Camino hacia la guerra del Solsticio
- ¡No! –gruñó Alice levantándose del suelo y rompiendo inmediatamente mi escudo. Caminó dos pasos hacia atrás, escapando de una imagen invisible que la perseguía. Tenía los ojos abiertos, como desorbitados, presos del pánico, o de rabia.
Jasper corrió hacia ella y la abrazó por la espalda, traspasándole calma. A mi lado, Edward siseó intensamente cuando vio en la mente de su hermana, lo que estaba sucediendo en Volterra. Las otras dos brujas seguían en el suelo, y nosotros, todos los que ahí nos encontrábamos, no supimos hacia dónde reaccionar, hacia dónde mirar, ni qué preguntar. Era como si nos hubiésemos olvidado cómo era que el aire entraba por la nariz y hacia los pulmones.
La unión entre las brujas se rompió con la abrupta salida de Alice. Elisa, al despegarse del contacto con Bengara, cayó hacia atrás inconciente, desmayada. El esfuerzo había sido demasiado, no tenía fuerzas para sostenerse en pie. Gabriel la tomó en brazos y se la llevó hacia la cabaña, mientras Bengara se quedaba en silencio, sentada en el césped, con los dientes apretados de rabia.
- ¿Qué es Bengara? –Amanda se adelantó para acuclillarse frente a la bruja.
Pero Bengara no contestó.
- ¿Alice? –preguntó Carlisle inquieto.
Nunca antes vi a Alice tan atónita. Pero la habilidad de Jasper era fuerte, y esta vez, increíblemente útil. Alice volvía en sí de a poco.
- Ella sabía –murmuró –Ella sabía que iba a morir.
¿Quién? –Jasper hablaba muy bajo para no sobresaltarla, aunque su voz era aún audible para los vampiros, y seguramente también para los licántropos.
- Nunca había sentido tanto dolor –sollozó Bengara mirando a Amanda.
La sacerdotisa acarició la mejilla de la desconsolada bruja. Luego le hizo un gesto a Diego y este se acercó hacia ellas. El mago estiró los brazos hacia Bengara, y ella no se resistió: se colgó del cuello del brujo dejándose tranquilizar. Él la levantó y al igual que a Elisa, se la llevó hacia la cabaña para que descansara.
- Aro ha estado en busca de una clarividente –habló Edward en lugar de Alice –Jane logró encontrar una en Italia.
- La forzaron para que hablara –continuó Alice –Jane la torturó. –Kate siseó ante el nombre de la sádica Vulturi –Pero ella sabía que tenía que ayudarnos. Se negó a hablar hasta que llegó Aro.
- Espera Alice, vas demasiado rápido –interrumpió Carlisle –dices que es una clarividente… ¿humana?
- Imposible. ¿Una humana soportando las torturas de Jane? Ningún mortal podría –Eleazar se veía impactado.
- Es humana… era –la mirada de Alice se perdió hacia el infinito, como recordando la muerte que tuvo que experimentar, la tortura de otra que ella misma sintió en sus recuerdos.
- Por supuesto –contestó Edward, nuevamente leyendo la verdad en los pensamientos de Alice –pero esta era una humana muy poderosa.
Bastaba un solo roce entre el anciano y la pobre italiana para que nuestros planes quedaran al descubierto, si es que ella, clarividente como se suponía, los sabía. Después de que Aro obtuviera de ella lo que quería, seguramente la habría matado.
- Pero no lo logró –contestó Edward a mis pensamientos–Aro no ha podido soportarlo.
- ¿Soportar qué? –Carlisle no sabía a quién mirar, si a Alice o a Edward.
- Antonia no es realmente una clarividente –explicó Alice, refiriéndose a la chica por su nombre, como si fueran amigas o conocidas, como si en el mundo real alguna vez se hubieran presentado –ella es más bien una médium.
- ¿Fantasmas? –no puse en duda la posibilidad de que existieran. Ya recordaba a uno.
- Ellos la aconsejan, le dicen lo que ocurre en otros lugares, le cuentan sobre lo que está por suceder.
- Entonces Aro, al tocarla, pudo verse rodeado de espíritus –el tono de Edward era duro, pero se podía entender satisfactorio ante la imagen del Vulturi acobardado por fantasmas.
- Eso es bueno entonces –dijo Amanda pensando en voz alta –Ella no ha dicho nada y los fantasmas han protegido la información. Aún tenemos tiempo.
- Sólo tres días –aseguró Alice –Aro mordió a Antonia.
- Así le asegura en lugar en la guardia –continuó Edward.
- Además de que la podrá torturar al tenerla confinada y sin posibilidad de alimentarse. Tomando en cuenta la necesidad de los vampiros neófitos, Aro se jugó la carta de la tortura lenta. Si no, siempre puede ocupar a Jane.
La expresión de Amanda se oscureció. Tal vez por la guerra inevitable, tal vez por la humana que sufría lejos por una causa que no le pertenecía directamente.
- ¿Hablará? –preguntó Carlisle sin querer saber la respuesta.
- Si –contestaron ambos al mismo tiempo.
- ¿Cuántos días tenemos?
- Ella hablará el mismo día en que pisemos Italia. No importa lo que hagamos, ellos nos estarán esperando.
Los preparativos comenzaron de inmediato. Al día siguiente ya estábamos en todos el aeropuerto. Casi todos los vampiros viajaban con sus propias familias; éramos quienes teníamos lazos de afecto con humanos los que sufrimos al separarnos.
La mayoría de los licántropos dejaba a sus padres en Forks. Algunos dejaban a sus novias, a sus imprimaciones. Para ellos era menos complicado que para los que viajaban junto a sus parejas, como era el caso de Jacob y Leah. Ellos lucharían junto a Renesmee y a Tomás, los verían poner en riesgo sus vidas, y eso era sin duda mucho más duro que sufrir la separación, pues sabían que existía el riesgo de que murieran. Los otros en cambio, solo tenían que esforzarse por sobrevivir, para volver a los brazos de las personas a las que amaban.
En mi caso solo era difícil despedirme de Charlie y Renée. Aunque ya lo había hecho muchas veces, en esta ocasión era más doloroso. No por el alto porcentaje en contra nuestra, según el cuál ninguno de nosotros volvería, sino que porque por fin sabían la verdad, ya no tenía que esconderme de ellos. Les había revelado mi nueva vida, la naturaleza de mi familia. Ellos lo habían aceptado y ahora, por primera vez en tres años, podía sentarme junto a ellos a compartir sin tener que mentirles.
Aunque no sabía si volvería para vivir el resto de sus vidas junto a ellos, al menos tenía el consuelo de que gracias a la guerra que teníamos por delante, crearía para ellos un mundo más seguro y más justo. Menos peligroso. Pero sobretodo, sin mentiras.
- Te quiero mamá –Renée intentaba sofocar el llanto, sin tener mucho éxito –Si algo nos sucediera, alguien vendrá a avisarles. Quédate aquí a pasar la navidad, llama a Phil, pídele que venga.
- Les irá bien Bella –me tomó la cara y me obligó a hundirme en sus ojos –Estaremos rezando para que Dios los acompañe. Volverán sanos, salvos y victoriosos, estoy segura.
- Y pasaremos navidad juntos –exclamó Charlie a mis espaldas.
- Papá…-me giré para abrazarlo. No habían palabras para despedirse de él.
Hubiera llorado.
- Cariño, no te pongas triste. Tienes que estar concentrada para poder patearles el trasero a esos Vicarios.
- Vulturi –le corregí.
- Lo que sea. No pienses en nosotros, estaremos bien, preparando una buena cena navideña de bienvenida –sus ojos se humedecieron, pero esta vez no intentó reprimir las lágrimas –Además, tendrán que volver para ayudarme cuando sea viejo y no pueda caminar. Con esa fuerza que tienen, y los súper oídos, seguro que me escucharan cada vez que me caiga en el baño.
- Y serás un viejo cargante –me burlé intentando sonreír, pero mi tono de voz sugería otra cosa.
Nos abrazamos una vez más y luego me aparté para que mis padres pudieran despedirse de Renesmee. Busqué a Edward entre los licántropos, los brujos y los vampiros; en uno de los cubículos del aeropuerto, él y Carlisle charlaban con un hombre, el piloto. No me acerqué pues supuse estaban en una conversación de negocios. Miré a mí alrededor: los Clearwather abrazaban a Sue, Jacob hablaba con Sam, los vampiros estaban agrupados en sus respectivos clanes, y los brujos, de la mano y con las cabezas agachadas, murmuraban cosas, como si estuvieran repitiendo una oración. De todas maneras, las despedidas eran menos angustiosas que las que se repartieron entre aquellos que enfrentamos a los Vulturi, ya casi exactamente tres años atrás. Esta vez, la muerte no era segura. Las posibilidades de ganar no eran tan remotas como en aquellos años. Ahora, mientras todos se abrazaban con sus familiares y amigos, había una nueva esperanza en el ambiente. Podíamos ganar, debíamos hacerlo. Esta era una batalla distinta, no era solo para defendernos. Era también para poder crear un mundo mejor.
Poco antes de subirnos al avión, Alice se acercó a nosotros sigilosamente para pasar desapercibida por el resto. Edward se enfocó en los pensamientos que su hermana intentaba comunicarle.
- Alerta a Jasper, que él ayude a controlarla. Nosotros nos enfocaremos en Emmet –indicó Edward después de leer a su hermana.
Alice asintió y desapareció entre la gente. Estábamos en el aeropuerto, esperando a que Carlisle finiquitara los últimos detalles de nuestro viaje. En la sala de espera, medios aislados del resto de la gente, nuestro compacto ejército se dispersaba para hacer los últimos arreglos: llamadas telefónicas, recados, cartas. Todo lo necesario, si es que alguno no sobrevivía a los próximos días.
- ¿Emmet viene hacia acá? –quise confirmar con Edward.
- Si, han vuelto y se encontraron con la casa vacía. Alice les dejó un recado para que supieran donde encontrarnos. Él y Rosalie vienen en camino.
No los habíamos visto desde aquél día en que Lucas apareció. Las cosas desde su ausencia habían tomado un giro más vertiginoso. Los eventos nos caían encima, ya no había modo de retroceder.
- ¿Y son malas noticias? ¿Rosalie estará descontrolada? –pregunté, pues si Alice avisaba que Jasper debía controlarla, entonces era malas noticias las que venían.
- No es eso. Ellos vienen en camino, pero no supondrán ningún problema. Es otra visita las que nos alcanzará aquí. María viene con ellos.
- ¿María? María… ¡María! –tantos años atrás, tantas historias atrás, Jasper había contado sobre la mujer que lo transformó. Aquella vampiresa con aspiraciones de conquista, que tenía el ejército de neófitos más próspero de América. María… ella venía hacia nosotros. – ¡Lo último que nos faltaba! Una pelea en público. ¿Cómo vamos a evitar un escándalo? ¡Estamos en el aeropuerto por Dios!
- No viene a pelear, Bella. María viene a unirse a nosotros. Se encontró con Emmet y Rosalie en Forks. Vienen juntos. Tiene cuentas pendientes con Volterra.
- ¿Qué? –exclamé.
- No puedo explicarte ahora, tengo asuntos pendientes con el piloto. Espérame un segundo.
Tantas preguntas, tantas cosas inconclusas. Y nosotros caminando hacia la guerra. ¿Qué tenía que hacer María allá? ¿Cómo lo supo? ¿Alistair le contó? La única que podía tener respuestas para mí, era, como siempre, Alice.
Entre la gente, la hermosa figura de Alice sobresalió ante mis ojos. Caminaba danzante hacia los brujos, buscaba a Elisa. Las clarividentes se tomaron de la mano y cerraron los ojos, invocando una nueva visión.
Me acerqué hacia ellas para obtener las nuevas noticias.
- ¿Cómo va la situación? –pregunté cuando se soltaron.
- No ha cambiado nada, tenemos aún el tiempo necesario para llegar allá, pero nos estarán esperando.
- ¿Sigue transformándose? –los ojos de Alice me miraron nerviosos, como si estuviera sufriendo el mismo dolor que la invadió el día anterior cuando concluyó su visión.
- Bella –exclamó la inconfundible voz de Emmet mientra corría hacia nosotras. A su lado Rosalie se movía tranquila, pero con un aire enojado.
Habían llegado por fin.
- Alcanzaron a llegar justo a tiempo –sonreí a conciencia, aunque supe que sólo mi boca se había curvado, pero que mi rostro seguía monótono.
- No me hubiera perdido esta batalla por nada en el mundo –Emmet parecía nervioso, aunque fingía muy bien.
Elisa se apartó de nosotros. Con el rabillo del ojos la ví acercarse a Olivia. Ninguna de las dos hizo el ademán de voltearse para mirar a los recién llegados. Con ellos, venía una hermosa mujer: María.
Carlisle, Esme, Jasper y Edward se acercaron.
- ¿Está todo bien? –Preguntó Carlisle incómodo, sin saber qué situación resolver primero, si es que la de sus hijos, o la de la nueva vampiresa –No es necesario que vengan si no quieren hacerlo. Lo digo sobre todo por ti, Rosalie.
Ella no se inmutó con el comentario.
- Somos una familia, no los dejaremos solos –contestó sin convencerse del todo de sus propias palabras.
- ¡Rose! –gritó Renesmee al ver a Rosalie. Corrió hacia ella y la abrazó con cariño. Jacob caminó tras ella, dando una mirada sospechosa a María.
- Hola Nessie –ahora sí Rose había manifestado algo con su rostro. Algo parecido al cariño.
- No pensé que vinieran –confesó Renesmee.
- Estamos involucrados, ¿no lo crees? –le contestó Rosalie.
- No hay problema si te quieres quedar –exclamó Jacob con tono sarcástico.
Entre ellos existía la relación suegra-yerno típica.
- No te rías, perro, todavía te pueden matar por allá.
- Veo que todo sigue igual –Renesmee se cansaba pronto de las conversaciones entre su novio y su tía, pero su comentario iba directamente hacia Emmet.
- Tenemos que partir ya –interrumpió Edward antes de que siguieran haciendo preguntas incómodas.
- ¿No quieren preguntarme algo antes de subirme a un avión lleno de comida? –habló de pronto María. Su voz, bellísima como la de todos los inmortales, era muy grave. Podría haber sido parte de un coro Gospel.
- Según tenemos entendido, quieres unirte en la batalla –contestó Carlisle dando una mirada cómplice a Edward.
- Tengo más que buenas razones. Y suficientes siglos he tenido esperando –el rostro implacable de María expiró amenazas; en sus ojos vi la venganza asesina, esa que macera hasta llegar a su punto de ebullición en silencio –Sobre mi causa no tengo por qué darles explicaciones. Sólo les puedo prometer comportarme entre sus filas.
- Se enteró por Alistair –explicó Alice para romper el hielo –y quiere ayudar a eliminar a los Vulturi. Tal vez no por buenas razones, pero al menos será de ayuda.
- ¿No tienes problemas con eso? –Esme se apresuró a tomar a Jasper por los hombros. Temía por el bienestar de su hijo.
- Estaré bien –sentenció.
- Bella –me habló Edward –sube al avión con la manada y con los brujos. Siéntalos como habíamos dicho antes: primero los humanos, luego la manada. Nosotros subiremos con los vampiros después, cuando hayamos hablado con María.
Asentí con la cabeza y me enfoqué en mi tarea. Reuní a los humanos y los encaminé hacia el avión, que se encontraba en una pista separada de los aviones comerciales. El piloto se encontraba ya sobre su nave. Había puesto la escalera en su lugar y nos esperaba en la puerta del avión.
Una vez sentados, lo único que quedaba era esperar al resto para partir.
Olivia se acercó hacia mi asiento, en la mitad del avión.
- Bella, ¿me puedo sentar aquí un minuto?
- Si, por supuesto.
La bruja se sentó a mi lado y se mordisqueó las uñas.
- Eh…
- ¿Quieres saber de Emmet? –lógico, ¿qué otra razón iba a tener para estar tan nerviosa?
- ¿Te ha dicho algo? –súper nerviosa.
- Lo siento, no han dicho nada sobre nada –aunque a mi parecer, ella sería la despechada en este trío.
Olivia apretó los labios.
- Supongo que es mejor así –intentó obligarse a la resignación –hablaremos al regreso.
- ¿Hablarán?
- Bueno –tartamudeó nerviosa –sé que probablemente él se quede con ella. Pero de todas maneras me gustaría saber qué pasó y por qué tomó esa decisión.
- Olivia –le tomé las manos. Estaban tibias. Ella ya no se protegía de mí. –Ellos llevan décadas juntos. Además, no es bueno para ti que estés con un vampiro y te lo digo por experiencia propia.
- Es un poco cínico, ¿no crees?
- Si, tal vez si. Pero en mi caso era distinto. Primero porque no estaba rompiendo ningún matrimonio. Y segundo porque tú tienes una tarea especial: eres sacerdotisa, y no puedes serlo si es que mueres. Yo era una mujer común y corriente.
- Nadie es común y corriente. Pero tienes razón. Es que bueno, si, lo mejor es que me haga a un lado. Además, no tengo intenciones de transformarme. Tal vez sea sólo un capricho.
- Un mal capricho.
- Lo sé. Pero no te preocupes por mí, estaré bien. No es como que estuviera enamorada de él ni mucho menos.
Por la ventanilla, el grupo de vampiros caminaba hacia la escalera del avión.
- Deberías irte a sentar. Tendremos una compañera peligrosa.
- ¿María? –preguntó Olivia.
- ¿Sabes quién es?
- Tengo mi propia clarividente –la bruja rió ante mi cara de contradicción –son dos manos y 32 dientes más. Eso siempre es bueno cuando quieres enfrentarte a un ejército de vampiros. No importa si después tendremos que matarla a ella también.
Me reí.
- Si, supongo que sí.
- No te preocupes de más, Bella. María no será un problema.
- Eso espero.
La chica volvió a su asiento y yo me puse de pie para recibir a los vampiros en la puerta del avión. Los primeros en entrar fueron nuestros primos de Denali. Luego el clan irlandés, seguidos por el egipcio y las amazonas. Detrás de Senna, una vampiresa hermosa, de cabello larguísimo y de un rubio platinado al estilo Marilyn Monroe, entraba silenciosa escoltada por Edward y Jasper.
- Esta es mi cuñada, Bella, esposa de Edward –Jasper nos presentó por fin.
- Un gusto en conocerte Bella.
- Bienvenida María –la saludé con un gesto de la cabeza, un poco nerviosa, pues las historias de las conquistas le antecedían.
La vampiresa caminó hacia su puesto, sin antes darle una larga ojeada a los humanos y licántropos que la observaban desde la cola del avión.
El avión despegó a las 11 de la noche del día 20 de Diciembre. Aterrizaríamos en Milán al día siguiente.
