-¡No, no y no!- gritó molesto la Italia del sur, dio media vuelta y empezó a caminar. Un joven, un tanto molesto por la actitud de este, frunció su ceño y camino detrás de él alcanzando a la par del caminar de Italia. -¡Pero ocupamos que alguien se encargue del carnaval señor!- apretó fuertemente el porta hojas que usaba -¡El señor Veneciano no se a presentado aún!- reclamó. Romano, quien ya se encontraba molesto de las suplicas del sujeto se detuvo y miro al joven algo molesto. -A ver, lee mis labios- los señalo firmemente –No…- trato de hacer la pronunciación lo más lento posible para que, si no escucho el sonido de su negación por lo menos leyera sus labios y prosiguió su caminar.
-¡Por favor Romano, necesitamos que esto este listo!- empezó a desesperarse -¿Qué acaso no sabes que el carnaval empieza hoy?- chilló. Romano suspiro gravemente y se detuvo de nuevo. Ya lo tenía hasta la coronilla. –Che te lo voy a repetir de vuelta bastardo…- trató de calmarse sobándose sus sienes. -¡No es no!- gritó en la cara del pobre muchacho. Este solo se escondió en con porta hojas. -¡Por favor no sea así!- bajo la tabla -¡Necesitamos ayuda en el festival de Venecia!- suplicó.
-¡Arg me tienes arto!- hizo puños sus manos -¡A mi que me importa esto! ¡Dime!- explotó de enojo -¿Acaso me llamo Italia Veneciano? Ve-ne-ci-ano que es por Venecia- - deletreó con cuidado como si estuviera tratando a un tonto –Pero nooo…- dijo sarcásticamente mientras miraba con enojo al ya pavorido joven, quien temía que lo golpeara. –¡Me llamo Italia! ¡Italia Romano! Ro-ma-no osease ¡ROMA!- gritó con todo pulmón tanto, que los organizadores que estaban ahí presentes salieron corriendo por sus vidas. -¡No me hagas nada haré lo que sea!- lloró el pobre encargado. -¡Che eres un maldito idiota!- dio la media vuelta y siguió caminando. -¿Aparte yo que tengo que ver con estos preparativos?- chasqueó los dientes y llevó sus manos detrás de la cabeza. –El tonto de mi hermano es el encargado de todo este escándalo de fiesta- suspiro largamente.
-¡Por eso le estamos pidiendo ayuda!- gritó desde lejos el muchacho -¡Veneciano me dijo que me visitaría en la noche pero no se presento! ¡Llamé a su casa, a su celular y tampoco me contesto! ¡Estoy preocupado!-
Romano se detuvo su caminar y miró de reojo al superior de su hermano. –Seguramente debe de estar desayunando con el idiota del macho patatas- dio la vuelta y lo miro con fastidio -¡Así que no me vengas con mas idioteces y déjame en paz!...-pero, como si hubiera visto un fantasma; abrió sus ojos de par en par. –No puede ser- dijo sorprendido y empezó a caminar con rapidez -¿Romano que sucede?- preguntó el supervisor, a quien lo paso de largo. – ¿Macho… patatas?...- pronunció bajamente. -¡Che!- frunció el ceño y salió corriendo de ahí. -¡Romano espera!- gritó el joven pero no sirvió ya que desapareció de su vista.
El italiano empezó a correr lo más rápido que le permitían sus piernas. A lo lejos de unas cuantas cuadras de canales se veía en el canal principal a Alemania conduciendo la góndola de su hermano. Se miraba consternado, como si estuviera buscando algo, pero no sabía por donde empezar. Romano sacudió su cabeza, temía que algo malo hubiera pasado, especialmente por que no veía a su hermano acompañándolo. Sin vacilar y sin temor, tomaba las curvas de las pequeñas banquetas a toda velocidad, y al primer puente que veía lo cruzaba y continuaba con la cuadra siguiente. No todas las casas tenían banquetas y puentes, pero estas sí. -¡Macho patatas!- gritó la Italia del sur lo más fuerte que pudo. Ya le faltaban menos de dos cuadras para llegar donde se encontraba el alemán. Alemania dirigió su vista al italiano. Romano sintió una punzada en su pecho. Los ojos de Alemania reflejaban lo que más temía. Quiso continuar pero el siguiente canal no tenía banqueta. Italia desesperado hizo señas al alemán -¡Acércate rápido a esta orilla idiota!- gritó con cierto enojo. Alemania con rapidez sin igual, se acerco rápidamente a donde se encontraba Romano. Esté dio un salto y aterrizo en medio de la góndola.
-¿¡Donde esta mi hermano!- gritó ferozmente el italiano -¡No lo sé tu hermano me dejo abandonado en su casa!- contestó exaltado el alemán. Romano empezó a híper ventilarse -¡Sabía que estaba mal! ¡Sabía que estaba mal!- llevó sus manos a la cabeza y la apretó fuertemente. -¡Romano por favor cálmate!- lo tomó por sus hombros -¡También estoy desesperado!- lo miró fijamente a los ojos. Romano trato de calmarse y contenerse. Tenía razón. –Dime ¿Qué carajos paso?- trato tranquilizarse. –No losé, a tu hermano le dio un ataque de histeria y salió corriendo de ahí- le respondió -¿¡Pero por que le dio el ataque de histeria!- volvió a precipitarse y empezó de nuevo a híper ventilar -¡Te dije que no hicieras algo que lo alterará!- hizo un ademán con su mano. -¡Lose, lose!- pasó su mano entre sus cabellos y se despeino. –Solo leímos el diario que encontré en su habitación. Uno donde él dijo que apunto todo lo que paso cuando yo estaba en la guerra y cuando él se quedo con Austria- trató de responderle con calma para que no se volviera a alterar. -¿Entonces?...- intento calmar su respiración -¿Qué fue lo que le paso para que se fuera?- miró afligido al alemán. Alemania solo movió su cabeza de lado –No losé…- llevó su mano al rostro y limpio el sudor frío que tenía en su frente. –Solo recuerdo, que lo vi alejándose en un bote motorizado… se encontraba muy alterado…- un nudo en la garganta surgió en el alemán. Romano cerró sus ojos e inhalaba y exhalaba lentamente para relajarse. Trataba de pensar que era lo que había sucedido, para que su hermano dejara solo al cabeza de alcornoque que tenía frente de el.
Entonces, se dio cuenta de lo que pasaba. No, aún no lo sabía; pero se dio cuenta de algo muy importante -Espera un segundo- se incorporó lentamente el italiano -¿Acabas de decir que no te acuerdas lo que pasó?- lo miro con una gran incógnita –Así es- respondió. Romano guardo silencio -¿Te acuerdas todo lo que pasó con respecto a tus memorias pasadas?- le interrogo nuevamente. Alemania solo acento con su cabeza.
Un escalofrió corrió por el cuerpo del italiano. Miró los ojos del alemán y ahí estaba la prueba que confirmaba que decía la verdad. –Entonces…- susurró -¿Por qué… no lo recuerdas…?- miró estupefacto a Alemania. Este solo agacho su cabeza.
. . . . . . . . .
Un país, con ya bastantes años de vida; se encontraba afuera en el pasillo de su hogar observando la lluvia caer con fuerza. Tomó la taza de porcelana que tenía a un lado suyo y dio un sorbo de ella. Volvió a colocarla en el mismo lugar y continuó viendo el paisaje. –Ah…- suspiro –Realmente el clima esta muy mal, solo espero que se acabe pronto*- sonrió y acarició el lomo de su perro. Este solo movió la cola. –Pero dicen que cuanto más este nublado y gris, al final tendrá un gran hermoso cielo azul*-
Y nunca, en sus años de experiencia y sabiduría, Japón se ha equivocado.
Un sonido bastante fuerte se escucho en la entrada principal, haciendo que el japonés reaccionara inmediatamente. Miró con mucho sigilo hacia los cuartos que se encontraba detrás de él. Su perro empezó a ladrar, pero el país le hizo una seña de que guarda silencio. Este calló de inmediato. Se levantó con cuidado y se encamino hacía la entrada. Con pasos bastantes silenciosos recorrió los pasillos de madera de su casa y, acompañado detrás de él; su perro. Japón tomó su katana que tenía en una repisa y se la colocó aún lado suyo. Parecería algo muy precipitado lo que estaba haciendo Japón, pero; ¿Quién en su sano juicio sale en un día tan terrible de lluvia?
Revisó uno por uno las habitaciones, siempre con el pulgar listo para empujar su katana y atacar al intruso. Pero no encontraba nada. –Nada- murmuró mientras se encaminaba hacía otra habitación. –Nada- deslizó la puerta para volverla a cerrar. –Ah, creo que me he precipitado de nuevo- suspiro y dirigió su vista a su compañero. –Creo que he de estar escuchando cosas debido a los truenos…- este solo ladró. Pero, nuevamente se escucho el sonido en la entrada principal. Escuchó como abrieron la puerta principal de su casa. Japón esta vez si estaba seguro que no era algo más que un trueno. Con sigilo y rapidez llego al pasillo que daba a la puerta principal. Desenvaino un poco más su katana. Estaba preparado, solo esperaría que el intruso hiciera ruido alguno. De repente se escucho una voz grave y un golpe seco en el piso. Era ahora de actuar o nunca. -¡Deténgase por favor!- se colocó en medio del pasillo con una posición de ataque – ¡Como hombre japonés que soy protegeré mi casa y no permitiré que se salga con la suya!- dijo firmemente. Pero su atacante no se movía, se encontraba en el piso tirado.
-Japón…- dijo débilmente una voz –Levántame…- pidió su ayuda. Japón solo desenvainó su katana y apretó fuertemente el mango -¡Pero que cosas dices! ¡No ayudaría a un intruso a levantarse! ¡No me engañaras!- le replicó. –Japón por favor…- con sumó esfuerzo elevó su mano para quitarse la capucha de la chamarra que traía. Entonces, Japón supo quien era.
-¡Italia-kun!- soltó de golpe su katana y corrió a levantar el país. Italia se encontraba totalmente empapado por la lluvia, gotas frías recorrían cada hebra de su cabello, y tiritaba fuertemente por el frió ya que solo se encontraba usando una chamarra y aún continuaba usando la ropa de ese día. La camiseta blanca de manga larga, unos shorts negros y se encontraba descalzo. -¡Por Dios! ¿Qué fue lo que te pasó?- colocó el brazo del italiano alrededor de él para que se pudiera levantar. Italia solo sonrió. –Salí corriendo para visitar a mi amigo Japón- dijo inocentemente y lo miro con calidez. Japón quedo sorprendido, eso no podría ser cierto. Estaba haciendo una tormenta afuera, ¿Quién sale en ese tipo de condición a ver a alguien? Pero eso no era el punto a tratar en ese momento, Italia podría darle una hipotermia. –Te llevaré a la habitación de huéspedes- lo levantó con fuerza y se encaminaron hacia el pasillo –No tengo ropa que puedes usar, pero puedo darte una yukata para que la uses- miró de reojo al italiano. Este solo se encontraba con la mirada perdida y sonriente. Japón no pudo evitarse sentirse un poco incomodó. -¿Sabes?- pronunció Italia mientras dirigía su vista hacia el japonés –Quisiera poder tomar un baño caliente, si no te importa- sonrió y retiró su brazo del cuello del país.
-Disculpa, no me tienes que cargar he de estar pesado- rió y se colocó al frente de Japón. -¿Qué te parece si nos metemos a ese famoso "Onsen" que tanto hablas?- lo tomó de la mano y aun que no supiera a donde dirigirse recorrieron el pasillo a paso veloz. -¡Italia-kun espera!- exclamó -¡No tan rápido por favor!- intentaba correr a la misma velocidad que el del italiano -¡En ese lugar no se encuentra!- Italia solo sonreía.
Solo sonreía…
Italia tallaba su cuerpo con un jabón teniendo cuidado de no dejar una parte enjabonada, ya que Japón le había enseñado que se tenía que lavar muy bien antes de entrar. Tomó un poco de shampoo y dio un fuerte masaje en su cabeza hasta hacer bastante espuma.
-¡Japón, Japón!- gritó alegremente el italiano -¡Mira, mira!- con sus manos moldeó la espuma y formó una forma circular -¡Tengo un afro! ¿No se ve genial?- sonrió. –Se ve muy gracioso- le sonrió de igual manera mientras este también enjabonaba su cabello. -¡Veeee!- rió y con una cubeta de agua se la vertió encima y deshizo su "afro". Tomó la manguera y empezó a rosear su cuerpo con agua, llevándose consigo toda la espuma que tenía en su cuerpo.
Al terminar tomó su toalla y se tapó abajo. -¡Japón, Japón! ¿Puedo meterme ya?- sacudió sus brazos impacientemente. Japón quien se encontraba apenas enjabonando su cuerpo, asentó con su cabeza. Vio como Veneciano se dirigió rápidamente hacia el onsen dejando que el viento quitara su toalla y entró de un golpe, haciendo un gran salpicadero. Japón solo sonrió y se volteó nuevamente. Aún que tuviera al su amigo italiano sonriente como siempre, sentía que algo estaba mal. La forma en que se comportaba era la misma, pero sentía como algo no estaba en su lugar. Dentro de la mente del japonés se empezaron a formar muchas intrigantes aun que solo pareciera que estaba serio. ¿Qué hacia Italia en su casa a estas horas? Y más principalmente en esas condiciones de clima, literalmente había como un "huracán", aparte; denotaba algo en la actitud del italiano, algo realmente extraño en su forma de comportarse. Pero no podía decir nada, ya que probablemente puede que sea verdad. Era Italia… un italiano capaz de hacer cualquier cosa extraña por alguien.
-¡Japóooon!- gritó alegremente el italiano -¡Vamos entra ya!- saco una mano del agua y empezó a sacudirla con fuerza. –Espera un poco Italia-kun- tomó una cubeta de agua y enjuago su cuerpo por completo. Tomó la toalla y se la puso. –Realmente tenías ganas de bañarte- sonrió suavemente el país. Italia solo sonrió.
El japonés entró al agua con calma y se dejó relajar. –Aah… nada mejor que un baño caliente…- se sonrojó levemente y dirigió su vista a Italia. Este se encontraba al otro extremo del onsen con sus dos brazos atrás recargados en la barda con su cabeza hacia atrás. Se encontraba pensativo. –Por eso quería venir un rato aquí…- susurró el italiano mientras se incorporaba correctamente. Japón sólo permanecía serio, realmente algo sentía que estaba mal. -¿Qué ocurre Japón?- dijo curioso el italiano, el país sacudió su cabeza para salir de sus pensamientos.
-No ocurre nada- sonrió –Solo que, aún no entiendo por que viniste a mi casa y mucho más en esas condiciones- dirigió una mirada seria a Italia y este se la devolvió con cierta seriedad –Pareciese que ocurrió algo…- habló con sigilo procurando no hacer sospechar al país sobre que quería saber la verdad. Italia empezó a jugar con el agua con sus manos. –Solo estoy aquí, por que quiero alejarme de una persona- hizo un puchero –Desde hace poco lleva molestándome mucho y la verdad me empezó a fastidiar- rasco su sien. – ¿Enserio?- dijo sorprendido Japón -¿Qué es lo que te hizo?- pregunto repentinamente -¡Ah disculpa! No es que me interese realmente…- empezó a sentirse avergonzado por su falta de respecto -¡No importa Japón!- rió mientras se dirigía al lado del japonés. –Si quieres saber- se acomodó al lado de este –Te lo puedo decir- lo miró con tranquilidad. Japón sintió algo incomodo al ver los ojos del italiano.
-Solo quiero alejarme de esa persona, ya que me fastidio- susurro y tomó un poco de agua entre sus manos y se lo hecho a la cara. –Italia-kun…- dijo un tanto sorprendido ¿Italia sentirse fastidiado por alguien? Eso realmente era extraño e inclusive, había algo más extraño. –Italia-kun ¿Por qué tienes tus ojos abiertos?- señalo sus ojos. Italia llevo sus manos a su rostro y palpó las cuencas de sus ojos. -¡Wah es verdad!- gritó sorprendido –Creo que es porque me cansé de estar con los ojos cerrados- sonrió de oreja a oreja. Japón empezó a sentir cierta ansiedad.
Miraba al italiano que se encontraba justo aún lado de él. Y no podía evitar sentirse agobiado, como sí algo pegajoso se adentrara en él y alterara su estado de ánimo. Pero lo veía sonreír, sonreír… Era la Italia que él conocía. Alegre, despistado e idiota. Pero no podía evitar sentirse así. Luego ¿Alguien que lo fastidia? Que él supiese, Italia es un país realmente muy alegre y pacífico; no era como otros países que guardan rencor entre ellos. Es más, el unía fuertemente ciertos vínculos con países muy cercanos o que se involucró con sus vida y sentimientos. ¿Sentimientos? Sus ojos se abrieron de par en par. ¿Acaso, Italia se peleó con alguien? Esto ya era más extraño. Miró al italiano, quien se encontraba relajándose con los ojos cerrados.
-¿Italia?- susurró -¿Dime?- pronunció con calma. Japón titubeó un poco nervioso -¿Acaso… discutiste con alguien…?-
Al escuchar esto, Italia abrió sus ojos rápidamente y miró a Japón. Sus ojos dibujaron distorsión y miedo. -¡Vee!- con su mano hizo una salpicón hacia la cara del japonés, este solo se cubrió para no recibirlo en cara. Italia rió -¡Claro que no!- sonrió -¿Yo pelearme con alguien?- Rápidamente se colocó al frente del país -¡Japón, Japón!- tomó las manos de este -¡Hagamos algo de comer que sea delicioso!- lo miró frente a frente sonrientemente. –Ahh… claro…- dijo algo confundido, ¿Qué rayos fue ese cambio de humor? Prácticamente pudo ver como la cara del italiano se vio trastornada al escuchar eso. Como si eso fuera lo último que deseara escuchar y para despistar, hizo esa acción. Ahora sí, Italia tenía algo oculto y lo tenía que averiguar pasara lo que pasara.
-Dime Italia-kun ¿Cómo ha estado todo en Europa?-
Los dos países se encontraban en medio de una habitación, comiendo sin novedad alguna un poco de Teriyaki después del baño. El japonés se encontraba sentado enfrente del italiano.
-¡Muy bien!- dijo contento el país mientras dejaba de comer –Ha habido poquitos problemas, pero más que nada todo ha ido pacífico- sonrió y prosiguió comiendo. –Ya veo me alegro- dio un pequeño sorbo a su té –Por cierto, muchas gracias por recibirme. ¡No pensé que estuviera lloviendo tan feo!- exclamó -¡También por prestarme ropa! Aún que ahora ya estoy usando la ropa que traía puesta antes de llegar, aún que no estés de acuerdo- rió ya que recordó que Japón le dio pena que usara esa ropa en su casa.
–De hecho, quería pedirte algo- terminó de comer y miró al japonés con un poco de pena. Japón quien se encontraba pensativo, salió de sus pensamientos y lo miró sorprendido ante lo que le había dicho -¿Qué es lo que me quieres pedir?- lo miró fijamente. Italia juntó sus manos e inclino su cuerpo. – ¡Por favor déjame quedarme en tu casa por un tiempo!- El japonés no creyó lo que sus oídos escucharon. ¿Italia pidiendo estar en su casa? –Italia-kun- dejo la taza de té en la mesa, estaba anonado por la petición. –Con gusto te dejaría quedarte aquí pero… ¿No crees que es algo muy precipitado?- intentó hacer recapacitar al país -¡Por favor Japón!- no dejo esa posición de suplica –Déjame estar un tiempo aquí. En verdad te lo agradecería- le continuó suplicando. –Pero Italia-kun, ni siquiera le he dicho a mi superior de tu estancia aquí- suspiró –Recuerda que aún que estés de visita tienes que reportarlo a tu consulado- hizo un pausa –Aparte… ¿Ya le comentaste a Alemania de esto? Recuerda que él siempre esta pendiente de ti y de tus acciones…- sonrió. Entonces dirigió su mirada hacia el italiano. Italia no se movía aún que estuviera todavía en esa posición.
-¿Italia-kun? ¿Estás bien?- extendió un brazo y tocó la cabeza de Italia. Pero este no reaccionó. -¿Italia-kun? ¿Qué sucede? ¿Te duele algo?- empezó a preocuparse el japonés al no ver respuesta, pero la mano derecha del italiano tomó una de sus manos y la apretó fuertemente. –Oye Japón…- se oyó una voz quebrada –Dime ¿Qué harías si te encontraras a una persona que hace tiempo que no lo ves?- elevó su cabeza y miró al japonés. Japón sintió nuevamente ese sentimiento, aquel sentimiento que se sentía tan espeso que le daban ciertas nauseas. Los ojos del italiano se veían tan oscuros, no tenían ese brillo tan hermoso que le daba su alegría. Pero la sonrisa que demostraba, lo hacían lucir más sin vida aún que sonriera. -¿Qué clase de pregunta es esa?- dijo sorprendido. –Solo respóndela…- susurro, Japón divago un poco sus ojos. –Supongo que me sentiría feliz- suspiró. –Pero… no se trata de una persona que conoces en este tiempo- lo miró con cierto frío –Se trata de una persona de hace ya mucho tiempo y que ahorita esté muerta- sonrió.
-¿Qué cosas estas preguntando Italia-kun?- soltó la mano de Italia, volvió a su lugar y cruzo sus brazos un poco molesto. –Esos tipos de preguntas no se deberían de preguntar. Es una falta de respecto por mis difuntos- se sintió en cierto modo incomodó ante esa pregunta. –Solo quería saber, tenía curiosidad- rascó su cabeza –Entonces ¿Me dejaras quedarme en tu casa?- sonrió como si nada. Japón empezó a sentirse un tanto irritado a la actitud de Italia. Ya era suficiente. Tenía que saber que era lo que pasaba. –Italia ¿Me podrías decir por que te estas aferrando a quedarte en mi hogar?- habló con suma seriedad. El italiano dejo de sonreír. –Te dije que fue por que me quiero alejar de esa persona- le contestó –Pero eso no es suficiente- exclamó -¿Quién es esa persona? ¿Por qué no le dices en cara que te deje en paz? Aparte ¿Qué te ocurre? Te estas comportando muy extrañamente- realmente se encontraba irritado.
Italia suspiro e ignoro esas preguntas. Agacho su cabeza y una leve risa empezó a escucharse proveniente del italiano, tornándose mucho más fuerte. Elevó nuevamente su cabeza y con su mano derecha tapó su boca. -¿Pero que estas diciendo Japón?- rió, Italia se encontraba corrompido y su mirada totalmente distorsionada. -¿Sabes por que te pregunto acerca de esas personas? ¡Es por que yo estoy pasando por ese momento!- sonrió mientras miraba al japonés con una alegría enferma. El país solo lo miraba firmemente y guardaba silencio, no tenía que dejarse ser presa de un cierto temor que lo cubría -¡Ne, ne Japón! ¿Acaso no crees que sería genial vivir en esos tiempos?- extendió sus brazos -¿Tiempos?- susurró el japonés con suma seriedad. -¡Si! Verás- tosió un poco –Hace mas o menos dos días cierta persona volvió a mi lado. No estaba muerta si no solo sus memorias. Había olvidado todo- hizo un puchero muy infantil -¡Pero volvió nuevamente! Me había hecho un promesa que volvería pero no lo cumplió por que se marcho de nuevo…- hizo una mueca. –Ah, eso explica a lo que te referías de irte un tiempo- fingió cierto asombro. -¡Así es! No quiero saber más de ella- rió -¿Osease que estas huyendo?- oculto sus brazos dentro de sus mangas de la yukata. Italia solo borró su sonrisa cuando escucho eso.
-Pero…- sonrió nuevamente -¿Japón también esta de acuerdo conmigo verdad?- apoyo sus manos en la mesa y miro fijamente al japonés. -¿De qué?- pregunto – ¡Que todo sería mejor sí viviéramos nuestras antiguas vidas!- volvió a su lugar -¡Imagínate! Yo no estuviera pasando esto en este momento, todo sería mas tranquilo y para Japón volvería a esas eras donde era más tranquilo ¿No desearías algo así?-
Japón miró nuevamente los ojos del italiano, realmente se encontraba corrompido. Al verlos, podía sentir como dentro de él se encontraba totalmente mezclado esos sentimientos junto con emociones destrozadas y enfermas. Ni siquiera sus palabras estaban teniendo sentido. Su conducta era demasiado infantil e idiota. Algo que el japonés lo estaba desesperando. El pelinegro llevó una mano al mentón y se puso pensativo. –Puedes que tengas razón…- cerró sus ojos y suspiro. -¡Veee! ¿Ves? Tú también piensas lo mismo- dijo alegremente –Pero… solo tendrías razón en el "país de los cobardes"- abrió sus ojos y miro fijamente a Veneciano. Italia inmediatamente sintió como algo se rompió dentro de él. -¿Japón…?- rió nerviosamente -¿Qué es lo que estas diciendo?- su manos empezaron a temblar fuertemente. –Fue suficiente- dijo firmemente – ¡Estoy cansado de tu actitud tan enferma e infantil!- exclamó –No sé que fue lo que te paso y ni se quien es esa persona ¡Pero no lo puedo permitir!- hizo puño sus manos y golpeó fuertemente la mesa.
-Estas huyendo y eso no es algo muy digno en alguien. Te estas comportando como un verdadero idiota- suspiro indignado –Nadie es capaz de traer algo del pasado al presente por más que uno tratase. Por eso, tenemos que confrontarlo de frente- hizo una pausa –Te puedo asegurar, que muchos de nosotros quisiéramos volver a esas épocas y estar con esas personas… Pero los humanos no son como nosotros…- agacho su mirada -¡Por eso tenemos que mantenerlos en nuestro corazón lo más que podamos y pensar, que esta nueva era será tan buena como aquellas!- al terminar, la respiración de Japón se encontraba totalmente alterada. Tenía que relajarse, ya que el país que estaba de frente a él, había tomado una posición agresiva. Italia se encontraba un tanto erguido, se encontraba con el seño fruncido y con la respiración alterada. Estaba molesto.
-¡Pero tú no entiendes Japón!- golpeó la mesa – ¡Tú no entiendes ese dolor que yo siento!- unas lágrimas empezaron a salir de sus ojos -¿¡Sabes lo que es que rompan tu promesa por según da vez! ¿¡Y más cuando es una persona que tú amabas!- le gritó al país. –Italia yo no se que fue lo que paso entre tú y esa persona- le respondió -¡Pero eso no te da derecho para que te comportes de esa manera!- gritó.
-¿¡Y tú que rayos vas a saber eso! ¡Tú no sabes lo que es una perdida en verdad! ¡Nadie sabe lo que en verdad he sufrido!- gritó fuertemente
Basta, la paciencia del japonés se rompió. Japón se levanto del extremo de donde se encontraba y como pudo, con todas sus fuerzas tomó con una sola mano levantó al país por sus ropas y lo acercó a su rostro frente a frente. Sus ojos castaños se encontraron con los de joven país -¿Qué no sabemos lo que es una perdida verdadera?- chasqueo sus dientes -¡Me has de estar tomando el pelo Italia!- exclamo e intento calmarse un poco. Italia solo lo miraba fijamente con sus ojos totalmente abiertos.
-¿¡Acaso crees, que en este momento Inglaterra-san no se encuentre pensando en su querida Isabela o en esos tiempos cuando existía su querido Arturo!- lo agarró fuertemente con su otra mano -¿O mejor aún? ¡Francia-san! ¿¡Acaso no crees que en las noches cuando no puede dormir no se acuerde de su doncella Juana de Arco!- dio un trago de saliva -¡Ah! ¿Y quieres otro? ¡America-san! Te puedo asegurar que a de extrañar esos tiempos cuando dialogaba con Abraham o Washington- de repente unas ligeras lágrimas empezaron a salir de los ojos del japonés. -Y tú, quien a Dios le dio el privilegio de tener esa persona a tu lado por lo menos ¿Huyes y te comportas débilmente?- sus manos comenzaron a temblar y por lo tanto fue soltando poco a poco al italiano.
Poco a poco se fue incorporando a su lugar, temblando; mientras unas gruesas lágrimas corrían por sus mejillas. –Yo…- gemía por el llanto que había empezado –Quisiera volver, a esos tiempos… donde era un gran imperio, mis emperadores… No sabes, lo mucho que me gustaba pasar tiempo con ellos, las guerras, las buenas cosas que ocurrían…- empezó a mecer su cabeza de un lado al otro. –Pero, tenemos que dejarlo ir. El pasado es el pasado y nuevas cosas llegan. Por eso, por más que nos duela; tenemos que enfrentarlo. Y esas personas, a quienes amamos, tenemos que dejarlas ir. Es lo mejor que podemos hacer, pero eso no significa que todo será terrible- enjuago sus lágrimas con su manga –Ya que están en nuestros corazones...- sonrió.
Dirigió su vista hacia Italia, este se encontraba con la cabeza gacha sin reacción alguna. -¿Italia-kun?- extendió su mano para poder tocar la cabeza de este para hacerlo reaccionar. Pero un golpe hizo retrocederla. Japón reacciono con asombro ante el golpe. Italia se levanto rápidamente y con sus ojos llenos de lágrimas, miro con furia al japonés -¡Ustedes!- hizo sus manos puños -¡Solo quieren hacerme olvidar aquello que apreció! ¡Austria, Hungría, todos ellos quisieron que borrara eso y lo dejara ir pero no lo haré!- gritó a todo pulmón y salió corriendo de ese lugar. -¡Italia-kun!- intento el japonés detenerlo, así que se levanto y corrió detrás del país. Pero fue inútil... Italia había huido, perdiéndose en una cortina de lluvia.
-¡Ah! ¿Qué es lo que haré?- volteó a ver a todos lados -¡Ni siquiera se que fue lo que dije!- llevó sus manos a la cabeza y empezó a sacudir sus cabello -¡Hablé precipitadamente e Italia-kun salió corriendo de aquí con la inmensa tormenta que esta haciendo!- empezó a desesperarse. -¡Aaaah! ¿¡Qué fue lo que hice!- miro a su perro que se encontraba aún lado de el. -¡Soy un idiota por hablar con los sentimientos y no con la cabeza!- empezó a golpearse la cabeza con su mano, pero el sonido de algo llamo su atención.
-¿El teléfono?- dijo sorprendido.
. . . . .
La respiración de Italia se encontraba alterada, gemía con bastante fuerza, y las gotas de lluvia dificultaban su vista. Eran tan fuertes, que lastimaban su cuerpo. Sin saber a donde dirigirse, nuestra Italia corría en una carretera, descalzo y con una ropa que no lo cubría del viento helado. Pero todo eso era mejor, mejor de lo que le estaba pasando. No le importaba si el asfalto mojado lastimaba la planta de sus pies, tampoco le importaba si la lluvia lo golpeaba, ni que los truenos fuese una amenaza para su vida. No le importaba, solo quería escapar.
Pero, ¿Dónde? ¿En que lugar? Solo quería estar en un lugar donde nadie supiese de él ni de su vida. Por eso, en un principio; huyo con Japón. Pero eso ni siquiera ahí pudo encontrar alivio. En la mente de Italia, como si se tratase de un disco rayado, insistentemente se decía "Huye, huye, huye" pero ¿A dónde? Si se dirigía a otro lugar, lo mismo pasaría; seguramente todos los países estarían enterados de su desaparición y estarían pendientes de él. Entonces ¿A dónde huiría? Unas gruesas lágrimas aparecieron, ya que un pensamiento fuerte llegó a su mente.
Que ni siquiera un mismo país podría haber pensado en ello. Suicido.
Pero aún que fuese así, él es un país. No puede morir. Así que con más fuerza empezó a correr. Las palabras de Japón resonaban en su mente. Le decía que no huyera, que era mejor dejar el pasado atrás. Pero para Italia eso era algo muy serio, el vivía de sus memorias y más esa persona que habitaba en ellas.
-¡No puedo, no puedo!- gritaba en medio de la lluvia, era demasiado doloroso para pensar en ello. De repente sintió que chocó con algo que lo mando directamente al suelo. -¡Wah!- gritó alguien y unos pequeños sollozos se escucharon. Italia se levantó rápidamente y miró que delante de él se encontraba un paraguas de colores y más atrás se veía lo que era una pequeña silueta. Era una pequeña niña.
-¡Wah!- tomó el paraguas y camino hacia la pequeña creatura que lloraba. -¿Estas bien? ¡Discúlpame no te vi!- se disculpo mientras ponía al frente de ella su paraguas para que no se mojara. Pero la niña continuaba llorando, cubriendo su rostro con sus manos. -¡No llores! Las niñas bonitas no deben de llorar- sobó su cabeza mientras habría el paraguas para cubrir a la niña. –Mi gatito negro… se perdió…- dijo entre gemidos la niña sin dejar de cubrirse la cara. Italia se sintió afligido ante la tristeza de la niña. –No llores bonita- sonrió –Vamos a encontrarlo los dos juntos- rió –Pero…- sollozó con mas fuerza –Ya es la segunda vez que se marcha de mi casa, es como si no quisiera estar conmigo…- y estalló en llanto de nuevo.
-¡No, no por favor no llores!- empezó a preocuparse ya que no sabía como tratar a la pequeña -¡Ven conmigo!- le extendió la mano -¡Vamos a buscarlo, tengo la esperanza que lo haremos y estará junto a ti de nuevo!- le sonrió. La pequeña alejo sus manos de su rostro y con sus grandes orbes vidriosos lo observo.
-¿Cómo puede ser eso?...- gimió -¿Cuándo tu mismo perdiste esa esperanza?- sollozaba aún. -¿Umm?- dijo curioso -¿A que te refieres peque…- el rostro de Italia se torno totalmente pálido, todo su cuerpo empezó a temblar y un miedo inexplicable se apoderó de él. –Mentira…- soltó el paraguas y se levantó –No es cierto…- los ojos de Italia se abrieron como platos mientras retrocedía. Delante de él, se encontraba una niña… Pero no era solamente una niña. Era él… era él cuando era solo un niño.
Italia empezó a retroceder con pánico –No es cierto…- una sonrisa de miedo empezó a parecer –Tú no puedes ser yo…- La "pequeña" Italia se encamino hacia su yo grande. -¿Por qué me quieres ayudar? Si ni tú mismo no te puedes ayudar- extendió su mano mientras caminaba hacia él -¿Por qué no lo enfrentas? ¿Por qué no lo dejas libre ya ese dolor?- susurraba. -¡Basta, basta, basta!- llevó sus manos a la cabeza -¡Aléjate de mí!- empezó a llorar -¿¡Por que no puede ser todo como antes!- empezó a gritar. –Por que es el pasado, tú tienes que vivir el presente y enfrentar lo que eso significa- empezó a llorar también -¡Pero tengo que olvidarme de Sacro Imperio Romano y de esos momentos! ¡Si tan solo Alemania tuviera para siempre esos recuerdos!- su voz se hizo mas profunda y ahogada -¡Si lo hago, es como si Sacro Imperio Romano nunca existiera! ¡Aparte el me abandono, me abandono dos veces!- le gritó a su pequeño "yo" -¡Pero el nunca te ha abandonado siempre a estado ahí!- tomó valor suficiente y le grito a su yo grande.
-¡Cállate!- gritó y empezó a correr fuertemente otra vez. La tormenta empezó a desatarse más fuerte, tan fuerte como el dolor de Italia. -¡Nunca lo van a entender!- empezó a gritar -¡Yo quiero que todo sea como antes, cuando él estaba conmigo!- lloraba -¡Si fuese así… él me amaría tal como yo lo amo! ¡Pero no es así!- corría con fuerza contra el viento -¡Decidió volver y mi alegría fue inmensa! ¡Pero el ya no me mira con esos ojos! ¡Aquellos ojos que irradiaban su amor hacia mí! ¡Prefirió dejarlos en el olvido e irse de nuevo!-
Italia no dejaba de correr, el podía sentir como el asfalto ya había raspado sus pies bastante, pero continuaba corriendo, hasta llegar a un punto donde ya era una carretera que daba hacia unas pendientes. Podía ver como los autos que venían en dirección contraría al italiano, lo iluminaban con sus luces delanteras. Pero tampoco le importaban si lo tachaban por correr casi sin ropa en medio de la lluvia. Sus piernas empezaron a entumecerse e hizo que bajara su velocidad, pero aún así no se detenía. Era lo menos que quería hacer.
Entonces sintió como algo lo estaba persiguiendo, era diminuto y negro. Algo dentro de Italia le dijo que no volteara, pero era tan fuerte que no pudo resistir y sin dejar de correr volteó; era un pequeño gato negro que lo seguía con rapidez.
¿Entonces no era mentira lo de la niña? ¿Realmente hablo con una niña? Pero si prácticamente se vio a si mismo cuando era niño… Sacudió su cabeza con fuerza. Se detuvo y empezó a jadear ya que se sentía bofeado. –Que susto me has dado…- suspiro fuertemente –Entonces si hable con una niña… entonces te llevaré con tu dueña…- volteó y se agacho para tomar al pequeño gato. –Pobrecita, tu dueña debe de estar muy angustiada- sonrió
-Pero ella esta así por que ella lo decidió- murmuró una voz conocida. Italia abrió sus ojos de par en par y empezó a híper ventilarse. Delante de él, lo que se encontraba cargando no era un gato…
Era Sacro Imperio Romano.
-Italia ¿Por qué no me enfrentas?- susurró con melancolía el pequeño imperio. Italia, quien se encontraba impactado; soltó al país con pánico y este calló con agilidad. -¿Por qué no me enfrentas? ¿Acaso te has preguntado como me siento?- esos ojos azules lo miraban con tristeza –Yo volví contigo, por que te amo- pero el italiano dio unos pasos hacía atrás. –No…- un hilo de voz salio de su boca -¡No te acerques! ¡Eres solo una imagen falsa!- empezó a sacudir su cabeza -¡Un fantasma!- apretó sus manos contra su cabeza. -¡No me amas, tú no me amas por que te marchaste de mí otra vez!- gritó. Sacro Imperio Romano dio un paso hacia atrás. –Ya veo…- susurró –Sabes, me alegro que te haya vuelto nuevamente- sonrió un poco dolido –Pero… me di cuenta que todavía no eres capaz de sobre ponerte a los problemas. Ni siquiera has pensando en como me siento…- y de sus ojos azules empezaron a salir unas lagrimitas.
-¡Cállate eres una mentira! ¡Eres una traidor tu nunca me amaste!- volvió a correr de nuevo. -¡Aléjate de mí! ¡No quiero verte de nuevo!- lloró con fuerza y continuó corriendo sin ver a donde se dirigía ya que las lágrimas y la lluvia no le dejaban ver por donde iba. Pero él quería alejarse de esa persona.
–¡No quiero verte nunca más!- gritó de todo corazón y en un instante… se sintió en un gran vació.
Italia, sin darse cuenta; había caído en un barranco.
Por solo unos fragmentos de segundos, pudo sentir como era la caída libre y lo más cercano a la muerte. El aire, ondulaba sus ropas y su cabello. Las lágrimas podía verlas como parecía que subiesen al cielo. Sonrió un poco, si no fuese un país, en ese momento sabría que su muerte se avecinaba y todo desaparecería tal como él quería. Lo que deseaba. Entonces, a lo lejos; miró como un punto negro se lanzaba del barranco y de ahí… un fuerte impacto contra al suelo.
Un borbotón de sangre salió en forma de tos de la boca del italiano. El impacto había sido tan fuerte que causó un gran daño en el país. Italia, apenas conciente; dirigió su visto hacía la izquierda y con esfuerzo luego a la derecha. E hizo una vaga imagen de donde se encontraba. Estaba en la primera carretera que servía para subir el barranco. Empezó a toser con más fuerza y veía como la sangre salía de su boca, con sumó esfuerzo intentó incorporarse, lentamente hasta que pudo sentarse. Con sus manos temblorosas, recorrió su cuerpo. Había lesiones muy leves, sus piernas se encontraban entumidas no podía moverlas. Sus pies se encontraban sangrando y despellejados por correr sobre el asfalto.
Lo más grave, era su pecho, ya que se encontraba tosiendo sangre. Italia, jadeante; empezó arrastrarse para llegar a la pared de piedra. Cada movimiento, le calaba hasta los huesos mientras una línea de sangre se dibujaba sobre el asfalto. Hasta que finalmente pudo llevar y recargarse en la pared.
El dolor era tan agudo, que su respiración se encontraba alterada y sentía como la vista se hacía negro y borroso. –Soy… un país…- tosió más sangre –No puedo morir aún que quisiera…- empezó a llorar. Con fuerza miró hacia el cielo nublado y lluvioso. –Porque… ¿Por qué no puedo… ser feliz con esa persona…?- apenas podía hablar –Solo… quiero que me ame… como antes… como antes…- la sensación de dormir se hizo más fuerte. –Pero… si me vuelve a dejar… ¿Cómo seré feliz…?-
-Como siempre lo has sido- sintió como derepente la lluvia dejo de golpear su rostro. Un paraguas de colores lo cubrió mientras, sintió como una pequeña manita tocaba su rostro. Con cuidado miro a su derecha, era su "yo" pequeño de nuevo. Se encontraba usando el vestido de sirvienta que usaba antes. –No necesitas que todo sea como antes para ser feliz, por que a veces es mucho mejor el presente- susurró con dulzura. –Pero… tú también lo deseas…- jadeaba por el dolor –Es cierto- sonrió –Pero estoy agradecido- dijo animado –Por que, aun que el se haya ido, solo sus memorias; el continua aquí…- le sonrió alegremente
Entonces en los ojos de Italia, surgió un brillo y un sentimiento fuerte empezó a surgir.
Algo nuevo…
Entonces, unas fuertes luces iluminaron al italiano. Eran tan fuertes que Italia cerró sus ojos, pero los abrió solo un poco levemente. Una pequeña silueta se interpuso entre esas luces. Chibitalia corrió al lado de esa silueta y le tomó su mano.
-Nosotros somos el pasado- dijo la voz de la pequeña silueta, que no era más que Sacro Imperio Romano. –Y tú eres el presente con esa persona- murmuró suavemente chibitalia. –Italia…- dijo bajamente la voz del imperio –Quiero que sepas que siempre te he amado y siempre te voy a amar… por toda esta vida. Por eso nunca olvide nuestra promesa- sonrió. Unas lágrimas recorrieron las mejillas del italiano quien apenas podía mantenerse consiente. –Así que por favor, se feliz y no huyas más…- pronunciaron al unísolo los dos pequeños y desaparecieron de su vista. Italia empezó a jadear más fuerte y volvió a toser sangre.
-Por favor… no se vayan…- extendió su brazo. –No quiero huir más…- Aquel sentimiento nuevo que nació a Italia, lo estaba empujando levemente, poquito a poquito, pero lo hacía. Pero el dolor de las heridas era intolerable y otro borbotón de sangre salio de su boca. Su vista se tornó negra, pero aquella luz que lo rodeaba no se iba. -¡No se duerma por favor!- una voz infantil se escucho mientras le tomaban la mano Volteó a su derecha y una pequeña niña se encontraba aún a su lado. -¿Quién eres…? - con fuerza sobre humana forzó su vista -¿No eres… "yo"…?-
Ahora era todo mucho más confuso, que un dolor de cabeza le empezó a surgir. De repente, una silueta negra demasiado grande se colocó al lado de Italia. -¡Señor esta es la persona que me ayudo a encontrar a mi gato!- sollozó -¡Por favor ayúdelo!- suplico.
-¿Se…ñor…?- Italia giró a su lado izquierdo y vio una gran silueta, pero era tan borrosa su vista que no supo distinguir quien era. Estaba demasiado débil. Sin embargo, esa gran silueta esta se agacho y con sumo cuidado lo levanto. Italia estaba a punto de caer inconsciente, pero algo caliente cayó en su rostro. Pensó que eran las gotas de lluvia, pero no lo era así. Eran unas gotas calientes. Eran lágrimas.
Italia sintió como era fuertemente abrazado y recargado en el pecho de esa persona. –Italia…- gimió la voz –Me tenías tan preocupado…- lloraba esa persona. Entonces, el corazón del pelicastaño comenzó a estremecerse y latir con fuerza mientras un llanto surgió de la nada.
Era Alemania quien lo sujetaba con fuerza.
-Lo siento…- lloró –No quería…- extendió su mano hacia la cara de esa persona.
-Italia…- susurró –Tú eres para mí la persona más importante de este mundo…- en la garganta de alemán se formó un nudo y le dificultaba hablar, ya que miles de emociones se desbordaban dentro de él. -¿Qué haría si te fueras lejos de mí?- lo acercó con más fuerza hacía él.
Entonces Italia pudo ver algo, algo que conmociono mucho a su corazón, que hizo que rompió fuertemente en llanto.
Los ojos de Alemania habían vuelvo a ser como los de Sacro Imperio Romano.
-¡Perdón… Alemania…!- exclamó con toda su fuerza a pesar del dolor que sentía.
Entonces…
La lluvia paró, como si una vieja maldición avíese desaparecido.
. . . . . . . .
Capítulo 9° "Verità" (Verdad)
** "–Ah…- suspiro –Realmente el clima esta muy mal, solo espero que se acabe pronto- sonrió y acarició el lomo de su perro. Este solo movió la cola. –Pero dicen que cuanto más este nublado y gris, al final tendrá un gran hermoso cielo azul-
Y nunca, en sus años de experiencia y sabiduría, Japón se ha equivocado."
Estoy haciendo un claro ejemplo de lo que esta pasando en este momento nuestros hermanos de Japón.
Así que su servidora les pide que rezemos por nuestros hermanos y que si de algún modo podemos ayudar, hagámoslo. Por que nunca nosotros podemos saber, cuando no llegara ocurrir.
(Por mi parte entiendo eso, ya que estuve en el segundo terremoto más grande que hubo México. Gracias a Dios no sufrimos muchos daños, pero nadie, ni siquiera nuestro propio país se fijo en nosotros y ni dio apoyo *y eso que somos la única península de todo México pufff*)
Por cierto, no puse a Japón solo por lo que esta pasando. Ya estaba destinado Japón a aparecer en este capítulo mucho antes que pasara su desgracia.
Que más, que más. Cierto! Espero que no se hayan artado un poco con este capítulo ya que esta demasiado largo (Supongo yo D: ) e intente hacerlo ligero pero no se sí salió o no.
También, cuenta regresiva. El siguiente capítulo será el final junto con su epílogo.
(También estoy pensando en agregar el extra pero quien sabe…)
Asdasdfasdfa eso sería todo B) ¡!
Maiden Out.
