Un rayo del sol matutino golpeó el rostro pacífico de Italia. Rápidamente, como si fuera un molesto mosquito perturban su sueño, elevó su brazo y con la parte interna cubrió sus ojos. Realmente le molestaba. Dio un bostezo y continuó tapándose los ojos. Abrió un poco su ojo derecho y una lagrimita recorrió por su mejilla; confirmo que era de mañana al ver el sol por la ventana. El italiano hizo una mueca, realmente no quería despertarse; así que se colocó boca abajo y, para que no lo molestara más el sol; se cubrió con la sabana hasta la cabeza. Pero, aunque haya encontrado la manera de evitar el sol; su mente le continuaba diciendo que era de día y que debía levantarse. Intentando de ignorar esa orden de su conciencia, giraba de un lado para otro en la cama. Pero insistía fuertemente. Como tal niño que es obligado a levantarse de la cama por culpa de su madre, Italia se destapó. Se levanto con cuidado y se sentó a la orilla de la cama. Estiró sus brazos mientras bostezaba fuertemente. Hizo un leve gruñido por haber sido levantado obligatoriamente. Era demasiado temprano para él. El italiano, que aún se balanceaba de un lado para otro, se dio cuenta de algo. Talló sus ojos con cuidado y los abrió de par en par. Algo había de diferente en su habitación. La puerta del baño no se encontraba a la derecha, ni el ropero se encontraba aún lado de la puerta principal. Y lo más importante, estaba usando ropa. ¿Un Italiano que duerme con ropa? Definitivamente era distinto. Veneciano continuó haciendo observaciones adormilado. ¿Será un sueño? ¿O posiblemente alguien modifico su cuarto mientras dormía? Estas preguntas rodeaban su cabeza, pero pronto tendrían una respuesta.

Un profundo suspiro y el mover de las sabanas se escucharon por detrás del italiano. Eso fue suficiente para que Italia reaccionara por lo menos un poco mejor. Al voltear se encontró con una gran sorpresa. Alemania se encontraba en la misma cama en la que él había despertado. Se encontraba placidamente dormido con los brazos estirados; como si quisiera tomar algo entre ellos. –Veee…- pronunció suavemente Italia. Y un flash back regreso a su mente. La noche anterior había ido corriendo a la cama del alemán y se había quedado a dormir con él. También recordó lo que había pasado ese mismo día. Cuando descubrió, que las memorias de Sacro Imperio Romano habían vuelto hacía él.

El italiano continúo mirando con detenimiento el rostro de Alemania. Sus facciones de su rostro se encontraban relajadas y no tan marcadas como las solía tener. Sin ninguna reacción, Italia se levantó de la cama cuidadosamente para no despertarlo y se encamino hacía la salida. Pero, el sonido que provocaban las manecillas del reloj llamó la atención del italiano. Las 6:00 de las mañana marcaban.

Italia hizo un leve mohín.

Volteó nuevamente hacía la cama, todavía continuaba Alemania con los brazos extendidos y con las manos hechas puños, ya que no había algo para poder rodear. Vaciló un momento el pelicastaño, buscando un pretexto para no ir hacia esa cama, que lo llamaba tentativamente. Pero era tanto su sueño, que no lo soporto y se rindió ante la idea de marcharse. Camino suavemente y con mucho cuidado, levanto las sabanas y se metió con cautela. Ni siquiera Alemania lo había sentido. Italia se acomodó dándole la espalda al alemán, se sentía un poco incomodo para darle la cara; después de todo lo sucedido. Le había gritado, le había reclamado, había vaciado todo lo que su alma cargaba; pero no se sentí bien consigo mismo. Era como si hubiera cometido el peor error que existe en la vida. Quería estar solo, pero no podía, como si todo el mundo estuviera en su contra; de que se encerrara en su burbuja de soledad. Como hace mucho tiempo.

Recordó las palabras de Prusia, que eran como una leve sacudida que lo hacían recapacitar cuando pensaba en huir. Que lo ataban y no podía hacer nada en contra de eso.

Lentamente, se empezó abrazar a si mismo. Ahora se sentía culpable. Juzgo malamente a esa persona. Él nunca tuvo la culpa de nada, fue de esa guerra; de esa estúpida guerra que los separó muy lejos. Pero, como siempre había algo que lo hacía volverse a su coraza irracional. "Era una promesa" se repetía su mente y convencía al corazón. Italia sacudió su cabeza, eso no era verdad. La mentira era que creía, que él que tenía toda la culpa era Sacro Imperio Romano. Pero no era así. Veneciano empezó a tomar una posición fetal, escondiendo su cabeza entre sus brazos.

¿Qué debía hacer? ¿Qué era la verdad? ¿Cuál era la mentira? ¿Cómo volvería todo a la normalidad? ¿Cómo se enfrentaría con Alemania a partir de ahora en adelante? ¿Y si lo terminara odiando por su reacción? ¿Qué sería de él de ahora en adelante? ¿De donde sacara todo ese valor, que nunca ha tenido?

Como un remolino, varias sensaciones empezaron a atacar la mente del pobre italiano.
Confusión, miedo, terror, soledad, incapacidad, pesimismo, cobardía. Como un menjurje de una bruja, que busca acabar con su enemigo de una vez por todas. Con mucha fuerza, Italia apretó sus dientes y sus ojos. No debía volverse vulnerable, tenía que tomar el valor y confrontar las cosas. No era un niño, y aun que lo fuera; debía enfrentarse a sus miedos. Pero se sentía tan abatido. –Ayúdenme…- susurró bajamente, -Ayúdenme…- suplicaba con una tuene voz. Rogaba en silencio, rogaba solamente a Dios; ya que nadie en la tierra quería hacerse cargo de él. Unas lágrimas empezaron a brotar.

De repente unos brazos rodearon al italiano. -¿Qué sucede?- murmuró una voz grave adormilada. Veneciano se dejo llevarse entre los brazos y se recorrió hasta que su espalda diera con el pecho de alemán. Alemania al tener cerca al italiano lo pudo abrazar con fuerza. Italia solo se dejo llevar, ya que no tenía fuerza para poder imponerse ante él. -¿Tuviste una pesadilla?- oculto un poco su rostro en el cabello de Italia. –No- murmuró bajamente –No es nada… vuelve a dormir-. Alemania, aun que estuviera dormido, sabía que se sentía mal. Así que, con un poco de batallo por no tener la cooperación del italiano, lo volteó. –No me mientas- con suavidad tomo el mentón de Italia. Sin poder abstenerse, dirigió su vista a esos ojos. Aún estaban ahí. Esos ojos de color azul marino, mirándolo; intentado saber que pensaba. Italia al no poder mover su rostro, desvió su mirada. No tenía el suficiente valor para mirarle la cara. –No pasa nada- murmuró –Solo… aún tengo sueño- sonrió nerviosamente. Tímidamente elevó sus ojos y descubrió que aquellos ojos aún no lo dejaban de ver. Alemania cerró sus ojos y suspiro. –Esta bien, creeré en ti- y sin pedir permiso alguno, el alemán se acerco lo mas que pudo hacía Italia. Cubriéndolo por completo con sus brazos. El rostro del italiano mostró un gran rubor. Podía sentir el calor que producía su cuerpo y latido de su corazón, cual latía rápidamente. Encontraba atrapado y no podía moverse. Con un brazo, él alemán lo sujetaba desde la espalda y con su mano sujetaba su cabeza, acercándolo bajo su yugo. Italia empezó a sentirse mucho más nervioso.

- Si realmente te encuentras bien…- habló bajamente de nuevo el alemán -¿Por qué no me abrazas como antes?- acarició el cabello castaño de Italia, pero no contestaba. Entonces, Alemania empezó a sentir como los brazos de Italia empezaban a abrazarlo y a pegar más a él. –Disculpa…- sonrió –Aún no estoy del todo bien…- Alemania soltó un suspiro de alivio y deposito un beso en la cabeza de Italia. – ¿Vez? No te cuesta del todo decirlo- sonrío. El italiano se separó un poco y miro detenidamente el rostro de Alemania. -¿Por qué no estas enojado conmigo?- el alemán lo miro confundido -¿A que te refieres?- susurró –Te grite, me moleste contigo…- hizo una pausa. -¡Incluso te dije que te odiaba!- se aferró a él con mas fuerza.

Alemania solo sonrió.

-No hay nada de que disculpar- susurró con dulzura –Deberías de hacerlo…- lo abrazo con fuerza. Las manos de Italia se deslizaron por la espalda del alemán y sintió algo duro arriba de la colcha. Era firme y liso, que llamo su atención. –Alemania ¿Qué es esto?- preguntó mientras intentaba atinar con su puro tacto. -¿Qué es que?- dijo curioso. Italia se levantó y volteó a ver el lado de Alemania. –Es algo duro y liso que esta debajo de las sabanas- estiro su brazo para poder alcanzarlo. -¡No!- el alemán tomó de los hombros a Italia y lo acostó nuevamente en la cama quedando él justamente arriba de él. Sujetaba las muñecas del italiano con fuerza quedando a la altura de su rostro. En su rostro se dibuja el pánico. -¿A… Alemania…?- Veneciano se encontraba conmocionado por la reacción del alemán. Alemania, vio el rostro de Italia e inmediatamente se quito de encima de él, colocándose al lado de el. –Perdón…- cubrió su rostro con su mano y dirigió su mirada hacía las sabanas. Italia dirigió también su vista a ese mismo lugar, y debajo de las sabanas; se observaba la esquina de un libro. Instintivamente, estiro su brazo y tomó el objeto. Era un viejo libro, de pasta café muy desgastada y páginas amarillentas. Con sus dedos, recorrió las molduras en forma de cuadros y enredaderas que adornaban su portada. Sintiendo el mas mínimo detalle de cada uno de ellos. –Esto es… mi diario…- volteó a ver a Alemania sorprendido, quien se encontraba un tanto nervioso que jugaba con sus manos. Veneciano abrió el libro con cuidado, como si no quisiera dañarlo y observo con cuidado los escritos.

-Yo… yo no quise… hacerlo…- tartamudeaba –Pero… cuando ocurrió el día del incidente… estaba tirado y lo tome sin querer ¡Pero no creas que lo hice por…!- quedo en silencio. Temía que Italia se enojara con él. De por sí, apenas estaba logrando que hablara con él. Pero una leve sonrisa salió de la boca del italiano.

-No te preocupes, yo se que el fornido de Alemania hace este tipo de cosas. Así que relájate- le dio unas palmaditas en la cabeza. Alemania se sonrojo por la vergüenza. –Y lo mas seguro, es que te fallo por que todo esta escrito en italiano y tu no sabes ni leer ni mucho menos escribirlo- rió levemente. –No te burles de mí- dijo apenadamente, ya que; siendo un gran militar cometer este tipo de errores, era una deshonra. Y más si un italiano te gana en estos conocimientos. Italia nuevamente se acostó en la cama y abrió el libro. –Hace mucho tiempo que no veía esto…- susurró mientras pasaba de página en página. Alemania solamente se recargo en la cabecera de la cama y observó al italiano. –Aquí deposite todas mis memorias de cuando era niño. Que recuerdos- sonrió. El alemán solo suspiro. Italia miro el rostro de decepción de Alemania, era como si todos sus planes se hubieran hecha a perder de ipso facto, al parecer; realmente quería saber que decía ese diario. -¿Qué querías obtener leyendo esto?- pregunto mientras también se recargaba en la cabecera a una lado muy cercas de Alemania. –Saber un poco mas de ti… tal vez; pero ahora que tengo estos recuerdos de vuelta no creo que sea necesario…- suspiro mientras cerraba los ojos. –Tienes razón, ya no es necesario- contestó sin despegar la vista del libro.

-Pero estas no son memorias de cuando tu y yo estábamos juntos- dijo con melancolía –Son de cuando te marchaste de mi lado…- al pronunciar esto, Alemania sintió cierto temor nuevamente. –Entonces no quiero saber que dice. No quiero que sufras recordando eso- menciono seriamente. Italia sacudió su cabeza negando su orden. –Por favor…- colocó en las grandes manos del alemán el libro. –Yo aún no estoy listo… aún tengo algo de rencor o… no lo sé…- titubeó –Tal vez… tal vez y si enfrento estos recuerdos, que suprimí durante todo este tiempo; pueda volver a ser el de antes. Y enfrentar esto cara a cara- sonrió con calidez. Sus palabras estaban llenas de esperanza y valor. –No quiero volver a huir de nuevo y evitar las cosas. Si Dios quiso que recordaras tus memorias fue por algo… y tengo que saber el porque…- miró con calidez al alemán y acarició el cabello rubio de este. –Y tu… también podrás liberar todo eso que cargas en tu ser por mas de miles de años- El alemán solo se sonrojo un poco.

-¡Ya se!- se paró arriba de la cama -¡Vamos devuelta a mi casa!- gritó alegremente. Alemania lo miro con curiosidad -¿Para que?- murmuró sorprendido ante el total cambio de actitud de Veneciano. – ¡Te daré un recorrido completo, pero completamente bene!- empezó a saltar -¡Te llevare a Venecia, a Milán, Verona, Florencia, al vaticano aun sin fin de lugares que siempre te quise mostrar detalladamente Sacro Im…!- la alegría de Italia se apagó de inmediato y se dejo caer de golpe en la cama. –Lo siento… no quise…- esquivo la mirada de Alemania ya que se sentía avergonzado. Aun seguía pensando que era Sacro Imperio Romano. Pero él sencillamente sonrió. –No importa, no me molesta- le miró dulcemente. Entonces volvió una sonrisa a Italia. – ¿Y que estamos esperando?- pronunció con cierta alegría el alemán. Tanto, que el italiano se lleno de una inmensa alegría. -¡OK capitán!- hizo un saludo militar. Y como si fuera un resorte, salto de la cama y corrió hacia la salida.

-Italia- detuvo en seco al italiano, quien ya se encontraba a punto de girar la perilla. -¿Te encuentras bien?- murmuró un tanto preocupado. En estos momentos, es difícil saber si lo decía seriamente o solo actuaba por nerviosismo. Pero; Italia simplemente volteó y le mostró una sonrisa con seguridad. –Claro que lo estoy… Solo necesito relajarme un poco y saber enfrentarme esto…- rió bajamente

El alemán solo suspiro de alivio.

-¡Ahora iré hacer el desayuno!- se arremango las mangas –Deja… deja te ayudo Italia- dijo mientras salía de la cama. –No, no- señalo con su dedo –Tú te quedaras aquí- sonrió –Voy hacer pasta, con mas pasta y tal vez haga mas pasta ¡Passsssssssstaaaaaaaaaaaaaa!- gritó animadamente ante la idea y cerró la puerta de la habitación de Alemania con llave. -¡Italia! ¿¡Qué estas haciendo!- corrió hacia la puerta y empezó a golpearla con fuerza. -¡Déjame salir Italiaaaaaaaaaaaaaaa!- grito desesperadamente.

Pero obviamente no le iba hacer caso, ya que si le abría no lo dejaría hacer pasta para desayuno.

-¡No te escucho!- gritó sonrientemente mientras bajaba las escaleras.

-¡Italiaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!- se escuchaban los golpeteos de Alemania en la puerta

- La donna è Mobile, qual piuma al vento…- el italiano empezó a cantar alegremente mientras se encaminaba hacia la cocina.

Mientras un alemán se rendía ante el italiano.

….

Capítulo 6° "Risveglio" (Despertar)

Buenas, aquí otra vez Maiden With Armour.
Vengo hacerles una petición por parte mia y espero su grata compresión.
En estos días he estado con mis papeleos y preparación para el exámen de la universidad.
(entrare en Lic. en Historia)
Y la verdad, me esta quitando tiempo para poder seguir con este fic. Pero como no me gusta,
Dejar a la gente así. Aun continuare publicando, pero no tan seguidamente. Pero seguire haciendolo.
Espero que comprendan mi situación y sigan esperando con ansias estos capítulos que tanto me
Agrandan escribir. Muchas gracias por leer y comentar. Los aprecio mucho.

Maiden out.