m(_ _)m Pido disculpas.

Primero que nada, realmente muchas disculpas por que no publique nada en toda la semana pasada. Pero es que tuve una semana realmente pesada y cargada por los exámenes. Y de hecho… también esta semana, bueno solo lunes y martes ya que el miércoles 16 tengo mi examen de ingreso a la universidad. (Así que deseadme suerte ;o; ¡) asdfasdfasdfas pero ya dejemos ese tema.

Y mi ultima petición, yo se; que es a veces tedioso esperar un nuevo capítulo. Pero no me fusilen por lo que va a pasar. Solo medítenlo uwu

No me fusilen estoy joven aún!

*Maiden Out *

. . . . . . . . . .

Miró de reojo a Alemania. El alemán se encontraba sumido totalmente en sus pensamientos, cuidando de que el remo no se le hunda en el agua; a pesar de que Italia le haya dicho que no importaba. Tomó el teléfono e inserto las monedas por la ranura una por una. El auricular, empezó a marcaba los tonos de la llamada, uno tras otro. Volteó discretamente.

El alemán se encontraba de cierto modo ansioso. Pasaba sus manos entre sus cabellos, tallaba sus ojos, se despeinaba y volvía a peinarse. Suspiraba y jugaba con sus manos. Nunca había visto al alemán tan "raramente" en comportamiento. –Veee…- suspiró -Creo que no debía haber hecho eso…- se dijo a sí mismo. Volvió a poner atención al auricular. La llamada había sido cancelada. Tomó las monedas de nuevo y las volvió a insertar. El mismo tono escucho nuevamente. Volteó de nuevo, ahora se encontraba sentado. Había dejado el remo en paz y tomó asiento. Tenía sus manos cubriendo su cara. Realmente se encontraba ansioso.

De repente, la voz de un hombre se escucho del auricular. -¡Chao soy Veneciano!- contestó alegremente, pero su emoción no duro mucho, ya que aquella voz empezó a gritar. –¡Disculpe, disculpe!- empezó a suplicar. -¡No, no es que sea desobligado!- guardo silencio esperando la respuesta –No se preocupe, ya se que es mi deber. ¡Todo va a salir bien!- sonrió –Además llevo siglos haciendo esto, así que no creo que esta vez se vaya arruinar- intentó calmar a la persona que se encontraba al otro lado del teléfono. –Solo espere, veré si me puedo escapar en la noche- se escuchó fuertemente el reclamar de la persona, que inclusive Italia se alejo el auricular. -¡Es que no veo otra manera!- volvió a acercarse el auricular y escucho la respuesta. Solo sonrió. -¡Grazie!- colgó inmediatamente el teléfono.

-Pobre de mi superior, el presidente debe de estar cargándole todo el peso- sintió un poco de pena por él. Sin mas por el momento, Italia salió de la cabina telefónica y se encamino hacía la góndola. Pero sintió algo raro al ver el alemán. Este aún se encontraba agachado cubriéndose el rostro con sus manos. –Realmente no debía hacerlo… fue precipitado…- se reprendió a si mismo en voz baja mientras se mordía levemente el labio inferior. Pero, aún que fuese eso la excusa. Sentía que algo iba mal, algo estaba mal. Pero prefirió ignorarlo.

No era momento, para pensar cosas negativas.

-¡Veeeee!- saltó con una inmensa alegría en la barca. Esta se tambaleó fuertemente haciendo que Alemania despertara de sus pensamientos. -¡Italia!- gritó mientras se sostenía de donde le fuese posible. –Veee dime- sonrió de oreja a oreja. Alemania solo cerró sus ojos y suspiro. –Nada, no importa- miró a Italia y le sonrió. Este también le devolvió la sonrisa con calidez. Con cuidado, se levantó nuevamente y se colocó en la misma posición para poder mover la góndola. Con su pie, impulso la góndola hacía adentro del canal y retomó el movimiento que le había enseñado Italia. Ahora ya podía dominarlo perfectamente.

-Aprendes rápidamente Alemania- aplaudió con entusiasmo el italiano. –Gracias…- tartamudeó y dirigió su mirada hacia otro lugar. Sin embargo, la mirada del italiano era como un imán que hacía atraer la atención de la mirada del alemán. Este sin poder hacer algo, volteó forzosamente hacia el italiano. Italia lo miraba con mucha calidez pero en su vista había algo muy minúsculo, algo; muy raro en él. Era un brillo, como de picardía; pero no era eso, era de otro sentimiento casi igual. Posesión era la palabra correcta. Alemania se preocupo, esa no era la mirada común del italiano. Ya que su actitud era igual, la de siempre. Pero su mirada no. Había mutado. El alemán solo sacudió su cabeza intentado despejarse esa idea. -¿Qué sucede Alemania?- se levantó con cuidado y se encamino hasta quedar al frente de él. Elevó su cabeza y miro los ojos de Alemania. Estos despedían un poco de angustia.

Italia tomó la mano derecha del alemán y la cubrió con su otra mano. –Por favor… si ocurre algo dímelo…- susurró -¡Si fue por lo que hice lo siento!- apretó su mano y bajo su mirada –No fue mi intención, solo…- se ruborizó un poco –yo…- Sintió levemente un acariciar en su cabello. Miró de nuevo hacía el rostro de Alemania- –No pasa nada, debería estar acostumbrado a ese tipo de actos tuyos- sonrió intentando calmarlo. Soltó el remo e hinco una pierna para poder estar a la altura del italiano. –Bueno…- rió ligeramente –Si te digo nuevamente que tengo estas memorias. Tal vez expliqué la razón del por que me puse así- rasco su sien. –Así que no te preocupes por mí- sonrió y volvió a acariciar la cabellera pelicastaña del italiano, suspiro, se incorporó lentamente, tomó el remo y empezó a navegar.

Italia permaneció en silencio. Su mirada permanecía perdida. ¿Cómo que si nuevamente le explicara es por sus memorias? Ahí había gato encerrado ya que no lo podía explicar. Como si fuera una máquina, se sentó dándole la espalda a Alemania, quien navegaba tranquilamente. El italiano puso una cara de sospecha e ingenuidad. No podía comprender del todo lo que le quiso decir. Llevó su mano al mentón y la sostuvo como cual Sherlock Holmes. Solo le faltaba la pipa y la gorra. Algo le había querido decir Alemania… o algo así el suponía. –Ve…- pestaño seguidamente, su mirada mostraba gran ingenuidad. Estaba escudriñando profundamente en las palabras, las repetía mentalmente, y las separaba uno por uno.

¿Qué quiso decir el alemán? La palabra clave del misterio era "Memorias". Tenía presente que él en este justo momento, tenía las memorias sus memorias pasadas como Sacro Imperio Romano. Pero, ¿Qué tenía que ver con lo ocurrido? –Ummm…- hizo una especie de ronroneó, llamando así la atención de Alemania. Vio la postura en la que se encontraba el italiano, muy parecida a la del "pensador" que no pudo llenarse de cierta curiosidad de lo que le pasaba. Pero pensó que seguramente se encontraba pensando en alguna fantasía "Veneciana" así que solo lo ignoro y continuó remando. –Memorias… memorias…- susurró. No lo entendía muy bien, pero ya tenía un punto. Tiene sus recuerdos completos y punto. Pero, ¿Qué tiene que ver con su comportamiento? Era cierto, su comportamiento era muy raro. Incluso más raro cuando ocurrió el Día de San Valentín, donde se comporto demasiadamente raro. Demasiadamente raro.

–Veeeeee…- frunció su ceño tanto para parecerse a un puchero. Comportamiento, memorias, comportamiento, memorias. Pensaba mientras con sus manos una la elevaba y la otra la bajaba como si fuera una balanza.

A los ojos de otras personas, esto sería como preguntarse algo sencillo:

¿Qué pasara si no estudio para un examen?
Pero para los ojos de nuestro italiano era como cuestionarse: ¿Qué fue primero? ¿La gallina o el huevo?

Algo que se necesitase meditar con calma y hacer cuestionamientos filosóficos.

-¡Veee no lo entiendo!- sacudió su cabello con sus manos fuertemente. Había entrado en desesperación -¿I…talia…?- se preocupó ante el repentino ataque de histeria de Italia. -¿¡Dios por que me castigas así!- alzo sus manos al cielo como si fuera un pecador -¿Por qué no es tan sencillo como saber que tipo de pasta comeré?- lloriqueó. Alemania, preocupado ante ver aquel repentino cambio de actitud, detuvo la góndola y dejo quieto el remo en el agua. Con cuidado bajo el escalón y camino hacia Italia quien aún se encontraba llorando. -¿Italia?- lo tomó por los hombros -¿Qué ocurre?- se asomó por el lado derecho del italiano. Italia volteó quedando cara a cara con el alemán. Sus ojos se encontraban inundados de lágrimas. -¡Alemaniaaaaaaa!- se sujeto del cuello del alemán -¡Haré lo que sea pero dímelo!- lloró con fuerza y se aferró mas al cuello de este. -¡Ita…!- sintió como la fuerza que producía el abrazo del italiano lo sofocaba. -¡Qui…tate…!- lo sujeto de sus hombros y empezó a empujar. -¡No dime, por Dios que esta en los cielos. Dímelo!- se aferró a un más. -¡No me estas dejando de respirar!- su cara se torno roja debido a la falta de oxigeno y por el enorme fuerzo de quitarse al joven que lo abrazaba, que digo; estrangulaba.

-¡No quiero hasta que me digas!- con sus piernas rodeó a Alemania. -¡Italia!- empezó a tambalearse un lado a otro, haciendo también tambalear la góndola que provocaba grandes chapoteos. La gente, se acercó al ver tanto barullo afuera. El alemán miraba hacia todos lados, la gente empezaba a aglomerarse entorno a ellos. ¿Quién no haría eso ante esa escena? Mucho más, cuando se podía malinterpretar todo. Alemania se torno mucho más rojo, pero era por la vergüenza ajena que le provocaba Italia. -¡Suéltame ya!- empezó a saltar junto con el italiano, haciendo mover mas la góndola. Tenía que quitárselo antes de que su reputación muriera

-¡No quiero, no quiero!- gritó -¡Eres malo conmigo y yo que siempre me dormía contigo!- se aferró mas con él.

La gente no pudo evitar sonrojarse y susurrar respecto a lo que había comentado el país. -¡Basta Italia!- utilizó su último recurso para separarse del italiano, intentando aplicar una llave a su cuerpo para liberarse. Pero el italiano, se las ingenió para quedar aun más aferrado a él. Alemania empezó a tambalearse. -¡Italia!- gimió -¡Por favor detente nos vamos a caer!- intentó estabilizarse. -¡No quiero, no quiero!- se separó de él y empezó a sacudirse. La góndola salpicaba con mucho mas fuerza. -¡Italia!- gritó como nunca el alemán -¡Que nooooooooo!- se abalanzó sobre el gran país.

Un fuerte chapoteo se escucho en el canal acompañado de la risa de la gente.

. . . . . .

-¡Achú!- se escuchó el estornudar en la gran sala. Sentado en un extremo de un sofá, que se encontraba en medio de la habitación, se encontraba un país hecho un ovillo. Era Italia quien se encontraba cubierto con una suave y calida cobija blanca, aferrándose a ella y cubriendo cualquier orificio por donde pueda entrar el aire. Había sido tan fuerte el tambaleo que ambos países cayeron en el agua. -¡Achú!- estornudo nuevamente pero más fuerte, destapándose por completo. Hizo un mohín y tallo su nariz con su mano. De repente frente a él, fue extendida una taza de té caliente. Elevó su mirada, era Alemania. Quien le había traído el té, se encontraba con una camisa de tirantes negra y una toalla cubriéndole sus hombros. Su cara mostraba un tanto de fastidio. Italia solo le sonrió y tomó el té -¡Grazie!- dio un pequeño sorbo. –Jum… si me enfermó será tu culpa Italia- dijo resignado y se recostó en el otro extremo del sofá. – ¡Te dije que lo sentía Alemania!- reclamó como un niño. Alemania solo torció sus ojos y suspiro. –Déjalo así no importa…- tomó la toalla de sus hombros y empezó a sacudir su cabello con ella para secarlo.

-Realmente eres un descuidado- dejó en paz la toalla y la colocó aun lado del sofá. -¿Qué hubiera pasado si no hubiera dejado esto en la góndola en un lugar seguro?- levantó el viejo diario. -¡Woah! – exclamó -¡Pense que se había mojado!- grito sorprendido. –Lo había dejado en una esquina de la góndola por si ocurría algo así como ahorita- refunfuño. -¡Alemania lo piensa en todo!- dio un último sorbo al té acabándoselo de golpe y se aventó arriba del alemán. Y por la boca del alemán escapo una gran bocada de aire. -¡Que no puedes ponerte en paz!- gritó molesto. Ya eran muchas que le hacía el italiano. -¡Es que!- reposó su cabeza sobre el pecho del alemán -¡Alemania esta recostado y yo también quiero estarlo! Así que recorre tus piernas y déjame ponerme en medio de ti- sonrió alegremente, Alemania empezó a sentirse nervioso.

-¡Haz… Haz lo que quieras…!- intentó calmarse y no ponerse rojo. El italiano se acomodó rápidamente, recargo su espalda contra la espalda del alemán y con su cobija se cubrió. –Veeeee- sonrió –Mucho mejor, mucho mejor- estiró sus brazos. -¡Alemania es muy calido!- miró de reojo al alemán, este se encontraba un tanto nervioso. –Por lo menos… te hubieras puesto algo más de ropa- le reclamó –Pero- levantó la cobija y mostró su ropa, se encontraba usando unos shorts negros y una camiseta de manga larga delgada –Esta en la única ropa que tengo en esta casa- dijo un tanto apenado. –Comprendo…- esquivó la mirada del italiano.

En aquella sala, se mantuvo un silencio prolongado entre ambos países. Alemania se encontraba esquivando la mirada del italiano, y este, intentando hacer que volteara. Realmente había algo entre ellos. Aun que aparentaran que la estaban pasando realmente bien, había algo entre medio. Era un sentimiento extraño, que de alguna manera los separaba pero a la vez los unía.

Como si fueran dos golondrinas que se encontraban en el mismo alambre, pero se encontraban alejadas una de la otra.

Italia cerró sus ojos y suspiro. Así que simplemente giro y quedo frente a frente de Alemania. -Permíteme- sonrió y se acerco más al alemán. Lentamente Italia se levantó un poco hasta quedar a la altura del rostro de Alemania. Alemania, al ver como el italiano invadía su espacio personal cerró sus ojos y sus mejillas se tornaron rojas. Realmente el italiano había cambiado algo en él que lo hacía sentirse nervioso. Le recordó lo que había pasado en la góndola – ¿Creo que sería bueno ver esto no crees?- susurró. Alemania abrió un ojo y observó que el italiano solo se acerco bastante para tomar el diario que él había dejado en el taburete. Así que soltó un largo suspiro de alivio. Italia solo rió y se volvió a colocar en la misma posición que estaba antes.

-¿Estas seguro?- murmuró Alemania –Si no lo hago ahora, no se que pasaría después- dijo un tanto resignado mientras levantaba sus hombros. Italia con cuidado, abrió el diario. E inmediatamente un nostálgico recuerdo lo invadió por completo. Era como si tuviera la caja de Pandora en sus manos, que al abrirlo dejaría salir todos aquellos recuerdos terribles que reprimió. Solo esperaba, que no le pasará lo mismo que Pandora. Quería que la esperanza que dio por muerta saliera y no fuera la última en salir antes de cerrar el libro.

Con sus dedos, rozo cada página deteriorara por el tiempo y dibujo con ellos aquellas letras que el impregno. Se colocó en la primera página y la observó con cuidado. Su corazón empezó a estremecerse, eran las letras que lo hacía sentirse así. La primera página, la primera página de cuando se fue Sacro Imperio Romano. Observo, que se veían pequeñas hendiduras en la página. Era como si pequeñas gotas de agua hubieran caído y al secarse dejo esa marca. Lo primero que pensó era por lo de la góndola. Pero, estaba equivocado. Eran pequeñas lágrimas. Un nudo en la garganta se formo en el italiano.

Alemania sintió un remordimiento al ver a Italia de esa forma. Debido a su capricho de saber de él, ahora Italia esta apunto de abrir todo aquello que olvido. –Si no quieres…- murmuró –No lo hagas, no te sientas comprometido a eso…- realmente se sentía mal a eso.

-¿Sabes? Realmente pensaba que iba a ser algo sencillo…- dijo con algo de inseguridad –Pero realmente quiero hacerlo…- sonrió levemente. Alemania aún no podía sentirse como. Italia miro nuevamente la página, tomó un poco de aire y lo expulso en un largo suspiro. Tenía que hacerlo. Pero no sería sencillo ya que tenía que contarlo y relatarlo, ya que Alemania no sabía italiano. Pasó un trago de saliva y se enfocó en la primera página. La primera página que abría esos recuerdos.

-"Sacro… Sacro Imperio Romano se ha ido a esa pelea…"- empezó a leer –"Hice todo lo posible, pero no pude hacer nada. Realmente me encuentro triste…"- dejo de leer por un momento, una invasión de sentimientos empezó a cubrirlo –Pero, lo bueno…es que hemos hecho; una promesa…Me a dicho que el volvería y que yo lo esperaría con muchos dulces…"- Italia sintió una presión en su pecho –"Me dijo que me amaba y me dio un be…beso…- tartamudeó un poco –"Yo le di mi ropa interior"- un respingo se escucho por parte de Alemania junto con un leve rubor –"Y le prometí que cuando volviera le daría muchos dulces. Pero aun así… No puedo evitar sentirme triste..."- dejo de leer Italia y miro al alemán.

-Eso fue el primer día ¿Lo recuerdas?- miro con cierta incomodidad, Alemania solo asentó su cabeza. Italia miro nuevamente el libro y le dio vuelta a la hoja. Era muy poco lo que había escribido ese día.

-"Austria-san me ha dicho de que no hiciera los quehaceres nuevamente. Dice que no estoy en condiciones de hacerlo. Hungría-san estaba contando que lo había dicho por que se preocupo por mí. Me dio un poco de risa ya que Austria-san es malo conmigo a veces, como cuando fui a preguntarle si podía dormir con él y me aventó por la ventana…"- Italia rió un poco y sonrió

-¡Espera! ¿¡Austria hizo que!- dijo sorprendido el alemán. –Austria no quiso que durmiera con él por que era un indecente, ya sabrás por que lo habrá dicho ¿Verdad?- sonrió –Temo que sí…- dijo un tanto apenado ya que sabía a lo que se refería. Italia sintió un poco de alivio en su corazón. Parece que juzgo mal el intentar liberar todo eso que reprimió. Entonces prosiguió.

-"Hoy Hungría-san me a ayudado a preparar unos dulces. Para que fuera practicando para cuando llegara Sacro Imperio Romano. Pero, tomé el valor y le pregunte que era lo que pasaba. Se que soy un país pequeño que aún no puede valerse de sí mismo. Pero eso no significa que no entienda que pasa a mi alrededor"- De repente, algo empezó a ir mal. Se empezó a sentir mal, como un mal presentimiento. Giró un poco y vio a Alemania. Este lo miro con preocupación. Italia sacudió su cabeza y siguió leyendo. –"Me comentó que Austria-san se metió en un pequeño lío con Prussia y que necesitaba pelear para poder salir adelante. Creo que era debido a una sucesión o algo así…No entendí muy bien, pero Hungría-san me dijo que todo iría bien..."-

-¿La guerra de la sucesión Austriaca y la guerra de los 7 años?- murmuró el alemán –Desde que María Teresa subió al trono, realmente causo estragos- replico Italia. –Odie a esa mujer en un principio- cerró sus ojos un tanto indignado. -¿Tu odiar a alguien?- dijo sorprendido el alemán. Italia solo rió –Qué sea tan tranquilo no significa que siempre sea así- Un escalofrió recorrió el cuerpo de Alemania.

Italia continuó las siguientes páginas, quera eran como la anterior. Cosas muy minúsculas y sencillas. Había olvidado por completo que esas memorias, a pesar de que eran cuando Sacro Imperio Romano se marcho, había una que otra cosa buena. -¡Wah nunca pensé que encontraría esta cosa aquí!- sonrió repentinamente. -¿Qué cosa?- dijo curioso el alemán. –Cuando crecí un poco más, y mi voz cambio. Ese día a Austria le dio un terrible dolor de cabeza- rió un poco. –Realmente pensaba que era una niña- Alemania empezó a toser fuertemente. -¿Qué ocurré Alemania? ¿¡Te encuentras bien!- dijo preocupado. –No es nada… no nada…- miró al italiano con un poco de pena –Solo que… yo también…- se sonrojo un poco. Italia solo se abalanzó sobre el alemán abrazándolo. –Veee aun no entiendo por que pensaba que era niña- sonrió –Yo… yo…- dijo nerviosamente mientras más se sonrojaba –Te veías muy… muy…- Alemania realmente se encontraba nervioso. ¿Cómo rayos decirle que pensaba que era una mujer? Siempre creyó que lo era. Y ahora que lo enfrenta, no sabía como contestarle. Pero lo que realmente quería decirle era:

"Era por que te veías muy femenina y hermosa"

Claro que si lo hacía, se vería un poco raro. Un país hombre diciéndole a otro país hombre semejante cosa.

Entonces tomó el diario y lo puso al frente del italiano. –Continúa por favor- dijo seguramente, para que Italia no se diera cuenta de su nerviosismo. Italia hizo un puchero. –Esta bien…- refunfuño –Pero no se me va a olvidar que no me has dicho la razón- abrió nuevamente el diario, pero antes de hacerlo, miro a Alemania. Se encontraba totalmente serio, ya que intentaba con todas sus fuerzas no ponerse nervioso. Italia solo sonrió con calidez. –Si te seó sincero…- sonrió –Pense que esto iba a estar mucho peor…- suspiro –Pero creo, que no esta tan mal y tal vez pueda salir bien…- cerró sus ojos. –Me alegro, escuchar eso…- puso su mano sobre el cabello de Italia y lo acarició. Sintió un peso menos, ya que Italia lo estaba tomando realmente bien. –A veces, nosotros mismos; pensamos que ira mal si abrimos eso que cerramos con un fuerte candado y que tiramos las llaves- dijo reflexivo –Pero… aun que sea realmente duro y nos haga doblegar y llorar, y tratar de ser fuerte, aun que no lo seamos es hermoso…- sonrió el alemán. –Eso lo aprendí hace muchos siglos atrás Italia…-

Italia se sonrojo un poco. Para una persona que siempre huye, el haber escuchado eso fue realmente calido. Se sintió un poco tonto, ya que todo ese dolor lo reprimió e inclusivo hizo que odiaría a Alemania por haberlo dejado abandonado. Pero esas palabras eran como un cachito de luz, que estaba abriendo esas cortinas de oscuridad que cubría el camino de Italia. Con una tranquilidad, Italia dio vuelta a la página, pero se llevó una sorpresa al ver que unas páginas fueron arrancadas con fuerza. –Que extraño, no recuerdo que el diario tuviera hojas arrancadas- elevó el diario para que lo viera el alemán. –Seguramente lo ocupaste para dibujar algo- sonrió. -¡Cierto tal vez tengas razon!- comento con alegría y dio vuelta a la otra página. -¡Más por que Austria no me…!- quedó en silencio el italiano.

-¿Italia… que sucede?- miro consternado el alemán ya que Italia quedo petrificado. Se levantó un poco de donde se encontraba para poder observar, y se encontró con una página totalmente garabateada, tenía muchas manchas de tinta y parecía que fue escrito con fuerza. Rió un poco y sobó la cabeza del italiano. -¿Acaso te encontraste con un arte abstracto que inventaste?- sonrió, pero el italiano no respondía. Como si fuera un cubetazo de agua fría, Italia se encontraba inmóvil y repentinamente su respiración empezó a acelerar. Sus manos se incrustaron en la pasta del diario y empezó a temblar. Alemania no notó los cambios del italiano y espero a que continuara de relatar. Pero, no lo hacía. Ni siquiera comentó de la opinión que dijo respecto a esa página.

-¿Italia que sucede?- colocó sus manos sobre los hombros del italiano, pero aún así no respondía -¿Italia? ¿Italia que ocurré?- empezó a entrar un poco de pánico el alemán. –Dime ¿Qué ocurre?- empezó a sacudirlo. Pero Italia, se encontraba en un shock. Aquel cachito de luz que iluminaba su camino, desapareció y esa densa niebla cubrió por completo aquel camino de esperanza. Incluso aquellas palabras de aliento que le dio esa persona desaparecieron.

. . . . . . . . . .

-¿Qué dijiste Francia?- murmuró el italiano con curiosidad. Francia se encontraba reposando en una silla debido a las inmensas heridas que cubrían su cuerpo debido a la guerra, con sumo esfuerzo se incorporó y miro a Veneciano con seriedad –Que olvidaras a Sacro Imperio Romano- le contestó como una orden. Italia soltó un risa –Francia oni-chan, ¿Qué clase de broma es esa? Tú sabes que yo no puedo hacer eso por que…- -¡Que lo olvidaras te dije!- se levantó molesto el país y se acerco rápidamente hacia a Italia -¡Escúchame bien! ¡SACRO IMPERIO ROMANO YA NO EXISTE!- gritó en la cara del italiano. Italia abrió sus ojos de par en par. –Si sabes lo que digo, lo harás y punto- le susurró fuertemente y regreso a su asiento.

Pero antes de llegar a su asiento para descansar sintió como alguien lo sujetaba por detrás y lo volteaba bruscamente. En un abrir y cerrar de ojos, un puñetazo mando a los suelos a Francia. -¡Señor Francia!- corrieron los soldados a levantar al país quien ya se encontraba mal herido. -¡Suéltenme!- exigió que no lo ayudaran y como pudo se incorporó. Miro fieramente a Italia. Se encontraba totalmente fuera de sus cabales con sus manos hechos puño y bufando -¿¡Que rayos te pasa Italia!- sobó su mejilla -¿¡Que fue esa reacción!- gritó. -¡Maldito seas Francia!- se encamino rápidamente hacia el país -¿¡Que demonios te hizo Sacro Imperio Romano!- levantó nuevamente su puño pero fue sujetado por detrás. -¡Italia cálmate!- lo detuvo Austria tomándolo por los brazos. -¡Suéltame!- se sacudió -¡Suéltame maldita sea!- bufaba. Realmente el italiano se encontraba fuera de sí, una enorme ira lo cubrió por completo. Austria, quien sujetaba a Italia comprendía la razón por la cual Italia golpeó a Francia. La poca esperanza que le quedaba al joven país, fue desvastada por solo unas pocas palabras. –Italia, por favor… cálmate se que duele pero, no hubo otra alternativa- susurró. Veneciano dejo de moverse y silenciosamente empezó a llorar.

-Me prometió que iba a regresar…, el lo hizo…- jadeaba –Lo sabemos Italia, pero entiende estas guerras son así…- comentó Francia –Aparte, estaba siendo una molestia el Sacro Imperio Romano- suspiro. -¡Tu cállate Francia!- gritó -¡Tu fuiste quien hizo esa maldita atrocidad!- rechino sus dientes -¡Debería hacerte lo mismo que le hiciste a Sacro! -¡Debería matarte!- empezó a jalonearse. -¿Ah el señorito quiere ponerse al tanto conmigo?- dijo en tono burlón el francés y ponía una posición de pelea. -¡Francia no seas idiota!- intentaba con toda sus fuerzas sostener al país -¡Déjalo, no lo provoques! Aun que debería hacerlo ya que…- -¡Cállate Austria! ¡Tu también tienes la culpa de todo!- calló de golpe al austríaco y lo miró con sumó enojo. Este solo se quedo en pleno silencio -¡Tu también tienes la culpa! ¡Gracias a ti, a los Habsburgo y tu estúpida sucesión provocaron esto!- gritaba mientras se sacudía fuertemente para soltarse.

Austria sabía que tenía razon, no podía reclamar ni mucho menos defenderse ya que era cierto. Ante esa verdad, soltó al italiano y este se encamino hacía al francés y lo tomó por sus ropas con fuerza. Francia miro esos ojos cafés llenos de ira, odio y tristeza. No tenían brillo alguno, solo lágrimas; lágrimas de dolor. Francia sabía lo que pasaría, así que cerró sus ojos. –Hazlo…- susurró –Lo merezco…- Italia, levantó su mano derecha y con ella formó un puño, pero esta empezó a temblar. –Italia…- habló débilmente el austriaco -¿Realmente vale la pena ensuciar tus manos de ese modo?-

Italia hizo un respingo y su mano dejo de ser un puño. Francia abrió un ojo lentamente y miro al italiano. Observo como lentamente lo soltaba y se alejaba un poco. –Italia…- susurró el francés –Yo no quería esto… pero…- intento acercar a Italia, pero una fuerte bofetada lo alejó inmediatamente de él. Francia miró anonadado a Italia –No te me acerques- dijo con frialdad –Ese golpe no es nada, te mereces eso y mucho más- Italia se encamino lejos de ellos, hacía la salida de esa habitación donde se encontraba Austria y Francia. Tomó la perilla y la giró. Pero, antes de salir; los miro a ambos con un odio inmenso.

-Vaffaculo stronzos…- murmuró fuertemente la puerta y salió de ahí. Hungría quien estaba a pocos metros de la puerta de la habitación, miro salir a joven país. Había escuchado todo. –Italia…- lo detuvo –Yo, realmente lo siento…- sus palabras empezaron a acumularse, estaba buscando una forma de consolar al pobre de Italia, pero Italia solo alzó una mano diciéndole que se detuviera. –Hungría, no lo hagas por favor- y siguió caminando. Hungría solo sintió un nudo en su garganta y unas lágrimas empezaron a salir de sus ojos.

. . . . . . . . . .

Italia recordó ese momento de tanto dolor que reprimió en su corazón, y en esa página; lo impregno todo ese sentimiento.

Inmediatamente se levantó, con una fuerza sin igual hizo que el alemán se recostara en el sillón. Alemania se encontraba abajo e Italia arriba de él. Alemania se encontraba confundido, sintió como las manos del italiano tomaron con una fuerza sus muñecas y con sus piernas bloqueó las de él. Se encontraba totalmente a la merced del italiano. -¿¡Que ocurré Italia!- realmente lo estaba asustando y poniéndolo nervioso. Italia solo sonrió y lo miró a sus ojos. Ahí estaba otra vez. Esa mirada de posesión. –Finalmente volviste a mí- susurró con cierto tono de picardía –Inclusive, tus ojos regresaron- se fue acercando poco a poco la cara del alemán. -¿¡Italia que estas haciendo!- Alemania entro en pánico, ese no era Italia, ese no es la Italia que él conocía. –Calla- se acerco hasta que sus labios rozaron los del alemán.

Era suficiente. Alemania se impulsó con fuerza y aventó al italiano hacía el otro extremo del sofá. -¡Ve!- exclamó el italiano chocando contra el extremo del sofá. Este con miedo miro al alemán, Alemania se encontraba totalmente asustado. Se encontraba sonrojado y con una respiración acelerada. -¿¡Que demonios pasa contigo!- gritó molesto. -¡Pues intentaba besarte!- le contestó mientras se sobaba la espalda. -¡Pero… pero…!- tartamudeó -¡No entiendo por que lo hiciste!- dijo nerviosamente. De repente, algo vino a la mente del italiano. Encontró la respuesta que tanto buscaba sobre Alemania. -¡Alemania tu me amas cierto!- se le acercó alegremente al alemán. Alemania se tornó rojo como un tomate. -¿¡Que… que dices…!- gritó con pánico. -¡Si por lo que me dijiste! ¡Sacro Imperio Romano me amaba y tu eres él!- sonrió –Por eso te pones nervioso- se acerco a un más. Alemania empezó a respirar agitadamente –Pe, pe, pe…- empezó a tartamudear más fuerte. Italia empezó a rodear con sus brazos el cuello del alemán –Así que, no hay problema con esto- se más sus labios al de los del alemán. -¡N… no!- nuevamente lo aventó con fuerza. Italia esta vez, se molesto. -¿¡Que es lo que ocurre contigo!- le preguntó molesto -¿¡Que acaso no me amas!- le reclamó. Alemania se tornó rojo nuevamente. Empezó a jadear, tenía que explicarle al italiano lo que pasaba por su mente, pero no podía. Era tanto el nerviosismo que las palabras solo se acumulaban y todo su cuerpo temblaba. -¡No, no es eso!- contestó -¡Es solo que…!- se trabo nuevamente y llevo su mano a la cabeza. Empezó a sentir cierto dolor.

-¿¡Entonces que es!- empezó a llorar -¿¡Dímelo! ¿Me…amas?- dirigió su vista al alemán. Alemania miro esos ojos, aunque estuvieran llorosos aun tenía esa mirada. –Te espere mucho tiempo, ¿Por qué reaccionas así?- lloraba. –No…- cerró sus ojos –Yo, ah, veras, no es…- el dolor se sentía insoportable. Italia se empezó a desesperar y tomó por los hombros al alemán. –Dime- lo miró con seriedad -¿Me amas?- le dio un ultimátum.

Alemania no supo responder y a cambio recibió un horrible dolor de cabeza. -¿Alemania?- miró con preocupación ya que el país se encontraba apretando fuertemente su cabeza. –Me duele…- susurró –Me duele mucho…- tomó una mano del italiano y la apretó. -¿Te encuentras bien?- intento ver el rostro del alemán. Entonces, escucho un leve susurro que no entendió bien al principio. No venía de Alemania y ni era el viento. Era un susurró de una voz que conocía pero era intangible. Y luego, lo escucho a la perfección.

-Tú no eres mi Italia. La Italia que yo amo…-

Italia sintió un inmenso escalofrío en su corazón y un miedo; un miedo inmenso.

-¿Qué paso?- levantó su rostro el alemán. Italia suspiro de alivio -¡Veee! ¡Me asustaste!- le reclamó. Alemania miró asombrado al italiano. -¿Asustarte de qué?-dijo curioso. Italia dejo de sonreír. Se levantó de golpe y se alejo de Alemania. –Alemania ¿Cuándo naciste?- preguntó con miedo. Alemania lo miro sorprendido. ¿A que te refieres?- -¡Dime cuando fue!-le replico. Necesitaba saberlo –18 de Febrero 1871- le respondió. Italia abrió sus ojos de par en par, no era cierto. –Dime… ¿Qué haces aquí en Venecia?- le susurró bajamente. – ¿Qué pregunta es esa?- suspiro el rubio –Me trajiste aquí por que me lo pediste ¿No lo recuerdas?- El pelicastaño dio un paso mas hacia tras. – ¿Te acuerdas que estábamos hablando en este momento?- un tic apareció en su ojo. –De pasta como siempre…- suspiro mientras se recargaba en el sillón.

Italia empezó a sentir unos fuertes escalofríos y empezó a abrazarse así mismo. No había denotado algo en Alemania hasta ahorita en ese preciso momento.

Sus ojos…

Una sensación extraña empezó a invadirlo. Alemania no entendía lo que pasaba, así que se levantó y camino hacia el italiano que no reaccionaba, estaba en blanco. -¿Italia que ocurre?- con su mano levantó el mentón de Italia para que lo observara. Pero bruscamente Italia golpeó la mano de este. –No me toques- le respondió molesto. Italia se encontraba enfadado. -¿¡Oye pero que te pasa! ¡Te estas comportando muy extraño hoy!- se sobo la mano que había golpeado. -¿¡Como que qué me pasa!- le gritó -¡Pregúntatelo a ti mismo!- se encamino a la puerta de salida. Las cosas se estaban poniendo feo. Alemania, sin saber por que la conducta tan agresiva del pelicastaño provocó que también este se comportara del mismo modo. -¿¡Oye tu a donde vas! ¡Ponte algo de ropa!- le siguió por detrás el alemán. Pero Italia no contesto, solo siguió caminando hacia fuera bufando. -¡Italia no me ignores!- el alemán tomó con fuerza la muñeca de Italia e hizo que lo mirara. El rostro de Italia se dibujaba un gran ceño fruncido. Se encontraba enojado y con los ojos llenos de lágrimas. -¡Suéltame!- gritó mientras se jaloneaba -¡No hasta que me digas que demonios te pasa!- apretó con más fuerza la muñeca de Veneciano.

-¡Vuélveme a decir en que año fuiste fundado!- aguanto el dolor que le producía el alemán en su muñeca -¿Para que rayos quieres saber eso?- torció los ojos -¡Que me la digas!- volvió a reclamarle. Alemania se sobo las sienes con la mano que tenía libre -18 de Febrero de 1871- dijo tediosamente. -¡Entonces suéltame!- aprovecho que el alemán se relajo y se soltó. Corrió rápidamente al pequeño muelle y con destreza soltó la rienda de un bote motorizado y lo hecho andar. Alemania corrió rápidamente a la orilla, se encontraba molesto; no entendía por que Italia no se comportaba así con él.

-¿¡Italia dime que rayos te pasa!- le gritó, Italia quien ya se encontraba en medio del canal miro por última vez al alemán. La expresión en el rostro de Italia era de dolor, sus ojos dibujaban profunda tristeza y decepción. En su boca, mordía su labio inferior para aguantar el no llorar y con sus manos se encontraban hechos puños. Alemania no pudo evitar sentir cierta ansiedad. -¡Si no eres capaz de cumplir tus promesas!- grito con toda la fuerza que pudo tomar -¡Por lo menos no vuelvas nunca más!- metió el acelerador y se marcho de ahí. Alemania impotente y sin saber que pasaba se quedo ahí; estático.

-¡Italiaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!- fue lo único que pudo hacer.

Italia escucho el llamado de su nombre, pero no podía responder. Se encontraba jadeando por el llanto fuerte que había empezado a tener. Apenas, podía controlar el bote y manejarlo. No podía ver bien, veía vidrioso. Se sentía dolido, quería huir; huir lo más lejos posible de ese lugar. Ya era la segunda vez. La segunda vez que matan su esperanza. Pero esta vez, realmente lo hizo esa persona.

-¿Por qué…?- gimió -¿¡Por que no puede ser como siempre lo he deseado!- miró hacia el cielo estrellado buscando una explicación.

-¿¡Por que no puede ser como esos hermosos recuerdos!- cerró sus ojos con fuerza y un torrentes de lágrimas viajaron por sus mejillas. Sacro Imperio Romano lo abandono otra vez.

-¡Dio!- extendió una mano hacia el cielo -¡Ti Prego perdonami!- gritó a los cielos mientras se perdía en los canales de su querida Venecia.

Ahora, el único mayor deseo de Italia era, desaparecer…

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Capítulo 8° "Dolore" (Dolor)