Un Nuevo Amanecer
"In hour hand, and old, old thread,
Trail of Blood and Amens.
Greed is the gift for the sons of the sons
Hear this prayer of the wampum
This is the tie that will bind us."
Wampum Prayer, Tori Amos.
Los invitados empezaron a aparecer a eso de las 8 de la noche. Como nos indicó Amanda, Edward y yo estuvimos en la casa de Carlisle para recibir a la gente que llegaba. El resto de nuestra familia se paseaba entre el tumulto de vampiros, licántropos y humanos que se iba juntando en el jardín, ofreciendo en bandejas vasos con agua a los invitados.
Probablemente se ofrecía agua antes de la ceremonia, en vez de licores o bebidas, para mantener la "pureza" en todos los aspectos posibles. La verdad es que esa parte de la organización me tenía sin cuidado; no sabía siquiera qué habría para comer en el banquete. Los vasos de agua, algunos con gajos de naranja, otros con trozos de limón y menta, eran el único aperitivo que se había preparado para los humanos invitados al ritual. Y hasta ahora, era el único "alimento" que yo había visto pasar.
La mayoría de los invitados llegaron puntuales, pero el grupo no estuvo completamente reunido hasta que dieron las nueve de la noche, hora exacta en la que Carlisle citó personalmente a los asistentes. No se les pidió que vinieran vestidos de etiqueta ni de ninguna forma en particular, pero a pesar de eso, se podía ver en el vestuario, en el cabello e incluso en los perfumes de algunos invitados, que si bien no vestían elegantemente, sí habían cuidado su apariencia como para una ocasión especial.
Se murmuraba por todos lados sobre qué sería lo que estaría por suceder. Cuando se realizaron las invitaciones, se les dijo a todos que era una ceremonia mística que involucraba a Renesmee, pero no se les habló de espadas, guerras, niñas que prenden fuego a las cosas ni mujeres hipnotizadoras. Sólo se les pidió que asistieran. Y siendo todos –o la mayoría-, parte del mundo fantástico al que pertenecíamos (o al menos relacionados con él), nadie dudó en asistir, ni cuestionaron nuestras razones para involucrarnos en brujería.
Edward y yo no nos soltamos en ningún momento durante la previa a la ceremonia. Compartíamos momentáneamente con los invitados, paseándonos de un lado a otro como si fuera una boda, y nosotros nuevamente los novios.
Me sentía ansiosa por la iniciación de mi hija, pero la confianza que expelía Edward, la sonrisa con la que charlaba con nuestros amigos y familiares, el orgullo que se le veía en los ojos al explicar que la ceremonia se había estado realizando por siglos en otras partes del mundo y que Renesmee sería la primera humana/vampiro en realizarla, me transmitía una seguridad nueva, completamente nueva, puesto que por primera vez no tomaba a Edward de la mano para sentirme protegida: ahora los dos estábamos afrontando el mismo riesgo, con la misma cantidad de conocimiento sobre el futuro. La diferencia en este caso, era que nuestra unión se solidificaba al avanzar sobre terreno desconocido: al ser padres –juntos- y presenciar cómo nuestra hija, suya y mía, construía su propia vida. Estaba segura de que apoyarla era lo correcto. No dudaba que, siempre que Edward sostuviera mi mano, podríamos tomar las decisiones correctas, o en el peor de los casos hacer frente a los errores.
Por supuesto, nosotros nos teníamos el uno al otro para acompañarnos en los momentos previos a la ceremonia, y eso era un alivio. Pero el pobre Jacob deambulaba completamente solo, refunfuñando entre dientes para sí, paseándose de entre la esquina donde se amontonaban los vampiros, hacia donde se ubicaban los licántropos.
A pocos minutos de que el reloj marcara las nueve de la noche, Jacob se decidió a expresarnos sus aprensiones.
"¿Están realmente –pero no me sirve un "sí", quiero un 100% -seguros de que esto es lo correcto?". Mientras yo tomaba aire para contestarle, Jacob se embutió de un solo sorbo, un vaso de agua con naranja y todo, como si fuera tequila.
"Jake, la queremos tanto como tú. No hubiéramos permitido esto si no fuera porque de verdad confiamos en que es la mejor opción para ella". Mi respuesta le hizo fruncir el ceño. A estas alturas del partido, me parecía una estupidez que intentara si quiera convencernos de cancelarlo todo y echar a la basura casi cuatro meses de preparación. "Ya lo hemos discutido antes. ¡Supéralo por favor!".
Jacob se acercó más a mí, tomando a Edward por el hombro para obligarlo a que se acercara, y así poder susurrar sin que ninguno de los invitados que nos rodeaban pudiesen escuchar lo que nos quería decir.
"Ya sé que les gusta que Nessie haga estas piruetas", susurró tan despacio que casi no le entendía nada, "pero estuve conversando con ella ayer, y me contó que Tomás le estaba fabricando unas armas. Eso quiere decir que van a pelear, ¡pelear!, nada de cosas místicas, cantos a la pachamama ni nada, pelearán: kung fu, karate, mortal kombat y street fighter, ese tipo de cosas".
Me mantuve mirándole con toda la seriedad que pude contener. Incluso me mordí un poco el labio para no ser grosera y dejar que se me escapara una carcajada. La sola idea de Renesmee peleando como Chung-li me daba ganas de tirarme al piso y ahogarme de la risa. Pero Jacob estaba hablando con toda la seriedad del mundo. Sus cejas estaban completamente unidas en el punto medio de su frente, dándole un aire apocalíptico mezcla del reproche y del miedo; tanto que temí se le pudiera escapar un gruñido canino que alertara a los vampiros cercanos. Durante unos 3 segundos todo iba bien con mi cara de tranquilidad, mientras buscaba un argumento que le asegurara a Jacob que Renesmee estaría bien. Pero fracasé en cuanto Edward dio el primer paso y explotó en una carcajada tan fuerte que todos los invitados se voltearon para verle. Se reía con tantas ganas que le costaba respirar. Yo, por supuesto, dejé caer mi careta de madre responsable y buena anfitriona, y me uní al jolgorio de Edward. Jacob, enfurecido, bufó con fuerza abriendo las paletas de la nariz y se cruzó de brazos esperando a que dejáramos de reírnos.
El gesto de enojo en su cara y su posición fastidiada, fue como un fósforo cayendo sobre pólvora, pues nuestra risa se intensificó al instante. Finalmente, temiendo que de verdad Jacob se enojara seriamente conmigo, lo abracé con fuerza y escondí mi cabeza en su pecho. Edward, siguiendo mis pasos, apoyó una mano sobre el hombro del licántropo, intentando al mismo tiempo ahogar la risa y bajar la comisura de sus labios.
"Jake, sabemos perfectamente lo que está por suceder", le aseguró Edward, "Por favor no desconfíes en nuestro criterio y comparte la alegría de Nessie". Luego hizo una pequeña pausa para concentrarse en no reír, y continuó: "tómalo por el lado amable: ya no tendrás que sobreprotegerla, ahora ella te puede acompañar de igual a igual".
Supe a qué se refería. Solté a Jacob y alcancé a ver cómo dejaba caer los hombros, abatido por nuestra inexorable decisión. Se dio media vuelta y caminó hacia su manada.
Entonces cambié de brazos y me dejé acurrucar por Edward. Envolví su cuello y me puse en punta de pies para alcanzar su oído, "Estoy orgullosa de nosotros", le susurré, "te amo, y desde ahora en adelante, haré todo lo que esté en mi alcance para que nos podamos amar en paz. Tú, yo, todos nosotros". Él me apretó con fuerza y luego me soltó para tomar mi cara con sus manos. Se acercó con suavidad y me dio un beso intenso pero reposado. Sus labios, que ya no eran fríos, habían memorizado los míos durante los últimos siete años. Comencé a sentir un calor en el pecho, una fuerte necesidad de fusionarme con él; me fue casi imposible contener mis ansias de abrazarlo con más fuerza, de besarlo con mayor intensidad. Se me ocurrió entonces, aún mientras me besaba, en levantar mi escudo para que comenzáramos con lo que las brujas nos habían enseñado.
Hagámoslo, pero no dejes de besarme, le indiqué en mis pensamientos y él comenzó con su parte de inmediato.
Mientras sus labios seguían presionando los míos, y en menos de un segundo, pude sentir como una fuerza externa invadía mi cerebro, un calor conocido, una sensación única. Edward estaba en mi cabeza, pero al mismo tiempo, me estaba permitiendo entrar en la suya.
Hola, me dijo para recibirme en sus pensamientos; escuché que sus ideas eran parecidas a las mías. Por un breve momento sopesamos la posibilidad de fugarnos unos veinte minutos al bosque para satisfacer el ansía que teníamos el uno del otro, pero fuimos interrumpidos por la voz de Amanda en nuestras cabezas.
Es hora, dijo su dulce y armoniosa voz, de modo que sólo nosotros la pudimos escuchar. Entonces nos separamos y le indicamos a los invitados que nos siguieran hasta la cabaña al otro lado del río.
Para la ocasión, les pedimos a nuestros primos de Denali que nos ayudaran construyendo un puente que conectara las dos orillas del río. Nunca lo habíamos necesitado, pues nadie tenía problemas para cruzarlo. Pero hubiera estado un poco fuera de contexto cargar sobre la espalda a los invitados que no tenían los poderes sobrenaturales necesarios para saltar sin problemas los cincuenta metros de agua. Tanya y sus hermanos construyeron en tres días un hermoso puente redondeado, con escaleras en ambos extremos y circundado por barandas talladas en madera. Una obra de arte sin fallas, pues soportó el peso de unos cincuenta invitados de variadas contexturas sin problemas.
El camino a través del bosque fue trazado por una cinta blanca amarrada entre los árboles. Ni vampiros ni licántropos teníamos problemas en guiarnos a través del oscuro paisaje, pero Amanda insistió en poner esa pequeña guía.
Edward y yo liderábamos al grupo, y a pesar de poder caminar siguiendo el aroma familiar de aquellos que nos esperaban al otro lado (y sabíamos el camino de memoria también), deslizamos nuestros dedos por la cinta blanca, acariciándola casi por juego, para ocupar las manos en algo. El resto de los invitados hizo lo mismo.
Al llegar al jardín de la cabaña, lo primero que llamaba la atención era el báculo de Amanda que brillaba con fuerza iluminando todo con una luz blanca resplandeciente. Ella lo sostenía gloriosamente. Llevaba un vestido blanco de lino, largo hasta los tobillos. A su alrededor, los brujos y Lucas, se mantenían solemnes y serios, vestidos cada uno de un color distinto.
En el jardín, sobre el césped, había cuatro vasijas llenas de agua. En cada una flotaba una vela grande y redonda, dispuestas una frente a la otra, separadas por unos veinte metros de distancia y en extremos contrarios. Por su posición, entendí que marcaban los puntos cardinales, norte, sur, este y oeste, y que delimitaban el lugar donde se llevaría a cabo la ceremonia.
Nosotros, con el grupo detrás, nos mantuvimos quietos a la espera de instrucciones. Amanda fue la primera en moverse. Escoltada por los cuatro hombres, caminó hacia nosotros rodeando el perímetro marcado por las vasijas.
Al llegar frente al grupo de invitados, desplegó su bella sonrisa y abrió los brazos.
"Bienvenidos. Pueden acomodarse a los costados derecho e izquierdo, detrás de las velas", indicó cariñosamente.
Se suponía que la disposición de los invitados sería casual, pero no resultó de tal forma. Como Edward y yo teníamos instrucciones de sentarnos tras la vasija de la derecha, vale decir la del este, todos los vampiros presentes se acomodaron en ese sector, junto a nosotros. El resto –los humanos –se sentaron en el suelo al lado izquierdo, acompañando a Jacob, al que se le había indicado ubicarse tras la vasija del oeste.
Desde donde estábamos sentados, podía ver a Jacob y Leah en primera fila, acompañados por Charlie y Reneé. A los lados y más atrás, las dos manadas, sus respectivos novios y padres, estaban sentados en silencio a la espera del inicio de la ceremonia.
En nuestro sector, al lado este, la primera fila estaba completamente ocupada por la familia Cullen –con la dolorosa ausencia de Emmet y Rosalie –y luego hacía atrás, se desplegaba el resto de los aquelarres, que cuchicheaban, algunos ansiosos, otros temerosos, sobre los brujos, la magia y el ritual que estaban por presenciar.
En el extremo norte, los cuatro hombres se sentaron solos, dejando un espacio al medio para Amanda, que seguía de pie mientras los invitados se acomodaban. Frente a ella, detrás de la vasija que representaba el sur, y a una distancia exacta de veinte metros de la del norte, Olivia encabezaba al grupo de los jóvenes brujos.
Una vez que estuvimos todos sentados y propiamente acomodados para la ceremonia, Amanda caminó hasta el medio del círculo, alargando los brazos para tomarle las manos a Olivia, que había caminado a su encuentro. La joven bruja llevaba un vestido de un suave color amarillo, de una tela parecida a la de su hermana mayor, pero que le llegaba un poco más arriba de las rodillas. Ambas estaban descalzas. Aferrándose de las manos se dieron un suave beso sobre los labios y luego se sentaron dándose la espalda, con el rostro dirigido hacia los brujos de cada esquina.
Edward y yo entendimos que esa era la señal para nuestra participación. Nos pusimos de pie y caminamos hacia el centro, tomados de la mano. Yo tuve que rodear a las brujas para quedar dando la espalda a Jacob y frente a Edward. Nos dimos un beso, debiendo alargar el cuello para alcanzarnos, y luego nos sentamos de frente a los invitados, dándonos mutuamente la espalda.
Entre los cuatro, formábamos un círculo de cuatro puntas.
"Con esta llama, enciendo la estrella del norte, fiel consejera de los extraviados. En ti sostengo mis esperanzas, pues no navegaremos solitarios", rezó Amanda en voz alta. Tomás hizo sonar una campanita y la vela que flotaba en la vasija en el extremo norte al lado de los brujos, se encendió como por arte de magia.
"Con esta llama, enciendo la estrella del sur, y beso cuatro veces sus puntas, para que los dioses nos abran paso hasta su casa", dijo Olivia, y nuevamente la vela se encendió con el sonido de la campana.
"Con esta llama, enciendo la estrella del este, para que nos ilumine el camino hacia el árbol del mundo", exclamé yo. Era la línea que me habían hecho memorizar para la ocasión. En cuanto terminé de hablar, Tomás siguió con su parte del ritual y al sonido de la campana la vela frente a mí se encendió.
"Con esta llama, enciendo la estrella del oeste, para que hasta en el último suspiro de la batalla, tengamos una luz de esperanza", Edward habló con fuerza y seguridad, sin perder la armonía aterciopelada de su voz. Esta vez, cuando la campana emitió el último sonido, las cuatro llamas resoplaron horizontales hacia el cielo, iluminando la cara de los espectadores. Durante un segundo, el fuego pareció responder al llamado que habíamos hecho, y con ese furioso pero corto movimiento, nos había dado a entender que alguien –tal vez La madre –nos estaba escuchando.
Hemos comenzado, escuché a Amanda en mi cabeza. Los cuatro nos pusimos de pie y volvimos a nuestros puestos. Todos menos la sacerdotisa, que permaneció en el centro del lugar.
Con su mano derecha sostenía el brillante báculo. Dio una mirada a los espectadores, sonrió a su hermana y luego nos hizo una reverencia a Edward y a mí.
Después, habló.
"Antes de comenzar con el ritual, hay algunas cosas que quiero decir.
Todos ustedes, cada uno, nosotros, vamos a ser testigos de un proceso natural nuevo. Hemos sido elegidos para presenciar el nacimiento de una nueva era, una realidad que nuestros antepasados creían utopía, pero que a partir de pequeños pero preciso pasos, hemos por fin rearmado como realidad. En este ínfimo pedazo de Universo, estamos armando un nuevo mundo, donde unimos las distintas realidades desde donde provenimos.
Los vampiros inmortales –dijo señalando el grupo sentado al este con su mano derecha –los ancestrales metamorfos –indicó a los que acompañaban a Jacob en el sector del oeste –y los breves pero poderosos humanos, hemos por fin atado nuestros lazos, en una red de acero indestructible, forjada en los eternos lazos del amor.
A partir de hoy, nuestras razas se mezclarán para siempre: los diferentes ríos de vida que nos atraviesan están a punto de desembarcar en un nuevo mar, cuyo fuerte oleaje nos traerá más que suspiros, belleza y alegría; si, mucho más que pequeñas satisfacciones.
Pero también acarreará fuertes tempestades.
Debemos estar preparados para los vientos huracanados de aquellos que quieren frustrar nuestra unión; de aquellos que aún sedientos de poder, quieren llenar sus venas con la sangre de nuestro sacrificio.
Por eso les digo, hagámosle frente a esta amenaza y amémonos con más fuerza que antes.
Sintamos la sabiduría del lobo, la agilidad del vampiro y la intuición del humano.
Hagámonos un Todo indestructible.
Seamos como en el principio: un solo mundo, una sola fuerza. Cerremos los ojos y dejemos que la energía de La Madre fluya por nuestras venas y se contagie a otros por nuestra piel.
Seamos uno.
Y abramos nuestros ojos a la nueva generación, que llevará nuestro amor, nuestra sangre y nuestro sacrificio, a través de la historia eterna de nuestra existencia.
Contemplemos con emoción y humildad, la infalibilidad del destino.
Abrasémonos como hermanos.
Seamos testigos, de un Nuevo Amanecer".
