La Iniciación
Tras terminar su discurso, la sacerdotisa se giró para regresar a su posición, junto a su cordada. Nadie aplaudió ni comentó nada. Los brujos de ambos extremos mantenían los ojos cerrados como asimilando las palabras de su sacerdotisa.
Gracias a lo que nos habían enseñado las brujas, ahora podía compartir el don de Edward: podía escuchar lo que los demás estaban pensando.
Palabras hermosas, sin duda, pensaba mi madre.
Tal vez no debería beber humanos, reflexionó Siobhan, pero, ¿cómo?
Necesitamos políticos como ella, pensó Billy Black, que estaba sentado justo detrás de Jacob.
Eran tantas voces que no podía concentrarme en ninguna. Por un momento me desesperé, pero luego me di cuenta que podía solucionar ese inconveniente.
Los voy a silenciar durante la ceremonia, le avisé a Edward, no me puedo concentrar.
Está bien, me contestó él en su cabeza, entiendo que no estés acostumbrada.
Tomó mi mano, me sonrió con dulzura y me dio un beso en la frente. Entonces desplegué mi escudo sobre los demás, aislando sus pensamientos de mi cabeza. El silencio se sentía muy bien. Ahora no escuchaba a ninguno, sólo compartía lo que Edward pensaba. Y bueno, lo que Amanda decidía decirnos.
Renesmee, susurró la voz de la sacerdotisa, puedes entrar ahora.
Nuestra hija abrió la puerta de la cabaña y caminó tranquila hasta el centro del círculo: se sentó en el mismo lugar donde antes habíamos estado invocando los puntos cardinales. Llevaba un pantalón blanco suelto, pero ajustado en las pantorrillas, y una polera simple, de color azul marino, y sin mangas.
Puso la espalda recta y cruzó las piernas en posición india. Se giró para sonreírnos a Edward y a mí, luego hizo lo mismo para saludar a Jacob. Acto seguido, enderezó la cabeza y fijó la mirada sobre Olivia.
"¿Por qué estás aquí?", le preguntó Olivia y todas las cabezas se giraron para mirarla.
"Porque quiero estar conciente", contestó Renesmee.
"¿Qué estás buscando?"
"La llave".
"¿Por qué crees que la encontrarás aquí?"
"Porque aquí es donde me encuentro".
La bruja se puso de pie, caminó hacia el centro del círculo y se acuclilló frente a Nessie.
"¿La tengo yo?", insistió Olivia.
"Si."
"¿Dónde, en la cabeza?"
"Si."
"¿Puede tu cuerpo sostenerla?"
"Si."
"¿Y tu espíritu?
"También".
"¿Dónde está?
"Está en todas partes".
Entonces Olivia, satisfecha con la respuesta de Renesmee, volvió a su lugar.
"Empecemos por la cabeza entonces", sentenció Olivia, que reveló ser quién presidía la ceremonia en vez de Amanda. La joven bruja miró a su Cazador con el rabillo del ojo: Tomás se levantó y alcanzó a Reneesme al centro del círculo.
El joven cazador estaba armado hasta los dientes. En la espalda tenía colgada dos espadas, en las caderas llevaba un cinturón desde donde se podían ver distintas herramientas de guerra. Él era de todas maneras, mucho más aterrador de lo que me había imaginado. No se parecía en nada al cariñoso novio de Leah, ni al juguetón hermano de Olivia; era en cambio, un cazador, un herrero, un guerrero que caminaba de torso desnudo, con toda la seguridad que las armas que portaba le podían brindar. Su semblante era serio, estaba cien por ciento alerta. Pensé que si se me ocurría gruñir, o tal vez respirar lo suficientemente fuerte como para llamar su atención, lo más probable fuera que una lanza o tal vez una espada, me atravesara la garganta y yo ni siquiera lo notase.
Pero el joven cazador no tenía las manos listas para atacar. Pues en ellas, frente a su cuerpo, llevaba un objeto cubierto con un manto blanco. Alargó los brazos y le ofreció el bulto a Renesmee. Ella dejó caer el velo y reveló las armas que Tomás le ofrecía.
Eran dos. Renesmee empuñó una en cada mano: dos tridentes pequeños, que sobresalían unos treinta centímetros por sobre sus nudillos. En el centro tenían una piedra azul redondeada. Estaban confeccionados por un material plateado, pero no estuve segura si era plata o algún otro metal. Más me llamó la atención la piedra del medio; no podía despegar mis ojos de ellas, me asustaba un poco.
Es lapislázuli, me explicó Edward, la piedra que identifica a la comunidad. Seguramente nos sentimos tan amenazados en su presencia porque deben tener alguna propiedad para alejarnos.
Eso tiene sentido, le contesté yo y luego volví mi atención sobre lo que Tomás le decía a Renesmee.
"En sueños me mostraste que estas serán las armas que te acompañarán. Las hemos fabricado para ti. Sólo en tus manos serán realmente útiles. Pero cuidado, que con ellas puedes cortar tanto un papel como un árbol, tanto a un humano como a un vampiro. Úsalas con sabiduría".
Renesmee asintió, dejando caer los brazos al costado de su cuerpo. Con el movimiento, las esferas de lapislázuli parecieron brillar como el báculo de Amanda, y los vampiros en nuestro sector contuvimos inmediatamente la respiración.
"¿Te gustaría ser Cazadora?", le preguntó Tomás con simpatía.
"Si", le contestó Nessie.
"¿Crees que tienes esa habilidad?".
"Si".
"Bueno entonces, este es el trato: intenta derrocarme. Lucharemos de igual a igual, pues me he fabricado armas iguales a las tuyas", Tomás desenvainó de su espalda un par de tridentes idénticos a los de Nessie. No supe bien de dónde los sacó, pues lo único que había visto en su espalda eran las dos espadas. "Si logras destruir mis tridentes, entonces puedes ser cazadora. Si en cambio, yo logro inmovilizarte primero, tendrás que seguir descubriendo tu llamado, pasando a la siguiente etapa. Si yo gano guardaré la copia de tus armas en mi repertorio, pues entonces habré conquistado la fuerza necesaria para utilizarlas".
Renesmee apoyó una rodilla en el suelo, expandió sus brazos al costado de su cuerpo, apuntando al este y al oeste con las puntas de sus tridentes, y con la cabeza gacha susurró: "Intentémoslo".
Y todos los brujos presentes gritaron y aplaudieron para celebrar el duelo.
Tomás y Renesmee se prepararon para pelear. Cada uno se fue a una esquina contraria, él al oeste y ella al este. Antes de que Nessie se pusiera frente a nosotros, pude ver como TJ le pasó su cinturón y la mochila con las espadas a Leah para que se las cuidara mientras peleaba. Luego Nessie se acuclilló frente a Edward y a mí.
"¿Cómo lo estoy haciendo?" nos preguntó entusiasmada.
"Como Rocky Balboa", le contesté yo un poco nerviosa.
"Nessie, cariño, ¿estás segura de que no saldrán heridos de esto?", preguntó Esme evidentemente preocupada.
"Si Esme, gracias", le sonrió Nessie, "Estaré bien, Tomás es el mejor".
Nos tiró un beso en el aire y se volteó para enfrentar a su primer oponente.
La pelea se me hizo eterna, pero en realidad no duró más de quince minutos. En principio caminaron en círculos, midiendo los pasos de su contrincante. Gracias a Edward, pude leer lo que pensaba Renesmee mientras peleaba. Estaba constantemente armando estrategias y anticipando los movimientos de Tomás. Nunca se le cruzó por la cabeza la posibilidad de perder, tampoco la de matarlo. Aunque sí, más de una vez, se corrigió a si misma mientras consideraba atacarlo en el cuello.
Somos lo que somos, pensó Edward orgulloso al escuchar que su hija tenía bien marcada su herencia por el lado Cullen.
El primer paso lo dio Tomás. Tras unos 40 segundos en que se estudiaron mutuamente, el cazador se lanzó sobre ella, atacándola directamente con la punta de los tridentes. Entonces comenzó una danza rapidísima, en la que ninguno de los dos alcanzaba a tocarse, puesto que se movían con tanta agilidad que escapaban de los embates enemigos y no eran capaces de proferir ni un solo golpe certero el uno sobre el otro.
Se torcían, se doblaban, saltaban alto para evitar las patadas y los filosos cuchillos que lanzaban los tridentes. Pero a pesar de la peligrosidad que significaban el uno para el otro, la distancia que los separaba no alcanzaba a llegar a los noventa centímetros.
Renesmee lograba golpearlo muy de vez en cuando, pero no se defendía, su estrategia era claramente ofensiva. Sus intenciones fueron vencerlo desde el principio, aún cuando el joven tenía una excelente colección de armas ganadas a contrincantes derrotados en el pasado, muestra de su gran habilidad guerrera. Ella lo sabía, pero no se sentía intimidada por eso. Cada vez que atacaba, lo hacía con todas sus fuerzas, dirigiendo todos sus golpes sobre los brazos de Tomás, para obligarlo a soltar al menos uno de los tridentes. Pero el cazador sabía lo que hacía, y sus movimientos eran tan exactos que obligaban a Renesmee a cambiar de estrategia después de cada secuencia fallida.
A medida que los minutos pasaban, él se iba poniendo brillante de sudor, y mi hija comenzaba a mostrar los colmillos instintivamente. Nunca antes la había visto tan vampiro como en ese momento, ni siquiera cuando cazábamos. Pero ahora, peleando con Tomás, se estaba dejando llevar por su naturaleza. Sus pensamientos ya no estaban ligados por una línea racional, sus decisiones no pasaban por su cabeza, no eran ideas ni palabras, eran simplemente acciones que llevaba a cabo incluso antes de poder asimilarlas.
Casi a los quince minutos del enfrentamiento, el vencedor se decidió rápidamente en un movimiento que no tomó ni dos segundos. De hecho, no estoy segura que mis padre lo hayan podido entender, puesto que la velocidad en que se movió Renesmee no estaba dentro de la capacidad visual de los humanos. Y lo que realmente nos descolocó, fue que el duelo lo decidió Tomás, al dar el golpe certero que ambos estaban buscando.
Aprovechando que Renesmee bajó ligeramente la guardia, Tomás le pegó una patada con el pie derecho directamente en la boca del estómago. Ella salió volando hacia atrás, despedida por la fuerza del golpe. Hubiera caído sobre los jóvenes brujos que estaban sentados al lado de Olivia, de no ser por un muro invisible que protegía el cuadrante donde se realizaba el combate. El cuerpo de Renesmee chocó contra la pared de aire, con tal fuerza que de haber sido una pared de concreto, se hubiera desplomado. No sé cómo, pues no lo leí en sus pensamientos, pero ella contaba con la existencia de ese muro. Cuando chocó contra él, no lo hizo desparramadamente, sino que a conciencia. Pues cuando recibió el golpe en el vientre, logró reacomodarse en el aire de forma que pudiera apoyar las plantas de los pies en la contención invisible y así lograr más impulso para contraatacar a Tomás. Salió despedida con tanta fuerza, que él no la vio venir, pues esperaba que cayera sobre el pasto y no que se lanzara inmediatamente sobre él. Esa sorpresa en el moverse de Nessie fue el punto decisivo, la forma en que logró penetrar las defensas del cazador y dar fin a la batalla.
Renesmee voló por los aires y pasó sobre la cabeza de Tomás. Mientras pasaba, impulsada por la fuerza de la patada y la de su propio salto, alargó los brazos para enredar las puntas de sus tridentes en los de Tomás, arrebatándoselos de las manos. Antes de apoyar los pies sobre el suelo, a espaldas del cazador, soltó sus armas y con el mismo movimiento las cambió por las de Tomás.
El chico alcanzó a voltearse hacia Renesmee justo para ver como ella destruía los tridentes, haciéndolos chocar uno contra otro, atacándose entre sí. Gracias a lo filoso de sus puntas y a la fuerza sobrenatural de Renesmee, los tridentes de Tomás se deshicieron instantáneamente, quedando reducidos a polvo. Lo único que quedó fueron las dos esferas de lapislázuli, que cayeron silenciosas sobre el césped.
Vítores, aplausos y chiflidos se escucharon desde todos los bandos en cuanto vimos los tridentes hechos polvo. Brujos, licántropos y vampiros celebraron a Renesmee como la ganadora indiscutida del duelo.
Tomás, aún inmóvil en su derrota, miraba a mi hija con la boca abierta. Ella se volvió hacia él, tomó sus tridentes del suelo y caminó al encuentro del cazador.
"Gracias TJ", le sonrío y luego le ofreció la mano, "son unas armas maravillosas".
El chico aceptó el apretón, aún sin sacudirse el impacto del rostro.
"Eso fue rápido", reconoció Tomás, "una contrincante como ninguna".
"Gracias", contestó Nessie y le dedicó una reverencia al cazador vencido.
"Si este será tu camino, entonces se bienvenida a aprender con nosotros", le invitó Tomás señalando a Lucas, su maestro. Luego volvió a sentarse junto a Olivia.
"¿Cuál será la siguiente etapa?" preguntó Olivia a Nessie.
"La que tu me indiques", contestó.
El báculo de Amanda, al otro lado del círculo, brilló con otro tono de luz, iluminando el lugar con un centellar rosado que recorrió una sola vez el lugar rápidamente, de extremo a extremo, como si fuera una baliza.
Entonces Bengara se puso de pie.
La segunda etapa de la iniciación pondría a Renesmee bajo el poder de la ilusionista, la hermosa chica que podía hacerte soñar lo que fuera su voluntad, enterarse de tus miedos más profundos, jugar con tu cabeza hasta hacerte perder el sentido de la realidad.
Esta me da más miedo que TJ, le confesé a mi marido, que se mantenía atento en nuestra hija.
Al menos podremos ver lo que ella está viendo, me contestó, sin lograr esconder su angustia.
En ese momento agradecí de corazón que Amanda nos hubiera enseñado a compartir nuestras habilidades. La sacerdotisa nos había dicho que sería muy complicado para nosotros presenciar la ceremonia sin saber qué estaba pasando. Nos adelantó que muchos de los procesos del ritual se llevarían a cabo en dimensiones a las que los vampiros no podíamos acceder, con la obvia excepción de Edward, que lo vería a través de los pensamientos de Renesmee. Ella y Olivia nos estuvieron enseñando a fundir nuestras energías para poder ver todo lo que pasaría durante la iniciación, incluso aquellas cosas que escapaban a nuestra vista.
Lo que estaba por suceder, lo verían sólo los brujos, Edward y yo. Para el resto, sería una batalla silenciosa e inmóvil.
"¿Quién eres?", comenzó Bengara.
"Renesmee".
"¿Qué significa eso?", replicó la bruja ladeando ligeramente la cabeza.
Renesmee no respondió, solo levantó los hombros y luego los dejo caer. Amabas chicas estaban sentadas una frente a la otra en posición india. La distancia que las separaba no superaba los cincuenta centímetros.
Bengara no continuó con las preguntas.
A través de lo que Edward podía leer en la cabeza de Renesmee, pude ver cómo la energía de la bruja contrincante comenzaba a palpitar con más fuerza, variando de colores, haciéndose cada vez más grande y espesa.
El aura envolvió completamente el cuerpo de mi hija, antes de que Bengara volviera a hablar.
"¿Me mostrarías quién eres?"
"Si", contestó Renesmee e inmediatamente tomó aire con un gemido casi inaudible y su mirada se perdió. La bruja al frente de ella, cerró los ojos con calma.
Al mismo tiempo que veía a ambas contrincantes sentadas en el centro del círculo, una borrosa oscuridad se comenzaba a sobreponer a la imagen real que tenía enfrente, como si un mundo paralelo se estuviera apoderando de mis ojos. Revisé el rostro del resto de los espectadores, pero ninguno parecía experimentar el mismo fenómeno.
Me giré hacia Edward y le vi con los ojos cerrados.
Cierra los ojos, me indicó, así podrás ver sólo lo que Bengara le está mostrando a Renesmee.
Seguí las indicaciones de Edward y entendí por qué veía dos imágenes superpuestas: una era la que estaba frente a mí, la que compartía con el resto de los presentes, la que veían mis ojos. La otra era la que estaba en mi cabeza, traspasada directamente desde la de Edward, que leía en los pensamientos de Renesmee, lo que Bengara le estaba obligando a soñar.
Primero hubo oscuridad. No se escuchaba nada. No había luz, ni sonido, ni textura. Era el vacío. Nada, nada, nada, nada, pensaba Renesmee mientras intentaba moverse, fallando en encontrar su propio cuerpo. Luego a lo lejos, se prendió una tenue luz, revelando una silueta gris en el suelo. Ella enfocó los ojos sobre la figura y entendió inmediatamente de qué se trataba: Jacob. La angustia que sintió le ayudó a tener por fin conciencia de sus pies, de sus manos, de sus ojos.
Corrió hacia él con toda la fuerza que pudo. Cuando lo alcanzó, se arrodilló a su lado para prestarle auxilio, pues estaba claramente herido, quizás muerto.
Intentó tocarlo para verle la cara, pero sus manos pasaron de largo por sobre el cuerpo lobuno de Jacob, sin siquiera tocarlo. Como si Renesmee fuera un fantasma intentando acariciar a un ser vivo.
El licántropo jadeó de dolor, retorciéndose y aullando. Desde el ángulo en que Nessie se encontraba, no se le podía ver ninguna herida, nada que le estuviera causando tanto sufrimiento.
Renesmee comenzó a desesperarse, ¿Qué te sucedió, dónde está tu herida, cómo te ayudo? Jacob, ¡háblame!, pero el lobo siguió contorsionando su cuerpo de dolor invisible. Ella intentó tocarlo varias veces, pero seguía traspasándolo sin lograr conectarse con él. Luego se puso de pie y caminó en círculos entorno a él, buscando una herida. Cuando llegó a verle el rostro se agachó sobre su hocico, y pudo distinguir en su cuello un brote de sangre. Era una abertura pequeña, casi una línea. No corría casi nada, pues la herida era ínfima.
Oh no, se lamentó Renesmee y luego un pequeño gemido de lamento entró en escena. Miró por sobre su hombro hacia la dirección desde donde provenían los sollozos. En una esquina, una joven lloraba con la cabeza entre las rodillas, balanceándose de atrás hacia delante.
Nessie caminó hacia ella, la remeció de los hombros y gritó, ¿Qué sucedió? ¿Qué hiciste?, y profirió un gruñido de vampiro adulto. Sonaba como un inmortal cualquiera, no como uno mitad humano. La diferencia entre el sonido que salió de su boca y el verdadero sonar de los gruñidos de Renesmee la hicieron cerrar la mandíbula, asustada por el sonido de su propia voz. Luego se reincorporó para mirar a la chica desde lo alto.
Entonces la desconocida levantó lentamente la cabeza para enfrentar a Nessie.
Lo siento mamá, lo mordí, un hilo de sangre colgaba de la comisura de los labios de la niña, que era Reneesme de unos diez años, y se mezclaba en sus mejillas con las lágrimas que no paraban de caer desde sus ojos.
Cuando Renesmee descubrió que la chica que lloraba era ella misma, la perspectiva del sueño cambió: ahora ella miraba desde los ojos de la muchacha que había herido a Jacob. Y la mujer que la enfrentaba, la que le había gruñido con horror, era yo.
Eres veneno para él, lo sabes Renesmee, le dije "yo".
No, no –se disculpó Nessie –yo no lo hice, yo no soy… Mamá, yo, no soy veneno para él.
La imagen que me representaba se dio la media vuelta, dándole la espalda a Renesmee y al cuerpo moribundo de Jacob.
Tendrás que explicárselo a ellos, le dije entre dientes y luego caminé lejos de ella hasta desaparecer en la oscuridad. Entonces aparecieron una docena de licántropos furiosos, con las orejas levantadas y mostrando los colmillos. Encerraron a Renesmee y al ahora cadáver de Jacob en un círculo y comenzaron a avanzar hacia ella.
Renesmee perdió la cordura. Cerró los ojos y bajó la guardia. Se iba a dejar vencer por los lobos, no pondría resistencia a que la mataran, pues se consideraba una asesina. Había mordido a Jacob, lo había envenenado con su saliva.
Él ya no existía y ella no pretendía vivir así.
Bajó los brazos, completamente abatida, esperando a que la despedazaran. Pero entonces, por un breve instante, el instinto de supervivencia la obligó a abrir los ojos y lo primero que vio fue el inconfundible pelaje claro de Leah en su forma lobuna.
La imagen de la compañera de manada de Jacob, trajo a Renesmee los recuerdos concientes de su vida. En rápidas imágenes, vio pasar un resumen de su existencia, desde su primer recuerdo, hasta el momento en que Bengara estaba frente a ella en el jardín de la cabaña.
Entonces recordó: se puso de pie, mirando al frente como enfrentando a algo o a alguien, que se mantenía escondido entre las sombras. Luego, como si estuvieran obedeciendo las órdenes del alfa, los lobos retrocedieron cautelosamente, para luego desaparecer en la oscuridad.
En cuánto se volvió a sentir segura, Renesmee bajó la mirada para revisar el cuerpo inerte del lobo a sus pies. Jacob seguía ahí, muerto, solo que ahora estaba en su forma humana. Ella se arrodilló para tomarle la cabeza y acurrucarlo. Ya no lloraba. Por el contrario, su boca estaba curvada en lo que parecía ser una sonrisa.
Un par de segundos después él abrió los ojos, la reconoció inmediatamente y levantó el torso para abrazarla. Fuerte, como si nunca antes lo hubiera hecho.
Luego lentamente, Jacob comenzó a desaparecer.
Renesmee se quedó arrodillada en la oscuridad. No decía nada. El cuerpo de Jacob aún marcaba una silueta entre sus brazos, pero no se sintió desesperada, ni derramó lágrima alguna tras verlo desvanecerse.
Al rato se puso de pie, y la oscuridad comenzó a menguar revelando enormes sombras, altas y de contornos asimétricos. La luz empezó a hacerse paso entre las sombras, llegando en pocos segundos a iluminarlo todo.
Renesmee, aún de pie, se encontraba ahora en medio del bosque. Ya no sonreía, pero tampoco lloraba. Su rostro era inexpresivo, pensante.
Luego en voz alta, habló.
El error aquí, Bengara, es que tengo la vigilia eterna en mí.
Mi padre es un vampiro, ¿recuerdas? Puedo dormir, puedo soñar, pero también puedo estar tan conciente de todo como si estuviera despierta.
¿Sueños lúcidos les llaman, no es así?
De la nada, la figura de Bengara, sentada a lo indio con los ojos cerrados, apareció a unos cincuenta metros de Renesmee entre los árboles. Nessie caminó a su encuentro, se acuclilló frente a ella y susurró.
No quiero ver tus miedos, no quiero espantarte. Podría hacerlo, pero están todos mirando, y eso no sería muy amistoso de mi parte. Así que mejor nos vamos a despertar ahora, a la cuenta de tres.
Uno…
Dos…
¡Tres!
Renesmee se lanzó sobre el cuerpo inmóvil de Bengara y las dos chicas se fusionaron con la tierra, desapareciendo en infinitas partículas que se esparcían veloces como arañitas. La imagen en mi cabeza, el sueño de Renesmee, terminó.
Abrí los ojos y ante mí, en el jardín de la cabaña, las dos chicas se encontraban estiradas en el césped, Renesmee sobre Bengara, con sus brazos aferrándola con fuerza y la cabeza hundida en el surco del cuello de la bruja.
La prueba estaba claramente concluída, solo que esta vez, nadie aplaudió. En las dos esquinas, Amanda y Olivia se habían puesto de pie. El resto de los brujos observaban a las chicas en el centro del círculo con expresión de sorpresa.
"Gracias Nessie", susurró Bengara mientras se incorporaba, "Eres una buena persona, una gran amiga".
Renesmee le sonrió de vuelta y se puso de pie. Le ofreció la mano a Bengara para ayudarla a levantarse, pero al mirar a su alrededor descubrió que las dos hermanas la miraban atónitas, bajó los brazos.
No sabía por qué estaban así, por qué Lucas sonreía tan complacido ni por qué los brujos susurraban cosas entre ellos. No entendía qué estaba sucediendo.
Nos miró a Edward y a mí buscando una respuesta, pero nosotros tampoco entendíamos.
"¿Sabes lo que esto significa?", le preguntó Bengara cariñosamente, adivinando en el rostro de Nessie, la angustia que le provocaba la reacción de los brujos presentes.
"No estoy segura".
Bengara sonrió y le acaricio los brazos. "Ya has pasado dos etapas, eso quiere decir que eres Cazadora e Ilusionista. Pero sabrás que no existe tal cosa. Se puede ser sólo una. Las únicas que pueden manejar todas las etapas, son las sacerdotisas."
Renesmee abrió los ojos en su máxima expresión y yo sentí que me atoraba con saliva. Edward me apretó la mano con fuerza, Jacob dejó caer la mandíbula y el resto de los presentes comenzaron a especular sobre lo que significaban las palabras de Bengara.
Me tomó medio minuto asimilarlo, pero luego la conclusión era obvia. Sacerdotisa… Renesmee sería sacerdotisa.
"¡Renesmee!", gritó Amanda desde el extremo norte del círculo, "Has conquistado dos habilidades en el primer intento. Eso quiere decir que tu naturaleza indica que eres sacerdotisa, pues te compenetras con todas las formas que toma la energía".
Nessie intentó disimular, pero a mi no me podía engañar: estaba suprimiendo una sonrisa.
"Te quedan aún tres etapas por superar, pero no cabe duda que lograras dominarlas. Enfrentarás los retos que Gabriel, Elisa y Xia han preparado para ti, sólo para que Olivia y yo establezcamos el nivel que tienes y desde ahí te enseñemos lo que las sacerdotisas han traspasado de generación en generación. Pase lo que pase, serás iniciada como aprendiz de sacerdotisa".
Los brujos aplaudieron y gritaron felicitando a Renesmee, permitiéndole a los licántropos y a los vampiros que estaban ahí, entender la reciente revelación como un logro, un premio, el máximo honor, pues era el rango más elevado.
En poco tiempo, el ruido de la celebración parecía de estadio.
Las hermanas se reacomodaron en su lugar y Bengara volvió a su puesto. Observé a los tres brujos que aún debían presentar sus duelos y por sus caras entendí que los enfrentamientos ya no serían iguales, pues ahora todo había cambiado.
Las palabras de Amanda fueron tomadas por el resto de los contrincantes de Renesmee como una sentencia. Todos los formalismos que rodeaban el inicio de las pruebas se esfumaron. Los brujos que quedaban, fueron pasando uno a uno sin mayores preguntas y concientes de que serían derrotados.
Incluso Nessie se sentía más segura, tanto que no le fue para nada complicado sobreponerse a sus contrincantes. Parecía que con tan solo entender cuál era su conexión con la energía, había logrado dominarla por completo.
Elisa fue la siguiente y la más breve de todos los oponentes. Se puso de pie, caminó hasta el centro, se detuvo a un metro de Nessie y cruzó los brazos.
Renesmee la observó con simpatía, permitiendo que se le escapara el principio de una carcajada por la nariz. Luego habló imitando la voz de Elisa, "No voy a ponerte a prueba porque esta prueba ya la superaste. Y no intentes ser tan buena como yo, porque soy la mejor adivina –Alice carraspeó ante esa afirmación –con vida, que hay en el mundo".
"Bien dicho", replicó Elisa satisfecha, y Renesmee rió con ganas. Las dos chicas se abrazaron brevemente.
"Me parece suficiente", exclamó Olivia dando por terminada la prueba.
"Menos mal", se burló Alice despacio para que la escucháramos solo los del lado este, "Hubieran estado adivinándose las palabras por mucho tiempo".
"Y ya sabemos lo desagradable que puede ser eso", replicó Jasper besándola en la mejilla.
La prueba había durado lo que se demoró Renesmee en adivinar lo que Elisa iba a decir. Las conversaciones entre los espectadores empezaron a sonar como un zumbido lento. El aire festivo se estaba levantando entre todos los que estábamos en el jardín, pues sabíamos que no había más riesgos para Nessie, y que todo lo que quedaba por delante, eran dos brujos, una iniciación, una fiesta y un gran banquete.
El siguiente turno fue de Gabriel.
Él joven sanador fue muy caballeroso con Renesmee. Antes de comenzar el duelo le dio un abrazo, le tomó las manos y se disculpó por lo que estaba a punto de suceder.
Jacob entornó los ojos ante la escena.
Ella le contestó con una reverencia. Y después le tiró un rápido beso a Jacob, que no se relajó hasta que Gabriel le soltó las manos a su novia.
La prueba era tan movida como había sido el duelo contra Bengara. Nuevamente, Edward y yo tuvimos que recurrir a los pensamientos de Renesmee para poder entender lo que sucedía. En un principio, todo lo que sabíamos era que Gabriel le había puesto la mano sobre el hombro derecho a Nessie y ella había hecho lo mismo en el lado izquierdo del brujo.
Se mantuvieron así por más de veinte minutos, incluso más que con Tomás.
En los pensamientos de Renesmee, lo único que podíamos ver era luz. Y eso no nos daba una idea muy clara de la naturaleza del duelo, pues ni siquiera había pensamientos en ella que nos pudieran dilucidar qué estaba haciendo, cómo estaban peleando, qué significaba la luz y cuánto duraría el silencio.
Edward, pensé, voy a destapar a Olivia, ¿crees que sirva?
Buenísima idea, me felicitó, de verdad no entiendo nada.
En una fracción de segundo removí el escudo del cuerpo de Olivia y pudimos ver inmediatamente, desde su ángulo, la lucha energética que llevaban a cabo los jóvenes brujos al centro del círculo.
Envarados, sosteniéndose mutuamente, Gabriel y Renesmee intentaban abatirse drenando el aura del otro. Lo que veían los ojos de Olivia eran dos grandes masas de espesa luz blanca rodeando la unión de los brujos. Por momentos se debilitaba el contorno en un flanco, pero luego la energía era reabsorbida y se reestablecía el equilibrio en ambas auras.
La lucha era tan pareja, que no se podían hacer aproximaciones sobre cuánto duraría el enfrentamiento, ni sobre quién saldría victorioso.
Incluso Olivia se aburrió: inclinándose para ver a su hermana entre las piernas de los contrincantes, la miró levantando las cejas y la incitó, ¿Hasta cuándo quieres probar?
Amanda miró al cielo y la ignoró.
Pero no tuvimos que esperar mucho. De pronto el color blanco que rodeaba a los brujos comenzó a graduar en intensidad, para pasar a distintas gamas de colores muy rápidamente. ¡Por fin!, pensó Olivia, y entonces una especie de explosión muda encegueció a la bruja y le obligó a protegerse los ojos.
Edward y yo quedamos sordos de sus pensamientos, por los que tuvimos que confiar en lo que podíamos ver con nuestros propios ojos: Nessie y Gabriel inconscientes sobre el césped.
Tuve un atisbo de desesperación, pero los brujos aplaudieron con tantas ganas el desmayo de sus compañeros, que supuse era normal que los dos hubieran perdido el conocimiento.
Tal vez era un empate…
Diego, el amigo de Amanda sentado más a su izquierda, se levantó sin decir palabra y se acercó a los jóvenes inconcientes. Posó sus manos en ambas cabezas y cerró los ojos. A los pocos segundos, Renesmee y Gabriel despertaron como si nada hubiera sucedido, se rieron satisfechos y se estrecharon la mano, sentenciando el empate.
Quiero que termine pronto esta tortura, gemí en mi interior mientras me acurrucaba sobre el costado de Edward. Él pasó su mano por mis hombros, me besó rápidamente y pensó, Esto se me está haciendo más largo que tu embarazo, ¿sabes? Gruñí bajito en respuesta, pero en realidad estaba de acuerdo con él, las pruebas se me habían hecho eternas; parece que no había respirado en siglos.
Y todavía nos queda una, la peor, me advirtió Edward.
Oh no… ¡Oh no! Oh no, no, no, no, no, reclamé pero nadie más que él me podía escuchar. Me senté derecha para escrutar el escenario y vigilar las intenciones de Xia, que se abría paso entre sus compañeros para darle caza a mi hija. Era la última prueba, la más difícil, la peor, la única que podía resultar con la muerte e incineración de Renesmee.
Xia parecía satisfecha con el silencio sepulcral que reinó en el público inmediatamente después de que ingresara al círculo. Miró a los vampiros a su derecha y sonrió con los labios juntos. No se acercó a Renesmee como el resto, en cambio se mantuvo a escasos centímetros de la vasija sur. En el otro extremo, Nessie retrocedía con cautela, concentrada en los ojos de Xia, sin mirar atrás.
En el sector este del círculo, donde estábamos sentados los vampiros, los susurros angustiados comenzaron a crecer lentamente. Todos temían a la pequeña bruja y no se sentían seguros ante ella.
Tal vez Amanda los escuchó, o a lo mejor lo hizo sólo por educación. El caso es que la sacerdotisa se puso de pie y dio una pequeña explicación al público antes de que comenzara la última prueba.
"El enfrentamiento entre Xia y Renesmee es seguro para todos. Sé que la mayoría de ustedes han podido observar lo que mi prima es capaz de hacer. Por lo mismo –sobre todo a los vampiros presentes –quisiera explicarles que hay un velo protegiéndolos. Si alguna chispa sobrepasara el perímetro que hemos delimitado, rebotará hacia dentro, extinguiéndose antes de tocar el piso. Pueden ver la prueba, sin temer por sus vidas ni por la integridad de la casa y el jardín".
Xia sonrió con ganas al percatarse del temor en el rostro de los vampiros. La arrogancia con la que miraba a Renesmee exponía sus intenciones con respecto al duelo: no pensaba perder; parecía dispuesta a cualquier cosa. Al otro lado del círculo, Nessie tampoco pensaba dejarse abatir por la pequeña pelirroja.
Amanda alcanzó a reacomodarse en su lugar, cuando Xia estiró las manos con fuerza, como lanzando una pelota hacia Renesmee, creando desde las palmas de sus manos una llamarada potente y enceguecedora, que atravesó la distancia entre ellas para chocar con otro espiral de fuego, proveniente de las manos de Nessie.
A pesar de que todos teníamos conciencia del muro de aire que nos protegía de las llamas, la mayoría de los vampiros echaron el cuerpo hacia atrás, listos para escapar si las cosas se salían de control.
Ambos vértices de fuego luchaban por sobreponerse el uno sobre el otro y quemar a su adversario. La fuerza de Xia era sorprendente. Tenía los ojos fijos sobre Nessie y no se movía de su posición, a pesar de que por su rostro y por la posición de su cuerpo, se veía que estaba haciendo un esfuerzo considerable.
Renesmee por su parte, le mostraba los dientes amenazantes mientras intentaba incrementar la fuerza del fuego que estaba produciendo; le temblaban los brazos y a ratos daba cortos gruñidos de esfuerzo para aumentar la intensidad del ataque, pero aún así no lograba ganar terreno.
Al cabo de media hora, ninguna de las dos hacía avances. Era un empate por donde se le viera. Pero no querían darse por vencidas. Sobre todo Xia, que aprovechó todas las herramientas del escenario: dio una pequeña mirada a su alrededor e identificó la potencialidad de las velas. Entrecerró los ojos y concentrando todo su poder, generó otra llamarada con la mecha encendida que flotaba sobre la vasija oeste. Renesmee, anticipando la jugada, hizo lo mismo con la del lado este. Inmediatamente después, las cuatro llamas, provenientes de cada vasija, peleaban entre ellas para extinguirse. Eran tan potentes que comenzaron a chocar con la pared de aire que protegía a los espectadores. A medida que los espirales iban chocando con el muro de contención, se iba delimitando más y más la forma que tenía: una burbuja.
A los pocos segundos de que las velas entraran en la pelea, la burbuja se transformó un caos de proporciones: seis espirales de fuego se debatían entre las brujas para ganar terreno. Pasaban rozándose mutuamente sin lograr alcanzar sus objetivos, dificultando cada vez más la visión hacia el interior del perímetro. No pasó mucho tiempo antes de que el fuego y el humo nos bloquearan todo, y se hiciera imposible, para los que estábamos afuera, identificar las dos figuras humanas que peleaban entre medio de las llamas.
De pronto, todo se volvió silencioso y el fuego se extinguió completamente desde ambos extremos. Cuando el humo disipó el interior de la burbuja, pude reconocer cuatro figuras, dos de pie y dos en el suelo.
Xia y Renesmee yacían inconcientes, cada una resguardada por un sanador: Diego y Gabriel respectivamente.
Entendí, al ver a Amanda y Olivia de pie en cada punta, que ellas habían decidido el resultado del duelo como un empate, y habían mandado a "apagar el incendio", encargándoles a los sanadores que drenaran las energías de las brujas piroquinéticas.
Xia dio una rápida ojeada a Renesmee con el rabillo del ojo, pero no expresó nada con respecto a haber empatado la prueba. Probablemente se consideraba derrotada. Eso no podíamos saberlo con exactitud. Lo importante era que se estaba retirando, volviendo a sentarse junto a sus compañeros, detrás de la vasija del lado sur.
Gracias a Dios terminó, rezó Edward, mientras en el círculo, Diego y Gabriel le devolvían la conciencia a las brujas.
¿Estás seguro que terminó?, dudé en mi cabeza. Las pruebas habían concluido, eso estaba claro. Pero la iniciación todavía no comenzaba.
Renesmee volvió a sentarse sola en el centro del círculo, y un aire solemne invadió a los brujos que la observaban con admiración.
Levanté la cabeza y me fijé en la luna. Estaba redonda como un plato. Hoy era noche de luna llena.
"Renesmee", habló Amanda poniéndose de pie.
Olivia, al otro lado, la imitó.
"Este es el comienzo de tu camino. Tienes todo lo que se necesita: el resto, lo aprenderás día a día.
"Gracias Amanda, gracias por todo", contestó Renesmee mientras se limpiaba disimuladamente las lágrimas de las mejillas.
"Serás una sacerdotisa. Aunque un nuevo estilo de sacerdotisa, pues empezarás este viaje con una gran misión y sin compañeros definidos". Jacob bufó sin disimulo al escucharse descartado como parte de la cordada de Nessie.
Amanda sonrió maternalmente hacia los lobos.
"Es cierto, desde ya tienes grandes aliados. Pero ni los lobos, ni los vampiros que nos acompañan ahora serán parte de tu cordada, pues ellos tienen otros caminos que recorrer. El Universo te mandará a los mejores compañeros, pero habrá que tener paciencia.
Mientras tanto –agregó- ¿Quieres la llave? –la mirada de Amanda se había puesto dura, aunque se le veía satisfecha y ansiosa de comenzar con la iniciación.
"Si", contestó segura Renesmee y agachó la mirada.
Entonces Amanda se levantó ligeramente el vestido y caminó hacia ella. Se arrodilló frente a Renesmee y apoyó el báculo en el césped, sosteniéndolo con la mano derecha. Luego le tomó el mentón para levantarle la mirada. Las dos mujeres se miraron con intensidad.
Amanda abrazó con fuerza a Renesmee. Al hacerlo, el báculo iluminó de blanco todo el lugar, obligando al resto de los presentes a protegerse los ojos.
Cuando pude nuevamente enfocar los ojos sobre mi hija, Olivia había avanzado hacia el círculo y completaba la unión abrazando a Nessie desde la espalda. Luego, uno a uno, cada brujo fue entrando y uniéndose al grupo, compartiendo el abrazo. Cada vez que llegaba uno, el báculo cambiaba momentáneamente de color y luego volvía a brillar blanco.
Cuando el grupo estuvo completo, sucedieron varias cosas al mismo tiempo.
Primero una explosión blanca de luz proveniente de la piedra que –en algún lado –Amanda sostenía, dio paso a un fulgor dorado y potente que desde el punto más alto de energía, comenzó lentamente a perder intensidad. En el clímax de la luz dorada, la tierra comenzó a temblar ligeramente y una pequeña brisa se levantó entre los que estábamos en el jardín, girando alrededor de la masa de brujos abrazados.
"¿Tú estás haciendo eso?", le preguntó Amun a Benjamin entre dientes.
"Si, pero no sé cómo, no lo puedo controlar, mis poderes no responden a mi voluntad", en vez de angustiado, el pequeño y menudo vampiro egipcio parecía complacido por estar participando de la iniciación.
Lentamente, el temblor disminuyó hasta desaparecer, al mismo tiempo que lo hizo la luz dorada del báculo de Amanda. Luego la brisa se detuvo y todo quedó sumido en el silencio y en la oscuridad.
De pronto, una capa blanca de luz emanó de los brujos: los cubría totalmente y palpitaba como si fuera un corazón. No había luz, las velas se habían apagado, pero no era necesaria ningún tipo de iluminación, pues la energía era potente. No tanto como el báculo, pero lo suficiente para poder distinguirla en la oscuridad.
"Dios mío", susurró Esme con los ojos enfocados en los brujos.
Edward y yo nos desconcentramos de lo que veíamos para analizar a Esme y luego a todos los que nos acompañaban.
"¿Puedes ver la luz?", le preguntó Edward a su madre.
"Es preciosa", le respondió con esa voz que sonaba a llanto. Pero esta vez, sus casi lágrimas eran de emoción.
"Yo también lo puedo ver", dijo Alice.
Analicé la mirada de todos los que estábamos ahí, humanos, vampiros, licántropos, todos podíamos ver como la luz protegía al grupo de brujos al centro del círculo. Podíamos distinguir perfectamente las palpitaciones y luego los cambios de colores, los brillos, las oscilaciones de la luz, todo, tal como si estuviéramos mirando a través de un caleidoscopio.
Lentamente, la luz que rodeaba a los humanos comenzó a extinguirse y los brujos, uno a uno, se fueron separando del grupo para sentarse a pocos pasos del núcleo, aún dentro del círculo que delimitaban las vasijas.
Al final sólo quedaron Amanda y Renesmee, abrazadas y rodeadas del aura blanca del principio. Estaban al medio, eran el centro de un nuevo círculo dentro del círculo.
Se quedaron ahí, quietas, durante algo más de un minuto. Luego Amanda se separó ligeramente de Renesmee, pero no la soltó. Si lo hubiera hecho, se hubiera dado un porrazo contra el piso, pues estaba completamente inconciente.
La sacerdotisa apoyó ligeramente la cabeza de mi hija sobre el pasto y volvió a sentarse en el círculo de brujos, entre Tomás y Olivia.
Se tomaron todas las manos, mientras Renesmee seguía brillando al medio del círculo. Luego Amanda se volteó y le dio un beso a su hermana en los labios; ella hizo lo mismo con Elisa, que estaba a su lado; a su vez, Elisa besó a Gabriel, y así sucesivamente los brujos intercambiaron un beso hasta que Tomás hizo lo mismo con Amanda.
"Bienvenida, Renesmee", susurró la sacerdotisa. Se le quebró la voz y comenzó a llorar silenciosamente.
Entonces el cuerpo de Renesmee se elevó despacio del suelo, levitando lentamente hasta quedar a un metro del césped. Se mantuvo estoica un par de segundos en el aire y luego, despacio, recobró el movimiento, apoyando suavemente los pies sobre la tierra.
Cuando estuvo de pie, me miró directamente a los ojos. Luego los cerró, inspiró profundo, se agachó para tocar el césped y desde el suelo volvió a levantar su cabeza hacia su padre y hacia mí.
Nos sonrió contenta.
"Hola", fueron sus primeras palabras.
