Un mundo extraño
"El reflejo empobrecido"
-¿Cuánto lleva ahí…?
-Desde que te fuiste.
-¿No ha dicho nada…?
-Ni una sola palabra.
Una chica herida, se encontraba sentada en la rama de un árbol. Miraba hacia el horizonte mientras las lágrimas escurrían por sus mejillas con suavidad.
-¿En dónde estoy…? Papá… Ruby… Rald… Maestra… No sé que hacer…
El chico de ojos verdes, se acercó un poco preocupado, le dolía verla así. Aunque ella dijera que no era May, él aún la veía cómo tal y por los sentimientos que tenía por ella, no podía dejarla allí abandonada.
-Oye… ¡Tú! ¡Sapphire! ¿Podrías bajar de allí un momento por favor…?
La chica brincó de la rama y aterrizó cómo un gato, se dirigió hacia el chico y le enfrentó con la mirada sin decir nada.
-Wow, eso fue asombroso. No te conocía esas habilidades.
Respondió con entusiasmo para tratar de animarle.
-Eso es porque no me conoces… Niño.
Él se quedó en silencio, pensó un poco para buscar otra forma de animarle.
-¿Te parece si practicamos algunos movimientos para concursos? Pero eso si, no te vayas a embelesar con mis elegantes ejecuciones.
Exclamó él con cierto tono arrogante.
-Los concursos son una perdida de tiempo, no hay nada mejor que tener un Pokémon fuerte.
Enojado por tales palabras, no dudó en retar a la joven de ojos azules a una batalla. Si fue tan imprudente y altanera cómo para responder eso, ahora no se podría negar a su petición.
-Cómo quieras, niño… ¡Toro!
Sacó a su Pokémon acompañante de la Pokédex, deseaba medir las fuerzas de los habitantes de ese lugar.
-Roserade, sal.
Él sacó a su Roserade, el primer Pokémon que tuvo en la vida y en el cual confiaba más.
-Toro, solo usa Envite Ígneo, no hay que molestarse en más.
Un solo movimiento, el Pokémon tipo hierba cayó inconsciente.
-¿Pero qué…?
El joven de ojos esmeraldas no podía creer lo que sus ojos le mostraban.
-Te pareces a dos amigos míos, en apariencia y actitud… Pero no es lo mismo… Eres un extraño, alguien débil…
Solo podía verla con furia, ella nada más… Miró al piso, escondiendo su rostro con sus cabellos y aquellas amargas lágrimas cargadas de dolor.
