-¡Oigan ayúdenme!- grito Alemania mientras golpeaba la puerta trasera. Con su pie golpeaba la puerta de vidrio, intentado que los demás que se encontraban afuera lo ayudara. Pero fue en vano. –Tks… ¡Maldición ábranme la puerta!- gritó nuevamente con desesperación. Pero sus suplicas eran rechazadas. Aquellas personas se encontraban hablando muy entretenidamente. –Maldición- empezó a desesperarse, y con una agilidad indescriptible con su pie abrió la puerta y la cruzo con cuidado. Y con su mismo pie, cerró la puerta.
Prussia escucho el sonido de la puerta cerrarse de golpe. Así que se distrajo de la entretenida conversación y observo a su hermano. De igual manera, todos los presentes observaron al alemán.
-¡West!- alzo una mano alegremente -¿Cómo estas?- rió.
-¿Como que como estoy? ¡No me vengas con esas preguntas!- gritó molesto -¡Les estaba gritando por ayuda y ustedes ni me hacían caso!- chasqueó sus dientes. –Eso te lo mereces por ser un macho patatas- le sacó la lengua Romano. –Guarda silencio Romano- contestó malhumorado. –Y en fin y en cuentas ¿Cómo te fue?- dijo con bastante tranquilidad Austria, mientras tomaba su té. El alemán solo suspiro un tanto preocupado. Cada uno de los países se quedaron callados bien fijamente a Alemania, a lo que diría. Excepto uno. O más bien una.
-Alemania…- dijo en voz baja Hungría -¿Por qué Ita-chan esta en tus brazos?- preguntó curiosamente.
Los países voltearon a ver a Hungría y de ahí a Alemania. Fue tanta la preocupación por saber, o mejor dicho el "chisme"; no observaron que Alemania se encontraba cargando a Italia en sus brazos. Que por cierto, este se encontraba prácticamente dormido. –Veee…- suspiró Italia mientras se acomodaba.
-¡Tuuuuu!- se levantó agresivamente Romano, golpeando con una mano la mesa y la otra señalando al rubio. -¿¡Qué fue lo que le hiciste a mi hermano maldito!- gritó enfurecidamente -¡Romano tranquilízate- España detuvo a Romano -¿¡Como que me tranquilice idiota! ¿¡Ya viste la apariencia que trae este sujeto!- Y ahí había otra cosa, que los países ignoraron.
Si se fijaban bien, y con sumo cuidado. Alemania se encontraba totalmente desarreglado. Su cabello se encontraba revuelto, su corbata estaba arruinada, no tenía puesto su saco, si no que se lo había puesto a Italia para cubrirlo. Y para finalizar, presentaba unas marcas rojas en su cara.
-Alemania…- susurraron al unísono los países.
El rostro de Alemania… simplemente se torno como un tomate.
-Alemania- dio un sorbo el austríaco a su té con fina elegancia –Eres un idiota-
-¡N…n…n! ¡No!... ¡No es lo que están pensando!...- volteó a ver Italia –Lo… ¡Lo que paso fue…!- intentó desesperadamente explicar su condición, pero la vergüenza lo invadía. –Sin embargo Austria-san- sonrió Hungría mientras le extendía su mano –Creo que salió perdiendo- Austria hizo un suspiro y saco 1000 Euros.
-Ten, no me importa- ignoro por completo a Hungría mientras depositaba el dinero en su mano. La húngara solo sonrió y guardo el dinero. Alemania se quedo con la boca abierta. -¿¡Hungría!- exclamó sorprendido ante tal acto –Disculpa Alemania- se tapó la sonrisa con su mano –No pudimos resistirnos-. -¡Así es west!- rió el prusiano y extendió también su mano. –Vamos, vamos, dame el dinero, dinero- sonrió malignamente. –Solo por que soy un hombre de palabra- repartió otros 1000 Euros. -¿¡Hermano tu también!- gritó incómodamente.
-Admítelo, llevas siglos sin verlo- reposó sus piernas en la mesa. –El señorito decía que tenías educación y por lo tanto no harías "eso" con Ita-chan- sonrió –Pero al parecer no fue así y salí perdiendo- suspiro y colocó la taza en la mesa el austriaco. -¡Kesesesese! ¡Nunca debes sobreponerte ante el awesome de yo!- rió. -¡Eso no me importa!- gritó Romano aún sostenido por España. Realmente quería golpearlo. -¡Romano cálmate!- le retuvo con mucho mas fuerza como si fuera un toro -¡Te dijimos que esto podía pasar!-
-¿¡Tu también España!- gritó molesto Alemania. –Escúchenme ustedes cinco…- hizo un conteo rápido con su vista –Esperen ¿Qué no eran siete?- murmuró –El idiota de Francia salio corriendo junto con Suiza, no quería que lo golpearas- respondió aun molesto Romano. –Bueno no importa- suspiro –Al fin y al cabo luego me las cobra- pronunció en voz ultra baja el alemán. –Lo razón por la que estoy en esta condición fue gracias a él- levantó mas alto a Italia. –Y también por que ustedes no me ayudaron a abrir la puerta. Ya que lo traía cargando- suspiro -¡No me vengas con eso! ¿Por qué esta dormido? ¿¡Como me explicas eso!- se levantó agresivamente Romano. Alemania agacho su vista y miro calidamente a Italia. El italiano observo la actitud que tomo el alemán y volvió a tomar su asiento un tanto obligado, había entendido. De tanto llorar y por la conmoción, cayó en un sueño. Todos permanecieron en silencio y agacharon las miradas. Ellos lo habían tomado como un juego, cuando realmente era algo importante. No habían pensando en Italia, ni en su reacción ni en su corazón. No se habían puesto en sus zapatos ante tal experiencia. Solo lo vieron como algo superficial. Hungría, miró con cuidado al alemán sin levantar mucho su mirada. Vio como sostenía al país dormido. Se encontraba cargándolo, pero no por detrás en su espalda; si no enfrente de él. Como si no quisiera perderlo de vista y que sí, llegará a voltear; lo perdiera nuevamente. Su brazo derecho sostenía sus piernas y con la izquierda, lo acomodaba de una manera, que su cabeza reposará en su pecho. Cerca del corazón.
La húngara se sintió incomoda, sabía que habían hecho algo mal. Así que con cuidado, retrocedió su silla y se levanto mirando fijamente a Alemania. Este la miró con curiosidad, al igual que todos. Hungría solo sonrió y se encamino hacía él. –Tus ojos siguen siendo tan lindos- sonrió calidamente –Si tu lo dices...- se apenó un poco el alemán ante el halago. Hungría bajo su mirada y observó al italiano. Se veía calmado. Acercó su mano hacia el rostro dormido y acomodó un poco su cabello. –Ita-chan realmente te extraño bastante, debió haber sido un poco "rudo" para él enfrentarse algo así- sonrió mientras acariciaba su cabello. Alemania solo permaneció en silencio. –Ahora lo mas difícil para ti será poder entablar esa relación de nuevo- murmuró bajamente sin dejar de ver al italiano. -¿¡Y tu que sabes de relaciones Hungría!- rió fuertemente Prusia -¡Pero si eres un mari…!- sin saber con que poder divino, Hungría lanzó un sartenazo hacía el rostro del prusiano tirándolo al piso. -Como te iba diciendo…- tosió un poco, realmente tenía un gran carácter Hungría –Eso será lo mas difícil- sonrió. –Cla…ro…- dijo un tanto preocupado y asustado por la reacción de la joven. –Así que por lo tanto- volteó muy determinante la pelicastaña a ver a los demás, que la veían con atención. –Ita-chan se ira ahora mismo a la casa de Alemania. ¡Y no quiero una excusa!- levantó un dedo señalando a cada uno.
-¡Hungría!- gritó totalmente sonrojado el alemán – ¡Pero yo no puedo! No es que…no es que no pueda pero… ¡No Hungría!- gritaba avergonzado. -¡No lo permito!- se levantó el aristócrata golpeando la mesa -¡Eso es algo de muy mala educación!- -¡Así es!- respondió Romano -¡No permitiré que mi tonto hermano se vaya con ese idiota!- contestó molesto. –Yo digo que sí…- se escucho la voz débil del pobre de Prusia que aun estaba en el suelo. –A ti te conviene aceptar, no por que quieras- rió el español. –No me importa, y no los escuchare- se tapó los oídos, y volteó con Alemania; que aún se encontraba sonrojado. Hungría solo le sonrió. –Te lo encargo- Tomó de la mano a Austria, quien protestaba; y se encaminaron hacia la salida. -¡Pobre de ti que rompas la educación que te dí Alemania!- gritó molesto y echando humos el austriaco. –Vámonos ya, no reniegue- y con fuerza lo jalo al interior de la casa de los italianos. España puso una mano en el hombro de Romano. –Vamos Romano también nosotros, que ya se hace tarde- le sonrió de oreja a oreja. -¡Cállate maldito!- se alejó de él -¡No dejaré que este macho se quede con él!- refunfuñaba –Vamos Romano, Ita-chan tiene que arreglar estos asuntos solo. No puedes hacerlo todo tu solo- rió – Aun que estés preocupado por él- El italiano se sonrojo un poco -¡No pienses eso… Idiota!- murmuró apenado. España solo rió y tomó de la mano al italiano. –Llegando a mi casa te daré tomates- El rulo de Romano se torno un corazón. -¡Si te atreves a tocarle algo a mi hermano te juro que…!- intentó hacer una ofensa. Pero la idea de los tomates le encanto.
Y así solo quedaron tres países.
-Maldita Hungría…- se levantó Prusia sobando su cabeza –Daño mi gran hermosa persona- levantó su mirada y observo a su hermano que aún miraba a la Italia que se encontraba en sus brazos dormido. Luego dirigió su mirar hacía el horizonte. Ya casi era el crepúsculo.
-Creo que es hora de volver a casa West…- murmuró sin dejar de ver el horizonte –Sí…- contestó levemente mientras dirigía su vista al crepúsculo como su hermano.
….
Mal tercio. Podría decirse que así se sentía Prusia en este momento. Caminando como si no tuviera ninguna preocupación, colocó sus manos detrás de la cabeza. Y con discreción observaba a su hermano. Todo el tiempo que llevaban caminando hacía su casa. Alemania no había ni un momento que despegara su vista de Italia. Incluso hubo en ocasiones que estaba apunto de tropezar, si no fuera por que él awesome le avisaba. Prusia suspiro y dirigió de nuevo su vista hacía al frente. –Ha sido un día muy fuerte, ¿No es así west?- murmuró el prusiano y miró de reojo a su hermano. –Sí- contestó con seriedad. El peliplateado fallo la oportunidad de entablar una comulación. Así que solo suspiro y se detuvo.
-West llegamos a casa- y como si fuera un robot, este obedeció y levantó su vista para ver su casa. Prusia, un tanto incómodo por la actitud de su hermano, volteó para reclamarle. Pero algo lo detuvo de hacer eso. Inmediatamente busco entre sus pantalones, las llaves de la casa; pero no lo encontró. Suspiro un tanto molesto y se paró al frente del alemán. -¡Oye west! ¿Puedes escalar ese árbol por las llaves de repuesto?- rió un tanto nervioso mientras señalaba la punta de un roble. -¡Ve tú! ¿Cómo se te pudieron olvidar?- dijo un tanto molesto Alemania. -¿Quieres que vaya en esta condición?- señalo con su dedo el gran chichón que le provoco el golpe de Hungría. Alemania suspiro y miró a Italia. –Tranquilo- extendió sus brazos –Yo lo cargaré, no se despertara- sonrió. El alemán cerró los ojos y le entregó el país. Se encamino hacía el árbol no sí antes dirigirle una última mirada al italiano. Prusia sonrió y sostuvo con fuerza a Italia.
-¿Cuánto tiempo llevas despierto?- hablo sonriente, intentando que no se notara el mover de sus labios- y agacho su mirada. Los ojos del italiano se encontraban abiertos en par en par, despidiendo; un poco de nostalgia. –Desde hace mucho tiempo…- intentó sonreír. Prusia volteó a ver a su hermano, quien apenas había empezado a escalar el árbol. -¿Cómo te sientes Ita-chan? Si te seó sincero, esto podría durar mucho en volver a la normalidad- comentó con algo de seriedad. Italia volteó al lado derecho de Prusia, hacía su pecho; para que no se notara que estaba despierto y consiente. –Aún no lose…- suspiró –Siento que he liberado un parte del peso de mi alma- cerró sus ojos. -¿Estarás bien si te dejo aquí con mi hermano?- continuó su interrogación sin dejar de ver a su hermano, por precaución. –No losé… Solo quiero estar solo…- murmuró con tristeza. –Pues tendrás que dar lo mejor de ti Italia- sonrió –No eres el único que se encuentra así este momento- se volteó para ver el crepúsculo, dándole la espalda hacía su hermano. Así que Italia hizo lo mismo. Los últimos rayos del sol se escondían detrás de una gran montaña. –Alemania esta como tú en este momento. Pero, decidió enfrentarlo. Pasara lo que pasara- dijo de manera reflexiva. Italia solo permanecía en silencio.
Prusia inhalo con fuerza y exhalo de la misma manera. Después, en su rostro dibujo una sonrisa.
-Italia, escúchame con atención- dijo con fuerza, pero no era como un regaño; si no como un consejo de un viejo amigo. –Él esta dispuesto a todo. A todo para que lo perdones. Humillarse, inclinarse, saltar de un risco de lo que sea; para remendarlo todo…- guardo silencio –Pero tiene miedo- Italia inmediatamente volteó a ver el rostro de Prusia con asombro, pero este no le devolvió la mirada. –Si tú tienes miedo Italia, díselo. ¿Qué acaso…- volteó a verlo sonrientemente -¿Qué acaso, el nunca estuvo ahí cuando tenías miedo?- Italia quedó muda –Ahora, es tu turno- lo estrecho fuertemente en su pecho alegremente. Unas lágrimas intentaron salir de los ojos del italiano.
-Hermano ya saqué las llaves- se acercó el alemán sacudiéndose las hojas y quitándose las ramitas que se quedaron atoradas en su pelo. -¡Y para la próxima no lo pongas tan alto!- dijo algo molesto -¡Kesesesese! ¡Es por seguridad west!- rió mientras le echaba una mirada rápida a Italia. -¿Qué demonios?- dijo en voz baja al ver que el italiano se encontraba nuevamente dormido. Como si nunca hubiera pasado su conversación
-¿Realmente estaría despierto?- dijo algo dudoso. -¿Qué pasa?- miró Alemania con curiosidad a su hermano. –No nada, solo pensé que estaba despertando- rió con preocupación de que lo haya descubierto; y se le entregó a Italia en sus brazos. –Dudó mucho que lo haga…- suspiró el alemán mientras veía a su Italia.
-¿Estarás bien west?- miró con calidez a su hermano. Viéndolo directamente a sus ojos, para que este; lo observara de igual manera. Este solo inclino su cabeza afirmando su pregunta. –Esta vez, no lo voy a dejar- le sonrió con una nueva esperanza –No lo voy a dejar. Haré lo que sea por él-
Realmente, en el rostro del alemán; había cambiado un poco. En sus ojos brillaban, ese brillo que se había perdido hace mucho tiempo. Un brillo de esperanza. Un brillo que los ojos de Italia aún no marcaban. Prusia suspiro, parecía que esa era la respuesta no verbal que buscaba. Sonrió y se dio la media vuelta encaminándose hacía el centro de la ciudad. -¡Oye! ¿A dónde vas?- gritó Alemania preocupado. -¡Me iré a la casa del señorito! ¡Hace mucho tiempo que no a recibido una visita de mi awesome persona!- rió mientas movía su mano en señal de despedida. -¿Me…me vas a dejar solo…?- se sonrojó y miro a Italia y luego a su hermano. -¡Meintt Gott West! ¡Ya estas bastante grandecito como para que este contigo todo el tiempo!- se detuvo y volteó hacia su hermano. Levantó su pulgar y guiño su ojo.
-¡El awesome de yo, ya no se hace cargo de tus actos que hagas a partir de ahora en adelante!- rió con una gran alegría y se perdió en el horizonte, y una ave volando alrededor de él.
-¿¡Que estas queriendo decir con eso!- gritó totalmente sonrojado el alemán -¡Yo no soy así!- sacudió su cabeza de lado a lado.
-¡Prusiaaaaaaaaaaa!- gritó a todo pulmón
Una leve sonrisa se dibujo en el rostro del italiano.
Alemania se quedo en silencio con su cara totalmente roja. Le hecho otro vistazo nuevamente a Italia y confirmo que seguía dormido todavía. Suspiro y se encamino a la puerta principal de su casa. Pero, al llegar al a puerta se dio cuenta que se encontraba en el mismo problema del mediodía. Se encontraba cargando a Italia y no podía abrir la puerta. El alemán chasqueo sus dientes y se puso a pensar. La única manera que podría abrir la puerta era bajando a Italia de sus brazos, pero; era lo menos que quería de hacer. Volteó a ver de un lado al otro buscando la manera de cómo poder entrar a su casa. Pero no encontró algún modo.
-Bájame…- susurró una débil voz, al agachar su mirada, observo que Italia tenía sus ojos abiertos. El italiano sin dirigir su mirada hacía Alemania se bajo por sí mismo de los brazos que lo cargaban. Alemania, quien trataba ni siquiera de despertarlo; se sorprendió al verlo despierto. Veneciano se acomodó a un lado de él, para no tener que ver su mirada. Y señalo el cerrojo de la puerta. –Ya puedes abrirla- menciono un poco serio. Alemania, solo agacho su mirar un poco preocupado y abrió la puerta. ¿Seguirá enojado todavía conmigo? Era lo que se preguntaba en su mente el alemán. Italia entró y se encamino hacía las habitaciones superiores de la casa de Alemania. Necesitaba estar solo y pensar lo sucedido. Aún preocupado; Alemania
decidió quedarse en la planta baja mientras el italiano subía las escaleras. Sabía exactamente a donde iría. Iría a su habitación, una habitación que; la misma Italia le propuso a Alemania que hiciera cuando lo visitara y necesitara quedarse en su casa por un tiempo. Ahí había su ropa y otras cosas que él ocupaba. Cama, baño, cajoneras; todo lo que una habitación necesitase. Pero, como siempre; terminaba en la habitación de Alemania.
Pero sabía que eso sería diferente ahora.
-Prepararé algo de comer- menciono el alemán, aun que no esperaba una respuesta por parte de Italia.
-De acuerdo- contestó secamente. Alemania solo apretó sus manos ya hechas puños y camino hacía la cocina.
Italia no se encontraba ni alegre ni triste. Era como sí estuviera soñando despierto. Sus palabras salían monótonamente, sin expresión ni sentimiento. Destellaba una profunda melancolía, pero en el muy fondo de su corazón; quería realmente hablarle. Quería decirle lo que sentí, no como lo había hecho antes. Con gritos y llantos. Si no con calma, tanto física como mental. Pero, no sabía cuando era el momento. Así que solo permanecía en silencio. Veneciano volteó a ver la planta baja para ver si seguía ahí esa persona. Pero ya no se encontraba. Así que se dirigió hacía su habitación. Al entrar se recargo en la puerta y dio un largo suspiro. Y lentamente; se deslizo hasta llegar al suelo. No prendió la luz, como si quisiera estar cubierto por ese manto oscuro. Suavemente, dirigió sus manos al nudo de su corbata y lo deshizo, aventándola lo más lejos que pudiera. A continuación empezó a desabrochar, botón por botón, su camiseta de vestir blanca, hasta dejarla abierta. Se quitó el cinturón y lo aventó igual que su corbata. Con sus pies se quito sus mocasines cafés. Se sentía libre de sus apretadas prendas. Y nuevamente dio un suspiro.
Con cuidado, se levantó y se encamino hacía el baño que se hallaba en la misma habitación. Y en ese mismo trayecto, fue quitándose la ropa, prenda por prenda. Empezando desde su camiseta y finalizando hasta sus calcetines. Prendió la luz y llego hasta la regadera, una vez ahí; abrió el chorro de agua caliente. Dejo que golpeará con un poco el agua caliente en su cara. Pasó sus manos entre sus cabellos y talló su cara. Al fin algo que lo relajara. Cerró la llave, se agachó un poco tomó el Shampoo y lo esparció en su cabello.
"¿Qué acaso, el nunca estuvo ahí cuando tenías miedo?"
Las palabras de Prusia retumbaban en su mente. Esa oración, retumbaba en su corazón. No podía negarlo, ya que era verdad. Como Sacro Imperio Romano o como Alemania. Él siempre estaba ahí. Pero aún no lo entendía. Se sentía dolido. Esa promesa fue rota y ahora retorna como si nada hubiese pasado. Y aun que pensara en dejarlo así, algo se lo impedía. El se había atrevido hacerlo, se atrevió a abandonarlo y como si fuera un colmo, prometió volverme. Él lo había llenado de ilusiones y sueños, los cuales los mantenía calidos en su corazón. Abrió nuevamente la llave y el chorro de agua caliente empezó a tirar la espuma de su cabello.
"Él esta dispuesto a todo. A todo para que lo perdones.
Humillarse, inclinarse, saltar de un risco de lo que sea; para remendarlo todo…-
–Pero tiene miedo-"
"Debió haberlo pensando dos veces", le respondió una voz en la mente de Italia. Era verdad, mas sin embargo; no era su culpa. No era su culpa. Terminó de enjuagarse el cabello y cerró la llave nuevamente. Abrió la cortina y tomó su toalla. Se dio una secada rápida a su cabello y cuerpo, y salió de ahí. Tiro la toalla al piso, y desnudo se acostó en su cama. Miraba el techo sin reacción alguna, es como si no tuviera nada que pensar. No quería pensar, solo quería quedarse quieto y dormir. Sin embargo, recordó que Alemania iba a preparar algo de comer. Así que se levanto nuevamente para buscar ropa. Pero el sonido de tocar de su puerta lo distrajo. –Italia- murmuró bajamente la voz del alemán –Se que no estas en condiciones… para poder bajar en este momento así que te dejo la comida aquí…- su voz se oía un poco afligida. Se oyó colocar la bandeja en el suelo. Italia permanecía en silencio, derepente; una leve sonrisa se escucho del otro lado de la puerta.
-Sabes, esto me recuerda, cuando Austria te castigo y no te dejo comer pasta- sonrió levemente –Y como estaba yo apunto de comer, te deje mi comida en el piso y me escondí. La viste y empezaste a comer, pero no te gusto- rió bajamente –Seguramente fue por que no era pasta, pero ahora te lo hice eso de comer. Espero y te guste- miro con calidez la comida. –Me iré a descansar. Estoy en la habitación al lado- se escucho los pasos de Alemania atravesando el pasillo y como se detuvo secamente. –Perdón, espero que algún día vuelva todo a la normalidad- guardo silencio –Buenas noches- se oyó el cerrar la puerta de su habitación. Unos ligeros golpeteos en la ventana se escucharon. Eran gotas de lluvia. Como si un Dios se fuese invocado. Unas grandes nubes oscuras cubrieron el cielo. Nubes de tormenta acompañado de relámpagos, empezaron a resonar. Pero otro sonido empezó a escucharse, no era de lluvia ni de relámpagos. Eran de sollozos. Italia empezó de nuevo a llorar.
-Hablo como Sacro Imperio Romano, hablo como el Sacro Imperio Romano- pronunció entre sollozos. Pero, algo había diferente. No era tristeza, no eran sollozos de tristeza; era diferente. Eran sollozos de lo que hace mucho tiempo deseaba. El desear de escuchar esas palabras, o mas bien dicho memorias; por esa persona. Se apresuro y se colocó rápidamente su ropa interior y una camiseta blanca de manga larga floja. Abrió la puerta y miro el plato de pasta acompañada con una copa de vino. Era igual, era igual. Se agacho y tomó la bandeja de comida llevándola hacia su cama. Una vez ahí, solamente probó un poco de pasta y le dio un trago a la copa de vino. Era igual, era igual, solamente que esta vez; la comida no sabía mal.
–Ahora, es tu turno…-
Retumbó sonoramente, la última frase que Prusia le dijo. ¿Era su turno de que? De repente empezaron a sonar fuertemente unos truenos y la lluvia se había soltado fuertemente. Italia miro hacía afuera de la ventana. -¿Mi turno de que?- murmuró –¿Qué quisiste decirme con eso Pru…- y como sí fuera un foco de idea, un relámpago activó desde lo mas profundo de su mente una vieja memoria. Era como aquel día se encamino rápidamente hacía la puerta de su habitación, tirando accidentalmente la bandeja; pero no le importo. Camino hacía la habitación de Alemania y abrió la puerta de golpe. Este, sorprendido por la entrada del italiano; dejo de leer un viejo libro que lo escondió inmediatamente antes de que Italia lo viera. -¿Italia?- dijo nerviosamente -¿Qué es lo que sucede?-
Sin decir nada, Italia dio varios pasos largos y se metió en la cama del alemán. Alemania, totalmente asombrado y con su cara enrojecida; no entendía lo que pasaba. En su cama, ahí estaba Italia, quien apago su única luz del cuarto y se acostó con él; abrazándolo fuertemente y acurrucándose en el pecho de Alemania. Sin saber que hacer, con cuidado; colocó sus brazos también alrededor del italiano y lo abrazo. No entendía lo que pasaba aún. Entonces Italia empezó a temblar. -¿Qué ocurre Italia…? ¿Te sientes bien…?- preguntó nerviosamente y aun sonrojado. Italia solo se aferró más a la espalda del alemán. –Los brazos de Alemania son calidos- dijo en una leve sonrisa y se apegó más a él.
–Ahora, es tu turno…-
-Te extrañe, Italia…- la voz de Alemania empezó a quebrarse y empezó a abrazarlo con mas fuerza.
Al fin Italia, entendió las palabras de Prusia.
Aun que siga, un poquito dolido; el dolor parecía perderse entre los brazos de esa persona.
….
Capítulo 5° "Riflessione" (Reflexión)
