-Sí, cuanto mas rápido llegues mejor idiota- murmuró –No quiero que empieces a hacer idioteces- Guardo silencio para escuchar la respuesta –No losé, apenas llegue a casa. Así que te dejo- separó el auricular del celular de su oreja y colgó rápidamente. Romano giro su cabeza levemente y vio de reojo la entrada de la casa. Guardo su celular en el bolsillo de su pantalón y giró la perilla de la puerta principal.
Al entrar se encontró con una gran sorpresa. Delante de él, se encontraba una mesa muy larga. Adornada de en medio con una fuente artificial y un bello mantel color carmesí. Pero no era un banquete de comida. Si no de puro postres. Y no simplemente postres; eran postres Gourmet. Tiramisú, pan cola de langosta, galletas, gelato, dulces, chocolates, pasteles y un sin fin de dulces. Cada uno, adornado con elegancia y excelencia. Romano caminaba alrededor de la mesa, incrédulo por la masiva cantidad de dulces que había. Sabía que su hermano lo había hecho, en el lapso en el que él se marcho de la casa. Dejo de admirar los postres y se dirigió a la habitación de Veneciano. Al subir las escaleras que daban hacia el segundo piso, observo que el piso se encontraba llena de harina y cobertura dulce. Las huellas de harina se dirigían hacia la habitación de la Italia del Norte y, al continuar su caminar a ella; observo la ropa tirada que usaba Veneciano. Su camisa de vestir, pantalones y hasta su ropa interior.
Preocupado, corrió a su habitación. ¿Qué tal si hizo una tontería? Romano no quería pensar en cosas feas en ese momento.
-¡Veneciano!-gritó con cierto temor mientras habría la puerta de la habitación.
¿Veneciano se encontraría bien? Pero para su sorpresa –Veeeeeee- él se encontraba profundamente dormido. Romano, quien se encontraba con un pavor inmenso; ahora se encontraba más que enfurecido. -¡Maldito hermano tonto!- pataleó el piso con fuerza. -¡Mira que yo me preocupo por ti! ¿Y como te encuentro? ¡Placidamente dormido!- bufó con fuerza. Pero aun que maldiga de hasta de lo que no, pareciese que a su hermano no le importara; ya que continuaba dormido, dándole la espalda a su hermano. Romano intento calmarse un poco y suspiro fuertemente. –Haz lo que quieras- dijo rudamente y se dio la media vuelta. –No te obligare a que enfrentes esto, así que nosotros lo haremos- susurró mientras salía de la recamara.
-Disculpa, Romano…- se escucho un suave murmullo. Romano se dio nuevamente media vuelta y dio unos pasos suaves hacía la cama donde se encontraba Veneciano. –Disculpa, por hacerte pasar malos momentos con asuntos que yo debo de resolver- Romano llego hasta la orilla de la cama y se sentó en ella. Mirando así al frente. Veneciano seguía dándole la espalda. –Yo no sabía… nunca… yo…- las palabras se empezaron a acumular en su boca. Intentando hacer una oración en vano. Entonces, se empezaron a oír unos sollozos por parte de Veneciano. Pero intentaba disimularlos, lo mas que podía. –Tú sabes, que yo me había dado por vencido…- -¿Qué piensas hacer Veneciano?- dijo directamente y seco Romano.
Se escucho por parte de Italia un leve respingo. Después de ahí los invadió un gran silencio.
Romano había dado en el punto clave que su hermano tenía que resolver. El silencio gobernó en ese lugar, solo el trinar de los pájaros y el suave sonido del "tick tack" del reloj se escuchaban. Las dos italias no se dirigían las palabras. Hasta que romano sintió ser abrazado fuertemente por la espalda.
-¡No se que hacer oni-chan!- la voz de Italia fue quebrantado por el llanto –Por mas que trato de pensar… como solucionar esto ¡No encuentro nada! ¡No lo entiendo!- dijo estremecido. –Yo… me había dado por vencido… hace mucho tiempo…- unas grandes lagrimas recorrieron su rostro y que humedecían por detrás la camiseta de su hermano. Romano tomó las manos de Veneciano y las apretó con fuerza. –Dime, ¿Qué debo hacer?- susurró –No quiero, sufrir de nuevo…-
La ventana de la habitación de Veneciano se encontraba abierta, los rayos y el suave viento entraban através de ella, y el viento jugaba con la cortina blanca. Romano se encontraba recargado en el respaldo de la cama, con las piernas estiradas y con los ojos cerrados. Y recargada sobre una de ella, se encontraba su hermano menor, acostado, cubierto por una sabana. Sus ojos se encontraban rojos de tanto llanto y su respiración un tanto alterada. Veneciano levanto un poco su vista, y vio el rostro de su hermano que aun se mostraba un poco tenso. Italia volvió a bajar su vista. -¿Por qué has preocupado?- murmuró suavemente, Romano abrió un ojo y lo volvió a cerrar –Por que eres un imbécil llorón- rió, pero Italia no contesto. Cerró sus ojos levemente castaños y suspiro.
El cerrar de la puerta principal resonó por toda la casa, haciendo que Romano se levantase de inmediato dejando solo a su hermano menor. –Ya están aquí- camino hacia la puerta de la habitación. Italia se incorporó mientras se tapaba con la sabana. Los dos hermanos quedaron en silencio. –Veneciano- volteó a ver a su hermano menor –Recuerda lo que te dije- y salió de la habitación dejándolo completamente solo.
Solo con sus pensamientos confusos. Italia tomó con fuerza las sabanas con sus manos. Y una gruesa lágrima dibujo un camino hasta la comisura de sus labios. Y abrazando fuertemente sus piernas, empezó a sollozar. -¿Qué debo hacer?- se murmuró a si mismo. –Hace mucho tiempo, que abandone esa esperanza. Y ahora…- empezó a llorar con fuerza -¿¡Por que volviste!- unos fuertes gemidos de llanto se escucharon por toda la habitación. Su respiración se torno mas pesada y jadeaba constantemente. Italia, aquel país que siempre se comportaba como un idiota pero con alegría; se encontraba devastado. Se encontraba confundido y desesperado. Tenía sus sentimientos a flor de piel y un temor inexplicable hacía esa persona. Tan fuerte era el llanto de Italia, que no escucho un golpeteó ligero en la ventana. Hasta que afino su oído y miro lo que lo provocaba. Entre jadeos y lágrimas, observo un pequeño ruiseñor que tocaba la ventana con su pico. Veneciano talló sus ojos con sus manos para poder observar bien y extendió su mano hacía el pajarillo. Y como si fuera una especie de orden, el pájaro brincó a su mano entonando una alegre canción.
-¿Por qué… me cantas…?- dijo entre jadeos debido al llanto. El majestuoso pájaro empezó a trinar y sacudir sus alas con fuerza. Veneciano se dio cuenta que en su pata, se hallaba un mensaje. Con mucho cuidado, jalo el cordoncillo que lo ataba, y tomó el papel. Ya cumplida su mandato, salio pavorosamente de la habitación. Italia hecho un vistazo al papel, que se encontraba enrollado. Al extenderlo, sus ojos derramaron otras lagrimitas. "Per favore, Basso" (Por favor, Baja). Conocía esa letra. Dirigió su mirada hacia fuera de la ventana, y con una tranquilidad que surgió dentro de él; salió de su cama.
Italia, listo y arreglado nuevamente. Con sus ojos ya no vidriosos ni rojos y un poco mas calmado. Se paro al frente de la su puerta, con la mano a punto de tocar la perilla, que para él; era algo que se encontraba al rojo vivo. Titubeaba; ¿Realmente se encontraba listo para lo que se avecinaba? Podría huir como siempre lo ha hecho, y pretender que nada de lo que esta pasando ahorita ocurre. O enfrentarlo cara a cara. Miro nuevamente la perilla y dio un trago de saliva. Giro la perilla y salió de su habitación.
Un par de sonrisas y calidas miradas lo estaban esperando.
Austria, Hungría, Prussia, España, Romano, Suiza y Francia.
Eran las personas con quienes tenían una fuerte relación con el y aquella otra persona.
Italia sabía con lo que querían decir con sus presencias. Así que solo les sonrió levente y se encamino hacía la entrada. Los otros países se vieron entre sí y partieron hacia el jardín exterior trasero. Tenían que dejarlos solos.
Veneciano camino con mucha calma hacia la entrada. Pero, debes en cuando detenía sus pasos y retrocedía, como si fuera una especie de cangrejo. Pero volví a retomar su caminar. Pudo ver el principio de las escaleras y se detuvo. ¿Estaba bien lo que estaba apunto de hacer? ¿Era lo correcto? ¿Qué pasaría si no fuese lo que él piensa? Un bombardeo de cuestionamientos lo invadieron que estuvieron apunto de hacerlo retroceder. Pero como si fuera el ave fénix, resurgió el valor que había obtenido y dio un paso mucho más decidido. Y como si fuera una princesa que bajaba las escaleras, deslizo su mano izquierda por el barandal mientras caminaba. Con sumo esfuerzo bajo su mirada hacía la planta baja. Ahí estaba él, contemplando con cuidado todas las golosinas que había preparado para él. Un sentimiento estremeció el corazón del italiano, pero no había tiempo para retractarse, ya que aquellos ojos azules lo habían capturado. Alemania usaba un traje de vestir negro con una corbata azul. Estaba haciendo una fuerte referencia a su traje que usaba de niño. Italia paro de caminar en el penúltimo escalón que daba hacia el piso y esquivo la mirada. Como si intentara ocultar lo que estaba sintiendo en ese momento.
Una fuerte nostalgia y confusión.
El pelirrubio entendió lo que el cuerpo de Italia decía, así que no se movió de su lugar. Y observo nuevamente los dulces.
-Se ven deliciosos- sonrió y le dio la espalda. Veneciano permaneció callado y agacho su mirar, se sentía apenado. Alemania se paro al frente de la mesa y tomó un poco de gelato. –Esta cosa por más que intento dejarla me gusta- y se llevo una cucharada a la boca. Miró de reojo al italiano, pero este aun no hacía reacción. Suspiro.
-Gracias y discúlpame- murmuró un poco agobiado el alemán. Italia levantó su cabeza sorprendido y tratando de explicarse por que lo había dicho eso. Alemania lo miró con una ligera tristeza, que no se podía ver a simple vista y le sonrió. –Yo, no soy nadie para hacerte pasar estos momentos amargos. Ni tampoco obligarte a que enfrentes algo que ya ocurrió hace mucho tiempo, pero…- hizo una pausa y miro con melancolía al pelicastaño. Haciendo que este sintiera un gran nudo en la garganta. –Quería intentar solucionar esto… pero lo mejor será que me marche- su voz se sentí un poco pesada, dentro de él había muchos sentimientos encontrados. Quería desahogar, pedir perdón por lo que a pasado. Pero sus anhelos han sido cortados. Y pensó que lo mejor sería que pasara el tiempo. Que él tiempo curase esas heridas. Heridas, que había provocado hace mucho tiempo.
-Discúlpame- se encamino hacía la puerta –Gracias, después de todo lo que ha sucedido- miró por última vez a Italia y tomó la perilla.
Dentro de Italia se carcomía por dentro. Una voz le decía que lo dejara ir. Era fuerte, ya que él no sabía que hacer. Preferiría quedarse para siempre callado e ignorar lo sucedido. Un pecado oculto en su corazón por siempre. Sin embargo, había otra voz que le gritaba con mucha más fuerza. Que gritara su nombre y que no se marchara. Se encontraba totalmente devastado, quería librarse de esas cadenas. De ese dolor, que el mismo no lograba intender. Que no lo dejara escapar. Pero ahí estaba él, apunto de marcharse nuevamente como hace mucho tiempo. Y talvez… no volverlo a ver nuevamente.
Alemania dio un paso hacia fuera de la casa. Le quedaban poco tiempo, perdón; segundos más bien dicho. Llevó su mano al corazón y apretó con mucha fuerza su pecho. Era ahora o nunca.
-¡No te vayas por favor!- gritó de corazón, Alemania volteó sorprendido ante el impulso de Italia.
-¡Por favor no te vayas! No me vuelvas a dejar solo otra vez- unos borbotones de lagrimas empezaron a salir de sus ojos.
-¡Discúlpame por ser un idiota y no saber actuar por mi propia cuenta!, pero es que… durante tanto tiempo, te espere y te espere. Desde niño espere tu regreso… ¡Me lo habías prometido y lo habías sellado con un beso!- gritaba desesperadamente.
-¡Todos los días esperaba en la ventana para mirar cuando llegarías! Cada día prepara junto con Hungría-san varios postres, para cuando volvieras lo probarías y me elogiaras. ¡Pero tú nunca llegabas! Entonces llegó ese día, ese maldito día; donde me había dicho que habías desaparecido- agacho su mirar y llevo sus manos a la cabeza.
-Sabes, ¿Sabes como fue para mí recibir esa noticia?- levantó su rostro, se encontraba totalmente distorsionado. Sus ojos abiertos de par en par invadidos por lágrimas y una sonrisa rota. Era como si algo dentro de él lo hubiera poseído.
-¡Fue una maldita escoria!- empezó a jalarse sus cabellos -¡Maldije a Francia lo mas que pude! ¡Estaba devastado! ¡Era tan doloroso! Yo… te espere años tras años, siempre con una esperanza ciega de que volvieras a mí y viviéramos como antes ¡Pero no fue así!- empezó a gritar con mas fuerza. – ¿Pero sabes que?- se contuvo un poco. –Prussia te encontró de nuevo- sonrió irónicamente – Y volviste a mí… Sin memorias- empezó a reírse cínicamente. -¡Sin memorias! ¿Lo entiendes? ¡Sin memorias! Intente con todas mis fuerzas hacerte recuperar tus memorias, aquellas; las cuales vivimos los dos juntos. Pero fue en vano.-
Dirigió una mirada fuertemente a Alemania y se sentó en el penúltimo escalón.
Alemania solo permanecía en silencio.
-Después de lo sucedido- empezó a hablar en voz más calmada, pero aún marcando un poco de tensión
-Me dije a mi mismo, que olvidaría eso y seguiría adelante. Que lo ocurrido lo escondería en lo más profundo de mi corazón y de mis memorias. En un lugar, donde ni yo mismo pudiera recordarlas- suspiró –Empezaríamos desde cero, tu y yo; una nueva larga vida. Te olvide, olvide el dolor y me prometí a mi mismo que lo dejaría pasar. Aun que aun me sentía devastado y destrozado- guardó silencio –Pero veo que todo fallo nuevamente… soy un inútil como todo dicen…- su voz se quebró nuevamente, y escondiéndose entre sus piernas empezó a sollozar.
Había desahogado todo aquello que se hallaba en su corazón. Todo aquello que lo tenía oculto dentro de si mismo. Había roto esa barrera, aquella barrera; que existía desde hace muchos siglos.
-¿Porqué?...- susurró mientras jadeaba -¿Por qué me hiciste esto Sacro…-
Justamente, en ese momento; se encontraba rodeado por los brazos calidos de Alemania.
-Por favor… suéltame…- susurró mientras intentaba alejarse de él. Pero, era en vano. Empezaba a moverse de un lado para otro intentado zafarse de sus brazos. Llorando suplicaba que lo hiciera. Pero el alemán no tenía ninguna intención de hacerlo.
-No te voy a dejar ir, no te voy a dejar otra vez- habló el alemán –No otra vez- Italia dejo de hacer forcejeo y permaneció en silencio. –Permíteme compensarte todo ese tiempo- se alejo un poco del italiano y sostuvo su rostro para que lo viera a sus ojos. Le sonrió calidamente, se acerco con cuidado a su rostro cerca de sus ojos y bebió sus lágrimas. E hizo que Italia lo abrazara.
-Te odie…- murmuró agobiadamente –Por que me dejaste…- Alemania puso una mano sobre la cabeza del italiano y susurró –Lo tengo muy bien merecido- sonrió. –Disculpa- continuó Italia –Pero estoy tan confundido… No se quien eres ahora…- cerró sus ojos y abrazo con mas fuerza a Alemania.
-Soy Alemania…- se separó de Italia y lo miró fijamente a los ojos. Veneciano pudo apreciar, como con tanto cariño lo miraban con esos ojos. Esos orbes de color azul fuerte, esa mirada penetrante y calida que llevaba siglos sin verlos. Y que habían cambiado a un azul mucho mas bajo.
-Soy el mismo, Alemania; pero ahora tengo esos recuerdos de cuando los dos vivíamos juntos- abrazó con mucha fuerza al joven. Como si no quisieran que lo separaran para siempre. Y mantenerlo bajo su protección y calor.
-Mi querida Italia- pronuncio jubilosamente mientras depositaba un beso en su cabeza.
Italia solo empezó a llorar.
Capítulo 4° "Assieme" (Juntos)
Que tal chicos, aquí su Maiden with armour reportándose.
Felizmente acabo de llegar al capítulo 4 "Assieme"
Escribo esto por ciertas cosas. Principalmente para explicar algo.
Sinceramente, en mi opinión; me imagine a Italia en una explosión y reclamo hacia Alemania.
(Tanto tiempo que espero y luego fingir que no paso nada ¿Cómo que esta un poco raro?)
Así que espero que no se molesten por que Ita-chan se haya puesto enojado en vez de hacer algo mucho más alegre como de costumbre. También para preguntar, si no se les ha hecho un poco revoltoso como se ha comportado Italia ante Alemania. Me puse en los zapatos de Italia ante esa situación y lo único que se me venia a la mente era mucho dolor, confusión y desesperación. Ante no saber como actuar. Así que si esta medio confuso me disculpo (Ya en el siguiente capítulo se explicara mas bien por que actuó así) Y sin mas que decir, espero que les agrade este Fic a ustedes. Ya que lo estoy haciendo con mucho esfuerzo y dedicación, ya que hace tiempo que deje de escribir y le estoy tomando otra vez la rienda.
Si quieren hacer un comentario constructivo u otra cosa que quieran. Con mucho gusto lo leo y se lo agradezco de todo corazón. Gracias por leer y comentar. Nos vemos en el siguiente capítulo.
Maiden out.
