De fiestas y visiones
La abracé fuerte. La apreté con toda la intensidad que su cuerpo era capaz de soportar antes de sentirse ahogada. Edward también estaba ahí, podía sentir su olor y su calor, pero no le presté demasiada atención. Lo único que me importaba era Renesmee. Mi hija y su felicidad, su sonrisa que irradiaba satisfacción. Sus ojos húmedos, sus lágrimas cayendo sobre mis hombros. El hecho de que hubiera superado las pruebas, no sólo viva, sino que también triunfante.
La sostuve en un abrazo eterno, complementado por los besos que Edward repartía sobre el rostro de nuestra hija. A nuestro alrededor, amigos y familiares se desvivían en aplausos, gritos y saltos que aclamaban su desempeño.
Al rato, sentí como el grupo de gente se dispersaba. Tal vez habían decidido compartir con el resto mientras que nosotros nos decidíamos a soltar a Nessie.
Algunos de los brujos tomaron las vasijas y las regresaron a la cabaña. Otros siguieron el llamado a casa de Esme y Sue Clearwater. Entonces regresé al mundo real: había llegado el momento de la celebración, comenzando por el banquete. Besé a Nessie en la frente y corrí hacia la cabaña, entrando directamente hacia la cocina. Ahí, Esme, Sue y Bengara preparaban la comida.
Esme, ¿en qué te puedo ayudar? –me ofrecí.
La vampira dejó de golpe lo que estaba haciendo, se acercó a mí y con un tono de voz que no soltaba la emoción, me dijo.
Bella, cariño, ve a celebrar a tu hija. También deberías sentir que eres parte de la fiesta, pues has sido una muy buena madre. Deja que te mimemos.
Aunque no creía que realmente mereciera algún tipo de regaloneo porque Renesmee se hubiera transformado en bruja, sentía fuertes deseos de estar en la celebración, compartiendo con nuestros amigos.
Le agradecí a Esme con un beso en la mejilla, y regresé al jardín, donde vampiros y licántropos estaban atorados de tantos comentarios y felicitaciones entorno a Renesmee y a los brujos.
Por supuesto, todos querían compartir opiniones y hacerle preguntas, pero era dificultoso, pues además del gentío, existía el obstáculo que la gran espalda de Jacob suponía para todo aquél que quisiera acercarse. Él la sostenía de la mano mientras ella saludaba a sus amigos; le importaba un comino que fuera ella el centro de atención, pues se había pasado demasiado tiempo preocupado, y ahora no tenía intenciones algunas de dejarla escapar, ni aunque fuera para bailar.
Por mi parte me había ausentado en la cocina por menos de tres minutos, suficientes para que el escenario del jardín cambiara completamente. Ahora, por ejemplo, estaba todo completamente iluminado. No sé de donde, ni cómo lo hicieron para conseguirlos, pero habían instalado dos grandes focos en las esquinas de la cabaña, que alumbraban completamente el jardín, de modo que la oscuridad no fuese problema para la fiesta. Habían también instalado un equipo de sonido con un gran parlante.
Primero sonó música ambiental, mientras se repartían copas de vino y vasos de cerveza entre los invitados. Mientras bebían, de todas partes se podían escuchar exclamaciones del tipo, "Y la viste cuando saltó hacia él", "Podrían causar un incendio forestal con esas llamas", o uno de mis favoritos –que se escuchó más de una vez –"te apuesto a que no me derribaría si es que estoy en fase".
En realidad, todos estaban impactados. Habían visto a una adolescente volar por los aires, saltar esquivando cuchillos, desmayar a una persona con sólo tocarla y luego manipular fuego como si fuera un personaje salido de una historieta japonesa.
Si, estábamos todos en shock. Pero ninguno completamente ensimismado como para escapar de la celebración. No era fácil ignorar el ambiente de júbilo que se esparcía entre los brujos, y en la misma Renesmee. Ella misma de hecho, se veía gloriosa. Había tenido el tiempo para cambiarse de ropa, cambiando su vestimenta de "combate", por un hermoso vestido verde oscuro que le llegaba hasta las rodillas. Se había recogido el pelo en un moño detrás de la nuca y pintado sus labios de un rojo escarlata que la hacía ver realmente alucinante. Ya no parecía la niña de –aproximadamente –dieciséis años que habíamos visto al amanecer. No. Ahora era una sacerdotisa. Y la calma con la que recibía los halagos de todos aquellos que la vieron en acción, era una de las primeras manifestaciones de ello.
Había crecido. Ya no necesitaba nuestra vigilancia constante. Era independiente, valiente, fuerte. La observé durante un rato, mientras charlaba con la gente y bebía un vaso de agua, sin siquiera molestarse en sacudirse a Jacob, cómoda con lo que la rodeaba, absolutamente conciente de que su entorno giraba magnéticamente entorno a ella. Había una chispa de orgullo en sus ojos: se sentía satisfecha de si misma. Yo misma estaba orgullosa de ella. Por más corta que hubiera sido la etapa en que ella me necesitó a su lado para cuidarla, protegerla y enseñarle a vivir en este mundo, me sentía aún tranquila y orgullosa de lo que, junto a Edward, le habíamos enseñado durante los últimos tres años.
Después la cena estuvo servida. No en mesas ni en manteles con puestos predispuestos, nada de eso. La comida estaba expuesta, a la vista de todo el que quisiera comerla, en una larga mesa de madera en el fondo del jardín, casi llegando al bosque. Casi ni se veía, pero el magnífico olor que expelía el pavo, el pollo, las salsas de soya con mostaza, de una extraña y novedosa mezcla entre tomate, ají, cilantro y cebolla (cortada y preparada por Bengara), del puré de papas, el arroz, las papas fritas. Era un menjunje de olores culinarios que cautivaron inmediatamente el apetito de los presentes. O tal vez morían de hambre, pues eran ya pasada la media noche y no habían probado bocado desde que llegaron al lugar a eso de las nueve.
El caso es que todos los grupos que se habían formado después que terminara la ceremonia, se dispersaron veloces hacia la mesa dispuesta para la comida, dejando al grupo de vampiros aislados al otro lado del lugar, sin tener ninguna actividad pendiente, más que la de esperar a que terminaran de satisfacer sus necesidades mortales.
Esta fue una gran experiencia –le oí confesar a Siobbhan –estoy muy contenta de haber visto este evento.
Y menos mal que lo vimos –replicó Amun –ahora ya sabemos con lo que nos podemos encontrar por ahí, si cazamos en el lugar equivocado.
Nadie se atrevió a reír con el comentario del egipcio. En su lugar, un par de sonrisas incómodas se dibujaron en los perfectos labios del resto del clan de Amun, mientras que otros lo fulminaron con miradas de reproche, como diciendo "mira a tu alrededor, idiota, que aún te pueden carbonizar".
Esme se apresuró en cambiar el tema.
¿Cómo fue para ti participar en el asunto? –le preguntó a Benjamin, que de la mano de Tia, no dejaba de mirar hacia los brujos.
Fue extrañamente confortante –contestó, forzándose a tomar atención a sus congéneres –no podía evitarlo, era como si el viento me susurrara que quería participar y la tierra me pidiera que le hiciera cosquillas.
Ahora sí, todos sonrieron.
Bueno, supongo que los brujos tienen razón, sí hay algo en el Universo que quiere que participemos –exclamó Carlisle satisfecho.
Apostaría mi brazo derecho a que es así –la imagen de mi abuela en el bosque era una prueba más que suficiente: había algo, y se quería comunicar con nosotros.
Nuestra conversación se vio truncada por un redoble de tambores que provenía del porche de la casa. Frente a la puerta de entrada a la cabaña, los cuatro brujos adultos, Sebastián, Diego, Matías y Rod, sostenían instrumentos de percusión.
El sonido de la caja había sido como una campanada que llama la atención de los colegiales. Esta vez, la batucada nos cantaba a nosotros, pidiéndonos nuestra atención.
Desde el otro lado, Elisa se atoró con un pedazo de carne. Dejó el plato en el suelo y corrió hacia la casa. A los pocos segundos salió con una pandereta en la mano, de la cuál colgaban largas cintas de distintos colores.
La chica cruzó de un salto los cuatro escalones que la separaban del suelo y corrió hacia el centro del jardín. Pegó un grito agudo mientras golpeaba el instrumento contra su palma izquierda y lo levantaba más arriba de la cabeza. Entonces los brujos respondieron con un compás de los tambores, mientras bajaban las escaleras y se acercaban, caminando al ritmo de la música, hacia el lugar donde la joven bruja los esperaba.
Supongo que era una canción, pero en realidad podrían haber sido varias. La banda desplegó un espectáculo hermoso, parecido al que muestran por televisión en las calles de Río de Janeiro. Los cinco integrantes de la improvisada batucada, hacían sonar los tambores al son de distintos compases que juntos armaban una interminable melodía a base de golpeteos. Elisa los acompañaba con su pandereta y a veces con su voz, lanzando gritos entusiastas a los espectadores.
Era un show nuevo para nosotros. Y no por ser vampiros. Más que nada tenía que ver con un tema de cultura, pues ninguno de mis familiares estaba acostumbrado a tal desplante de alegría, música y baile, porque no era costumbre en los lugares desde donde proveníamos. La mayoría de nosotros estábamos confinados a un clima frío –con menos sol –y por lo tanto no solíamos divertirnos de esa forma. Zafrina y sus hermanas, en cambio, estaban tan acostumbradas a un escenario desinhibido –propio del calor tropical del Amazonas-, que se acercaron al círculo de humanos entorno a los tambores, sin ningún atisbo de timidez, y se unieron al coro de palmas que festejaba a la batucada como si fueran, todos en conjunto, un instrumento más.
La música no había terminado aún cuando Gabriel se separó de la masa y corrió hacia el árbol más cercano. Escaló entre las ramas con la habilidad de un puma, sin dar ni un solo paso en falso, ignorando la altura de al menos diez metros que lo separaba del piso y siempre sonriendo, adivinando que nuestra atención se había desviado hacia él.
El escenario quedó entonces dividido en dos partes. En la planta baja, los cinco brujos tocando tambores. En la planta alta, Gabriel sobre el árbol más alto, de pie con las piernas bien estiradas, aplaudía al compás de la música, incitándonos a acompañarle con las palmas.
Una vez que ya había capturado nuestra atención, desenredó desde una de las ramas una tela blanca larguísima, que llegaba sin problemas al suelo. Por la forma en que había sido amarrada, la tela caía dividida en dos brazos.
El joven brujo espero a que la música cesara y los integrantes de la batucada se voltearan para musicalizar su inminente hazaña, antes de lanzarse abajo del árbol, enredando sus piernas en una de las telas. Los tambores, la caja y la pandereta que tocaba su novia, seguían paso a paso las volteretas que Gabriel comenzó a urdir cada vez que se anudaba y desataba a si mismo de la tela blanca.
Dos o tres minutos después, el chico colgaba cabeza abajo a unos cinco metros del suelo, con los brazos estirados por sobre su cabeza, alargando los dedos hacia el público. Luego Bengara, que contemplaba a su compañero realizar las acrobacias desde el público, corrió hasta él y le ofreció un brazo. Él se aferró con las dos manos, mientras que ella, con la mano libre, tomaba el pedazo de tela libre y comenzaba a girar entorno a él, haciendo que el cuerpo del brujo creara una circunferencia en el aire.
En un movimiento rápido, Constanza saltó y quedo elevada del suelo, afirmándose con una mano de Gabriel y con la otra de la tela, mientras ambos giraban en el aire con la fuerza que ella había creado. Luego enredó una de sus piernas en la tela y se soltó del chico. Ambos quedaron girando lentamente en el aire, mientras la batucada los acompañaba con un compás medio circense, medio de película de acción.
Durante los próximos diez minutos, licántropos y vampiros presentes contuvimos el aliento, impresionados por las acrobacias que los brujos realizaban en el aire, enredándose en la tela y creando hermosas figuras con sus cuerpos. Sus compañeros, presentes en la audiencia, aplaudían entusiasmándolos. Ninguno temía, como nosotros, por su seguridad. El único que parecía disfrutarlo de verdad, era Lucas, que nos anticipaba con codazos en las costillas sobre las contorsiones que estaban por venir y la dificultad que tenían.
Al final, Gabriel y Constanza llegaron hasta la punta del árbol escalando por la tela como si fuera un tubo, aferrándose a él con los brazos y las piernas. Al llegar al lugar más alto que les permitía la tela, se enrollaron completamente hasta parecer una oruga en proceso de metamorfosis hacia mariposa. La batucada entonó un larguísimo redoble de tambores y luego los brujos se dejaron caer, desenrollando la tela rápidamente de sus cuerpos hasta llegar al suelo justo cuando los tambores sonaron por última vez.
Tomados de la mano hicieron una reverencia para recibir la ovación del público. Y luego se acercaron a los músicos y todos se intercambiaron un abrazo grupal.
Quiero aprender a hacer eso. ¿Podemos hacer eso? –preguntó entusiasta Leah con voz coqueta.
Tomás, que la sostenía cariñosamente por la cintura, le contestó con suavidad:
–Se vería extraño un hombre contorsionándose junto a un lobo en una tela, pero si quieres intentarlo…-Leah le profirió un suave codazo en las costillas, pero inmediatamente se sonrieron antes de enredarse en un beso.
La música cambió el ambiente carnavalesco, por uno que involucraba también al resto de los participantes.
No hubo que entusiasmar a nadie para que se atreviese a bailar, pues en un santiamén el centro del jardín –en una improvisada pista de baile –se llenó de parejas que se movían al son de la música.
Las preocupaciones que había dejado olvidadas en un silencioso rincón de mi cabeza, se apresuraron en volver cuando Amanda y Lucas se acercaron a nuestro grupo, conformado exclusivamente por los miembros más cercanos de nuestra familia. Vale decir, Los Cullen, con la excepción de Alice y Jasper que bailaban junto a los brujos, y el clan de Tanya.
La pareja se movía tranquila, tomándose de la mano como si ningún problema existiera entre ellos. A pesar de que su ademán era serio, la comisura de sus labios estaba curvada en una media sonrisa, que parecía tatuada en sus rostros como un gesto involuntario del que no podían escapar.
Bella, Edward –nos saludó la sacerdotisa –felicitaciones por Renesmee, es única en su especie.
Gracias Amanda –contestó él –ya nos habían dicho eso antes.
Todo salió estupendamente. La ceremonia fluyó sin problemas y el camino de Nessie quedó clarísimo ante los ojos de todos.
¿Vieron esas llamas? –exclamó Lucas interrumpiendo a su esposa –No había visto algo así desde… No, no, nunca lo había visto antes.
Eso porque no viste como Matías carbonizó a esa Heidi, mi amor –se burló Amanda sin remordimientos –Digno de año nuevo chino.
Que chistosa.
Amanda hizo un gesto con la boca hacia Lucas y luego volvió a hablarnos.
No tengo muy claro qué es lo que prefieren hacer ahora
A qué te refieres –repuse nuevamente inquieta. Estaba profundamente alterada por algo. No sabía por qué, ni de dónde venía, pero el mal presentimiento me tenía sumergida en el negativismo.
Bueno, me refiero al viaje hacia Italia. ¿Cómo pretenden hacerlo?
Carlisle tomó la palabra, pues se había dedicado a pensarlo bastante.
Supongo que ahora, que tenemos nuestro equipo completo y balanceado, sería buena idea que viajáramos cuanto antes.
¿Ustedes cómo viajan? –preguntó Lucas con honesta curiosidad –Supongo que no se andan paseando bajo la luz del sol ni cruzan océanos a nado. Aunque tengo que admitirlo, además de ser mucho más rápido con esos medios, también es muy divertido.
Es que no somos todos tan rápidos como tú –le contestó Carlisle con paciencia paternal –Para nosotros es más rápido viajar en avión si es que vamos a recorrer esas distancias.
Y en este caso, también viajarán humanos –dijo Edward –por lo que no podemos limitarnos a las posibilidades de nuestra naturaleza.
Lástima –se quejó Lucas –hubiera sido divertido nadar en compañía.
Volviendo a la realidad –Amanda ignoró a su esposo – ¿Será muy complicado encontrar pasajes en avión para un grupo tan grande y en tan pocos días?
¿Cuándo pretendes viajar? –calculé que eran pasadas las dos de la mañana. En la pista de baile no había señal alguna de que alguien quisiera irse a dormir pronto.
Mañana será un día perdido –la sacerdotisa frunció el ceño –, pero podemos ocuparlo para hacer los últimos preparativos y partir lo antes posible.
Pasado mañana –calculó Carlisle en voz alta.
¿Es posible? –preguntó Amanda.
Está todo arreglado, es posible cuando queramos.
¿Y viajaremos todos en avión? –Lucas sonaba incrédulo -¿Están seguros que sus amigos podrán soportar un día entero de viaje encerrados con humanos?
Su preocupación era legítima, pero subestimaba la paranoia de Edward y la preparación de Carlisle.
Ya consideramos ese problema –la voz de satisfacción de Edward sonaba ligeramente amenazante –.Por eso hemos arrendado un avión, de esa forma, podremos instalarnos estratégicamente para evitar desgracias. Primero los humanos, luego los licántropos, vegetarianos y al final los vampiros.
Espera –Amanda había abierto sus ojos de par en par – ¿Dices que arrendaron un avión? ¡Eso es mucho dinero! No podemos costearnos un viaje así.
No te preocupes querida –se apresuró Esme en hablar –Es un regalo de nuestra parte, en agradecimiento por todo lo que han hecho por Nessie y por nosotros.
No tenían por qué molestarse…
Quería seguir escuchando la disculpa de Amanda, pero justo en ese momento la angustia se apoderó de mí, inundándome el pecho, como si dos garras me quisieran arrancar el corazón.
¡Bella! –la voz de Alice retumbó en mis oídos en el momento preciso, justo para confirmar mis temores de que algo estaba por suceder.
La vampiresa venía caminando lo más rápido posible, pues con su mano arrastraba a Elisa desde la chaqueta y eso el impedía moverse a una velocidad más normal. Detrás venían Jasper y Gabriel, asustados por la repentina reacción de Alice.
Olivia, en el fondo del jardín, apagó los parlantes y dio potencia máxima a los focos, para terminar el baile y enfocar la atención en lo que Alice había visto.
Bella –repitió al llegar donde nos encontrábamos todos -¿Dónde está Renesmee?
Revisé rápidamente los rostros que se esparcían a lo largo del jardín, pero no pude encontrar a mi hija.
No me había preocupado por ella, nos encontrábamos en un lugar seguro y estábamos en plena celebración. Tenerla bajo observación hubiera rallado en el exceso. Pero ahora que Alice lo mencionaba, no me había dado cuenta que hace un buen rato no la veía.
Edward –susurré perdiendo lentamente las esperanzas. Mi mal presentimiento tenía justificación; ahora esperaba lo peor.
No te preocupes Bella –me calmó sin mirarme, pues enfocaba los ojos en la cabaña –Viene hacia acá, se encuentra bien.
Inmediatamente después, la puerta principal de nuestra casa se abrió de un golpe y Renesmee salió corriendo a nuestro encuentro. Detrás de ella, Jacob caminaba con aire perdido.
Antes de que pudiera hablar, Alice la interrumpió.
¿Qué es Nessie? ¿Cómo lo hacemos? –se estaba refiriendo a algo proveniente de sus visiones, nadie entendió lo que decía.
Renesmee, antes de contestarle a Alice, informó a Amanda lo que sabía.
Me he quedado dormida y tuve un sueño, Amanda.
A sus espaldas, Jacob hacía una mueca de disgusto. Había más en las palabras de Renesmee, especificaciones que estaba pasando por alto y que le molestaban.
- ¿Qué viste? –le preguntó la sacerdotisa dando un paso hacia ella.
- Ya sé qué deben hacer para poder tener la visión que estamos esperando –la respuesta de Nessie se dirigía a Alice y Elisa, que se habían adelantado hacia ellas, dando la espalda al resto de los presentes, agrupados entorno al grupo.
- ¿Qué es Nessie? ¡Dínoslo ya! –exclamó Alice impaciente.
Renesmee tomó respiro antes de hablar.
Para poder pasar sobre los obstáculos, tienen que dejarse inducir por Bengara –no estaba muy segura sobre lo que estaba diciendo, pero continuó –La única forma de que puedan tener una visión sobre lo que están haciendo los Vulturi, es estando en trance.
Eso tiene sentido –murmuró Bengara.
No lo tiene –replicó Alice –Yo no puedo dormir. ¿Cómo diablos voy a entrar en trance?
Lo haces cada vez que tienes una visión –Olivia se abrió paso entre los licántropos para llegar hasta nosotros –Además, se supone que será gracias a la unión entre tú y Elisa lo que dará resultado.
Mmm –Amanda pensativa, dejó escapar un pequeño ruidito sin abrir los labios.
¿Qué? –Olivia se impacientaba.
Alice –preguntó Amanda con el mismo tono de voz que pone Edward antes de llegar a una conclusión -¿Por qué corriste hasta aquí tan asustada?
Tuve una visión donde Renesmee nos enseñaba a tener visiones. Y luego otra, donde Bengara y Bella se sentaban con nosotras en el césped.
¿Ahora? –Olivia agudizó la voz.
Si –Alice, Elisa y Renesmee contestaron al unísono.
El momento había llegado. Estábamos a un paso de saber qué era lo que sucedía en Volterra, y como afectaba nuestros planes. Aunque había una cosa que no me cuadraba en todo esto: ¿Qué tenía que ver yo en lo de las visiones?
Bella –me buscó Amanda –necesito que protejas a las niñas mientras trabajan en la visión. Debes rodearlas con tu escudo para prevenir que cualquier energía de los que estamos aquí, interrumpa el flujo entre ellas.
¿Es ese un problema en todo caso? –preguntó Olivia a su hermana.
No lo sé. Pero si la visión de Alice es así, entonces es la única forma en que puede participar Bella de todo esto.
Olivia no contestó.
El resto de los presentes comenzaron a dispersarse, pues no tenían nada con qué aportar en el asunto. Pero Amanda creía lo contrario.
No se vayan –habló con fuerza pero sin gritar –estamos todos juntos y es por algo. Bella va a ayudarnos para que podamos ver lo que está por suceder. Es buena idea que se queden aquí, así podremos tomar una decisión en conjunto y ustedes sabrán qué sucederá en los próximos días.
Los invitados a la ceremonia de iniciación accedieron a al propuesta de Amanda. Se acercaron al pequeño grupo reunido en el centro y observaron en silencio.
Elisa y Alice se sentaron en el césped, se tomaron de las manos y permitieron que Constanza les tocara las mejillas. Las tres chicas se quedaron inmóviles mientras trabajaban.
Por mi parte, la misión era mucho más fácil, y me permitía ser parte de los dos escenarios. Estaba de pie detrás de Constanza. Con mi escudo, protegía las tres chicas, envolviéndolas en una burbuja.
En un principio pensé que no importaba si yo participaba o no. Pero en cuanto desplegué mi escudo noté como la telepatía de Edward chocaba contra la pared invisible, cómo Jasper involuntariamente intentaba sentir lo que Alice sentía y como Eleazar buscaba un acceso para entender cómo funcionaba la unión entre la vampiresa y la bruja.
Por supuesto que ninguno de los tres lo hacía a propósito, en muchos sentidos era involuntario. Pero más que nada, ninguno de ellos calculaba que su influencia en el flujo de energía podría ser tan determinante con el resultado final.
Alice tenía los ojos cerrados. No dormía, de eso podíamos estar seguros. Pero tampoco estaba realmente ahí. Cada vez que tenía una visión, su mirada parecía perdida, pues observaba una realidad alterna, que existía en su cabeza pero que era tan real como el recuerdo de una película o una fotografía. Cuando entraba en esos estados de vigilia, normalmente era capaz de mantener un cierto contacto con lo que la rodeaba. Gracias a eso, nos podía describir lo que veía justo en el momento en que la visión se le estaba manifestando.
Pero ahora todo era distinto. Los mestizos al otro lado del océano Atlántico le impedían poder dilucidar el futuro. No encontraba un camino hacia la verdad, hacia lo que Aro o Cayo estaban tramando en nuestra contra.
Bengara, gracias a su habilidad para poder leer, entender y manejar a voluntad el subconsciente de las personas, sería de gran ayuda para Alice. Le mostraría el camino por el cuál la neblina no pasaba, y junto a Elisa, podrían aventurarse hacia Volterra.
Dentro de la burbuja, pude sentir con mi escudo, como una fuerza electrizante se esparcía entre las tres mujeres. No cabía duda de que, fuera lo que fuera que estaban haciendo, funcionaba.
No tuvimos que esperar mucho tiempo para saber qué sucedía.
Tres minutos después, Alice se puso de pie.
