Segundo Oneshot, el misterioso beso de Krum y Hermione, ahora revelado.
Espero que les guste ! Disfruten y comenten !
Hermione atravesó la pista de baile y abrió las puertas del Gran Comedor hecha una fiera. ¿Cómo podía? ¿Cómo podía el estúpido de Ronald arruinar una de las noches más maravillosas de su vida?
Había pasado las últimas horas bailado con Viktor como si la vida se les fuese en ello. El chico era un gran bailarín y sus grandes brazos la llevaban como si fuera una pluma, fuera cual fuera la música que sonara. Habían bailado Rock con Angelina y Fred -la pareja más entusiasta de la noche-, habían disfrutado valses románticos, pegados uno contra el otro, riendo de cómo Neville se disculpaba por pisarlos a cada rato ("¡Oh, lo siento, chicos! Pero igualmente creo que ya le estoy agarrando la mano!"). Incluso se doblaron de la risa bailando los pasos de una canción retro mágica de Los Trasgos que ninguno conocía (una especie de YMCA con varitas).
Krum, además, había mostrado ser un grandioso compañero de charla. Lejos de lo ermitaño que parecía a ojos del resto del castillo, cuando entraba en confianza era una delicia. Habían charlado de Durmstrang, de política, de Quidditch e incluso de sus respectivas familias. Una noche mágica.
Y ahora el... el infantil de Ronald insistía en que ella estaba... ¿Cómo lo había llamado? Ah, sí, confraternizando con el enemigo. Bien, pues ella no tenía ninguna miniatura de Viktor en su mochila.
Salió al exterior, bajó por las escalinatas de piedra y se sentó en el último escalón con la cara entre las manos. No lloraría, no hoy. Ron ya había arrancado de ella suficientes lágrimas para toda una vida y esa noche ella se sentía por primera vez como una chica linda y deseable, no como una sabelotodo. Recordó con satisfacción la cara de perplejidad de Malfoy al verla tomada de la mano de Krum y la mandíbula caída de Pansy Parkinson.
Miró hacia el cielo estrellado y admiró la luz de la luna reflejada en el lago a lo lejos. El barco de Durmstrang se mecía con la brisa. De repente, la puerta a sus espaldas se abrió y Victor Krum salió de ella con dos vasos de Cerveza de Manteca en la mano.
-Herrmíone, aquí estás -dijo sentándose a su lado y ofreciéndole la bebida que Hermione tomó con presura, orgullosa de lo rápido que había aprendido Viktor a pronunciar correctamente su nombre (o algo semejante)- Tus amigos no me quisierron decirr dónde habías ido. Crreo que no les gusto -dijo él con una atractiva sonrisa ladeada.
Hermione, además, se había dado cuenta esa noche de lo atractivo que era su pareja de baile. Al verlo desenvolverse en sus charlas, todo ápice de hosquedad había desaparecido y bailar contra su cuerpo musculoso (único cuerpo masculino del que había estado tan cerca en su vida) había despertado en ella sensasiones que no sabían que existían.
Ambos tomaron la cerveza de manteca, en un agradable silencio, admirando el paisaje.
-Luces herrmosa -dijo Krum mirándola profundamente. Hermione miró tímida hacia el piso. A su lado se sentía pequeña y femenina-. ¿Vamos a dar una vuelta? -Y se levantó ofreciéndole la mano.
Ella lo miró, apartando de su mente una irritante voz que gritaba "¡confraternizando con el enemigo!", y tomó su brazo, dejando el vaso sobre la piedra.
Caminaron muy pegados en silencio, a través de los zigzagueantes caminos del romántico jardín que habían armado los profesores por arte de magia a las afueras del Castillo. Entre fuentes y arbustos con rosales -algunos que se movían sospechosamente y Hermione intuyó que no quería averiguar por qué- pasearon disfrutando del frío aire de la noche.
Llegaron a un solitario banquito tallado muy alejado de las luces y la música de la fiesta, y se sentaron.
-Viktor, tú nunca me peguntarías nada sobre Harry, ¿verdad? -le espetó.
Viktor pareció no entender.
-Quiero decir -comenzó y no pudo para de escupir palabras verborrágicamente-, con todo esto del Torneo de los Tres Magos, siendo tú uno de los Campeones y también Harry, y como debes saber, yo y Harry somos amigos muy cercanos, y quizás te preguntabas cosas sobre él, y no digo que esté mal, por supuesto, porque en esta competencia por más sana que sea, Harry es tu oponente y quizás tenías la esperanza de que yo te contara algo y...
-Hermíone... Shh -Krum le tapó la boca con una mano sonriendo tiernamente- Pasé el prrimerr mes de mi interrcambio metido en una biblioteca porr ti, no porr Poterr.
Hermione sonrió avergonzada y tomó la mano de Krum su mano entre las suyas, jugueteando con ellas. Notó que estaban llenas de durezas, seguramente por la inmensa cantidad de horas que pasaba sosteniendo el palo de la escoba.
-Sí... Ya lo sabía, realidad... Es sólo que...
-¿El muchacho colorrado crree que... que quierro sacarrte inforrmación sobrre Potterr?
Hermione se quedó callada.
-¿Perro es que no ha visto lo bella que erres? Sacarrte inforrmación me habrría quitado tiempo de diverrtirme contigo. Además, vamos Herrmíone, erres muy inteligente como parra decirrme algo.
Parecía sincero. Hermione lo miró a los ojos sorprendida.
-Confraternizando con el enemigo y una mierda -dijo enojada y tomó la cara de Krum entre sus manos.
Y lo besó.
Nunca había besado un chico, nunca lo había deseado antes y no sabía cómo se hacía, pero de repente le habían pasado tantas cosas por la mente -entre ellas la imagen de Ron en la Sala Común descubriendo (como si se tratara de una epifanía) que Hermione era una chica- que su juicio, su vergüenza y su sentido común se habían esfumado como por arte de magia.
Sus labios inexpertos se posaron repentinamente sobre los del Búlgaro que se tensó un momento por la sorpresa. Pero inmediatamente se relajó, llevó sus manos a la cara de Hermione y tomó el control. Hermione no era tonta y sabía que una estrella de Quidditch internacional de dieciocho años tenía mucha más experiencia que ella en ese rubro, entonces se dejó llevar.
Krum la besó suave y despacio, acariciando con sus labios los de ella y cuando estuvo seguro de que ella estaba cómoda, ladeó la cabeza y abrió la boca para profundizar el beso. Hermione estuvo a la altura de su compañero y no se intimidó, sino que respondió al beso con ansias. Toda experiencia de aprendizaje valía la pena ser experimentada.
Un pequeño gemido escapo de sus labios -nunca había pensado que un beso podría ser tanto mejor que una tarde en la biblioteca leyendo Historia de Hogwarts- y Viktor enloqueció. La tomó de la cintura y la sentó sobre su regazo. La ternura casi melosa de Krum había desaparecido y ahora Hermione conocía al competitivo, famoso y pasional jugador del que alguna vez había leído al pasar en Corazón de Bruja. Krum la besaba posesivamente, casi con desesperación, manteniendo cada músuculo en tensión. Hermione sintió como si estuviese besando una dura y cálida roca (una dura y cálida roca que besaba excepcionalmente bien).
La bruja lo rodeó con los brazos, acarició con sus manos la nuca del muchacho y sus hombros musculosos. Disfrutaba cada centímetro de contacto con él y sintió cómo de repente la temperatura empezó a subir. Perdió rápidamente la noción del tiempo. No sabía cuánto había estado besándolo y ni siquiera tenia ganas de parar a respirar.
Krum con una mano dirigía la cabeza de ella y con la otra acariciaba febrilmente su espalda, su cintura... Y más abajo.
Cuando Hermione sintió la callosa mano de Viktor en su trasero, bajando por su pierna y levantando sin querer -o casi- el vaporoso vestido, y algo que no creía que fuera su varita contra su otra pierna, el sentido común regresó de sus vacaciones y tomó las riendas de la situación.
Hermione tomó la mano curiosa del Búlgaro entre las suyas y lentamente se apartó.
-Viktor.
-Lo siento -murmuró él sobre sus labios-, yo... eh... -y se distrajo de lo que estaba diciendo, depositando suaves besos en el cuello descubierto de la joven bruja.
Hermione cerró los ojos y disfrutó unos minutos de eso que hacía Viktor que estaba haciendo tan bien, haciendo fuerza para que su sentido común no se tomara otro feriado.
-Hmm... Viktor -volvió a decir y rió relajada-, creo que es suficiente. Deberíamos volver.
-Sí, lo siento -repondió él apartándose más y descansando el mentón sobre el pecho antes de mirarla. Tomó aire y exhaló- Es que... me gustas mucho, Herrmíone, y me... he dejado llevarr.
Y le robó otro beso rápido.
-Olvidé tu edad, lo lamento, debí comporrtarrme como un mejorr caballerro.
-A mí también me gustas, Viktor -y le sonrió.
-Eso esperro -dijo él nuevamente con su sonrisa ladeada, acomodando un rizo suelto detrás de la oreja de ella.
En ese momento Hermione sintió la incómoda sensación de que Viktor lo decía más en serio que ella.
-Vamos, volvamos al castillo -se apresuró a proponer-. Hay una canción de Las Brujas de Macbeth que todavía no he escuchado y tenemos que estar a la altura de Fred y Angelina.
Y volvieron al castillo siguiendo serpenteante el camino, detrás de Fleur y Roger Davies que salieron con los cabellos alborotados de detrás de un arbusto.
