Decisiones de Guerra
Terminado el relato de Lucas, los jóvenes brujos se embarcaron en un amplio interrogatorio hacia Amanda y su marido. Querían saber cómo había caído en batalla, qué se sentía durante la transformación, cómo eran los mestizos, qué tan grande era Volterra, qué tan buenos luchadores eran los Vulturi.
Por mi parte, no podía concentrarme del todo en la situación. Los eventos recientes, entre Emmet y Rosalie, volvieron a preocuparme cuando terminaron las historias de Lucas. Alice también parecía desconcentrada: seguro que mientras Rosalie y Emmet tomaban serias decisiones sobre el futuro de su relación, Alice tenía visiones del futuro que armaban y desarmaban mientras discutían. Edward se mantenía al tanto de lo que veía Alice, por lo que también se le veía distraído.
Fue Olivia quien manifestó abiertamente su incomodidad con la situación, con sus hermanos y compañeros sumidos en la felicidad del regreso de Lucas, olvidando por completo el ataque de Rosalie, y sin interrogar a nadie sobre las causas de la pelea entre las dos. Si había besado a Emmet, tenía que gustarle; en algún rincón de su corazón, debía de estar ansiosa por saber qué sucedía con él que ya llevaba horas desaparecido en el bosque con su compañera.
La bruja se separó del círculo de amigos, caminó hasta donde estaba Lucas y se acuclilló para abrasarlo por la espalda. Apoyó el mentón en el hombro de su cuñado, le besó la mejilla y susurrando le dijo: –No te imaginas lo feliz que me haces, sólo por el hecho de existir. Te hemos echado de menos, hermano –el vampiro sonrió y le acarició el pelo –.Pero ha sido un día agotador, me iré a dormir. Nos vemos mañana, buenas noches.
La chica salió caminando lentamente hacia la cabaña.
Nadie preguntó por qué se iba. Los brujos hicieron caso omiso de su ausencia y siguieron charlando con el vampiro.
Pero honestamente, yo no podía quedarme así. No podía verla desaparecer, esconderse. Me imaginé que estaría sufriendo, tal vez de amor –extraño –por Emmet. No lo pensé demasiado, me puse de pie y la seguí hacia mi casa.
- ¿Estás bien Oli? –pregunté en voz baja, mientras entraba a la habitación de Nessie, que la bruja compartía con mi hija y el resto de las brujas.
- No lo sé Bella.
Se sentó en el borde de la cama y hundió la cabeza entre las rodillas. Para consolarla, me arrodillé en el piso frente a ella, justo en el ángulo de su visión. Le tomé las manos, que se entrelazaban rodeando sus piernas.
- ¿Quieres una taza de té? –la chica asintió moviendo la cabeza.
Cinco minutos después, regresé a su habitación con una taza hirviendo con té de rosas. Ella olió el vapor que humeaba hacia sus manos, y permaneció en silencio un buen rato más.
- Debo confesarte que intuía lo que estaba por suceder.
Sus ojos se abrieron interesados en mi conversación.
- Causabas extrañas reacciones en mi hermano –confesé –pero nunca imaginé que llegaría a tanto.
- Lo siento mucho Bella, si es que esto causa un quiebre en tu familia. Nunca fue mi intención.
Me pareció que iba a largarse a llorar. Su mentón tembló ligeramente, pero se controló con una bocanada profunda de aire y luego siguió hablando.
- Me gustó Emmet desde que lo vi la primera vez en casa de Carlisle. Pero no creí que podía ser mutuo: su relación con Rosalie lleva décadas, ella es hermosa y fuerte, segura de sí misma y muy madura. No tenía sentido que él pudiera llegar a interesarse por mí.
- Rose es una gran competencia –de eso tenía experiencia, pues me tomó varios meses acostumbrarme a ella, sobre todo a la convivencia diaria que tenía con Edward. Los celos y la inseguridad me embargaban muchas veces. De no ser por el amor que él siempre sintió por mí, lo hubiera pasado muy mal dudando todo el tiempo sobre su fidelidad.
- Yo no quiero competir.
- Pero lo estás haciendo.
- No intencionalmente. Cuando estuve a solas con él la primera vez, estuvo hablando todo el tiempo de ella. Me acompañó a buscar mis maletas al hotel donde nos alojábamos en Forks antes de que nos acogieran aquí. Desde ese día, di por perdida toda posibilidad a pesar de lo mucho que me sentía atraída por él.
Cierto, esa fue una movida de Edward. Tal vez pensó evitar esto, anticipando que su hermano limitaría la cancha con la chica. Nunca supe, antes de este momento, que Edward se equivocara en estimar los pensamientos de los demás.
A lo mejor fue esa cosa que hacemos los vampiros: ser tan atractivos para los humanos. Ya sabes, hermosos y esbeltos, una trampa mortal. Edward creía que por eso yo quería estar con él. Una suposición idiota, debo decirlo. Pero podía, tal vez, aplicarse a este caso.
- Bella, ¿estás bromeando? – Olivia se arregló el cabello detrás de las orejas –creo que entiendo mejor a los vampiros que tú -Era probable, yo solo conocía la versión vegetariana de mi gremio –.Desde pequeña me han enseñado sobre las "trampas mortales". Créeme, este no es el caso.
- ¿Qué dices entonces? ¿Lo quieres, lo amas, lo adoras? –tono sarcástico para atenuar situaciones difíciles.
Y funcionó, pues la chica sonrió sinceramente.
- No lo conozco tanto como para amarlo y adorarlo –dijo agachando la cabeza –pero sí, creo que me gusta y tal vez lo quiero. Pero no quiero estar en medio de su relación con Rosalie.
- Pero, ¿y qué sucederá si él decide estar contigo? –la pregunta del millón.
- ¿Preguntas si es que me transformaría en vampiro?
Bingo.
- Bueno, no lo sé.
- ¿Hola? –la vocecita dulce de mi hija sonó desde el primer piso.
- ¡Estamos aquí!
Reneesmé había llegado con las mismas intenciones que yo: se preocupaba por Olivia, por su estado de ánimo. Pero también por Rosalie, pues su relación era muy cercana. Seguramente era la mujer más querida que tenía, después de mí, obviamente. Era como su madrina. Nunca querría verla sufrir. Esta debía ser una situación complicada para ella.
Se sentó junto a mí con las piernas cruzadas.
- Entonces… -dijo nerviosa –besaste a Emmet.
Silencio incómodo y pregunta obvia.
- Lo siento Nessie, ¡lo siento mucho!
- Deja de disculparte Olivia –le reprendí –es tu vida.
- Es vuestra familia.
- Si, pero Emmet es un hombre libre, puede hacer lo que quiera –le repuso Reneesmé – ¿tú qué quieres?
- No lo sé.
- Pero vas a…
- No lo sé.
- Y mientras tanto –preguntó mi hija -¿qué sucederá?
No sabíamos aún si es que Emmet volvería, si es que seguiría viviendo con nosotros o se trasladaría hasta la cabaña. No sabíamos si es que seguiría con Rosalie o si es que terminarían la relación. Todo era una gran incógnita.
- Mientras tanto –Olivia fingió entusiasmo –nos tenemos que preocupar de tu iniciación. Será una gran fiesta y por fin serás una de nosotras: bruja de tomo y lomo.
- No hay nada que me interese menos en este minuto –espetó Reneesmé.
- Quiero saber –me mataba la curiosidad –cómo fue que se besaron.
Con el rabillo del ojo noté como Nessie miraba hacia el cielo.
- Eh…
- No tienes que contarnos si no quieres –tan parecida a su padre mi hija.
- No, no es eso. Quiero contarles. Pero es que no tiene nada de especial. Llegamos al claro a entrenar, como lo habíamos estado haciendo desde hace días, junto a Bella.
- Si, lo siento por eso, se me olvidó.
- No importa.
- Nos encontramos solos por primera vez, desde aquella oportunidad en que conversamos en el auto.
- Te estuvimos esperando un rato, pero Emmet se aburrió pronto, por lo que me propuso una pequeña apuesta. Quería luchar conmigo, intentar abatirme. Si lo lograba, yo debía levitarlo durante todo el camino de vuelta a la casa.
Tan típico de Emmet, jugar con las cosas serias.
- ¿Y si tú ganabas?
- Bueno –sus mejillas se sonrojaron –aproveché la oportunidad y le aposté un beso a que no podría acercarse a mí.
- ¡¿Le ganaste a Emmet?! –acusó Nessie sorprendida.
- Por supuesto que no, ¿Por quién me tomas Reneesmé, por una caza vampiros?
Las brujas se sonrieron.
- Creo que Emmet había estado esperando una pelea cuerpo a cuerpo en mi contra. Había estudiado mi forma de atacar, por lo que me costó mucho sorprenderle.
Me vi forzada a recurrir a la telekinesia muchas veces: para escapar de él, tuve que levitarme a mi misma en muchas ocasiones. Le lancé troncos enteros, le cegué con luz, me escabullí entre los árboles, incluso me vi forzada a sacar mis dagas, pero él nunca se intimidó ni se vio sorprendido por mis estrategias.
Tras media hora de ir y venir, corriendo, saltando, volando, lanzándonos cosas, los dos estábamos completamente exhaustos. Al menos yo, pues comencé a bajar la guardia de a poco, abriendo flancos sin darme cuenta, facilitándole el ataque.
Finalmente, nos encontramos uno frente al otro, a unos diez metros de distancia. No sabía si era capaz de empujarlo lejos si es que se lanzaba contra mí, por lo que desenvainé las dagas. Su expresión cuando las vio fue invaluable: de miedo al principio, y de satisfacción después. Tal vez quería ver mis armas, pero no creía que las fuera a usar en su contra.
Y de hecho, fueron las dagas las que me hicieron perder: me daba miedo herirlo de verdad, por lo que no las mantuve lo suficientemente cerca como para poder usarlas. Estaba más concentrada en ellas que en Emmet. Él lo intuyó y sin darme tiempo para pestañear, se abalanzó sobre mí.
Sus manos apresaron mis muñecas y con el peso de su cuerpo me hizo caer de espaldas. Quedé tendida con los brazos extendidos hacia los lados en forma de cruz, con el cuerpo de Emmet sobre el mío, sometiendo mi voluntad.
Lo sentí rugir en mi oído, como si fuera a morderme de verdad. Por un momento tuve miedo. Pero el me susurró, "gané", y luego levantó la cabeza para mirarme.
Pensé que se iba a burlar, era lo normal en él, sobre todo después de haber ganado en una pelea. Pero para mi sorpresa, me quedó mirando fijo y sin darme tiempo para tomar aire, me besó.
- ¡¿Él te besó a ti?! –exclamó Reneesmé. Yo me mantuve con la boca abierta, impactada.
Emmet había besado a Olivia por voluntad propia. Eso se salía de lo esperado: considerando la devoción que siempre vi en él hacia Rosalie, nunca imaginé que podría tomar la iniciativa para besar a otra persona. La gente te puede sorprender Bella, repetí en mi cabeza.
- ¿Qué significa eso, mamá?
- ¡Cómo saberlo! –era vampiro, no psicóloga.
- No significa nada Nessie –contestó Olivia –yo le estuve coqueteando desde el primer día. Tal vez solo quería quitarse las ganas.
- No lo creo –sí, pensé en voz alta –le gustas, es obvio. Pero no sé si sería capaz de dejar a Rose.
- No quiero pensar en eso.
- Habrá que esperar –sentencié –.Mientras tanto, tendremos que mantener a Rosalie lejos de la zona.
- No creo que se vuelva a acercar con Lucas merodeando por aquí.
Me levanté para mirar por la ventana: afuera seguía todo igual. Sólo que ahora, debido a la noche que había oscurecido la reunión, una fogata se había armado en medio del círculo de amigos. Edward alzó la mirada para sonreírme. Agradecí no tener que pasar por estos problemas otra vez: estaba tan segura de nuestra unión que no se me pasaba por la cabeza tener que competir por su amor. Aunque pensándolo bien, tal vez Rosalie pensó lo mismo sobre Emmet.
Recordé aquella conversación que tuve con la vampira, meses antes de mi embarazo. Ella me había contado sobre su vida humana, sobre su prometido y cómo él la había violado y asesinado días antes de la boda. En esa conversación, Rosalie me comentó sobre las razones que le hicieron elegir a Emmet como compañero. Le había salvado la vida, transformándolo en vampiro simplemente porque se parecía mucho al hijo de su mejor amiga.
Las razones que comenzaron el amor entre ellos se debían al gigantesco egoísmo de Rosalie. Ella no lo quiso por quién era, sino por lo que le recordaba: la vida pasada, la existencia humana que le fue arrebatada, primero por su novio, y luego por Carlisle. ¿Podía surgir amor verdadero desde esas bases?
No podía saberlo, no conocía su cabeza. Tal vez Edward tenía alguna respuesta. Pero incluso él, cuando ella intentaba mantenerme con vida para que pudiera dar a luz a Reneesmé, no lo hacía por protegerme a mí, sino que para poder experimentar la maternidad que se le prohibía a las vampiras. De hecho, yo le había comenzado a agradar en el momento en que tomé una decisión que ella aprobaba, que ella misma hubiera tomado en mi situación.
La vampiresa era un atado de egoísmo, eso no podía negarse. Tal vez, al único ser que amaba de verdad y sin pedir nada a cambio, era a Reneesmé: la hija que nunca pudo tener.
- Tal vez –sé que no es una idea bonita –esto le serviría para madurar. Darse cuenta que tenía que entregar más a quienes amaba, sin buscar retribuciones.
Pero la verdad, era que yo no quería que ellos terminaran. Sentía simpatía por los dos, los quería a ambos como si fueran mis hermanos, pero sabía que si Emmet decidía quedarse con Olivia, nada volvería a ser lo mismo. Probablemente Rosalie se marchase, la bruja terminaría transformándose en vampiro, se quebraría mi familia y la relación con los humanos. Nada bueno podía salir de lo que estaba sucediendo.
Bella, la voz de Edward me llamaba suavemente. Me fijé en él pues podía verle desde mi posición en la ventana. ¿Qué?, respondí moviendo los labios pero sin producir sonido alguno: esperaba que las brujas no notaran mi conversación a distancia.
Bajen, vienen todos en camino, se han dado cuenta de que hubo una pelea en la casa.
Les expliqué a las dos que la "armada de vampiros" estaba por llegar desde el río. Debíamos bajar a explicarles.
- Vayan ustedes, yo me quedaré aquí –suplicó Olivia –no quiero verle el rostro a Carlisle cuando sepa lo que sucedió entre Emmet y yo.
Su petición era razonable. La dejamos en la habitación y volvimos al jardín junto al resto. Llegamos al mismo tiempo que los vampiros.
- ¡Qué sucedió! -gritó Carlisle sin detenerse hasta llegar donde Esme que estaba sentada en la fogata. Nunca antes le vi tan ofuscado: por primera vez, todos sus modales pacifistas se habían esfumado. De verdad temía lo peor, pensaba que nos había sucedido algo grave.
- Estamos bien, cariño –le tranquilizó Esme con un abrazo.
- Hay signos de una lucha en casa de Carlisle. La mesa está destruida –dijo Tanya –estábamos preocupados, ¿qué ocurrió?
- Rosalie y Emmet pelearon –explicó Alice –pero está todo bajo control.
- ¿Dónde están ellos ahora? –preguntó Carlisle retomando la calma.
- ¿Quién eres tú? –exclamó Eleazar con los ojos redondos observando a Lucas.
El trigueño y mal vestido vampiro se acercó a Carlisle y le tendió la mano.
- Mi nombre es Lucas, disculpen por no presentarme antes. He llegado recién. Alistair me dijo que se encontraban aquí.
- ¿Alistair? –Carlisle se soltó de los brazos de Esme para poder acercarse más al recién llegado – ¿Dónde lo has visto? ¿Se encuentra bien? La última vez que nos vimos no alcanzamos a despedirnos apropiadamente.
- Él se encuentra perfectamente, temeroso como siempre. Se esconde en Sudamérica.
- Quisiera poder hablar con él –a Carlisle le molestaba mucho el estado en que Alistair había abandonado Forks en vísperas del encuentro con los Vulturi. Durante un tiempo lo estuvo buscando, pero sin frutos – ¿Por qué te envió con nosotros?
Lucas sonrió contento, estaba esperando esa pregunta.
- Asumió, por mi color de ojos, que yo era un enviado tuyo. Creía que le venía siguiendo. Tuve que tenderlo boca abajo para que me escuchara.
Los vampiros recién llegados se mostraron reticentes a relacionarse con Lucas. Tal vez podían intuir su fuerza, su poder sobrenatural. El único que podía de verdad tener conocimiento real sobre la condición especial de Lucas, era Eleazar. Y de hecho, se le veía tan contrariado que Edward se vio forzado a interrumpir la conversación entre los vampiros, para explicarle las cosas.
- Es especial, no cabe duda –se acercó a Lucas y le apoyó una mano en el hombro, para demostrar que confiábamos en él.
- No había visto nada como esto antes –susurró Eleazar.
- Yo tampoco –interrumpió Gabriel de pronto. El brujo se acercó a Benjamin con los mismos ojos de plato con los que Eleazar estudiaba a Lucas –Tu fuerza… tu poder es impresionante –el brujo ladeaba la cabeza, mirando por todos los ángulos la figura de Benjamin, que contrariado, se mantenía quieto como una estatua mientras era sujeto de observación.
- Les presento a Gabriel –explicó divertido Edward –es un analista, al igual que tú Eleazar.
- Pero vivo –se burló Gabriel con una hermosa sonrisa.
- Analista y manipulador –corrigió Eleazar devolviendo el sarcasmo.
- ¿Qué es lo que te impresiona? –preguntó Amún al brujo. El líder del clan egipcio siempre había sido muy quisquilloso a la hora de permitir que Benjamin se relacionara con otras personas. Temía que el menudo vampiro lo abandonara de un día para otro, sabiéndose más poderoso.
- Bueno… El aura de Benjamin es más poderosa que la de un vampiro con habilidades especiales. Es aún más fuerte que la de Bella -¿dijo mi nombre? –.Puede contactarse con La madre y obtener poderes directamente desde ella.
Los brujos presentes exclamaron expresiones tales como "Imposible", "sorprendente", "El universo es sabio" y "malditos vampiros", atropellándose con las palabras y sin escucharse los unos a los otros.
Luego Amanda se puso de pie y los murmullos cesaron. La sacerdotisa se acercó a Eleazar y tras una reverencia le preguntó:
- ¿Qué es lo que ves en mi marido, Eleazar?
Y por su puesto, las exclamaciones "¡Marido!", se dejaron escapar del bando recién llegado.
El vampiro, ignorando la nueva información y concentrándose en responderle a la bruja, cerró los ojos por dos segundos.
- Él es más fuerte que un vampiro común.
- Eso lo hemos visto antes –comentó Garret –en Dimitri por ejemplo, o en el desaparecido de Emmet.
- Es distinto –explicó Eleazar un poco molesto por haber sido subestimado por el ex nómada –este… ¿Lucas dijiste que te llamabas? , no sólo es más fuerte, sino que también rápido, ágil, sus sentidos superan los normales. Es más fuerte que un neófito, si quieres tener una referencia. Podría soportar un ataque de Kate o de Jane sin siquiera sentir cosquillas.
- ¡Probemos! –exclamó TJ.
- Si, probemos –sonrió Lucas satisfecho y orgulloso
- Es tu responsabilidad –Kate tronó los dedos y se acercó a Lucas.
- Por qué no intentas atacarlo desde donde estás –reté a Kate –pongámoste a prueba a ti también.
De pronto un círculo de vampiros, brujos y licántropos curiosos (morbosos), rodeaba a los contendientes.
Kate empuñó la mano derecha. Se aprestaba para lanzar su choque eléctrico contra Lucas, cuando Jacob interrumpió la prueba.
- ¡Esperen! Deberíamos tener un punto de comparación para poder apreciar la capacidad de Lucas.
- Parece justo –asintió TJ
- ¿Te ofreces? –le amenazó Jacob fraternalmente.
- Debería ser entre vampiros, Jacob –saltó Leah para defender a su imprimado.
- Yo lo haré –saltó Garret al medio del círculo –lo he soportado antes –.Le dedicó una sonrisa amorosa a su compañera.
- Ok, empecemos de una vez –espetó Alice, que seguramente ya sabía el resultado de la prueba.
Entonces Kate lanzó su electricidad estirando el brazo derecho hacia Garret, haciéndolo caer inmediatamente de rodillas. Con el izquierdo y casi al mismo tiempo, lanzó su choque contra Lucas, que quedó inmóvil sin mostrar signos de haber sentido el dolor que causaba la vampiresa. Kate, frustrada, siguió lanzándole choques sin parar. Pude ver gracias a que estaba acostumbrada a identificar las formas metafísicas de las habilidades ajenas, cómo la luz azul que salía de ella entraba con facilidad en el cuerpo de Lucas. Él, sin duda, estaba recibiendo la electricidad, pero esta no le causa ningún daño.
No contenta con el resultado, Kate se acercó a Lucas hasta tocarlo, electrocutándolo directamente desde su fuente de poder: la palma de las manos. Aún así, Lucas seguía inmóvil.
- ¿Lo está atacando aún? –preguntó Jacob.
- Si –respondimos con Edward al unísono. Yo podía verlo, y el podía escucharlo en la cabeza de Kate.
La vampiresa siguió arremetiendo contra Lucas, sin darse por vencida. Estaba ocupando tanta fuerza mental, que un hilo de sangre comenzó a salir de su nariz. Garret, se acercó a ella para detenerla, pero no logró hacerla entrar en razón.
- Kate, cariño, suelta ya.
Pero ella no se movió, sostenía los brazos de Lucas apretados con fuerza.
- Lucas, suéltate tú –dijo con tono desesperado. La sangre había dejado en Kate un rastro fino que traspasaba el contorno inferior de sus labios.
Pero el vampiro no hizo el ademán de soltarse, estaba esperando a que ella se rindiera.
Entonces Garret, en un esfuerzo para dar por terminada la prueba, intentó alejar a Lucas, tomándolo por detrás de los hombros. Cuando el contacto entre los tres se unió a través del cuerpo de Lucas, ambos, Garret y Kate, salieron disparados en sentidos contrarios, lanzados por la fuerza de la electricidad de la vampiresa.
Kate fue alcanzada por Carmen antes de caer sobre el césped. Garret en cambio, que caería sobre Tomás y Gabriel, siguió de largo hasta azotarse contra un árbol, pues con un solo paso hacia el lado, los brujos se apartaron dejando el espacio justo para que pasara el cuerpo de Garret.
- Guau –susurró TJ.
- Impresionante –comentó Edward.
Tanya se acercó para chequear el estado de su hermana, que no podía sostenerse en pié. Le limpió la sangre y Carmen la apoyó en el césped.
- Gabriel –ordenó Amanda –ayúdala.
Sin dudarlo, el brujo se acercó a Kate, y tal como lo hizo unas horas antes con Amanda, apoyó la palma de su mano sobre la abatida vampiresa. Cerró los ojos, inspiró, expiró y luego le sonrió.
- ¿Te sientes mejor?
- Si, gracias –Kate se veía avergonzada. Se levantó del suelo y corrió a socorrer a Garret, en quién nadie se había fijado.
- ¿Por qué sucedió eso? –preguntó él mientras se levantaba y se sacudía los pantalones.
- Supongo que al tocar a Lucas, la electricidad encontró un obstáculo en tu cuerpo, y chocó contra ti para luego devolverse a Kate –explicó Carlisle.
Soy una mujer muy fuerte, no sabía que dolía tanto.
- Un trago de tu propia medicina, mi querida chica atómica –se burló Garret.
- ¿Tú estás bien? –Amanda acarició la mejilla de Lucas.
- Como un roble.
- ¿Eso quiere decir que Lucas es un escudo también? ¿Cómo yo? –pregunté.
- Suficiente con estos experimentos por hoy –dijo Esme angustiada. Odiaba las peleas, menos entre familiares.
- No te preocupes Esme, esto no hay que comprobarlo –la tranquilizó Edward –Lucas sentía la electricidad de Kate, solo que no le causaba el mismo efecto. No era doloroso como para el resto de nosotros. Pero sí le llegaban los ataques, no es como en el caso de Bella, que no penetran su cuerpo.
- Único en tu especie –aseguró Eleazar.
- No lo creo –dijo Amanda –No quiero tener que comprobarlo algún día, pero si es que Tomás, que tiene el mismo entrenamiento que Lucas, se llegara a convertir en vampiro, probablemente tendría las mismas habilidades.
- Genial –exclamó Tomás.
Lucas y Amanda lo fulminaron con la mirada y Leah le pegó en la cabeza.
-No quiero ser entrometido –se disculpó Carlisle antes de hablar –pero estoy entendiendo que Lucas, es tu esposo Amanda, ¿Cómo es que no nos habías dicho que estabas casada con un vampiro?
Claramente, esto se traducía como un momento tenso a la perfección. Los recién llegados fulminaron a la bruja con miradas interrogantes. Lucas escondió la cabeza para perderse el gesto en la respuesta de su esposa -¿o su viuda?-
- No sabía que era un vampiro; me ha tomado de sorpresa a mí también –no era completamente una mentira, pero se alejaba bastante de la verdad. Di una ojeada a Edward. Él captó el mensaje de inmediato.
- Te pondremos al día después. Imagino que estarás más interesado en saber que Lucas se ha encontrado con Alistair en Sudamérica.
Carlisle se acercó al vampiro y apoyó las manos sobre sus hombros.
- Entonces, estuviste con Alistair.
- Si.
- ¿Cómo se encuentra? Supongo que sigue disgustado conmigo.
- Si, un poco. Creía que había sido enviado por ti. Lo dedujo por los ojos –el vampiro dibujó un círculo en el aire sobre sus rostro. Carlisle sonrió.
- ¿Sabes dónde está? Me gustaría mucho poder hablar con él, disculparme por lo sucedido y poder contarle como terminaron las cosas.
- No creo que sea sencillo encontrarlo ahora. Sabe que estoy aquí, pues él me indicó el lugar. Supongo que se estará trasladando de continente, adivinando tus intenciones de buscarlo.
Carlisle reflexionó un par de segundos sobre las palabras de Lucas. Probablemente tenía razón: Alistair no quería ser encontrado, seguramente estaría ya caminando hacia su propio exilio, una vez más.
- Si, tienes razón –luego volvió a hacer una pausa para pensar – ¿Te contó sobre nuestra familia, debido a tu estilo de vida? –Carlisle era un gran observador, como buen científico, aunque no se necesitaba demasiada astucia para notar el color de ojos de Lucas, tan poco común en nuestra raza.
- Si y no –contestó –.Tuvo que hacerlo por haberme confundido con un espía, pero esa vez no me dijo donde encontrarlos. Yo le pedí las indicaciones para encontrarlos, tras haber visto lo que los Vulturi estaban haciendo en Italia. No dudó en explicarme cómo llegar hasta aquí, pues también estaba fastidiado con lo que le conté.
Nuevamente, los vampiros que se habían perdido todo el relato de Lucas, contuvieron la respiración tras el impacto de la noticia: lo que decían las brujas era verdad, un vampiro lo había visto. Desde ahora en adelante, todas las dudas se habían disipado, y nuestra ruta hacia la guerra se había demarcado con los confines de la justicia.
- ¿Estuviste en Volterra? –exclamó Carlisle.
- Si, pude ver el lugar donde tienen a los esclavos. Incluso pude oír a Giove, el hijo de Aro, hablar sobre el ejército que están preparando para venir hasta aquí.
- ¿Se están preparando? –gritó Eleazar desesperado.
- Si, están juntando un ejército de mestizos, mitad humanos, mitad vampiros. Saben de la amenaza que les presenta la familia de Carlisle, sobre todo después de que sumaran los poderes de Bella al clan.
¿Yo? ¿Qué tenía que ver yo con todo esto? Cuando los ancianos pudieron verme, yo no era más que una neófita con un escudo protector, madre de una niña y esposa de un lector de mentes. Claro, era una posición poderosa, pero nunca amenazante.
Si Aro me consideraba un problema, quería decir que tenía planeado eliminarme. Sabía que los poderes de Chelsea no te tendrían efecto sobre mí, por lo que no lograría persuadirme para ingresar a la guardia. Su única posibilidad era asesinarme. Sabía que conmigo caería Edward, y con él, toda su familia… Bueno, ahora que lo veía de ese modo, era un gran círculo vicioso –virtuoso –pues si atacaban a Reneesmé también tendrían que vérselas con los licántropos.
Me sentí contenta de la conclusión: tenía tanta gente respaldándome, cuidándome, queriéndome todo el tiempo, dispuestos a entregar sus vidas por mí, que eran una amenaza para el clan de vampiros más poderosos de la tierra.
Pero de nuevo, ¿Por qué sería yo una amenaza?
- Eso tiene todo el sentido del mundo –habló Eleazar nuevamente con calma –Que estúpido de nuestra parte pasar tanto tiempo sin preocuparnos de este hecho. Después de un par de meses de silencio por parte de los italianos, pensé que toda posibilidad de vendetta estaba descartada. El tiempo me ha vuelto ingenuo –se lamentó –si pudiera envejecer, sería un demente senil, sin duda.
- ¿Qué dices hermano? –interrumpió Tanya el quejumbroso murmullo de Eleazar –Por haber sido parte de la guardia no quiere decir que estemos esperando de ti un anticipo de su forma de pensar. Relájate y cuéntanos, ¿a qué conclusión has llegado?
El vampiro tensó la mandíbula. Nunca le había visto tan enfadado.
- Bella, o mejor dicho, la habilidad con que Bella despertó a la inmortalidad, es la única fuente que desestabiliza el poder de Aro -¿Yo? ¿Está seguro de lo que habla? Tal vez ya está senil –La fuerza es la herramienta mediante la cuál Aro valida su reinado. Su justicia la imparte a través del miedo. Pero si existe alguien en este mundo capaz de escapar de la pila de torturas que tienen los Vulturi a la mano, entonces sus métodos pueden ser puestos a tela de juicio por parte del resto de nosotros, llegando incluso a ser derrotados. Él tiene que haber llegado a esa conclusión hace mucho tiempo. Para poder mantenerse como el líder del mundo de los inmortales, debe eliminar los obstáculos que le impidan ejercer su poder; en este caso, Bella.
Escuché como un gruñido salía entre los labios de Edward. Se había puesto tenso, enfurecido por la nueva imagen que Eleazar había puesto en nuestras cabezas.
¿Cómo no lo habíamos pensado antes? Por supuesto que debían eliminarme: no podían herirme y había permitido gracias a mi habilidad, que una veintena de vampiros cuestionaran su autoridad. Aro no iba a dejar que esta situación se alargara por el resto de la eternidad. No si quería seguir siendo el rey. Y menos considerando que sus recientes actividades sobrepasan los límites de lo permitido, tanto por vampiros como por humanos.
Si estaba medianamente conciente de nuestras posturas morales con respecto a la vida, entonces sabía que apenas nos enteráramos de lo que estaba haciendo con los mestizos, lo acusaríamos e intentaríamos derrocarlo.
Aro estaba construyendo un ejército para ejecutarme a mí y a todos aquellos que nos opusiéramos a sus cometidos. E incluso si no lo hacíamos planeaba eliminarlos de todas formas, pues nos consideraba una amenaza para él y sus hermanos.
- ¿Qué más escuchaste, Lucas? –preguntó Edward impaciente.
- Nada más, lo lamento. Apenas tuve la información necesaria, volví a Sudamérica para contarle a Alistair lo que sabía e invitarlo a luchar juntos nosotros.
- Entonces Alistair sabe de todo esto –repitió Carlisle como si estuviera armando una hipótesis -¿Cuál fue su opinión?
- ¿Cuál crees que fue? –se burló Lucas –Condenó a los italianos con un millón de groserías en distintos idiomas; luego aceptó la idea de la guerra, me indicó donde estaban ustedes, pero se negó rotundamente a ser parte del conflicto.
Carlisle no parecía sorprendido, era la actitud que esperaba de parte de Alistair.
- Al menos está al tanto de lo que sucede.
- Y no sólo eso –replicó Lucas entusiasta –me prometió que esparciría la voz sobre lo que estaban haciendo los Vulturi y que iba a mandar hacia acá a todos aquellos vampiros que quisieran unirse a nuestra causa.
- Eso no puede ser bueno –murmuró Carlisle llevándose la mano a la barbilla.
No entendí muy bien qué quería decir con eso, pues a mí me parecía bien tener más manos para la pelea.
Edward nuevamente siseó entre dientes, confundiéndonos a todos. Había leído el pensamiento de Carlisle: veía la amenaza que este había detectado.
- ¿Qué? ¿Qué tiene eso de malo? –preguntó Garret descompuesto.
- Si Alistair habla con la persona equivocada, dará a los Vulturi una pista de lo que planeamos. Tal vez cometa una imprudencia, confiando en quién no debería. Podríamos ser traicionados, estamos corriendo el riesgo de que alguno de estos vampiros sirva de informante para Aro.
Eso era justamente lo que temíamos: ser traicionados. Todas mis aprensiones con respecto a que la guerra sucediera aquí en Forks, en vez de en Volterra, volvieron a la superficie.
Si Elisa y Alice habían anticipado una situación como esta, la posibilidad de que el conflicto se adelantara debido a un evento futuro, aún incógnito, tomaba fuerza ahora que sabíamos de dónde podía provenir la filtración. No cabía duda alguna: los ancianos se enterarían de nuestras intenciones y vendrían con su ejército a aplastar nuestra latente –aún desprevenida –amenaza.
- Pero las brujas aquí nos advertirán cuando eso suceda –dijo Jacob.
Sabíamos eso, pero era terrible perder el factor sorpresa. Estarían preparados para nuestra llegada, tal vez triplicarían su fuerza, buscarían más aliados, alertarían a la ciudad. Podía pensar una infinidad de cosas que podían salir mal, o jugar en nuestra contra. Era cierto, Elisa y Alice nos avisarían el momento exacto en que los Vulturi se enteraran de nuestra llegada, pero eso no era para nada un alivio.
- Nosotros estamos listos para pelear –Carlisle arengó a los presentes –hemos reunido a todos los vampiros de nuestra confianza, somos un gran equipo. La mayoría aquí tiene siglos de experiencia en combate. Algunos cuentan con habilidades especiales para atacar a nuestros contrincantes, tan poderosos como nosotros. Si el conflicto sucediera mañana, no hay nada que podría encontrarnos desprevenidos: ya sabemos todo lo que podemos saber, no tenemos razones para esperar.
- Mi pregunta ahora, Amanda: ¿Qué necesitan ustedes para estar listos?
Un silencio grave se arraigó en los presentes. Los brujos se miraron unos a otros, preguntándose cuál sería la estrategia que la sacerdotisa tenía en mente.
Amanda dio un paso adelante, escoltada por su esposo. Levemente, pero imperante, el báculo que la bruja sostenía con su mano derecha, brilló en el fondo, con una luz dorada.
- Lo más importante es iniciar a Reneesmé –su voz sonó fría. Estaba dando instrucciones. Toda su dulzura había escapado de su rostro; ahora era una guerrera, una maga, un líder –Pero para eso necesito traer hasta aquí a otro grupo de humanos. Más adultos, más experimentados –cerró los ojos y se concentró en sus pensamientos, inspirando y conteniendo aire en sus pulmones mientras lo hacía. A sus espaldas, Lucas parecía aproblemado por algo.
Su esposa, a pesar de no poder verlo, percibió o escuchó –no pude saberlo- la preocupación de su esposo. Se volteó y le dedicó una suave y casi inexistente sonrisa.
- No te preocupes Lucas, tú solo recompones la balanza.
Sin esperar una respuesta, se enfrentó a nosotros y nos explicó el nuevo problema.
- Para esta guerra, estaba contando con un amplio grupo de brujos y brujas –sus palabras sonaban con el tono que precede al siempre fatídico "pero"-Pero la situación ha cambiado.
- ¿Qué quieres decir? –increpó Kate, un tanto disgustada por la noticia.
- No puedo traer aquí a mi gente. Verían a Lucas y nos desterrarían a todos. No puedo –no quiero –ser la causante de que mis hermanos y amigos sean exiliados por sustentar mis acciones.
Lucas empuñó las manos y profirió un gruñido gutural y amenazante. Eso me hizo entrar en razón: Amanda le había salvado la vida, pasando por sobre lo que su comunidad había decidido. Si venían, verían a Lucas con vida, sabrían que ella había desobedecido. Y al resto de los brujos, por no informar sobre lo que sucedía, también les caería el peso de la ley.
- Sé que es necesario que seamos más, pues nosotros siete no podríamos controlar todos los flancos –mientras ella hablaba, mi respiración se aceleró, ansiosa de buenas noticias o soluciones –La única opción que tengo, es prescindir de oficialidades, e invitar sólo a aquellos que respaldarán mi decisión.
- Entiendo tu postura –dijo Carlisle pacientemente con tono de compasión -¿Cuándo pueden llegar?
- Les avisaré ahora mismo. Serán cuatro, pero de los más poderosos, se los puedo asegurar. Estarán aquí en tres días más, dándonos tiempo para preparar todo lo necesario para la iniciación de Reneesmé.
Tres días más de espera, y estaría todo listo. No me gustaba mucho la idea de disminuir el flanco humano de nuestro ejército, pero entendía la posición de Amanda y no tenía intenciones de presionarla. Además, entendí perfectamente lo que quiso decir cuando se refirió a que Lucas inclinaba la balanza: gracias a él, tendríamos menos brujos, pero ganaríamos una potencia guerrera como ninguna. Sus poderes, igualados al de cinco vampiros juntos, eran únicos en nuestra especie. Él era, ciertamente, nuestra bomba atómica.
- ¿Quiénes vendrán? –preguntó Xia.
- Mi cordada –le contestó Amanda en seco.
Los jóvenes brujos se sonrieron entusiasmados por la noticia. Quien fuera que estuviera por llegar, era del total agrado del grupo, contaban con toda su admiración. Eso me hizo sentir nuevamente más segura.
- Entonces cómo es que va a funcionar todo esto –preguntó Jacob –necesito saberlo para organizar la manada. ¿Cuál es la estrategia de ataque?
Carlisle no contestó. Se dignó a mirar a la sacerdotisa, esperando que ella tuviera una mejor idea de cómo proceder. Los vampiros nos adaptaríamos a la forma en que ellos estaban entrenados para atacar, por eso Carlisle estaba esperando a que ella dictara la pauta. Nosotros nos limitaríamos a despedazar y morder, por lo que no había que desarrollar muchas estrategias en nuestro flanco.
- Nosotros nos dividiremos en dos: un grupo atacará junto a los vampiros al bando principal, mientras que el resto acompañará a Reneesmé a buscar a los mestizos esclavizados en el campo de concentración a las afueras de Volterra.
- Eso es nuevo –dijo TJ con tono sarcástico.
- Nos tenemos que adaptar a las circunstancias, Tomás –le repuso su hermana mayor, con tono molesto. El chico se calló, admitiendo la falta –Yo lideraré a los jóvenes, estaremos en Volterra protegiéndolos del ataque principal. Mi cordada acompañará a Reneesmé.
¿Su cordada? No tenía la más mínima idea de lo que eso quería decir. Se refería al grupo de humanos que estaba por llegar, pero no tenía idea qué relación guardaban con Amanda, pues ella se refería a ellos como algo que le pertenecía, que era suyo.
-Pero ellos no tienen cazador –Tomás se mordió el labio y levantó los hombros mirando con simpatía a Lucas.
- Tú los acompañarás –ordenó la sacerdotisa.
-¿Qué? ¡No! Por ningún motivo me perderé la posibilidad de matar tantos vampiros –se opuso Tj.
Amanda se volteó hacia su hermano, mientras su báculo refulgió con una potente y enceguecedora luz blanca. Le estaba dando una orden, con toda la fuerza de su posición, tal como lo hacían los alfa en las manadas de licántropos.
- No me vengas con amenazas, Amanda –el chico no se dejó intimidar. Al costado de la sacerdotisa, la pequeña Xia encendió una pequeña llama de fuego entre sus manos, advirtiéndole a Tomás sobre el poder de las brujas.
Su sonrisa de verdad daba miedo. Los vampiros que no estaban al tanto del poder de Xia, dieron un paso hacia atrás en consternación.
Gabriel, sin siquiera mirar a la pirómana a los ojos, puso su palma a centímetros de la llamarada y la extinguió sin esfuerzo alguno.
La chica giró los ojos y puso las manos en la espalda. A pesar de haber sido callada a la fuerza, se notaba contenta por haber hecho retroceder a unos diez vampiros centenarios.
Tomás seguía con las brazos cruzados, su posición era incorrompible a pesar de las amenazas de su hermana y su prima. No tenía intención alguna de faltar a la "gran matanza".
Amanda enroló los ojos y miró a su marido.
- ¿Lucas? –pidió ella.
El vampiro hundió los labios, sabiendo lo que tenía que hacer, pero sin aprobarlo por completo.
- TJ, lo siento hermano, pero es una orden.
Tomás no podía ignorar una indicación de su maestro. No le quedaba otra opción que acatar.
- ¿En serio? –el chico lo miró con escepticismo. Lucas asintió –Oh, mierda –dejó caer los brazos y caminó hasta Leah, buscando refugio entre sus brazos.
Lucas lo siguió con la mirada y se mofó de él.
- Mira que mujercita te has puesto: no pretenderás ser un cazador en serio, si te vas a esconder debajo de las faldas de tu mujer lobo todas las veces.
Tomás levantó la cabeza del hombro de Leah y miró a Lucas levantando una ceja.
- Nota el sarcasmo –dijo mientras le levantaba el dedo medio.
Lucas bufó y volvió la mirada hacia Amanda.
Antes de que la bruja pudiera continuar con las coordenadas del combate, Reneesmé interrumpió con un requerimiento.
- Carlisle, ¿Por qué no has invitado a Zafrina? –durante los últimos años, Reneesmé viajaba a Sudamérica para visitar a las amazonas. Se podía decir que Zafrina era su persona favorita, que no era de la familia, por su puesto.
- Hemos intentado evitar incluir a los nómadas en esto –explicó Carlisle –no invitamos a ninguno de ellos, pues sabemos que no están interesados en esta batalla.
- Entiendo. Pero me gustaría llamarla, a ella y a sus hermanas, para que se integren a nuestro grupo. Quisiera estar con ella cuando hable con los mestizos. Ella me puede ayudar a ejemplificar mejor y a demostrar que no me tienen esclavizada.
- Es una buena idea –admitió Carlisle –pero ¿podrás contactarlas? No creo que tengan teléfono.
Reneesmé sonrió satisfecha.
- Llegarán tan pronto como les avise; probablemente al mismo tiempo que los amigos de Amanda.
- Entonces está decidido –concretó la sacerdotisa –en tres días más estará todo listo. Partiremos cuanto antes a Volterra.
- Hay algo que me inquieta –la voz de Esme tomó a todos por sorpresa, pues no soltaba ni pío cuando se hablaba de guerras y matanzas –Si pelearemos en Volterra, ¿Los humanos presenciarán la batalla?
Los Vulturi vivían en una especie de palacio subterráneo, no salían a la luz. No querían ser descubiertos por la luz del sol sobre su piel de diamante. Bueno, nosotros tampoco. La batalla sería de todas maneras, durante la noche. Pero dónde, no lo habíamos aún establecido.
Es una decisión difícil, es cierto. Pero viendo los mapas de Volterra que nos enseñó Edward, creo que la mejor opción es pelear dentro de la ciudad. La única forma de mantenerlos a todos en sus casas, es forzándolos a dormir.
Bengara levantó los hombros, sabiéndose aludida.
- ¿Tienes el poder de dormir a una ciudad entera? –preguntó Edward consternado.
Antes de que la hermosa joven pudiera contestar, Amanda lo hizo por ella.
- Podemos potenciar eso, no será un problema mayor –me pareció ver la luz dorada nuevamente moverse dentro del báculo, pero no estaba completamente segura, había sido por una milésima de segundo.
- Entonces está todo preparado. Habrá sólo que esperar –concluyó Carlisle.
La guerra estaba al otro lado de la esquina. Si estábamos preparados, la visión que Elisa y Alice ya no sería tan terrible. ¿O no?
- La visión que tendrán, ¿Sigue en curso? –me aseguré.
- Si –contestaron las clarividentes al unísono.
- ¿Con la misma gravedad? –preguntó Edward.
Alice cerró los ojos por medio segundo y luego contestó.
- Si, sigue siendo terrible.
Si estábamos preparados para todo, ¿qué podía ser tan atroz que alertaría de tal manera las visiones de Alice? No podía imaginarme ningún escenario según el cuál saliéramos perjudicados. Pero ¿qué sentido tenía seguir preguntándonos sobre el futuro?
Mejor era prepararnos para el presente, y para aquellas cosas que podíamos adelantar, y así mejorar nuestras probabilidades de éxito.
Nuestro equipo estaba casi todo reunido y preparado. Si todo salía según lo esperado, en aproximadamente una semana, estaríamos frente a frente con el enemigo.
Estábamos a las puertas de un nuevo mundo.
