Bien, tercer momento que nunca presenciamos entre este sensual jugador de Quidditch y nuestra amada Hermione. Como siempre lo más InCharacter y acorde a lo que nos cuenta "El Caliz de Fuego" que pude lograr.
Gracias a Smithback, a Ratón de Librería, a LasTresPrincesasDeDerendip y a todas las que comentan sin sesión por los reviews! Me hacen feliz y me ayudan a mejorar!
Espero noticias, críticas, aciertos y comentarios sobre lo bueno que está Krum de todas ustedes que también me leen (más de 145 visitas, imaginen tener todos esos comentarios!)
Muy bien, basta de cháchara: a disfrutar!
Hermione rompió con la cabeza la superficie del lago y tomó una bocanada de aire desesperadamente. Sintió sus pulmones expandirse como si fuera la primera vez y sus oídos destaparse con una explosión de sonidos. El alboroto de los alumnos de Hogwarts festejando la victoria del campeón de Durmstrang, la aturdió.
Sintió una musculosa mano asida a su cintura y se dio vuelta para ver una feroz cabeza tiburón transformarse en Viktor Krum.
El muchacho levantaba el puño en señal de victoria y arengaba a la rugiente multitud que gritaba y chiflaba desde las gradas, mientras con el otro brazo abrazaba a Hermione muy cerca de su cuerpo.
—¿Te sientes bien, Herrmíone?
—¿Qué? —preguntó ella mirando hacia ambos lados del lago, flotando junto a Krum —¿Ves a Harry? ¿Se presentó a la prueba?
Viktor la miró confundido pero antes que pudiera decir algo, ambos vieron a Madam Pomfrey que hacía señas desesperada para que volvieran a la orilla.
—Creo que debemos salir de agua, Viktor —dijo ella con una sonrisa, fijándose por primera vez el el muchacho. Tenía el negro cabello mojado y alborotado, pequeñas gotas caían de sus gruesas pestañas y llevaba puesta esa musculosa negra que ella ya conocía y poco dejaba a la imaginación.
De repente, sintió lo helado que tenía el cuerpo y oyó sus dientes castañear. Viktor le sonrió y le quitó el mojado pelo de la cara con una caricia, mirándola con ternura. Estaban tan pegados que sentía cada parte del cuerpo de Viktor —cada parte— y estaba segura de que él podía sentirla toda ella también.
—¿Estás segurra? —le preguntó burlonamente— Yo aquí la estoy pasando de marravillas.
Hermione miró hacia otro lado, un tanto cohibida, pues no le hacía ninguna gracia que todos sus compañeros y profesores estuvieran observándola protagonizar una escena tan tierna y... mojada con el jugador internacional de Quidditch (¿¡Qué diría la profesora McGonagall!?). Sin embargo, no se atrevía a soltarse pues no era que ella fuera lo que se dice una gran nadadora.
Viktor la llevó nadando hasta un pequeño muelle donde Madam Pomfrey los envolvió en una tibia manta y les dio una poción humeante que los quemó por dentro, mientras se quejaba:
—¡Primero los enfrentan con Dragones y ahora el condenado lago! ¿¡Qué intentan!? ¿¡Matarlos de hipotermia!? —y se fue rezongando para atender a Cedric Diggory y Cho Chang, los primeros en salir, que ya se habían terminado la Poción Pimentónica.
Viktor observó a Hermione que no quitaba la vista del agua. El largo cabello castaño le chorreaba a ambos lados de la cara y sendas gotitas le caían de su pequeña nariz. Las ropas mojadas se le pegaban al cuerpo y el muchacho tragó en seco, obligándose a recordar lo joven que era la bruja.
—¿Herrmíone, podrríamos irr a hablarr más allá? Necesito decirrte algo.
—Sí, claro —respondió ella un tanto desconcertada.
Viktor le pasó una mano por encima de los hombros y ella se dejó llevar, con la mente pensando en Ron y Harry. ¿Habría solucionado el enigma? Cuando ella lo dejó en la biblioteca la noche anterior, todavía no habían podido hallar nada para ayudarlo a respirar una hora bajo el agua y sintió un dejo de culpa. ¿Y qué pasaría si no lo lograba? ¿Y si Ron...? No. No podía permitirse pensar en eso. Ron iba a estar bien. Dumbledore dijo que protegería a los alumnos.
Cuando se detuvieron, Hermione se dio cuenta de que Viktor la había llevado hacia la parte de atrás de unas gradas casi vacías. Ella se apoyó sobre la pared de madera, de manera que aún podía vigilar el lago.
Krum se acercó a ella y la tomó de las manos pero la muchacha casi ni lo notó pues seguía con los ojos fijos en el muelle y el entrecejo fruncido con preocupación.
—¿Dónde crees que están, Viktor?
—No lo sé —respondió él de mala gana—. Mirra Herrmíone, te trraje aquí porrque..
—¿Crees que estarán bien? ¿Has visto a Harry allí abajo?
—Sí, lo vi —gruño él—. Herrmíone, yo... ¡Herrmíone! —repitió el con impaciencia y tomó el rosto de la chica con ambas manos, obligándola a mirarlo.
Ella le devolvió la mirada sorprendida y Krum pudo ver el miedo que emanaba de sus ojos. Suspiró y trató de calmarse.
—Potterr está bien, lo vi. Ha tomado Brranquialgas y...
—¡¿Branquialgas?! Eso es... ¡Brillante! —exclamó la bruja con una sonrisa— ¿Cómo no se me ocurrió? He leído miles de veces sobre ellas aunque es un tema que recién se prepara para los EXTASIS. Las Branquialgas son perfectas para...
Y Krum le estampó un beso que le quitó la respiración y le hizo olvidar todo lo que estaba diciendo sobre las Branquialgas.
Se separó suavemente depositando sobre ella un último beso y Hermione continuó con los ojos cerrados y la espalda pegada a la pared, tratando de recomponerse. Los abrió y una pequeña sonrisa de satisfacción comenzó a formarse en la cara de la bruja.
—Bien, ahorra que tengo tu atención —dijo él, sonriéndole de lado con socarronería —quisierra decirrte un parr de cosas —ella asintió.
Krum se rascó la cabeza con nerviosismo y comenzó a buscar las palabras, tratando de obviar el hecho de que ella no había ni siquiera prestado atención a su transformación en un tiburón. O... en el cincuenta por ciento de uno.
Apoyó una mano en la madera de detrás a la altura de la cabeza de Hermione y ella volvió a enfrentarse de lleno con ese musculoso y grandote cuerpo que tanto le gustaba e intimidaba a la vez, pero trató de que no se le notara.
—No sé si has notado... que... bueno... que —se veía igual de nervioso que aquella vez en que la había invitado al Baile de Navidad en la biblioteca —que has sido mi rrehén.
—Sí, Viktor, he notado que he pasado las últimas cuatro horas bajo el agua. Y creo que sería un problema digno de San Mungo si no lo recordara —respondió ella con un dejo de ironía.
—Bueno, sí —prosiguió él—, perro lo que quierro decirr es que... eso significa que erres una de las perrsonas que más valorro.
La bruja lo miró fijo pero no respondió. Sí había notado ese detalle y una punzada de culpa la azuzó, pues ella sabía muy bien quién habría sido su rehén si ella hubiera pasado por esa prueba.
Y ese no era Viktor.
—Entonces, lo que quierro decir es... Mira, he estado con muchas chicas. Muchas herrmosas mujerres. Veelas incluso —Hermione alzó una ceja pues, aunque ella ya se lo imaginaba, no le hacía ninguna gracia oírlo de boca de él—. Perro —se apresuró a añadir al notar su gesto —nunca, nunca había sentido lo mismo que siento porr ti porr ninguna otrra chica—soltó de un tirón con una sinceridad arrolladora.
El muchacho levantó la otra mano y Hermione sintió derretirse por dentro cuando el dedo de Krum le acarició los labios. La palabras se arremolinaban en su mente y no encontraba nada para decirle. Ella no creía estar enamorada de Krum... ¿O sí?
—Y ya sé que cuando terrmine el Torrneo de los Trres Magos volverré a Bulgarria y estarremos a millas de distancia perro rrealmente quierro estarr contigo —se acercó con el cuerpo aún más a la bruja sin dejar de mirarla profundamente a los ojos y continuó casi en un susurro—. Tú erres diferrente, erres especial, erres sumamente inteligente y valiente y testarruda y eso me encanta. Nunca he conocido a nadie como tú.
El corazón de la muchacha latía desenfrenado mientras Krum ladeba la cabeza y se acercaba a su rostro. Ella sintió el dorso de sus dedos siguiendo el dibujo de su clavícula con dulzura. Ella colocó las manos sobre su gran pecho y le devolvió la mirada, sin saber aún qué era lo que provocaban en ella todas esas declaraciones.
—Entonces pensé que quizás —continuó con una tímida sonrisa—, en el verrano, si no tienes nada que hacerr, podrrías venirr a visitarrme a Bulgarria. Podrrías conocerr a mi Baba, podrríamos volarr en mi escoba a trravés de las montañas nevadas, visitarr lugarres histórricos que sé que te encantarrán, y... y... también podrríamos...
Dejó un sugestivo silencio y cuando estaba por besarla nuevamente, la trompeta que indicaba la salida del último Campeón sonó atronadora y Hermione giró bruscamente su cabeza hacia el lago.
—¡Es Harry! —gritó ella y salió corriendo hacia la orilla, agradeciendo a Merlín que Ron ya estaba a salvo y olvidando completamente la indecente propuesta que Viktor había estado a punto de hacerle.
Krum la vio marcharse y golpeó frustrado la grada con el puño. Un diminuto estudiante de primer año se asomó curioso por encima de la grada y al ver quién causaba el alboroto, volvió a esconderse precipitadamente.
El búlgaro se pasó una mano por la cara y se dirigió dando grandes zancadas hacia el lago él también.
Ya tendría que cruzar un par de palabras con ese Potter.
