¡Boun Giorno!

(Si realmente buenos días por que son aquí las 5.43 am)

Maiden With Armour aquí, para hacerles unas aclaraciones.

Bueno solamente de una cosa. *se pone lentes*

*Aquí explica como llegas a Venecia, y para que no estén buscando información les explicare. Principalmente, llegues en avión para llegar a Venecia es en auto o autobús. Y para llegar tienes que pasar por el "puente de la libertad" que conecta Italia con Venecia. Al haber llegado a Venecia, hay un punto llamado Piazalle Roma. Que es como un gran garage donde colocan los visitantes sus coches, mientras estan en estadía en Venecia. De ahí sigue un puente conocido como "Constitución" que se puede decir es la entrada a Venecia. De ahí pasas al la estación Venecia – Santa Lucía. Donde ahí se encuentran los medios de transporte para viajar por Venecia. Por cierto, no he ido a Venecia ;_;

Bueno sin más que decir, espero que disfruten este capítulo. Y más la parte de Romano y Alemania. ¿Cómo que esa promesa une de cierta manera ambos? A lo mejor luego hago un extra de eso.

Sin más que decir.

Maiden Out.

. . . . . . .

-¡Buaaaaaaaaaaaah!- exclamó Prussia mientras se metía con cuidado al bañario. -¡Que bien se siente!- lentamente introdujo su cuerpo al agua caliente, hasta que lo llegara cubrir hasta la mitad del pecho. -¡No pensé que todavía llegaras a tener este tipos de baños públicos señorito!- miró maliciosamente mientras se sumergía mas en el agua. –Por supuesto que sí, son parte de mi cultura; además es relajante- suspiro. –Eso tienes razón- sonrió –Por cierto, gracias por dejar que el awesome de yo se quedara estos días en tu casa- y termino de sumergirse hasta la mitad de su rostro, y comenzó a hacer busitos.

-No hagas eso, no eres un niño- dijo con severidad al ver aquel acto tan infantil. –No tienes que agradecer, estamos ante un situación importante- suspiro –En eso tienes razón- sacó su cabeza del agua -Me preguntó como le estará yendo a Italia- murmuró el aristócrata mientras veía a Prusia. –Quien sabe- le constató rápidamente. Austria permaneció en un silencio, mientras elevaba con su mano un poco de agua y la dejaba caer. –Algo no esta bien…- susurró. El prusiano miro con intriga al austriaco -¿A que te refieres con eso?- le interrogó. -¿Cómo pudo recuperar sus memorias de la nada? Y en un solo día- dirigió su vista a Prusia –Yo se que tu también lo estas pensando- Prusia agacho su mirada, ya que él tenía razón.

-Es cierto, que es sorprende que haya recuperado sus memorias después de tanto tiempo. Pero sabes, los milagros existen ¿No es así?- sonrió, pero aún así; Austria no pudo quitarse esa preocupación de la mente. –Tienes razón…- se sumergió un poco –Pero no has escuchado el refrán -"Lo que fácil viene, fácil se va"- suspiro. -¡Que molesto eres Austria! ¡No le desees esa suerte al pobre de Ita-chan!- con fuerza golpeteó el agua y salpico el rostro de Austria. –Cof… ¡Idiota!…- replicó molesto. Rápidamente se acerco hacía Prusia a Austria, y con brutalidad; metió la cabeza del aristócrata al agua. Austria solo se sacudía fuertemente para zafarse de él.

-¡Kesesese así estas totalmente desprevenido! ¡Recuerda que estas totalmente vulnerable y puedo tomar Viena en este preciso momento!- rió con fuerza, pero como si fuera un alivio suspiro. –No digas cosas que puedan perjudicar al pobre de Italia estúpido señorito- sonrió.

….

(Normalmente, no pido que pongan música para que puedan sentir la emoción de lo que están leyendo. Pero haré una excepción. Ya que realmente adoré como quedo esta párrafo, con la música que me inspire .com/watch?v=vYEOhQjV_7g Hasta las ** se termina de escuchar.)

Un convertible rojo corría a más de 120 Km./h através del puente de la libertad rumbo a Venecia. Un alemán se encontraba aferrado a su cinturón de seguridad rezando por su seguridad, mientras que un italiano, sin portar seguridad alguna, se encontraba totalmente relajado manejando y sintiendo el viento en su rostro. – ¡Italia por Dios recude la velocidad!- grito un tanto asustado al ir a ese ritmo de velocidad. -¡Pero que dices Alemania! ¡Esta es la mejor manera de viajar a la Bella Venecia! ¡Corriendo rápidamente sobre el Ponte della Libertà!* - soltó el volante para extender sus brazos. -¡MEINT GOTT ITALIA!- tomó rápidamente el volante para estabilizar el auto que ya se dirigía a la barda que separaba los dos carriles. -¡No sueltes el volante!- gritó ahora si con miedo. –Alemania relájate ¡tutto andrà bene!- volvió a tomar el volante, pero no dejaba de pisar el acelerador. -¡No te convendría reducir la velocidad!- le reclamó nuevamente al italiano intentándolo entrar en razón. -¡Pero que ya te dije que ira todo bien!- hizo un puchero -¡No me importa!- volteó a ver el tocadiscos que portaba el auto -¡Además siento que esa Tarantella… o música que escuchas te esta haciendo acelerar más!- entró en pánico. –Pero es que, si no escucho música no tengo inspiración para manejar, es como si fuera un arte- sonrió de oreja a oreja. **

Alemania, aun con miedo, volvió a recargarse en su asiento; inhalando y exhalando para poder controlarse un poco. –Piensa como un italiano, piensa como un italiano- se repetía a si mismo como si fuera una especie de mandra. – Esto me gusta, esto me gusta, me gusta la pasta y lo automóviles deportivos…- Pero aún que intentase controlarse, era inútil por que… -¡Mira Alemania! ¡Apuesto que puedo rebasar a esos conductores!- señalo unos 10 autos que iban delante de él. Y como si fuera una especie de cazador que va tras sus presas, pisó el acelerador hasta el fondo. Alemania, solo cerró sus ojos y prometió que si quedaba ileso de eso; no bebería tan seguido cerveza y ni comería wrust por un cierto tiempo.

-¡Oye Alemania ya llegamos!- gritó efusivamente el italiano mientras se estacionaba. El alemán, quien se encontraba hecho un ovillo para protegerse, asomó su cabeza con cuidado y observó con cuidado que tenía razón. Habían llegado a la Piazzale Roma* que finalizaba la carretera del puente. Con cuidado, aún con miedo; se incorporó recargándose en el asiento y dio un largo suspiro. –Ya entiendo por que Japón empezó hacer autos más seguros- hizo una sonrisa nerviosa –Creo que tendré que cumplir la promesa por seguir ileso- suspiro resignado. Italia miró con cuidado a Alemania y simplemente sonrió. -¡Vamos!- se bajo inmediatamente del auto. –A partir de aquí tenemos dos opciones, ¡Caminar o ir en un vaporetto!- camino con una gran sonrisa hasta el lado de la puerta de Alemania y la abrió. -¡Vamos que esperas!- lo tomó del brazo y empezó a jalarlo. Realmente quería salir de ese oscuro garaje. Alemania no replicó y solo se dejo llevar por el italiano, quien a presuroso empezó a empujarlo por la espalda. El alemán cubrió un poco sus ojos por los rayos del sol y lentamente, mientras sus ojos azules se acostumbraban a ella; los abrió lentamente y observo los grandes edificios que se encontraban sobre el mar.

Italia corrió como nunca antes hasta llegar a la entrada del Puente de la Constitución*. Estiró sus brazos, tomó una gran bocanada de aire, y con mucha alegría, que hasta abrió sus ojos de par en par; gritó.

-¡Benvenuto a Venezia! ¡Mio isola bella! (¡Bienvenido a Venezia! ¡Mi bella isla!)- gritó sonrientemente.

Alemania, ante tal calida bienvenida; se sonrojo un poco y sonrió. Tomó impulso y corrió hasta donde se encontraba el italiano, pero; pasó de largo. -¿Alemania?- miró desconcertado al alemán que ignoro.

-¿¡Alemania a donde vas! ¡Espérame!- gritó asustado por la reacción de Alemania y corrió detrás de el. El alemán corrió hasta llegar a la mitad del puente y se detuvo dirigiendo su mirada al horizonte. Cerró los ojos e inhalo profundamente. Los abrió lentamente y exhaló. –Volví- susurró y una suave ráfaga acaricio sus cabellos. Italia, con paso seguro y tranquilo se colocó al lado de Alemania y observo el horizonte junto a él. ¿Quién no podría cautivarse ante tal escenario que parecía más una pintura? Los edificios sin ninguna plataforma ni bardan, con sus ventanas adornadas con maceteros con las flores más exquisitas y hermosas. Los puentes que unen a las otras casas, las góndolas y los vaporettos, navegando suavemente entre las calles líquidas y el agua, aquel agua que golpea las paredes e inundan los escalones de la puerta de entrada dejando un ligero musgo verde. Y aquellas aves, dueños del cielo; que adornaban los cielos con sus plumas. Era imposible, que incluso el mismo Leonardo Da Vinci dijese que no fuera una obra de arte hecha realidad.

-¿E 'molto bello, vero?- pronuncio con suavidad y con discreción tomó la mano del alemán que reposaba la barda. El tacto suave de la mano del italiano, hizo despertar de su sueño al alemán, quien inmediatamente; quito su mano de ahí un tanto apenado. –Por favor… no me hables italiano que no entiendo…- agacho su mirada con pena. Italia solo sonrió y nuevamente tomó su mano jalándolo, corriendo hacía el otro lado del puente. Rápidamente, sin demorar mucho tiempo, llegaron a la estación de Venecia – Santa Lucía*. Alemania pudo observar, como la gente de ahí hacían fila para tomar el tren o un vaporetto. Los niños siendo cargados para abarcar el vaporetto, mientras reniegan para que los bajen inmediatamente. O los señores y señoras de mayor edad tomando el tren, los primeros con sus periódicos en sus manos para entretenerse mientras llegan a su estación y a las señoras, con sus hijos o con bolsas repletas de mandado. Y una que otra pareja, sin pánico escénico, a hacer unas muestras de su amor. Toda una típica escena italiana. Sin embargo había algo diferente.

A lo lejos, se podían apreciar unas personas dando la bienvenida a los turistas curiosos que llegaban a la isla. Se encontraban vestidos de una manera medieval, trajes hampones, de colores llamativos, plumajes y lo que mas destacaban eran sus mascaras; aquellos objetos que solo cubrían sus ojos o toda su cara.

-Italia ¿Quiénes son esas personas?- le susurró al oído al italiano. –Non guardare (Ignoralos)- dijo sonriente sin dejar de caminar. – ¡No me hables en italiano!- pronunció un tanto molesto. Italia, sin dejar de caminar, volteó a ver al alemán, quien su cara se mostraba un tanto frustrado por no poder entenderlo. –Disculpa, pero es que estamos en mi querida Venecia- señaló su rulo y volteó nuevamente hacía al frente –Solo dije que ya casi llegamos- mintió, y siguió caminando. Alemania sintió un mal presentimiento, ¿Por qué no le respondió su pregunta? Había muchas personas vestidas de esa manera de extravagante, como sí Francia estuviera ahí. Aparte, Italia caminaba rápidamente. En un abrir y cerrar de ojos, llegaron a un punto de la estación donde solo se encontraban unas pequeñas góndolas atadas a un pedestal para que no se las llevara la corriente. El italiano se alejo un poco del alemán y empezó a caminar de un extremo al otro del pequeño puerto, como si estuviera buscando algo. -¿Qué sucede Italia?- le cuestiono ya que parecía su compañero un león encerrado.

-¡Es que debería estar aquí!- hizo un puchero Italia y corrió abrazar al alemán -¿Y quien… debería estar aquí…?- abrazó tímidamente el italiano.

-¡Stupido Fratello! (¡Estúpido Hermano!)- gritó molesta una voz -¿¡Che ne pensate!(¿¡Que es lo que piensas!)- al voltear ambos observaron que era Romano, quien se encontraba totalmente molesto, moviendo con todas sus fuerza un gran remo que lo hundía en el agua, para poder moverse en la góndola que un poco bastante largo. -¡Fratello! (¡Hermano!)- gritó alegremente Veneciano mientras le contestaba en su idioma -¡Grazie per aver portato la mia barca! (¡Gracias por haber traído mi barca!)- sonrió de oreja a oreja. – ¡Chiudi il becco! (¡Cállate!)- gritó aun mas molesto -¡Prendilo! (¡Tómalo!)- le aventó la soga de la góndola. Con una agilidad nunca antes vista en Italia, tomó la soga y la ató en menos de un según en el poste. Romano metió el remo dentro de la barca y saltó hacia la cera. Observó el rostro de Alemania, que se encontraba más que confundido que nada al no saber lo que decían entre sí los italianos y miró a su hermano. -¡Sei un maledetto! (¡Eres un maldito!)- gritó -¡Non mi dica così, solo un favore Fratello! (¡No me digas así! ¡Solo era un favor!)- lloriqueó un poco Veneciano.

Romano hecho un reojo al alemán quien se encontraba hecho un manojo de curiosidad por saber que decían. -¡Jajajajaja!- empezó a reír fuertemente enfrente del alemán -¡Te mueres por saber que decimos! ¿Verdad?- rió con mucho mas fuerza, que le provocaba un dolor de estómago. –Cállate…- susurró Alemania, ya que era verdad. -¡Jajajaja te lo mereces!- se limpió una lagrimilla que salía de su ojo. -¡Oni-chan no te burles de él!- se interpuso enfrente de él y Alemania. Romano al ver tal acto se calmó un poco y recobró su compostura, pero sin dejar de notar en sus ojos, el brillo de la diablura de seguirse burlando. –Esta bien, solo por que me encanto ver la cara de ridículo de este sujeto- sonrió maliciosamente. Alemania solo ignoro su comentario. –Veneciano- dirigió su mirada hermano menor. Este también lo miro fijamente - Abbiamo bisogno di parlare (Tenemos que hablar)- digo con seriedad, Italia solo asentó su cabeza afirmando. –Ya es suficiente de tanto italiano- comentó un tanto molesto el alemán -¡Tranquilo macho patatas! Solo te lo robaré por un rato- rodeó con un brazo el cuello de su pequeño hermano y se lo llevó un poco lejos, lo suficiente para que no los escuchara.

Alemania solo torció los ojos.

-¿Qué sucede hermano?- miró con curiosidad a su hermano sin dejar de soltarlo. -¿Quieres seguir ocultándole el carnaval a ese sujeto?- miró de reojo al alemán que aún los miraba un tanto preocupado. –Sí, pero creo que ya se dio cuenta por los Host que reciben a los turistas- dijo un tanto desanimado. –No se que piensas hacer Veneciano, ya que el presidente quiere verte. Recuerda que eres el principal de toda esta fiesta- suspiro.

-¡Ya losé, ya losé!- gritó un tanto inquieto –Quisiera aún mantenerla en sorpresa para él- hizo una pausa –Ya a escuchado de este carnaval, pero nunca sabe de que días empieza, de hecho siempre se lo he ocultado- sonrió –En verdad eres una molestia- retiró su brazo de los hombros de su hermano. –Te he traído tu góndola, si quieres llévalo a la tu casa de aquí- suspiro y se alejo de su hermano –Qualunque cosa, avisame-. Italia miró como se alejaba su hermano y caminaba hacía el gran alemán -¡Grazie!- grito de alegría –Che… lo que digas- chasqueó sus dientes. Detuvo su caminar y llego ante la gran apariencia de Alemania. Este lo miraba un tanto molesto.

-¿Y bien, te seguirás burlando de mí?- replicó molesto –No esta vez aún que quisiera- llevó sus manos a la cadera –Solo a decirte nuevamente que me pagarás por no haber cumplido tu promesa- le reclamó molesto. –¿¡Sigues todavía con eso!- contestó un tanto alterado -¡Claro que sí!- gritó -¡Te lo hice jurar macho patatas!- le empezó a jalar los cachetes con fuerza -¡Y yop te die que lo haría pero no sabíash como saldríash du ahí!- le empezó a jalar también los cachetes con mucho más fuerza -¡Chigiiiiiiii suetame madito! ¡E tu cupa po no cumpi pomesas encilla!- estiró lo más que pudo las mejillas del alemán -¡Te ide que lo shiento!- estiró también la del italiano. -¡Oni-chan deja a Alemania!- empezó a jalar de sus hombros a su hermano, pero era inútil -¡Tu también Alemania!- corrió al otro extremo e hizo lo mismo e igual con el mismo resultado. -¡Caro que no! ¡Me la pagará! ¡Po Su cupa tú te puiste así iota hemano!- encajo sus uñas en las ya rojas mejillas del alemán. -¡Ya qishieras!- hizo lo mismo. -¡Por favor basta!- empezó a batir sus brazos Italia -¡Se están lastimando!- empezó a llorar. Pero era en vano -¡Deténganse!- lloraba -¡!-

El grito de Italia resonó en toda Venecia haciendo alzar el vuelo de las aves.

-Dios, que dolor…- pronunciaba dificultosamente el alemán. Sus mejillas se encontraban totalmente rojas y portaban, como muestra del odio de cierto italiano, las hendiduras de las uñas de Romano –Te dije que dejaras a oni-chan- dijo un tantito molesto -¿Y dejar que me ganara?- susurró mientras se tocaba levemente sus mejillas. Italia solo suspiro e impulso con fuerza el remo para poder mover la góndola. Alemania dirigió su vista hacia el italiano observando con delicadeza como movía su góndola.

Con fuerza tomaba el remo, lo empujaba con un poco de fuerza y con sus manos lo volvía a recorrer hacía atrás para volver a repetir el movimiento. Una y otra vez. Pero no se notaba que le ponía fuerza para impulsarlo, si no al contrario, era suave y ligero como una pluma. Ni tampoco se sentí cuando daba el impulso, solo se escuchaba como suavemente la góndola se abría paso entre el agua. Y sus pies se encontraban firmes en la parte lisa trasera de la góndola que, ante los ojos de Alemania; parecía alto y el piso resbaloso. Pero se mantenía quieto y firme como un árbol. El rostro de Italia, demostraba como sí se encontraba en una gran paz, con los ojos cerrados y sonriente manejaba entre el canal de ensueños. Alemania abrió un poco su boca para pronunciar algo, pero se retractaba; no quería interrumpirlo con palabras vagas. Así que dirigió su vista hacia al frente. Si al principio se vio cautivado ante la vista que le regalo el puente, ahora en la góndola; todo tomaba otra perspectiva.

Los edificios eran mas altos de lo que aparentaban, desde lejos, tenían una altura promedio, pero al irse acercando; tomaban forma colosal. Tenía que elevar su cabeza para poder observar los las esquinas de los techos. Y sin bajar su cabeza, giró a su lado derecho donde se encontraba un gran edificio de color arena, no había ventanas por lo tanto era de suponerse que se trataba la parte de atrás de ese gran edificio. Bajo su mirada y vio a su derecha. Como si fuera cosa de locos, –al parecer de Alemania– se encontraban unas lanchas normales y otras motorizadas atadas a los pequeños "estacionamientos" al frente de las casas. Rió un poco.

Giró su cabeza nuevamente hacía al frente, y miró cada detalle de los edificios. Podía determinar a simple vista cuales eran hogares y otras simplemente tiendas o restaurantes. Aquellas que tenían macetas o bellas enredaderas adornando las miles de ventanas que adornaban el edificio, los gritos alegres de los niño, los balcones hechos de hierro y uno que otro tendedero que se salía de una ventana y terminaba en la ventana del edificio de al frente. Eran hogares o departamentos.

Pero aquellas que en su entrada usaban vitrales y si fuerzas un poco la vista, podías observar las mesas o en su dado caso un mostrador. Eran tiendas o restaurantes. Realmente, desde lo mas profundo de su ser. Se encontraba cautivado por Venecia. O tal vez, no era de Venecia…
Torció un poco su cabeza y de reojo miro a Italia. Este todavía seguía con sus ojos cerrados, sonriente, manejando su góndola con tranquilidad. Alemania nuevamente intento hablar, pero; no quería despertarlo ya que parecía en un sueño. Alemania suspiro bajamente para que no lo escuchara. De repente al voltear, observo un puente que conectaba al otro lado del canal. Sabía que a esa altura golpearía a Italia.

-¡Ita…!- detuvo su aviso sorprendido, como sí fuera un especie de sensor, Italia ya se encontraba agachado y ni siquiera abrió los ojos. –Dime- susurró suavemente, abrió sus ojos lentamente y miro con calidez a Alemania. –No, no… no es nada…- tartamudeó un poco y se volteó nuevamente para dejar de mirar a Italia. El pelicastaño suspiro. -¿Hace rato querías decirme algo verdad?- rió levemente. Alemania, con un poco de nervios, miro nuevamente a Italia. -¿Cómo supiste eso?- murmuró en voz baja. Italia, sin dejar de hacer el mismo movimiento con el remo, elevo su vista y miro los edificios.

-Cualquier persona, que entre en "mí país" cada fibra de mi cuerpo capta sus emociones y sentimientos- miro a Alemania. –Tú deberías saberlo, eres un país- rió –En eso tienes razón- dijo un poco apenado. –Pero, esa no era la única cosa que querías decirme ¿Verdad?- Nuevamente Alemania quedó mudo. Se levantó de su asiento y solo cruzo una pierna para el lado trasero, para poder ver enfrente a Italia sin necesidad de voltear. Alemania se sentía realmente nervioso, ¿Desde cuando el joven italiano lo lograba poner de esa manera? Sus manos se encontraban humedecidas por el sudor que producía el nerviosismo y sus ojos se encontraban esquivan la mirada del italiano, que desde ese punto de vista, se miraba como si fuera la mas grande persona en ese mundo, error; de su mundo. Italia solamente lo miraba y le sonreí con calidez, Alemania solo permanecía en silencio intentando acomodar sus palabras en su mente para poder decirlas en una sola oración. –Así es…- pronunció levemente. –Realmente, es hermosa Venecia- cerró sus ojos y llevó su mano al corazón –Si la miró con las memorias de Sacro Imperio Romano. Has crecido mucho… Italia…- sonrió. Italia solo seguía sonriendo y moviendo el remo. –Grazie- susurró dulcemente –No sabes, cuanto espere mostrarte esto. Mi pequeña Venecia, mi gran orgullo- su rulo tomo forma de corazón y miro a Alemania. -Dímelo, yo se que tienes otra cosa que preguntar-

Nuevamente Alemania fue derrotado por el italiano en adivinar sus pensamientos.

-¿Cómo? ¿Cómo supiste lo del puente? Tenías tus ojos cerrados- pregunto un tanto asombrado. Italia solo rió levemente fuerte y soltó una mano del remo. -¿Qué esperabas? Es mi bella Venecia- elevó su mano, e hizo una reverencia. –Sus canales son como cada vena que se hay en mi cuerpo, cada edificio como cada hebra de mi cabello. Cada persona es como cada miles de años que e vivido aquí. ¡Esto es lo que hay en mi corazón y estoy muy orgulloso!- gritó con gran fervor –Aun que me digan que las aguas huelen mal, no me importa ¡Por que estoy orgulloso de este país maravilloso!- hizo una pausa y miró con una alegría inmensa al alemán. –Y mucho, mas…- estiró su mano hacía él –Por que tus estas aquí conmigo, compartiendo estos momentos- sonrió. Como si fuera una onda, los sentimientos del italiano invadieron el corazón del alemán, que ya se encontraba fuertemente latiendo. Las palabras de Italia, no eran solo para presumir su país. Era como una calida bienvenida, una bienvenida; que llevaba mucho tiempo guardada. Esperando; esperando el momento para explotar con gran júbilo y emoción, hacía esa persona que partió lejos. Durante mucho tiempo.

Un sentimiento calido y profundo lo cubrió por completo. Sensaciones de calma y tranquilidad se sentía dentro de él, que inclusive encendieron un leve rubor en sus mejillas.

-Déjame… déjame intentarlo…- de la nada, llevó por ese sentimiento. Alemania se levantó nuevamente. -¿Intentar qué?- dijo sorprendido el italiano ante esa inesperada reacción. –Manejar la góndola- se ruborizó un poco más. –Por favor-. Italia aún sorprendido, sonrío -¡Claro que sí!- extendió su mano –Ven, tienes que ponerte en este lugar, yo me haré un lado- se colocó al lado derecho de donde se encontraba. Con un poco de temor, Alemania pisó con cuidado y se colocó donde se encontraba Italia. -¿Y ahora?...- pronunció un tanto apenado.
-Espera un poco- y con cuidado se posicionó detrás de él. -¡A partir de ahora daré ordenes!- saludo como un militar -¡Yo seré el capitán y tu el soldado!- gritó con alegría. Alemania solo sonrió. –Esta bien- suspiro.

-Toma el remo- y como orden inmediata el alemán lo tomó –Muy bien, ahora quiero que hagas lo mismo que yo- le indico –Lo más seguro es que viste muy bien como lo estaba haciendo- rió. –De hecho…- murmuró avergonzado. Entonces, procedió a manejar la góndola y repitió el mismo paso que Italia. Pero…

-¡Alemania cuidado!- rápidamente el italiano quien se encontraba detrás de él, lo rodeó y sus manos se colocaron sobre las manos del alemán. Este se sonrojo por completo ante tal acto. -¿¡Que haces!- grito nervioso. -¡Te estas yendo hacía las paredes! ¡Vas a chocar!- con su pie, hizo fuerza sobre la pared que se encontraba cerca y alejo la góndola para que no se dañara. -¡Tienes que hacerlo con suavidad Alemania!- empezó a mover sus brazos juntos con los de Alemania, pero como él era demasiado chico en cuerpo que Alemania, recargo su cabeza en la espalda de este. -¡No todo es rudeza!- seguía guiando el movimiento de los brazos de este con los suyos. –Disculpa- dijo apenado, era la primera vez que lo regañaba el italiano y aparte Italia lo hacía ver sencillo. Italia solo suspiro –Ponte de ese lado- señalo el extremo donde el se encontraba. E inmediatamente se colocó ahí. -¡Manejar una góndola es un arte!- replicó al alemán –Estas manejando el agua y eso significa suavidad y tranquilidad- tomó el remo y empezó a hacer el movimiento de impulso. –Suave… Suave…- sonreía, Alemania solo lo miraba con entendimiento, intentando aprenderse los movimientos.

-¡No, no!- gritó indignado Italia -¡Tampoco es para que te lo memorices!- realmente tomaba su papel de capitán -¡Hazlo!- le señalo -¿Qué?- dijo sorprendido –Uno- llevó sus manos a la altura del pecho –Due- empujo suavemente el remo –Tre- lo regreso a su punto inicial. –Uno, due, tre- hizo el movimiento corrido. –Ahora repítelo imaginariamente- sonrió. El alemán con pena llevo sus manos a la altura de su pecho –Uno…- luego empujo el remo imaginario –Due…- y luego lo regreso a su posición original. –Tre…- termino, y miro con nervioso a Italia para saber si lo había hecho bien. -¡Ahora hazlo seguido!- sonrió –Un, due, tre- hizo el movimiento –Un, due, tre…- lo repitió imaginativamente Alemania. –Un, due, tre- repitió Italia –Con suavidad, aquí no es de ser mas rápido ni ser mas lento. Es solo el placer de manejar con suavidad- y volvió a repetir el movimiento. Alemania miro sus manos y suspiro. –Un, due, tre…- hizo el movimiento tal Italia. –Un, due, tre- lo dijo suavemente –Un, due, tre- dijo mas seguro y con confianza -¡Eso es Alemania!- sonrió alegremente Italia –Un, due, tre- llegó al punto de decirlo al mismo son y ritmo que Italia.

Tenía razón, no tenía que hacer mucho apuro y esfuerzo para manejar. Así que solo cerró sus ojos y suspiro con tranquilidad. Italia, al ver que Alemania había captado el sentimiento, se quitó del lugar donde estaba y camino hacía al frente. –Comprueba ahora- sonrió y señalo el remo. Alemania, solo se encamino al remo y lo tomó con ambas manos. Cerró los ojos y se dejo llevar. Sintió exactamente, lo que italiano quería decirle. La góndola avanza con suavidad y seguridad, sin mayor esfuerza ni fuerza.

-¡Veeeeeeeeeee!- empezó aplaudir -¡Alemania pudo hacerlo!- sonrió. Alemania solo se sonrojo un poco sin dejar de hacer el movimiento. –No todo, es rudeza- suspiro tranquilamente, ya que siempre, desde mucho tiempo; él ha sido rudo. Podría decirse que se ve mucho mas tranquilo. Italia, sin despegar la vista del alemán agacho su cuerpo. –Agáchate- susurró. El alemán sin abrir los ojos, obedeció.

Ya que era mucho más alto en ese punto de la góndola, tuvo que arrodillarse. Mientras pasaba por el puente, sintió que algo había en su frente. Al abrir sus ojos, miró que era Italia, quien le estaba dando un beso a en la frente. Al mirarlo, frente a él, sus brazos comenzaron a temblar junto con todo su cuerpo. Italia, se alejo lentamente de él quedando al frente de su rostro. Mirando con calidez los orbes del rubio. Y este de igual manera pero con pena.

-Te estuve esperando tanto tiempo- se acerco un poco, hasta llegar al ras de rozar sus narices. –Nunca fue mi intención reclamarte lo sucedido- cerró sus ojos –Pero me sentía tan solo- sonrió y se alejo de Alemania.

Se sentó en el mismo lugar donde estaba Alemania.

Ahora el era el paseante y Alemania el gondolero.

-Bienvenido a casa- susurró con suavidad como si fuera la misma agua.

Alemania, solo levantó su brazo y con él cubrió sus ojos.

Ya que unas lágrimas habían empezado a salir, sin explicación alguna.

. . . . . . . . . .

Capítulo 7° Venecia