La bruja sonrió complacida.

- No es solo eso, Edward. La iniciación es muy importante para nosotros, por lo que después se realiza una fiesta. Espero que pueda ser con baile y todos los aderezos posibles.

- Eso suena divertido –Emmet entró a la sala haciendo mucho ruido.

Maldición, ahora sí que debe estar enojado, había olvidado por completo que debía haber ido al claro.

Esperé que me fustigara, me molestara, se enojara o cualquier cosa, pero el vampiro parecía distraído. Ni se molestó en pedirme indicaciones.

En cuánto entró, Edward lo miró con ojos de plato, sin disimular el asombro. No había dicho nada, pero de seguro lo estaba pensando. Algo pasaba por la cabeza de Emmet y Edward lo sabía. Y no debía ser nada bueno, pues el vampiro se puso incómodo al percatarse de que su hermano lo había descubierto.

Para esquivarlo, hizo un cambio de dirección: ahí estuvo su segundo error: Emmet caminó con tranquilidad hacia Rosalie, la rodeó por la cintura y le dio un beso en la mejilla.

Lo primero que reaccionó, fue la piedra del báculo de Amanda, que pasó de blanco a rojo volviéndose brillante, como si fuera una alarma. La bruja se levantó rápidamente de su asiento y cruzó la distancia hasta la puerta de un solo salto, al mismo tiempo que los labios de Rosalie se replegaban para exponer sus colmillos, en una expresión de furia y descontrol como nunca antes vi en ella.

Antes de que el gruñido se materializara, Edward se agazapó frente a Amanda para protegerla. Yo le imité, aún sin entender por qué la vampira había decidido atacarla repentinamente, sin provocación alguna.

Entonces, Rosalie le hizo una llave a Emmet, tomándole el brazo izquierdo que pasaba por su cintura, y chocándolo contra la mesa de centro, que quedó repartida por toda la sala en mil pedacitos.

El ruido atrajo a Esme inmediatamente. Al llegar, también se replegó con nosotros frente a la bruja.

- Cerdo –siseó Rosalie dirigiéndose Emmet.

- Rose, te lo puedo explicar –suplicó él.

Él se levantó lentamente del suelo, levantando las palmas hacia ella para calmarla, pero nada parecía controlar la furia de la vampira.

El pecho de Rosalie se contraía rápidamente al son de su agitada respiración. Sus colmillos seguían al aire y no dejaba de mirar con furia asesina a su compañero.

Pero aunque ella intentara atacarlo, no podría hacerle ningún daño. El cuerpo de Emmet no era comparación para la delgada y femenina figura de Rosalie. No era competencia para él, y ella lo sabía. Además, estaba el báculo de Amanda en medio, que refulgía con fuerza, incluso más amenazante que la misma sacerdotisa. Rosalie le dio una rápida mirada a la piedra, giró sobre sus talones y salió corriendo por la puerta trasera de la casa.

- Mierda –gruñó Edward entre dientes –Va por Olivia.

En un santiamén salimos de una carrera persiguiendo a Rosalie.

Instintivamente tomé a Amanda del brazo y la cargué sobre mi espalda. Ella no podría alcanzar nuestra velocidad, y tal vez era la única capaz de evitar una desgracia, si es que de verdad la vampira quería matar a Olivia.

Mientras no movíamos a través de los árboles, Edward reprendía a su hermano.

- Qué diablos estabas pensando Emmet –gruñó –nunca pensé que llegarías hasta este punto.

- ¿Qué es lo que sucede? –pregunté.

Emmet y Olivia se han besado.

Oh no, esto era diametralmente negativo. Seguro que Rosalie la olió en el aliento de Emmet, de ahí la furia. Ahora se encaminaba para matarla.

-¿Qué? –Exclamó Amanda -¡Esa niña no tiene remedio! ¡Ahora la matarán!

Estaban todos los chicos afuera, en el jardín, sentados en círculo.

Rosalie corrió directamente hacia donde estaba Olivia. Por la velocidad con la que se movió, y la determinación que llevaba, podría haberla matado con facilidad. Pero Alice alcanzó a advertirle a Olivia, con un grito, que estaba por ser atacada.

La bruja levantó la mirada justo a tiempo para reaccionar a la embestida de Rosalie, que venía en línea recta hacia ella. En la misma posición, sentada sobre el pasto, se dejó caer hacia atrás, estirando los brazos delante de su cuerpo en el momento exacto en que la vampiresa saltaba sobre su cuerpo. De esta forma la hizo volar hacia atrás con el impulso de sus manos.

El movimiento fue muy rápido, pero no había habido contacto entre ellas. Olivia había empleado otro tipo de fuerza para empujar a Rosalie.

Ambas quedaron de pie frente a frente. Los brujos flanquearon en un segundo a Olivia, todos alerta tras ella, enfrentando concentrados a la furiosa vampira rubia. Bengara dio un pequeño paso hacia delante, pero Olivia levantó la mano para indicarle que no atacara. El grupo la miró consternado, claramente esperando instrucciones.

Nos disponíamos a sostener a Rosalie, cuando de pronto Emmet se acercó a ellas, deteniéndose en el espacio vacío entre ambas.

Amanda en cambio, se puso inmediatamente detrás del grupo de jóvenes.

Su báculo, ahora azul, brillaba con más intensidad que antes.

- Lo siento mucho –se disculpó Olivia –siento que te hayas enterado de lo que sucedió.

Rosalie contestó con un gruñido y se agazapó para atacar.

- Pero no es lo que tú piensas.

- Se besaron.

- Pero…

- Lo besaste, sí, o no.

- Bueno…

- Contesta.

- Si.

Rosalie soltó una especie de gruñido aullado y saltó sobre la bruja, pero nuevamente no alcanzó a tocarla.

En un parpadeo, Rosalie pasó de estar a un metro de Olivia, a prácticamente tele transportarse a quince metros de distancia, empujada por una fuerza superior a la de ella. Una fuerza tan grande y tan rápida, que fue fugaz incluso ante mis ojos.

Miré a Emmet, para comprobar si es que había sido él quien había protegido con tanto ahínco a Olivia, pero él no se había movido de su lugar. De hecho, parecía tan confundido como yo. Cuando se dio cuenta que Rosalie estaba en el piso, corrió hacia ella para auxiliarla.

Entonces lo vi. No mostraba los colmillos, pero en sus ojos una chispa amenazante mantuvo a Rosalie lejos de querer volver a arremeter contra Olivia. Estaba quieto, inmóvil como estatua, blanco y de tez dura como la piedra.

Era sin duda, un vampiro. Un inmortal mucho más fuerte que todos los que conocía.

- No puede ser –escuché la voz de Olivia morir en un susurro.

Luego nuevamente silencio.

Los brujos estaban tan impactados, que se habían olvidado de respirar. Miraban al vampiro que había salvado a Olivia como si fuera una aparición, una divinidad. Ninguno se movía, completamente pasmados, inmóviles del impacto.

- Lucas –preguntó Olivia con un hilo de voz- ¿eres tú?

Un suave gemido irrumpió a mis espaldas. Amanda se desmayó y cayó al suelo, completamente inconciente.