LUCAS
Escuché el golpe que provocó el cuerpo de la bruja al chocar contra el suelo, pero no me moví de mi lugar a pesar de las ganas que tenía de socorrerla: me pareció más importante mantener un ojo sobre Rosalie, que seguía tumbada mirando a los brujos con ojos de espanto, y sin percatarse de Emmet, que a su lado permanecía en posición de ataque hacia nosotros.
Había algo en la esencia del nuevo vampiro, en su mirar, que no me hacía desconfiar. Pero aún así –solo por si acaso –expandí mi escudo sobre todos los presentes. Para poder mantenerlo a él fuera de mi protección, tuve que girarme y localizarlo.
Por un momento, cuando recién lo ubiqué sosteniendo el cuerpo inconciente de Amanda en sus brazos, un instinto protector nació en mí; pero me bastó ver el brillo en sus ojos, para entender que no era una amenaza, y que su única preocupación era la sacerdotisa, a quien miraba al mismo tiempo con devoción y preocupación.
Su rostro, encogido de angustia, me devolvió a esos años fugaces en mi memoria, cuando Edward hacía de todo para mantenerme a salvo.
- Gabriel –habló el vampiro por primera vez, en un gesto que sonó a una orden. El brujo se agachó rápidamente, y posó su mano sobre la frente de Amanda. Cerró los ojos por breves segundos, y luego miró con seguridad al vampiro. – Estará bien, solo se desmayó de la impresión
- Reneesme –llamó Edward de pronto. Nuestra hija levantó la mirada hacia su padre. A su lado, Jacob le sostenía la mano con gesto preocupado –Lleva a Amanda hacia la cabaña.
Nessie asintió de inmediato. Se inclinó sobre el vampiro y le quitó a la sacerdotisa de los brazos. La cargó suavemente por las escaleras, seguida de cerca por Jacob. Los tres desaparecieron cuando él cerró la puerta con el pie.
Una vez que Amanda desapareció de la escena, toda nuestra atención se dirigió sobre el nuevo allegado.
Me pregunté por qué Edward se había apresurado en sacar a la sacerdotisa del lugar y qué relación tenían los brujos con el vampiro que había defendido a Olivia del ataque de Rosalie. Dejé caer la mirada sobre Olivia. Dos lágrimas corrían por sus mejillas. Sus labios estaban tensos y sus manos empuñadas.
La angustia, la congoja mejor dicho, que la había tomado por el brazo en cuánto la impresión dejó de causar el efecto de los primeros segundos, me dio el indicio que necesitaba para esclarecer los recuerdos de mi mente, y unirlos con lo que sucedía a mi alrededor para encontrar una respuesta.
Ella le había llamado Lucas, el mismo nombre del fallecido esposo de Amanda. Seguramente era él, no vivo, no muerto, sino inmortal. El guerrero de los humanos había sobrevivido al ataque del vampiro que lo condenó a morir años atrás, dejando viuda a la sacerdotisa y huérfano de maestro a Tomás. Había escapado de la ejecución, logrando completar la transformación hacia vampiro. Su fuerza, única en nuestro mundo, seguramente se debía a que los poderes que poseía como humano, se habían potenciado con el paso a la inmortalidad. Era, no me cabía duda, el vampiro más fuerte y más rápido de todo el mundo.
Pero al mirarlo, al ponerle un poco más de atención, me di cuenta de que toda esa fuerza que había desplegado sobre el cuerpo de Rosalie, era una cuestión solo física. En su cara, en sus ropas, el abandono y la tristeza del exilio marcaban inmediatamente cualquier impresión que pudiera causar en quiénes lo observaban, dándole un aire de debilidad, parecida a la de los vagabundos que deambulan por las grandes ciudades, pidiendo limosnas para sobrevivir.
Aún cuando estuviera acuclillado en el césped con la mirada baja, pude entender su frustración, la de tener que vivir lejos de los seres que ama por miedo a herirlos. La vergüenza que debía sentir, que le bloqueaba el paso para poder mirar a los brujos que lo rodeaban, debía de ser la misma que sintió Carlisle, al verse transformado en uno de los monstruos que su padre perseguía.
El vampiro tenía los ojos dorados, al igual que nosotros. Tengo que reconocer que fue un alivio ver en sus pupilas la certeza sobre su preferencia por la sangre animal, el respeto por la raza humana.
Lucas permaneció en silencio, al igual que todos nosotros, durante unos treinta segundos. Luego se puso de pie para enfrentar al más cercano de los chicos, que se erguía de pie frente a él.
- Lo siento mucho Tomás –su voz era aterciopelada, tan hermosa como la de cualquier inmortal. Volvió la mirada hacia el suelo, avergonzado de si mismo.
- No te disculpes conmigo, Lucas, discúlpate con Rosalie, que recibió un buen golpe –el chico intentó sonreír, pero sus ojos no lo acompañaron en el gesto.
El vampiro giró lentamente la cabeza hacia Rosalie.
– Mientras te mantengas lejos del cuello de mi cuñada, no tendremos problemas. Disculpa si te pegué muy fuerte –.Hizo una pequeña reverencia con la cabeza y luego volvió el rostro hacia el resto.
Rosalie, al verse liberada de la vigilancia de Lucas, salió corriendo por el bosque, seguida de cerca por Emmet. Apenas desaparecieron, me percaté de la potente mirada que intercambiaban Edward y Alice, uno sobre el otro. Seguro que Alice estaba teniendo una visión sobre el futuro de nuestros hermanos, y Edward lo estaba viendo al mismo tiempo. No quise preguntar qué sucedería entre ellos. Lo que fuera, tenía que ser decisión de la pareja, nosotros no debíamos intervenir de ningún modo.
- Pensábamos que estabas muerto –sollozó Olivia, retornando mi atención sobre el vampiro.
- ¿Dónde has estado todos estos años Lucas? –preguntó Elisa, mientras se acercaba a Olivia y le pasaba un brazo sobre los hombros.
- Lo siento tanto chicos, pero no me quedaba otra opción.
- ¡Qué mierda Lucas! –gritó entonces Olivia dando un paso hacia el vampiro – ¡Te suponíamos muerto! ¿Me estás diciendo que estos años de tristeza eran lo único que podías dejarnos?
El vampiro empuñó el brazo derecho, conteniendo la rabia que sentía. Sus labios se tensaron, dudando si contar la verdad o no.
- Entiéndeme Olivia –se disculpó –no podía permitirme ponerlos en riesgo. No sabía cómo sería mi despertar, podría haberlos matado. Haberme alejado de ustedes fue una buena decisión, porque la sed que sentí al despertar, era un riesgo altísimo para cualquier humano que estuviera cerca de mí.
Sus ojos dorados, brillantes de culpa, precedían cualquier explicación sobre el asesinato de humanos: a pesar de ser un neonato, había logrado educarse a si mismo en una dieta vegetariana. No cabía duda, por el color de sus ojos, que no había estado alimentándose de sangre humana, al menos en el último tiempo.
Elisa fue la primera en notar ese detalle.
- No has asesinado –indicó los ojos de Lucas –no llevas las marcas.
Al despertar, me encontré solo, en un lugar alejado de la comunidad y de cualquier grupo de humanos –explicó Lucas –no recuerdo cómo llegué hasta esa cueva, que fue mi hogar por un buen tiempo. Sólo salía de allí para cazar animales. Creo que pasó más de un año, antes de que pudiera atreverme a salir de mi escondite.
- Pero, ¿Qué sucedió? –preguntó TJ – Deberías haber sido ejecutado. ¿Quién te salvó?
El vampiro no respondió. Supuse que no quería acusar a su salvador. Aunque no tuve que pensar mucho en el asunto, pues me parecía obvio que la única con el poder suficiente como para acercarse al agonizante Lucas, y cargarlo hasta una cueva en las montañas, era Amanda. Solo alguien tan poderoso y con tanta credibilidad como ella, podía pasar por sobre las leyes de la comunidad de los brujos sin ser detectada. Era lo más lógico que ella fuese quién le salvó la vida.
- No lo sé –mintió Lucas –.No lo recuerdo.
- Puedes decirles la verdad –dijo sorpresivamente Amanda. Se encontraba de pie cerca de la puerta de la cabaña. Tras ella, Jacob y Nessie se tomaban de la mano.
Los ojos de Lucas se abrieron redondos al escuchar la voz de su esposa. Tomó un fuerte respiro, infundiéndose fuerzas para enfrentarla. Pero no logró mantener la mirada sobre ella, y nuevamente reclinó el rostro. Amanda en cambio, caminó con calma hacía él, acercándose lo suficiente para acariciarle la mejilla.
- Te hubiera salvado la vida mil veces con la mía, mi amor –sonrió ella cuando le forzó el mentón para que le mirase.
Sus ojos se encontraron, pero no durante mucho tiempo, pues se unieron en un beso cargado de nostalgia, tan intenso que si yo misma hubiera podido llorar de emoción, lo hubiera hecho.
Él la estrechaba hacia sí, rodeándola desde la cintura con delicadeza, tratándola con la misma dificultad que reconocía en Edward cuando me acariciaba y yo aún era humana. Amanda en cambio, hundió su rostro en el del vampiro sin problemas, dejando atrás la compostura de sacerdotisa, ignorando a los brujos y vampiros que los rodeaban, restándole importancia al riesgo que estaba corriendo al dejarse saborear por el peligroso vampiro del que estaba enamorada.
De entre sus cabellos, pude distinguir como dos lágrimas recorrían sus mejillas.
- Lamento interrumpirles –carraspeó Tomás –pero creo que nos deben un par de explicaciones.
- No es muy complicado de deducir TJ –se burló Amanda sin quitarle los ojos de encima a Lucas.
- Quiero y necesito saber la verdad –repuso él con insistencia.
Entendí entonces, que para los brujos, a pesar de que fuera un vampiro, poder ver a Lucas con vida, mortal o inmortal, les causaba alivio y felicidad.
- Está bien –le convenció el vampiro -¿Nos sentamos?
Me apresuré en tomarle la mano a Edward para irnos, pues era un momento importante e íntimo para los humanos.
- Deberíamos volver a la casa –habló Esme por mí –Seguro que ustedes tienen mucho que conversar.
Lucas le dedicó una larga mirada a nuestra madre, contrariado con la suavidad y ternura expresada por su modo de hablar.
- Somos un equipo ahora, Esme –Amanda se acercó a la vampira para tomarle la mano –Me gustaría que se quedaran para escuchar nuestra historia.
Supe lo que eso significaba. En realidad, intuí el final de esta historia desde que até cabos entre el vampiro y la sacerdotisa. Bastaba con echar una pequeña mirada sobre el hombre que sostenía mi mano, para poder anticipar el final, que no era muy diferente de la que nos unió – a Edward y a mí –en la inmortalidad. Lo más seguro era que Amanda quisiera transformarse en vampiro, para vivir con Lucas hasta el fin de los tiempos. Si esa era su decisión, nosotros los ayudaríamos, no podía ser de otra forma; además, éramos los indicados para asistir su transformación, pues contábamos con un amplio desempeño en el área 'críe neófitos y mantenga a su familia con vida'.
Seguro que Forks estaba en algún punto del universo donde el romanticismo estaba en su pick, y quién se acercara a la zona, encontraría a su alma gemela.
- Fue una vampira muy dura –comenzó hablando Lucas –me dio una gran pelea.
- Eran tres en un principio –le corrigió Amanda –no hubo problemas al eliminar a los primeros dos.
- Supongo que el de pelo largo, ¿lo recuerdas? –la sacerdotisa asintió levemente –él debe haber sido el compañero de la rubia. Si no hubiera sido porque lo partí como en cinco pedazos –se burló Lucas –no hubiera sido un problema eliminarla a ella. No era excepcionalmente fuerte en un principio.
- Normalmente los vampiros, al vernos, nos toman por presas comunes y corrientes. Los dos primeros en acercarse a nosotros nos dieron por blancos fáciles, un error en el que caen la mayoría de los vampiros. No fueron gran cosa –aclaró Amanda.
- Pero ella –Lucas bajo el tono de entusiasmo en su relato –al ver como destrozábamos a su compañero, fue presa de una violencia incontenible. No le tomó más de tres movimientos rápidos para llegar a mi cuello: me mordió con fuerza; fue como si me hubiera perforado la piel con un pica hielo.
Con el dedo índice señaló la medialuna marcada en su cuello, cerca de la clavícula izquierda.
– Por su puesto, no me dejé derrotar por una mordida, y la partí en dos con mi sable.
Lucas imitó el gesto: simulando una espada, hizo el ademán de girar el arma y enterrarla hacia atrás, deslizándola con habilidad entre su propio torso y su brazo derecho.
- Me soltó el cuello para gritar de dolor, y ahí aproveché para girarme y desgarrarla en dos desde la cintura. Después Amanda incendió los pedazos –hizo una pausa dubitativa para mirar a su esposa –.Bueno, supongo que lo hizo, pues no alcancé a verlo, ya que el ardor del veneno tomó el control de mis sentidos, y no supe más del mundo.
- Te dejamos ahí, con un guardián –retomó ella la historia –Corrí con todas mis fuerzas para pedir autorización al consejo, quería dejarte vivir. Pero ellos no lo permitieron: sólo pude obtener el permiso para observar tu ejecución.
- Pero yo no quería verte morir. Por lo que en mi camino de vuelta encontré tiempo para pensar en un plan. Creí que no podría manejarte estando recién convertido: no sabía como reaccionarías, ni si serías capaz de resistirte a la tentación de matarme. Tampoco quería correr el riesgo de que me mordieras por error, pues esa carga ya hubiera sido un exceso para tu conciencia. Decidí entonces que la mejor opción era dejarte lejos, protegido de la percepción del resto de la comunidad y de la tentación de la sangre humana. Para poder salvarte, tuve que dormir a la persona que te protegía –los brujos palidecieron ante las palabras de la sacerdotisa –correr a las montañas, encontrar un refugio y luego volver rápido antes de que despertaras, para poder alcanzar a crearle la imagen de tu ejecución. Te dieron –te dimos, mejor dicho –por muerto. Se realizó incluso un funeral.
- Amanda –interrumpió Leah el relato -¿Asesinaste a uno de tus compañeros?
La manada trabajaba con una lealtad a toda prueba: la traición entre los miembros era impensable, sobre todo considerando que debían de obedecer a los mandatos del alfa incluso si no estaban de acuerdo. La sola idea de matar a uno de sus compañeros, para Leah, era una especie de pecado mortal.
- No –la bruja no se sintió intimidada por la mirada inquisidora de la chica licántropo, respondió con mucha dulzura –.Me limité a dormirle, como dije, imitando el poder que tiene Constanza. Solo lo induje a un trance, a un sueño profundo, para alcanzar a salvar a Lucas.
La mirada de Leah se pacificó. Tomás le besó la mano con ternura.
- ¿Por qué no volviste con él? –pregunté.
Es lo que yo hubiera hecho.
- No podía, Bella. Mi posición no era como la tuya. Primero porque no sabía cuál sería su reacción como vampiro. No sabía con certeza si los neófitos podían contener su sed. Pero sobre todo, nuestra vida juntos ya no tenía futuro. Yo no puedo transformarme, no deseo hacerlo tampoco. Debía hacerme la idea de que estaba muerto.
Lucas desvió la mirada al escuchar la declaración de Amanda. Como yo, él también se dio cuenta de la postura de la sacerdotisa: ellos ya no tenían una vida para compartir juntos. Ya no eran marido y mujer, ahora eran una sacerdotisa y un vampiro, que alguna vez se amaron, pero que ahora se veían distanciados por las circunstancias.
Amanda notó el cambio en el vampiro, y le tomó la mano con fuerza.
- No saques conclusiones tan rápido, guerrero. La marea ha cambiado para nuestro mundo.
- Si tan solo esos capas rojas no hubieran llegado a nuestras tierras, ¡Como hubiera sido distinta nuestra historia!
- Disculpa –dijo Edward tan exaltado como yo –dices que esos tres vampiros que cazaron, ¿llevaban capas rojas?
Distintas expresiones de sobresalto tomaron al grupo por sorpresa.
- Así es –explicó Lucas –Eran miembros de la guardia italiana.
- Sabíamos que los Vulturi se identificaban por esa vestimenta. Cuando los enfrentamos, lo hicimos concientes de que debían morir a toda costa, pues no podíamos correr el riesgo de que la historia de nuestra existencia llegara hasta Europa –explicó Amanda.
- Cuando me atreví a salir de mi guarida, mi primera preocupación fueron ellos. Necesitaba saber cuáles era las reglas de los inmortales: sabía que habían leyes que regían ahora mi comportamiento, pero no tenía la certeza de conocerlas todas. Lo único que sí sabía, era que los Vulturi eran los encargados de hacer prevalecer la justicia. Salí a buscar indicaciones. El primer vampiro que encontré a mi paso fue a un nómada llamado Alistair. Me acerqué a él en cuanto lo avisté, pero se rehusó a hablar conmigo. A pesar de que vagabundeaba solo como un ermitaño, me pareció un hombre amistoso y poco peligroso. Tuve que seguirlo un par de días, hasta que finalmente intentó repelerme a golpes. Lo puse de cabeza en un segundo. Era fuerte además de experimentado, pues ese tipo tiene siglos de viaje. Pero su fuerza sobre humana no fue un obstáculo, ya que mis habilidades físicas sobrepasan a las de un vampiro común.
Esa fue la primera vez que pude experimentar mi fuerza con totalidad. Me alegré de haberme alejado de la comunidad, pues ni todos ellos juntos hubieran podido contra mí.
Inmovilizado, se burló con amargura cuando le pregunté por las reglas que los Vulturi habían marcado para los inmortales. Extrañamente me confundió con un espía por el color de mis ojos: me culpó de seguirlo, de quererlo matar, de ser un "informante de Carlisle" y otro tipo de cosas incoherentes.
Cuando por fin entendió de donde venía yo, y que mi preferencia por la sangre animal era una invención mía, no aprendida de otros, comenzó a confiar en mí. Me contó de la experiencia que había tenido con un aquelarre aquí en Estados Unidos y de lo que los Vulturi habían probablemente hecho con ellos. Él ya no creía en los italianos, no quería tener nada que ver con ellos ni con sus leyes, aunque tampoco estaba dispuesto a ofenderlos frente a frente.
Sentí rabia e impotencia por lo que ellos habían hecho, por la injusticia cometida contra los americanos. Sobre todo considerando lo que Bella y Edward, según me contó Alistair, padres de una niña mestiza, habían tenido que pasar para poder estar juntos.
Entonces decidí ir a Italia: necesitaba ver con mis propios ojos a estos Vulturi, para analizar la fuerza de su ejército.
Alistair me advirtió sobre la habilidad de Aro, del riesgo que corrían mis seres queridos, ya que si el italiano me tocaba conocería la existencia de grupos humanos como el nuestro y se apresuraría en eliminarlos o en reclutarlos para su guardia.
Pero no me importó. Me sabía más fuerte que ellos, más poderoso incluso que ese Félix al que Alistair tanto temía.
Sin importarme nada, crucé el Atlántico para observar a los Vulturi de cerca.
Por obra del destino tal vez, no alcancé a llegar dentro de los muros. Pues cuando me encontraba en las afueras de la ciudad, percibí un efluvio extraño, distinto a cualquier otro que hubiera pasado por mi nariz anteriormente. Sin dudarlo lo seguí, desviándome de los caminos urbanos.
Aquel olor no era humano, no era de vampiro. Me llamaba mucho la atención, por no poder identificarlo. Era una mezcla de curiosidad y miedo, lo que me desvió hacia ellos. Gracias al sendero que marcaba el olor, pude encontrar rápidamente el campo de concentración de los mestizos.
Los mantienen encerrados en containers, camuflados entre las montañas. Ahí los crean, los adiestran, los torturan y los ejecutan, si es que se transforman en un problema. Seleccionan a los más poderosos para ser parte del ejército que está creando Giove, el hijo de Aro –Lucas dejó escapar un gruñido entre dientes –.Al resto, los esclavizan.
Pude escuchar, durante el poco tiempo que permanecí en los alrededores, que se planeaba un ataque al clan americano que los había desafiado, aquellos amigos de Alistair. Oí decir que esperarían a tener listo al ejército de mestizos, y que no dejarían vivir a ninguno de los Cullen, sólo a Bella y a Alice.
En ese momento supe que tenía que advertirles, hacer algo al respecto. Supuse que, si los americanos eran tan poderosos como mi amigo nómada me había contado, entonces tal vez con mi ayuda, podrían hacer frente a la injusticia que estos ancianos pensaban dejarles caer encima.
Pero Alistair nunca mencionó dónde se encontraban. Dijo Estados Unidos, dijo que llovía mucho, pero no nombró ni estado, ni ciudad. Me vi forzado a retrasar mi encuentro con ellos, para buscar primero al ermitaño en Sudamérica.
Me tomó casi un año reencontrarme con él. Cuando finalmente lo hice y pude contarle lo que había visto en Italia, se enfureció. Primero conmigo, por haber señalado su paradero; le pareció imposible que mi presencia hubiera pasado desapercibida, por lo que asumió inmediatamente que Demitri me había localizado y que estaba por caernos encima. Tuve que sacudirlo más de una vez para obligarlo a entrar en razón. Después la rabia que tenía la enfocó en los italianos, en sus acciones e intenciones. Entonces no dudó en darme las indicaciones para llegar a este lugar.
Aún cuando mantuvo su decisión de hacerse a un lado del conflicto, compartía mi visión de la justicia, quería que les avisara del inminente ataque y me infundió coraje para luchar. Me aseguró que le contaría a todos los vampiros que encontrara, sobre lo que yo había visto en Italia y que mandaría hacia acá a los que quisieran luchar por esta causa.
Llegar hasta aquí fue un caos. No me costó mucho encontrarlos, las indicaciones de mi amigo eran exactas. Pero los efluvios que rodean esta zona son peligrosos. Partiendo por los licántropos que tienen un límite bastante marcado en esta área -.
Lucas dio una rápida mirada a Jacob. No de análisis, ni de reprimenda, sólo para identificarlo en su historia.
- Cuando pude definir el perímetro que supuse no podía traspasar, me encaminé por aquellas zonas que estaban marcadas por olor a vampiro, y seguí el rastro hacia acá. Acercarme a vuestros hogares tampoco fue tarea fácil. Pues pude reconocer la esencia de Amanda a kilómetros de aquí. No soy un rastreador, no me malinterpreten. Pero es la mujer que amo, su olor es inconfundible para mí: lo fue cuando era humano, lo es con mayor intensidad, ahora que ya no lo soy. He estado aquí durante las últimas tres semanas, dudando todos los días, sin saber si hablar con ustedes o no, sin saber si me aceptarían, debatiendo con mis propios ideales, considerando la idea de dejarlo todo atrás, sintiéndome como un monstruo.
Lucas apretó la mano de Amanda, para confirmar el contacto, para asegurarse de que sí, lo había aceptado y lo seguía amando, a pesar de ser un vampiro.
- Mientras debatía diariamente sobre lo que tenía que hacer, tuve tiempo para observarlos a lo lejos. Noté que no podía acercarme demasiado sin que Edward pudiera escucharme, ni podía tampoco tomar una decisión sobre este hecho, si es que quería pasar desapercibido para Alice.
Sabía quiénes éramos. Cuando nos mencionó a Edward y a mí, sabía que éramos nosotros los protagonistas de la historia de Alistair. Este Lucas era un tipo impresionante. Sus sentidos debían de verdad estar muy bien desarrollados, pues el perímetro de audición de Edward no le hubiera dejado el espacio que un vampiro normal necesita para escuchar a hurtadillas.
- Gracias a las habilidades que tengo, mis sentidos son aún más agudos que el de los vampiros, por lo que puedo mantenerme a distancias más grandes y percibir con la misma claridad, como si estuviera al lado de mi tímpano. Eso me dio la ventaja para observar sin ser detectado.A decir verdad, tengo que agradecerle a esa Rosalie, por haberme dado pie para entrar en escena. Si no hubiera atacado a Olivia, quién sabe cuánto tiempo más me hubiera tomado hablar con ustedes y contarles todo lo que sé.
¡Vaya historia que se traía este Lucas!
No solo había encontrado a Alistair, sino que también había visto con sus propios ojos lo que los Vulturi estaban haciendo en Italia. Sabía sobre sus planes, conocía la organización de los mestizos y además, había esparcido la voz entre los inmortales, sobre las verdaderas intenciones de los ancianos italianos.
Otro punto a su favor: era súper poderoso, más aún que si pusiéramos a Emmet, Félix y Demitri en una licuadora y creáramos un vampiro mega fuerte, ultra rápido y con sentidos más desarrollados de lo normal.
Lucas un gran aliado y un magnífico informante, más aún de lo que podía ser Alice, ahora que no podía ver las intenciones de los Vulturi, bloqueadas por la existencia de los mestizos.
Pero sobre todo, había infundido en el grupo una sensación de victoria, de esperanza, que se estaba lentamente disipando a medida que se acercaba la hora final, y que las conversaciones sobre estrategias estaban a la orden del día.
