En un sala elegante y rustica, se encontraba un joven tocando el piano delicadamente. Presionando las teclas de su piano para que no se dañaran, entonaba una dulce melodía. También le acompañaba el sonido del compás a un ritmo considerablemente rápido. Pero fue interrumpido por un golpeteo en la puerta.
-Adelante- murmuró el pianista con educación. Entró a la habitación una joven de pelo castaño largo, portando en su mano una bandeja con galletas y té. –Austria-san, aquí traigo su té- sonrió y se lo dejo en la parte lisa del piano. El austriaco tomo el té y dio un sorbo. –Gracias Hungría- la miro con cariño a la joven.
-Hoy también hace un día hermoso. ¿No lo cree?- caminó Hungría hasta ventanal y abrió las cortinas de color carmesí. -Hoy es un día hermoso- dijo mientras ataba las cortinas con un cordel. Austria no contesto a la pregunta y solo miraba con atención a la joven que se había quedando viendo el exterior através de las ventanas.
-Lo sentiste, ¿No es así?- dijo Austria con seriedad.
Hungría solo volteó ligeramente así Austria y volvió a dirigir su mirar hacía el exterior. Recargó su mano en la ventana y la cerro lentamente. –Es, algo muy extraño- dijo en voz baja. –Se siente algo tan triste y agobiado- llevó esa mano a su corazón. El austriaco volvió su mirar a las teclas de su piano y reanudo su pieza, pero ahora era algo más calmado.
Mudo, el pobre se encontraba aprisionado por aquellos ojos que lo observaban con penetración.
Esos ojos, que ya lo habían visto antes; hace mucho tiempo. Lo observaban con mucha atención.
Italia no podía moverse, estaba petrificado. Aferrándose así mismo con sus manos y tratando de calmar su respiración. Abría su boca para articular algo, pero ninguna palabra salía de allí. Solo sus labios se movían. "Alemania" contemplaba confuso a esa persona que se encontraba al frente de él. Volteó a ver a su alrededor, intentando ver cada cosa a la perfección. Y ahí, al la entrada del balcón de la habitación de Veneciano, se encontraba un espejo de cuerpo completo. Caminó con rapidez hacia él y observo su cuerpo. Observo sus manos, la abrió y cerró constantemente y prosiguió a tocarse con ellas mismas su cara. Miraba en el espejo como recorría con ellas cada facción de su rostro, se despeino y volvió a peinarse. Se alejo y contemplo su cuerpo.
Pero aún seguía confundido.
Volteó a ver de nuevo a Italia, esta vez se encontraba recargado en la pared con las manos cubriendo su rostro. El alemán camino hacía el y tomó sus manos. Levantó su rostro y se encontró con un rostro en lágrimas. Colocó una mano suya en el rostro del italiano para que volteara a verlo. Pero el se forzaba a que no lo viera. Pero el insistía, estaba confuso y desesperado. Necesitaba de alguien y el único que estaba era él. Con fuerza levantó el rostro en llanto y lo observo bien. Las lágrimas habían invadido los ojos castaños del chico. Verlo así se angustio mas.
-¿Quién…?- murmuró bajamente el pelirrubio, pero al mirar con atención el rostro, dio con su respuesta rápidamente. Soltó su rostro y dio unos pasos hacia atrás. Si antes se encontraba confundido, ahora lo estaba más. Sus ojos, empezaron a ver con desesperación a Italia. Retrocedía lentamente, mientras el italiano hacía puño sus manos, mientras intentaba pronunciar algo. "Alemania" dio unos pasos mas hacía tras, tropezando con la pintura de la niña que dormía en la silla. De repente, unas lágrimas surgieron de sus ojos azules oscuros.
Dirigió una última vez al rostro de Italia, quien extendía una mano; y salió corriendo de ahí.
Italia cayó al piso, observando como partía rápidamente esa persona. Sus ojos miraban hacía la nada, sentía una gran sentimiento de angustia. Se abrazó con más fuerza de sus ropas que había sido cosido. Y escondió su rostro contra ellas. Y ahí intento calmar su respiración. Inhalaba y exhalaba con prisa, hasta que intento lograr estabilizarse. Despego su rostro de las ropas y las dejo en la cama. Se levantó con cuidado y con su brazo seco las últimas lagrimas que quedaban y corrió hacía la cocina.
Agarró unos broches que tenía cercas de ahí y se los colocó en su cabello para que no le estorbaran la vista. Arremango sus mangas y lavó sus manos. De unas alacenas sacó varios ingredientes, chocolate, queso, azúcar, crema y unos recipientes. Rápidamente empezó a juntar todos los ingredientes a una velocidad increíble, años de experiencia. Sus ojos no se despegaban por seguir a sus manos, que batían con cuidado la mezcla. No reaccionaba, solo estaba atentó a lo que así.
Tanto que no se había percatado de que su hermano se encontraba en la puerta de la cocina.
-Oye, ¿Qué no estaba el macho patata contigo?- dijo con resignación, pero su hermano no contesto. Suspiro un tanto molesto y se acerco hacía su hermano para observar lo que hacía. -¿Tiramisú? ¿Estas haciendo tiramisú?- dijo sorprendido al ver lo que estaba preparando. Frunció el ceño y miro a su hermano –No quiero volver a pelear contigo, pero te diré algo- se encamino hacia la mesa –No deberías hacer de comer a…-
-Volvió…- se escucho como si fuera el murmullo del viento. Romano volteó a ver a su hermano quien había parado de batir la mezcla. -¿Qué fue lo que dijiste… Veneciano?...- pronunció con algo de asombro. De repente se escucho los gemidos proveniente de la Italia del norte y como agarraba fuertemente del mango del batidor.
-Le prometí… que cuando volviera le prepararía muchos dulces…- su voz se encontraba destrozada. Los ojos de Romano miraban impresionado a su hermano. Sabía muy bien a quien le había hecho esa promesa.
-Volvió oni-chan…- dio una media vuelta para ver a su hermano. Romano observo el rostro en llanto de Veneciano con una sonrisa un poco distorsionada. La Italia del sur apretaba con fuerza sus manos hechas puño y chasqueo los dientes. -¡Mierda!- gritó con todas sus fuerzas y salió de ahí corriendo hacia la calle.
Sabía a lo que se refería con que "volvió". Era el dolor mas profundo de su hermano en la vida.
Y ahora lo estaba viviendo y no podía soportar ver a su hermano así.
En un gran jardín, lleno de muchas variantes de flores. Caminaba aplastando suavemente la hierba un peliplateado. Sus ojos carmesí miraban alrededor buscando algo, mientras que un pajarillo le ayudaba en su búsqueda desde el aire. -¡West! ¡Oye West!- gritaba Prussia con fuerza quien buscaba a su hermano. Estaba de visita en la casa de su hermano, pero como al llegar no lo recibieron; decidió investigar por su cuenta.
-¿Dónde rayos se habrá metido? ¡Que no sabe que su Awesome hermano vino a visitarlo!- renegó mientras se adentraba a unos árboles boscosos. –Tsk… ¿Por qué puso semejante jardín West?- caminó hacia una pequeña plazita que había allí adentro. Entonces escucho unos leves gemidos. Guardo silenció y caminó hacia donde provenían. -¿West?- miro a lo lejos un pequeño bulto sentando debajo de la mesa de la plaza. Era él.
-¡West!- corrió hacia el. -¡Meint Gott! ¿Qué sucede west?- preocupado, lo saco inmediatamente de la mesa. Pero lo soltó rápidamente al ver a su hermano directamente. No era su "west". Era otra persona, alguien, fuertemente relacionado con él. "Alemania" miro a su hermano con sus ojos llenos de lagrimas. Miraba el rostro de impresión de su hermano al verlo. Y sin dudarlo lo abrazo con fuerza.
-Tu, no eres Alemania- lo abrazó de igual manera. –Lo supe desde observe tus ojos. Los ojos son las puertas del alma ¿Lo sabías?- le dijo suavemente. Él solo se aferraba a Prussia. –¿Por qué?...- se escuchaba la voz del pelirrubio apegado al pecho de su hermano. -¡No lo entiendo! Estoy tan… confundido…- sus manos se agarraron fuertemente del saco de el germánico. Prussia divago su vista, mientras buscaba algo que decir. También para él era algo tan confuso y difícil de explicar. –Eso explica…- dijo levemente –Ese sentimiento que sentí hace rato- despego de su pecho a su hermano, levanto su rostro y le limpio sus lágrimas. Sus ojos se encontraron con los de su hermano mayor. Él solo le sonrió y le acomodó unos cabellos que tenía desordenados.
-Hace tiempo que no veía esos ojos azules tan penetrantes- le dijo dulcemente –Son tan Awesome como los míos- no pudo evitar presumirlos. Volteó a ver alrededor de la plazita en donde estaban y los inmensos árboles que los rodeaban. –Ha pasado mucho tiempo, tengo que explicarte muchas cosas- miro a su hermano quien miraba hacia el piso aun confundido. –Especialmente, sobre Ita-chan- suspiró un tanto agobiado, ya que sabía que eso era lo primordial. –Ya que si te mira ahora no sabremos com…-
-Ya lo sabe- dijo seriamente –El ya lo sabe- unas lagrimas rodaron por su rostro.
Prussia se quedo en silencio. Sabía que eso sería un gran problema para él e Italia. Dio un trago de saliva y sobó su brazo. –No te preocupes…- titubeó –El Awesome de tu hermano hará algo…-
-Claro, como si pudiera hacerlo- se escucho una voz bastante molesta. Voltearon ambos alemanes y para su sorpresa se encontraron con la Italia del sur. Tenía una posición bastante fuerte, se notaba que estaba realmente molesto. –Por tu culpa, el idiota de mi hermano esta totalmente destrozado- se acercó hacia el alemán rubio y lo acerco hacia el agarrándolo desde la camiseta con fuerza.
-¡Oye suelta a mi west!- gritó molesto Prussia. -¡Cállate idiota!- dirigió su mirada hacia el. –Por su culpa- miro al susodicho –Mi hermano esta…- lo sostuvo con gran fuerza. -¡Romano tu y yo sabíamos que esto algún día esto iba a pasar!- intento que la Italia soltará a su hermano.
Romano se resigno y lo soltó.
El alemán no dijo nada y ni trato de reclamarle. Solo permaneció en silencio. Prussia tomó a Romano por los hombros, y con su cabeza hizo un movimiento de negación. Que no lo hiciera. El italiano miro nuevamente al alemán y lo miro con fríes
-Por que tuviste que recuperar la memoria- dijo con odio
-Sacro Imperio Romano…-
Capítulo 2° "Fratelli" (Hermanos)
N/A: Hola! Muchas gracias por leer mi primer Fanfic de Hetalia uwu
Que es un historia de mi pareja favorita GerIta °A°!
Este fanfic salio de un doujinshi que estoy haciendo. Espero y disfruten este fanfic tanto
Como yo lo hago escribiendolo.
¡Gracias por sus comentarios & y por leer!
